
Va a sonar un poco raro que hoy me ponga a reseñar un libro con temática navideña. Más que nada porque estamos entrando en el mes de julio y hace un sol de justicia. Pero los libros vienen cuando vienen y este en concreto ha llegado a mí hace menos de un mes y sin que nadie me avisara de que la temática iba a ser esta. Bueno, eso no es del todo cierto, ya que si hubiera leído la sinopsis me hubiera percatado de que “nunca fue un problema hasta la Navidad que conoció a Caleb” se incluían como palabras textuales dentro de ella.
Pero, qué se le va a hacer, vi que Dos vidas estaba escrito por Jay Asher, conocido por haber sido el que dio vida a Por trece razones, libro en el que se basó la exitosa serie. Yo no lo he leído, pero tengo que decir que me vi la primera temporada de la serie casi del tirón y ahora me tengo que poner con la segunda, que ya se ha estrenado. Así que simplemente con ese dato decidí que tenía que leer esta nueva novela. Sin más, por lo que no necesité fijarme ni en la sinopsis para saber que lo quería leer.
Y aquí voy a hacer una advertencia, que yo tendría que haber sabido con anterioridad: si estáis buscando una historia aunque sea mínimamente parecida a Por trece razones, aquí no la vais a encontrar. Yo caí en el error de pensar que, como se trataba del mismo autor, me iba a topar con una trama en la que la humanidad de las personas se lleva hasta el extremo y donde se analizarían temas tan peliagudos como el bullying o cosas así. Pero en absoluto. Lo que encontramos es una historia de amor de principio a fin. Que está muy bien, pero hay que aclarar este punto para que no os dejéis llevar por el fanatismo hacia la serie, porque sino después acabaréis muy decepcionados.
Pero no me voy a enrollar más y os voy a contar de qué va el libro: Sierra es una chica que vive en Oregon y cada año viaja con sus padres a California, donde tienen un negocio de árboles de Navidad. Allí Sierra tiene algún amigo que otro pero tampoco se permite demasiadas licencias, porque sabe que en unos pocos días volverá a Oregon y todo lo vivido en el sur se habrá terminado. Hasta que conoce a Caleb, un chico con un pasado un poco turbio, que se pasea día sí y día también por el vivero donde trabaja Sierra, ya que en Navidad hace la buena labor de regalar árboles a aquellas familias que no se pueden permitir comprar uno. Sierra no sabe qué pensar, las buenas acciones del chico chocan irremediablemente con su mala fama, ya que ha oído por ahí que llegó a amenazar a su hermana pequeña con un cuchillo. Pero los días pasan y Sierra no hace más que pensar en él y en lo mal que lo va a pasar cuando tenga que volver a Oregon.
Como veis, es una historia bastante típica de amoríos adolecentes, en la que la chica tiene dudas porque no sabe si merece la pena o no invertir tiempo en conocer al chico que tanto le gusta. Puede resultar un chasco o puede terminar siendo el amor de su vida. Y aquí tengo que decir que, pasada esa pequeña fase de desilusión en la que me di cuenta de que no iba a encontrar nada del estilo de Por trece razones entre estas páginas, me dejé llevar por la historia que cuenta Jay Asher y me propuse disfrutarla (cosa que, os aseguro, conseguí). Me hubiera encantado leer esta novela en plena Navidad, con todas las lucecitas de mi casa encendidas, con la chimenea bien atizada y con una taza de chocolate caliente al lado. Estoy segura de que si lo hubiera hecho así, la sensación de haber leído este libro hubiera sido increíble. Y todo porque yo en Navidad me pongo bastante cursi, porque es una época que me encanta, y me veo todas las películas horteras que echan en la tele a la hora de la siesta y me dejo llevar por ese espíritu navideño que tanto me gusta.
Aun así, habiendo leído Dos vidas tirada en una hamaca, con un sombrero gigante que me protegiera del sol y tomando un té helado (tampoco es mal escenario, ¿verdad?) tengo que decir que el resultado ha sido muy satisfactorio. La primera parte del libro me enganchó muchísimo, llegando a hacerme leer la mitad del tirón, y me ha gustado mucho acompañar a Sierra en su aventura llena de inseguridades y preguntas.
Si todavía no habéis leído este libro, os daré el mejor consejo que os puedo dar: esperad un poco, unos meses, a que llegue el frío y el espíritu navideño ya se deje ver. Es entonces cuando tenéis que leer esta novela, os aseguro que os encantará y que la disfrutaréis muchísimo.


Quien todavía no tenga claro que el futuro es femenino es que debe de estar en otro mundo. Solamente hay que ver lo que ocurrió el Día Internacional de la Mujer, un día que pasará a la historia por la lucha contra la desigualdad y la discriminación de género. Ese día me sentí más orgullosa que nunca de todas vosotras y este sentimiento de sororidad que me acompaña desde entonces me tiene el corazón bien contento.
No suelo dudar a la hora de hacer una reseña. Normalmente, mientras estoy leyendo el libro, en mi cabeza ya tengo clarísimo qué quiero poner en la reseña, cómo la voy a empezar, cómo la voy a terminar, a qué cosas le voy a dar importancia y a cuáles no.
Cuando pedí este libro tenía una idea bastante clara de lo que me iba a encontrar, que es básicamente lo que he encontrado: el proceso de radicalización de una adolescente francesa que acaba viajando a Siria para hacer la hégira, y sin embargo ver cómo se va desarrollando ante mis ojos, pródigos como son en empatía a base de abonarla con muchas lecturas, ha sido extraordinariamente impactante. Yo os salvaré a todos está narrado con tanta fuerza como sensibilidad y es un relato extraordinario que logra despertar innumerables emociones diferentes gracias a la honestidad y al talento de Émilie Frèche, la autora, que despliega diferentes registros en cada una de las partes de que consta la obra de forma que el lector acaba haciéndose una idea amplia y diría que rigurosa del problema que es el alma de la novela.
Ahora, después de unos cuantos años, puedo decir que tuve una infancia feliz. Ahora, que sé poner en una balanza todas las cosas buenas y las malas, dándole la importancia que corresponde a cada una de ellas. Habiendo aprendido a olvidar muchas cosas que me hicieron daño, sí, ahora puedo decir que tuve una infancia feliz.
No os podéis imaginar las ganas que tenía de leer este libro. Conocí a John Green relativamente tarde, bastante tiempo después de que se publicara 
Si algo nos ha enseñado 


Era pequeñita. Su pelaje era de color canela. Un blanco impoluto jaspeaba sus patitas. Tenía la naricilla rosada y su nombre hacía honor a La reina del rock. Mi perrita, al igual que cualquier otro can, era fiel; leal a mí y a su familia de humanos. Yo hubiera hecho lo que fuera por ella, y ella seguro que también por mí. Podría decirse que desde entonces acostumbro a leer libros sobre animales (buscando tal vez reencontrarme con sensaciones arrebatadas por el sueño eterno), pero no es cierto. En realidad, ya lo hacía incluso antes de tener aquel aburrido gusano de seda, el pez negro y bobalicón de ojos saltones o aquel pollo que, todo ufano él, nos despertaba cada día al alba con su estridente canto. He leído libros con animales como protagonista desde que era muy niño. He hallado, en esos libros, amigos de largas colas, de bellos plumajes o de escamas plateadas. ¡Incluso he encontrado amigos entre los golosos plantígrados! Así pues, no era de extrañar que una portada rebosante de un otoño de tonos ocres, con un zorro de pelaje rojizo que, sobre una suave loma, observa como el día declina, me cautivara. Ese zorro se llama Pax, y él es el protagonista de este libro de mismo nombre.
¡Sí se puede! Habéis vivido por encima de vuestras posibilidades. ¡Este desahucio lo vamos a parar! ¿Burbuja inmobiliaria? Eso no existe. ¡Dación en pago! Sí, no se preocupe, todo irá bien, firme aquí. ¡No nos mires: Únete! Alquilar es tirar el dinero. ¡Ni gente sin casa, ni casas sin gente! Yo no tengo la culpa, solo hago mi trabajo. ¡No es una crisis, es una estafa! A nadie se le obligó a firmar. ¡Sí se puede! ¡Sí se puede! ¡Sí se puede!
