Publicado el

Aquí vivió: Historia de un desahucio, de Isaac Rosa y Cristina Bueno

Aquí vivió historia de un desahucio

Aquí vivió historia de un desahucio¡Sí se puede! Habéis vivido por encima de vuestras posibilidades. ¡Este desahucio lo vamos a parar! ¿Burbuja inmobiliaria? Eso no existe. ¡Dación en pago! Sí, no se preocupe, todo irá bien, firme aquí. ¡No nos mires: Únete! Alquilar es tirar el dinero. ¡Ni gente sin casa, ni casas sin gente! Yo no tengo la culpa, solo hago mi trabajo. ¡No es una crisis, es una estafa! A nadie se le obligó a firmar. ¡Sí se puede! ¡Sí se puede! ¡Sí se puede!

Los has escuchado. Lemas de los que han perdido el miedo. Gritos valientes en busca de justicia. Gargantas que vomitan signos de exclamación contra coletillas simplonas susurradas por patanes o mentiras desalmadas proclamadas por embaucadores. También los has visto. La lucha atroz, las amargas lágrimas de la derrota y las victorias esplendorosas. Pero cada vez se ven menos porque todo está volviendo a su cauce. ¿Verdad? Ellos lo dicen, lo repiten, retorciendo las palabras con esa lengua que emponzoña el lenguaje y que persuade al que quiere ser persuadido mientras barren lo incomodo bajo la alfombra de la invisibilidad. Pero que algo no sea mostrado no significa que haya dejado de existir. Todavía hay desahucios; todavía hay personas que se quedan sin casa. Afortunadamente hay gente que habla de ellos. Hay voces que no pueden ser silenciadas.

Aquí vivió: Historia de un desahucio, es una de esas voces. Un Pepito Grillo en forma de novela gráfica. La voz de una conciencia social de la cual parecen quedar solo brasas pero que realmente aún arde como una pira. Esa voz, la guía de los lectores, la que contagia empatía, es Alicia. Ella es una adolescente que debe enfrentarse a todos los sentimientos que se arremolinan en el estómago debido a la separación de sus padres. Por si esto no fuera suficiente descubrirá a través de un diario que el piso en el que ahora reside junto a su madre perteneció anteriormente a una familia que fue desahuciada. A través del diario, de los testimonios de los vecinos y conocidos y de los integrantes de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, Alicia irá zambulléndose en una realidad, de la que pensaba no tenía nada que ver, de consecuencias desproporcionadas y de actos solidarios.

La imaginación es la forma más barata de vivir otras vidas y no tiene consecuencias. No haces daño a nadie” pontifica el padre de Alicia al tener una charla sobre el diario que ésta ha encontrado. Actos y consecuencias, de eso va Aquí vivió: Historia de un desahucio. Actos reales e implicación, que a diferencia de los imaginarios nunca son inocuos. Pero el que realmente habla a través de ese hombre de gafas con montura redonda y rostro afable es Isaac Rosa, renombrado escritor que ahora ha decidido probar suerte como guionista de cómics. Y lo ha hecho como consorte artístico de Cristina Bueno. ¡Vaya pareja! Si el primero erige una historia indudablemente dramática pero sobre cimientos de esperanza, Cristina Bueno no se queda atrás e ilustra con dibujos de aspecto ingenuo, nada pretenciosos y de trazo cercano al boceto, entrañables ancianas con cientos de arruguitas y enormes orejotas, adultos de variado aspecto pero dignos en su pose y fantasmas de un pasado cercano y sombrío. Si Isaac Rosa nos habla de la gran estafa argumentando a través del típico director de banco cuenta cuentos, Cristina Bueno empapela la sede de posters engañosos que hablan de hipotecas fáciles de saldar o la atiborra de manifestantes en busca de honestidad. Rosa pone voz a adolescentes con historias que se entrelazan o habla de casa ocupadas; Bueno dibuja emotividad o culpabilidad, transforma manchas de humedad en historias y croquis de pisos sin habitar en planos cenitales donde habita el calor humano. Rosa habla de suicidios, brutalidad policial o niños que lloran; Bueno lo muestra. Podría parecer una batalla por ver quién cuenta más. ¿Bueno o Rosa? Solo que no lo es. Es una cooperación de talentos por mostrar la cara oculta de una tragedia. Rosa y Bueno. No es una batalla. ¡Es sinergia!

Aquí vivió: Historia de un desahucio, es una historia grande constituida por otras más pequeñas, todas con alta carga emocional (asegurado el nudo en la garganta, un enorme y jodidamente áspero nudo marinero que cuando intentas tragarlo es inevitable que se te salte alguna lagrimilla). En el cómic tienen cabida divertidos recuerdos de infancia, supervivencia de posguerra, absurdas pero ocurrentes leyendas urbanas y hasta algún elemento fantástico; en conjunto todo encaja a la perfección, como un puzle de suaves azules, ligeros verdes, hoscos grises y blancos lustrosos; los únicos colores que Cristina Bueno necesita. El cuadro final es revelador, angustioso, pero siempre ilusionante. Además pone de manifiesto que todos, de una forma u otra, por lo que hacemos o dejamos de hacer, estamos implicados en el tema de los desahucios.

[product sku= 9788415594741 ]
Publicado el

La habitación oscura (Booktrailer)

La habitación oscura, de Isaac Rosa

Un grupo de jóvenes decide construir una «habitación oscura»: un lugar cerrado donde nunca entra la luz. Al principio la utilizan para experimentar nuevas formas de relacionarse, para practicar sexo anónimo sin consecuencias, por una mezcla de juego y transgresión. A medida que van enfrentándose a la madurez con sus decisiones, desengaños y reveses, la oscuridad se convierte para ellos en una forma de alivio.

Publicado el

Entrevista a Isaac Rosa

isaac-rosa

Entrevista a Isaac Rosa, autor de “La habitación oscura”

isaac-rosa
Isaac-Rosa

Hace poco, en un debate con unos amigos, hablábamos de cuál creíamos que iba a ser la novela de este año 2013. ¿Pregunta absurda? Puede ser, teniendo en cuenta las miles de novedades que han salido. Pero yo tenía un título en la cabeza desde el mismo momento en que lo leí: La habitación oscura. Mi voz no tembló en ningún momento, y mis amigos se me quedaron mirando y me preguntaron cuáles eran las razones por las que yo pensaba que esta era la mejor novela que había leído este año. El caso es que, en ese momento, me quedé pensando en cómo explicar lo que había sentido y me puse a escribir la reseña que ya todos habéis leído. Pero me quedé con ganas de más, así que raudo y veloz quise preguntarle a Isaac Rosa por ella, por lo que suponía para él, para el lector y lo que había querido transmitir con ella. Como siempre, lo que sigue es el resultado de una conversación en la distancia, esperando dar las claves por las que todos vosotros tenéis que haceros con el libro.

A continuación, Isaac Rosa.

Para empezar, nos gustaría conocer un poco más tus gustos a la hora de escribir:

1. ¿De día o noche? De día, aunque mi día comienza cuando formalmente todavía es de noche (eso que llaman madrugar)

2. ¿Un cigarrillo al lado? No, no fumo.

3. ¿El papel y la pluma han pasado a mejor vida? Escribo en ordenador, pero rodeado de libretas, papeles, notas y pósit manuscritos. Y pese a las posibilidades de los teléfonos, siempre llevo encima una pequeña libreta. Todos mis libros empiezan y terminan a mano: arrancan en las notas y concluyen en las correcciones. El bolígrafo sigue siendo una tecnología insuperable.

4. ¿La inspiración llega por sorpresa, o sorprendentemente, siempre te pilla trabajando? La inspiración, sea lo que sea, hay que convocarla, hay que crearle condiciones. Con pocas excepciones, suele llegarme mientras leo, escribo o paseo (pasear es fundamental, una forma de escritura sin trazos).

5. ¿Quién es tu mayor crítico? Si hablamos en términos de exigencia, diría que yo: la crítica más negativa que pueda recibir un libro mío nunca llega más lejos que mis propias dudas. Si hablamos de críticos que con su lectura ayuden, tengo varios lectores de apoyo, pero dos principales: una escritora amiga, Marta Sanz; y mi editora, Elena Ramírez.

6. ¿Qué personaje te gustaría que leyese tu libro? No pienso en mis lectores en esos términos.

7. ¿Qué libro(s) estás leyendo ahora? Un libro que me interesa mucho y que además presento estos días: “¿Dónde está mi tribu?”, de Carolina del Olmo. Y a punto de meterme en el barro (literal, barro de trinchera) del último Echenoz, “14”.

8. ¿Qué libro guardas como el más valioso? No soy nada mitómano-bibliófilo. Guardo lecturas, no libros. A veces busco un libro que me marcó, y descubro que no lo tengo, por haberlo leído en biblioteca.

9. ¿Qué usas para marcar las páginas? Lo primero que encuentro: postales, fotos, tickets, papeles arrancados, y hasta marcapáginas.

10. ¿El mejor lugar para leer? Cualquiera. Habiendo tranquilidad y tiempo, el lugar desaparece.

Y ahora que sabemos un poco más de tus gustos como escritor, metámonos de lleno en lo que nos cuentas en tu libro…

Sigue leyendo Entrevista a Isaac Rosa

Publicado el

La habitación oscura

La habitación oscura, de Isaac Rosa

la-habitacion-oscuraEntra. Cierra los ojos. En realidad no hace falta que lo hagas, pero aun así ciérralos. Olvida todo lo que hay fuera. Sólo estáis tú y la oscuridad. Olvida que alguna vez tuviste un trabajo que no te gustaba, olvida las obligaciones con la familia, esas pequeñas miserias de las horas que conforman un día entero. Por un momento, mientras los ojos permanecen cerrados, olvida que hoy te levantaste, que caminaste por las mismas calles, te cruzaste con las mismas personas y pronunciaste los mismos “hola, ¿qué tal?” de cada mañana. Olvídalo todo. Sólo estáis tú y la oscuridad. Ahora concéntrate en lo que te sucede, en cómo los músculos dejan de estar agarrotados, en como la piel se eriza y un escalofrío recorre tu cuerpo. Eso es la libertad. Ahora abre los ojos. Nada es diferente realmente. La oscuridad y tú. Pero escuchas con atención y oyes un leve crujido en el suelo, el roce de una mano que no es la tuya en la pared y lo sabes. Hay más gente aquí, contigo, rodeándote, luchando contra la realidad, contra lo que creíamos todos que estaba escrito desde el principio. Ya no sois sólo la oscuridad y tú, ahora sois más los que acompañáis a la oscuridad que lo inunda todo. No hay nada de luz que pueda enturbiar tus sensaciones. Y sigues batallando, olvidándote, y creando un mundo diferente. Esto es La habitación oscura y estás a punto de descubrirlo con tus propios ojos…

  Sigue leyendo La habitación oscura

Publicado el

La mano invisible

La mano invisible

La mano invisible, de Isaac Rosa

La mano invisible

Dice José Luis Pardo, filósofo español, que el trabajo resulta inenarrable: hay muchas narraciones que transcurren total o parcialmente en lugares de trabajo, pero lo que estas narraciones relatan es algo que ocurre entre los personajes al margen de esa actividad laboral, y no esa actividad en cuanto tal… ¿Cómo contar algo allí donde no hay nadie, donde cada uno deja de ser alguien? Isaac Rosa parece haber aceptado el reto propuesto por Pardo. El resultado es esta mano invisible que maneja personajes sin nombre (los conocemos por su profesión) y con una característica común: no saben por qué hacen lo que hacen, más allá del dinero que ganan con ello. ¿Y qué es lo que hacen? Trabajar. Pero lo hacen de una manera peculiar (alguien los mira) que consigue que la lectura de gente trabajando no se convierta en lo que pudiera parecer: otro trabajo más. Todo lo contrario: el libro es ameno (salvo algún tramo contado, de acuerdo), lo que ya supone una virtud dada esa aparente imposibilidad de la que hablaba Pardo al principio de este párrafo.
Son muchos los oficios que se narran en la novela. Una limpiadora, un carnicero (cuidado los que no quieran convertirse en vegetarianos, conmigo casi lo logra), un albañil, una puta, una administrativa, un camarero, una telefonista. Todos trabajan en escena. Trabajan mucho. Y piensan. Y el autor pretende que el lector haga lo mismo: pensar, no sólo trabajar, y aquí reside precisamente, en mi opinión, una de las principales propuestas del libro. Pensar, visto lo visto, si es necesario abrir un debate social (profundo en tanto crítico y carente de partidismos políticos, a ser posible) sobre la idoneidad de nuestra organización laboral. Dice el narrador: Nunca ha entendido por qué hay que trabajar como mínimo ocho horas y no tres o cuatro, cuando lo comenta con conocidos la miran como a una niña pequeña que desafía con su lógica inocente el mundo duro de los adultos […] Ve desproporcionado el número de horas que entregamos de nuestras vidas para lo que obtenemos a cambio. La novela (social pero también política, aunque menos que otras del autor) nos recuerda que esta manera de organizarnos se ve sustentada por una moral que ensalza la laboriosidad y condena la ociosidad, una moral que empezó a implantarse con los obreros de las primeras sociedades industriales. Descansar sólo dos días o menos, someternos a los modos de producción de los dueños del trabajo, entregar a cambio de un sueldo nuestro tiempo, nuestro esfuerzo, nuestro cansancio, nuestra atención, nuestra inteligencia, nuestro talento, nuestras emociones, nuestra salud, nuestro dolor, nuestro malestar. Viva el trabajo, en definitiva.

Sigue leyendo La mano invisible

[product sku= 9788432209338 ]