
Madre mía el señor Stephenson. Demoledor.
Estoy aún sin habla. Primero por el volumen de sus historias, 825 páginas de puro disfrute. Segundo por el poder narrativo, estilo depuradísimo, claro, objetivo y rozando lo académico. Y tercero por su imaginario, Seveneves es absolutamente arrollador y la novela es un derroche de imaginación brutal.
Os confesare que es mi primer Stephenson. Y que nunca he leído ciencia ficción dura. Y que me gustan más bien poco las novelas de más de 400 páginas.
Así que creo que en el momento en que me decidí a leer este libro no era del todo yo. Si quizás lo hubiera pensado dos veces, seguramente nunca me hubiera embarcado en un libro que a todas luces –para mí y mi zona de confort- era una locura monumental y un fracaso anunciado. Pero demonios, a veces estas decisiones compulsivas son las mejores, salen bien y te hacen descubrir historias absolutamente alucinantes. Como Seveneves.
Dejadme que os ponga en antecedentes: en la época más o menos actual, un hecho sin precedentes en la historia de la humanidad –y de la tierra- hace que solo le queden dos años habitables al planeta. Transcurridos esos dos años, la tierra se volverá inhabitable durante cinco mil años. Cinco mil años. Durante ese eterno periodo, el planeta azul no será más que una bola incandescente parecida al sol.

detrás de otra, las canciones que se van intercalando en la historia de Marcos Amable y Alline Parker forman un disco entero. Doce canciones, cuarenta y ocho minutos. Justo lo que solían durar nuestros cedés, aquellos que comprábamos aunque conociéramos únicamente un tema, o dos, y que luego se convertían en la banda sonora de nuestras vidas. Porque no teníamos Spotify en aquel entonces, ni siquiera casi Internet, y había que poner todas las tardes los mismos discos, completos, hasta que los conocíamos de parte a parte o teníamos de nuevo mil quinientas pesetas o diez o quince euros para comprar el siguiente.




























