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De matasanos a cirujanos, de Lindsey Fitzharris

De matasanos a cirujanos

De matasanos a cirujanosNo sé si vosotros hacéis como yo, que cuando estoy leyendo un libro que me encanta no paro de contar los detalles que más llaman mi atención a la gente que tengo a mi alrededor. El último con el que me ha pasado es De matasanos a cirujanos, de Lindsey Fitzharris. Como, por desgracia, mi entorno no es muy (nada) lector, no hacían caso a mi entusiasmo, así que además de darle la tabarra a ellos, lo recomendé varias veces por mis redes sociales. Pero como todavía no me he quedado a gusto, vengo aquí para explayarme con vosotros, contándoos por qué me ha gustado tanto y aconsejándoos que no lo dejéis pasar, ¡es apasionante!

¿De qué va De matasanos a cirujanos? Pues el resumen perfecto es su propio subtítulo: «Joseph Lister y la revolución que transformó el truculento mundo de la medicina victoriana». Se podría decir que es una biografía sobre el cirujano inglés Joseph Lister, pero en este libro no solo se habla de su vida y logros, sino de la influencia que tuvieron en él otras figuras como Liston, Sharpey y Syme. Todos ellos contribuyeron a convertir la denostada profesión de cirujano (que se consideraba un trabajo manual al estilo de un cerrajero o un fontanero) en la que hoy en día es la carrera más admirable a la que se puede dedicar una persona.

Yo soy lega en cuestiones de medicina, sin embargo, no era la primera vez que oía hablar del papel transcendental que desempeñó Lister. Supe de él gracias a la magnífica reseña de El siglo de los cirujanos, de Jürgen Thorwald, que escribió Borja Merino Ortiz  en Manual de linternas: Incursiones, excursiones y reflexiones científicas. La frase «Antes, las quejas y gritos de los pacientes llenaban los quirófanos. Un buen cirujano necesitaba un cuchillo afilado y nervios de acero para minimizar el tiempo de la operación» me impactó, y apunté El siglo de los cirujanos en mi lista de futuras lecturas. Pero, afortunadamente, De matasanos a cirujanos se ha cruzado pronto en mi camino y he podido adentrarme ya en el terrorífico mundo de la medicina y cirugía del siglo XIX.

Todo lo que se cuenta en este libro pone los pelos de punta. Lindsey Fitzharris no se corta en describirnos amputaciones, huesos astillados, heridas de apuñalamientos o mastectomías con todo lujo de detalles. Imagino que esas escenas tan escabrosas son uno de los principales atractivos para algunos lectores (como es mi caso), pero pueden ser también los que disuadan a otros de leerlo. Lo comprendo, claro; sin embargo, no quisiera que eso tirara para atrás a nadie: la prosa fluida y no exenta de humor de Linsey Fitzharris hace que se pase el mal trago con gusto. Además, la ambientación histórica está tan bien lograda y se aprende tanto, que es imposible no fascinarse con este relato de uno de los periodos estelares de la medicina.

Lindsey Fitzharris arranca su recorrido histórico hablando de las primeras intervenciones quirúrgicas que se hicieron con anestesia. Estas, lejos de suponer una mejora, derivaron en un repunte de la mortalidad, ya que al volverse indoloras, eran cada vez más invasivas y, por tanto, la probabilidad de infección durante el postoperatorio aumentaba. Ahí es donde entró en juego el protagonista de esta biografía, Joseph Lister, que dedicó su vida a descubrir las causas y la naturaleza de las infecciones.

Con los conocimientos que en la actualidad tenemos hasta las personas de a pie, resulta sorprendente que en aquella época la comunidad médica no le diera ninguna importancia a la asepsia y pasaran de hacer una autopsia a atender un parto sin ni siquiera lavarse las manos. Hábitos que no solo ponían en peligro a los pacientes, sino a los propios médicos, que ejercían su profesión siendo conscientes de que podían perecer en cualquier momento. Pero que unos seres invisibles (los gérmenes) fueran los causantes de sus desgracias les parecía fantasía, y Lister tuvo que perseverar mucho para convencerlos de que implantando el método científico en la práctica médica podrían vencerlos. La reticencia de los médicos veteranos no se debía a la ignorancia, sino más bien al ego, pues como apuntó uno de los asistentes de Lister: «Un nuevo y gran descubrimiento científico siempre es capaz de dejar tras de sí una larga estela de reputaciones mutiladas entre los que fueron campeones de un método más antiguo. Es duro para ellos perdonar al hombre cuyo trabajo ha hecho irrelevante al suyo».

Lister, el hombre que defendió la importancia del microscopio en la investigación científica, que impulsó nuevos métodos en la docencia médica, que inventó múltiples aparatos quirúrgicos, que interiorizó los descubrimientos de Pasteur para salvar vidas y contribuyó a que los hospitales dejaran de ser casas de la muerte para ser casas de la curación, merecía una biografía tan épica como la que le ha dedicado Linsey Fitzharris.

¿Qué más puedo decir yo para que leáis De matasanos a cirujanos? No sé. Al menos espero haberos dejado claro que este libro se cuela en mi lista de favoritos del año y que no me cansaré de recomendarlo a todo aquel que me quiera escuchar.

@EstherMagar

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La muerte de Guernica, de Paul Preston y José Pablo García

la muerte de guernica

la muerte de guernicaSeguramente todos conocemos la historia de Guernica. O, mejor dicho, no la historia de la ciudad, sino la historia de su destrucción lo que conocemos. Oír Guernica es hacer una rápida asociación mental con muerte y destrucción. Eso y el cuadro de Picasso.

En 2017 se cumplen ochenta años desde que Guernica se convirtiera en la primera ciudad abierta arrasada. Un objetivo civil indefenso bombardeado durante más de tres horas. Tamaña gesta se llevó a cabo un 26 de abril de 1937, un lunes, día de mercado, a las 16.30, hora en la que el mercado estaba lleno.

La mayoría sabe eso. Otros, los menos, saben más, y unos pocos aún siguen creyendo a pies juntillas lo que los franquistas se empeñaron en hacer creer al pueblo y que han mantenido hasta hace bien poco: negarlo todo. Negar la existencia de aviones extranjeros en la España rebelde; negar el bombardeo por las malas condiciones climáticas y finalmente, cuando ya no era posible negarlo, atribuirlo a los propios guerrilleros vascos.

El objetivo era desmoralizar a la población civil y arrasar la cuna de la raza vasca para amenazar a Bilbao con ser la siguiente ciudad en ser bombardeada con la misma técnica innovadora y cruel:

– Primero bombas pesadas para que la población saliera en estampida.

-Luego, acribillarla con ametralladoras para que se escondieran bajo tierra.

-Finalmente, bombas incendiarias para destruir las casas y quemarlas encima de sus víctimas.

Según cálculos del gobierno vasco, unas 1645 personas murieron en el ataque y 590 posteriormente a causa de las heridas.

Afortunadamente, cuatro periodistas extranjeros se hallaban en Guernica y pudieron contar lo sucedido. La muerte de Guernica dedica especial atención a la figura de uno de ellos, George Steer, periodista de The Times, cuyo testimonio, uno de los más valiosos y del que más eco se hizo la sociedad por lo impactante, la fidelidad a los hechos y lo desgarrador de sus palabras. Palabras que fueron escritas por un hombre cuyo nombre se incluyó en la lista de personas más buscadas por la Gestapo y que fueron tachadas de falsedad hasta la década de los setenta.

Todo esto y mucho más podemos ver en este cómic que, en realidad más que un cómic es un ensayo gráfico, como he leído recientemente, pues es la adaptación del libro del prestigioso hispanista Paul Preston a viñetas. Viñetas teñidas por una estupenda tricromía (azul, blanco y negro), tal vez para ocultar de este modo la sangre, que sería demasiada.

La muerte de Guernica cuenta cómo se preparó, quién intervino, quién ideó, quién consintió y qué consecuencias hubo tras el sangriento bombardeo. Ha supuesto un trabajo de documentación brutal ya que son tan pocos los testimonios, tanto gráficos como audiovisuales, que el propio Preston permitió a García acudir a su archivo personal.

Hay que agradecer al hispanista su beneplácito al permitir y colaborar en esta adaptación. Al principio se mostraba reacio a ella pues pensaba que sus compañeros de profesión se pitorrearían de él. Sin embargo, cómics como este sirven muchísimo para dar a conocer de manera amena a las generaciones actuales, futuras e incluso contemporáneas de ese suceso, lo que ocurrió hace no tanto tiempo, a pesar de que con posterioridad han ocurrido tragedias aún mayores. La Historia muchas veces se nos atraganta en la escuela. Puede que sean algunos temas, puede que el profesor no sea bueno, o puede que la asignatura sea un tostón… todo depende del alumno, pero sea como sea este cómic sería, junto con el de Alatriste, firme candidato a ser lectura obligatoria o al menos sí que sería una lectura a recomendar por el profesorado . Al fin y al cabo, es Historia de España y es un hecho que debe conocerse y no solo tratarse de pasada en dos líneas en un libro de texto, (y eso si llega a tratarse esa parte de nuestro pasado).

No obstante, he echado en falta algo más de contexto previo. Alguien que desconoce las causas del conflicto se puede ver perdido y se ve ya desde el principio inmerso en plena preparación del bombardeo. ¿Qué hay en Salamanca, quienes son los rebeldes, por qué hay una guerra, quién es Franco (sí, sí, tú lo sabes, pero tal vez el chaval de 14 años atraído por el dibujo del bombardero en la portada no), quién es Mola, qué defiende cada bando, quién demonios son los requetés y los carlistas? No sé, si algún joven o algún extranjero siente curiosidad y le entra el gusanillo, debería tener algunas páginas previas explicando sucintamente la realidad histórica en la que se enmarcan los hechos que está a punto de leer.

Quitando eso, el cómic se lee bien, el dibujo es formal y cumple lo esperado sin florituras ni grandilocuencias. Es un dibujo al servicio del texto de Preston, que era lo que se buscaba.

Un cómic necesario, que, ojalá, sea el primero de muchos.

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La bruja debe morir, de Sheldon Cashdan

la bruja debe morir

la bruja debe morir¿Quién no conoce BlancanievesCenicienta, Hansel y Gretel, La bella durmiente, Caperucita roja Pinocho? Los cuentos de hadas son nuestro primer contacto con la literatura. Algunos nos quedamos prendados de ella para siempre, pero incluso los que nunca más vuelven a abrir un libro recuerdan con cariño estas historias. ¿Por qué será? ¿Qué tienen estos cuentos para permanecer en nuestras cabezas a lo largo de los años y pasar de generación en generación? En La bruja debe morir. De qué modo los cuentos de hadas influyen en los niños, Sheldon Cashdan nos hace revisitar los cuentos de hadas de nuestra infancia y nos explica cómo su fantasía y su folclore nos impactan psicológicamente.

A través de los siete pecados capitales a los que los niños se enfrentan durante su desarrollo —vanidad, glotonería, envidia, mentira, lujuria, avaricia y holgazanería—, Cashdan nos muestra una nueva forma de entender los cuentos de hadas, descifrando los sentidos profundos que hay detrás de la sucesión de aventuras y dramas que viven los personajes. ¿Por qué los padres suelen estar ausentes o muertos? ¿Por qué el héroe y el villano comparten el mismo defecto? ¿Por qué es necesario que la bruja muera para que todos sean felices al final? Nada es arbitrario en los cuentos de hadas. Están cargados de simbolismos que percibimos de manera casi inconsciente durante la niñez y que interpretamos de modo muy distinto durante la edad adulta. La repetición de patrones hace que conectemos con estas historias y canalicemos nuestros conflictos psicológicos a través de ellas. Por eso, hoy en día se siguen utilizando para que un niño aprenda a gestionar la envidia que siente hacia su hermano, pero también como herramienta para tomar decisiones en las consultorías empresariales. Los tenemos tan interiorizados que son el escenario ideal para representar nuestros dilemas internos o la metáfora más socorrida para plasmar nuestras aspiraciones.

Sheldon Cashdan, además de poner en valor la utilidad psicológica de los cuentos de hadas, hace un repaso a su evolución histórica desmontando los mitos que existen alrededor de ellos, nos cuenta las diferentes versiones de los cuentos más populares, sin olvidar las adaptaciones Disney, y recupera aquellos que cayeron en el olvido por su alto contenido sexual o macabro. De este modo, La bruja debe morir. De qué modo los cuentos de hadas influyen en los niños se convierte en un ensayo tremendamente ameno y lleno de datos e interpretaciones sorprendentes, imprescindible para aquellos adultos a los que estos cuentos siguen generando intensas emociones y quieren desentrañar los significados ocultos que las provocan.

Tras leer La bruja debe morir nos queda claro que los cuentos de hadas están lejos de ser solo para niños y quizá alguno se lleve más de una desilusión al conocer las sombras de los personajes y las dobles lecturas de los peligros en los que se ven envueltos. Nunca volveremos a ver estos populares relatos con los mismos ojos inocentes, pero por fin tomaremos consciencia del porqué de su enorme impacto sobre la literatura y nuestras vidas. Por muchos años que pasen, los cuentos de hadas seguirán siendo el mejor camino para encontrarnos con nosotros mismos.

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10 libros sobre running que no pueden faltar en tu biblioteca

Da igual la hora que elijas para salir a la calle. Desde primeras horas de la mañana hasta que cae la noche, aceras y caminos urbanos tienen un elemento común, el corredor de running. Lo que parecía una moda pasajera, se ha asentado en la rutina diaria de los miles y miles de incondicionales que, ataviados con ropas y zapatillas llamativas, llenan de color nuestras ciudades. Esta pasión, como no podía ser de otra forma, también se ha traspasado al ámbito literario, inspirando la creación de novelas, memorias o libros de ensayo relativos a este deporte. Desde aquí os animamos a que salgáis a la calle a correr; pocos deportes hay que sean tan sencillos de practicar y tan estimulantes. Y cuando volváis, os recomendamos que os leáis estos 10 libros sobre running que no pueden faltar en vuestra biblioteca. ¡Felices lecturas, runners!

la-meta-esta-en-itaca1. La meta está en Ítaca, de Álber Vázquez (Expediciones Polares ISBN 978-8494597701)

Aunque nunca se está solo cuando uno corre por la ciudad, muchos aprovechan ese momento para reflexionar y meditar sobre distintos aspectos de su vida diaria. Sobre esas preguntas, a veces sin respuesta, que nos hacemos cuando sufrimos en plena carrera va este libro de Álber Vázquez. El marco elegido por el autor para esas reflexiones es ni más ni menos que la Behobia-San Sebastián, una de las carreras populares más emocionantes de Europa, con miles de personas animando en sus veinte kilómetros de bello recorrido.

dos-horas2. Dos horas, de Ed Caesar (Debate ISBN 978-8499925950)

El ser humano está hecho para rebasar todos los límites. En el atletismo se rompió la barrera de los diez segundos en los 100 metros lisos, de los 9000 puntos en el decatlón, y ahora los expertos buscan romper una nueva barrera; bajar de las dos horas en el maratón. Ed Caesar analiza a estos posibles superhombres atendiendo no solo al deporte en sí, también teniendo en cuenta la ciencia y la psicología. Una historia sobre los límites de cuerpo humano que te atrapará.

corre como un etiope3. Corre como un etíope, de Marc Roig Tió (La Esfera IBSN 978-8490607251)

“Manual para entrenar como un atleta de élite”. La portada del libro de Marc Roig Tió expone desde el principio su razón de ser, llevándonos el autor a la meca del running, Etiopía (con permiso también de los vecinos keniatas). Este completo libro tiene varias funciones. Por un lado, nos ofrece una retrospectiva de la influencia que ha tenido este deporte en sus gentes. Por otro lado, también sirve como guía de viajes a dicho país, donde el autor estuvo trabajando como fisioterapeuta de atletas. Y por último, y para todo aquel que se atreva a grandes distancias, se ofrecen también unas tablas de entrenamientos para todo tipo de corredores. ¿Te animas?

abriendo-camino4. Abriendo camino, de Ryan Sandes (Córner ISBN 978-8494506420)

¿Llevas mucho tiempo saliendo a correr y quieres buscar nuevos desafíos? ¿Para ti correr una San Silvestre o una media maratón es un mero entrenamiento? Si las respuestas son positivas, creemos que este libro te encantará. Ryan Sandes, la superestrella del ultra running, nos cuenta en estas memorias cómo su afición por este deporte le ha hecho ganar carreras tan agotadoras como la Gobi March o la Sahara Race, pruebas exigentes que para la gran mayoría de mortales suponen una meta inalcanzable.

Maquetación 15. Sin fronteras, de Vicente García Campo (Desnivel ISBN 978-8498293432)

Vicente García Campo ganaba con este libro el Premio Desnivel de Literatura en 2015. En él, el autor hace un planteamiento sencillo, el de un corredor aficionado a las carreras de montaña que aprovecha las alturas para reflexionar sobre su vida. Pero no todo en la vida es tan sencillo como puede parecer en las carreras, ni mucho menos. Porque la vida nos obliga siempre a elegir, y en esas elecciones es cuando sentimos la fragilidad, las dudas y el vértigo.

la frontera invisible6. La frontera invisible, de Kilian Jornet (Now Books ISBN 978-8494008986)

Seguimos con las carreras de montaña con un corredor cuya vida fue apasionante desde pequeño. Con seis años, Kilian Jornet ya ascendía a cimas de más de 4000 metros. Con diez, cruzó de un lado a otro los Pirineos. Con apenas 29 años, acumula una ingente cantidad de medallas, récords y condecoraciones como corredor de montaña. Con este curriculum, y teniendo como punto de partida la muerte de su ídolo Stéphane Brosse en la subida al Mont Blanc, Jornet nos regala un libro muy humano sobre la vida y la muerte; sobre la tristeza y la felicidad.

nacidos-para-correr7. Nacidos para correr, de Christopher McDougall (Debate ISBN 978-8483069479)

Dice el autor de este libro que “el secreto de la felicidad está en tus pies y que todos hemos nacido para correr”. Para ilustrarlo, Christopher McDougall nos lleva a conocer la tribu de los tarahumara, en México. Esta tribu tiene en el arte de correr la razón de su existencia, desarrollando durante siglos técnicas que les hacen ser capaces de correr cientos de kilómetros sin apenas desgaste. El descubrimiento de este pueblo hizo a McDougall encontrar también el corredor que tenía dentro de sí. Quizá a ti, querido lector, este libro te sirva de inspiración para sacar el runner que llevas dentro.

reyes-del-asfalto8. Reyes del asfalto, de Cameron Stracher (Contra ISBN 978-8494216701)

Las grandes carreras de fondo vivieron en los años 70 un auténtico boom en los Estados Unidos. Y entre todas las carreras, la que más brillo le dio a este deporte fue la Falmouth Road Race de Cape Cod (Massachussetts). Cameron Stracher analiza la trayectoria de esta y otras carreras míticas junto a la de Frank Shorter, Bill Rodgers y Alberto Salazar, los tres grandes corredores americanos de la época. De paso, el libro sirve para reflexionar sobre la convulsa situación social que se vivió en estos años, y como estos auténticos Reyes del asfalto utilizaron el atletismo como vía de escape y de protesta.

tu-tambien-puedes-ser-runner9. Tú también puedes ser runner, de Begoña Beristain (Arcopress ISBN 978-8416002863)

Correr es un deporte que necesita mucha fuerza de voluntad y que admite muy pocas excusas para no practicarlo. Ni la edad, ni la climatología, ni la poca preparación son impedimentos para correr. Por eso testimonios como el de la periodista Begoña Beristain son el ejemplo de que todos podemos ser runner. La autora desgrana en este libro cómo es eso de correr cuando tienes más de 40 años, sintiendo que cuantos más kilómetros corría, y más lejos iba, más libre se sentía.

la senda del corredor10. La senda del corredor, de Adharanand Finn (Ediciones B ISBN 978-8466659161)

Terminamos nuestra lista visitando otro de los países donde el running, más que una moda pasajera, es una auténtica religión, Japón. El país del sol naciente tiene en el ekiden (una carrera de relevos de más de 200 kilómetros) uno de los eventos deportivos más importantes del año. Adharanand Finn nos cuenta su viaje de seis meses por el país nipón buscando conocer las razones de la disciplina obsesiva que tienen por este deporte, descubriendo que el running allí va mucho más allá que un simple entretenimiento deportivo que aporta salud al que lo practica. También viaja buscando el rastro de los legendarios “monjes maratonianos”, cuya leyenda dice que eran capaces de correr mil maratones en mil días, alcanzando con ello la iluminación.

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Sabias, la cara oculta de la ciencia, de Adela Muñoz Páez

Sabias La cara oculta de la ciencia

Sabias La cara oculta de la cienciaEl cerebro de la mujeres es de menor tamaño que el de los hombres. Por naturaleza son más frías y débiles. ¡Ah, y tienen un diente menos! No lo digo yo, lo decía Aristóteles, el sabio más célebre de la Antigüedad. Pero no tenemos que remontarnos tan atrás en el tiempo: a los largo del siglo XVIII, reputados médicos afirmaron que a las mujeres estudiosas se le atrofian los ovarios y en el siglo XIX, que un gran esfuerzo intelectual pone en peligro su salud ¡y hasta su belleza! Como es lógico, esto ha hecho que las mujeres se hayan mantenido alejadas del saber; porque serán tontas, sí, pero no estaban tan locas como para arriesgarse a volverse feas, infértiles y, encima, morirse.

Aunque, como siempre hay inconscientes —¡ay, pobrecillas!, ¿no veis que no dan para más?—, hubo algunas a las que le dio por estudiar, descubrir los enigmas del universo, adentrarse en las matemáticas, filosofar sobre la existencia, contribuir al nacimiento de la química o descifrar la estructura del ADN o la penicilina… sin casi medios, sin cobrar y sin que su trabajo se reconociera en ninguna parte. ¿A que eran tontas? Ahí, dándolo todo por amor al arte. Por supuesto, muchas de ellas enfermaron y, obviamente, todas murieron. ¿Qué esperaban?

Una tal Émilie de Breteuil, marquesa de Châtelet, dijo: «Estoy convencida de que la mayoría de las mujeres o ignoran sus talentos por defecto de educación, o los entierran por prejuicio o falta de coraje. Lo que yo he experimentado en mí me confirma esta opinión. El azar me hizo conocer gente de letras que se hizo amiga mía. Vi con sorpresa que me prestaba atención. Empecé entonces a creer que era una criatura pensante». Y hubo mujeres que se lo creyeron y, lo que es peor, ¡hombres! Es necesario aclarar que muchos de ellos —Pitágoras, Pericles, Lavoisier— estuvieron emparejados con las mujeres insurrectas, lo que debió trastocarles el raciocinio. Y no sé ya quién tuvo más culpa: si ellas, por pensarse que eran iguales que los hombres, o ellos, por animarlas a hacer lo que quisieran, a pesar de lo que dijeran los demás.

La cuestión es que este pensamiento ha ido calando a lo largo de los años, de ahí que cada vez haya más mujeres científicas y que se publiquen libros como Sabias. La cara oculta de la ciencia, escrito por Adela Muñoz Páez, en el que se hace un recorrido desde tiempos remotos hasta la actualidad, para hablar de sacerdotisas sumerias, oradoras griegas, matemáticas alejandrinas, monjas en la época de las Cruzadas, súbditas del rey Felipe II, artesanas de los gremios alemanes del siglo XVII, salonnières en la época de la Revolución francesa, astrónomas alemanas e inglesas del siglo XVIII, físicas polacas del finales del siglo XIX, químicas españolas de antes de la guerra civil, cristalógrafas inglesas y bioquímicas italianas; mujeres que se empeñaron en utilizar su minúsculo cerebro a pesar de la oposición social y de las infinitas trabas de la comunidad científica, y que consiguieron salirse con la suya, las muy puñeteras. Eso sí, la historia de la ciencia se ha encargado de borrar su rastro, poniendo a buen recaudo sus descubrimientos, claro está.

Actualmente, este tipo de mujeres cada vez proliferan más. Las del denominado Primer Mundo batallan en todas las esferas académicas y sociales, y todo apunta a que las del Tercer Mundo pronto seguirán su ejemplo. A la comunidad científica, y a la sociedad en general, se le complica la tarea de acallar sus voces, de relegarlas al anonimato y al olvido. Así que, a esas mujeres que todavía les quede algo de juicio, les recomiendo no leer Sabias. La cara oculta de la ciencia, que pone al descubierto aquellas historias silenciadas por largo tiempo, no vaya a ser que se contagien de la osadía de sus protagonistas. Y, por supuesto, los hombres tampoco deberían leerlo bajo ningún concepto. Si ellos se tragan eso de que «todos somos iguales», ¿quién se encargará de poner las limitaciones a las mujeres?

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Últimos testigos, de Svetlana Alexiévich

Últimos testigos

Últimos testigos«¿Qué es mejor: recordar u olvidar?».

¿Para qué hablar una y otra vez de la Segunda Guerra Mundial? ¿Para qué rememorar continuamente las atrocidades de ese episodio de nuestra historia reciente si ya no podemos ponerle remedio? ¿Para qué ensalzar o criminalizar a uno u otro bando, si lo pasado, pasado está?

«Repaso los recuerdos de la guerra para comprender. Si no, ¿para qué sirven los recuerdos?».

Comprender. ¿Es posible? ¿Leer cientos de páginas nos hará entender a esos hombres que torturaban y mataban a sus semejantes?, ¿que pasaban de fusilar a una familia entera a jugar con un perro?, ¿que se entretenían aterrorizando a una niña, volando con su bombardero cerca de ella?

«¿Sigue vivo aquel piloto? ¿Cómo son sus recuerdos?».

Imposible imaginarlo. Nada hay más desconcertante que el ser humano: capaz de lo mejor y de lo peor, incluso en la guerra. Pero, aunque nunca lleguemos a comprender ni una mínima parte de tanto sufrimiento y maldad, es necesario leer esas páginas que nos hablan de lo que sucedió, porque olvidarlo sería cometer una injusticia más.

«¿Eso es todo? ¿Todo lo que ha quedado de aquella pesadilla? Solo unas cuantas docenas de palabras…».

Últimos testigos, de la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2015, Svetlana Alexiévich, es un libro que recoge los testimonios de decenas de bielorrusos que vivieron la guerra siendo niños, y es, para mí, una obra imprescindible sobre ese periodo histórico. Ni Hitler, ni los aliados, ni grandes y decisivas batallas: solo la realidad de unos niños que tuvieron que luchar y sobrevivir en una guerra que llegó una mañana cualquiera, quemando su casa y matando a sus padres en la mayoría de ocasiones.

«Vi cosas que no se deben ver… Cosas que un ser humano no debe ver. Y las vi siendo niño…».

Encabezados con una frase, el nombre, la edad que tenían cuando comenzó la guerra y la actual profesión, Svetlana Alexiévich enlaza los testimonios de unos y otros, dando una identidad individual a todos y remarcando, con ese apunte a su actual profesión, que ellos sí pudieron tener un futuro, a pesar de las pérdidas, las hambrunas, la orfandad, las torturas.

«La gente que no ha visto a una persona matando a otra es otro tipo de gente».

Los niños de la guerra no fueron niños cualesquiera porque no les dejaron tener infancia. Han tenido que cargar con secuelas de por vida, pero también aprendieron a ver el mundo con otros ojos: en toda su crudeza y con una inconcebible compasión.

«Mi hermano y yo crecimos entre gente desconocida. Nos salvó gente desconocida. Pero ¡si no son desconocidos! Toda la gente es familia. Vivo con esa sensación, pero a menudo me decepciono. La vida en tiempos de paz es otra cosa…».

Niños que vieron a su familia morir frente a ellos y niños que mataron. Niños que daban lo poco que tenían de comer a un soldado alemán hambriento y niños que utilizaban los cadáveres congelados de los nazis como trineos. Últimos testigos es un libro lleno de contrastes, donde las frases lapidarias se suceden sin parar, pues no hay imagen más precisa que aquella que describe la emoción vivida y grabada en la memoria.

«La guerra tardó mucho en acabar… Dicen que cuatro años. Durante cuatro años nos dispararon… ¿Cuánto tiempo nos llevó olvidarla?».

Svetlana Alexiévich traza un hilo conductor entre los recuerdos de los entrevistados a través de preguntas que quedan implícitas en los discursos: ¿qué recuerdos tienes de antes de la guerra?, ¿qué dejó una huella más intensa en tu memoria en aquellos días?, ¿tenías algún sueño?, ¿qué te quedó del orfanato? El resultado es un retrato abrumadoramente sincero, tanto de la realidad cotidiana del aquel episodio bélico como de la forma de vida de las familias bielorrusas de la época.

«No grites, boba. El Führer os está liberando de Stalin».

Últimos testigos es, en definitiva, un necesario homenaje a los últimos supervivientes de la Segunda Guerra Mundial y una puesta en valor de sus recuerdos y reflexiones.

«Somos los últimos testigos. Nuestro tiempo se acaba. Tenemos que hablar… Nuestras palabras serán las últimas…».

Nunca está de más un nuevo intento de comprender el pasado si así aprendemos a actuar en el presente, recordando que hoy en día también hay millones de niños que son testigos y víctimas de guerras, para que dentro de cincuenta años no nos demos cabezazos al escuchar los testimonios de sus supervivientes. Porque con ellos estamos a tiempo de cambiar su futuro. Porque, con ellos, el olvido no es solo injusticia, sino crimen.

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Siria, el país de las almas rotas, de Javier Espinosa y Mónica G. Prieto

Siria, el país de las almas rotas

Siria, el país de las almas rotasHay un pasaje en La zona de interés de Martin Amis en que uno de sus tres protagonistas, Szmul, un judío que colabora con el nazismo, toma la palabra y dice: “Un héroe, por supuesto, escaparía para contarlo al mundo. Pero yo tengo la sensación de que el mundo lo sabe ya desde hace tiempo”. Aquello me sonó a otra historia la primera vez que lo leí. A otras muchas, en realidad, aunque en ese momento solo pensara en una.

Ahora, tiempo después, sucede que, mientras leía Siria, el país de las almas rotas, aquellas palabras volvieron a mi cabeza. En esta ocasión el que hablaba era alguien de carne y hueso. Abu Sufian, uno de los organizadores de las protestas de Baba Amr, que, en alusión a la catástrofe de Hama de 1982, cuyo crimen tardó meses en conocerse, reclamaba la importancia de documentarlo todo. “Que esta vez el mundo sí sepa que nos están matando”. Esto ocurría en las primeras páginas del libro, los primeros meses de la revolución, cuando los periodistas eran un aliado más en aquel movimiento que clamaba por una democracia real con mayores derechos y libertades. Cinco años después, posiblemente mucho antes en verdad, los sirios habrían de llegar a la misma conclusión que Szmul. Lo cierto es que, como afirmaba aquel, la cruel realidad era que el mundo ya lo sabía desde hacía tiempo.

Así las cosas, con aquel mismo afán, el de que esta vez –que todas las veces, de hecho– se sepa, Mónica G. Prieto y Javier Espinosa tratan de arrojar luz en Siria, el país de las almas rotas a uno de los conflictos más oscuros, y desde luego complejos, de la historia contemporánea. No se puede decir que no supiéramos. O que no nos lo contaran. En un excelente ejercicio que va desde un breve repaso al régimen, los inicios de las revueltas o la implacable represión de Al Asad hasta la irrupción del extremismo en territorio sirio, los periodistas, ambos conocidos por su trayectoria profesional, desgranan a lo largo de algo más de cuatrocientas páginas cómo las fauces del radicalismo islamista terminaron por engullir el idealismo revolucionario.

A los que les duele Siria, como a una servidora, este libro les romperá un poco más el alma si cabe. A cachitos y por historias. Con una prosa demoledora y adictiva que, a ratos, la mayoría de ellos, se te enrosca en el estómago, lo cierto es que el recorrido que ambos iniciaran, allá por el año 2011, a partir del cual viajarían en diversas ocasiones a lo largo del país sirio, arriesgando su integridad, y que concluyera con el secuestro y puesta en libertad del propio Espinosa, es una magistral lección de periodismo y de corresponsalía de guerra. También de honestidad. Sin apartarse nunca del rigor de su oficio, conocedores del terreno y de las costumbres árabes, con un tono profundamente respetuoso, evocador y descriptivo, y un afán informativo, ambos construyen una visión completa e íntegra del conflicto sirio, en una voz que se aúna, y cuya narración va avanzando irreversiblemente a través de sus páginas hacia la desesperanzadora situación actual.

Ahora bien, aunque necesario y altamente recomendable para comprender la situación real del país árabe, no es fácil leer Siria, el país de las almas rotas, al que seguirá La semilla del odio. De vez en cuando, hay que parar en medio de esa vorágine que te arrastra al fondo de las entrañas del infierno, por sus miserias, sus heridas y su brutalidad desmedida, para tomar algo de aire. Después lo que queda es el vacío. El vacío y esa impotente sensación de saber lo que el mundo sabía, y sabe, cuando decidió mirar hacia otro lado. Quizás entonces sí hubiera merecido la pena.

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La guerra no tiene rostro de mujer

La guerra no tiene rostro de mujer

La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Alexiévich

La guerra no tiene rostro de mujerSvetlana Alexiévich nació en 1948 en Ucrania. Descendiente de la Gran Victoria, fuertemente influenciada por los relatos de las mujeres de su familia y de su entorno, el mundo de su infancia era el mundo de la guerra y el de sus palabras. También, como muchos años después demostraría con La guerra no tiene rostro de mujer (publicada por primera vez en 1983), era su destino.

Muchas cosas han pasado de por medio –para empezar el Premino Nobel de Literatura, pero además, la censura soviética de los años 80 y una reedición revisada (interesante pasaje, por cierto, el que le dedica su autora a sus conversaciones con el censor) –, antes de que pudiéramos leer esta obra por primera vez, ya a finales de 2015 y de la mano de la editorial Debate, traducida a nuestro idioma.

La guerra no tiene rostro de mujer, más allá de un título, es una sentencia. Allí, con una voz narrativa tenue, que ocurre muy poco a poco a través de todos los testimonios que desfilan por su prosa, la periodista bielorrusa mantiene el tono templado sin que sobresalga nunca por encima del resto. Sus intervenciones en el texto son más bien discretas. No tanto sus reflexiones. “Los que han estado en la guerra –dice– siempre recuerdan que hacen falta tres días para que un civil se transforme en militar”. Tres días. Setenta y dos horas. Un lunes, un martes y un miércoles cualesquiera. Esa es la pequeña diferencia que nos separa del antes y del después. Sigue leyendo La guerra no tiene rostro de mujer

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De cine y literatura: Candidatos Óscar al mejor guion adaptado

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oscarsEl cine y la literatura siempre han ido de la mano. En nuestra sección De cine y literatura hemos repasado ampliamente cientos de películas cuyo guion se basó en un libro. La mayoría de las veces, tanto libro como película pasaron de la mano a la posteridad, aunque no son pocos los casos en los que uno de los dos elementos pasa sin el reconocimiento público que merecería.

El próximo 28 de febrero, en el teatro Samuel Goldwyn de Beverly Hills, se llevará a cabo la 88ª edición de los Premios Óscar, y como cada año, la literatura tendrá su parte de protagonismo en una gala llena de glamour y celebrities. Aunque son muchas las películas candidatas basadas en libros, es en el premio al Mejor guion adaptado donde en LibrosyLiteratura queremos centrarnos, y por eso ofrecemos hoy este pequeño análisis de las cinco películas candidatas a dicho premio, centrándonos sobre todo en la novela o ensayo que ha dado lugar al film.

En 2015, la Academia premiaba la adaptación que Graham Moore hacía en The Imitation Game de la biografía novelada de Alan Turing titulada The enigma, del británico Andrew Hodges. En 2016, las cinco candidatas son las siguientes: Sigue leyendo De cine y literatura: Candidatos Óscar al mejor guion adaptado

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El arte de la cocina francesa

El arte de la cocina francesa

El arte de la cocina francesa, de Julia Child

El arte de la cocina francesaLos que, como yo, nos dedicamos al maravilloso mundo de la cocina en nuestros ratos libres sentimos a la hora de preparar los platos como si fuéramos artistas creando una de las grandes obras maestras de la Historia. Puede parecer exagerado pero recuerdo que las primeras veces que cociné algo para mí, y ya no digamos para los demás, era como si una energía fluyera de inmediato y me hiciera sentir más importante. Pocos son los cocineros a los que tengo un respeto tan grande como lo que me sucede con la mujer de la que os hablo hoy: Julia Child. Muchos de vosotros la conoceréis, o al menos tendréis su imagen, por la interpretación que hizo Meryl Streep de ella en su película Julie y Julia pero aunque la actriz lo hiciera de forma magistral, esa película sólo nos acercaba a una visión de una mujer que contribuyó a que todos nosotros nos acercáramos a la cocina y que fue, por llamarla de alguna manera, un titán en un mundo de hombres. Por ello, tras numerosas lecturas, tras darle vueltas y más vueltas a este libro, decidí que mi reseña tenía que ser un tributo, un tributo a una mujer grande, una mujer hablaba claro, una mujer que no se andaba con chiquillerías y que nos dio a conocer la cocina, como pocas personas lo ha hecho.

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Libros y Novedades 161

Las bellas extranjeras

Boletín de novedades. Noviembre 2013 – 42

Las bellas extranjerasFrankenstein o el moderno PrometeoEl arte de la cocina francesa
Las bellas extranjeras,
de Mircea Cartarescu
Frankenstein o el moderno Prometeo,
de Mary W. Shelley
El arte de la cocina francesa,
de Julia Child et alia

Desde Libros y Literatura os presentamos, una semana más, nuestra selección de novedades editoriales. En esta ocasión las novedades no lo son tanto, pero la esmerada edición con la que llegan estos títulos hasta nosotros bien merece su presencia en nuestro boletín.

En primer lugar, la editorial Impedimenta nos presenta Las bellas extranjeras, un trío de relatos del que quizá sea el escritor rumano más destacado de nuestro tiempo, Cartarescu. A continuación, os hablamos de la nueva edición de Frankenstein de la mano de la editorial Sexto Piso, que es especial entre otras cosas por estar prologado por Joyce Carol Oates. Y, finalmente, os traemos el recetario El arte de la cocina francesa, hasta ahora inédito en España a pesar de ser un referente internacional.

¡Disfrutad de los libros!

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Pensar rápido, pensar despacio

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Pensar rápido, pensar despacio, de Daniel Kahneman

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Todos nos consideramos seres racionales. Todos creemos que dominamos lo que hacemos, lo que sentimos, cómo actuamos. Sin embargo, si escarbáramos un poco más en nuestro interior, nos daríamos cuenta que muchos de los procesos que se crean dentro, son los encargados de hacer que nuestra percepción de la realidad sea de una manera determinada o de otra. ¿Todos vemos lo mismo en la misma situación? ¿Todos razonamos de la misma manera? Obviamente, la respuesta es no, pero nos resistimos, a pesar de ello, a creer que la persona que tenemos delante sea la que lleve la razón. Porque ya se sabe: existen tres verdades, la tuya, la mía y lo que sucede en realidad. Y si, yo os dijera que aquí encontraréis un rinconcito de reflexión para ver que aquello que pensamos es mucho más complicado de lo que parece en realidad, ¿os animaría eso a seguir leyendo? Yo espero que sí, ya veréis.

Nuestro cerebro, ese que tanto quebraderos nos da de vez en cuando, ¿verdad?, tiene dos sistemas de razonamiento: llamemos al primero Sistema 1: actúa de manera rápida, instantánea; el sistema 2, sin embargo, es el que se toma su tiempo para llevar a cabo la toma de decisiones. Así, de la relación entre estos dos sistemas, es cuando sabemos por qué nosotros, seres racionales por naturaleza (o quizá no tanto) pensamos como lo hacemos.

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