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Blancanieves

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Blancanieves, de Jacob y Wilhelm Grimm

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Olviden las adaptaciones cinematográficas, las versiones corregidas y aumentadas; no hay excusa para no acudir directamente a la fuente, al clásico literario en el que se basan cientos de productos culturales y que ha dado lugar a estereotipos y expresiones de uso frecuente. Blancanieves es un clásico impresionante; es un cuento nacido directamente de la sabiduría de gentes anónimas y recogido y publicado por primera vez por los hermanos Grimm, de tal forma que hoy día podemos volver a atisbar, al releerlo, los arquetipos, los valores, las intenciones y los mensajes que los padres pretendían transmitir a sus hijos a través de este cuento.Releer Blancanieves en esta edición de Nórdica puede ser un divertimento para toda la familia; pero, para el lector adulto, puede ser algo más que eso: puede ser una gratísima experiencia.

Se cumplen 200 años desde que los Grimm dieron a la imprenta por primera vez Blancanieves. Nórdica nos lo ofrece en nueva traducción de Isabel Hernández y con precisas, sugerentes y adultas ilustraciones de Iban Barrenetxea. Es un cuento infantil, así que se lee fácil y rápido; pero eso no quiere decir que sea un libro simple. Nada de eso; el lenguaje empleado es impecable, sencillo pero exigente al mismo tiempo, y conserva el sabor romántico y evocador del estilo narrativo tradicional de los cuentos, con un uso muy acertado y preciso de la hermosa sintaxis y de la rica conjugación verbal de la lengua española –“Y como estando así cosiendo levantara la vista hacia la nieve…”, en serio, ¿no llena de dicha sus corazones literarios una frase así?–. De tal forma que esta Blancanieves constituye una buena elección para leer a los niños, así como para proporcionarles una de sus primeras lecturas autónomas.

Ya hemos visto que el lenguaje fluye con riqueza y calidez. Y la otra mitad de la narración son las ilustraciones de Iban Barrenetxea. Éstas no son mero complemento, sino que cuentan su propia parte de la historia; en ocasiones, incluso proporcionan información o cuentan pasajes del cuento que no aparecen referidos en la parte escrita. Por tanto, estamos ante un libro en el que las partes textual y gráfica se complementan muy bien, y en el que cada una de las dos es imprescindible para comprender cabalmente el cuento. Las ilustraciones de Barrenetxea son acabadas, llenas de detalles ora entrañables, ora siniestros, tal como corresponde al cuento de Blancanieves. Me ha gustado especialmente una ilustración a doble página en la que se recrea la escena entre Blancanieves y el cazador, en el bosque: distinguimos perfectamente la expresión desesperada e implorativa de Blancanieves y la mirada, entre compasiva y resignada, del cazador.

Blancanieves, como el clásico que es, puede sorprender o, al menos, ofrecer algo nuevo a cada lectura. No importa que sea un relato tan sucinto y tan aparentemente sencillo. Lo es, pero, al ser, antes que nada, un cuento aleccionador, hay en él más de lo que parece a simple vista. Al leer Blancanieves otra vez, después de mucho tiempo, me he dado cuenta de cuántos mensajes encierra que antes no vi de forma consciente, y que, como en las mejores narraciones, no son indispensables para el buen disfrute de su lectura, pero que sí la enriquecen.

Por ejemplo, ahora puede parecernos pueril el amor que el príncipe siente por Blancanieves, y la forma en que se enamora perdidamente de ella, hasta el punto de declarar que ella es “lo que más quiere” en este mundo. Vemos que se trata de amor incondicional (el príncipe se enamora de Blancanieves estando ella muerta); pero que Blancanieves lo recibe sin que ella haya tenido que hacer nada para conseguirlo; lo recibe porque lo merece, o porque estaba en su destino, o porque simplemente ha sucedido; aunque yo prefiero pensar que es amada por su bondad, por su corazón. El príncipe tampoco pide ni busca nada de ese amor: se conforma con tener a Blancanieves a su lado, para poder verla todos los días.

Blancanieves es un canto a la inocencia, a la pureza de espíritu: vemos que las fieras del bosque dejan en paz a la muchachita, que no le hacen nada. La princesita sobrevive contra todo pronóstico; ni la malvada madrastra ni el cerebral y sensato cazador daban un duro por ella. Pero ella, que no tenía ningún plan, ningún medio material, ninguna ayuda, a pesar de todo, contra todo… sobrevive. Y lo hace una y otra vez, a pesar de tenerlo todo en contra. Su única arma es la sencillez, la limpieza de corazón. La Blancanieves de este cuento quiere vivir, y para ello, nos dice el cuento, se encomienda a Dios; es decir, sigue adelante y espera lo mejor.

Otra cosa que me ha gustado de este libro es que, pese a que, obviamente, se ensalza el bien y se desprecia el mal, ese bien no llega cubierto de miel y azúcar; no es una bondad ñoña ni empalagosa. Lo entenderán en cuanto lo lean.

8 comentarios en “Blancanieves

  1. Descubrir lo desconocido está bien, pero hace falta mucho talento para descubrile a los demás lo que suponen que conocen perfectamente y, además, sorprenderles. Sorprenderme.
    Has estado cumbre.
    Un abrazo,

    Andrés

  2. Has hecho un gran ejercicio de destape querida Leire!!!! jajjaja

    Verás tengo una amiga que es cuentoterapeuta, así que cuando se pase por aquí será como si te hubieses desnudado ante ella jajjaaj y eso me ha hecho gracia, yo ya no me atrevo a dar mis opiniones sobre lo que me inspiran los cuentos clásicos y tradicionales (más risas). Me ha gustado mucho tu reseña.

    Un abrazo!

  3. Me ha gustado mucho la reseña. Leí este cuento la semana pasada y es precioso, como lo son también las ilustraciones, que como tu dices, lo complementan a la perfección.
    Yo soy la amiga cuentoterapeuta de Susana y como ya sabes que es muy “bruja” me ha provocado para que tire del hilito. Si a ti te apetece, por supuesto.

    En tu reseña vas hablando de los distintos personajes del cuento. ¿Con cual de ellos te identificas? Si no te identificas con ninguno, dime cual te gusta más y por qué.

    Un abrazo, Leire. Y si te apetece seguimos. ¡ Ya tienes mi correo !

    Anabel

  4. Gracias por esos comentarios; especialmente y de todo corazón, a ti, Andrés. Me siento muy honrada por tus palabras.

    Susana, ¡qué pillina! Je, je… Me encanta la psicología… a ver, Anabel, qué descubres de mí a partir de mis preferencias en materia de cuentos. Acepto tu invitación de mil amores, y te envío mis respuestas a vuestro correo 🙂

  5. Hola Leire, soy amiga de Susana y de Anabel y no he querido perderme esta “fiesta”.

    Has hecho una reseña preciosa.

    Yo me compré este cuento durante un taller de cuentoterapia de Anabel. En la librería dónde estábamos nos enseñaron este y el Del Enebro, los compré los dos, no me pude resistir. Me leí Del Enebro, que me pareció muy bonito, aunque bastante duro, y el de Blancanieves lo deje apartado ¡cómo ya me conozco la historia!, pero después de leer tu reseña, lo voy a rescatar inmediatamente.

    Un saludo.

  6. Si me pagaran derechos de autor por la reseña, ¡tendría que pagar royalties a Susana, por hacerme publicidad! 😉 Gracias, Ana, por tus amables palabras. Encantada de saludaros por primera vez a ti y a Anabel. Yo supe de “Del enebro” gracias a un compañero de este blog, que lo reseñó. Me alegro si mi reseña te ha animado a leer “Blancanieves” otra vez.

    ¡Abrazos!

  7. Pues me encanta leer los clásicos directamente que no las adaptaciones, porque entonces se pierde mucha riqueza literaria, y es una lástima lo que han endulzado los cuentos que de por sí eran mucho más crueles y terroríficos de lo que nos ha dado a entender Disney luego en sus películas.

    Una buena reseña 😉

    1. Gracias por tu amable comentario, Amelia. Opino lo mismo de los clásicos. Muchos niños deben de creer que Blancanieves, La Sirenita, etc. eran y terminaban como en las películas de Disney.

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