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La defensa, de Vladimir Nabokov

La defensa

La defensaPasan las lecturas, y yo sigo dedicando parte de mi 2018 literario a conocer mejor la bibliografía de uno de los escritores que llevaba años y años dentro de mi lista de pendientes. Hoy os traigo la tercera reseña de Vladimir Nabokov en poco más de dos meses. Tras Risa en la oscuridad y Mashenka, toca el turno de La defensa, otra de sus novelas rusas, escrita entre 1929 y 1930. La historia está protagonizada y copada casi en exclusividad por Luzhin. El joven niño ruso encuentra en este juego milenario la forma de evadirse de su mundo y otorgarle la armonía que en su vida diaria no consigue encontrar. El matrimonio ajedrez-Luzhin lleva al joven a convertirse en un gran maestro y ser reconocido en el mundo entero. Poco a poco, la obsesión con la que el maestro concibe el juego hace poner en jaque no solo su carrera, sino también su propia vida, y, por consiguiente, la de todos (que no son muchos) los que están a su alrededor.

Aunque en los años del colegio y el instituto me aficioné mucho al ajedrez, hoy día no suelo practicarlo mucho. Sin embargo, no sé qué tiene el ajedrez que, mezclado con la literatura, produce productos sobresalientes. Si disfruté muchísimo con Novela de Ajedrez (para mí, el mejor libro de Zweig), el resultado ahora con Nabokov es igual de satisfactorio, convirtiéndose hasta la fecha en mi mejor lectura de este genial escritor.

Pero debo decir que, de todos mis libros rusos, es La defensa el que posee y difunde el mayor «calor», lo que podría parecer extraño si se tiene en cuenta cuán tremendamente abstracto se supone que es el ajedrez.

Si Mashenka y Risa en la oscuridad tenían mucho parecido argumental y estilístico, en esta ocasión encontramos una novela bastante alejada de las otras dos. Estamos ante un libro más trabajado, con mucho desarrollo interior y algo menos de humor, aunque ese toque especial y caricaturesco que suele usar Nabokov para describir escenas y personajes no desaparece del todo, por suerte. Con un comienzo algo farragoso y difuso, la historia se va centrando y creciendo desde el momento que el joven Luzhin descubre la magia que otorga el tablero ajedrezado. Desde ese momento no hay dudas que Luzhin se convierte en el rey de la partida que nos invita a jugar el autor. Una partida que no abarca una sola sala y un adversario frente a él; más bien es una partida que engulle todo, hasta el propio entendimiento de su protagonista, lo que le hace obsesionarse hasta el extremo y vivir su vida como si estuviera ante la partida definitiva, analizando cada movimiento sin advertir que el enemigo al que se enfrenta es su propia vida. Esta bajada a los infiernos convierte el ajedrez en una dicotomía irresoluble. El ajedrez se erige a la vez como el antídoto y el veneno. En ocasiones, el ritmo del libro se vuelve tan caótico como la propia mente de su protagonista, que no para de calcular posibles movimientos, escapatorias, celadas o nuevas aperturas que le lleven a conseguir el jaque mate definitivo.

Tiene La defensa varios extractos de alta literatura. Uno de ellos lo encontramos en el capítulo ocho, en esa partida decisiva con el gran maestro Turati, rival de Luzhin. La prosa de Nabokov alcanza aquí una de sus grandes cotas, convirtiendo por momentos el ajedrez en un elemento casi poético. Además, otros elementos como el exilio, aunque en menor medida, siguen estando presente en esta obra. E incluso se permite el autor el guiño hacia el lector protagonizando un pequeño cameo dos de los personajes de Mashenka. Lo que queda claro de Vladimir Nabokov es que nadie puede quedar indiferente ante sus escritos. Uno no sabe, una vez terminada la lectura, si amar u odiar eternamente a Luzhin; si alabar su genialidad o desesperarse por su torpeza social y amatoria.

Cuando termino cada una de mis lecturas, suelo dejar pasar días e incluso alguna semana para que todas las ideas e impresiones causadas por la lectura se estabilicen y vayan creando un poso. Con Nabokov, todo ese reposo me sirve para darme cuenta de que estoy leyendo algo muy bien planteado, salido de una mente genial llena de lucidez, lo que me invita a seguir queriendo leer más del autor. Por eso sé que a La defensa le seguirá en muy pocas semanas otro escrito del autor. La duda que tengo es cuál coger. ¿Hay alguna que me recomendéis especialmente?

César Malagón @malagonc

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Lejos del corazón, de Lorenzo Silva

Lejos del corazónMantener la vigencia de una serie literaria durante dos décadas tiene un mérito increíble. Pero hacerlo además con éxito de público y de crítica es digno de elogio. Veinte años después de la publicación de El lejano país de los estanques, Lorenzo Silva publica Lejos del corazón, la undécima entrega de la saga de novela negra protagonizada por los dos guardias civiles más reconocidos de nuestra literatura, Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro.

En esta ocasión, Vila y Chamorro viajan a la zona del Estrecho de Gibraltar para esclarecer la desaparición de Crístofer, un joven y brillante empresario con antecedentes por delitos informáticos. Tras pagar su familia un caro rescate con dinero en efectivo, nada se sabe del chico, lo que lleva a familiares y a amigos a temer la peor de las suertes. Una vez en la zona del Campo de Gibraltar, los investigadores comprobarán de primera mano lo difícil que resulta trabajar en una zona donde la mezcla del narcotráfico, los altos índices de paro y el dinero negro suele derivar siempre en problemas para las autoridades, algo que no solo está de rabiosa actualidad en los medios de comunicación actuales, sino también en otra de mis últimas lecturas (La tragedia del girasol, de Benito Olmo).

Lorenzo Silva es uno de los escritores que más y mejor ha escrito sobre la Guardia Civil. Solo él es capaz de describir con tanta pasión el ecosistema particular que rige a la Benemérita, así como los procedimientos, jerarquías y rutinas laborales que se utilizan a la hora de investigar. Y lo hace todo de una forma didáctica y amena a su vez, algo que uno agradece cuando se pone delante de una novela de este tipo. El autor tiene un estilo bastante marcado, basado en unos personajes muy humanizados y un misterio que se desvela en pequeñas dosis. Vila es el que lleva el ritmo de la narración, una narración apacible y tranquila salpicada por pequeñas notas de humor que el lector sin duda valora positivamente.

Volviendo a lo hablado en el primer párrafo, es difícil mantener el éxito durante tantos años escribiendo una serie de novelas policiales. Yo no soy experto en Lorenzo Silva, pues solo he leído, con este, tres de las once entregas que componen la saga. Pero si me atrevo a aventurar que parte del éxito del autor estriba en su capacidad para reinventarse y actualizarse constantemente, saliendo de la zona de confort en la que muchos escritores quedan cobijados cuando alcanzan un cierto nivel de reconocimiento. Localizar una narración en el Estrecho de Gibraltar y hablar de drogas y narcotráfico es un argumento muy manido; pero añadir a esta historia criptomonedas, hackers, negocios fraudulentos online y hacerlo llegar de un modo entendible para todos los lectores da muestras del buen hacer y la dedicación que desempeña en cada una de sus obras el escritor madrileño.

Lejos del corazón es una lectura ideal para el verano. Lorenzo Silva lleva con gran audacia al lector a descubrir las difíciles situaciones humanas, sociales, jurídicas y criminales que luchan diariamente en esta zona del sur de España. Y lo hace con una historia brillante llena de actualidad, con unos personajes a los que es imposible no tener aprecio. Y cuando se escriben historias así, da igual de dónde se venga, pues se adivina un futuro brillante ya que, como decía Gardel (¡Ay… Gardelito!), veinte años no es nada.

César Malagón @malagonc

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Mashenka, de Vladimir Nabokov

mashenka

mashenkaDespués de mi gran estreno con Vladimir Nabokov, disfrutando de Risa en la oscuridad, no he querido esperar más tiempo para seguir conociendo de primera mano todo lo bueno que este autor dejó escrito y que todavía no había tenido la suerte (o la decencia, según se mire) de leer. Es Mashenka la primera obra del escritor de origen ruso, publicada en Berlín en 1926. Y es en la capital germana donde se desarrolla la acción, pese a que la Madre Rusia estará presente en todo momento en el argumento y sus personajes.

En una humilde pensión berlinesa convive Ganin, nuestro protagonista, con un grupo de exiliados rusos; un viejo poeta, una mujer de exuberantes pechos, dos bailarines homosexuales y un hombre mediocre que, por azares del destino, resulta estar casado con Mashenka, antiguo amor de juventud de Ganin. Sus cuitas diarias y el anhelo por su país se entremezclan en la narración junto a los desvelos de Ganin por recordar su pasado e intentar aclarar su presente, que se ve amenazado por la inminente llegada de la mujer que da título a esta historia.

Tienen las escenas de este libro algo de teatral. Los personajes entran y salen de las habitaciones como si de una dramaturgia se tratara. Al igual que pasaba con Risa en la Oscuridad, Nabokov dota a Mashenka de un fino humor ya desde la primera escena, esa en la que Ganin y Alfiórov se conocen dentro de un ascensor a oscuras. Pero en esta obra se observa, además, un doble ritmo a la hora de narrar, que separa claramente el pasado del presente narrativo. Si hablamos del pasado, la añoranza por la patria perdida hace al autor ser más reflexivo, con descripciones más largas y concienzudas, recordando cómo eran aquellos tiempos en los que el amor por Mashenka cubría toda la vida del joven Ganin. Sin embargo, el presente, el de la pensión, carece de esa lentitud, sostenido por un ritmo más alocado y armonioso.

Obviamente, como opera prima que es, tiene Mashenka algunos fallos de forma, costándole al autor encontrar un buen encadenamiento entre escenas en determinadas ocasiones. Sin embargo, mi descubrimiento de la bibliografía de este autor sigue proporcionándome grandes momentos de lectura. Quizá la clave esté en que Nabokov parece hacer fácil lo difícil. De su prosa sencilla y alegre subyace un autor enorme, de gran ingenio, que incluso decide poner en sus primeras obras parte de sus vivencias personales, esas que no siempre están visibles, pero forman una parte importante de la vida de cualquier escritor.

Debido a la extremada lejanía de Rusia, y debido a que la nostalgia ha sido un constante y loco compañero a lo largo de toda mi vida… no me molesta en absoluto confesar el doloroso sentimentalismo que hay en mi cariño hacia mi primera obra.

Cómo no podía ser de otra manera, y como bien aclara el autor en la introducción, Mashenka tiene mucho de lo vivido por Vladimir Nabokov en sus años adolescentes en Rusia. Y es ese amor por el pasado lo que hace de esta historia un debut literario de altísima calidad.

César Malagón @malagonc

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Bangkok, de Lawrence Osborne

bangkok

bangkok

Viajar es como la droga, pues crea una adicción de la que es difícil escapar. A muchos les puede parecer exagerada esta afirmación, pero todo aquel que tenga el gen viajero metido en el cuerpo estará de acuerdo conmigo. El placer que se consigue visitando otras ciudades y mezclándote con otras culturas produce una sensación indescriptible, la misma que he sentido al leer esta pequeña joya editada por Gatopardo.

Lawrence Osborne nos propone un viaje a Bangkok, capital de Tailandia y una de las ciudades más visitadas del Sudeste Asiático. Los dos últimos años he podido disfrutar del encanto de una de las zonas que mueve más mochileros en el mundo. He podido conocer la sofisticación de Singapur y la hospitalidad balinesa. He quedado prendado de la amabilidad del pueblo camboyano y del vertiginoso ritmo de vida vietnamita. Como turista, me he olvidado de todo en las islas Gili y he quedado asombrado del poderío monumental de Angkor Wat. Y en mi tercer viaje a la zona, que espero llegue pronto, tenía pensado conocer por fin todo lo bueno que me han contado de Tailandia, que he querido dejar para el último momento, pues no soy muy amigo de las multitudes y he preferido primero conocer destinos menos concurridos.

Y es que Bangkok, además de una ciudad frenética y fascinante, se muestra casi inabarcable desde su mismo origen. Su nombre ceremonial completo forma una de las palabras más largas e impronunciables del mundo. “Krungthepmahanakhon Amonrattanakosin Mahintharayutthaya Mahadilokphop Noppharatratchathaniburirom Udomratchaniwetmahasathan Amonphimanawatansathit Sakkathattiyawitsanukamprasit”, o lo que viene a significar “Ciudad de ángeles, la gran ciudad, la ciudad que es una joya eterna, la impenetrable ciudad del dios Indra, la magnífica capital del mundo dotada de nueve gemas preciosas, la ciudad feliz que goza de un colosal Palacio Real similar a la morada celestial donde reinan el dios reencarnado, una ciudad brindada por Indra y construida por Vishnu”. La capital tailandesa es una amalgama de barrios, callejuelas, barriadas y riachuelos imposible de conocer en su totalidad, incluidos sus propios habitantes.

El autor relata en este libro sus impresiones durante los periodos vividos en esta ciudad. Lawrence se convierte en un flâneur que vaga sin rumbo por sus calles buscando la verdadera esencia del lugar, esa esencia que es difícil de encontrar en las guías de viajes. Quizá el verdadero valor de Bangkok es que no está escrito por un turista, sino por un viajero. No es lo mismo llegar a una ciudad y ver en dos días los puntos más importantes que vivir en ella durante meses y meses, conocer sus barrios más auténticos, pulsar la opinión de sus gentes e incluso conocer su cara menos amable, esa que los turistas no solemos ver. Solo así se puede entender el orgullo que siente todo tailandés por pertenecer a un país que nunca ha sido colonizado. Y solo así se puede entender la libertad que impregna cada calle o cada uno de los miles de burdeles que proliferan por doquier.

Bangkok es donde se refugian algunas personas cuando sienten que ya nadie las puede amar, cuando se rinden

La experiencia que Lawrence Osborne revela también porque Bangkok es una ciudad tan atractiva para los ciudadanos occidentales que deciden pasar los últimos años de su vida en sus calles. Su relato está lleno de farangs (extranjeros) con los que va interactuando, a cada cual más extravagante. Personas admirables o despreciables, que viven en Tailandia sin esperar mucho más de la vida, como McGinnis o Dennis. Pero también toma importancia en sus páginas la filosofía del carpe diem, pues estamos ante una ciudad que activa todos los sentidos del turista y que invita como pocas a vivir el aquí y el ahora.

Bangkok es un relato sincero. Osborne aparece desnudo ante el lector, que conoce las luces y las sombras del autor y de la ciudad. La capital tailandesa presume de vida y de luz, pero también convive con la prostitución, el vicio y las drogas sin que eso suponga un escándalo entre sus habitantes. Todo ello aparece perfectamente reflejado en este magnífico libro. Y por eso me gusta terminar con la reflexión que hace uno de los farangs en una alocada noche de copas con Lawrence. “Lo que me gusta de estos sitios es que te recuerdan que el planeta sigue girando sin que nada importe. Todo es una farsa y desaparecerá muy rápido, mucho más rápido de lo que pensamos”.

César Malagón @malagonc

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La crueldad de abril, de Diego Ameixeiras

La crueldad de abril

La crueldad de abrilAunque uno por edad pertenece a la generación millennial, ando lejos de considerarme uno más dentro de este grupo social. Sin embargo, voy a coger prestada una de sus palabras más utilizadas para hablar de la reseña de hoy. Y es que vengo a hablaros de Diego Ameixeiras, uno de los escritores españoles de novela negra con más hype del momento. Desde hace un año no he parado de ver en periódicos, blogs y redes sociales buenas críticas hacia su anterior novela, Conduce rápido, que incluso aparece entre las nominadas a los premios más importantes de los festivales noir que tanto abundan en nuestra península. Tanto es así que ya tenía la intención este verano de hacerme con la novela para comprobar de primera mano todo lo bueno que de ella se dice. Pero como la actualidad manda, he aprovechado que Akal publicaba su última historia, La crueldad de abril, para empezar a conocer a este escritor.

Diego Ameixeiras lleva años publicando con éxito en Galicia, siendo considerado por muchos uno de los mejores escritores en lengua gallega de la actualidad. Sus novelas reflejan nuestra realidad social y política a través de la marginalidad y la delincuencia. En La crueldad de abril todo empieza con la muerte de dos vagabundos en el incendio de la vivienda que ocupaban. Una noticia a la que cualquier medio de comunicación le dedicaría unos pocos minutos, pero en la que el autor ve la oportunidad de retratar un mundo que, pese a no ser el nuestro, tenemos ante nuestras narices y convivimos con él, por más que nos esforcemos en mirar hacia otro lado.

La novela, que se lee en un suspiro, se desarrolla a base de capítulos cortos. El ritmo que imprime Diego a la trama es pausado, con una escritura subyugante, con cierta crítica social y en ocasiones llena de lirismo, representado a la perfección en el personaje de Elvira. Su ritmo pausado contrasta con tramos violentos cada cierto tiempo, a modo de bofetada a un lector que va descubriendo de ese modo todas las piezas del puzle. Sin embargo, a pesar de contar solo con 132 páginas, la novela ofrece al lector más contenido que muchas que cuentan en su haber con 400 o 500, dando por válido el dicho aquel de “lo bueno, si breve, dos veces bueno”.

La crueldad de abril propone una narración dura y cruenta. Ameixeiras compone una novela de suburbios, pobreza, droga e inanición. Una historia con aroma a perdedor y a marginalidad. Una novela llena de personajes de los bajos fondos, para los que vivir es un castigo divino que les ha sido impuesto, y cuya única solución es convivir con el hastío que provoca el día a día.

Pasan los años y la novela negra española sigue demostrando que todavía puede sorprender a sus lectores. En este caso Diego Ameixeiras nos enseña una nueva forma de afrontar este género, alejado de los focos policiales o detectivescos y centrado solo en los perdedores de la historia, esos a los que muchas veces solemos obviar. Y también nos enseña que no hace falta contarlo todo, pues el lector es capaz de sacar sus propias conclusiones rellenando los silencios y las páginas en blanco que ofrece el libro.

Si antes de leer La crueldad de abril ya tenía programada para este verano la lectura de algún otro libro de Diego Ameixeiras, después de esta experiencia tan notable habrá que darle prioridad dentro de mi larga lista de lecturas pendientes.

César Malagón @malagonc

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La tragedia del girasol, de Benito Olmo

La tragedia del girasol

La tragedia del girasolSe dice que una de las claves del éxito de la novela negra en nuestro país está en que este género es capaz de reflejar con claridad la situación política y social que nos ha tocado vivir en la última década. Y la novela negra de la que hoy os hablo puede decirse que encarna a la perfección la realidad que sufrimos diariamente. Los acontecimientos que se han producido en las últimas semanas en la comarca del Campo de Gibraltar relacionados con la droga bien podrían ser uno o varios capítulos de los libros de Benito Olmo, al igual que algunos de los personajes que estos días salen en las noticias podrían encajarían a la perfección entre las páginas de La tragedia del girasol, última historia del escritor gaditano.

Corrupción, narcotráfico, chivatazos y mucha violencia son varios de los ingredientes de esta novela, si bien la acción se localiza un poco más al oeste, dejando Algeciras y sus alrededores para instalarse en la Tacita de Plaza y los municipios colindantes. A la cabeza de todo esto, el peculiar Manuel Bianquetti, ese fascinante policía creado por Benito en su anterior novela, La maniobra de la tortuga. En la actualidad, Bianquetti se encuentra cumpliendo los dos años de suspensión de empleo y sueldo y malvive haciendo trabajillos como investigador privado. Pese a sus reticencias iniciales, decide aceptar el encargo de proteger a un importante empresario en su visita a Cádiz. Algo sencillo, inocuo y rápido para conseguir un dinero extra se convierte en una complicación al desencadenarse durante esa visita una serie de muertes violentas. Aunque todos los indicios llevarían a cualquier persona a desentenderse de un tema tan turbio, Bianquetti y su instinto de sabueso le hacen investigar a fondo lo ocurrido, algo que no le traerá más que problemas, palabra que indisolublemente parece ir ligada siempre al nombre y apellido de nuestro protagonista.

Aunque son varios los aspectos positivos a resaltar en las novelas de Benito Olmo, quizá el más importante sea el de tener un protagonista como Bianquetti. Este inspector de policía (pese a su suspensión) está tan lleno de defectos como de virtudes, con una capacidad innata para meterse en problemas. Pese a ser maleducado, duro y violento en ocasiones, Benito Olmo ha conseguido crear un gran personaje que cala rápidamente en el lector. Su integridad y buen corazón, pese a mostrarlo poco, hace que quien le conozca quede prendado de una persona así. Con Bianquetti tenemos a un fascinante personaje de novela negra que ha venido para quedarse, y cuya legión de fans va a ir aumentando con cada historia que protagonice.

En mi anterior reseña, la de La ciudad de la lluvia, hablaba de cómo Bilbao daba importancia a la novela, siendo casi otro personaje más de la historia. En esta ocasión, La tragedia del girasol no podría entenderse sin la importancia que Cádiz y su bahía impregna a la novela. estamos ante una ciudad llena de luz, pero que esconde a su vez el lado oscuro de muchas personas.

Comparando esta entrega con su predecesora, La maniobra de la tortuga, vemos una mejora considerable tanto en la consistencia de la trama como en la formación de los personajes. Benito sigue escribiendo historias que enganchan al lector, manteniendo tramas adictivas con la dosis justa de sobresaltos, algo que esperamos siga creciendo en próximas entregas. Hay quién compara a este escritor con Hammett o Chandler. Sin duda son palabras mayores, pero yo os aseguro que en La tragedia del girasol hay la misma acción, matones a sueldo, gánsteres y tiros que en las novelas de estos dos grandes escritores negrocriminales. Y mientras esperamos una nueva entrega de Bianquetti, yo ya tengo ganas de saber quién protagonizará, en su adaptación cinematográfica (que se empieza a rodar este año), a este policía bravucón y problemático.

César Malagón @malagonc

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La ciudad de la lluvia, de Alfonso del Río

La ciudad de la lluvia

La ciudad de la lluvia

Una de las claves para escribir un gran libro es tener una buena idea. Si luego el escritor sabe plasmarlo con maestría sobre el papel, el éxito, o al menos el reconocimiento, está casi asegurado. Y no me equivoco si digo que el libro que hoy vengo a reseñaros ha sabido cumplir con esas dos premisas. Alfonso del Río nos vende una historia con una buena idea, de eso no hay dudas. Una antigua foto en un aeródromo alemán durante la Segunda Guerra Mundial sale a la luz cuarenta años después. Y lo más inquietante es que todos aquellos que salían en esa fotografía están muriendo en extrañas circunstancias. Esta buena idea se desarrolla de manera increíble por un autor hasta ahora desconocido para el gran público, que consigue hacer de La ciudad de la lluvia un thriller de alta calidad.

Esta historia se compone de tres tramas distintas divididas en dos planos temporales. Por una parte, tenemos el Berlín de 1941, donde un extraño hombre apodado “El extranjero” llega con la intención de negociar con las más altas instancias del Tercer Reich y a su vez comprometer una de las operaciones secretas más importantes de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Por otro lado, tenemos el Bilbao de 1983. Allí encontramos a Alain Lara, prometedor futbolista de la tierra que regresa al Athletic de Bilbao. El apego que tiene este personaje con su abuelo le hará desconfiar de su extraña desaparición durante las grandes riadas que sufrió la ciudad en el verano de aquel año. A raíz de la aparición de una misteriosa foto, y de la muerte, también extraña, del empresario Ignacio Aberasturi, Alain inicia una investigación en la vida de su abuelo que le llevará a conocer aspectos desconocidos de la vida de este y del entramado empresarial de la ciudad vizcaína. También en 1983, conoceremos, a modo de diario, la vida de David Schaffer, un prometedor abogado que termina siendo un hombre de éxito.

Lo primero que se le pide a un thriller es que enganche al lector y consiga que este no quiera dejar la lectura en ningún momento. La ciudad de la lluvia consigue esto desde las primeras páginas, sumergiendo al lector en una historia inquietante que hace que las más de 600 páginas del libro se queden cortas. La prosa de Alfonso del Río es sobria y fluida; va dosificando convenientemente la emoción para mantener en todo momento la tensión en su punto más álgido. Los tres ejes narrativos tienen el mismo poder en la historia, siendo la fotografía el nexo de unión entre las mismas. Pero si tuviera que elegir una de las historias, quizá la de El Extranjero, en Berlín, es la que más me ha atrapado, aunque es el propio autor el que pone más énfasis en las historias presentes, dejando unos personajes (Alain, María y David) muy bien perfilados, con gran capacidad para conectar con el lector.

Y luego habría que hablar de otro personaje, quizá el más importante de todos. Hablo de la ciudad de Bilbao, esa ciudad de la lluvia que da título a la novela. Una ciudad oscura, de ambiente plomizo y húmedo, con ese sirimiri permanente que supone el escenario perfecto para combinarlo con la tensión de la narración. Una ciudad menos brillante que la que conocemos ahora, pero con el mismo encanto en sus calles y sus gentes.

Una parte del éxito que tiene este libro quiero achacárselo a la temática tan variada que trata. En La ciudad de la lluvia se habla de fútbol y de entramados empresariales, pero también se habla de política, de abogados y de los espías en la Segunda Guerra Mundial. Quizá tocar tantos palos consigue atraer a más público potencial, y más si entre las páginas del libro aparecen “cameos” tan importantes como los de Vicente del Bosque, Iñaki Azkuna o el gran periodista Santiago Segurola.

La editorial Destino ha apostado fuerte por esta novela de Alfonso del Río, y lo hacen conscientes de que presentan al lector un libro que merece muchísimo la pena. En la faja de la novela nombran La ciudad de la lluvia como el thriller del año. No sé si es un poco atrevido ponerle ese título, y más a estas alturas que estamos de año, pero sin duda no van nada desencaminados…

César Malagón @malagonc

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Risa en la oscuridad, de Vladimir Nabokov

Risa en la oscuridad

Risa en la oscuridadUno de mis grandes temas pendientes como lector es la lectura de los grandes escritores del siglo XX. Sí, tiene delito, lo sé. Quiero leer a Conrad, quiero leer a Faulkner, a Borges o leer más de Gabo; y también quería leer a Nabokov, aunque siempre lo postergaba por la gran cantidad de novedades literarias que llegaban a mi buzón. Pero hay ocasiones que no se pueden dejar pasar, y el hecho de que Anagrama haya decidido editar una “Biblioteca Nabokov” con varios de sus mejores obras en formato bolsillo fue el empujón definitivo que me faltaba.

Ya de primeras, es imposible no quedarse prendado de la portada de Risa en la oscuridad, con esa ilustración tan llamativa de Henn Kim. El argumento, más sencillo, trivial y manido no puede ser. El autor no busca la sorpresa y ya en el primer párrafo del libro nos desvela todo lo que encontraremos en su historia. “Érase una vez un hombre llamado Albinus que vivió en Berlín, Alemania. Era rico y respetable, feliz, y un día abandonó a su mujer por una joven amante; amó, no fue amado y su vida acabó en desastre”. Los tríos amorosos, las infidelidades y los hombres mayores cortejando bellas damas es un tema ampliamente tratado tanto en el cine como en la literatura. Sin embargo, solo un gran literato como Nabokov es capaz de hacer de algo sencillo una obra interesante.

Risa en la oscuridad se sustenta en cinco personajes principales, de caracteres marcados y bien definidos. Unos personajes que gustan y enfadan a partes iguales, llevados siempre a situaciones extremas o inverosímiles, en ese juego que para el autor es la construcción de esta historia. Contado todo por un narrador omnisciente, vamos conociendo las dichas y desdichas que Albinus empieza a sufrir. Y aunque reconozco que al principio me costó entrar en la historia, una vez que te haces al ritmo de Nabokov, la historia va ganando en intensidad y la lectura pasa de ser algo plana a convertirse en una experiencia fabulosa.

La novela destaca por la versatilidad de su argumento y de sus personajes. El autor pasa de la comedia al drama con una habilidad pasmosa, componiendo escenas de un modo magistral. Sus personajes mezclan la muerte de un ser querido con un lío de faldas en apenas un par de páginas. Pero si algo tiene esta novela es humor, un humor muy al estilo de la primera mitad del Siglo XX. Las escenas destilan cierto aroma a vodevil, a esperpento e incluso, por qué no, a los grandes clásicos humorísticos del cine mudo.

Que leer a Vladimir Nabokov era un acierto no es decir nada que no sepan la gran mayoría de lectores, pues es algo que ya sabía de antemano antes de empezar la lectura. Pero lo que sí considero un acierto es haber empezado con una historia como Risa en la oscuridad, una novela que demuestra que un gran autor es capaz de convertir una historia sencilla en una gran obra de arte.

César Malagón @malagonc

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Donde fuimos invencibles, de María Oruña

Donde fuimos invencibles

Donde fuimos invenciblesUna de las novelas que más ganas tenía de leer este año es esta que hoy os reseño, la nueva novela de María Oruña. Y tenía ganas de leer Donde fuimos invencibles por dos razones. La primera de ellas, por ver como seguía desarrollándose la historia entre la teniente Valentina Redondo y Oliver. Y la segunda, por ver cómo se ponía el broche a esta trilogía creada por la autora viguesa. ¿Trilogía? ¿Estás seguro, César? No sé qué razones me habían llevado a pensar que estas novelas tendrían forma de trilogía, pero en la presentación del libro pude hablar con la autora, que me sacó del error diciendo que nunca había pensado en cerrar la historia en una tercera entrega y que esta novela, junto a las anteriores (Puerto escondido y Un lugar a donde ir) forman parte de una saga de novelas que ya ha quedado bautizada como “Los libros del Puerto Escondido”.

Una vez subsanado mi error y mi despiste, toca volver a viajar a Suances, esa villa marinera que tan bien aparece representada en los libros de María Oruña. El periodo estival termina en la ciudad y la calma se ve rota por la muerte del jardinero de una de las casonas más reconocibles del pueblo, el antiguo Palacio del Amo, que ahora regenta el último de sus herederos. Hablamos del joven americano Carlos Green, que ha viajado a España con la intención de vender la casa y rememorar los buenos veranos pasados aquí en su juventud. Todo apunta a que la muerte del jardinero es una muerte natural, pero los testimonios de Carlos y algún que otro vecino pondrán en alerta a la Guardia Civil por una posible presencia de fenómenos paranormales en dicha casa. Valentina Redondo, pese a su escepticismo, se pondrá a investigar lo sucedido, dejando a un lado su metódico proceder para adentrarse en mundo poco ortodoxo.

En esta ocasión, María Oruña abandona temporalmente la novela negra para escribir una historia donde el misterio es el elemento principal de la trama. Y es cierto que hay un muerto que lo desencadena todo, pero los focos parecen centrarse más en la aparición de los fantasmas que en resolver si el pobre jardinero fue asesinado o tuvo una muerte natural. Este giro al misterio se nota también en las continuas referencias (Henry James, Agatha Christie…) que aparecen de este género literario en la novela, para regocijo de todo lector.

Los libros de esta autora tienen varios puntos fuertes, como ya he comentado en las dos reseñas anteriores de sus libros. Uno de ellos es lo bien definidos que están los personajes que ayudan a la teniente Valentina Redondo en sus investigaciones. María crea en la comandancia de la Guardia Civil un ecosistema especial en el que cada personaje tiene su papel asignado. Tenemos al bocachanclas de Sabadelle, al aplicado Rivero o la siempre eficaz Clara Múgica. Otro de sus puntos fuertes es la documentación que adorna la trama y la surte de contenido. Si en el último de sus libros conocíamos de primera mano las investigaciones de un grupo de arqueólogos, en esta ocasión veremos las dos caras de la investigación de los fenómenos paranormales. Esta labor de documentación nos lleva incluso a seguir los pasos de una antigua actriz de Hollywood con lazos familiares fuertemente arraigados en Suances.

El último de sus puntos fuertes, y para mí el más importante, es la brillantez con la que la autora es capaz de jugar con varias tramas distintas entre sí e ir uniéndolas poco a poco tanto en el tiempo como en el espacio. En esta ocasión, Donde fuimos invencibles son tres historias que convergen en un final común. Por un lado, tenemos la historia troncal, el Suances presente que viven Oliver, Valentina y los habitantes del Palacio del Amo. Por otro lado, tenemos el borrador del libro El ladrón de olas, donde Carlos Green vierte sus experiencias a modo de memorias. Y, por último, las clases del profesor Álvaro Machín a las que asiste Christian Valle, un experto en fenómenos paranormales.

Es en esta última parte donde se nota la ingente y laboriosa labor de documentación que elabora María Oruña para sus novelas. En mi caso, quizá por eso de ser documentalista de profesión y gustar de recopilar datos e imágenes, disfruto muchísimo con esta parte, y por eso disfruté tanto de su anterior libro, Un lugar a donde ir, el mejor de los tres de la saga hasta el momento, en mi modesta opinión. Aunque hay que destacar esta vez las virtudes como personaje del profesor Machín, todo un descubrimiento, pues pese a ser un personaje de ciencia lleno de sabiduría se muestra abierto a conocer otros mundos, si es que en realidad existen.

María Oruña vuelve a mostrarse como una magnífica tejedora de historias, mezclando siempre de forma notable presente, pasado, elementos históricos y misterio para hacer de sus libros una experiencia lectora única. Eso sí, he de reconocer que, puestos a elegir, prefiero una novela genuinamente noir. Pero volviendo al inicio de mi reseña, doy gracias a la autora por seguir alargando esta saga. Pese a que en esta ocasión casi no hay tiempo de entrar y profundizar en la historia de amor de Valentina y Oliver, no hay duda que la misma irá desarrollándose en entregas posteriores.

Lo que sí que tengo claro tras leer Donde fuimos invencibles es que ya va siendo hora de visitar Suances. El amor con el que María Oruña describe esa tierra y sus gentes ha podido conmigo, y este verano aprovecharé para visitar esta villa marinera, el Palacio del Amo (o lo que quede de él), la Playa de los Locos, Villa Marina o cualquiera de los bellos parajes de “Los libros del Puerto Escondido”.

César Malagón @malagonc

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Perversidad, de Javier Sagastiberri

La novela negra española vive una edad dorada en la que no se aprecia un final cercano. La gran cantidad de buenas historias que llegan a nuestras librerías le hacen a uno ser confiado, y cuando nos encontramos con el binomio “novela negra” y “escritor español”, sabemos que tenemos un alto porcentaje de posibilidades de estar ante una lectura, cuanto menos, prometedora.

Y eso mismo me ha pasado con Perversidad, la segunda novela del escritor donostiarra Javier Sagastiberri, protagonizada (al igual que la primera) por la oficial de la Ertzaintza, Itziar Elkoro y su compañera, la suboficial Arantza Rentería. Ambientada en Vizcaya, esta novela se inicia en la playa de Azkorri, donde aparece el cuerpo sin vida de Jacobo Macallister, miembro de la familia Olarizu de Neguri, un selecto barrio de Guecho donde vive la burguesía del lugar. Jacobo fue siempre un padre de familia ejemplar, pero dos años atrás había decidido dar un cambio a su vida saliendo del armario de una forma de lo más llamativa; haciendo una peculiar performance del martirio de San Sebastián en una de las carrozas del Gay Pride del madrileño barrio de Chueca.

Lo primero que llama la atención de la novela es lo rápido que sucede todo. En la primera página ya tenemos el cadáver, y en la segunda ya tenemos a la Ertzaintza investigando. Nada de presentaciones, nada de circunloquios. Itziar y Arantza… ¡pónganse ya a investigar! Este dúo de investigadoras, pese a lo diferente de su carácter, parece congeniar bien. El autor define muy bien el perfil de cada una, añadiéndole un toque de humor a los personajes que es muy de agradecer, como en la primera visita a la casa de los Olarizu, que tiene alguna que otra escena en la que las carcajadas salen solas.

Perversidad es una novela que respira y destila aroma vasco por los cuatro costados. Javier intenta reflejar en todo momento la especial idiosincrasia de sus gentes. Se nota la diferencia entre Itziar y Arantza, dos guipuzcoanas entre vizcaínos, o la existente entre un hincha del Athletic y alguien a quien no le gusta el fútbol. Y también se nota esa diferencia social tan marcada, sobre todo en el norte del país, entre la gente humilde y los habitantes de los barrios más selectos de Bilbao y alrededores.

La investigación de las dos protagonistas sucede deprisa, quizá demasiado. En ocasiones se echa de menos un poco de calma por parte del autor para profundizar en ciertos asuntos o investigar más a fondo pistas y personajes. Aun así, el curso de los acontecimientos lleva a las dos ertzainas por lugares muy interesantes, descubriendo poco a poco la cantidad de males que habitan en el ser humano y conociendo de primera mano cómo los miedos y los odios acumulados en el pasado pueden llenar el presente de maldad y, sobre todo, y como reza el título del libro, de perversidad.

He de decir también que esta novela tiene un elemento que ha conseguido descolocarme bastante. Uno de los capítulos del libro, llamado Troncalidad, hace un pequeño paréntesis en la narración, y lleva a las dos protagonistas a investigar otro brutal asesinato en la zona. Por una parte, analizando ese capítulo individualmente, encontramos un relato corto bellísimo, muy interesante y que trata un tema muy desconocido y explicado a la perfección, el de la troncalidad y las herencias en el derecho foral vizcaíno. Pero, por otra parte, ese capítulo, aunque importante a la hora de resolver el caso, corta mucho el ritmo de la narración y hace olvidarse al lector por un momento todo lo sucedido en el asesinato de Jacobo Macallister.

Pero me gustaría analizar más globalmente Perversidad. Pese a esos pequeños detalles, la novela que Javier Sagastiberri nos propone consigue un aprobado más que notable, ayudado sobre todo por su buen final, lleno de tensión y acción. Pese a ser el segundo de la saga, y hacer algunas referencias al primer título de la misma (El asesino de reinas), la novela puede leerse y disfrutarse sin haber leído la anterior. Así que léanla y verán que eso de que “novela negra y escritor español es sinónimo de acierto” es algo bien fundamentado y comprobado.

César Malagón @malagonc

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Una rama caída, de Rafael Donaire Casas

Una rama caída

Una rama caída

“Afortunadamente no recuerdo muchas cosas de mi niñez, pero de algunas sí que me acuerdo. Tengo grabadas en mi memoria las peleas entre mis padres, cómo mi padre golpeaba a mi madre…”

Hay sinopsis que te preparan para lo peor. Quien empiece a leer la de Una rama caída, sabrá por la misma que estamos ante una novela dura, muy dura. No seré yo quien diga otra cosa, pero tengo que agradecer sinopsis como esta que no son utilizadas para destripar el argumento. Lo mejor es que simplemente se haga un aviso al lector de lo que va a encontrar, como pasa en este libro de Rafael Donaire Casas. Detrás de esa dura y contundente primera frase llena de sufrimiento encontramos una historia sencilla, pero a la vez maravillosa.

Una historia que comienza en el barrio de Tetuán, en un Madrid de posguerra muy empobrecido. Juana se queda viuda con cinco hijos a los que tiene que sacar adelante. La pequeña de todos ellos, Isabel, empieza a cargarse de responsabilidades a muy temprana edad, creciendo poco a poco en el seno de una familia que no le proporciona felicidad y de la que se encuentra aislada en muchos momentos. Llega a la madurez con las ideas muy claras de lo que quiere encontrar, sobre todo en lo que a hombres se refiere, y terminará en los brazos de un apuesto joven llamado Francisco, con el que tendrá dos hijos. Y una vez llegados a este punto, prefiero, tras lo dicho en el párrafo anterior, no ser yo el que destripe toda la trama del libro. Aunque uno puede llegar a imaginarse que lo que sucede a continuación no será plato de buen gusto.

El inicio de la novela está narrado en tercera persona. El autor nos va presentando a los personajes y el pequeño mundo construido alrededor de los mismos. Será en la segunda parte cuando el relato pase a manos de Álvaro, el segundo hijo del matrimonio entre Francisco e Isabel. Este es sin duda el personaje con el que más he llegado a empatizar. Su vida no será sencilla, pero siempre intenta actuar de una forma correcta y concienzuda, lo que no siempre es sinónimo de acierto.

Una rama caída ha sido una sorpresa para mí. Esperaba una historia dura, y así ha sido, pero no esperaba encontrarme con un libro tan bien armado y desarrollado. Rafael propone una narración lineal, en la que vamos conociendo, amando y despreciando a sus personajes a partes iguales. El autor imprime a la novela un ritmo sereno, tranquilo. Con mucha narración y poco diálogo, la historia va calando dentro del lector, sufriendo con las desgracias de los personajes y alegrándonos con las pequeñas (y pocas) victorias que el día a día les otorga. El punto fuerte de esta novela se encuentra en la cercanía y la cotidianidad. La familia de Isabel y Francisco puede ser el reflejo de muchas familias que tuvieron que pasar desdichas e infelicidades durante décadas, sobre todo en épocas como el Posfranquismo o los años 80.

Que libros como este no lleguen al mercado editorial de la mano de algún sello más reconocido nos habla a las claras de lo difícil que está a día de hoy este mundo en el que nos movemos. Una rama caída es una pequeña joya que debería ser más conocida entre los lectores. Rafael Donaire Casas escribe una novela con un realismo que asusta; un libro lleno de amor y valentía, pero plagado también de tristeza, cobardía y desarraigo.

César Malagón @malagonc

 

 

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Oculto en la memoria, de Domingo Terroba

Oculto en la memoria

Oculto en la memoriaLas complicaciones y complejidades de la mente humana siempre ha sido un tema que me ha llamado la atención. Depresiones, alucinaciones, psicosis… la mente es capaz de alterar la realidad de tal manera que solo aquel que lo padece puede contar realmente lo mal que se pasa. Y sobre esto va el libro del que hoy os hablo, Oculto en la memoria, un thriller psicológico escrito por Domingo Terroba.

Ambientada en Edimburgo, ciudad de residencia del autor, esta novela está protagonizada por Margaret McGregor. Un fuerte shock traumático le ha llevado a pasar seis años ingresada en un hospital psiquiátrico. Una vez pasado ese duro periodo, Margaret encuentra un nuevo amor, James, y vive en una tranquila casa en el centro de la ciudad junto a su hija recién nacida. Pero nuevamente su frágil mente empieza a jugarle malas pasadas, empezando a confundir partes de su vida actual junto a James con lo vivido anteriormente junto a Angus, su anterior marido. La protagonista no quiere volver a revivir sucesos oscuros de su pasado, por lo que busca apoyos en James, el doctor McCallum y Kirsty, una extraña mujer que dice ser su mejor amiga.

He de reconocer que el modo de escribir de Domingo tiene luces y sombras. Sus narraciones y pasajes descriptivos tienen mucha calidad. Su prosa avanza firme junto al relato, consiguiendo una lectura fluida y amena. Sin embargo, los diálogos de sus personajes son algo farragosos y repetitivos, parando un poco el ritmo de la narración. En ocasiones, los diálogos de Margaret con James o su psiquiatra parecen no avanzar, repitiendo los personajes los mismos argumentos y las mismas situaciones. Esto hace que las cuatrocientas páginas de Oculto en la memoria podrían fácilmente haberse reducido a trescientas, lo que hubiera dado todavía mayor agilidad y rapidez a la historia.

Pese al punto negativo de los diálogos (también hay que subrayar que estamos solo ante el tercer libro del autor), esta novela tiene un toque adictivo más que notable. Lo primero que se le pide a un thriller es que enganche y te haga no querer dejar de leer, y Domingo Terroba lo consigue. Pese a su exceso de páginas, la novela engancha desde el principio y te hace en querer seguir leyendo todo lo que le pasa a Margaret. La protagonista va contando su vida con James mientras empieza a confundir pasajes pasados (a modo de flashbacks) junto a su exmarido Angus. La mente empieza a jugar malas pasadas a la protagonista, y esta confusión se traslada incluso al lector, que en ocasiones puede llegar a perderse también entre el pasado y el presente. Eso sí, todos los hilos sueltos que se van quedando durante la narración se cierran en los últimos capítulos, donde todo queda bien cerrado y explicado.

“Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida y tú le llamarás destino”, Carl Gustav Jung

Esta cita inicial de Oculto en la memoria describe claramente el sentido de la novela. Domingo Terroba aborda el complejo estudio de la mente a través de las depresiones, incluso volcando experiencias personales en el propio relato. El resultado es un thriller ameno, con algunos defectos por pulir.

César Malagón @malagonc

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