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Hope, de Wendy Davies

Hope

Érase una vez un viejo gruñón llamado Joseph; una marioneta que odiaba a los niños, a la que bautizaron con el nombre de Wave y Hope, una niña que no podía escuchar las palabras… excepto las de ese viejo gruñón. También esta es la historia del Chico Azul y su guitarra, una mimo y un mago. Y la del pequeño teatro Serendipity. Todos estos personajes y ese lugar donde los sueños se convierten en realidad, aunque sea por un instante,  conforman el elenco de Hope, la quinta novela de Wendy Davies.

Wave, la marioneta, nos relata la vida de Hope y de los habitantes de Folktale, que la rechazan porque no la comprenden, pero los personajes que duermen entre las páginas de esos libros que todos recordamos con cariño (Momo, Matilda, Cuento de Navidad, Kafka y la muñeca viajera) también están muy presentes. Y es que Hope es un homenaje a las historias, esas que tienen verdad incluso cuando cuentan mentiras.

Hope se lee como si de un cuento se tratara (al estilo de Mathias Malzieu y La mecánica del corazón), tanto por su sencillez como por el poso que deja. Por momentos, lo que nos cuenta Wave es triste, muy triste; sin embargo, desprende dulzura, como Hope, la entrañable protagonista, y eso nos hace viajar de la primera a la última página sin que se nos borre la sonrisa, pese a que a veces esta sea amarga.

De no ser por la solapa del libro, nunca hubiera imaginado que tras Wendy Davies hay dos personas: Merche Murillo y Fátima Embark; sus prosas ensamblan de manera perfecta y es imposible saber dónde empieza una y acaba la otra. Estas dos jóvenes autoras comenzaron plasmando su amor por las letras en dos blogs literarios y, más tarde, crearon su propia escritora, Wendy Davies, para además de disfrutar leyendo, disfrutar escribiendo novelas a cuatro manos. De esta unión han nacido historias tan adorables como la de la niña Hope y hasta han ganado el Premio Gran Angular de 2017

Hope ha sido un grato descubrimiento, hasta el punto que recomiendo su lectura en todos los institutos. No solo porque sea adictiva y, por tanto, una excelente elección para aficionar a los más jóvenes a la literatura, sino porque es una novela de aprendizaje y transmite enseñanzas que son valiosas para cualquier etapa de la vida, pero sobre todo para la adolescencia, esa época en la que lo habitual es sentirse distinto y perdido. Hope muestra las vicisitudes de dejar atrás la infancia, lo necesario que es aprender a olvidar, por qué no debemos permitir que las diferencias nos definan, asumir que nuestros villanos quizá sean los héroes de otros y que, además de perseguir los sueños, hay que atreverse a vivir la realidad.

Todas esas enseñanzas confluyen en el título de la obra, porque, al fin y al cabo, lo que nos regalan Merche Murillo y Fátima Embark con esta historia es precisamente eso: hope, esperanza; una sensación que se queda en nosotros incluso después de finalizar la lectura. Y ese poderoso influjo de Hope no desaparece de inmediato, qué va. Su poso se queda ahí, dentro de nosotros, y aflora cada vez que contemplamos su preciosa portada, como la sonrisa en nuestra cara. Al menos, eso es lo que me ha pasado a mí. Y apuesto a que si te adentras en Serendipity, junto a la niña que no entiende las palabras, tú también lo sentirás.

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La tragedia del girasol, de Benito Olmo

La tragedia del girasol

La tragedia del girasolSe dice que una de las claves del éxito de la novela negra en nuestro país está en que este género es capaz de reflejar con claridad la situación política y social que nos ha tocado vivir en la última década. Y la novela negra de la que hoy os hablo puede decirse que encarna a la perfección la realidad que sufrimos diariamente. Los acontecimientos que se han producido en las últimas semanas en la comarca del Campo de Gibraltar relacionados con la droga bien podrían ser uno o varios capítulos de los libros de Benito Olmo, al igual que algunos de los personajes que estos días salen en las noticias podrían encajarían a la perfección entre las páginas de La tragedia del girasol, última historia del escritor gaditano.

Corrupción, narcotráfico, chivatazos y mucha violencia son varios de los ingredientes de esta novela, si bien la acción se localiza un poco más al oeste, dejando Algeciras y sus alrededores para instalarse en la Tacita de Plaza y los municipios colindantes. A la cabeza de todo esto, el peculiar Manuel Bianquetti, ese fascinante policía creado por Benito en su anterior novela, La maniobra de la tortuga. En la actualidad, Bianquetti se encuentra cumpliendo los dos años de suspensión de empleo y sueldo y malvive haciendo trabajillos como investigador privado. Pese a sus reticencias iniciales, decide aceptar el encargo de proteger a un importante empresario en su visita a Cádiz. Algo sencillo, inocuo y rápido para conseguir un dinero extra se convierte en una complicación al desencadenarse durante esa visita una serie de muertes violentas. Aunque todos los indicios llevarían a cualquier persona a desentenderse de un tema tan turbio, Bianquetti y su instinto de sabueso le hacen investigar a fondo lo ocurrido, algo que no le traerá más que problemas, palabra que indisolublemente parece ir ligada siempre al nombre y apellido de nuestro protagonista.

Aunque son varios los aspectos positivos a resaltar en las novelas de Benito Olmo, quizá el más importante sea el de tener un protagonista como Bianquetti. Este inspector de policía (pese a su suspensión) está tan lleno de defectos como de virtudes, con una capacidad innata para meterse en problemas. Pese a ser maleducado, duro y violento en ocasiones, Benito Olmo ha conseguido crear un gran personaje que cala rápidamente en el lector. Su integridad y buen corazón, pese a mostrarlo poco, hace que quien le conozca quede prendado de una persona así. Con Bianquetti tenemos a un fascinante personaje de novela negra que ha venido para quedarse, y cuya legión de fans va a ir aumentando con cada historia que protagonice.

En mi anterior reseña, la de La ciudad de la lluvia, hablaba de cómo Bilbao daba importancia a la novela, siendo casi otro personaje más de la historia. En esta ocasión, La tragedia del girasol no podría entenderse sin la importancia que Cádiz y su bahía impregna a la novela. estamos ante una ciudad llena de luz, pero que esconde a su vez el lado oscuro de muchas personas.

Comparando esta entrega con su predecesora, La maniobra de la tortuga, vemos una mejora considerable tanto en la consistencia de la trama como en la formación de los personajes. Benito sigue escribiendo historias que enganchan al lector, manteniendo tramas adictivas con la dosis justa de sobresaltos, algo que esperamos siga creciendo en próximas entregas. Hay quién compara a este escritor con Hammett o Chandler. Sin duda son palabras mayores, pero yo os aseguro que en La tragedia del girasol hay la misma acción, matones a sueldo, gánsteres y tiros que en las novelas de estos dos grandes escritores negrocriminales. Y mientras esperamos una nueva entrega de Bianquetti, yo ya tengo ganas de saber quién protagonizará, en su adaptación cinematográfica (que se empieza a rodar este año), a este policía bravucón y problemático.

César Malagón @malagonc

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Videorreseña: Reino de fieras, de Gin Phillips

Soy consciente de que muchas veces voy al contrario del mundo y que lo que a todos gusta, a mí me aborrece. Y, muchas veces, también me suele pasar al contrario y me acaban por gustar cosas que a la inmensa mayoría de la población, no. El vídeo que os traigo hoy es un ejemplo de ello. Desde que  leí el libro hasta el día de hoy he leído más críticas negativas que positivas de él y yo no puedo estar más en desacuerdo.

Reino de fieras, escrito por Gin Phillips y editado por Suma es un thriller psicológico, ni más ni menos. Es una historia donde los asesinatos se suceden pero donde la acción es pausada, tanto que en ocasiones puede parecer casi inexistente. Y yo me pregunto: ¿es posible que exista un thriller en el que casi no hay acción?, ¿puede una historia de asesinatos enganchar sin que esa acción sea trepidante? Si  me hubiera hecho estas preguntas antes de leerme este libro, no habría sabido muy bien qué responder. Pero la verdad es que, a día de hoy, la respuesta que daría es más que evidente. Por eso me alegro tanto de haberme encontrado con esta novela.

Si quieres saber con más detalle qué pienso de este libro, no te pierdas el último vídeo que hemos subido a nuestro canal, ya sabes que allí siempre eres bienvenido.

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El color de la luz, de Marta Quintín

El color de la luz

El color de la luzDesde siempre me han llamado enormemente la atención las historias ambientadas en épocas anteriores, ¿por qué? Supongo que porque describen un mundo que me es totalmente ajeno, pero también, porque con el paso del tiempo adquieren un carácter romántico y nostálgico que les otorga cierto halo de irrealidad. Estas características se le pueden atribuir a El color de la luz, la segunda novela publicada de la joven escritora maña, Marta Quintín.

El color de la luz nos narra la historia de Blanca Luz Miranda, una anciana empresaria de éxito que utiliza su fortuna para adquirir arte y que en una reñida puja consigue hacerse con un inquietante cuadro firmado por Martín Pendragón. La subasta es presenciada por una joven reportera –sin nombre, para dejar el verdadero y total protagonismo a Blanca Luz y Martín–, que no duda ni un momento en que detrás del exorbitante desembolso, hay una historia que tiene que ser contada. Gracias al curioso e incisivo carácter de la periodista, vamos conociendo por medio de la propia Blanca Luz, su historia y la del famoso artista, explorando distintos tiempos y lugares. Viajamos de la España previa a la Guerra Civil, o de la que se sucedió durante el conflicto; al París artístico de los años 20; o al Nueva York de las subastas de arte de los años 80.

La mayor parte del libro está narrado a través de un narrador omnisciente, exceptuando unas pocas interrupciones en las que la joven periodista nos narra en primera persona los pensamientos y sentimientos que le está suscitando la historia de Blanca Luz y Martín; lo que dota al libro de una frescura que aviva en cierto modo el carácter pausado e intimista que posee. Marta Quintín hace gala de una prosa cuidada y detallista y de un vocabulario rico y cultivado, que confieren a la novela un gran nivel que la distingue de muchos de los libros de su misma temática publicados hoy en día.

Si su léxico y su manera de narrar sorprenden gratamente, no lo hacen menos sus protagonistas. Unos personajes tan complejos, llenos de matices y reales, que a pesar de la dificultad que puede llegar a suponer comprenderlos e identificarse con ellos en determinados momentos, no puedes dejar de acompañarlos en sus aventuras hasta el final. Es especialmente destacable la protagonista femenina, una mujer tan volubre, perdida y caprichosa como fuerte, valiente y descarnada. Es una antiheroina, que a pesar de sus muchos defectos y de su carácter dañino y, en algunas ocasiones deshonesto, te engancha.

No descubro nada nuevo a nadie si digo que la vida es complicada, que está llena de altibajos y que tan pronto estamos arriba creyéndonos los reyes del mundo, como caemos hasta el lugar más profundo de un hoyo que parece interminable y del que somos incapaces de ver la salida. Antes o después todos pasamos por ambos puntos, ninguno nos libramos de esta travesía que va desde la felicidad más plena hasta la tristeza más honda. Por supuesto, cada uno pasamos más o menos tiempo en un estado o en el otro y son muchas las circunstancias que influyen en ello; unas propiciadas por nosotros mismos y otras que simplemente nos toca vivir sin que nada podamos hacer. Este tema lo encontramos magníficamente plasmado en El color de la luz, especialmente en la figura de Martín Pendragón, nuestro gran artista, al que vemos crecer a lo largo del libro, luchando por conseguir su sueño. Tendrá que enfrentarse a un padre estricto e intolerante que no le permite dedicarse a su gran pasión, al desamor y al abandono, y al inició de una nueva vida fuera del hogar y de su ciudad natal, luchando con uñas y dientes para lograr su sueño. Blanca Luz, aunque de otro modo, también tendrá que hacer frente a un buen número de obstáculos a lo largo de la historia, pero, sobre todo, tendrá que enfrentarse a sí misma, como la mayor traba para alcanzar la tranquilidad y la felicidad.

A pesar de que los personajes están íntima y estrechamente ligados al mundo del arte, este no es el verdadero tema del libro, sino que el eje sobre el que gira toda la historia es el amor. Pero no un amor cualquiera. Estamos muy acostumbrados a las historias románticas de chica conoce a chico, chica y chico se enamoran, sufren unos cuantos obstáculos que, generalmente, superan y acaban comiendo perdices hasta el final de sus días. Sin embargo, esta novela no es sobre un amor tan plano y perfecto, sino que nos muestra un amor real, difícil, tóxico, tortuoso, imperfecto y sobre todo, insuficiente. Porque aunque nos cueste hacernos a la idea, a veces el amor no puede con todo y puede no ser suficiente. A veces, dos personas se quieren, pero no saben quererse bien. El color de la luz es una historia, al igual que sus protagonistas, compleja; que nos adentrará en las capas más profundas del alma del ser humano.

El arte es como el amor. Nos dedicamos a escribir libros que nadie leerá, a pintar cuadros que no colgarán de ninguna pared y a enamorarnos de gente que jamás nos corresponderá. Lo sabemos y, aún así, lo seguimos haciendo. El ser humano es la única criatura de la naturaleza que se empeña en cosas tan poco prácticas. ¿Por qué será?

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Sigo siendo yo -Yo antes de ti- 3, de Jojo Moyes

Sigo siendo yo

Sigo siendo yoCuando anuncié por las redes sociales que iba a leer la tercera parte de Yo antes de ti mucha gente se puso en contacto conmigo para preguntarme por la saga. Otros muchos me dijeron que habían leído la primera parte por el boom que hubo en su día, pero que después les dio pereza seguir con la historia (visto el final del primer tomo). Y yo que no me lo explico. No lo entiendo. ¿Seré yo la única que estaba deseando que la vida de Louisa Clark continuara? Es imposible, no puede ser. Me cuesta mucho comprender a aquellas personas a las que no les gusta esta trama y que no entienden por qué la autora, Jojo Moyes se ha atrevido a escribir una tercera parte.

Y es que a mí esta saga me encanta. Estoy segura de que esto se debe a la naturalidad de la protagonista, Lou, con la que a veces me identifico tanto que me llego a asustar. En muchas de las escenas me veo tan reflejada en ella que en ocasiones pienso que estoy leyendo algo que podría haber salido de mi propio diario. Y eso da miedo. Y engancha, a partes iguales. Porque, para mí, no hay nada más bonito que leer un libro que te haga perder tu propia identidad hasta el punto de llegar a pensar que tú mismo eres el protagonista.

Es esta nueva entrega, Sigo siendo yo, Louisa Clark viaja a Nueva York, donde trabajará de asistente de una mujer rica que reúne todos los requisitos para ser la típica chica de la Quinta Avenida. Aunque podríamos deducir que Lou se va a sentir como en casa, ya que en principio se podría pensar que Estados Unidos no es tan diferente de su Inglaterra natal, lo cierto es que Lou va a tener que reconstruir su vida desde cero. La existencia en la Gran Manzana se le complica desde el mismo momento que pone sus pies en el asfalto estadounidense y la aparición de Josh, que le recuerda tanto a Will que llega a doler, no ayuda en absoluto. Ella quiere con todo su corazón a Sam, eso es cierto, pero un océano de por medio es mucho. Es mucha distancia, es mucho tiempo, es muy difícil.

Jojo Moyes vuelve a traernos una novela que no es perfecta. Cuando leí Yo antes de ti y llegué a ese final (¡qué final!) me quedé a cuadros. En serio, me quedé mirando la última página y pensando “¿de verdad? ¿esto está pasando?”. Solo podía pensar en las narices que tuvo la escritora cuando publicó el libro que la llevaría a la lista de los bestsellers en una carrera contrarreloj. De hecho, hace poco leí una entrevista en la que ella confesaba que tenía el final pensado antes de escribir el libro, pero que, cuando llegó a ese punto en el que la historia terminaba, le preguntó a su editora que si podía escribir un final alternativo para que los lectores eligieran con cuál quedarse. Su editora se rio mucho y cuando vio que la escritora británica no se lo estaba diciendo de broma, le tuvo que decir que no, que no se podía hacer eso. En fin, Jojo Moyes se preocupa por el lector, pero hace lo que tiene que hacer, tanto en Sigo siendo yo como en el resto de entregas. Por eso sus novelas no son perfectas. Si lo fueran, os lo aseguro, ahora mismo no estaría aquí escribiendo esta reseña, porque no habría pasado del primer libro de ninguna de las maneras.

Y yo la verdad es que me alegro de que la editora le parara los pies, porque si se hubiera hecho eso (si nos hubiera dado el final que todos, en el fondo, queríamos), seguramente, ni siquiera habrían surgido estos dos libros posteriores. Mucha gente considera que son innecesarios, sobre todo este último, pero qué os voy a decir… a mí la vida, la personalidad, la rareza de Lou me gusta tanto, que no me importaría leer más y más sobre ella. Es como cuando le digo a la gente que si Anatomía de Grey siguiera renovándose hasta tener treinta temporadas, yo lo seguiría viendo sí o sí. Porque son historias que me gustan. Vale, quizás no lleguen a sorprenderme como al principio, pero estoy tan a gusto y tan cómoda en ese mundo, que no me importaría pasarme por ahí unas cuantas veces más.

No sé, tal vez sea porque soy una soñadora empedernida como Lou. Una chica que siempre ve el lado positivo de la vida y que intenta levantarse cada día con una meta que cumplir. Y todo ello a sabiendas de que la vida es difícil. Que la vida duele en muchas ocasiones y que es capaz de destrozar todo lo que queremos e incluso por lo que respiramos cada segundo. Pero esto es así. Hay que plantarse, ya sea con unas medias a rayas amarillas y negras o con unos vaqueros normales y corrientes, para decirle a la vida que somos más fuertes que ella. Y Lou ha demostrado que es capaz de hacer eso y mucho más.

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Tiempo de albaricoques, de Beate Teresa Hanika

tiempo de albaricoques

tiempo de albaricoques«¿Es posible que los momentos felices en una época difícil sean más felices aún?». Eso es lo que se pregunta Elisabetta Shapiro, una anciana judía que vive prácticamente recluida en su casa de la infancia, en Viena, en la novela Tiempo de albaricoques, de Beate Teresa Hanika. Como si comiera la magdalena de Proust, se retrotrae a su niñez cada vez que prueba una de aquellas mermeladas que elaboró con los albaricoques de su jardín en los tiempos de la guerra. A esos tiempos en los que su familia era extrañamente tolerada y ninguneada en una ciudad donde empezaban a escasear los judíos, pero también a los años que llegaron después, cuando Elisabetta era ya la única superviviente de los miembros de su familia. De aquella niña que fue, solo le queda Hitler, su tortuga. Y el otro Hitler también, para qué negarlo.

Algunos recuerdos son dulces como los albaricoques recién recogidos del árbol; otros saben a humo, por el fondo quemado de la olla en la que la mermelada fue cocinada. Pero todos ellos alimentan a Elisabetta Shapiro, que vive más en el pasado que en el presente, porque cada día oye las voces de sus hermanas mayores —esas que murieron siendo adolescentes— regañándola por alquilarle una habitación a una joven bailarina alemana. Unas voces que le impiden olvidar todo lo que sufrieron y perdieron por culpa de esos alemanes. ¿Cómo asumir que aquel hombre que antes clasificaba judíos en Operngasse, ahora clasifica el correo? No se lo merece, le repiten sus hermanas. ¿Cómo aceptar que ella se salvó simplemente por un instante de suerte, mientras todos sus seres queridos caían?, se martiriza la anciana.

Pero en Tiempo de albaricoques no solo conocemos a Elisabetta y a su familia mediante sus remembranzas de aquella época, sino que también nos encariñamos de Pola y Rahel, una alemana y una judía de estos tiempos, que no cargan con los recuerdos de ese trágico pasado, pero tampoco pueden abstraerse de todo lo que aconteció a sus abuelos décadas atrás. Y estas dos chicas protagonizan una historia de amistad y amor tan sencilla como emotiva, para añadir unas cucharadas de azúcar cuando los recuerdos de Elisabetta se llenan de amargura.

«¿Por qué hay que recordarlo todo y contarlo?», se pregunta la anciana Elisabetta. Y es que está harta de que los recuerdos a veces sean su tabla de salvación y, otras tantas, sean su condena. ¿Es cuestión de olvidar? ¿De aceptar? ¿O, quizá, de reconciliarse? Con los demás y con una misma. Eso es lo que trata de descubrir a través de las mermeladas y de esa extraña bailarina alemana que se ha colado en su casa, para saber si aún no es demasiado tarde para un nuevo comienzo.

Tiempo de albaricoques, de Beate Teresa Hanika, nos habla de una familia judía en la Segunda Guerra Mundial y, pese a ello, nos deja un sabor dulce tras la lectura. Aunque es una dulzura con toques de amargura, claro está, igual que los albaricoques del jardín de la familia Shapiro. Pero, en esta ocasión, el sentimiento de culpa de los que sobrevivieron y no perdonan no consigue empañar este canto al amor y a la libertad.

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Reino de fieras, de Gin Phillips

Reino de fieras

Reino de fierasSi me encanta leer es porque puedo sentir todo tipo de sensaciones con solo abrir un libro. Puedo sentir felicidad, pena, angustia, dolor o incluso asco. Solo necesito un autor que sepa transmitir lo que quiere transmitir para que yo me volatilice y me convierta en uno más de los protagonistas del libro. Es como si estuviera viviendo en mi propia piel las historias. Eso es lo que me engancha. Lo que hace que necesite leer todos los días, aunque sea solo un par de páginas antes de irme a dormir.

El libro del que vengo a hablar hoy me ha transmitido muchísimo, sí… Angustia, sobre todo. A veces también un poco de miedo, pero en todo momento he estado sufriendo un estado de estrés y preocupación que hacía mucho tiempo que no sentía al leer un libro.

Hablemos primero de la edición, que merece una mención especial. Digamos que un día me llega un paquete que yo intuyo que es un libro. Pero es extraño. Viene como abultado y pesa más de lo que me esperaba. Lo abro y me encuentro un libro que tiene en la portada tres caballos sacados de un tiovivo. Tan bien hechos, que parece que se salen de la portada. Pero la cosa no se queda ahí, porque resulta que de regalo me llegan dos muñecos, uno de un tigre y otro de un elefante, que son la antesala de lo que me espera dentro. Si ya tenía toda mi atención, ahí la editorial Suma de letras solo consiguió que dejara todo lo que tenía que hacer para ponerme de inmediato a leer este libro.

Reino de fieras es una novela que transcurre en muy pocas horas. Una madre está con su hijo pequeño en el parque de un zoo. Me lo imagino como un zoo gigante, del estilo de Cabárceno, en Cantabria, que es una especie de zoológico donde los animales viven a sus anchas. Los osos tienen su propia montaña, los lobos tienen otra donde hacer sus loberas… y así con todos. Así que puede ser que vayas y veas a los animales, o no los veas. A excepción de algunos ejemplares, como los gorilas o los reptiles —cosa que me enfada enormemente y que deberían solucionar de inmediato—, los demás están libres. Así que el zoo que describe Gin Phillips me lo imagino así: un espacio enorme lleno de recintos dedicados a cada ecosistema, ideado cada uno para un animal en concreto. Joan y su pequeño Lincoln pasan allí muchas tardes. Él es un niño con una imaginación enorme y al que le encanta jugar con sus muñecos de súper héroes. Y Joan es una madre ejemplar. Hasta ha conseguido aprenderse los nombres que Lincoln se inventa día sí y día también.

Cuando va a ser la hora de cerrar, recogen todo y se dirigen hacia la puerta principal. Pero allí, a escasos metros de distancia de donde ellos se encuentran, un hombre con una escopeta parece haber acabado con la vida de varios visitantes. Joan coge a Lincoln y sale corriendo hacia el interior del zoo, sin saber qué hacer. Esconderse, se tiene que esconder. Pero eso es muy difícil cuando llevas en brazos a un niño de cuatro años que no entiende nada de lo que está pasando y que se queja, llora, patalea y habla más alto de lo que debería.

Este es el planteamiento que hace Gin Phillips. Nos describe las pocas horas de desesperada huida de Joan y consigue transmitirnos perfectamente el horror que vive esta madre durante ese tiempo.

Reino de fieras no podría representar mejor la angustia que vive Joan en todo momento. Sus indecisiones. Su no saber qué hacer. ¿Qué harías tú si estuvieras en su situación? Yo no lo sé, pero con la angustia que he sentido al leer esta novela, espero no tener que verme jamás en una situación así. No sabría ni por dónde empezar. ¿Esconderme? ¿correr? ¿intentar trepar la valla? ¿gritar? ¿abandonar a mi hijo que no para de llorar para intentar salvarme? ¿entregarme para que no lo maten a él? Quién sabe.

Si le tengo que encontrar una pega es que a mitad del libro el ritmo desciende bastante. El principio es muy prometedor pero más a o menos a mitad de la historia, todo se ralentiza mucho. Pero por poco tiempo —os lo aseguro—, porque, de repente, todo cambia y el ritmo empieza a ir hacia arriba sin parar hasta que llegan las últimas cincuenta páginas que es inevitable no leerlas de una sentada.

Cuando desenvolví ese paquete no pensé que este libro me fuera a gustar tanto. Pensé: “será márquetin”. Ya, sí, claro. Qué equivocada estaba… He tardado una semana en leer este libro y ha sido una semana en la que no he podido hablar de otra cosa. Cada vez que iniciaba una conversación con alguien intentaba sacar el tema de la lectura para decirle: “pues, ¿sabes? Yo me estoy leyendo un libro genial”. Y esa es la mejor señal para poder decir que este libro va a dar muchísimo de qué hablar. Y si no, tiempo al tiempo.

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Mi negro pasado, de Laura Esquivel

Mi negro pasado

Mi negro pasadoComo agua para chocolate quizá sea el libro que más veces he leído y, sin duda, es uno de los que más han marcado mi vida, pues con él descubrí el realismo mágico, el género literario que más me apasiona. Adoro ese libro, su dulzura y sensualidad, sus personajes y esas escenas que se mueven entre los límites de la realidad y la fantasía. Por eso, cuando me enteré de que Laura Esquivel iba a publicar Mi negro pasado, la continuación de Como agua para chocolate, tras El diario de Tita, me emocioné. Y también me temí lo peor, para qué negarlo. Porque ya sabemos todos que las segundas (o terceras) partes no suelen gozar de buena fama y porque leer la continuación de un libro idolatrado tiene todas las papeletas para defraudarte.

Con esas emociones encontradas, comencé la lectura de Mi negro pasado, historia que nos cuenta las vicisitudes de María, tatarasobrina de Tita De la Garza, cuando da a luz a un niño negro y todo el mundo cree que ha sido infiel a su marido. Entre unas cosas y otras, acaba en la casa de su abuela Lucía, donde descubre que tiene antepasados negros y se reencuentra consigo misma y con las tradiciones de su cultura, esas que la vida moderna, poco a poco, ha hecho caer en el olvido.

No es necesario haber leído Como agua para chocolate para leer Mi negro pasado, pues tiene elementos de sobra para funcionar como historia independiente. Si yo la hubiera leído así, habría disfrutado de un libro ameno que se lee en un suspiro. Pero, de ese modo, no hubiese significado nada para mí. Los que han hecho que esta lectura sea especial son los constantes guiños a la historia original, a sus momentos más recordados, a sus entrañables protagonistas. Reconozco que con solo leer las primeras líneas de la novela y reconocer ese inicio que me sabía de memoria —y que de pequeña recitaba como un mantra simplemente porque así comenzaba la película que me hizo descubrir el libro—, se me encogió el corazón. Igual que con el resto de referencias, que me daban ganas de leer por enésima vez mi adorado Como agua para chocolate.

Tanto me he acordado de la primera parte gracias a este libro, que he echado en falta más realismo mágico, esos momentos y metáforas que tanto me fascinaron en aquel. En Mi negro pasado, solo aparecen en contadas ocasiones, de la mano de la abuela Lucía y su difunto marido, principalmente. Quizá haya sido un recurso más de Laura Esquivel para evidenciar el trasfondo de esta novela: cómo, en la actualidad, hemos perdido la conexión con las emociones y con el mundo que nos rodea (aunque no todo es crítica a las nuevas tecnologías, pues el libro tiene su propia playlist en Spotify).

Lo que sí hay en Mi negro pasado, al igual que en Como agua para chocolate, es un homenaje a la cocina mexicana, que se presenta como una forma de dialogar con el universo; a la alquimia del amor, ese sentimiento capaz de iluminar el pensamiento y mantener con vida a los que ya se han ido; y a la fuerza de las mujeres, que cargan con los prejuicios, miedos y culpas de su pasado, pero, aun así, luchan por su libertad y por el cambio.

Mi negro pasado no pasará a la historia de la literatura como su predecesora, ni ocupará los primeros puestos de mi ranking personal, pero ha sido un grato reencuentro con la familia De la Garza, a la que siempre llevaré en mi corazón.

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Háblame bajito, de Macarena Berlín

Háblame bajito

Háblame bajitoVenía de leer Middlesex, de Jeffrey Eugenides, y claro, cualquier cosa que me pusiese a leer sabía que lo tenía difícil, así que me decidí por lo que parecía algo fresco y ligero, que la verdad es que para esta época del año no estaba nada mal, y me decidí por Macarena Berlín, y su primera incursión en el mundo literario, Háblame bajito.

No esperaba nada especial, y he de reconocer que cuando nada esperas y mientras lees te sietes sorprendida, ya te puedes dar por satisfecha. He de reconocer que en algunas noches tórridas de agosto había escuchado su programa nocturno, Hablar por hablar, y lo que más gusta de ella es su buen gusto a la hora de seleccionar autores, citas, fragmentos, poemas y la selección musical. Así que, este podía ser su momento.

Yo soy una gran aficionada a la radio, y Macarena es una profesional del medio y gran aficionada a escuchar, y como no, a hablar, y lo hace bastante hasta de ella misma, pero lo que no sabía, a pesar de que el título ya me podía haber dado una idea, es que en este libro habría tanto de lo que trasmite abiertamente en sus programas, y desde luego lo que me he ha llamado más la atención, porque no suele pasar con frecuencia, es que me haya reído, que por algún motivo, quizá por pura necesidad, me he dejado atrapar por la forma de narrar de esta periodista.

“La luz roja que recuerda que estamos en directo está iluminada.

La pecera, hasta arriba de gente.

Los dos técnicos de sonido que nos asisten hoy escuchan con inusual atención, y siendo sobre mí las miradas del equipo del programa al completo, que ha abandonado la redacción para seguir la entrevista desde aquí…”

Creo que Macarena ha hecho un buen trabajo, ligero o profundo, depende mucho de cómo lo quieras tomar. Quienes la siguen en sus programas de radio la encontraran aquí, y no solo entre líneas, que imagino que también habrá ahí una Macarena escondida, también verán a la mujer reivindicativa de la vida elegida o no, en soledad, verán y reconocerán a la Macarena amante del runner, eso que antes era futing y mucho antes fue ponerse ropa cómoda y salir a correr. ¡Y el boxeo! Eso es una cosa que sí le envidio. Yo siempre he querido tener un saco de boxeo pero nunca he terminado de decidirme, lo he recordado mientras leía.

Porque leer este libro de Macarena puede hacerte pasar algún buen rato pues el humor está en el ambiente, pero no duden que les hará reflexionar sobre su propia vida, y eso sin importar si vives en pareja o eres “single”, o lo que es lo mismo que vives y “eres” solo, que si bien aun no está admitida como tal por la RAE, denle ustedes tiempo.

La protagonista del libro es Pita, una famosa locutora de radio que conduce el programa matinal de mayor audiencia de este país. Este país es Epaña. El programa, ni lo duden, es Hoy por hoy, ese en el que ella (Macarena) hace las sustituciones de Gemma Nierga, otra gran profesional a la que no hace nada el grupo Prisa la ha despachado sin muchas explicaciones (al menos a los oyentes) y dejando los índices de audiencia en lo más alto… Bien, pues esta Pita acaba de romper con su pareja con la que llevaba conviviendo unos diez años.

Y los lectores la encontramos en ese momento en el que ha de decidir muchas cosas, tomar decisiones importantes, vivir sola, el tema de la maternidad, los amigos casados, sus crisis, y su propia familia. En la familia he encontrado momentos ilustres de humor, también en su relación con su amiga de siempre… (mis famosos puntos suspensivos 😀 ) pero luego está lo otro, lo que duele, lo que no comprende, lo que decide, lo que le hacen decidir, los errores, los aciertos, en definitiva luego está la vida, la que hay que vivir porque por mucho que miremos a tras la vida se vive hacía adelante.

Y así entré en este “Háblame bajito” de Macarena Berlín, pensando que sería un entretenimiento ligerito de verano, pero ya me conocen, siempre le tengo que dar vueltas y vueltas a las cosas, y al final me dejo atrapar. En esta ocasión ha sido fácil venir y hablarles de este libro.

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Caen estrellas fugaces, José Gil Romero y Goretti Irisarri

Caen estrellas fugaces

Caen estrellas fugacesEl Siglo XIX es un siglo fascinante. Es el siglo de los grandes cambios en Europa: una época en la que la ciencia gana importancia, en el que la gente sale a las calles para pedir el sufragio universal y unas mejores condiciones laborales; es el siglo de la Revolución Industrial y de la razón. Y mientras todo esto se cocía en Europa. España y, especialmente Madrid, la capital, enclaustrada entre el cemento de las murallas que la cercaban; trataba de avanzar y de crecer, de pillar al resto de las grandes capitales europeas. El Madrid decimonónico era una cloaca, un gran pueblo de casas bajas y sucio que recibía gente a la que ya casi no podía albergar. Era un Madrid en el que convivía el inicio de algo nuevo con la tradición de siglos pasados; que se debatía entre la razón de los nuevos tiempos y la fe de los viejos. Este Madrid misterioso, único y complejo es el que nos vamos a encontrar en Caen estrellas fugaces, de José Gil Romero y Goretti Irisarri.

Caen estrellas fugaces nos narra dos intensos días de septiembre de 1959 en Madrid. Parte de un suceso histórico –del que no me puedo creer que no conociera su existencia–: la tormenta solar de 1985 o como es conocida, el “evento Carrington”. Fue la mayor tormenta o erupción solar de la que se tiene constancia y provocó que la tierra se tiñera de rojo y los marineros creyeran viajar en un mar de sangre, que las redes del telégrafo fallaran o que se pudieran admirar auroras en ciudades como Roma o Madrid. Pues bien, a partir de este suceso que mantuvo en vilo a nuestros antepasados, los autores de Caen estrellas fugaces elaboran toda una trama de intriga que llevará a que dos personas, a priori completamente opuestas, se unan para investigar los fenómenos que están teniendo lugar. Éstos son Leónidas Luzón, ‘El León’, un antiguo investigador de falsos milagros aquejado de una fuerte cojera; y Elisa Polifeme, ‘La Divina’, una joven médium ciega, que vive atemorizada por sus visiones. Ambos representan la razón y la fe, las dos corrientes de pensamiento más enfrentadas en esa época. A estos dos protagonistas se unirán una gran gama de variopintos personajes que nos harán aterrizar de lleno en ese Madrid antiguo.

José Gil Romero y Goretti Irisarri son guionistas y se nota. Han escrito una novela muy visual y dinámica, que pasa de un personaje a otro, y que engancha desde el principio gracias, entre otras cosas, al equilibrio perfecto entre narración y diálogo que han logrado. Pero su punto fuerte es lo maravillosamente que han enlazado thriller, historia y fantasía creando una de las novelas más completas que he tenido el placer de leer en lo que llevamos de año. No obstante, si tengo que quedarme con una de estas vertientes, en este caso, lo hago sin duda con la histórica. Es fascinante leer un libro ambientado en tu ciudad ya que hace que lo sigas de un modo distinto, que todo lo veas mejor y que sea más fácil sentirse dentro de la trama, pero si a esto le añades una época pasada que te lleva a descubrir lugares y personas que ya no existen, es imposible que no despierte tu curiosidad hasta cotas inimaginables. Al menos, eso es lo que me ha pasado a mí con esta historia. Es un libro que me ha costado mucho leer, pero no porque sea difícil de seguir, denso o porque no enganche; todo lo contrario, me ha costado porque los autores han hecho una labor de documentación tan buena, que a cada cosa que leía, sentía la necesidad de investigar y leer más sobre las personas, los sitios y las anécdotas que han incluido en la historia.

Llegados a este punto, he de decir que una de las cosas que más admiro de los escritores son las maratonianas jornadas que tienen que pasar documentándose sobre épocas pasadas, personajes históricos, la geografía y la cultura de diferentes ciudades y países, distintas profesiones y los protocolos de actuación en cada una de ellas… Escribir un libro no es una tarea fácil, a pesar de lo que muchas personas puedan pensar. Cualquier libro, más o menos extenso o con una u otra temática, conlleva muchas horas de trabajo, exponer mucho de uno mismo y, en muchas ocasiones, adquirir un gran número de conocimientos que luego hay que saber comunicar. Cuando investigas un tema, como supongo que han hecho José Gil Romero y Goretti Irisarri con el Madrid decimonónico, es fácil querer explayarte y contarlo todo haciendo que la historia pierda frescura y se haga pesada con tantos datos y descripciones. Pero no es el caso de Caen estrellas fugaces, ya que, como decía antes, los autores han conseguido un equilibro perfecto entre todos los elementos que conforman la novela. Por eso, tengo que quitarme el sombrero –bombín, por supuesto– ante ellos por su gran trabajo y recomendaros un libro que os hará pasar un gran rato por su historia, sus personajes y por las anécdotas y conocimientos que están ocultos entre sus páginas. Eso sí, no puedo dejar de advertiros también de que no estoy muy segura de que sea un libro factible para la piscina o para la playa, y no lo digo por sus más de 500 hojas en una edición que no es de bolsillo, sino porque no podréis evitar sacar los móviles a cada rato para buscar la cárcel de El Saladero; cómo era antiguamente la Calle Preciados; cuándo se construyeron la Gran Vía y la Puerta del Sol tal y como las conocemos hoy en día; qué es el libro Enoc sobre ángeles o en qué consistían la fantasmagoria, la craneometría o la frenología. ¡Avisados quedáis!

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El guerrero a la sombra del cerezo, de David B. Gil

el guerrero a la sombra del cerezo

el guerrero a la sombra del cerezoJusticia. Valor. Benevolencia. Cortesía. Honestidad. Honor. Lealtad.

Siete virtudes y un único camino: el del guerrero.

El bushido.

Era éste un camino arduo, de origen desconocido, y de principios morales no escritos que moldeaban la vida del guerrero. Máximas grabadas a fuego en el alma, el corazón y la mente de los caballeros del Japón antiguo. Un código moral que albergó y acomodó ideas y conceptos de diferentes fuentes, tanto religiosas como filosóficas. Del budismo tomó la serenidad de afrontar de forma sumisa lo inevitable. La sosegada contemplación por alcanzar la perfección provino del Zen. El compromiso inquebrantable de deberse a una vida de equidad, sencillez y lealtad hacia el soberano además de un amor devoto, no solo para con su patria, sino hacia todos los seres vivos, fue tomado del Sintoísmo. El Confucianismo marcó los preceptos éticos y políticos, además de una profunda veneración por los antepasados.

A estos preceptos comprometían toda su existencia los samuráis; una forma de vida, que además era una seña de identidad de su casta, que acogían con serenidad y complacencia. La lealtad y el honor eran pilares maestros que regían, y sobre los que se apuntalaba, el techado de moralidad del samurái. Si éste cometía deshonra, solo la muerte mediante suicidio ritual podía deshacer el agravio. Pero, ¿y si el agraviado era él? ¿Y si la vileza de un enemigo inhumano aniquilaba una vida de fidelidad? ¿Y si todo lo que amaba le era arrebatado? ¿No sería justo tomar represalias? La venganza en ocasiones también formaba parte del camino.

De ese tipo de venganza, pero también de redención, nos habla David B. Gil en su novela El guerrero a la sombra de cerezo editada por Suma de letras. La novela, de género histórico, pero repleta de aventuras (de las clásicas, de las que dejan marca; cicatriz de por vida), nos traslada a uno de los períodos más convulsos del Japón antiguo. Un Japón que dejaba atrás una guerra civil que lo había desangrado durante cientos de años. El Período Sengoku y sus violentas guerras intestinas parecían ir quedando atrás. Con todo, El Período Edo, con su nuevo gobierno, vivía una calma tensa. No eran pocos los señores feudales que aún movían ficha para conseguir más poder. Aunque ello significara aniquilar un clan.

Seizo Ikeda, hijo pequeño de un señor feudal, es el superviviente de una de esas aniquilaciones, y junto a su vasallo Kenzaburo Arima deberán huir y esconderse. Desterrados, y siempre mirando por encima del hombro a la espera de un nuevo ataque, subvertirán las normas que rigen las clases sociales por el bien común. El servidor se convertirá en maestro. El señor en alumno. Entre ambos gestarán el principio de una dilatada venganza repleta de enseñanzas vitales.

Por otro lado, seguiremos los pasos de Ekei Inafune, un médico algo peculiar y muy abierto de mente que aprendió, de unos jesuitas venidos de occidente, técnicas curativas que levantan no pocas suspicacias entre todos aquellos que solo confían en la medicina tradicional del país. No será este el mayor de sus problemas cuando se vea envuelto en un complot que podría traer de nuevo la guerra entre clanes.

A través de los ojos de estos personajes, y como si pudiéramos no solo desplazarnos en el espacio sino también en el tiempo, exploraremos el Japón de los señores feudales, de los samuráis, de los asesinos que se ocultaban en las sombras y de las concubinas que de amar hacían casi una experiencia extrasensorial. David B. Gil, mediante una prosa sosegada que fluye como la caída de una flor de cerezo, precisa y equilibrada como una katana bien forjada y con la cadencia y profundidad musical de un haiku, nos hace partícipes del rumbo que toma la vida de los diferentes e inolvidables personajes de esta novela. Vidas que son historias, historias que son aventuras que el autor entrelaza, que las hace deambular en paralelo y que solo ata (tras algunos ingeniosos giros argumentales), para gran sorpresa del lector, cuando él cree preciso.

El guerrero a la sombra del cerezo resulta una excelente novela de ficción histórica en la que el autor nos habla de momentos cruciales en las crónicas de un país, de los artesanos de la época, de religión y creencias, de gastronomía, de la medicina que buscaba evolucionar y de las políticas de entonces. Seremos además testigos de ceremonias milenarias como la del té y comprenderemos lo que verdaderamente significaba ser un samurái. Y todo ello explicado con rigor histórico e incluido en la narración de forma precisa, para que nos empapemos de cultura y folclore mientras nos deleitamos con los sucesos que acaecen en la vida del médico, del maestro y del alumno que es instruido. Y a medida que leemos, las aventuras se van sucediendo, las relaciones se van forjando, e inevitablemente, los lectores también quedamos involucrados (gustosamente atrapados, ¡claro que sí!).

Pero El guerrero a la sombra del cerezo también es una historia de marcados contrastes. La venganza que buscan Seizo y Kenzaburo. La redención que Inafune, tipo con muchos secretos, anhela encontrar. La naturaleza indómita de floreada tonalidad y de tersa fragancia. Las ciudades en las que los bajos fondos apestan a sake, sexo y traición. Suntuosos castillos de señores feudales. Pobreza en cada esquina. Muerte mediante katana. Sanación mediante bálsamos. Contrastes que David B. Gil retrata de forma solemne, creando un mundo tangible, tan bucólico y bello como implacable y cruel. Un mundo magnético al que quedaréis enganchados.

El guerrero a la sombra del cerezo es una novela en la que la historia está al servicio de la aventura. Un imprescindible para todo aquel que disfrute con una historia épica. Además goza de unos personajes memorables (como hacía tiempo que no encontraba en un libro), a los cuales veremos envejecer, sufrir, amar, sangrar, llorar… y que tras la última página, una vez alcancemos el final del camino, sentiremos como si nos despidiéramos de nuestros mejores amigos.

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Belgravia, de Julian Fellowes

Belgravia

BelgraviaHace unos tres años tuve el placer y la suerte de que se cruzara en mi camino Downton Abbey. Recomendada por una amiga que estaba segura de que me iba a gustar, comencé a ver los primeros episodios y acabé totalmente enganchada. Escándalos, intrigas familiares, amores prohibidos y no correspondidos, unido al tema de la figura de la mujer en el siglo XXI y las diferencias entre las clases sociales de la época son algunos de los temas que pude encontrar en esta serie de televisión tan premiada y conocida, no solo en Inglaterra, sino también en el resto del mundo. Mi pasión por el mundo de Downton me llevó incluso a realizar un trabajo el pasado año para mi clase de Marketing Cultural en el máster que estudio actualmente.

Por eso, cuando descubrí que el creador y guionista de esta también escribía libros, todos ambientados en la época victoriana, no me pude resistir. Y he decidido empezar con este.

15 de junio de 1815. Bruselas. Aunque aún no lo saben, los asistentes al baile celebrado a las 22:00 h. en la residencia de la Duquesa de Richmond, están a punto de presenciar una tragedia. Napoleón invade la capital de Bélgica y los oficiales más jóvenes deben acudir a la guerra. Pero no es solo este escenario el que interesa en esta novela, pues esa noche el joven sobrino de la Duquesa muere en batalla y deja tras de sí una serie de escándalos y consecuencias para su familia que se esforzarán por evitar con el paso de los años…

Aunque Belgravia comienza con un ritmo lento y pausado, revela lo suficiente como para mantenernos con la intriga durante el resto de su lectura, en la que descubriremos que no todos son quienes aparentan y que hay muchas mentiras que pueden acabar saliendo a la luz y acabar con la reputación de las dos familias protagonistas de esta novela.

Pero Belgravia no es solo una historia sobre escándalos, intrigas familiares, amores prohibidos y no correspondidos, infidelidades y lucha de clases; es también un relato que profundiza en la moral humana, evidenciando que no ha cambiado en absoluto desde el siglo XXI. Es una novela sobre lo que estamos dispuestos a esconder para proteger nuestra reputación en nuestro entorno y lo que estamos dispuestos a arriesgar para conseguir todo lo que nos proponemos. Aquí es donde entran en juego una amplia variedad de personajes que irán destapando las máscaras bajo las que se esconden en los primeros capítulos de esta novela. Personajes que me han sorprendido, algunos por su evolución y otros por su falta de ella, a partes iguales.

A pesar de que en las últimas cien páginas se me ha hecho pesada la lectura por su previsibilidad y repetición de escenas, la forma de escribir de Julian Fellowes me ha encantado y me ha transportado a la Inglaterra victoriana, incluso a la sociedad descrita en Downton Abbey. Su ambientación es espectacular y su prosa directa y sencilla hacen que sea una lectura que se devora en pocos días.

Belgravia es una lectura rápida, entretenida y que gustará sin duda a todos los apasionados de la época victoriana inglesa. También es una lectura que trata temas muy diversos de la literatura universal: amor, amistad, traición, avaricia, egoísmo y lujuria, entre otros. Aunque, por último, tengo que admitir que este libro no llega ni a la suela de los zapatos a Downton Abbey. Aquellos que no la hayáis visto, no sé a qué esperáis para empezar a hacerlo. ¡Maggie Smith en el papel de la Condesa Viuda es digno de ver! ¡Y cuánto antes!

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