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A grandes males, de César Pérez Gellida

a gramdes males

a gramdes malesFin.

¿O no?

Acabo de terminar A grandes males, el tercer y último libro de la segunda trilogía de César Pérez Gellida Refranes, canciones y rastros de sangre, y, viendo con pesar que todas las tramas han quedado cerradas y los nudos muy bien atados, no puedo evitar preguntarme… ¿será este el fin? ¿No volveremos a leer sobre Sancho, Erika, Karatu y demás? Porque eso mismo creí cuando acabé la anterior trilogía, Versos, canciones y trocitos de carne y al poco Gellida nos regaló con la estupenda Sarna con gusto… Así que sí, yo confío en que tendremos algo del vallisoletano pronto.

¿Y bien? ¿Qué tal este último tomo? Pues, francamente, a la altura de todos los demás, aunque tiene un tono notablemente distinto. La pluma de Gellida es brillante y lo que nos cuenta lo cuenta muy bien, pero esta es la menos negra de todas sus novelas negras (sin contar Khimera, que aún no ha caído en mis manos). Si en la primera de esta trilogía el tema era el secuestro y en la siguiente la trata de blancas, aquí es más una trama, la principal (y prácticamente la única), de aventuras, de descubrir mediante pistas la localización de un objeto concreto, el Cartapacio de Minos, siguiendo el poema de Dante La divina comedia.

El protagonismo se centra en Erika y Ólafur, que han llegado a Buenos Aires dispuestos a deshacerse de la Congregación de los Hombres Puros y para ello deben encontrar dicho Cartapacio, pues contiene la identidad de los integrantes de esa organización criminal y, por lo tanto, es una valiosa prueba para probar ante la justicia su existencia y sus actos. Pero para encontrar ese documento, deben dar antes con un reconocido dantista y experto en masonería que se esconde del mundo y conoce las claves para hallar el preciado Macguffin. Pero claro, no van a ser ellos los únicos que lo busquen…

Gellida nos narra la historia desde dos líneas temporales: la presente y la de los años 20 en Argentina. Una línea pasada muy necesaria para comprender todo lo que hay tras los Hombres Puros, el Palacio Barolo (un edificio cargado de historia y semejanzas con la novela del poeta), las cenizas de Dante… y para poder entroncarlo con los hechos que presenciamos ahora.

A estas alturas no hace falta decir que Gellida es un puto crack que crea unos personajes increíblemente creíbles, y que, a pesar de conocerlos desde hace ya algún tiempo, sigue añadiéndoles matices y rasgos que nos permiten profundizar aún más en ellos. Respecto a los nuevos personajes, que hay unos cuantos, los cincela con el mismo mimo y cuidado que el que tuvo con los ya conocidos, y les da un pasado y origen en los que se extiende sin aburrirnos para nada.

Quiero destacar que Sancho esta vez pasa a un segundo plano. La prota prota de verdad, la Ripley, es, como se deja claro en la portada, Erika. Ella va a llevar la mayor parte del peso de estas nuevas 680 páginas. Lo aviso porque a mí me extraño bastante que tardara tanto en aparecer.

Tampoco hace falta decir, porque de sobra lo sabemos, que la documentación para este libro ha tenido que ser un esfuerzo titánico. Los escenarios callejeros, los interiores del Palacio Barolo, todo lo relacionado con Dante y mil detalles más (balística, glaciares…) son todo un curro que el lector no pasa ni puede pasar por alto. Hay mucho curro, mucho, en este y en todos sus libros, como ya mencioné en anteriores reseñas.

En definitiva, una novela adictiva, un tocho de los que se devoran robándole horas al sueño, imposible de abandonar, que es imprescindible para los que han leído las dos anteriores. Una novela distinta también a las susodichas, con más orientación a la aventura, el thriller de acción, la historia y la búsqueda (del tipo de Indiana Jones buscando el cáliz de Cristo), y mucho menos negra, pero no por ello menos buena, entretenida y satisfactoria.

Gellida siempre deja buen sabor. Siempre. Es un hecho, y su cabeza un portento.

Ahora solo queda esperar a ver con qué nos sorprende el vallisoletano. Hasta entonces tendré que ponerme con Khimera. O con la Divina Comedia, pues todo lo que aquí se ha explicado se ha hecho tan bien que dan ganas de adentrarse en los famosos círculos descritos por Dante.

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El día que se perdió la cordura

El día que se perdió la cordura

El día que se perdió la corduraHay ocasiones que parece que uno está tocado por una varita mágica, como le ha pasado en esta ocasión a Javier Castillo, pero para que pasen las cosas hay que intentarlo una y otra vez. Este autor se autopublicó en Amazon, su novela gustó y se iniciaron montones de descargas, en la actualidad casi cincuenta mil. Supongo que por ese motivo una tarde de febrero Ana, editora de Suma, escribió a nuestro autor y le propuso editarle en papel su novela El día que se perdió la cordura.

Buen olfato en de esta editora, pues aunque yo he leído una segunda edición, me consta que deben llevar cuatro, y no descarto que cuando ustedes lean esta reseña ya lleve seis.

Siguiendo con mis famosas y conocidas casualidades de tipo “Austerianas”, les contaré que este libro ha llegado a mí también de forma casual ya que, en mi casa, por lo general soy yo quien recomiendo libros al resto de la familia, pero en esta ocasión fue mi hija quien me dijo: “¡Atenta a este autor que la está petando con su primera novela en Amazon!”. Miré y vi que casi todo el mundo que la había descargado hablaba de que había llegado al libro por “casualidad” y que no se arrepentían de haberlo comprado. Como ven también mi hija tiene mente de editora 😉

Y así fue que cuando yo quise conocer la historia de este escritor de Fuengirola adquirí ya una segunda edición en papel. Según ha contado él a los medios de comunicación, El día que se perdió la cordura la planificó y escribió durante los 40 minutos diarios que duraba el trayecto del tren de su localidad de residencia a Málaga, ciudad en el que trabaja como consultor de finanzas. “Tardé medio año en planificar la novela y un año en escribirla”, ha manifestado Javier Castillo. Está claro que por su profesión sabe que el tiempo es oro y que todo tiene que estar bien organizado.

Pues bien, este Thriller que hoy les traigo me lo he merendado en dos tardes; el autor ha sabido captar la atención lectora desde el primer capítulo, por cierto, se nota que es un buen lector y sabe que los capítulos cortos y no secuenciales arrastran más allá de la curiosidad, cerca, muy cerca de la adicción.

La historia está narrada en primera y tercera persona, y en tres espacios temporales muy fáciles de seguir para el lector poco habituado a ello, la escritura de Javier Castillo es muy directa, muchos diálogos, frases cortas y un vocabulario muy adecuado para el estilo de lectores que pretende atraer.

“24 de Diciembre de 2013. Boston

Son las doce de la mañana del 24 de diciembre, falta un día para Navidad. Camino por la calle tranquilo, con la mirada perdida y todo parece que va a cámara lenta. Miro hacia arriba y veo cuatro globos de color blanco alzarse alejándose hacia el sol. Mientras ando escucho gritos de mujeres y noto como la gente a lo lejos no para de observarme…”

Así empieza El día que se perdió la cordura, con un hombre al que aun no conocemos que aparece en el centro de Boston, desnudo y sujetando con su mano la cabeza de una mujer.

Pronto el autor nos irá presentando a los diferentes personajes como el Dr. Jenkins, director de un centro psiquiátrico, a Estella Hyden que es agente del FBI o a la familia de Steven y su esposa Kate, con los que nos trasladaremos hasta la localidad de Salt Lake.

Los personajes los deja perfilados pero sin profundizar demasiado en ninguno de ellos, aunque no descarto que este libro tenga una continuación en la mente del autor en la que deberá darle más empaque a aquellos con los que pretenda seguir trabajando. La trama, el encaje de la historia y la forma de cerrarla prevalece sobre los propios personajes.

Ha hecho bien en llevar la historia a EEUU porque aunque siempre he pensado que en España tenemos nuestro Puerto Hurraco particular, hay cosas que solo podemos creerlas cuando pasan en ese lugar en el que puede pasar casi cualquier cosa.

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La chica que dejaste atrás, de Jojo Moyes

La chica que dejaste atrás

La chica que dejaste atrásMira que a mí, los libros que versan sobre las temibles Guerras Mundiales que asolaron Europa, no es que me hagan demasiada gracia, pero llevo una temporada que, muchos de los libros que leo, versan —o al menos en parte— sobre estas barbaries. El último ejemplar de este estilo que reseñé fue El ruiseñor, novela que me encogió el alma a medida que iba pasando las páginas. La chica que dejaste atrás también sobrecoge, pero de una manera un poco más amable. Os voy a poner en situación para que esta reseña tenga sentido:

En plena Primera Guerra Mundial, Sophie ve cómo su marido tiene que marchar al frente. En un principio pensó que las tropas alemanas no llegarían hasta su pequeño pueblo, donde regentaba un bar junto con su hermana. Pero Sophie no podía estar más equivocada. Cuando un comandante alemán cruzó la puerta de su establecimiento, Sophie pensó que todo su mundo se iba a ir al traste. Su marido, a cientos de kilómetros y ella ya casi sin fuerzas ni alimentos que ofrecer a sus clientes; factores que no le ayudaban precisamente. Así que cuando el comandante quedó prendado de un cuadro que retrataba a Sophie (pintado por su marido), esta se pensó lo peor. La obsesión del comandante por ese cuadro llegó a rayar la locura, hasta el punto de enamorarse de esa mujer. Pero Sophie hacía mucho que dejó de ser la chica del cuadro, alegre, soñadora, apasionada.

Un siglo después, ese cuadro pasaría a manos de Liv Halston, cuando su marido se lo regaló como regalo de bodas, poco tiempo antes de morir repentinamente. Encontró ese cuadro en Barcelona, pagando por él una cantidad irrisoria. Liv jamás se imaginaría que tenía en sus manos una obra millonaria y que un policía lo estaba buscando con todas sus fuerzas, por tratarse de un cuadro robado.

Conocimos a Jojo Moyes en Antes de ti y Después de ti. Y mentiría si dijera que La chica que dejaste atrás no me ha recordado a esas dos novelas. Aunque al principio viajamos a una época diferente, a la que no nos tiene acostumbrados esta escritora londinense, la verdad es que en un personaje en concreto encontramos muchos rasgos que nos hacen recordar a Louisa Clark, lo que por otra parte es maravilloso, ya que irradia una personalidad abrumadora y cuya peculiaridad hace que le cojamos aprecio y simpatía desde un primer momento.

Esta novela habla de la persona que dejamos atrás cuando la vida se vuelve árida y gris. Habla del recuerdo que queda en la mente cuando eres consciente de que todo ha cambiado. Una guerra, una pérdida, da igual. Nada puede ser lo mismo que era en un principio. Tanto Sophie como Liv vivieron una época en la que eran felices, alegres, soñadoras. Pero después de vivir los momentos más duros que el destino tenía preparados para ellas, ya nada queda de las chicas que fueron algún día. De ahí el título. La chica que dejaste atrás es esa chica llena de esperanzas, de ilusiones, de felicidad. Ahora, después de tanto sufrimiento, solo queda pérdida, dolor y desamparo. Cuando el comandante se enamora de la chica del cuadro, no tarda en darse cuenta de que Sophie ya no es esa chica. Que esa joven desapareció el día en que su marido se fue al frente. Lo mismo pasó con Liv. Hubo un tiempo en el que fue feliz, pero la repentina muerte de su marido hizo que las ilusiones y la esperanza se desvanecieran casi al instante en que el alma de su marido volaba lejos de su cuerpo.

Es una historia que sobrecoge porque vas viendo, página a página, cómo esas dos mujeres luchadoras, se dan cuenta de que ya no son lo que eran hace años. Y eso rasga un poquito el corazón. Porque no hay nada más triste que saber que, tiempo atrás, fuiste feliz. Y ahora eres incapaz. Como las anteriores novelas que he leído de Jojo Moyes, este libro es carismático y muy entretenido; ha logrado que me pusiera en la tesitura de las dos protagonistas y que me preguntara si, en algún momento, echaré de menos a la chica que soy ahora mismo.

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El baile de las luciérnagas, de Kristin Hannah

El baile de las luciérnagas

El baile de las luciérnagasEsta es una novela sobre la amistad, pero una amistad duradera, profunda, ante todo y sobre todo y para toda la vida. Yo, que soy bastante optimista en general, en este caso, me admira este tipo de uniones amistosas tan profundas, yo creo que no conozco ninguna realmente, me suena a ficción, a cuento de hadas. Igual soy algo descreída o muy cerrada y aunque he tenido (y tengo) amigos y amigas a los que quiero mucho, yo creo que las personas en la vida de uno, vienen y van. Algunos dejan más huella que otros, para bien o para mal. A algunos los tienes durante mucho tiempo al lado y a otros los llevas en el corazón siempre, pero yo creo que una amistad tan fuerte e indestructible como la que nos cuenta Kristin Hannah en este libro, ya no deben de quedar muchas. O sí, y yo ando algo perdida en mi mundo y no me entero.

El baile de las luciérnagas es una historia preciosa sobre la vida de dos chicas, Kate y Tully. Tully ha vivido casi siempre con sus abuelos, ya que su madre hippy viene y va. Tiene miedo al abandono y a ser rechazada. Kate crece en una familia estable, modesta, se siente algo fuera de sitio en el instituto porque no es de las populares y en casa tiene los problemas de una chica de su edad, lo normal. Se conocen en 1974 durante la adolescencia, siempre una edad de profundos cambios, decisiva para el futuro y se hacen muy amigas en muy poco tiempo. Los arrebatos de esas edades, que se inflaman y desinflaman en tiempo récord. Pero, a pesar de ser muy diferentes y contra todo pronóstico, seguirán siendo muy amigas a lo largo de los años y los cambios. Tully es todo pasión, fuego, activa, algo descreída, ambiciosa, un huracán. Kate es más tranquila, reflexiva, romántica y tradicional. Se complementan.

Durante la novela las vemos crecer, estudiar, enamorarse, llevarse decepciones, alegrías, avanzar y progresar. Cada una a su manera, durante mucho tiempo juntas y de la mano, después, cada una por su lado. Pero siempre mantendrán un vínculo fuerte.

El libro está dividido en partes, por décadas, y dentro de estas, por capítulos. Hay muchas referencias musicales, que acompañan toda la historia. Yo me he pegado un atracón y me lo he leído en tres días, aunque tiene 600 páginas, pero es que es tan bonito. Está muy bien llevado, te engancha, hay mucho diálogo, estás deseando saber cuál es el siguiente paso que van a dar, qué les va deparando la vida, cuales son las consecuencias de sus actos… la vida misma. A veces te enfadas con una, a veces te da rabia alguna posición que toma la otra. Yo me he sentido identificada con alguna de las dos en algunos momentos, quizá más con Kate, por mi forma de ser, pero son personajes reconocibles, cercanos, entendibles, aunque no estés de acuerdo con algunas decisiones que toman.

Aunque ellas dos son las protagonistas, hay más personajes interesantes, como la madre de Kate, que es la Madre, así, con título honorífico. Me gusta mucho su figura. También Johnny va a ser un secundario muy importante, qué no os cuento el papel que tiene, porque os fastidio el devenir del relato. Más tarde Marah, también me parece que aporta cosas interesantes a la novela.

Es un libro conmovedor, tierno y emocionante, he reído y he llorado mientras lo leía. Puede que literariamente se le pueda sacar defectos, pero como yo no soy experta y la forma de contar la historia me parece adecuada y el contenido me ha llegado al corazón, os recomiendo el libro con entusiasmo.

Me he acordado de un cuento que leí no sé cuándo, sobre la amistad y del que os pongo la moraleja: “Cuando un amigo nos ofende o nos hace daño, debemos escribirlo en la arena para que el viento del perdón y el olvido lo borre cuanto antes. En cambio, cuando nos ayuda o nos da una alegría debemos escribirlo y grabarlo en una piedra para no olvidarlo nunca.” Que no sé si viene de un proverbio árabe o de Jorge Bucay, pero no importa, el mensaje es muy sabio. Tendemos a hacer al revés. Las amistades que duran son las que se aplican el cuento. Bueno, las amistades, y en general, cualquier relación.

P.D.- Llevo dos libros seguidos en los que ronda el perdón, preciosa capacidad liberadora.

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La química, de Stephenie Meyer

La química

La químicaNo sé si debería empezar esta reseña hablando de Crepúsculo, pero dado que es en lo que he estado pensando todo el tiempo hasta que he tenido este libro en mis manos, creo que no hay otra manera de romper el hielo.

Yo tenía catorce años cuando me topé con la historia de Bella y Edward. En ese momento de mi vida y, sobre todo dos años después, me sentí muy identificada con Bella y eso me había pasado muy pocas veces al leer un libro. Este hecho hizo que leyera la saga con más intensidad y más curiosidad de las deseadas, pero también hizo que disfrutara muchísimo conociendo el oscuro Forks y sus seres no humanos. Y además, tengo que decirlo, fue la primera vez que leí un libro en el que los vampiros eran los protagonistas. Por eso Crepúsculo es tan importante para mí, porque hizo que descubriera mi amor por Anne Rice y, sobre todo, por Bram Stoker. Así que, gracias, Stephenie Meyer por introducirme en el mundo de la noche y hacerme ver que puede ser un lugar maravilloso.

Ahora, yendo a lo que tengo que ir, os diré que cuando leí que Stephenie Meyer iba a publicar su primera novela para adultos me sentí emocionada y ansiosa por saber qué historia se traería entre manos. Ya en su día leí El huésped, novela también dirigida a un público adolescente pero que dejaba de lado el tema vampiro-licántropo para ubicarnos en un mundo lleno de extraterrestres. No sé por qué no se le ha dado más bombo a ese libro, porque a mí, sinceramente, me gustó una barbaridad. Pero vamos a ver, yo he venido aquí a hablar de La química y si sois fans de Meyer ya sabréis cómo fueron sus obras anteriores y lo que os interesará saber es cómo es el nuevo thriller que ha escrito. Y yo no paro de irme por las ramas… así que voy a ello.

Nuestra protagonista a veces es Alex, a veces Jules, otras Chris… dependiendo del momento y, sobre todo, de quién esté huyendo. Se ha pasado gran parte de su vida ocultándose y todo por aquel trabajo de máxima seguridad que tuvo hace tiempo. Cuando trabajaba para el Gobierno de Estados Unidos todo parecía salir a pedir de boca pero lo que ella no sabía es que descubriría algo que haría que mucha gente importante la quisiera muerta. Después de mucho tiempo ocultándose, su antiguo jefe le propone una oferta para firmar la paz, una tregua que hará que ella no tenga que huir nunca más. Tendrá que ayudar al Gobierno a buscar una cepa de gripe mortal que los enemigos quieren difundir por Estados Unidos, cepa que si se libera, hará que millones de personas mueran dolorosamente. Pero en su búsqueda, conocerá a Daniel, que supuestamente es la clave de la investigación de nuestra protagonista. Lo que ella no sabe es que Daniel se convertirá en un quebradero de cabeza, al despertar en ella un sentimiento que no entraba en sus planes.

Stephenie Meyer deja de lado el mundo sobrenatural para adentrarse en algo muy real: La química, que no tiene ningún misterio para nuestra protagonista. Por fin tenemos entre manos a una heroína que parece muy real y que no necesita a nadie más a su lado para mantenerse con vida. Es inteligente, intrépida, valiente, decidida y, sobre todo, conoce la química mejor que la palma de su mano. Con sus armas, elaboradas por ella misma, tendrá que luchar contra el enemigo más poderoso de todos y al que todo el mundo parece temer.

En fin, qué más decir de este libro. Que Meyer lo ha vuelto a conseguir. Se ha vuelto a consagrar como una gran autora de bestsellers que sabe dar a su público lo que necesita. Y lo que es más importante: sin mostrar ni un solo rastro de las que fueron sus obras anteriores. Y eso, aunque me haya declarado fan de Crepúsculo y de El huésped era exactamente lo que esperaba de ella.

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Círculos, de Manuel Ríos San Martín

circulos

circulos¡1, 2, 3, 14! ¡Melocotonazo al canto y vértigo! Eso es lo que es y lo que tiene este libro. Una velocidad y un ritmo vertiginosos, brutales, que se mantienen constantes en todo momento sin decaer para nada, sin bajar un ápice la aguja del velocímetro a lo largo de todo el recorrido, porque si la velocidad baja, la bomba del autobús explotará… Al principio piensas que será solo el comienzo, un principio fuerte, arrollador, algo para atrapar al lector y tenerle ya así enganchado para el resto del libro, que irá perdiendo fuelle, pero qué va. Círculos es un prodigio, ¡un puto prodigio!,  en lo tocante al ritmo desenfrenado y es algo que le viene muy bien al libro al ser un reflejo de la inmediatez, interactividad y rapidez con la que disfrutamos/padecemos el intercambio de (des)información gracias a las, ya no tan nuevas, tecnologías que nos tienen absorbidos sin ser muchas veces conscientes de ello.

Estamos en Londres, en el Londres (como dice el libro) “desde donde se miden todas las distancias”. El Londres de un futuro próximo, preapocalíptico y futuramente posible muy del estilo de la estupenda serie (no conozco a nadie que no le guste) Black Mirror, en donde el Big Data está más presente que nunca.

Un Londres que lleva ya varias semanas soportando una huelga de basureros, un Londres (o tal vez un mundo) donde han aumentado de forma espectacular las infecciones por anisakis, los animales tienen comportamientos extraños y llevan meses registrándose múltiples casos de suicidios de estos; un Londres en el que han pasado varios años ya del Brexit y las tasas de paro, sobre todo entre los jóvenes, alcanzan niveles estratosféricos. Ese es el escenario que con gran lujo de detalles nos va a describir Manuel Ríos San Martín.

Es también un Londres en el que los realities y los concursos extremos parecen haberse adueñado de la parrilla televisiva y será desde uno de estos desde donde se abrirá el melón de las continuas catástrofes que se desatarán una tras otra en cadena.

Un concursante morirá en directo en uno de esos programas y la señal no se corta, sigue emitiendo sin interrupción. La audiencia sube y Twitter está que arde. Parece estar claro que todo se debe a un desgraciado accidente, pero el inspector Jellineck no lo ve tan claro, para eso le pagan. Además, el presentador del programa desaparece justo en el momento en el que el concursante va a morir y días después interrumpirá la señal de televisión de la cadena para lanzar un inquietante mensaje: “Os voy a joder la vida. A todos”.

Ese será uno de los ejes del libro: la investigación policial.

–¿Te acuerdas cuando parecía tan solo un accidente en un concurso de televisión? Ojalá hubiese sido eso.

Otro eje será el que siga a Patrizia, una chica con la cabeza rapada, desencantada con el mundo que conoce, con una casa llena de televisores encendidos que no apaga ni para dormir, que cuida su cuerpo con ejercicio y a la vez lo daña haciéndose pintadas hasta sangrar y subir las fotos a Instagram. Patrizia se unirá a un grupo de activistas antisistema con la intención de abrir los ojos a una sociedad aborregada y domesticada, con los cerebros lavados y, curiosamente llenos de mierda, por medios y redes sociales.

Sobre estos dos ejes ser irán articulando unos cuantos personajes más, con mayor o menor protagonismo, pero todos relevantes y necesarios, que ayudarán a completar y vertebrar los ejes y los protagonistas de la novela (Patrizia y Jellineck), proporcionando así a la novela aún más profundidad y una sensación de estructura enorme, compacta, bien armada y compleja de trasladar al papel pero fácil de leer.

Círculos es un thriller espídico, enorme, absorbente y necesario. Una novela negra con la que pasárselo teta que, a pesar de sus 424 páginas, se lee rapidísimamente. Muy bien escrito, con frases cortas y directas que hacen que la lectura sea agil y rápida, con capítulos en los que los personajes se hacen carne al estar tan bien perfilados, con historias que van a confluir en un todo, y es también una crítica a los monopolios informativos y a los contenidos manipulados morbosos y simples en los que cada medio, ya sea periódico, emisora de radio o televisión, arrima el ascua a su sardina.

Una crítica a una sociedad conectada cada vez más desconectada y más alienada por los móviles, phablets y redes, que se cree cualquier cosa sin contrastar, simplemente porque lo ve iluminando su black mirror particular. Porque somos como somos, para bien o para mal, y nos quedamos viendo los accidentes de tráfico, o asistiendo como si fuera un espectáculo a las decapitaciones por guillotina, o sacando fotos al cadáver colgante de Gadafi…

¿Acaso apartaríamos la mirada si en un programa de televisión estuviera muriendo un concursante?

Círculos es un libro brillante, como el arroz, que describe muy bien la realidad del momento que estamos viviendo y se atreve a profetizar un futuro cercano de manera veraz y realista con una trama apasionante que engancha desde la primera hoja.

Es un best seller pero despojado de lo malo que se asocia a estos. Narrado en tercera persona con un desarrollo impecable. Los personajes son del todo creíbles, son de carne y hueso, como ya he dicho antes; la historia se estructura de forma hábil e inteligente y su recuerdo permanece porque ha tocado partes de ti que reconoces en él.

No descarto que se lleve al cine o mejor aún, a un formato serializado, porque es un libro que se presta a ello con facilidad, es muy visual y adaptable y además tiene ciertos pasajes que me recordaban el universo de V de Vendetta.

Si no fuera porque estamos aún a principios de marzo, diría una de esas frases grandilocuentes que las editoriales ponen en las fajitas: “El mejor thriller del año. Todo un melocotonazo”.

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La pareja de al lado, de Shari Lapena

La pareja de al lado

La pareja de al ladoLlevaba una larga temporada buscando un libro de suspense que me enganchara desde el principio hasta el final. Uno de esos que hacen que no puedas parar de pensar en la trama y que te montes en tu cabeza una infinidad de teorías que hagan que sepas quién es el asesino antes de llegar a la última página. Y también necesitaba un libro en el que nada pareciera lógico. La pareja de al lado tiene todos estos ingredientes, así que no es de extrañar que lo haya leído en un día y medio. Cuando me quise dar cuenta, había devorado más de doscientas páginas del tirón y yo madrugando al día siguiente…

Que el libro me enganche, está bien. También que me impida olvidar la trama mientras no lo estoy leyendo. Y, por supuesto, que me haga creer que soy mejor detective que los que salen en sus páginas. Pero lo que más me ha gustado es que nada es lo que parece. Ya sé que esta frase puede sonar a cliché. Es algo típico que se suele decir de todos los libros de suspense. Pero es que en este caso, es totalmente cierto. A medida que van pasando los capítulos vemos que nos acercamos a lo que parece una explicación lógica de todo lo que ha sucedido, pero poco a poco esas verdades se desvanecen dando lugar a más incógnitas y a más preguntas.

Shari Lapena nos traer la historia de una pareja perfecta. Recientemente casados y con una niña de unos pocos meses, Anne y Marco parecen vivir una vida idílica. Él tiene una empresa que va viento en popa y que les ha permitido pagarse una casa en la mejor zona de la ciudad. Pero el embarazo ha dejado en Anne trazas de lo que parece una depresión bastante grave y que hace que la vida perfecta de matrimonio que aparentan tener se tambalee peligrosamente. Y todo estalla cuando Anne y Marco van a cenar a casa de sus vecinos, una pareja moderna y chic, que no soporta a los niños. Así que la única manera de ir a esa cena es dejar a la niña sola en casa. No pasa nada, se turnarán cada media hora para revisar que la niña está bien y además tendrán el escucha, que les permitirá saber si pasa algo en la casa que está a menos de diez metros. Pero cuando termina la cena y Marco y Anne regresan a casa, se dan cuenta de que la niña ha desaparecido sin dejar rastro.

A partir de ese momento, La pareja de al lado se convierte en un tren sin frenos que parece no tener destino. La trama de mentiras se va haciendo cada vez más y más grande, hasta que estalla dejando restos de metralla a su paso. Encontramos personajes que saben más de lo que dicen y otros que han vivido engañados durante muchos años. Marco y Anne se desesperan en la búsqueda de su hija, parece que todo este asunto se les queda grande y que no van a ser capaces de encontrar a su pequeña Cora.

Es una historia rápida, que avanza a pasos agigantados y que en cada capítulo nos dará una nueva pista que hará que no podamos soltar el libro ni un solo momento. Algo parecido me pasó con La chica del tren. Son historias que nos dan lo que queremos: una desaparición/asesinato/misterio, personajes que esconden secretos y una trama veloz que parece que no tener fin.

Yo estoy metida en un grupo de Facebook en el que comentamos las lecturas que vamos haciendo cada mes y me sorprendió que en enero este libro de Shari Lapena fuera el más leído de todos. Así que no podía hacer más que leerlo para saber qué era lo que había hecho que tanta gente se enganchara. Y ya he entendido por qué. Y es que, si te gustan los misterios y dentro de ti vive un detective, este libro será un imprescindible de tu colección. Solo diré una cosa: yo no fui capaz de adivinar quién era el malo. Con eso, creo que lo digo todo.

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Cuchillo de palo, de César Pérez Gellida

cuchillo-de-palo¡Joder, Ramiro! ¡Jo-der! ¡Hay que joderse, hay que joderse y hay que rejoderse…! , como tú mismo dices. ¡Cómo eres! Cuando ya has dejado atrás toda la mierda que tuviste que pasar con Augusto Ledesma y luego un poco más con el secuestro de Margarita Zúñiga, vas tú solito y te tiras de cabeza a una piscina llena de fango y vete a saber qué más…  Mejor sería que te aplicaras uno de tus refranes, o mejor te digo uno que te va que ni pintado: Consejos vendo y para mí no tengo.

En fin. A Ramiro Sancho, nuestro inspector patrio más maltratado por la vida (que tiene sus cosas), amante del rugby, el refranero (¿el apellido Sancho será un homenaje al gran conocedor de refranes Sancho Panza?), la música, el buen comer y el recién descubierto geocaching, le han apartado temporalmente del servicio y decide celebrarlo sumergiéndose en una orgía sin fin de sexo, alcohol y drogas. Parece que ha descubierto en alguna parte de su anatomía un botón de autodestrucción y lo ha pulsado a conciencia, varias veces, no fuera a ser que no funcionara a la primera.

Vive en piso en el fin del mundo, en Pontevedra, porque ahí fue donde se le acabó la carretera. Un pisito de soltero que a cualquier mujer espantaría: alguna silla, un colchón en el suelo y un frigorífico vacío, salvo por alguna cerveza. Ideal, ¿verdad? A eso ha llegado Sancho, amigos.  A ese nivel. A la categoría de piltrafa. Y ha perdido peso. Bastante peso. Si no fuera por su barba pelirroja y la calva, tal vez ni le reconoceríais… Y para colmo, ha puesto tierra de por medio sin decir a nadie, ¡a nadie!, adónde demonios va y se ha deshecho de su móvil.

Así están las cosas cuando nos reencontramos con él. Parece que de tanto follar con la misma puta se ha encariñado de ella y por culpa de esas piernas abiertas van a venirle los nuevos problemas.

César Pérez Gellida aborda de forma minuciosa y detallada en Cuchillo de palo el espinoso asunto de las redes internacionales de trata de blancas y prostitución y para ello no duda en usar a Ramiro, usándolo como mejor sirva a sus propósitos. Hay que ser cabronazo después de todo por lo que ha pasado… (definitivamente el autor tiene algo contra los calvos, ya no hay duda…)

Pero no estamos asisitiendo únicamente a la debacle del excomulgado inspector. Simultáneamente veremos las divertidas peripecias de la Congregación de los Hombres Puros y sus luchas intestinas por el poder; y  de Erika, Ólafur y Uriel perseguidos y perseguidores todos a la vez.

Si hay algo que me gusta de las historias de Gellida es que en seguida te metes de lleno en ellas. Con dos frases ya tienes la intriga y ese deseo de querer saber más, de avanzar en resolver la incógnita del momento: “A esas alturas, colgado por los pies de la viga maestra, maniatado y amordazado, tenía la certeza de que iba a morir”. Una frase en este caso, no dos, es la mecha que marca el inicio.

Y si hay otra cosa que me encanta son los perfiles de los personajes. Cada uno tiene una historia personal tras ellos curradísima. Para presentar a un personaje muchos dan detalles sobre nacimiento, estudios, lugares, logros y poco más. Gellida no se limita a enseñarnos el currículum del personaje de turno por muy secundario que sea, no. Nos da tal cantidad de detalles objetivos trenzados con elementos subjetivos del propio personaje que parece que lleguemos a conocerlos como si siempre hubieran estado a nuestro lado. Los dota de cuerpo, son tangibles y tridimensionales y los hace interesantes aunque vayan a morir en la página siguiente.

Añadimos como ingredientes a la “coctelera” un estilo tan visual que parece cinematográfico (de hecho Gellida podría ser un cineasta metido a escritor; ¡si hasta nos pone banda sonora!), unos diálogos nada forzados sino, al contrario, totalmente fluidos y naturales, y algunos giros inesperados tenemos la receta de este Cuchillo de palo, segunda parte de su segunda trilogía Refranes, Canciones y rastros de sangre la cual comenzaba con Sarna con gusto.

No obstante, me gustaría decir que hay un truquito a mitad del libro que, y no presumo de dármelas de listillo ni nada por el estilo pero, no me lo he tragado en ningún momento. Es lo único en lo que para mí ha flojeado el libro. ¿Hubiera afectado en algo la omisión de ese truco? Yo diría que no, pero vaya, que tampoco es algo grave.

Una novela pulida, cuidada, muy bien documentada –eso es siempre marca importante de la casa–,  mimada, sin cabos sueltos, adictiva y dura también en algunos momentos, como la vida misma, aunque no seamos conscientes.

 Otro joyón más, y van cinco, de novela negra para El Calvo de Valladolid.

No sé cómo lo hace para escribir con tanta rapidez mamotretos (desde el cariño) que siempre rondan las 500 páginas, pero, por favor, que no pare y que haga todas las trilogías, tetralogías o pentalogías  que le den la gana, que aquí estaremos todos los gellidistas para recibirlas con los brazos abiertos.

Enorme.

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Miss zapatos de lujo, de Ana Cantarero

Miss zapatos de lujo

Miss zapatos de lujo¿Recordáis el famoso tema Sk8er Boi de la cantante canadiense Avril Lavigne? Era ese en el que una chica dulce, inocente y aficionada al ballet se enamoraba de un chico malo, un rockero que solo tenía por compañía su guitarra y su skate. La canción contaba una historia un tanto machacada ya por aquel entonces: ambos saben que pertenecen a mundos distintos, son conscientes de que lo suyo es imposible, pero al final —en la canción, varios años después—, se dan cuenta de que lo suyo es amor verdadero y que el destino de ambos es estar juntos. Vamos, una especie de Dirty DancingEl diario de Noa o incluso Romeo y Julieta pero con pelos de punta, mechas, rock y tutús de ballet.

No sé si esta pequeña introducción es  la mejor manera de empezar una reseña, pero, sinceramente, mientras leía Miss zapatos de lujo era la canción que resonaba en mi cabeza incesablemente. De vez en cuando se mezclaba con las canciones que tararea a menudo Nick Mendoza, uno de nuestros protagonistas, como por ejemplo About a girl, de Nirvana. Nick es un poco como Kurt Cobain pero dejando de lado el mundo de las drogas. Igual que el de Seattle, es un famoso rockero atormentado que tiene que batallar con los desencuentros de dedicarse a ese mundo. Bebe más de lo que debería, se acuesta con demasiadas gruopis y hace ya meses que no es capaz de componer ni una sola canción decente. Pero entonces se tropieza literalmente con Marta, una redactora de una revista de moda y cuya escala de admiración empieza en Channel y termina en Louis Vuitton. Ella no tiene ni idea de quién es Kurt Cobain y mucho menos de quién es Nick Mendoza. Solo sabe que es un tipo lleno de tatuajes, que le infunde más miedo que admiración y que sus ojos demuestran un deseo y una pasión que no ha visto nunca en otra mirada. Ni si quiera en la de su novio, con el que está pasando una mala época. Pero esa es otra historia.

Por azares de la vida, que tendréis que descubrir en este libro de Ana Cantarero, Marta acaba siendo la asistente del grupo de Nick Mendoza. Creo que no lo he mencionado, pero el grupo se llama Demonic Souls, lo que a Marta no le inspira ninguna confianza. Tendrá que lidiar con el mundo de la noche y con las idas y venidas de un grupo de rockeros, que más bien parecen adolescentes extra hormonados y que nada más que saben hablar de una cosa: de las tías con las que se acuestan. Y también tendrá que enfrentarse a Nick, que la mira de una manera que hace que tiemble de pies a cabeza y que se olvide de su novio y de sus modales de niña bien. Y es que a ver quién se resiste a esos ojos azules de pupilas dilatadas y a esos músculos bañados por decenas de tatuajes que son la huella del pasado atormentado del cantante.

Con estos ingredientes —chico malo, chica buena, novio petulante y celoso, pasados oscuros y bolsos y stilettos de Channel—, ya tenemos la que promete ser una historia amena y entretenida, que hará que se nos pasen las horas sin darnos ni cuenta. Para mi gusto, hay partes en el libro que se hacen un poco lentas. Pero Ana Cantarero no da puntada sin hilo y nos cuenta toda la historia de principio a fin, sin dejarse ni un solo detalle. A pesar de este pormenor, yo he disfrutado con el libro, que me ha hecho viajar por los baretos más cutres de Madrid y por los polideportivos más grandes de toda España. Y es que, ¿quién no se ha imaginado siendo una estrella del rock y dando conciertos ante miles de personas? Sé de sobra que si esto fuera real, yo me quedaría rezagada entre bambalinas al ver a tanta gente aclamando mi nombre, pero como estamos hablando de mi imaginación, yo sería una chica extrovertida y que no sabe lo que significa la timidez. En mi vida real, lo cierto es que me conformo con pegar saltos en la primera fila de algún concierto en el que haya muchas guitarras y muchas púas volando por los aires.

Y, como hasta la mejor canción tiene su fin, voy a ir terminando esta recomendación, porque si no veo que os acabo contando con todo lujo de detalles cómo Nick es capaz de hacer que Marta se olvide de su novio por unas horas y de cómo esta se convirtió en su musa, capaz de hacer que todos los demonios que lleva dentro se convirtieran en la melodía más perfecta jamás compuesta.

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Después de ti, de Jojo Moyes

Después de ti

Después de tiMientras leía este libro solo se me venía una pregunta a la cabeza: ¿cómo voy a reseñarlo sin “spoilear” la primera parte? Contextualicemos. Después de ti es la continuación del best seller Yo antes de ti, donde Louisa Clark conoce a Will Traynor, o lo que queda de él. Porque Will, un chico aventurero, arriesgado, amante de la vida, sufre un trágico accidente que le deja atrapado dentro de  los límites de una silla de ruedas. Se queda tetrapléjico. Louisa es la chica que le cuida, que le hace compañía, que le da las medicinas y le limpia, que aguanta su mal humor día tras día y que tiene una única meta: hacer que renazcan en él las ganas de vivir. ¿Cómo hablar de la segunda parte sin explicar el final de la primera? Es un gran dilema. Podría explicaros qué pasó y por qué ahora Louisa se ha mudado a Londres, lejos de su pueblo natal, o podría simplemente hablar de por qué me decidí a leer estos libros y qué he sentido cuando he buceado entre sus páginas.

Siempre he odiado los spoilers. Mucho. Ese odio acérrimo nació el día que una amiga me contó quién moría en Harry Potter y el misterio del príncipe y desde entonces me prometí que jamás, costara lo que costara, haría lo mismo. Por eso no os voy a decir qué pasó con Will, ni por qué ahora Louisa trabaja en un bar de un aeropuerto donde tiene que llevar un uniforme que le hace parecer un elfo pornográfico. Ni quién llama inesperadamente a su puerta haciendo que su vida dé más vueltas que una lavadora centrifugando. Y tampoco os voy a contar quién es Sam. Y mucho menos por qué Louisa acaba hecha añicos en el suelo de Londres tras haberse caído desde una azotea.

Tengo una camiseta que me regalaron al comprar el DVD de Big Fish, esa película tan extraña de Tim Burton donde salen Ewan McGregor y Helena Bonham Carter (añadir aquí muchos corazones) donde se puede leer “nunca hablábamos de lo que no hablábamos”. Esta frase tiene mucho sentido en esta reseña: ya hemos hablado de lo que no vamos a hablar. Por lo que ahora, que ya hemos marcado los límites, os voy a contar por qué me decidí a leer este libro.

Hace más o menos un mes, haciendo papeleo en Santander, me pilló una tromba de agua. Una de esas de verano que hacen que se te cale hasta el alma. Mientras amainaba, entré en mi lugar preferido: la librería más grande de Santander. Recorrí todos y cada uno de sus pasillos y acabé comprando Yo antes de ti. No tenía ni la más mínima idea de qué iba, pero tenía curiosidad por leer el libro del que todo el mundo hablaba. Cuando monté en el autobús de vuelta a casa, lo empecé. Y me quedé a cuadros nada más leer el primer capítulo. Yo me esperaba una historia de amor, de esas empalagosas y con muchos corazones y mariposas revoloteando por las páginas. Pero estaba muy equivocada. Más que una historia bonita, es una historia cruel. Jojo Moyes nos muestra una vida destrozada, unos sueños frustrados, una vía por donde las esperanzas se escapan de las manos. Y Louisa tiene que lidiar con todo ello. Tiene que tragarse sus miedos, su mal humor y sus rabietas para intentar que el día a día de Will sea mejor.

La segunda parte sigue esta tónica. Louisa continúa presa de esos miedos que no le dejan avanzar, que no le dejan desarrollarse como persona. La tienen postrada tras esa barra en un aeropuerto donde todo el mundo parece tener un destino, menos ella. En Después de ti, Louisa tendrá que ponerse en pie, despojarse de todos esos miedos y aprender a vivir. Pero, por suerte, no lo hará sola. La persona misteriosa que llama a su puerta (y no es con un sentido metafórico), le enseñará que es cierto eso que dicen de que la muerte acecha en cada esquina y que no solo respirar es vivir.

Siempre he oído eso de que las comparaciones son odiosas y yo no puedo estar más de acuerdo. No es justo comparar la primera parte con la segunda, porque no tienen mucho que ver. Lo mejor es leerla sin prejuicios, olvidándose un poco de la historia del primer libro, aunque sin dejar de ser conscientes de que es donde todo empezó. Solo así podremos dejarnos llevar por esta historia cargada de emociones y ser cómplices de los miedos de Louisa. Pero también de su fortaleza, de su capacidad para salir adelante, aunque sienta cómo su corazón llora con cada latido que da.

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Dile a Marie que la quiero, de Jacinto Rey

dile a marie que la quiero

dile a marie que la quieroUno nunca entiende cómo un libro llega a sus manos. A veces es la suerte, otras veces la profesión, en ocasiones una palabra que lleva a tu memoria a navegar por los recuerdos u otras recomendaciones de gente a la que aprecias y de la que valoras su opinión. En el caso de Dile a Marie que la quiero fue la última, para pasar por el juego de ciertos recuerdos durante su lectura. Resultará raro que yo diga esto teniendo en cuenta que el libro se desarrolla en la Segunda Guerra Mundial, pero al final los sentimientos se escapan un poco de las limitaciones del tiempo y el espacio y viajan durante generaciones para hacernos entender que lo que somos, lo que sentimos, lo que generamos, no deja de ser, en cierto sentido, muy parecido sea cual sea la época que nos ha tocado vivir. Y es cierto que, todo aquel que alguna vez me ha escuchado en alguna conversación, no suelen gustarme o, al menos, suelo ser bastante reticente a meterme en la lectura de novelas que tengan que ver con esta época porque me parece que ya está prácticamente contado, que el volumen editorial de este tipo de lecturas tiende a ser excesivo y el hartazgo llega más pronto que tarde. Pero por esos azares de la vida, leo la novela de Jacinto Rey como quien observa un cuadro de la devastación que se causó en la Historia y sobre la conmoción que, en los cuerpos, palpita para llegar a cierta esperanza que no se sabrá nunca si fue el sustituto perfecto para luchar contra la realidad.

Nunca estamos solos. La vida teje una tela de araña que, hilvanada tan fuerte que es capaz de ahogar, relaciona las vidas de más de una persona, convirtiendo diferentes existencias en una especie de río que no termina nunca. Sólo en la muerte. Y quizás ese sea el punto fuerte de Jacinto Rey en su novela. Normalmente, tiendo un puente entre mis impresiones y lo que nos cuenta el autor, definiendo el resumen de lo que nos vamos a encontrar. En esta ocasión no será así por una cuestión: creo que Dile a Marie que la quiero se merece una entrada en su mundo sin informaciones previas. Sabed que es una historia en la Segunda Guerra Mundial. De ahí, uno puede sacar sus propias conclusiones. ¿Será una historia dura? Lo será en cuanto que el contexto invita a las vidas rotas. Una guerra siempre es injusta, tanto para los vencedores como para los vencidos. Pero a pesar del dolor, a pesar de la barbarie, incluso en esos momentos en los que una Historia puede convertir cualquier elemento en motivo de desgracia, esta novela, sin saber muy bien por qué, consigue que se introduzca en nuestro cuerpo un halo de esperanza, ese movimiento que, parecido a un escalofrío, recorre nuestra espalda y consigue de alguna manera paralizarnos.

Jacinto Rey se desenvuelve bien en su novela. No será un juego pesado repleto de datos que lastren el ritmo de Dile a Marie que la quiero y nos permitirá, de esa manera, disfrutar de una historia bien documentada. Y aunque hablemos de una novela, de un autor desconocido, de esa rara avis que aún hoy en día van apareciendo para que los lectores podamos disfrutar de la lectura, siempre tiendo a quejarme de las comparaciones. ¿Por qué promocionar un libro con nombres grandilocuentes? Por ejemplo, Ken Follett. No creo que tenga mucho que ver la forma en la que Jacinto Rey escribe con la del nombrado autor. Por ello, desde aquí, levanto un llamamiento a las editoriales: los lectores queremos voces propias, no imitaciones. Puede que por eso esta novela me haya llamado la atención. Es cierto: la Segunda Guerra Mundial se ha contado de numerosas maneras. Es muy posible, además, que no haya ninguna novedad en el frente sobre lo que sucedió y no debería volver a suceder nunca. Pero lo que sí puede ser diferente, a lo que nos puede invitar esta novela, es a vivir una historia emocionante, una historia coral donde las palabras, los silencios, las existencias, tejidas con la dureza de la realidad, crean vidas y las destruyen.

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Normal, de R. López-Herrero

normal

normal

Normal. Seis letras muy peligrosas. ¿Qué es lo normal? ¿Quién es normal? En realidad todos. “Todo el mundo es normal hasta que lo conoces”, gran frase que tengo de lema en mi perfil de whatsapp y que es totalmente cierta. Todos normales, “normalizados” como los envíos de correos, todos cortados por un mismo patrón, todos con nuestras cadaunadas, lo cual es también otra forma de normalidad. No obstante, todos queremos diferenciarnos, pensarnos, creernos y esforzarnos en ser únicos, vestirnos con ropa que nos distinga, escuchar música distinta… para acabar todos aún más normalizados. Incluso los grupos marginales, los excluidos, de forma voluntaria o no, de la sociedad son algo normal que acaban pareciéndose entre sí, y refuerzan esa normalidad ya que, lo normal es que en la sociedad acaben conviviendo las tribus urbanas, los pobres y los “normales”.
Hasta aquí todo normal. O no. Porque, como bien he dicho, todo el mundo es normal hasta que lo conoces y, entonces, de normal poco. Nada. Más bien, bastante anormal.

Pues eso es lo que pasa aquí. Tenemos un asesino tan excesivamente normal por fuera, que los testigos de sus asesinatos no reparan en él. Todos le describen como “no sé, era normal…” y esto saca de sus casillas al policía Félix Fortea, a quien Lara, la psicóloga, intentará ayudar con imposibles diagnósticos como prosopagnosia, o ceguera facial, o amnesia colectiva, sin creérselo ella misma.

Los sucesos avanzan a buen ritmo. Conocemos a los personajes y nos vamos turnando al meternos en la piel de alguno de ellos, incluso en la del asesino. Sus voces están bien llevadas en todo momento, el vocabulario es muy coloquial, sin términos grandilocuentes ni una prosa llena de florituras, lo cual se agradece y es lo que pide el libro. Por otra parte, Fortea, a su edad, sigue siendo un friki que además se liga a la psicóloga buenorra y flipa por eso durante toooodo el libro. (Tengo que reconocer que esta es la única pega que le pongo al libro, la increíble rapidez con la que se la liga o con la que ella se deja ligar).

Pero lo mejor, aparte por supuesto de la fluidez y facilidad con la que avanza la trama, y de pasar miedo por los protas a medida que pasamos las páginas, es la recreación de escenas cotidianas, la relación entre Fortea y Ana y entre Fortea y sus compañeros de trabajo, así como la inclusión de la pandilla friki que vive en La Cueva y que forman la sección informática, de los que no se sabe qué comen, pero los donuts son una apuesta segura.

El estilo de López-Herrero es tan visual, que en muchos momentos parece que estemos visualizando una película o algún episodio del palo de CSI, y eso es algo que a mí personalmente me gusta. Si cuando lees un libro visualizas a la vez lo que estás leyendo, o tienes mucha imaginación o el libro es bueno. O las dos cosas.

Descolocados como están, con teorías que van del asesino en serie a bandas organizadas del este, Fortea irá estrechando el círculo poco a poco, hasta que algo le detiene.

Confieso que hace tiempo que oí hablar de R. López-Herrero, pero no fue hasta hace unas tres semanas cuando me decidí a leer su Antonio mató a Luis con un hacha porque le debía dinero, un policíaco en clave cómica. Confieso también que no me gustó y no pude acabarlo, pero se veía que sabía escribir. Cuando me enteré de la existencia de Normal decidí darle otra oportunidad. Esta vez era un policíaco “serio”, o al menos no cómico. Y no me arrepiento. Lo he leído con mucho interés, he sentido la tensión de algunos momentos, me he sobresaltado en otros, me he llegado a emocionar y también he sonreído.

Los personajes me han perecido muy bien tratados, para nada planos, muy verosímiles y creíbles. La investigación me la creo y el desarrollo ha ido un ritmo que era el que tenía que ser. Y el final… ¡qué jodido gran final! Eso sí que no lo esperaba. Ninguno de los dos finales…

Así pues, si queréis una novela policíaca inteligente, fresca, divertida y muy entretenida para este verano, lo normal sería que leyerais Normal.

@palati77

Autor de Valeria y El diablo da las llaves del cielo

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