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La flor del azafrán amarillo, de Laila Ibrahim

La flor del azafrán amarillo

La flor del azafrán amarilloEscogí este libro por su título y su portada. Sobre todo por el título. Así de simple y de superficial. No se debería juzgar a nadie ni a nada por algo tan superfluo y pequeño, pero lo hice. Lo hacemos todos, nos dejamos llevar por la primera impresión y además nos va a durar mucho esa idea primigenia. Nos costará cambiarla después.

En este caso no me equivoqué. El libro hace honor al título. El relato tiene varias lecturas, pero yo creo que la principal es que es una historia de amor y lo voy a poner porque es así. Me ha costado mucho decidir si la iba a definir de esta manera, porque cuando utilizamos “historia de amor” nuestro cerebro automáticamente piensa en corazones atravesados por flechas lanzadas por rechonchos angelitos, pasiones, atracciones sexuales, ideales platónicos y demás historias románticas. Pues no es eso. Esta es una historia de amistad y cariño más bien.

Os pongo en situación: plantación en un estado esclavista de Norteamérica en la primera mitad del siglo XIX. Mattie, joven mamá, es apartada de su bebé para ser el ama de cría de la recién nacida Lisbeth. El tiempo pasa, la niña va creciendo y vamos viendo evolucionar la relación. Mattie le enseña a valorar las cosas sencillas de la vida y se convierte en el centro del universo de Lisbeth, como ella misma explica. Así dicho no parece gran cosa ¿verdad?; Lo que el viento se llevó ya nos enseñó la vida de aquellas plantaciones. Hay muchas películas y novelas que han tratado el tema de la esclavitud. Me vienen a la mente Raíces de Alex Haley o la maravillosa El color púrpura de Alice Walker, que Steven Spielberg supo llevar tan acertadamente al cine. Por cierto, quien no se haya leído esta última se está perdiendo una obra de arte. Más recientemente Isabel Allende nos cuenta sobre el tema en La isla bajo el mar. La popular Criadas y señoras de Kathryn Stockett podría encajar en esta lista también, aunque no lo llamáramos esclavitud sino segregación racial, ya en el siglo XX.

La flor del azafrán amarillo es otro punto de vista. Nos cuenta la relación de cariño que se establece entre el ama de cría y la niña que cuida. Un amor recíproco, sincero, profundo y respetuoso. Además, nos dibuja la forma de vivir de aquella sociedad dueña y señora de tierras y personas, que además era machista, cerrada, hipócrita y centrada en las apariencias, en la que había que hacer lo previsible, lo que dictaban los mayores y más poderosos, encorsetados y encasillados en el trocito de parcela que tocaba. Mattie y Lisbeth se nos presentan como mujeres fuertes y con otras expectativas. Dispuestas a cambiar y buscar la libertad cada una desde su situación y por su camino, pero entrelazadas sus vidas, porque aunque fueran diferentes clases y posiciones, compartían el mismo espacio y el mismo aire.

Es la primera novela de la autora. Laila Ibrahim tiene experiencia como psicóloga del desarrollo desde la perspectiva multicultural, educadora y cuidadora, según se dice en la presentación del libro. Esto puede explicar la forma tan realista de describir la relación de apego que se establece entre las protagonistas. Porque aunque sea ficción, me dicen que está basado en hechos reales y me lo creo.

La novela está contada de forma sencilla, aunque no puede tener el ritmo trepidante de una novela de acción, no es aburrida ni se hace pesada. Tiene muchos diálogos y los momentos de reflexión de las protagonistas están contados de forma ligera. Quiero aclarar que no es ñoña aunque sea tierna y emotiva en muchos momentos. El lenguaje que se ha utilizado aunque sencillo es como de antaño, como de la época. No sé si es cosa de la traducción o es el aire que le quiso dar la autora. Expresiones como “avispado”, “hincar de hinojos” o “trasalcoba” yo creo que no se utilizan ahora mucho, y me ha surgido la duda de si es la traducción literal del texto o cosa de la editorial.  Según dicen los de AmazonCorssing, han querido hacer traducciones en español neutro, que no tengo muy claro lo que quiere decir. Sé que ciertas palabras y expresiones que no usamos mucho ya aquí, en este lado del Océano, si las usan nuestros hermanos de habla hispana y viceversa. A lo mejor es por eso por lo que hay alguna cosa extraña para mí. Pero está bien recordar que el español es un idioma riquísimo y que cada vez utilizamos menos palabras. Hay que ampliar el vocabulario que utilizamos a diario, que se pierde.

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