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V de Vendetta

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V de Vendetta, de Alan Moore y David Lloyd

v-de-vendettaRecuerda, recuerda, el 5 de noviembre, el complot de la pólvora y la confabulación, no existe motivo para el olvido… 

Estas palabras, transcritas letra a letra, son la antesala de uno de los personajes mejor logrados de las novelas gráficas en lo que va de publicaciones. Y quizá sea decir mucho, pero así es. Y no estoy hablando de este cómic por su adaptación cinematográfica, de la que ya os hablaré en nuestra sección especial, sino porque hace años lo conocí, hace años no pude hacerme con él, y hoy, en otro formato, he podido disfrutar de nuevo de aquella historia que tanto me hizo recrearme, cabrearme, soliviantarme, y ponerme una máscara (en mi imaginación) de ese personaje que a todos reunió hace muchos años y que supuso un golpe duro contra el poder, contra la miseria política, un grito a la rebelión, a la no opresión de los débiles y un puñetazo a todo aquel sistema que, desgraciadamente, hoy volvemos a sentir en nuestras carnes. ¡Larga vida a V señores, larga vida a la venganza contra la injusticia y el terror!

 

Intentar resumir en una reseña todo lo que evoca esta novela gráfica es prácticamente imposible. Parto de ahí porque seguramente me dejaré algo en el tintero que vosotros descubriréis cuando lo leáis. La historia es harto conocida: en un mundo donde el poder es una dictadura, aparecer un personaje que dará al traste con todo aquello en lo que se sustentaba. Un desconocido con una máscara sonriente que se hace llamar V y que proclama una venganza contra todos aquellos que hicieron caer a Inglaterra en aquella espiral de miedo y perversión. ¿Os suena de algo? Sí, es verdaderamente terrorífico como “V de Vendetta” podría trasladarse hasta nuestros días (con ciertas salvedades, claro está, pero en la esencia es exactamente igual) y que podamos conectar con esta historia que se escribió hace muchos años y que todavía sigue vigente. Supongo que eso es lo que hace grandes a las historias.

Podría decir, sin temor a equivocarme, que esta es mi novela gráfica preferida. Por muchos motivos: el autor, Alan Moore, es uno de esos autores que o amas o aborreces, porque su visión del mundo es completamente diferente de lo que está estipulado, y porque algunas manifestaciones y obras parecen más el resultado de una mente enferma, que de alguien con los pies en la tierra (y que conste que esto no lo digo en tono despectivo, ni mucho menos), y que yo, sin duda alguna, amo hasta casi la reverencia por haberme hecho conocer esta historia. El segundo motivo: la actitud generacional que destila toda la obra, que si bien en su esencia comparto, en sus método puede que no, aunque eso no es lo importante, lo verdaderamente crucial es que entendamos de una vez por todas que, el simple movimiento, se demuestra andando, por mucho que otros nos intenten cortar las piernas para que no andemos. El tercer motivo es David Lloyd, que con su dibujo casó a la perfección historia con imágenes y nos regaló a uno de esos personajes que sigo teniendo en la memoria y que tengo que revisitar para poder verle, una y otra vez, la sonrisa permanente en su careta. Y la cuarta: por el trasfondo, por todo lo que conlleva hacerse eco de esta historia, por la cantidad de información que se agolpa en cada diálogo, las insinuaciones, las citas, las reflexiones, qué decir, todo eso y mucho más.

“V de Vendetta” ha sido siempre una apuesta segura por la calidad. Quizá por eso cuando me enteré que ECC la reeditaba en un formato mucho más liviano que el anterior no pude por menos que hacerme con ella y disfrutar otra vez de aquello que ya conocía. Creo haber recogido en el párrafo anterior aquello que transpira por mis poros cada vez que hablo de esta novela gráfica, pero por si eso no fuera poco, simplemente os invito a leer su primer capítulo, sólo eso. Si después de ello no encontráis nada sustancial que sacarle, seré yo quien os invite a lo que queráis para resarciros por mi mala cabeza al recomendar algo que, para mí, tiene un solo nombre, un adjetivo, una forma de expresarse que se resume en dos palabras:

Obra Maestra

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