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Primavera cruel, de Luis Roso

Primavera cruel

Primavera cruelQué maravilla es reencontrarse con un viejo amigo. Con un viejo amigo de los que solo conservas buenos recuerdos, de los que, a pesar de que lleves un tiempo sin hablar, cuando os volvéis a ver es como si no hubiera pasado el tiempo entre vosotros. Este sentimiento es el que he tenido al reencontrarme con el Inspector Ernesto Trevejo, personaje salido directamente de la pluma de Luis Roso, que se estrenaba con Aguacero y hace tan solo unos meses ha publicado Primavera Cruel.

Esta segunda novela nos traslada de nuevo a la España de los años 50. Como en la anterior, la historia arranca en Madrid cuando Trevejo recibe la orden de encargarse de un caso que podría poner patas arriba el régimen franquista. Un joven vinculado con organizaciones contrarias a la dictadura aparece muerto en el Monte del Pardo, cerca del palacio donde vive el Caudillo. En un primer momento cunde el pánico al sospechar que podría tratarse de un intento de asesinato contra Franco, pero ya sobre el terreno, nuestro inspector descubre que en realidad el chico fue asesinado al huir de un coche en el que viajaba con sus propios camaradas. Tras el descubrimiento de otros asesinatos ligados al del joven comunista, Ernesto Trevejo tendrá que viajar hasta un pueblo de Cataluña para tratar de esclarecer el caso.

En Primavera Cruel volvemos a encontrarnos con un noir a la española que nada tiene que envidiar a los de otros autores consagrados. Con un ritmo más pausado e introductorio al principio y, sin embargo, más trepidante aún que el de Aguacero según avanza la historia, nos vamos sumiendo en una apasionante trama policiaca que engancha desde la primera página..

Luis Roso, vuelve a hacer gala de una prosa sencilla pero elegante y depurada que no necesita de grandes alardes léxicos para destacar. Los puntos fuertes del libro son los mismos que los de su antecesora: una ambientación impecable, fiel reflejo de los sucesos y la vida de la época tanto en la gran ciudad como en los entornos más oscuros y rurales. Un equilibrio perfecto entre narración y diálogo, a pesar de que (otra vez más) el segundo acapare un mayor porcentaje del libro, haciéndolo brillar por encima de la mayoría de las novelas negras que se escriben hoy en día. Una trama perfectamente hilvanada, con una investigación metódica y clásica, pero ágil y llena de giros inesperados que harán que nos cueste soltar el libro. Y, por último, la verdadera clave, a mí parecer, de los libros de Luis Roso, el inspector Ernesto Trevejo. Sin profundizar en la vida personal del protagonista ni dotarlo de una vida llena de sufrimientos ni tormentos (como nos tienen acostumbrados la mayoría de los autores de misterio), Luis Roso consigue encandilar con su personaje estrella simplemente dejándole hablar. Porque Trevejo es uno de esos personajes con los que empatizas desde el primer momento gracias a su carisma y a su personalidad irónica, algo pendenciera, pero a la vez humilde y honesta.

La novela no estará exenta de cierta crítica social que, aunque sutil, no deja de mostrarnos las miserias de una dictadura que pretendía reconstruir las ruinas de una cruenta guerra civil y una postguerra que la había sumido del todo en la pobreza y el aislamiento internacional, a pesar de que se empezaba a atisbar cierto aperturismo hacia el exterior. En Primavera Cruel seremos testigos de los primeros pasos de la oposición al régimen, encabezada por algunos jóvenes universitarios que mantenían el contacto con los comunistas exiliados y también podremos comprobar que el nacionalismo catalán no es una tema de ahora, sino que viene de lejos.

La única pega que le puedo poner al libro es que he echado de menos a un personaje que, al igual que Trevejo, me cautivó en Aguacero. Hablo de Aparecido, un guardiacivil que en la novela anterior hacía el papel de segundo del protagonista, y que en esta, aunque sale en alguna escena, no ha tenido todo el peso que me habría gustado, pero que espero que tenga en las siguientes novelas de la saga (guiño, guiño, codazo, codazo). No obstante, Primavera Cruel es una segunda parte excepcional que, casi me atrevería a decir, supera a la primera y que gracias a una trama envolvente, bien desarrollada y ambientada y a unos personajes de excepción, encabezados por su protagonista, te enganchará sin remedio.

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El color de la luz, de Marta Quintín

El color de la luz

El color de la luzDesde siempre me han llamado enormemente la atención las historias ambientadas en épocas anteriores, ¿por qué? Supongo que porque describen un mundo que me es totalmente ajeno, pero también, porque con el paso del tiempo adquieren un carácter romántico y nostálgico que les otorga cierto halo de irrealidad. Estas características se le pueden atribuir a El color de la luz, la segunda novela publicada de la joven escritora maña, Marta Quintín.

El color de la luz nos narra la historia de Blanca Luz Miranda, una anciana empresaria de éxito que utiliza su fortuna para adquirir arte y que en una reñida puja consigue hacerse con un inquietante cuadro firmado por Martín Pendragón. La subasta es presenciada por una joven reportera –sin nombre, para dejar el verdadero y total protagonismo a Blanca Luz y Martín–, que no duda ni un momento en que detrás del exorbitante desembolso, hay una historia que tiene que ser contada. Gracias al curioso e incisivo carácter de la periodista, vamos conociendo por medio de la propia Blanca Luz, su historia y la del famoso artista, explorando distintos tiempos y lugares. Viajamos de la España previa a la Guerra Civil, o de la que se sucedió durante el conflicto; al París artístico de los años 20; o al Nueva York de las subastas de arte de los años 80.

La mayor parte del libro está narrado a través de un narrador omnisciente, exceptuando unas pocas interrupciones en las que la joven periodista nos narra en primera persona los pensamientos y sentimientos que le está suscitando la historia de Blanca Luz y Martín; lo que dota al libro de una frescura que aviva en cierto modo el carácter pausado e intimista que posee. Marta Quintín hace gala de una prosa cuidada y detallista y de un vocabulario rico y cultivado, que confieren a la novela un gran nivel que la distingue de muchos de los libros de su misma temática publicados hoy en día.

Si su léxico y su manera de narrar sorprenden gratamente, no lo hacen menos sus protagonistas. Unos personajes tan complejos, llenos de matices y reales, que a pesar de la dificultad que puede llegar a suponer comprenderlos e identificarse con ellos en determinados momentos, no puedes dejar de acompañarlos en sus aventuras hasta el final. Es especialmente destacable la protagonista femenina, una mujer tan volubre, perdida y caprichosa como fuerte, valiente y descarnada. Es una antiheroina, que a pesar de sus muchos defectos y de su carácter dañino y, en algunas ocasiones deshonesto, te engancha.

No descubro nada nuevo a nadie si digo que la vida es complicada, que está llena de altibajos y que tan pronto estamos arriba creyéndonos los reyes del mundo, como caemos hasta el lugar más profundo de un hoyo que parece interminable y del que somos incapaces de ver la salida. Antes o después todos pasamos por ambos puntos, ninguno nos libramos de esta travesía que va desde la felicidad más plena hasta la tristeza más honda. Por supuesto, cada uno pasamos más o menos tiempo en un estado o en el otro y son muchas las circunstancias que influyen en ello; unas propiciadas por nosotros mismos y otras que simplemente nos toca vivir sin que nada podamos hacer. Este tema lo encontramos magníficamente plasmado en El color de la luz, especialmente en la figura de Martín Pendragón, nuestro gran artista, al que vemos crecer a lo largo del libro, luchando por conseguir su sueño. Tendrá que enfrentarse a un padre estricto e intolerante que no le permite dedicarse a su gran pasión, al desamor y al abandono, y al inició de una nueva vida fuera del hogar y de su ciudad natal, luchando con uñas y dientes para lograr su sueño. Blanca Luz, aunque de otro modo, también tendrá que hacer frente a un buen número de obstáculos a lo largo de la historia, pero, sobre todo, tendrá que enfrentarse a sí misma, como la mayor traba para alcanzar la tranquilidad y la felicidad.

A pesar de que los personajes están íntima y estrechamente ligados al mundo del arte, este no es el verdadero tema del libro, sino que el eje sobre el que gira toda la historia es el amor. Pero no un amor cualquiera. Estamos muy acostumbrados a las historias románticas de chica conoce a chico, chica y chico se enamoran, sufren unos cuantos obstáculos que, generalmente, superan y acaban comiendo perdices hasta el final de sus días. Sin embargo, esta novela no es sobre un amor tan plano y perfecto, sino que nos muestra un amor real, difícil, tóxico, tortuoso, imperfecto y sobre todo, insuficiente. Porque aunque nos cueste hacernos a la idea, a veces el amor no puede con todo y puede no ser suficiente. A veces, dos personas se quieren, pero no saben quererse bien. El color de la luz es una historia, al igual que sus protagonistas, compleja; que nos adentrará en las capas más profundas del alma del ser humano.

El arte es como el amor. Nos dedicamos a escribir libros que nadie leerá, a pintar cuadros que no colgarán de ninguna pared y a enamorarnos de gente que jamás nos corresponderá. Lo sabemos y, aún así, lo seguimos haciendo. El ser humano es la única criatura de la naturaleza que se empeña en cosas tan poco prácticas. ¿Por qué será?

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La última pintura de Sara de Vos, de Dominic Smith

La última pintura de Sara de Vos

La última pintura de Sara de VosLeonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Van Gogh, Rembrandt, Monet, Picasso… Los nombres propios de la Historia del Arte se escriben en género masculino. Si le preguntamos a cualquier persona de a pie el nombre de alguna pintora famosa, lo más probable es que no sepa decir ninguno. Y es que, parece que las mujeres empezaron a pintar hace dos días. ¿Antes? Su papel se limitaba al de musas o modelos en las obras de los grandes pintores masculinos que todos conocemos. Las mujeres no empiezan a formar parte y ser reconocidas de manera oficial en el mundo del arte hasta el siglo XIX, en el que algunos autores como Monet o Manet, las aceptan como pupilas en sus talleres de arte, y empiezan a sonar nombres como el de Berthe Morisot. Anteriormente, las autoras dependían del beneplácito de los hombres para darse a conocer y su única opción era ser hijas o esposas de un pintor o un académico. No obstante, aún hoy, las mujeres siguen siendo las grandes ausentes de los libros de texto de la Historia del Arte y, si salen, es en un capítulo que agrupa los nombres más importantes, pero no figuran como nombres propios al igual que los hombres en los capítulos dedicados a cada siglo o movimiento artístico.

La mayoría de los cuadros pintados por mujeres permanecen en el anonimato y los que están firmados por ellas son considerados de menor categoría que los firmados por los hombres. Esta realidad se pone de manifiesto en la “La última pintura de Sara de Vos”, de Dominic Smith. El autor australiano nos introduce en el papel que ha jugado la mujer en el mundo del arte mediante la figura ficticia de Sara de Vos, una pintora holandesa ubicada en Ámsterdam en el siglo XVII, y que, como muchas pintoras reales que sí existieron, estaba limitada por su género a pintar los temas que se consideraban adecuados para una mujer: retratos, interiores y, especialmente, bodegones; ya que no podían practicar dibujo al natural (con un modelo desnudo) ni pintar paisajes al aire libre.

“La última pintura de Sara de Vos” se mueve en tres planos cronológicos: Ámsterdam, 1631, Sara de Vos, es la primera mujer admitida en la Guilda de San Lucas y, a pesar de las restricciones temáticas, tras un trágico suceso en su vida, pinta la imagen de una niña en un bosque nevado; Nueva York, 1957, la única obra que ha sobrevivido de Sara de Vos, “En el linde de un bosque”, cuelga de la pared del cuarto de Marty de Groot, un prestigioso y adinerado abogado de Manhattan, que no sospecha que Ellie Shipley, una joven estudiante de arte, ha sido contratada para realizar una falsificación de dicho cuadro; Sidney, 2000, la joven estudiante es ahora una reconocida historiadora y comisaria de arte en su país de origen, que ve peligrar la vida profesional que tanto esfuerzo le ha costado forjar, cuando descubre que los dos cuadros de Sara de Vos, el original y la falsificación que ella pintó en su juventud, viajan hacia Australia para formar parte de la exposición dedicada a las pintoras del Siglo de Oro holandés que está organizando.

Dominic Smith, por lo tanto, profundiza también en el rol desempeñado por la mujer en una sociedad que no le permite desarrollarse más allá del ámbito doméstico. Se ve el cambio producido durante el tiempo: su casi total anulación en el siglo XVII, las dificultades que aún padece en los años 50, y la gran evolución sufrida en pos de la igualdad en el año 2000. Utilizando el cuadro pintado por Sara de Vos como eje para entrecruzar los tres planos temporales que narra, el autor, también aborda el impacto que el arte, un determinado cuadro, puede tener en la vida de varias personas de tiempos y lugares diferentes. Pero no sólo nos narra a la perfección como funciona el mundo del arte a través de un gran y preciso trabajo de documentación, sino que aborda temas tan dispares como la superación de la perdida de un hijo o la imposibilidad de traer uno al mundo, el ocaso de un matrimonio y la emoción de un nuevo amor, la aceptación de la vejez y de la muerte, las luces y sombras que todo ser humano posee y, especialmente, la ética profesional y personal. Como dice el propio autor, el libro habla de la falsificación física, pero también de la moral, ¿cuál es más nociva?

Detrás de “La última pintura de Sara de Vos” también hay un gran trabajo en el desarrollo de los personajes. A pesar de los continuos saltos en el tiempo y de protagonista que se producen en cada capítulo, Dominic, profundiza magistralmente en el alma de cada uno de los personajes. Y aunque, al principio, pueda parecer que lo hace más en el caso de Ellie y de Marty, ya que aparecen en más capítulos y los conocemos en dos fechas distintas; cabe destacar el retrato que hace de Sara de Vos, que también está perfectamente perfilada debido tanto a sus propios capítulos, como a su obra y a lo que los otros personajes hablan de ella siglos después.

Otro de los puntos remarcables de la novela, es la manera en la que el escritor nos presenta las desigualdades sociales, a través de los diferentes estilos de vida de los personajes. La más absoluta ruina y pobreza, representada en la vida de Sara de Vos y su marido en el siglo XVII, o en la vida de Ellie Shipley en los años 50, una joven estudiante que se ve obligada a realizar trabajos ilegales para mantenerse y para abrirse un hueco en su profesión; se contraponen a la riqueza y la comodidad de la vida de Marty de Groot, en la que abundan las fiestas en su casa de Manhattan, llena de preciadas obras de arte, con lo más granado de la sociedad neoyorkina.

Aunque en el libro se trate este amplio abanico de temas, Dominic Smith, lo hace de un modo tan natural y cohesionado, que en vez de resultar una mezcolanza difícil de digerir, que en determinados momentos nos podría incluso llegar a sacar del libro, es todo lo lo contrario. Todo rema y viaja en una misma dirección para presentarnos una historia armoniosa, franca y conmovedora que lees casi sin darte cuenta, gracias a una prosa muy visual, detallada y preciosista, que en su pluma parece fácil, pero que no lo es en absoluto.

Cada capítulo, cada escena que nos narra, parece un cuadro gracias al detalle con que el autor lo describe. Y es que, “La última pintura de Sara de Vos”, es como un cuadro pintado con una vasta combinación de trazos de distintos grosores y materiales, que si te acercas demasiado eres capaz de distinguir, pero que al alejarte y abarcar de un único vistazo, te permite advertir una pieza armoniosa, completa y perfecta.

Al igual que los árboles, los cuadros han respirado el aire que los rodeaba y ahora exhalan parte de los átomos y las moléculas de sus anteriores propietarios.

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Detrás de sus ojos, de Sarah Pinborough

Detrás de sus ojos

Detrás de sus ojosSecretos, secretos, secretos. La gente está llena a rebosar de secretos si te fijas bien

Hace unos días, la polifacética y todopoderosa, Oprah Winfrey, daba un discurso histórico delante de algunas de las personas más famosas de Hollywood en la la 75 edición de los Globos de Oro al recoger el premio Cecil B. de Mille. El discurso era un poderoso alegato contra el acoso y el racismo que mantuvo a miles de personas pegadas al asiento. En él, también hablaba sobre la fuerza y la importancia de la verdad: “de lo que estoy segura es de que decir la verdad es la herramienta más poderosa que todos tenemos”. La verdad, la mentira y lo que se encuentra entre ellas, los secretos, son armas poderosísimas que mueven nuestras vidas, e incluso, el mundo.

Cuando le confiesas un secreto a alguien, al principio te sientes genial, pero después se convierte en una carga, en un nudo en el estómago, porque sabes que has encerrado algo que no podrás volver a encerrar y que ahora otra persona es dueña de tu futuro. Por eso siempre he odiado los secretos: es imposible guardarlos.

Si digo que a los seres humanos nos atraen los secretos no estoy descubriendo América. Es un hecho. Nos encanta el morbo de lo desconocido, de lo oculto. Todos llevamos un pequeño Sherlock Holmes dentro que no puede resistirse ante un buen misterio. Cuando sabemos que alguien oculta algo, instantáneamente queremos descubrirlo y la realidad es que todos guardamos uno o varios secretos, ya sean más o menos candentes, por lo que el misterio nos rodea miremos a donde miremos. Detrás de sus ojos, de Sarah Pinborough, es una buena muestra de ellos. La novela nos presenta a Louise, una madre divorciada que trabaja como secretaria en una clínica dental y que tiene una vida social casi nula. Una noche conoce a David en un bar y ambos se sienten irremediablemente atraídos, sin embargo, la cosa no va demasiado lejos ya que él se echa atrás en el último momento. Al día siguiente, Louise conoce a su nuevo jefe y no es otro que David que va acompañado de su bella mujer, Adele. Hasta aquí podría tratarse de una historia romántica de enredos más, pero una mañana Louise y Adele chocan en plena calle y comienzan una extraña amistad. A partir de ese momento, Louise se ira adentrando en terrenos pantanosos a medida que va intimando con el matrimonio y descubriendo sus más oscuros secretos.

Sarah Pinborough, nos introduce en una historia que atrapa de la primera a la última página y que, como las matrioshkas rusas, encierra un secreto dentro de otro que iremos descubriendo a través de la voz de las dos mujeres, Louise y Adele, y en dos momentos temporales, pasado y presente. Las dos protagonistas están tan logradas y sus voces tan diferenciadas, que llega un momento en el que podríamos saber cuando habla cada una aunque el libro no nos los especificara al empezar cada capítulo. Además, ambas son unos personajes tan complejos, carismáticos e interesantes, con sus luces y sus sombras, que se hace difícil tomar partido por ninguna de las dos.

Desde el momento en el que abrimos el libro nos vemos atrapados en una telarañara tan adictiva que somos incapaces de cerrarlo hasta saber cómo acaba todo. Pinborough, lo consigue mediante una prosa ágil y sugerente que hace que el suspense se palpe a lo largo de todo la historia, a la vez que la sensación de inquietud e incomodidad que nos provoca el conocimiento de que algo malo va a pasar, va in crescendo.

Detrás de sus ojos navega entre varios géneros cogiendo características de todos ellos: de las novelas de misterio, las de terror, y las de fantasía y ciencia ficción. Sin embargo, a pesar de que pueda parecer algo complicado y confuso, la autora sale más que airosa de esta mezcla y consigue una obra perfectamente construida en la que cada palabra está milimétricamente pensada para llegar a un final de infarto que difícilmente nadie se espera y en el que absolutamente todo encaja. Así bien, sólo me queda quitarme el sombrero ante Sarah Pinborough por haber conseguido un libro tremendamente placentero, minucioso y redondo. ¡Chapó!

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Al caer la luz, Jay McInerney

Al caer la luz

Al caer la luzCuando comienzo un libro, en un primer vistazo, lo ubico automáticamente en una de entre dos opciones: los libros con una trama envolvente y desenfrenada que te obligan a no cerrarlos hasta el final y los libros que te van engatusando poco a poco por sus personajes y por las ideas que van calando en ti. Los segundos, son libros que no devoras, que lees de una manera más pausada y reflexiva porque necesitas digerirlos con moderación. Los primeros son como una película que ves de una sentada sin despegarte del sofá y los segundos son como una serie que vas disfrutando lentamente a lo largo del tiempo. Al caer la luz, de Jay McInerney, se ubicaría en el segundo grupo.

McInerney nos presenta a un joven matrimonio, Corrine y Russell Calloway, una agente de bolsa y un editor bien situados en el Nueva York de finales de los ochenta, y que a ojos de los demás forman la pareja perfecta. Pero según va avanzando el libro veremos que no es oro todo lo que reluce y que detrás de esa imagen de perfección el matrimonio se va resquebrajando poco a poco, a la vez que lo hace una sociedad que tendrá que enfrentarse a las consecuencias del crash financiero ocurrido el 19 de octubre de 1987 en Wall Street.

El libro está escrito en tercera persona y, aunque ellos dos son los personajes en torno a los que gira la trama, iremos conociendo las frustraciones, los anhelos y, en definitiva, la vida, de su círculo más próximo. Se podría decir que Al caer la luz se trata, de algún modo, de una novela coral ya que a pesar de haber dos protagonistas fundamentales, hay varios personajes, todos ellos perfectamente perfilados por la pluma de Jay McInerney. Sin embargo, la intención del autor va mucho más allá. Ha escrito una novela generacional que representa no sólo una época, sino también una ciudad y un estilo de vida.

Al caer la luz es la primera parte de una trilogía que se publicó por primera vez en 1992 y que desde esa fecha le ha valido a Jay McInerney la comparación con autores de la talla de Scott Fitzgerald o Henry James (dos de los grandes autores estadounidenses con los que, por ende, se compara a todo nuevo autor que triunfa en el país). No soy amiga de las comparaciones, considero que cada libro y cada autor son únicos y diferentes, al igual que cada ser humano lo es, y menos de las comparaciones publicitarias que solo buscan vender más y mejor un libro. No obstante, sí puedo decir que Al caer la luz me ha recordado y transportado a otros libros y películas que representan esa época y ese estilo de vida neoliberal lleno de falsas apariencias, expectativas muy elevadas, consumismo, fiestas, drogas y distintas tentaciones que, en este caso, ponen a prueba el matrimonio de los Calloway. Mientras leía, recordaba películas como Bocados de realidad, fiel reflejo de los jóvenes de la llamada Generación X o Generación MTV; El Lobo de Wall Street, un símil demasiado evidente, pero no por ello menos acertado; y, aunque diferente en la trama principal del protagonista de la película (y el libro), American Psycho. Precisamente, también se compara a McInerney con Bret Easton Ellis, autor de American Psycho, ya que ambos pertenecen a la misma generación de autores que se apodó como “Literary Brat Pack”, y que se refería a un grupo de jóvenes escritores que surgieron en la costa este de Estados Unidos a finales de los años 80 y que eran casi tan o más conocidos por sus andanzas entre la “beautiful people”. Este grupo de autores se ve reflejado en el libro, en la figura de Jeff Pierce, un joven escritor de éxito precoz mal asimilado. que se pierde en una vida de excesos y adicciones.

La reedición de Al caer la luz la ha llevado a cabo la editorial Libros del Asteroide, que desde su fundación, se ha encargado de publicar libros que han cosechado un gran éxito al otro lado del charco en las últimas décadas y que no habían visto la luz antes en nuestro país. Estos libros tienen muchos puntos en común y, por eso, el libro de McInerney me ha recordado también en infinidad de páginas a libros como Tantos días felices, de Laurie Colwin; El libro de Jonah, de Joshua Max Feldman; Qué fue de Sophie Wilder, de Christopher R. Beha; e incluso a Canciones de amor a quemarropa, de Nickolas Butler. Todos ellos son libros con un gran trabajo en el dibujo de sus personajes y que reflejan un estilo de vida determinado y la decadencia de un grupo de personas.

Al caer la luz funciona como obra generacional, pero lo hace aún más, cuando se aleja de esa función tan solemne y sentenciosa, para destripar con brillantez y delicadeza la caída de un matrimonio cegado por sus ansias de fama, dinero y poder. McInerney nos muestra lo que queda, como el propio título del libro dice, al caer la luz y el esplendor de unas apariencias y pretensiones, impuestas por una sociedad corrompida por el brillo de la ciudad que mejor ejemplifica el famoso “sueño americano”.

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La casa de los nombres, de Colm Tóibín

La casa de los nombres

La casa de los nombresNos gusta creernos especiales, que nuestros problemas son más importantes y distintos a los del resto, que nuestras vidas y nosotros mismos somos únicos y que lo que nosotros hemos o estamos pasando nadie más lo ha pasado. Nos creemos que nadie más ha sufrido tanto y lo mismo que nosotros; en definitiva, nos creemos el centro del universo. Pero además de eso, también creemos que hemos evolucionado enormemente desde las épocas pasadas. Sí, hemos evolucionado una barbaridad en muchos puntos, pero si hay algo en lo que no lo hemos hecho es en lo personal. Nuestras circunstancias y nuestra manera de vivir han cambiado: nuestra casa, nuestra ropa, nuestra educación, nuestro ocio… Sin embargo, nuestros problemas y nuestros sentimientos más básicos siguen siendo los mismos que han tenido a lo largo de la historia todos nuestros antepasados. ¿Cómo lo sabemos? Gracias a los libros. Lo que estos demuestran es que las vidas de antaño no nos son tan ajenas como creemos. Y, por eso, más allá de la narración y el estilo, muchas obras antiguas son eternas e inmortales, porque podemos sentirnos identificados con lo que cuentan, que se aplica tanto a aquella época como a la nuestra. Éste es precisamente el caso de La Orestíada de Esquilo, una de las grandes y épicas tragedias griegas. Temas y sentimientos como el odio, la justicia, el amor, la venganza, la ambición, la culpa, la muerte… no tienen fecha de caducidad.

Colm Tóibín, autor de Brooklyn y Nora Webster, actualiza estos temas y esta historia en La casa de los nombres, una nueva interpretación de algunos grandes clásicos griegos como La Orestíada, de Esquilo; Electra, de Sófocles; y Electra, Orestes e Ifigenia en Áulide, de Eurípides. La historia comienza cuando Agamenón, rey de Argos, sacrifica a su hija Ifigenia para que los dioses les honren con vientos favorables para ir a Troya. Años después, cuando el héroe regresa a casa vencedor de la Guerra de Troya junto con su amante, Casandra, es degollado por su mujer Clitemnestra y su también amante, Egisto, como venganza. Pero la sangre derramada no acaba aquí, ya que Clitemnestra será asesinada por su hijo Orestes, a instancias de su otra hija Electra, para vengar el asesinato de su padre.

Me he familiarizado con el olor de la muerte. El olor nauseabundo y dulzón que se coló con el viento en las estancias de este palacio […]. Es mucho lo que se ha esfumado, pero el olor de la muerte permanece. Tal vez haya entrado en mi cuerpo y este lo haya acogido como a un viejo amigo de visita. El olor del miedo y del pánico. El olor está igual que el mismísimo aire; retorna igual que retorna la luz de la mañana. Es mi compañero constante.

Los Átridas son una de las familias más sangrientas y conocidas de la historia de la literatura, que inspiraron otras grandes obras como, por ejemplo, Hamlet. Aunque La casa de los nombres se basa en esta historia y en estos personajes conocidos por todos, se podría decir que se trata de una obra completamente nueva, que Colm Tóibín ha reescrito rellenando los “huecos” con su propia imaginación. Las reversiones de libros antiguos son complicadas ya que partimos de la base de que es prácticamente imposible superar a la original, por eso, suelen ser mejores cuando se meten elementos nuevos que aportan algo a la obra original. Pero sobre todo, y más cuando lo que se reescribe es una obra tan conocida, hay que hacerlo desde la humildad y el respeto, lo que en este caso, Colm Tóibín cumple con creces. Mantiene los personajes, el argumento y la forma, pero le da un aire fresco que la convierte es una obra nueva, aunque con la fuerza y el sentimiento de la antigua.

Lo más complicado era meterse en la piel de Clitemnestra, Orestes y Electra; conseguir explicar sus sentimientos, sus pensamientos y sus motivaciones sin destrozar la visión que todos tenemos de ellos y, he de decir, que el autor irlandés lo consigue. Utilizando la primera persona en el caso de las dos mujeres y la tercera en el caso de Orestes, permanece fiel a sus retratos originales pero dotándolos de una nueva vida rica en detalles. Y es que, estos personajes son complejos, no pueden dividirse en buenos y malos, porque todos son héroes y villanos, todos están cargados de razones para pensar y actuar como lo hacen. Son personajes reales, crudos y oscuros.

Cabe destacar que además de sentimientos tan poderosos como el odio, el amor, la venganza o la culpa, en este libro también tiene un hueco importante la religión, pero no de la manera en la que lo esperamos. Mientras que la superstición y la fe en los dioses es lo que lleva a Agamenón a sacrificar a su propia hija; años después, en el periodo en el que se centra el libro, Clitemnestra, Electra y Orestes han perdido la fe y actúan por sí mismos, por sus propias razones, y no por lo que unos dioses déspotas y sangrientos les requieran.

Entre los dioses no hay nadie que ofrezca ayuda, que supervise mis actos y conozca mis pensamientos. No hay nadie entre ellos a quien pueda recurrir. Vivo sola con la estremecedora certeza solitaria de que el tiempo de los dioses ha pasado. No les rezo.

La casa de los nombres es una reversión profunda, poderosa y poética, con el espíritu de la versión original pero recreada con maestría para que tanto aquellos que aman la versión antigua, como aquellos que no se han atrevido a leerla nunca, puedan disfrutarla. Es una obra que se centra en la familia y su dinámica; en el poder y en las luchas que este conlleva; en la muerte y en el asesinato, y en las motivaciones que llevan a ello y la culpa que le sigue. Pero, sobre todo, el libro que nos trae Colm Tóibín, es una obra de lenta digestión, de esas que se te meten dentro y días después te descubres pensando y reflexionando sobre ellas. Es, en definitiva, un libro que llega destinado a quedarse entre nosotros recorriendo los laberintos de nuestra mente, de igual modo que los fantasmas de los asesinados entre los muros del palacio micénico de los Átridas, vagan cada noche por sus pasillos.

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Historias de cine. Relatos que inspiraron grandes películas, de Juan Antonio Molina Foix

Historias de cine. Relatos que inspiraron grandes películas

Historias de cine. Relatos que inspiraron grandes películasA todos los que nos dedicamos y/o nos gusta escribir sabemos que la parte más complicada del proceso de creación de un texto es empezar, encontrar un hilo del que tirar; encontrar esa semilla que crezca poco a poco hasta convertirse en un árbol alto, fuerte y sano; encontrar, en definitiva, la idea del millón. Y para encontrar esa idea bebemos de la inspiración, ese estímulo que nos anima a crear.

La inspiración puede encontrarse en todos lados. En la visión de una pareja que discute y airea sus trapos sucios delante de todos en el súper; de un niño que le cuenta emocionado a su padre como le ha ido en el último entrenamiento de fútbol; de dos amigas que intercambian maquillaje en el metro mientras van a una cita a cuatro; de una chica que pide consejo a una dependienta para elegir un vestido para la boda de un exnovio; de un anciano que con su nieto le echa migas de pan a las palomas… La inspiración se encuentra a la vuelta de cada esquina. Todo lo que vemos, leemos, oímos o nos pasa es susceptible de convertirse en la semilla que nos inspire una gran historia. Y a veces esa inspiración nos viene de la idea de otro. Mientras leemos una historia, nuestra mente va imaginándose lo que lee, va poniendo cara a los personajes; va desplazándose por la casa, el parque, el bar, la calle… donde se desarrolla la historia; va asimilando y comprendiendo, empatizando, con los sentimientos de los protagonistas de la obra… Eso es lo que supongo que le ha pasado a muchos de los grandes directores de cine de la historia. Algunas veces las ideas les habrán surgido de manera directa y novedosa y otras veces, al leer las palabras de otra persona, se habrán imaginado como lo plasmarían en imagen. Gracias a Historias de cine. Relatos que inspiraron grandes películas, edición de Juan Antonio Molina Foix, podemos ver el origen de algunas de las grandes películas de la historia del cine.

J.A. Molina Foix ha creado una antología de relatos que inspiraron a algunos de los mejores directores de cine de todos los tiempos. Pero, además, esas historias fueron escritas también por algunos de los mejores escritores. Así bien, en este libro podemos leer historias escritas por autores como Guy de Maupassant, Stefan Zweigt, Agatha Christie, Daphne du Maurier, Fiódor Dostoievski o James Joyce. Historias que inspiraron algunas películas como Rashomon de Akira Kurosawa, La paura de Roberto Rossellini, Testigo de cargo de Billy Wilder, El hombre que mató a Liberty Valance de John Ford, Los pájaros de Alfred Hitchcock, Una historia inmortal de Orson Welles o Dublineses de John Huston. Como el propio Molina Foix dice en el prólogo, no están todos los que son, pero sí son todos lo que están.

Como en toda antología de relatos el nivel de todos ellos no es lineal, unos son mejores que otros y, además, en este caso, al ser de distintos autores las temáticas son muy distintas. No obstante, todos tienen un nivel bastante alto y aunque Molina Foix no ha podido incluir en el libro todas las historias que le habría gustado por cuestiones de espacio y de permisos, ha escogido una muestra que pretende ser una buena representación de la idea que defiende con esta obra: cuando una película está inspirada en un libro, más que una adaptación totalmente fiel al mismo, debe tratarse de una creación nueva y autónoma. Por eso, ha seleccionado once relatos, porque al ser historias más breves y menos desarrolladas que una novela, los directores tienen tanto la oportunidad como la obligación de extenderse más y elaborar una historia mayor, creando así una película autónoma y personal. Como decía, no todos los relatos me han parecido igual de buenos. Mientras que unos son un pequeño esbozo de una historia a la que los directores han tenido que darle forma y empaque, en definitiva, convertirlos en una historia de verdad; otros brillan por sí solos y aunque breve, nos cuentan una historia con una presentación, un nudo y un desenlace.

Esta reseña es, probablemente, una de las que más me ha costado porque quería hacerlo bien. Quería tener la oportunidad de ver las dos caras de la moneda: el relato y la película; al escritor y al director. Así pues, me he leído los once relatos y he visto las once películas correspondientes, tras lo cuál, creo que he podido vivir la experiencia completa y sí, estoy de acuerdo con Molina Foix. Cuando lo que se lleva al cine es un gran libro, pocas veces (por no decir ninguna) se supera al libro. Pero la cosa cambia cuando lo que se lleva a la gran pantalla es una historia corta. La experiencia es mucho más libre y mientras ves la película, ves la película. Me explico. En muchas ocasiones cuando vemos la película que se ha hecho de un libro (que encima amamos) no podemos evitar comparar cada escena y cada diálogo; comparar a los actores escogidos para dar vida a los personajes del libro con la idea que nosotros habíamos creado de ellos en nuestra mente. Sin embargo, al ver estas películas, apenas pensaba en el relato porque en este caso las películas vuelan solas ya que gozan de una autonomía casi absoluta.

Entonces, ¿qué estoy diciendo?, ¿me ha gustado Historias de cine. Relatos que inspiraron grandes películas o no? Sí, sí me ha gustado porque me ha hecho ir más allá en muchos sentidos. He descubierto historias no tan conocidas de algunos autores muy conocidos y películas que no había visto, me ha hecho reflexionar sobre las diferencias entre el lenguaje literario y el lenguaje cinematográfico y además, aunque algunos relatos no me han”llenado” del todo, otros sí lo han hecho. Como ejemplo, Miedo de Stefan Zweig. Es un relato maravilloso que en pocas hojas te hace experimentar el éxtasis y la emoción de lo prohibido y el miedo y la angustia a verse descubierto. Pocos autores captan mejor los sentimientos y pensamientos de sus personajes y te hacen empatizar más con ellos que Stefan Zweig. Por lo tanto, aunque recomiendo más este libro a amantes del cine que de la literatura, creo que los segundos también se verán recompensados con algunas buenas historias que es posible que no conocieran de algunos de sus autores de cabecera.

 

 

 

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En estado salvaje, de Charlotte Wood

En estado salvaje

En estado salvaje

Se levantó de la cama y notó unos tablones duros bajo los pies. También la aspereza extraña del tejido de un camisón sobre la piel. ¿Quién se lo había puesto? Anduvo sobre los secos tablones de madera y se plantó, alargando el cuello para mirar el mundo a través del espacio estrecho y elevado de un ventanuco. Las dos farolas que había visto en sueños resultaron ser dos estrellas enormes en el cielo de color azul oscuro.

De este modo comienza En Estado salvaje de Charlotte Wood. Es la historia de diez mujeres que son encerradas en unos cubículos, que ellas mismas denominan perreras. Las obligan a llevar ropa vieja, áspera e incómoda y les rapan la cabeza. No saben que las ha llevado a esa granja aislada del resto de la humanidad, y tienen que enfrentarse a la escasez de comida y a la esclavitud a la que se ven sometidas por dos hombres y una mujer, que cada día las obligan a trabajar en la construcción de una carretera. Son maltratadas, humilladas y no tienen modo alguno de escapar debido a la valla electrificada que las separa del exterior. ¿Qué han hecho para merecer ese trato?

En estado salvaje ha sido comparada con El cuento de la criada de Margaret Atwood, obra que en los últimos tiempos a reavivado su fama gracias, en gran medida, a la serie de televisión basada en su historia y al momento actual. Vivimos una época en la que el machismo, el feminismo, la igualdad… están en boca de todos y todo lo relacionado con el tema inmediatamente salta a las portadas y crea debate. No obstante, En estado salvaje tiene varios puntos que lo distinguen de la obra de Margaret Atwood. El más fundamental es que mientras que El cuento de la criada es una distopía (más cercana o alejada del presente), En estado salvaje no hace referencia a ningún tiempo y eso es porque se trata de una historia de ayer, de hoy y de mañana. Habla de misoginia pero también de esclavitud y de supervivencia.

Hace unas semanas los medios publicaron los datos que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) presentó en la Asamblea General de la ONU en relación al alcance real de la esclavitud moderna. El estudio señala que más de 40 millones de personas en el mundo fueron víctimas de la esclavitud en 2016. El género femenino representa el 71%, casi 29 millones, de esa alarmante cifra. Y es que, el 99% de las víctimas del trabajo forzoso en la industria del comercio sexual y el 84% de los matrimonios forzosos, son mujeres.

De esto va el libro de Charlotte Wood, de mujeres que son castigadas por una sociedad que nos divide por nuestro género, que ha sexualizado de tal modo el cuerpo femenino que hace que las propias mujeres nos preocupemos por él, por si enseñamos o no enseñamos demasiado; que hace que algunas mujeres nos avergoncemos de él y otras lo usemos como un arma; que hace que éste levante pasiones y envidias por igual; y que, sobre todo, hace que en un porcentaje demasiado alto nos represente, nos etiquete y nos condicione…

El libro es ficción pero es muy real. Puede que no sea por las mismas razones, con el mismo fin, o a tantas mujeres de golpe, pero cada vez que un hombre acosa a una mujer, viola a una mujer, maltrata a una mujer… la está castigando por eso, por el simple hecho de haber nacido mujer en una sociedad que ha dotado a los atributos femeninos de una sexualidad que que la mujer no ha elegido.

Tras esta reflexión, me gustaría señalar que En estado salvaje no cae en el burdo mensaje de simplificar este conflicto en “mujeres víctimas, hombres verdugos”. Va más allá y nos muestra como las propias mujeres somos en muchas ocasiones nuestras peores enemigas y somos las primeras en prejuzgarnos y etiquetarnos las unas a las otras.

Las chicas veían como Teddy utilizaba a Nancy. Era asqueroso, como todos los hombres, convenían. Eran los hombres quienes empezaban las guerras, quienes cometían las matanzas, las violaciones y mutilaciones.

–Imaginad si las mujeres dirigieran el mundo –suspiró Izzy.

Se hizo el silencio.

–Pero a mí me gustan los hombres –musitó Rhiannon. Todos los rostros se volvieron hacia ella, así que añadió a toda prisa–: No estos, claro.

–Imaginad como sería este sitio si estuviéramos solo nosotras –dijo Barbs.

Las demás lo pensaros en silencio.

–Aún estaría Nancy –dijo por fin la vocecilla de Joy.

–Y Hetty –dijo Maitlynd.

Se estremecieron

Así que no, volviendo a la comparativa entre las obras de Charlotte Wood y de Margaret Atwood, no son la misma historia porque mientras que una podría ser real en algún momento, la otra ya lo es; pero eso sí, ambas cumplen una función y es hacernos pensar en todo esto.

Permitidme, por tanto, que ponga en relieve la importancia de que se escriban libros así. Libros que, a pesar de ser encuadrados en el género de la ficción, son muy reales y abordan la barbarie de la que es capaz el ser humano. En estado salvaje es una historia dura y despiadada que inquieta, que destroza y que en algunos pasajes te hace removerte incómodo; pero también, te hace abrir los ojos y reflexionar.

Charlotte Wood ha escrito una historia que horroriza y cautiva a partes iguales gracias a una prosa directa, natural y detallada hasta el extremo que te hace mascar la suciedad, la rabia, la claustrofobia, la incertidumbre, el miedo, la crueldad; y también, la fortaleza y la lealtad. Pero que nadie se equivoque, porque el estilo de Wood es tan irreverente como cuidado y elegante. Tal vez no es un libro apto para todos los públicos, especialmente para mentes delicadas y susceptibles, pero sí es un libro muy necesario por los temas que aborda.

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Caen estrellas fugaces, José Gil Romero y Goretti Irisarri

Caen estrellas fugaces

Caen estrellas fugacesEl Siglo XIX es un siglo fascinante. Es el siglo de los grandes cambios en Europa: una época en la que la ciencia gana importancia, en el que la gente sale a las calles para pedir el sufragio universal y unas mejores condiciones laborales; es el siglo de la Revolución Industrial y de la razón. Y mientras todo esto se cocía en Europa. España y, especialmente Madrid, la capital, enclaustrada entre el cemento de las murallas que la cercaban; trataba de avanzar y de crecer, de pillar al resto de las grandes capitales europeas. El Madrid decimonónico era una cloaca, un gran pueblo de casas bajas y sucio que recibía gente a la que ya casi no podía albergar. Era un Madrid en el que convivía el inicio de algo nuevo con la tradición de siglos pasados; que se debatía entre la razón de los nuevos tiempos y la fe de los viejos. Este Madrid misterioso, único y complejo es el que nos vamos a encontrar en Caen estrellas fugaces, de José Gil Romero y Goretti Irisarri.

Caen estrellas fugaces nos narra dos intensos días de septiembre de 1959 en Madrid. Parte de un suceso histórico –del que no me puedo creer que no conociera su existencia–: la tormenta solar de 1985 o como es conocida, el “evento Carrington”. Fue la mayor tormenta o erupción solar de la que se tiene constancia y provocó que la tierra se tiñera de rojo y los marineros creyeran viajar en un mar de sangre, que las redes del telégrafo fallaran o que se pudieran admirar auroras en ciudades como Roma o Madrid. Pues bien, a partir de este suceso que mantuvo en vilo a nuestros antepasados, los autores de Caen estrellas fugaces elaboran toda una trama de intriga que llevará a que dos personas, a priori completamente opuestas, se unan para investigar los fenómenos que están teniendo lugar. Éstos son Leónidas Luzón, ‘El León’, un antiguo investigador de falsos milagros aquejado de una fuerte cojera; y Elisa Polifeme, ‘La Divina’, una joven médium ciega, que vive atemorizada por sus visiones. Ambos representan la razón y la fe, las dos corrientes de pensamiento más enfrentadas en esa época. A estos dos protagonistas se unirán una gran gama de variopintos personajes que nos harán aterrizar de lleno en ese Madrid antiguo.

José Gil Romero y Goretti Irisarri son guionistas y se nota. Han escrito una novela muy visual y dinámica, que pasa de un personaje a otro, y que engancha desde el principio gracias, entre otras cosas, al equilibrio perfecto entre narración y diálogo que han logrado. Pero su punto fuerte es lo maravillosamente que han enlazado thriller, historia y fantasía creando una de las novelas más completas que he tenido el placer de leer en lo que llevamos de año. No obstante, si tengo que quedarme con una de estas vertientes, en este caso, lo hago sin duda con la histórica. Es fascinante leer un libro ambientado en tu ciudad ya que hace que lo sigas de un modo distinto, que todo lo veas mejor y que sea más fácil sentirse dentro de la trama, pero si a esto le añades una época pasada que te lleva a descubrir lugares y personas que ya no existen, es imposible que no despierte tu curiosidad hasta cotas inimaginables. Al menos, eso es lo que me ha pasado a mí con esta historia. Es un libro que me ha costado mucho leer, pero no porque sea difícil de seguir, denso o porque no enganche; todo lo contrario, me ha costado porque los autores han hecho una labor de documentación tan buena, que a cada cosa que leía, sentía la necesidad de investigar y leer más sobre las personas, los sitios y las anécdotas que han incluido en la historia.

Llegados a este punto, he de decir que una de las cosas que más admiro de los escritores son las maratonianas jornadas que tienen que pasar documentándose sobre épocas pasadas, personajes históricos, la geografía y la cultura de diferentes ciudades y países, distintas profesiones y los protocolos de actuación en cada una de ellas… Escribir un libro no es una tarea fácil, a pesar de lo que muchas personas puedan pensar. Cualquier libro, más o menos extenso o con una u otra temática, conlleva muchas horas de trabajo, exponer mucho de uno mismo y, en muchas ocasiones, adquirir un gran número de conocimientos que luego hay que saber comunicar. Cuando investigas un tema, como supongo que han hecho José Gil Romero y Goretti Irisarri con el Madrid decimonónico, es fácil querer explayarte y contarlo todo haciendo que la historia pierda frescura y se haga pesada con tantos datos y descripciones. Pero no es el caso de Caen estrellas fugaces, ya que, como decía antes, los autores han conseguido un equilibro perfecto entre todos los elementos que conforman la novela. Por eso, tengo que quitarme el sombrero –bombín, por supuesto– ante ellos por su gran trabajo y recomendaros un libro que os hará pasar un gran rato por su historia, sus personajes y por las anécdotas y conocimientos que están ocultos entre sus páginas. Eso sí, no puedo dejar de advertiros también de que no estoy muy segura de que sea un libro factible para la piscina o para la playa, y no lo digo por sus más de 500 hojas en una edición que no es de bolsillo, sino porque no podréis evitar sacar los móviles a cada rato para buscar la cárcel de El Saladero; cómo era antiguamente la Calle Preciados; cuándo se construyeron la Gran Vía y la Puerta del Sol tal y como las conocemos hoy en día; qué es el libro Enoc sobre ángeles o en qué consistían la fantasmagoria, la craneometría o la frenología. ¡Avisados quedáis!

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La hija del comunista, de Aroa Moreno Durán

La hija del comunista

La hija del comunistaExisten dos tipos de muros: los físicos y los interiores. Los primeros pueden estar hechos de piedra, de espino, de agua e incluso de la nada, de la ausencia de tierra; y los segundos, están hechos de rechazo, de negación, de olvido… ¿Cuál es más difícil de destruir?

Aquel río, el Morava, partió mi vida en dos. Ni siquiera tuve que tocar esta Alemania para darme cuenta. Sus aguas negras, bajo las que quedaría para siempre el gorro de mi madre, comido por el musgo y el barro, dejaron atrás todo lo que conocía. Lo demás estaba mojado. Nunca me permitiría pensar profundamente en todo aquello y menos aún en las consecuencias que pudo tener mi decisión. Cuando un recuerdo lograba colarse en mi rutina, la niña, las flores de las ventanas, la casa, lo apartaba, ponía la televisión o salía a hacer la compra. Como si dentro de aquella frontera yo no tuviera una familia, y no solo fuera apátrida, sino huérfana, como si nunca hubiera recorrido las calles de esa ciudad y todo lo que quedara de aquella mujer educada en el socialismo fuera una ama de casa con pocas o ninguna ganas de demostrar nada a nadie.

El muro físico más famoso de la historia es el que dividió Alemania en dos tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, de 1961 a 1989. 45 kilómetros que partían la ciudad de Berlín en dos, y otros 115 que rodeaban su parte oeste aislando la República Federal de Alemania de la República Democrática Alemana. En los últimos tiempos, otro posible muro se ha llevado toda la atención mediática, el que Donald Trump quiere construir en la frontera entre Estados Unidos y México. Pero, tal y como nos cuenta Aroa Moreno Durán al final de La hija del comunista, existen en el mundo más de quince muros con los que se trata de impedir el flujo de personas de forma violenta. ¿Te sorprende? No debería porque todos nosotros somos expertos en erigir muros y barreras para separarnos y no ver a las personas o los sentimientos que no nos gustan o nos hacen daño. Al principio decía que los muros están hechos de piedra, espino, agua, vacío, rechazo, negación, olvido… pero lo único que tienen en común todos estos bloques, físicos o metafóricos, es el miedo como desencadenante de todos ellos.

Muro de Berlín

Como supongo que ya habréis adivinado, el libro que hoy os quiero recomendar es La hija del comunista, de Aroa Moreno Durán. Un libro que va sobre muros, tanto los físicos como los interiores. La novela nos cuenta la historia de una familia de emigrantes españoles en la Alemania del Este tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, en boca de Katia, la hija mayor de la familia, que nos cuenta en primera persona su vida en el Berlín Oriental, hasta que un día se atreve a traspasar el muro para huir a la Alemania Occidental siguiendo a un chico. Esta huida, en la que abandona a su familia sin despedirse, levantará el segundo muro de la novela, el que la propia Katia crea para dejar atrás su pasado, su antigua vida y el arrepentimiento por lo que ha hecho, la pérdida de lo que ha dejado atrás. La vida de nuestra protagonista quedará dividida en dos –como la ciudad, el país y el mundo en esa época– y nos adentraremos en la historia de la Katia madre y esposa en la Alemania Occidental, que no termina de encontrarse en su nueva vida, en su nuevo papel.

Ahora vivía en un vértice estrecho por el que caminaba como una funambulista que tiene miedo a caer por cualquiera de sus flancos.

La hija del comunista es un libro que pincha, que muerde, que hace daño porque nos muestra las consecuencias de las elecciones, la nostalgia de una persona que deja sus raíces atrás, el arrepentimientos y la culpa de quien sabe que ha hecho daño a quienes más lo quieren, la búsqueda de una libertad y de un sentido a la vida que no se encuentra, las ruinas que quedan cuando un muro largo y fuerte cae y nos deja ver lo que durante tanto tiempo ha permanecido oculto… Aroa Moreno ha escrito un libro que es puro sentimiento. Con frases cortas y directas, casi poéticas, y con insinuaciones e incluso elipsis –porque a veces los silencios, lo que no se cuenta, nos deja ver mucho más que lo que sí se dice–, nos habla de la búsqueda de la identidad. Nos muestra también, en menos de doscientas hojas, el impacto que la Historia –como la del emblemático muro que hace más de 50 años separó dos maneras de entender el mundo– tiene en nuestras vidas.

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Corazón de vinagre, de Anne Tyler

Corazón de vinagre

Corazón de vinagreWilliam Shakespeare es una de las figuras –si no la figura–, más populares y leídas de la literatura universal. Su leyenda es enorme y sus obras se han traducidos a todos los idiomas y las han leído personas de todas las épocas y continentes. Es también el autor que más ha influido en escritores posteriores y sus obras las más reinterpretadas. En 2016 se cumplían cuatrocientos años de su muerte y con ocasión de este cuarto centenario surgía «The Hogarth Shakespeare», un proyecto internacional que ha elegido a algunos de los mejores escritores contemporáneos para revivir la obra del genio inglés. Los libros resultantes del proyecto se publicarán en veinte países, entre ellos el nuestro, cortesía de la editorial Lumen. El primero en llegarnos fue El hueco del tiempo, de Jeanette Winterson, una peculiar revisita de Cuento de invierno y ahora es el turno de Corazón de Vinagre, escrito por Anne Tyler, autora de una veintena de libros –entre ellos: Ejercicios respiratorios, El turista accidental o Reunión en el restaurante nostalgia–, miembro de la Academia de las Letras Americanas y galardonada con un Premio Pulitzer y un National Book Award.

En cuanto leí los nombres de William Shakespeare y Anne Tyler en la misma frase, supe que tenía que hacerme con ese libro. Por si esto fuera poco, la obra que reinterpreta la autora norteamericana es La fierecilla domada, una de las obras más polémicas del Bardo debido al carácter misógino que muchos han visto en la historia ya desde su publicación. Era, por tanto, un proyecto bastante complicado el que tenía Anne Tyler entre manos; reescribir la famosa obra del británico quitándole ese tufillo machista pero sin perder su esencia. Tengo que decir que lo logra de calle porque Corazón de vinagre vale tanto como reversión como nuevo libro. Anne Tyler nos cuenta la historia de Kate Battista, una mujer distinta y con carácter que se hace cargo de su familia, formada por su excéntrico padre científico y su caprichosa hermana pequeña. Kate camina por la vida a su ritmo pero agachando la cabeza ante los demás consciente de que no es lo suficientemente dulce, delicada y femenina que creen que debe ser. El libro comienza cuando el padre de Kate propicia su visita al laboratorio en el que trabaja para presentarle a su joven ayudante extranjero, Pioter Cherbakov –o Piotr Shcherbakov–. Enseguida descubrimos que el padre de Kate quiere que se case con él ante la inminente caducidad de su visado en Estados Unidos para no perder a su mejor colaborador.

Tacto, contención, diplomacia. ¿Qué diferencia había entre tacto y diplomacia? A lo mejor «tacto» era decir las cosas con educación y «diplomacia» no decir nada. Aunque ¿no sería eso «contención»? ¿No equivalía «contención» a las tres cosas? Kate había reparado en que la gente tendía a ser pródiga con el lenguaje. Utilizaba muchas más palabras de las necesarias.

La obra es una sucesión de cómicos encuentros entre los dos jóvenes propiciados por el padre, salpimentados por unos diálogos ágiles, ácidos y brillantes, marca de la casa. Y es que una de las señas de identidad de la autora son sus diálogos ingeniosos y naturales que hacen que todo lo que cuenta, todos los personajes que crea, resulten tan reales como cualquiera de nosotros. Anne Tyler hace todo fácil y real sin grandes aspavientos. No le hace falta. Mientras muchos autores destacan por un lenguaje único y casi poético, ella destaca precisamente por la falta de él. Por ser capaz de impactar, enganchar y camelar al lector de una manera sencilla, casi sin que éste se de cuenta. Este estilo franco y pragmático es el que le ha valido el reconocimiento de público y crítica, reflejado en ventas y premios.

No me puedo imaginar una elección mejor para actualizar esta obra de Shakespeare. En Corazón de vinagre tenemos a las dos hermanas y al padre con el deseo de casar a la mayor y aquí se acaban las similitudes con la obra original porque Anne Tyler, hábilmente, introduce la historia del pretendiente extranjero al que se le acaba el visado y la obra se convierte en la historia de dos personas independientes y con carácter que buscan su lugar en el mundo sin perder su identidad. Ella, una mujer diferente que quiere encajar en el mundo y ser feliz sin perderse por el camino; y él un inmigrante que desea aprender la cultura del país en el que trabaja y vive, pero sin perder las costumbres de su país de origen. De este modo, los personajes ya obsoletos de la historia de Shakespeare, se convierten en dos protagonistas que reúnen muchos de los conflictos a los que nos enfrentamos las personas hoy en día, en una época incierta pero llena de posibilidades.

–¿Qué es eso?–preguntó Kate, corriendo a bajar el fuego.

Bunny se apartó.

–No te pongas hecha una furia, por el amor de Dios –dijo. Sostuvo la espátula como si fuera un matamoscas–. ¿Es tofu?

–¡Tofu!

–¿Me voy a hacer vegetariana?

–Estás de broma –dijo Kate.

–En este país seiscientos sesenta mil animales mueren cada hora todos los días por nuestra culpa.

–¿Cómo lo sabes?

–Me lo ha dicho Edward.

–¿Edward Mintz?

–¿No come cosas que tengan cara? Así que, a partir de la semana que viene, necesito que prepares el puré de carne sin ternera.

–Quieres un puré de carne sin carne.

–Así será más sano. Ni te imaginas la cantidad de toxinas que nos metemos en el cuerpo.

–¿Por qué no ingresas en una secta? –le preguntó Kate.

–¡Sabía que no lo entenderías!

–¡Oh!, ve poner a la mesa –dijo cansada Kate. Abrió la nevera y sacó la olla de puré de carne.

Corazón de vinagre es un libro breve –poco más de 200 páginas– que desde la primera hoja te engancha de la manera más sencilla, sin grandes alardes, con unos personajes interesantes, carismáticos y bien perfilados que hacen de la historia un bonito cuento, una dulce anécdota que te dibuja una sonrisa desde que abres el libro hasta que lo cierras y eres consciente de que has leído algo muy simple y muy complejo a la vez, como la vida misma.

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De buena familia, de Cynthia D’Aprix Sweeney

De buena familia

De buena familiaEl efecto mariposa es un concepto de la teoría del caos que viene a decir que una pequeña acción puede generar grandes cambios. El término proviene de un proverbio chino: “el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo” o “el batir de las alas de una mariposa puede provocar un huracán en otra parte del mundo”. La idea se popularizó al comienzo de los años 2000 con la película El efecto mariposa, protagonizada por Ashton Kutcher. Guardo un gran recuerdo de esta película, que en plena adolescencia –cuando estaba más centrada en mí misma y en mis problemas que en la gente que me rodeaba–, me hizo tomar conciencia de lo mucho que cualquier acción nuestra puede influir en la vida de los demás. Es difícil creer que podamos provocar o cambiar algo al otro lado del planeta, sin embargo, es más sencillo ver cómo impactamos en la vida de la gente que nos rodea, de nuestros amigos y familiares, aunque a veces no queramos ser conscientes de lo mucho que al tomar un camino u otro, decidir una cosa u otra, repercutimos en ellos. Esta idea podemos verla en De buena familia de Cynthia D’Aprix Sweeney.

En este libro conocemos a la familia Plumb: Leo, Bea, Jack y Melody, cuatro hermanos que han crecido en un ambiente disfuncional que ha afectado a la relación que mantienen entre ellos. Su único nexo de unión es lo que llaman “El Nido”, una cuenta corriente con una gran cantidad de dinero que su padre les dejó en herencia con la condición de que se repartiese una vez la hermana menor, Melody, cumpliese cuarenta años. Cuando la fecha se acerca, Leo, el hermano mayor y de vida más disoluta, da al traste con los planes que todos han construido alrededor del dinero que van a recibir. Este “pequeño” accidente revuelve el mundo de todos los integrantes de la familia que, de repente, se ven obligados a retomar la relación y a decidir cómo solucionar sus problemas financieros e impedir que los castillos de naipes construidos con los sueños de cada hermano se derrumben.

“El Nido. Más allá de lo infantil de la palabra, le resultaba incomprensible que un grupo de adultos pudieran usarla sin perder la seriedad, ni pararse un momento a pensar en lo perversa que era la metáfora, y en lo que tenía de reflejo de sus conducta disfuncional como individuos y como grupo. (…) Sabía que el dinero –y los privilegios que solían ir de la mano no ya del dinero, sino de su idea– podía trastocar las relaciones, los recuerdos y las decisiones”.

 

Cynthia D’Aprix ha escrito una novela que gira en torno a una familia y a su manera de relacionarse, pero también en torno al dinero y a lo mucho que puede afectar y suponer en la vida de las personas. El dinero, ya sea su abundancia o su escasez, incluso su simple idea, tiene un peso importantísimo en la manera en la que actuamos día a día. Por eso, su pérdida o su ganancia altera nuestros planes y, en mayor o menos medida, nos altera y cambia a nosotros mismos. Ésto es lo que les pasa a los hermanos Plumb, que han crecido sabiendo que en un momento determinado van a recibir una elevada cantidad de dinero, y con eso en la cabeza construyen su vida con la mira puesta en ese día.

De buena familia es un libro sencillo y cotidiano que, de manera ágil y con un toque de ácido humor negro, narra la relación de muchas familias que por el simple hecho de tener la misma sangre no tienen por qué llevarse bien; de familias que se pelean por una herencia; de familias que rompen y retoman su relación mil veces a lo largo de los años… pero, sobre todo, es un libro que habla de personas, ni buenas ni malas; personas complejas e imperfectas que se equivocan, que se caen y se vuelven a levantar, que están perdidas y les cuesta madurar, que decepcionan a los demás tanto como los demás los decepcionan a ellos. Lo mejor de esta obra es que a pesar de su simplicidad te hace ser más consciente de ti mismo y de tu familia, de tu vida y de cómo la estás viviendo. Y es que, generalmente, no queremos creer que el dinero nos cambia, que seríamos capaces de poner entre las cuerdas a la gente que más queremos por su causa. Pero en muchas ocasiones es así y este libro te hace reflexionar sobre ello: ¿qué harías si mañana heredaras una fortuna?, ¿cambiaría la relación que mantienes con tu gente?, ¿cambiaría tu forma de ser?, ¿y si pasa lo contrario y pierdes una gran cantidad de dinero?, ¿qué estarías dispuesto a hacer para recuperarlo?

Muchos son los que dirán que es una novela para pasar el rato sin muchas expectativas y, de algún modo, puede que sea así porque De buena familia no es un libro para recordar a largo plazo y releer cada año, pero si es un libro para disfrutar y meditar mientras dura su lectura, lo que en los tiempos que corren, ya es mucho.

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