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Diario de un cavernícola del siglo XXI, de Carlos Toledo (T_Diary)

Diario de un cavernicola del siglo XXI

Diario de un cavernicola del siglo XXISi te pregunto quién es Carlos Toledo, es posible que no tengas ni idea. Pero si te digo T_Diary puede que sí. Sobre todo si te mueves a menudo por Instagram y eres uno de sus sesenta y nueve mil seguidores.

Yo no lo conocía, la verdad, ni por su nombre verdadero ni por el artístico. Así que cuando me crucé con el anuncio de la publicación de Diario de un cavernícola del siglo XXI y leí que se trataba de «una suerte de estudio sociológico sobre la actualidad a través de un compendio ilustrado con situaciones humanas de realidades irónicamente cotidianas» me vine arriba y quise leerlo. Será que mi vena sociológica sigue estando ahí, aunque lleve años sin tenerla en cuenta. Y, claro, mis expectativas no se ajustaban demasiado a lo que me iba a encontrar. Aunque reconocerás que la frase grandilocuente con la que lo definían  tuvo parte de culpa, ¿no?

Evidentemente, Diario de un cavernícola del siglo XXI no es un estudio sociológico, tan solo una recopilación de las viñetas que Carlos Toledo cuelga en su Instagram cada día a las ocho de la mañana. Quienes lo sigan y conozcan su estilo no se defraudarán. Y quienes no tengan ni idea de su trabajo, si no van con ninguna idea fija, más allá de pasar un rato ameno, tampoco. Yo me olvidé de mis ideas preconcebidas nada más abrir el libro y me dejé llevar por las situaciones cotidianas que T_Diary recrea a través de sus sencillos monigotes. Porque a sencillez no les gana nadie: unos círculos y unos palitos para representar la esencia de la anatomía humana. Y precisamente por esa extremada sencillez me sorprendió tanto la expresividad que tienen. Igual te cuentan cómo es un fin de semana en una casa rural, los momentos clave del paso del colegio a la universidad o las dificultades de la vida del autónomo. A veces, a T_Diary le basta una viñeta y otras,  dibuja la historieta entera. Y suele acompañar los dibujos con unas pocas palabras, o ni siquiera eso. Tira de tópicos, esas ideas que necesitan poco para ser reconocidas y para que nos sintamos identificados, pero en ocasiones consigue darles un punto de vista nuevo, un giro imprevisto, y son esos casos los que más he disfrutado.

Recurre especialmente a momentos de la infancia y, sobre todo, a los primeros años de juventud, aunque también aborda problemas y situaciones típicas de la edad adulta, por lo que la mayoría de lectores encontrarán gran variedad de viñetas en las que verse reflejados a sí mismos o a amigos y familiares. Sin embargo, he echado en falta que Carlos Toledo trazara un hilo conductor más claro, que le diera mayor consistencia a la sucesión de viñetas que se presentan como un diario, en lugar de limitarse a recopilar simplemente os dibujos con los que ha triunfado en las redes sociales en los últimos años. Es cierto que hay algunas páginas escritas que apuntan a ese propósito, pero no lo han logrado del todo, en mi opinión.

Eso no quita que Diario de un cavernícola del siglo XXI cumpla con su objetivo de sacarnos una sonrisa. Entre la ternura y la ironía, todos nos sentiremos identificados en mayor o menor medida y nos reiremos de nosotros mismos y de la sociedad en la que vivimos. Si sois fans de T_Diary, lo disfrutaréis mucho, y si no lo conocíais hasta ahora, es posible que os aficionéis porque la expresividad de estos monigotes resulta adictiva. Humor gráfico sencillo pero efectivo.

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Gatos en la cabeza, de Laura Agustí

Gatos en la cabeza

En mi cabeza hay muchas cosas. Algunas con más sentido que otras, aunque siempre demasiadas, me temo. Pero si hay algo que Gatos en la cabezasé con certeza es que en mi cabeza hay gatos. Hay un gran hueco para ellos desde que, a los diez años, tuve mi primera mascota felina. Ahora dos gatos, Teo y Flanelle, ocupan ese espacio en mi cabeza (por no hablar de los sofás y camas de la casa). Ellos y, en general, todos los gatetes del mundo, porque los que somos adoradores de felinos no podemos evitar quererlos a todos ellos. ¿La loca vieja de los gatos? Sí, probablemente algún día acabe así. De momento lo tengo controlado, pero no puedo evitar emocionarme cuando veo libros gatunos.

Laura Agustí también tiene gatos en la cabeza. Y eso de tener pájaros en la cabeza y pensar que estos son salvajes y libres no está mal, pero pocos saben lo que es tener gatos ahí arriba. Mucho más divertido, donde va a parar.

Gatos en la cabeza es un libro bonito. No se me ocurre mejor adjetivo o puede que cualquier otro que utilizase no lo definiría mejor. Sí, yo me lancé a por el por el tema gatos, pero reconozco que estéticamente es muy bonito y que las ilustraciones de Laura Agustí, tan minuciosas y cuidadas, son una auténtica joya. Con más de 84.000 seguidores en Instagram, el trabajo de Laura es muy conocido en redes sociales y fuera de ellas. Sus “animalizaciones” y dibujos tan personales se han ganado ya su lugar en el mundo de la ilustración.

Y es lo que vamos a encontrar en las páginas de Gatos en la cabeza, ese universo que Laura esconde en su interior, donde no solo habitan gatos, sino muchos más animales y una preciosa y delicada vegetación que la autora traslada al papel. Y entre las hermosas ilustraciones, los textos de Laura. Pensamientos, recuerdos e ideas que viven dentro de ella y que ha dejado salir en este libro. Supongo que debe haber sido una buena catarsis el liberarse de todos esos pensamientos y plasmarlos en algo tan bonito. Pensamientos breves y sutiles como sus dibujos. No estamos hablando de calidad literaria, hablamos de liberación y belleza y ese es el gran valor de este libro. Os lo he dicho antes, el mejor adjetivo que lo define es bonito. Y está bien que existan este tipo de libros que nos alegren un poquito los corazones y la vista, ¿verdad?

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It’s only Rock and Roll: una historia del Rock ilustrada, de Susana Monteagudo y Marta Colomer-Tutticonfetti

It’s only Rock and Roll

It’s only Rock and RollLa verdad es que tengo un gusto musical bastante ecléctico. Cualquiera que escuche mi lista de reproducción del teléfono podría asustarse. Venga, voy a hacer la prueba. Voy a poner las cinco primeras canciones que salgan en mi lista aleatoriamente. No hago trampa: Turnedo (Iván Ferreiro), Molly’s Chambers (Kings of Leon), Life on Mars (David Bowie), Futile Devices (Sufjan Stevens) y Ciudad de pobres corazones (Fito Páez). Bueno, no se ha portado muy mal. Podría haber sido peor. Podría haber salido Battiato y 50 Cent y a ver cómo explico yo eso.

Con esto quiero deciros que, aunque escucho música muy variada, el Rock es y siempre será uno de mis géneros favoritos. En este sentido soy muy de la old school. Me gustan los viejos rockeros. Lo cierto es que escucho poca música actual, aunque el modo aleatorio me haga quedar mal al decir esto. Soy muy de Zeppelin, Queen, Supertramp, Bowie, Beatles, Leonard Cohen y demás.

It’s only Rock and Roll me enamoró desde el principio. ¿Un repaso a la historia del rock con las ilustraciones de Tutticonfetti? Este libro tenía que gustarme sí o sí. Editado por Lunwerg, editorial que publica maravillas, este libro es otra muestra de ello.

No es que sea un libro exhaustivo sobre los cantantes y sus biografías, que os veo venir, puretas del rock. Es un paseo por la historia del rock en el que aparecen los principales protagonistas de este género desde sus antecesores, como Ella Fitzgerald o Luis Armstrong hasta artistas más actuales como Amy Winehouse o Arcade Fire.

¿Y entre todos ellos? Pues los grandes del género: Elvis Presley, The Who, James Brown,  Jimmi Hendrix, Bob Dylan, David Bowie, Lou Reed, The Clash, Joy Division, Springsteen, The Smiths, Nirvana, Oasis, Beck y un largo, larguísimo etcétera. Lo que más me gusta de It’s only Rock and Roll es que no solo se nos presentan a los grandes, sino que también se hace un repaso sobre la propia historia de rock: los pioneros, las figuras del soul, la chanson francesa, la música psicodélica, el rock progresivo, el heavy metal, el glam rock, el punk, la new wave, el rock de masas, el rock alternativo o el rock actual.

Un viaje muy completo el que nos propone la diseñadora y periodista Susana Monteagudo de la mano de la magnífica ilustradora Marta Colomer. It’s only Rock and Roll me parece un libro perfecto para perderse en él y aprender sobre este fascinante género. Porque puede que solo sea Rock and Roll, pero nos gusta.

 

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Por el olvido, de Aitor Saraiba y Paula Bonet

Por el olvido

Por el olvidoAitor Saraiba quería escribir un libro sobre Roberto Bolaño, pero escribió Por el olvido. Lo que yo no sé es si Saraiba sabe que ha escrito mucho más que eso, porque más que un libro sobre Bolaño este es un homenaje precioso. Saraiba ha creado un universo, que es el suyo propio, y que gira alrededor del escritor chileno. Y ha condensado ese universo en este libro, que es pura magia.

El punto de partida y de regreso es Roberto Bolaño, un escritor capaz de unir a personas que ni siquiera se conocen. Eso es lo que pasó con Aitor Saraiba y la ilustradora Paula Bonet, a quienes, sin ellos saberlo, Bolaño ya había unido hace mucho tiempo con un vínculo especial: el de su Chile y su México, el de las palabras, el de su literatura. Ahora los dos artistas son hermanas, intercambian postales desde donde quiera que estén y juntos han creado Por el olvido, esta maravilla de la que hoy os hablo.

Si esperáis encontrar una biografía de Bolaño o un análisis exhaustivo de su obra este no es vuestro libro. Hay muchísimos libros  que podéis consultar si lo que os interesa eso. Ya os he dicho que este libro es mucho más. Es una especie de almanaque o de laberinto que siempre conduce al mismo camino: Roberto Bolaño como salvación. Sus libros y poemas como botes salvavidas y este libro como mar donde nadar a la deriva, donde perderse en las historias que relata Saraiba, en las perfectas ilustraciones de Bonet, en las fotografías y recuerdos que llenan sus páginas.

Podría contaros mucho más. Como, por ejemplo, que para mí Bolaño también funciona como bote salvavidas. Sobre todo sus poemas. Más de una vez me ayudaron a salvarme de naufragio. Podría deciros que leer este libro ha supuesto toda una catarsis, un viaje precioso de la mano de dos de los artistas más brillantes y llenos de sensibilidad del momento.

Podría haber escrito una reseña mucho más normal. Deciros que no podéis dejar de leer este libro, que si os gusta Bolaño es casi obligatorio, que la técnica, que blablablá. Pero, ¿sabéis qué? Me basta con la magia. Con haberos transmitido todo lo que Por el olvido esconde en su interior. Ahora, lectores, es cosa vuestra el querer entrar o no en este universo Bolaño. ¿Que si merece la pena?, ¿cuándo no merece la pena la magia?

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Wabi Sabi, de Amaia Arrazola

Wabi Sabi

 

Wabi Sabi

Uno sabe siempre cuándo empieza un viaje pero no cuándo se acaba. Suele pasar que, mucho tiempo después de volver a nuestra casa, aún seguimos rumiando las direcciones y los atajos del lugar visitado. Hay algo que queda en la ropa o en el pelo, algo que no estaba al principio de nuestra aventura. Quizás es la magia y la maldición de viajar, que cambia para siempre no sólo la persona que somos, sino también el lugar al que volvemos. Amaia Arrazola es el ejemplo perfecto de esto. Tras recibir una beca para pasar un mes en Tokio, decide aprehender todo lo posible la cultura japonesa y plasmar en ilustraciones el potencial tokiota. Desde sus calles y comercios, hasta personajes y conceptos que todos hemos escuchado de pasada pero que pocos saben definir. El resultado de este proceso es un libro que salió a la venta hace unas semanas de la mano de Lunwerg. Una auténtica delicia visual para aquellos que sufren como yo la fiebre nipona.

A medida que pasan las páginas y los días, el lector siente que acompaña a Arrazola en su viaje. La idea de estructurar el libro en las semanas que la artista estuvo en Japón también ayuda. Así vemos que, conforme avanza su estancia, Amaia pasa de un estado de estupefacción constante al de una normalidad autoinducida. Ella lo explica mejor, dejando claro que el proceso consta de tres fases. Primero, flipas con todo; segundo, empiezas a entender los entresijos de la sociedad japonesa; tercero, comienzas a adaptarte a sus costumbres. Es como si el instinto de supervivencia se esforzara en combatir la epilepsia pop que uno sufriría en Japón si no llegase a normalizar la sobrestimulación.

Los propios los nativos sufren de este bombardeo constante de luces de neón y anuncios de mascotas. Justo por eso, ante la supremacía de lo frenético hay una fuerza antagónica basada en el silencio y en la naturaleza. Amaia Arrazola indaga dentro de esta dualidad y la analiza con sus maravillosas ilustraciones. Nos habla de las religiones predominantes en Japón y su influencia en estos paréntesis zen que salpican la ciudad. Templos, parques y zonas de desconexión donde la hiperrealidad desacelera para dejar paso a una versión más amable del mismo país.

Frente a otras guías y libros ilustrados que he podido leer, Wabi Sabi funciona como un manual para principiantes maravilloso. Y es que más allá de las vivencias locas de una occidental que viaja al otro lado del mundo, Arrazola nos explica conceptos muy básicos de la cultura japonesa. Ideas y realidades que pueden sonarnos pero cuyo mal uso puede haber diluido la definición más certera. ¿Es lo mismo una meiko, una geisha y una oiran? ¿El ikebana es un arreglo floral puro y duro? ¿Sabría uno diferenciar entre el teatro y el kabuki? ¿Los samuráis pertenecieron al periodo Edo o a la era Meiji? ¿Para qué sirve un daruma? Con la más absoluta sencillez y haciendo gala de un trazo limpio, la artista nos explica todos estos conceptos de una manera directa y asequible. ¿Es el wabi sabi que da título a la obra ese condimento verde hecho a base de rábano picante que acompaña a cualquier degustación de sushi? La autora tiene una respuesta también para esto.

Llegados a este punto quiero hablar del estilo de Arrazola. La autora, nacida en Vitoria, ha llevado a cabo numerosos proyectos artísticos anteriores al título que nos ocupa. Sin embargo, no había tenido la oportunidad de cruzarme con ellos. Siendo este mi primer contacto con su obra, no puedo más que alabar el talento de la artista. Siento recurrir a un cliché manido, pero en este caso es cierto. Consigue que lo difícil parezca fácil. Y eso es algo que sólo consigue gente con mucho talento. En un primer momento el trazo aparentemente infantil te hace bajar la guardia. Te hace gracia y poco más. Pero a medida que avanzan las páginas y las semanas, ves que has cometido un error de apreciación. Aquí hay años de práctica y un estilo definido —que no definitivo—.

Cuando Arrazola se arma de valor y recrea estampas japonesas del siglo XIX con un respeto absoluto por la obra original, uno no puede más que sonreír y correr por la casa para enseñarle las imágenes a cualquier otro. Como si hubiera interiorizado  la idiosincrasia japonesa, los dibujitos monos conviven con ideas mucho más maduras y elaboradas. El resultado final es alentador y te obliga a memorizar bien el nombre de Arrazola para no perderle la pista.

Para cerrar quiero añadir que aquí se nos insta a unirnos a un viaje muy personal. Como ya hicieron en su día Florent Chavouet con Tokyo Sanpo o la más desconocida Kate T. Williamson con A year in Japan. Este libro es una invitación en toda regla a sumarnos a una aventura desde la mirada de la artista. El Japón que encontramos aquí es el de Arrazola y no el de los mapas. Hay una bendita ignorancia y una suerte de subjetividad que consiguen contagiarnos el estupor y las ganas de salir corriendo al aeropuerto más cercano. ¿Destino? Narita.

Si es verdad eso de que Japón es lo más parecido a una realidad alternativa que podemos encontrar hoy día, Wabi Sabi es el complemento perfecto para perderse. Para entender que no existen representaciones extrapolables del país nipón. No es la guía más perfecta que puede uno encontrar, pero ahí radica su belleza. Ahí reside el ansiado wabi-sabi.

 

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Poké: Cuencos de sushi con inspiración hawaiana, de Celia Farrar y Guy Jackson

pokeSi de algo podemos presumir en España es de tener una gastronomía potente, de la que hablamos con orgullo vayamos donde vayamos. Pero en nuestras calles cada vez hay más espacio para conocer los manjares que en otros países también son motivo de orgullo. Todo empezó con los italianos, sus pastas y sus pizzas. Luego vino el boom de la comida china, para pasar más tarde a los kebabs turcos. Después fue el sushi y todas las variantes de la comida japonesa. Y aunque ahora tenemos en auge gastronomías como la peruana o la india, ya empieza a despuntar una nueva moda culinaria de la que, si todavía no habéis oído hablar, no creo que tardéis en hacerlo. Estoy hablando del poké, plato estrella de la gastronomía hawaiana. Quizá más de un lector haya levantado la ceja y haya puesto cara de sorpresa al oír esto del poké, aunque si vives (o paseas) por el centro de las grandes ciudades es posible que ya hayas visto, y quizá probado, este plato tan sugerente, vistoso y sano.

Dicen de este majar que es “más barato que el sushi y más completo que una ensalada”. Como campaña de marketing nadie duda de lo efectista de esta frase pero, ¿qué es realmente el poké? Esta palabra, que significa “partir en trozos” en el idioma hawaiano, más que un plato define una forma de comer en estas islas del Pacífico. Aunque tiene múltiples variedades y combinaciones posibles, el poké básico (siempre servido en boles) se compone de una base de arroz, pescado crudo encima (sobre todo atún, pero también bonito o salmón), un marinado para el pescado (normalmente hecho con salsa de soja o aceite de sésamo) y, por último, diferentes aliños, aderezos o cualquier ingrediente extra que le queramos añadir (algas, guindillas, encurtidos, frutas…).

Tras un largo estudio recorriendo los mejores restaurantes y mercados de Hawái y Los Ángeles, Celia Farrar y Guy Jackson nos dejan esta completa guía con la que nos convertiremos en unos expertos en poké. Aficionado como soy a los libros de cocina, tengo que destacar de este el gran esfuerzo de los autores en acercar y explicar de manera detallada una gastronomía tan poco conocida a neófitos como yo. Sus explicaciones son amenas, sencillas y, sobre todo, muy visuales. Todo empieza primero hablándote de los productos que conforman el poké y su distribución en los boles. Después vienen los (valiosos) consejos que enseñan cómo elegir un buen pescado y cómo cocer correctamente el arroz. Una vez que sabemos más sobre este plato, toca empezar con los primeros cuencos. Eso sí, antes de nada, un consejo que nos dan los autores y que hace de este tipo de comida algo de lo más estimulante. En el cuenco de poké, la imaginación juega un papel importante. Láminas de aguacate, pepinillos encurtidos, trozos de mango, mayonesa picante… todo puede ser bien recibido dentro de un cuenco de poké, ¡solo hay que atreverse a usarlo! Y en este punto, cada receta viene con un apartado de ingredientes extras que, si nos atrevemos con ellos, seguro que dan una chispa especial a las recetas.

receta pokeSi te enganchas a este tipo de cocina, es probable que tu despensa empiece a llenarse de ingredientes raros como la pasta umeboshi, mirin o vino de arroz, setas shiitake deshidratadas o algas hijiki. Pero que todo esto no te frene o impida disfrutar de esta gastronomía. Un poké con arroz, atún, cebolla, aguacate y una marinada sencilla estará también igual de apetecible. Eso sí, sin olvidar otro consejo básico. El producto, cuanto más fresco, más bueno estará. Yo ya he podido poner en práctica alguna de sus recetas, para gusto y disfrute de mi siempre agradecido estómago.

Pero Celia Farrar y Guy Jackson no quieren que tu descubrimiento de esta gastronomía se quede solo en su plato estrella. Por eso, Poké: cuencos de sushi con inspiración hawaiana, va mucho más allá y también incluye recetas para conseguir los mejores encurtidos, las marinadas perfectas, los aperitivos más sorprendentes y los mejores postres del lugar. ¡Incluso termina con recetas para hacer cócteles y bebidas locales! Con un libro así, organizar una fiesta hawaiana en tu casa no se va a basar solo en collares floreados, faldas de rafia y el típico amigo gracioso intentando tocar el ukelele. ¡Que aproveche!

César Malagón @malagonc

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Trópicos, de Naranjalidad

Trópicos

TrópicosLa verdad es que me hace especial ilusión reseñar este libro, porque es como una hija a la que he visto crecer. Quizás esté exagerando, pero dejadme que os cuente la historia.

Resulta que uso Instagram desde el año 2014. Son ya casi cuatro años allí, que se dice pronto. Además, Instagram es una de las redes sociales que más me gusta y que más utilizo, porque aparte de conocer a gente maravillosa, aprendes, compartes, disfrutas y ves trabajos preciosos (sí, hay vida más allá de los platos de comida y de los selfies). Pues casi desde el principio, la menda, @maviemg,  ha seguido a la autora de este libro, @naranjalidad. La descubrí por casualidad, como se hacen los mejores descubrimientos, ¿verdad? Recuerdo que le dije a mi madre, que es pintora y moderna porque también usa Instagram que la siguiera, que le iban a encantar sus retratos. Y por supuesto, le encantaron. De hecho, cuando recibí el libro en casa, me dijo: “Me lo tienes que prestar cuando lo hayas leído”. Así que en cuanto acabe esta reseña se lo dejaré.

Y digo que la he visto crecer porque al principio, cuando descubrí su página, @naranjalidad no tenía tantos seguidores ni era tan conocida como ahora (¡está ya en los 57k seguidores!). Así que, ver cómo se ha hecho grande hasta el punto de publicar este libro con Lunwerg me hace muy feliz.

¿Quién está detrás de @naranjalidad? Pues detrás de este pseudónimo está Bea, una arquitecta que tiene el maravilloso don de dibujar de una forma inconfundible y delicada. Trópicos es su primer libro, aunque ya sabéis que podéis encontrar parte de su trabajo en su cuenta de Instagram o en su página web.

Este libro es un viaje. Un viaje que cualquiera de nosotras podríamos haber emprendido, pero que, a las que nos falta el valor, Bea no los pone muy fácil. Una chica, cansada de su vida monótona y gris, hastiada de la rutina y de hacer siempre lo mismo, decide emprender un viaje a los rincones más exuberantes de Asia. Y en este viaje, lleno de pensamientos y recuerdos, pero también de ganas de mirar hacia al futuro, la chica encontrará a unos cuantos personajes en el camino que le ayudarán en esta etapa de su vida. Vivirá experiencias, conocerá a gente y pensará. Pensará mucho. Pero todo tiene un propósito: crecer. Porque para mirar al futuro hay que dejar de estar anclada en el pasado, y para crecer hay que escaparse de la rutina y el tedio. ¡Valiente, Bea!

Trópicos, además de contarnos está historia tan intimista, como podéis imaginar, está repleto de las geniales ilustraciones de la autora. Ilustraciones sutiles, delicadas, llenas de color y retratos maravillosos de personas y escenas que desearíamos conocer y vivir nosotros mismos.

Si os gusta la ilustración tanto como a mí, estoy convencida de que Trópicos os encantará, porque es una auténtica maravilla para nuestros sentidos. Y si aún no conocéis a esta brillante ilustradora, creo que su primer libro es una carta de presentación perfecta. De verdad, no os lo perdáis.

 

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El final de todos los agostos, de Alfonso Casas

el final de todos los agostos

el final de todos los agostosDesde hace algún tiempo estamos viviendo a nuestro alrededor una fiebre nostálgica alrededor de los ochenta/noventa. Y digo yo que no será casualidad, que debe de ser la época que les toca añorar a quienes alcanzan ya cierta edad y que coincide que están al mando de ciertos medios. Series como Stranger things, constantes y a menudo innecesarios y horrendos remakes cinematográficos como la reciente It (aunque este ni horrendo ni innecesario) o el libro que ya ha se ha convertido en fenómeno social y de redes y el cual creo que ya va por su cuarta entrega, Yo fui a EGB, son algunos ejemplos que se me ocurren a bote pronto (pero hay cientos).

Lo jodidamente cierto es que, independientemente de la edad, todos hemos echado, echamos o echaremos la vista atrás y estoy convencido de que, a no ser que se haya pasado un infierno de infancia o alguna tragedia mayúscula, la mayoría estará de acuerdo con la archifamosa frase “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Por supuesto, ahora vivimos muy bien. Pero cuando oímos esa frase no nos referimos a un pasado en el que nos remontamos a la Edad Media, cuando no había antibióticos o analgésicos ni lavadoras o microondas. No. Cuando oímos esa frase nos referimos a un tiempo pasado vivido por nosotros; ese tiempo perdido que decía Proust en el que éramos felices sin saberlo y en el que todo era fácil porque apenas teníamos preocupaciones.

El final de todos los agostos va de algo así. No exactamente de la infancia en este caso, o solo en una pequeñísima parte, sino más bien de la temprana adolescencia. De una pregunta que creo que también nos hacemos de vez en cuando: ¿Qué habría pasado si hace años, en vez de haber elegido X hubiera elegido Y? ¿Qué sería de mi si hubiera hecho caso a Fulano y no a Mengano? Si hubiera hecho lo contrario de lo que decidí hacer.

Y también va de saber qué ocurrió con personas que fueron tan importantes en nuestra vida que en aquel momento no nos imaginábamos sin ellas pero que, sin embargo, desaparecieron de ella sin dejar el supuesto vacío que deberían provocarnos.

Dani es un fotógrafo que de pequeño iba cada agosto a veranear a un pueblo de la costa. En él conoció a Pumuki y se hicieron amigos. Ahí comenzó también, sin saberlo, su carrera de fotógrafo, haciendo su primera foto a ese niño pelirrojo con el que se metían y que se convertiría en su mejor amigo. Veinte años después de la última vez que pisara el pueblo, Dani, a pocos días de casarse, vuelve para fotografiar los mismos sitios y ver los estragos del tiempo con miras a preparar una exposición.

“El misterio hace a la gente más interesante y a veces es mejor quedarse con el recuerdo”

De eso va este cómic. Así explicado, tal vez no parezca gran cosa, pero, ¡coño!, lo es. Dani hace algo que muchos, bien por falta de tiempo, pereza o cualquier otra excusa legítima, pero excusa al fin y al cabo, no hacemos. Revive in situ los buenos y malos momentos que compartió con su amigo. Busca lugares, recuerda experiencias, aventuras, primeros cigarros y amores, bailes y verbenas, juegos en la playa y leyendas urbanas y va en busca de Pumuki.

“Es cierto eso que dicen sobre que la vida no es como uno la vivió, sino como la recuerda”

Alfonso Casas emplea hábilmente el blanco y negro azulado para narrar el presente y toda una rica paleta de color para contarnos el pasado, contrastando de este modo la felicidad del pasado con la ¿infelicidad? del momento actual. De igual modo, para remarcar el paso del tiempo de vez en cuando se insertan en el cómic unas hojas de papel cebolla (e incluso en la portada, aunque aquí es de ¿vinilo?) que consiguen el efecto deseado de contraposición presente/pasado, esperanza/realidad, blanco y negro/color, amistad/soledad…

El dibujo me ha gustado bastante. Desde la primera hoja, con la fachada del edificio que invita a ser arrancada y colgada en la pared. Casas no solo configura una buena historia sino que la caracterización de personajes va de la mano de la de los escenarios. Su dibujo no es complejo, pero tampoco es sencillo y me ha recordado a aquellos libros, creo que se llamaban Senda, que en EGB animaban a la lectura. Es la primera toma de contacto con Alfonso Casas y me han llamado la atención las enormes orejas con las que dibuja a todos los personajes (no sé si es una constante en su obra). En definitiva, un dibujo que engatusa al lector y un color aún mejor. Un color brutalísimo.

El final de todos los agostos es un estupendo cómic. Un ejercicio de nostalgia adulta que no cae en la ñoñería, que no provoca la lágrima ni lo pretende, pero que sí provocará en el lector preguntas y miradas a su propio pasado, como dándole un toque antes de seguir viviendo la vida.

Un indispensable. Sin ninguna duda.

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Ruta 66. Coches, moteles y canciones de película, de María Adell y Pau Llavador

Ruta 66. Coches, moteles y canciones de película.

Ruta 66. Coches, moteles y canciones de película. Siempre me cuentan que al poco tiempo de quedarse mi madre embarazada, se recorrió media Europa en un crucero. Esa es la explicación que dan los que me conocen cuando les digo que estoy planeando un viaje nuevo. Desde que tengo uso de razón he estado viajando. También ayudó el hecho de que mi padre fuera humorista, teniendo que actuar cada día en una ciudad diferente. Mi infancia se pasó entre coches, escenarios y hoteles. Cuando la afición por viajar arraigó del todo dentro de mí, no hubo frontera que me parase. Primero París, luego Túnez, pasando por una decena de destinos más hasta llegar al último, Kenya, donde estuve hace apenas cuatro meses.

Así que no es de extrañar que toda mi vida gire en torno a los viajes. Todas las decisiones que tomo en la vida, las tomo pensando en ellos. En ahorrar, en comprar cosas útiles para viajar, en informarme más y más sobre nuevos lugares… y esto lleva a una pequeña obsesión que consiste en ver todos los documentales de viajes que existen y acumular libros y libros sobre sitios a los que quiero ir. Ruta 66, coches, moteles y canciones de película ha sido mi última adquisición. Nunca he estado en Estados Unidos y, por supuesto, es uno de los destinos que tengo súper pendientes. En concreto, la ruta 66. Y todo esto por culpa del cine. Me encantan esas películas en las que lo importante de un viaje no es el destino, sino el trayecto en sí. Esas escenas que suceden dentro de un coche y que quedan marcadas en nuestra retina para siempre. Por ejemplo, una de mis escenas favoritas es una de Pulp Fiction, en la que Vincent le explica a Jules cómo llaman al cuarto de libra en París, sonando Jungle Boogie de fondo. Otra de mis películas favoritas es Pequeña Miss Sunshine, donde el viaje es lo importante de la película y donde hay escenas absolutamente maravillosas.

Este libro, escrito por María Adell y Pau Llavador, tiene una cosa muy especial y es que no solo nos ofrece un recorrido por la ruta 66, desde el inicio hasta el final, sino que nos va enseñando, ciudad a ciudad, qué películas míticas se grabaron allí y dándonos una canción que podría valer de banda sonora para esa visita en concreto.

¿Quién no ha sonreído y se ha dejado llevar cuando en el coche empieza a sonar nuestra canción favorita y las ventanas bajadas dejan entrar el aire fresco? ¿Quién no ha soñado con montarse en una moto y recorrer la Ruta 66 mientras los neones pasan fugazmente a nuestro alrededor? ¿Quién no se ha imaginado bajando de un Chevrolet en un motel de mala muerte para pedir un café y una hamburguesa? No importa el destino, importa el trayecto. Aunque el trayecto debe de hacerse en un coche de confianza y que esté perfectamente equipado para poder aguantar tantas horas de viaje. Con el mío, no podría ir ni desde Los Ángeles hasta California… así que igual es hora de dejarme asesorar por autoDoc.es si quiero embarcarme algún día en una aventura como esta.

Ruta 66, coches, moteles y canciones de película tiene los ingredientes necesarios para que la mente de las personas que aman viajar empiece a volar muy alto. María Adell y Pau Llavador recopilan imágenes de películas que todos hemos visto una y otra vez y que han hecho que queramos conocer El Gran Cañón, Las Vegas o los desiertos de Nuevo México.

No sé si algún día se cumplirá este sueño, pero, por si acaso, lo mejor será empezar a planearlo. Siempre hay que pensar en positivo. Aunque la verdad es que voy a matar el gusanillo muy pronto, ya que en breve voy a tener que empezar a hacer la maleta. Dentro de una semana a estas horas estaré en Copenhague. No es la ruta 66, no. Pero tampoco está tan mal, ¿no creéis?

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Messigráfica, de Sanjeev Shetty

Messigráfica

MessigráficaEs probable que, estando en una librería, hayas escuchado o incluso dicho alguna vez esa frase de «ya hay libros de todo». Si es así, estoy casi seguro de que al ver de qué trata este libro también lo dirás. Sí, es un libro donde se detallan a fondo todos los números de Messi. ¿Por qué de él? Porque, como defiende el propio autor, es el mejor jugador del mundo. Creo que de eso no hay duda. Yo añadiré algo más y acarreo con las posibles consecuencias: es el mejor de la historia.

En Messigráfica, un libro que se ofrece como la «Historia ilustrada del mejor jugador del mundo», encontramos todo tipo de estadísticas y comparaciones siempre centradas en la figura del argentino. Máximos goleadores de la historia con él como epicentro, máximos goleadores en un año natural, jugadores más veloces, más ligeros, jugadores más influyentes en Messi, zonas más habituales de juego, zonas de mayor influencia, minutos más habituales de gol en cada una de las competiciones, etc. Con esto ya te debes de poder hacer una idea de lo que hay dentro del libro. Pero no todo son números y es que el autor, Sanjeev Shetty, reputado periodista de la BBC, también añade la historia de Messi, habla de su trayectoria y su carrera futbolística siempre dejando un toque personal característico, el de quien tiene la opinión o la certeza de que nunca ha visto un jugador igual. Yo tampoco.

Shetty, a quien podríamos comparar con la figura española de MisterChip, trata también todos los datos en función del momento del jugador. Habla de los periodos de lesiones en relación a esos datos, incluso da sus razones del porqué de ese breve periodo sombrío: el querer jugarlo todo. Y todo ello acompañado de imágenes a todo color. Es cierto que probablemente se te haga raro – a mí también me ha pasado – encontrar una Messigráfica cuando el jugador aún está en activo. Imaginaba incluso que mientras lo leía los goles de Messi ya habrían crecido, igual que las asistencias, los minutos jugados, los kilómetros recorridos, los balones tocados. Pero el libro ya ha salido, es inevitable tenerlo en las librerías y por ello, si te gusta el jugador y, sobre todo, si te gusta la estadística en el fútbol, es una buena idea comprarlo.

Vale, entiendo que el fútbol sea aquello que nos distrae de problemas más gordos, que sea el archifamoso opio del pueblo. Pero dime, ¿y cuando lees una novela no lo haces también para distraerte, para evadirte, para ponerte por un momento en la piel de otro? Eso es el fútbol, una bocanada de aire, un abrazo colectivo que dura un rato, un grito desestresante antes de volver al mundo en el que estamos. Pero, eso sí, sin olvidar que hay que volver. No nos convirtamos en Don Quijotes del fútbol. Cada uno debería ser libre de escoger su distracción porque cada uno necesita tener la suya. Y cuando la encuentras, conseguir sacar de ella lo que te produzca una sensación de belleza, de arte, de pasión, incluso de amor. Eso pasa con el fútbol, y con miles de cosas más. Ahora piensa, ¿cuál es la tuya?

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No eres tú, soy yo que me he dado cuenta de que eres lo peor, de Pedrita Parker

No eres tú, soy yo que me he dado cuenta de que eres lo peor

No eres tú, soy yo que me he dado cuenta de que eres lo peor¿Te sientes una mierder?, ¿Pasas las horas balanceándote en una mecedora mientras cantas muy bajito “quién me va  a curar el corazón partío”?, ¿miras cada dos por tres el teléfono en busca de algún indicio de que sigue vivo?, ¿no quieres salir de tu trinchera en el sofá ni dejar de ver Bridget Jones? Entonces lo más probable es que estés  sufriendo mal de amores. Puede que te hayan dejado o puede que hayas decidido poner fin a una relación igualmente mierder en la que llevabas años atrapada. Todos hemos estado alguna vez ahí y sabemos que está muy bien eso de regocijarse en el dolor propio. Muy natural, muy humano. Pero, ¡ya está bien!, ¿no te parece? Déjalo ya, no puedes ir por la vida con las pintas del cantante de The Cure, no puedes ponerte en modo marmota ni esconderle forever and ever. ¿Es duro? Ya sé, pero te traigo la solución: No eres tú, soy yo que me he dado cuenta de que eres lo peor es tu medicina, hazme caso.

Y sí, como decía, todos hemos estado alguna vez en una situación parecida. Es ley de vida. El amor duele y el desamor ni os cuento. Pero, también es ley de vida saber recomponerse y créeme que aunque ahora lo veas muy negro, ese día llegará. Mientras tanto, el nuevo libro de la brillante Pedrita Parker puede resultarte de gran ayuda porque ella sabe muy bien por lo que estás pasando. Tan bien que ha decidido plasmar en su nueva novela gráfica las aventuras y desventuras en torno a las relaciones de pareja y, en concreto, ese trágico momento de la ruptura. Porque no, la vida no es una película de Disney y parece ser que el mundo está lleno de ranas.

Pedrita Parker, aka Estefi Martínez, es una de las personas más divertidas que no conozco. Aunque conocerla a través de sus libros y de su cuenta de Instagram vale, ¿no? Me río mucho con ella, con sus ilustraciones y su sentido del humor tan real, tan negro, tan ella. Si no la conocíais, este libro es una maravillosa carta de presentación.

Sentirse reflejado en las historias y situaciones que nos plantea Pedrita Parker es inevitable porque, como os decía, todos hemos pasado por ahí, ya sea como protagonistas o espectadores. También nos ha tocado alguna vez aguantar a algún amigo ante una ruptura.

Síntomas y señales de que la cosa no funciona, el tiempo de luto y las tonterías que podemos llegar a hacer por recuperar una relación en la que ni siquiera estábamos cómodos, las recaídas (ya nos vale), el sacar pecho y encarar el futuro. Todas estas situaciones aparecen en  No eres tú, soy yo que me he dado cuenta de que eres lo peor .  ¿A que os suenan?

El  contenido extra del libro es otra de sus genialidades. Seguro que vamos a necesitar las pegatinas para tapar el careto del ex en las fotografías. Y si nos sentimos en un momento de recaída, podemos recurrir a un pasatiempo o a repetirnos en voz alta frases tan motivadoras como “El amor es como un pedo, si tienes que forzarlo seguramente será una mierda”. La banda sonora y las películas para ocasiones de ruptura también vienen genial.

Estés o no en esta situación (ay, todo se andará, iluso), lo que sí es seguro es que te vas a reír mucho con este libro. Qué grande la Parker, de verdad de la buena.

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Un buen día para desaparecer, de Sanz i Vila

Un buen día para desaparecer

Un buen día para desaparecerHoy os traigo otra apuesta de la editorial Lunwerg, especializada en
libros de arte y fotografía. Un buen día para desaparecer es una de las novedades de su atractivo catálogo y sobre este libro vengo a hablaros. El título me gustó, la verdad. Siempre es un buen día para desaparecer. Cuando leí la frase que aparece debajo del título me perdí un poco: “Mi viaje inesperado con el aro tricolor”. ¿Cóoomorrr?, me pregunté a mí misma. ¿Qué carajo es un aro tricolor y cómo se puede viajar con eso? Y como soy muy cotilla, la única manera que tenía de averiguarlo era leyendo el libro.

Vaya por delante que la portada no me gusta nada. Creo que es una de las más feas que Lunwerg ha sacado últimamente. Si el libro tuviera que venderse por la portada no creo que tuviera mucho éxito. ¿Cuestión de gustos? Supongo. Pero de verdad, me parece muy poco acertada. Creo que cualquier otra ilustración del autor hubiese funcionado mejor.

¿Quién es el autor del libro? Pues Sanz i Vila, un alicantino nacido en 1990 y que es bastante conocido entre los artistas de su generación. Licenciado en Bellas Artes, el ilustrador es autor de otros dos libros: Triamor y Los novios de Gael y su trabajo ha sido  exhibido en ferias de arte como Arco y Mulafes. Ha colaborado también para varias marcas de prestigio. La gran peculiaridad de este autor es que siempre dibuja con tres colores: rosa, azul y amarillo. Algo que llama la atención, pero que para él es simplemente su forma de trabajar y de pensar y que le ha permitido crear un sello y un lenguaje propio (muy pop y naif, todo sea dicho).

Estoy segura de que a vosotros también os han entrado unas ganas terribles de desaparecer una temporada, pero claro, no siempre es fácil. Su tuvierais un anillo tricolor eso estaría solucionado. Este libro, una continua mezcla de ficción y realidad, cuenta las aventuras del protagonista cuando un día descubre un extraño aro de piedra que le permite viajar con solo desearlo. Eso sí, el destino lo decide el aro tricolor y tú solo puedes dejarte llevar. Suena bien, ¿no? Creo que necesito uno de esos. No me vendría nada mal poder teletransportarme de esa manera.

Así, el protagonista de este libro viaja con su aro a lugares como las Cuevas de Chauvet, las Pirámides de Guiza o la isla de Pascua y sus increíbles Moáis. Hay un elemento común en todos estos viajes: en ellos la naturaleza, el arte y los animales.

También las dos caras del ser humano aparecen representadas en este libro en dos mujeres que encontrará en sus viajes. Una representa el lado más afable y la otra el más oscuro. Esos dos aspectos que, sin duda, todos tenemos.

Este libro es un viaje y al mismo tiempo es una fábula. Todos esos viajes, todas las vivencias en las que se ve inmerso el protagonista esconden mucho más de lo que podemos ver a simple vista. Hay una suerte de moraleja esperando a cada lector y es tarea nuestra aprender de ella.

Un buen día para desaparecer no es una maravilla de libro, no voy a engañaros. Tampoco se va a convertir en uno de mis preferidos, pero es un libro entretenido para pasar un rato y, por un momento, evadirse. O mejor aún, desaparecer.