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Bellas durmientes, de Stephen y Owen King

Bellas durmientes

Bellas durmientesEn mi casa siempre ha habido una estantería entera dedicada a las obras de Stephen King. Yo todavía puedo recordar cómo las cogía para mirarlas una a una. Sin apenas saber leer, intentaba descifrar los títulos y ver sus portadas. Hasta que llegó It, desencadenando en mí un miedo que nunca antes había sentido. Tiré el libro de cualquier manera y salí corriendo de la habitación donde los guardábamos. Le pedí a mi madre que escondiera ese libro, para que jamás lo volviera a ver. Ese payaso de la portada visitó mis pesadillas noche tras noche. A día de hoy, tal vez ya por costumbre, es el único libro de mi estantería que está del revés, con el lomo mirando a la pared. Jamás me he atrevido a leerlo.

Mi madre, gran aficionada a la lectura, pasaba sus noches de insomnio sumergida en alguna historia de terror del que fuera uno de sus escritores favoritos y yo me acurrucaba a su lado y le pedía que me leyera un poquito, aunque solo fuera una hoja. Ella, sabiendo que no me dormiría hasta que lo hiciera, me leía algún fragmento del libro que estuviera leyendo en ese momento. Muchos de esos fragmentos estaban escritos por King. Pero yo no me enteraba de nada, porque ni sabía la historia, ni sabía quiénes eran los personajes. Solo quería escuchar la voz de mi madre un ratito antes de caer en los brazos de Morfeo.

Y no fue hasta hace unos tres años que me atreví a leer a King. Fue Carrie la primera novela que cogí. Me gustaba tanto que hasta me la llevaba a la facultad para leerla a escondidas mientras el profesor de Derecho Civil daba una de sus peroratas. La devoré.

Pero me resultó como muy intensa, por eso quise dejar que pasara un tiempo hasta que me decidiera a leer otro de los libros del dios del terror. Y ese momento llegó, hace más o menos un mes, cuando salió a la venta Bellas durmientes. Tal vez fue su portada enigmática e hipnotizante, o tal vez la sinopsis tan atractiva que leí antes de que se pusiera a la venta lo que hizo que en mi cabeza se encendiera la bombilla de “has descubierto tu próxima lectura”.

En esta ocasión, según lo que he podido leer por ahí, la idea original de la obra la propuso Owen King, el hijo de Stephen. Quería que su padre la escribiera. Pero ambos fueron añadiendo cosas a la historia, capítulos y más capítulos y llegó un momento en el que ya no se supo quién escribió qué. También he leído por ahí que los grandes amantes de King (esos que se han leído casi toda su obra y a los que no llego ni a la suela de los zapatos) sabrán descifrar qué parte escribió cada uno de ellos con casi total seguridad. Y eso me gusta. Me imagino a alguien leyendo un determinado trozo y pensando: “sí, esto, sin duda, es de King padre”.

Yo solo sé que Bellas durmientes ha sido una de las lecturas más extrañas de mi vida. Veamos: el marco general está claro. Hay un virus, llamado “virus Aurora” que hace que todas las mujeres del planeta se queden dormidas, como encerradas dentro de una especie de bulbo gigante que las engulle y las paraliza durante mucho tiempo. Entonces los hombres se quedan solos en el planeta. Hasta ahí bien. Pero después los maestros King (habrá que empezar a hablar, merecidamente, en plural) empiezan a meter guerras apocalípticas, muertos vivientes, política, ángeles vengativos, parricidios, drogas y cientos de personajes.

Es un lío tremendo.

Pero para eso, padre e hijo nos ayudan grandiosamente agregando al libro una lista con todos los personajes que aparecen, algunas de sus características y qué relación tienen con los demás. Gracias al cielo, porque si aun con la lista es difícil seguir todas las tramas, no me quiero ni imaginar lo que hubiera sido leer este libro “tan pequeñito” (nótese la ironía, ya que tiene casi ochocientas páginas) sin esa gran ayuda.

Le he encontrado un pero, todo hay que decirlo. Y es que en algún momento determinado me ha resultado pesado y varios capítulos me han parecido innecesarios. Creo que el libro hubiera sido mucho mejor si no se hubieran añadido tantísimas tramas y no se hubiera liado tanto la historia. El mensaje está claro, pero a veces se difumina entre tanta trama trasversal que hace que en ciertos momentos la lectura se ralentice. Desde luego, este es mi punto de vista y solo tú, lector, tendrás la última palabra.

Aun así Stephen King, ahora acompañado por su hijo, lo ha vuelto a hacer. Nos ha dado una historia de terror en la que, seguramente, acabará basándose una película. Porque tiene esa descripción que tanto caracteriza a King que hace que te lo imagines todo perfectamente. Que, mientras lees, en tu cabeza ya se han dibujado todos los escenarios, como si en vez de leyendo un libro, estuvieras viendo directamente la película. ¿Todavía no sabéis por qué no he leído It? Pues por eso mismo. Porque me da mucho miedo que al coger ese libro el payaso se quede para siempre dentro de mi cabeza. Pero, al fin y al cabo, esa siempre ha sido la intención de King, ¿no?

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18 libros para leer en 2018

el legado de los espias

Hace pocas horas que despedíamos un 2017 cargado de buenas lecturas. Es tiempo de hacer balance, mirar los últimos doce meses y disfrutar de todo lo bueno leído. Pero también toca mirar al futuro, y las editoriales ya están anunciando sus mejores libros para 2018. El Libros y Literatura hemos hecho una selección de los mejores libros para leer en 2018, o al menos en sus primeros meses de vida.

Grandes autores (Le Carré, Ellroy…) y escritores multipremiados (Atwood, Padura, Ford…); escritores de ayer (Leopardi) y de hoy (Mairal, Knox…); gente de aquí (Somoza, Millás…) y del otro lado del charco (King, Hustvedt…); grandes grupos editoriales y editoriales independientes. Una lista variada que esperemos se amolde a todos los gustos de nuestros lectores.

Aquí empieza nuestra lista de 18 libros para leer en 2018. ¡Disfrutad de ella!

el legado de los espias1. El legado de los espías, de John Le Carré (Planeta. 9 enero)
Peter Guillam, leal colega y discípulo de George Smiley en los servicios secretos británicos –conocidos como El Circo–, disfruta de su jubilación en la finca familiar de la costa meridional de Bretaña, cuando una carta de su antigua organización lo insta a regresar a Londres. ¿El motivo? Su pasado en la Guerra Fría lo reclama. Unas operaciones de inteligencia que habían sido el orgullo del Londres secreto y habían implicado a personajes como Alec Leamas, Jim Prideaux, George Smiley o el propio Peter Guillam están a punto de ser investigadas con criterios perturbadores, por una generación sin memoria de la Guerra Fría ni paciencia para atender a sus justificaciones. Entretejiendo pasado y presente para que ambos cuenten su tensa historia, John le Carré ha urdido una única trama tan ingeniosa y apasionante como la de las dos predecesoras sobre las que se ha basado: El espía que surgió del frío y El topo. El pasado ha venido a cobrarse sus deudas.

Mis rincones oscuros2. Mis rincones oscuros, de James Ellroy (Literatura Random House. 11 enero)
En junio de 1958, James Ellroy tenía diez años cuando recibió la terrible noticia del asesinato de su madre. El cadáver de Geneva Hilliker fue hallado cubierto de hiedra en una cuneta de las afueras de Los Ángeles, estrangulado con una cuerda y unas medias de nylon y con signos evidentes de violación. El caso no se resolvió, pero la brutal muerte marcó para siempre la vida del autor y fue el germen de toda su obra. En 1994, después de publicar el último volumen del «Cuarteto de los Ángeles», Ellroy decidió descubrir la verdad sobre el crimen. Para ello contrató los servicios de un veterano y experimentado «detective» llamado Bill Stoner. A medida que ambos avanzaban en este caso enterrado desde hacía treinta años, Ellroy descubría el misterio que en realidad fue su madre, cuáles fueron sus aspiraciones y por qué decidió salir de un pequeño pueblo de Wisconsin para empezar una nueva vida en Los Ángeles. Mis rincones oscuros relata esta investigación, en una mezcla de crónica negra y memorias confesionales, y se convierte en un libro fascinante que proporciona las claves autobiográficas de sus novelas y, a su vez, en la introducción perfecta a la perturbadora obra de este autor imprescindible de la novela del siglo XX.

La semilla de la bruja3. La semilla de la bruja, de Margaret Atwood (Lumen. 11 enero)
Es un lunes cualquiera de enero de 2013 y Felix pasa el control de seguridad para acceder al centro correccional de Fletcher. Los guardias lo miran con simpatía y benevolencia; para ellos este hombre solo es el señor Duke, un cincuentón que en sus ratos libres se dedica a organizar funciones de teatro con los reclusos. El autor elegido siempre es Shakespeare, y este año el profesor les propone La tempestad. Felix accede sin problemas al recinto de la cárcel, llevando consigo algo muy peligroso pero imposible de detectar a través de un escáner: son las palabras, aún vivas, robustas, sonoras, de una obra donde la venganza viaja a través del tiempo y se instala en el presente. De a poco, ensayo tras ensayo, los chicos de Fletcher, que quizá nunca antes habían oído hablar de Shakespeare, convierten la obra en algo muy personal. Ahí se encuentran con sus fantasmas y con algo de sí mismos que no sabían, pero hay más: Felix, ese profesor terco y a veces aburrido, el día del estreno de la obra también podrá vengarse de quien le arruinó en el pasado.

La transparencia del tiempo4. La transparencia del tiempo, de Leonardo Padura (Tusquets. 16 enero)
A un Mario Conde a punto de cumplir sesenta años, y que se siente más en crisis y más escéptico que de costumbre con su país, le llega de manera inesperada un encargo de un antiguo amigo del instituto, Bobby, que le pide ayuda para recuperar la estatua de una virgen negra que le han robado. Conde descubre que esa pieza es mucho más valiosa de lo que le han dicho, y su amigo tiene que confesarle que proviene de su abuelo español, que, huyendo de la Guerra Civil, la trajo de una ermita del Pirineo catalán. En los bajos fondos de La Habana, Conde da con un sospechoso al que acaban matando. Con el asesinato de otro cómplice, Conde descubre una inesperada trama de galeristas y coleccionistas extranjeros interesados en la talla medieval, y se tropieza inevitablemente con la policía de homicidios de La Habana. Pero, en capítulos intercalados, La transparencia del tiempo también cuenta la epopeya a lo largo de los siglos de la estatua, una virgen negra traída de la última cruzada a una ermita del Pirineo por un tal Antoni Barral, y será otro Antoni Barral quien la salve y se vea obligado a embarcar como polizón rumbo a La Habana.

Recuerdos del primer amor5. Recuerdos del primer amor, de Giacomo Leopardi (Acantilado. 17 enero)
«Heme aquí, pues, enamorado a los diecinueve años […] Pero como necesito dar algún consuelo a mi corazón […] escribo estas líneas para explorar las profundidades del amor y poder recordar con la mayor exactitud cómo irrumpió en mi corazón esta pasión soberana». En diciembre de 1817 Leopardi conoció a Geltrude Cassi Lazzari, prima de su padre, por quien profesó un amor secreto. Ese mismo día empezó la redacción de los dos textos recogidos en este volumen: «Recuerdos del primer amor», publicado por primera vez en 1906, y la «Elegía primera», incluida poco después en los Cantos con el título de «El primer amor». Tanto el diario como el poema del joven Leopardi constituyen dos de los textos más emblemáticos del Romanticismo no sólo por su belleza sino también por su singularísima sensibilidad.

Muerte con pingüino6. Muerte con pingüino, de Andrei Kurkov (Blackie Books. 17 enero)
Viktor es un escritor arruinado: está sin blanca, lo ha dejado su novia, tiene frío. Imaginen si se siente solo que decide adoptar a un pingüino. No sabe que este nuevo compañero de piso, Misha, también está deprimido: suelta suspiros melancólicos cuando chapotea en la bañera de agua helada y se encierra en la habitación como un adolescente. Ahora Viktor no solo está triste, sino que debe consolar a su amigo. Y además alimentarlo. Todo se complica cuando un gran periódico le encarga escribir esquelas de personajes públicos que aún están vivos. Parece una tarea fácil. Pero no lo es: los protagonistas de sus necrológicas empiezan a fallecer en extrañas circunstancias poco después de que escriba sobre ellos. Misha y Viktor se ven atrapados en una trama absurda y violenta. Una novela oscura y luminosa, con humor blanco y negro. Como la vida. Como un pingüino.

La herida7. La herida, de Jorge Fernández Díaz (Destino. 18 enero)
Una monja desaparece dejando un enigmático mensaje, y un colaborador del papa Francisco les encarga a dos agentes de Inteligencia buscarla por cielo y tierra. En paralelo, una operadora política despedida por el gobierno argentino es contratada por el gobernador de un feudo de la Patagonia para mejorar su imagen y evitarle una catástrofe electoral. Con la ayuda de Remil ―un perturbador personaje que trabaja desde las sombras―, ella se vale de todo: espionaje político, compra y amenaza de jueces. Hasta que juntos se topan con un crimen de Estado y una siniestra organización. La herida es un thriller político dentro de una gran novela policial cruzada por cuatro misteriosas historias de amor, que empieza en el Vaticano y viaja a la Patagonia, que se devora con suspenso y que retrata el lado oscuro del poder. Una combinación que solo la pericia del escritor y periodista Jorge Fernández Díaz es capaz de llevar adelante con el pulso y el rigor de una investigación y con un demoledor ritmo cinematográfico.

el origen del mal8. El origen del mal, de José Carlos Somoza (Ediciones B. 18 enero)
«ESTOY MUERTO.» Así comienza el misterioso manuscrito que un conocido escritor recibe de manos de un amigo librero. Son más de doscientas páginas, escritas a máquina y fechadas en 1957. El encargo es muy preciso: debe leerlo en menos de 24 horas. Intrigado, el novelista comienza a leer y se encuentra con una historia de secretos y traiciones contada por Ángel Carvajal, un militar español de la Falange que actuó como espía en el Norte de África. El texto, además, contiene diversas frases que alguien ha subrayado cuidadosamente. Pronto comprenderá por qué era tan urgente que el manuscrito llegara precisamente a sus manos… ¿Puede haber un mensaje oculto relacionado con el tiempo presente? ¿Qué relación existe entre el manuscrito, el librero y el lector? ¿Se puede reescribir la historia?

Entre ellos9. Entre ellos, de Richard Ford (Anagrama. 18 enero)
El libro se compone de dos textos escritos con treinta y cinco años de diferencia. El segundo, dedicado a su madre, ya se había publicado en 1986 de forma autónoma. El primero, centrado en la figura de su padre, es reciente y rigurosamente inédito. ¿Qué historias se nos relatan en este volumen? Las de dos jóvenes de Arkansas, en el corazón de la América profunda: Parker y Edna, que se casan en 1928 y tienen un hijo –el autor– en 1944. La historia de un hombre de carácter bondadoso que se gana la vida como viajante de comercio, pasa mucho tiempo en la carretera, fuera de casa, y muere de un ataque al corazón cuando Ford tiene solo dieciséis años. La historia de una chica con un pasado complicado y un secreto, que quedó viuda a los cuarenta y tuvo que mantener a su hijo… Dos textos bellísimos que evocan la infancia del escritor y las vidas de sus padres, unas vidas que podrían haber sido pasto del olvido como tantas otras, pero que la fuerza de la literatura rescata y convierte en piezas esenciales del universo literario de Richard Ford.

Cuadernos de Kabul10. Cuadernos de Kabul, de Ramon Lobo (Península. 23 enero)
Cuadernos de Kabul nos sumerge en la otra cara de la guerra, la de las pequeñas o grandes historias de las verdaderas víctimas del conflicto: aquellos que casi nunca tienen derecho a protagonizar su propia noticia. Ramón Lobo nos recuerda la lucha anónima de los civiles, el peso de la vida en la retaguardia, el dolor de las personas que tratan de vivir un día más en medio de un enfrentamiento bélico. No como explicación de lo que allí sucede, sino como muestra de una realidad repleta de colores, olores y sabores, de gentes sin derecho a un nombre y a una voz.

Memorial device11. Memorial Device, de David Keenan (Sexto piso. Enero)
Articulada a partir de una alucinógena serie de entrevistas a antiguos miembros de la escena postpunk de la pequeña y desolada localidad escocesa de Airdrie, Memorial Device pretende reconstruir, a partir de los testimonios más delirantes, la corta historia de los legendarios Memorial Device, considerados la mejor banda salida de la ciudad, una banda visionaria, rematadamente underground y maldita, un fulgurante meteoro hacia la nada que parece quintaesenciar a todos los grupos oscuros, abismados y malogrados de aquella época convulsa y febril, empezando por Joy Division. Con esta ficticia indagación documental sobre un grupo igualmente ficticio –que sirve a su vez para presentarnos una heterogénea y extravagante galería de personajes y cartografiar la peculiarísima escena artística y musical del lugar, llena de estrambóticas bandas que hacen de la anormalidad su razón de ser– David Keenan ha escrito una especie de carta de amor deforme y malsano, pero sincero; ha pergeñado un retrato intenso, poético, onírico y conmovedor –y también entrañablemente grotesco– del movimiento postpunk, el movimiento musical más importante desde la psicodelia de los sesenta, como afirmaba el crítico Simon Reynolds. La obra es un homenaje, en última instancia, a la urgencia, la pasión y los sueños de juventud como motores vitales, y a la eterna lucha de cada generación por encontrar su lugar en el mundo; un brindis blasfemo por toda esa recua de adolescentes desorientados cabalgando los caballos desbocados de la música. MEMORIAL DEVICE, la primera y celebrada novela de David Keenan, es un libro visceral, hilarante, profundo y trágico, que capta magníficamente la locura, el sinsentido y las dificultades sociales de esa década mítica que fueron los años ochenta.

Manual de linternas12. Manual de linternas: Incursiones, excursiones y reflexiones científicas, de Marta Magariños (Editora) (Libros y Literatura. Enero)
El objetivo de este Manual de linternas es promover la divulgación científica a través de los libros. La lectura ofrece varias ventajas diferenciales que la hacen particularmente interesante; quizá, la más significativa es que permite la reflexión. La literatura surge de un yo y cuenta con la palabra para conectar con las inquietudes, los aprendizajes y las emociones de otro yo. Es un proceso introspectivo y solitario que, además, permite hacer un paréntesis temporal en el caudal de llegada, dando cabida a la gestación de nuevo conocimiento, a veces, profundamente original. Como dice Antonio Osuna, uno de los autores de este manual, «hay libros que se pueden leer de seguido, pero hay algunos en los que, de vez en cuando, se debe apartar la mirada y dejar que lo que se acaba de leer se asiente».
Manual de linternas pone el foco en libros elegidos libremente por los autores de las reseñas. Hemos tratado de organizarlos en categorías, aunque de una forma un tanto imprecisa, ya que muchos de ellos podrían estar en varias de ellas. Cada categoría se introduce con inspiradoras ilustraciones de María Lamprech, nuestra ilustradora. La mayoría son libros de divulgación científica en el sentido estricto, pero no todos lo son. Algunos tienen más condición de ensayo, otros son memorias o ficción, e incluso hay un cómic. Sin embargo, todos comparten la premisa de transmitir con entusiasmo el conocimiento científico. De modo que este manual no pretende ser en ningún momento una selección de los libros más relevantes de cada campo, pero sí servir como linternas que iluminen nuestras ganas de saber qué hay en la oscuridad de lo desconocido. Esas linternas son cincuenta y un libros con vocación de transmitir y satisfacer el interés por la divulgación científica. Si se quedan con hambre, hemos incluido un listado de libros recomendados por los autores, que deseamos que les resulte de ayuda.

Sirenas13. Sirenas, de Joseph Knox (Reservoir books. 1 febrero)
En los bajos fondos de Manchester, todo tiene un precio. Cuando el detective de policía Aidan Waits es reclutado por una misteriosa rama policial que cumple órdenes de un todopoderoso y millonario miembro del Parlamento británico, sabe que a él también le han puesto precio. La misión es encontrar a Isabelle, la hija del magnate, y para ello tendrá que adentrarse en el oscuro mundo de la noche, donde el dinero y las drogas circulan por clubs sin ley y las jóvenes son tratadas como mercancía. ¿Será capaz de salvar a la chica sin caer en el desenfreno y la corrupción de este nocturno canto de sirena? Joseph Knox es la gran revelación de la novela negra británica y ha sido comparado con Ian Rankin, James Ellroy o Raymond Chandler. Como buen librero, se ha nutrido durante años de los grandes maestros del gé- nero, siendo el responsable de compras de novela negra en Waterstones. Sirenas es su thriller de debut, con el que inicia la saga del detective Aidan Waits. Knox retoma el crime más clásico y hardboiled, en el que hace un guiño a los lectores más alternativos y de culto: cada una de las partes de la novela evoca versos de Joy Division.

Bellas durmientes14. Bellas durmientes, de Stephen & Owen King (Plaza & Janés. 1 febrero)
En esta espectacular colaboración entre padre e hijo, Stephen King y Owen King nos ofrecen la historia más arriesgada de cuantas han contado hasta ahora: ¿qué pasaría si las mujeres abandonaran este mundo? En un futuro tan real y cercano que podría ser hoy, cuando las mujeres se duermen, brota de su cuerpo una especie de capullo que las aísla del exterior. Si las despiertan, las molestan o tocan el capullo que las envuelve, reaccionan con una violencia extrema. Y durante el sueño se evaden a otro mundo. Los hombres, por su parte, quedan abandonados a sus instintos primarios. La misteriosa Evie, sin embargo, es inmune a esta bendición o castigo del trastorno del sueño. ¿Se trata de una anomalía médica que hay que estudiar? O ¿es un demonio al que hay que liquidar?

Los ojos vendados15. Los ojos vendados, de Siri Hustvedt (Seix Barral. 13 febrero)
Iris Vegan, una estudiante de literatura de la Universidad de Columbia, relata sus inquietantes encuentros con personajes neoyorquinos que el azar y la coincidencia han puesto en su camino. La relación de estos singulares momentos, en los que las fuerzas oscuras pueden cambiar el curso de una vida, permite al lector abordar esta obra como la suma de cuatro episodios independientes pero complementarios a la vez.

Cuando sale la reclusa16. Cuando sale la reclusa, de Fred Vargas (Siruela. 14 febrero)
El comisario Jean-Baptiste Adamsberg, tras unas merecidas vacaciones en Islandia, se interesa de inmediato a su regreso a Francia por la muerte de tres ancianos a causa de las picaduras de una Loxosceles rufescens, más conocida como la reclusa: una araña esquiva y venenosa, pero en ningún caso letal. Adamsberg, que parece ser el único intrigado por el extraño suceso, comienza a investigar a espaldas de su equipo, enredándose inadvertidamente en una delicada y compleja trama, llena de elaborados equívocos y profundas conexiones, cuyos hilos se remontan a la Edad Media. Un caso elusivo y contradictorio que se escapa a cada momento de las manos del comisario, haciéndole regresar a la casilla de salida. Solo sus intuiciones, tan preclaras como dolorosas, serán capaces de devolverle la confianza que necesita para salir ileso de la red tendida por la más perfecta tejedora… Cuando sale la reclusa es sin duda la obra más ambiciosa de Fred Vargas, la reina indiscutible de la novela negra europea. En ella se entrecruzan con maestría todos los temas que han convertido la publicación de cada una de sus novelas en un auténtico acontecimiento literario, tanto para la crítica como para los lectores: el medievo, la arqueología, los mitos, el mundo de los animales y, por supuesto, la descripción detallada y poderosa de los oscuros laberintos del alma humana.

Que nadie duerma17. Que nadie duerma, de Juan José Millás (Alfaguara. 15 febrero)
El día en que Lucía pierde su empleo como programadora informática, su vida da un giro definitivo. Como si de un algoritmo se tratara, establece los siguientes principios en los que se basará su existencia futura: será taxista, recorrerá las calles de su ciudad, Madrid, mientras espera la ocasión de volver a encontrarse con el hombre del que se ha enamorado, y todos los momentos importantes tendrán como banda sonora el «Nessum dorma» de Turandot, ópera de la que se siente protagonista. Lo cotidiano y lo extraordinario se entremezclan en esta novela que tiene todas las claves del universo narrativo de Juan José Millás: la ironía, las distintas facetas de la realidad, el desdoblamiento del yo, la soledad y la constatación de una verdad inmutable: el espejo en el que miramos nuestras vidas nos devuelve siempre una perspectiva insólita ante la que solo cabe el más puro de los asombros.

Una noche con Sabrina Love18. Una noche con Sabrina Love, de Pedro Mairal (Libros del Asteroide. 26 marzo)
Todas las noches en Curuguazú, un pueblo de la provincia de Entre Ríos, Daniel Montero celebra un rito: mirar el programa televisivo de Sabrina Love, la porno star más popular del momento. Por eso, cuando gana el sorteo para pasar una noche con ella, siente que ha tocado el cielo con las manos. Sabrina lo espera en un hotel de Buenos Aires. A los diecisiete años, Daniel emprende un viaje que, además de la gran ciudad, le descubrirá mucho más de lo que había imaginado. Una noche con Sabrina Love ganó el premio Clarín en 1998, otorgado por un jurado que integraban Adolfo Bioy Casares, Augusto Roa Bastos y Guillermo Cabrera Infante. Esta vertiginosa novela de iniciación marcó el brillante debut de Pedro Mairal en la escena literaria.

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Fin de guardia, de Stephen King

Fin de guardia

Fin de guardiaDecía Grace Paley en un magnífico ensayo literario que lo que les interesa a los escritores es la vida, la vida tal y como «casi» la están viviendo. Que existen personas que viven primero y luego escriben, como Marcel Proust, y otros que sienten la tentación de alejarse del oficio de la poesía más personal. Quiero creer que el día que a Stephen King se le ocurrió el argumento de Fin de guardia tuvo mucho que ver esa vida que estaba pasando frente a sus ojos. Me quiero imaginar al escritor de Maine oculto bajo una gorra de béisbol y gafas de sol cogiendo una mañana cualquiera un autobús urbano. En el trayecto, tras los oscuros cristales observaría el comportamiento de los demás viajeros. Puede que sea Estados Unidos, pero no se diferencia mucho de lo que podemos encontrar en las líneas del metro de Madrid: todos los pasajeros absortos frente a una pantalla luminosa. Y ahí estuvo el germen de su nueva obra.

En cuanto a semilla narrativa no se aleja mucho de la que ya se le ocurrió para la infame Cell, en la que una extraña señal emitida a través de los teléfonos móviles dejaba a toda la gente idiotizada. En el caso de esta novela, la tercera y definitiva historia del detective Bill Hodges, el aparato en cuestión que se utiliza como arma para crear el terror más kingniesco es un Zappit, un modelo de consola portátil como las viejas Game Boy. Pero antes de meternos en materia, y tratándose del final de una trilogía, hagamos un pequeño repaso por la historia hasta ahora.

Una fría madrugada, un numeroso grupo de desempleados hacían cola frente a las oficinas donde se ofertaban diversos puestos de trabajo. Mientras se refugiaban del frío con mantas y abrigos, un enorme Mercedes gris emergió entre la niebla y se abalanzó hacia la multitud. Arrolló a todo cuerpo que encontraba a su paso. Sangre, ropajes y algún miembro cercenado se quedaban enganchados a la carrocería del coche. Esto que tanto hemos visto en los telediarios últimamente ocurría en 2014 dentro de la novela Mr. Mercedes. Era el potente arranque de la primera incursión en novela negra de Stephen King. Brady Hartsfield, el asesino del Mercedes, como lo bautizaron, trajo de cabeza a la policía y en especial al detective retirado Bill Hodges, diana de toda su rabia. Durante la novela, Brady consiguió a través del engaño y la corrupción de las mentes de sus víctimas conseguir llevarles al suicidio. Con Bill no pudo conseguirlo, pero no va a quedar impune.

La segunda parte se llamó Quien pierde paga, una historia autoconclusiva —y la mejor de las tres— que jugaba con diversos elementos propios de las obras de King: el lector obsesionado con su escritor favorito. Aquí la acción y la trama se vuelven más entretenidas con personajes mejor construidos y donde de nuevo el detective Bill Hodges tendrá que resolver el caso de unos antiguos manuscritos hallados por un chaval que corre un gran peligro.

Y ahora llega a las librerías Fin de guardia. Era de esperar, tras las páginas finales de la segunda parte de la trilogía, que esta nueva historia se centrase de nuevo en la figura de Brady Hartsfield. Y en efecto, así sucede. Quizás ocurre en demasía. Me explico. El comienzo de Mr. Mercedes fue contundente. Muy bueno. Conquistaba al lector, al menos, para que siguiera adelante con la obra. Sin embargo, eso no ocurre con su nueva novela, ya que de nuevo vuelve a contar el mismo inicio, pero en la perspectiva de un operario de ambulancia. ¿Falta de creatividad? A King se le puede dar la oportunidad de seguir leyendo para ver dónde nos llevarán los acontecimientos. En verdad, no van a parar muy lejos. Fin de guardia bebe y vive de la primera parte de la trilogía. Si no la has leído, descuida, te va a poner en antecedentes con frecuencia ya que existen diversas referencias a lo ocurrido en el asesinato del Mercedes. Esto no debe llevar a malos prejuicios. La novela, en sí, desarrolla uno de los componentes básicos de la producción bajo el sello Stephen King, y que ya utilizara en su fabulosa Carrie: los poderes de telequinesia.

Brady quedó en estado vegetativo tras los acontecimientos de Mr. Mercedes. En su recuperación, desarrolló un fascinante poder que intenta comprender y ensayar para llevar a cabo su maldad. Durante sus cuidados médicos, consigue introducirse en la mente de los enfermeros a través de las videoconsolas Zappit, las cuales dejan en estado catatónico a quienes con ellas juegan. No va a ser a los únicos a los que viole mentalmente. Su nuevo juego de satisfacción consistirá en llegar de nuevo hasta el detective Bill Hodges para vengarse de él y conseguir matarlo. Final de novela con su esperado e intenso suspense, aviso.

Como decía al comienzo en referencia a los textos de Grace Paley, Stephen King se vale de muchos elementos cotidianos de su vida para llevarlos al papel, y si me apuras, al de su personaje Bill Hodges, en quien se aprecian muchos de esos achaques (o chocheos, siempre en el sentido amable, si es que lo tiene) que seguramente está experimentando el propio King. Ya no solo por el carácter de un hombre cansado y curtido, o evocar a series o redes sociales que utiliza, sino por sus muchas proclamas de carácter político-social que parece más propio de un panfleto propagandístico que del registro natural de personajes de ficción. En definitiva, creo que su incursión en el género negro no le ha granjeado un gran éxito, pero sí le ha valido para intentar abordar nuevos frentes en su abultada carrera literaria, la que esperamos, no finalice y siga de guardia.

 

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El hombre del traje negro, de Stephen King

el hombre del traje negro

el hombre del traje negroTodos sabemos que King escribe como los ángeles. Puede que en las narraciones largas suela cagarla en los finales. Sí, es un hecho innegable. Lo ha venido haciendo de un tiempo a esta parte y es un miedo que hemos cogido aquellos a los que nos gusta leerle. Pero el desarrollo y la forma que tiene de contar la historia es magistral, poderosa, envolvente y engatusadora. Ya puede meter en medio de la trama cómo se fabrica la mantequilla de cacahuete en una vieja factoría de Maine o cómo al protagonista le hacen una mamada mientras conduce su gastada furgoneta. Da igual. Te lo mete tan sin darte cuenta, porque sabe cómo hacerlo, que tú, encantado, devoras todo, lo disfrutas, estás a su merced y ni siquiera recuerdas a santo de qué venía esa historia del cacahuete.

Ya hacía tiempo que no leía al bueno de Stephen. Pero es que, los finales, ya sabéis… Así que cuando vi en la librería un libro negro, tan pulcramente editado, con los lomos de las hojas dorados a la manera de los antiguos misales, con ese extraño pez en medio de la sobria y a la vez elegante portada y el nombre de Stephen King en destacada letra blanca, ¿qué hice? Pues investigar… y llevarme una sorpresa

El hombre del traje negro es un relato corto que ganó en 1995 el World Fantasy Award al mejor relato corto de ficción. Es puro King destilado y servido en chupito. Cuenta la historia de Gary, un niño de nueve años cuyo hermano murió un año antes. Va a pescar al río y se queda dormido. Cuando despierta se encuentra con que le estaba observando un hombre vestido con un traje negro y con los ojos anaranjados, como si tuviera llamas dentro de él. Además huele a cerillas… El joven concluye que uno y uno son dos. Por si fuera poco para acabar de acojonarle, el hombre empieza a meterle miedo y le cuenta cosas sobre su familia que un desconocido no debería saber. Consigue escapar de él corriendo como alma que lleva el diablo. No hago espoilers, tranquilos, porque la narración comienza con Gary, ya anciano, rememorando esta historia.

Aquí podéis leer a King sin miedo a que el final sea decepcionante. Es un relato muy bien escrito, con una trama que te tiene en vilo y que da pena que se acabe tan pronto. Las reflexiones del anciano Gary, las razones para escribir su historia… Podría haber sido un cuento más largo y no habría desmerecido en nada.

Por otra parte, este relato tiene intercaladas en él preciosas ilustraciones de Ana Juan.

Pero, como decía Súper Ratón, “no se vayan todavía, aún hay más”. Tras el relato de King se incluye otro de Nathaniel Hawthorne, El joven Goodman Brown. ¿Y eso por qué? Pues según parece el cuento de King es un homenaje a este. Lo cierto es que algo de parecido tiene, pero son totalmente distintos y los dos merecen mucho la pena.

Para empezar, El joven Goodman Brown transcurre en Salem, así que ya podemos hacernos una idea de por dónde irán los tiros, ¿no? Como curiosidad apunto que el bisabuelo del escritor fue inquisidor en los juicios contra las brujas, cosa que le avergonzó toda su vida, tanto como para modificar su apellido añadiéndole una “w”. Creo que con esta nota, se entenderá mejor (y no es que sea difícil de entender, en absoluto) el cuento y las intenciones del autor.

Así pues, dos por el precio de uno. Los dos buenos, bonitos y baratos. Una oportunidad de oro para leer a King y para descubrir o redescubrir a un autor que es todo un clásico de la literatura norteamericana.

Recalco lo chula que ha quedado esta edición de Nórdica. Un ejemplar de coleccionista, sin duda.

Gracias, Susana. ¡Un abrazo!

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El bazar de los malos sueños, de Stephen King

el bazar de los malos sueños

el bazar de los malos sueñosPara mí, el señor Stephen Edwin King es tito King, y me consta que no soy la única que le llama así. ¿A qué se debe semejante confianza en mi caso? ¿Es que soy una fiel seguidora de todo lo que escribe y lo veo como de la familia? No, la verdad es que no, solo he leído seis de sus libros, y eso es apenas nada en un autor tan prolífico. Quizá, simplemente le tenga cariño porque escribió mi primera lectura adulta. Tras mi colección de Pesadillas y mis coqueteos con Poe (leía una y otra vez Los crímenes de la rue Morgue), a los once años di el gran salto con It, un tocho de más de mil páginas. Con el tiempo, llegaron El resplandor, Carrie y Misery, pero sobre todo me marcó Mientras escribo, donde King mostraba su faceta humana y dejaba más que clara su pasión por la literatura. Es esa pasión la que traspasa cada una de sus páginas: él disfruta escribiendo y su objetivo es que sus lectores disfruten leyéndolo. Y eso cala, mucho. Tal vez ahí radique parte de su éxito.

King es uno de esos autores a los que me apetece volver cada cierto tiempo. En esta ocasión, el reencuentro ha sido con El bazar de los malos sueños. Este libro recoge veinte de sus relatos, algunos ya publicados con anterioridad y otros nuevos. Cada uno de ellos va precedido por una nota en la que nos explica por qué lo escribió, cómo, de dónde surgió la idea, etcétera, lo que inevitablemente recuerda a Mientras escribo, su obra autobiográfica, que no me cansaré de recomendar. En estas historias aparecen sus temas recurrentes: la violencia, el humor negro, el alcoholismo, la muerte, la maldad, la moral…; sus gustos: la literatura, el béisbol, los coches…; y múltiples guiños a sus lectores de siempre, con referencias a otras obras, como, por ejemplo, La torre oscura.

Aunque muchos lo consideran el actual rey del terror, no todos los relatos de esta antología pueden encasillarse en ese género. De igual manera, en muchos hay un componente fantástico y en otros tantos no. En definitiva, como su propio nombre indica, lo que hace King en El bazar de los malos sueños es ponernos en situaciones que, aunque en principio no siempre lo parezcan, acaban siendo incómodas, desasosegantes, retorcidas, violentas o mortales. ¿Estarías dispuesto a hacer algo inmoral por salir de un apuro económico?, ¿qué puerta elegirías si una supusiera el fin de tu existencia y la otra revivir tu vida, error a error?, ¿en quién confiarías para acabar con el dolor de tu cuerpo?, ¿qué harías con ese niño malo que te persigue a lo largo de los años para causarte la desgracia?, ¿contarías a alguien que tu Kindle te da acceso a todos los libros del mundo, incluso a los que nunca fueron escritos? Sí, esta última parece un sueño, pero nunca os fiéis de tito King, porque en cualquier momento la historia se puede convertir en pesadilla, esa que os persigue incluso después de despertar.

El bazar de los malos sueños es un entretenimiento adictivo gracias a su afilada prosa. Es puro Stephen King, un género en sí mismo. Pero, por encima de todo, es un tributo a sus seguidores. No es casualidad que se dirija directamente a ellos en la primera página: «Hay algo más que quiero que sepas, Lector Constante: me alegro mucho de que los dos sigamos aquí. Genial, ¿no?». No sé a vosotros, pero a mí eso me parece admirable. Después de decenas de libros y de una cuenta de muchos ceros en el banco, son pocos los que tienen tan presentes a sus lectores y los que siguen mostrando su agradecimiento con sinceridad. Por eso King cuenta con una legión de seguidores que nunca lo abandonan: porque él tampoco se olvida de ellos. ¿Cómo no lo voy a llamar tito King? ¡Llamémosle todos así! Se lo tiene más que ganado.

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La Torre Oscura: El Pistolero (Integral II), de Stephen King

la torre oscura el pistolero integral II

la torre oscura el pistolero integral IIAhora ya sabes quién es el Hombre de Negro. Ahora ya sabes quién es el Pistolero. Ahora ya sabes por qué huía el Hombre de Negro a través del desierto y por qué el Pistolero iba en pos de él. Todo ello, todo lo que necesitabas conocer para entender esta lucha descarnada, te fue explicado en La Torre Oscura: La canción de Roland (Integral I). El narrador, engendrado por Stephen King pero adoptado por Robin Furth y Peter David para la adaptación al cómic, ya te explicó cómo el Hombre de Negro encendió la chispa que calcinaría todo lo que Roland Deschain, ahora más conocido como el Pistolero, amaba. “Quemados, apuñalados, disparados… y la lista sigue y sigue”. Y cuando alguien te lo arrebata todo, ¿no es justo devolverle ese daño multiplicado por cien? O por mil. Venganza. Eso busca el Pistolero; pero para llevarla a cabo debe alcanzar a su presa. Pero, ¿es realmente el Hombre de Negro una presa o finge serlo mientras atrae a Roland Deschain a su mundo de retorcidas ilusiones? Y La Torre Oscura, ¿podría ser uno de esos espejismos creados por Walter O’Dim, Randall Flagg, sí, el hombre de los mil nombres? ¿Es tal vez, únicamente, una retorcida metáfora de una empresa irrealizable o, al contrario, es una tangible y titánica estructura que alberga poderes inimaginables y que puede devolver a Gilead (el hogar caído en desgracia del Pistolero) la gloria perdida? Cuando las preguntas se amontonan se torna indispensable hallar respuestas, dejémonos pues de preámbulos y empecemos de una condenada vez con La Torre Oscura: El Pistolero (Integral II).

Lo primero que llama la atención al abrir la novela gráfica es descubrir que las ilustraciones ya no son creación de Jae Lee. Cuenta la leyenda que por ser un poco lento con los lápices fue invitado a bajarse del carro y ahora vaga por el desierto, bajo un sol de justicia, pensando en asociarse con George R.R. Martin. Leyendas… Aun así no será un cambio traumático, ni mucho menos, y se hace mucho más llevadero gracias al colorista Richard Isanove. Pero esto puede esperar. La Torre Oscura: El Pistolero, empieza justo donde también daba el pistoletazo de salida el integral anterior, pues como recordareis, La canción de Roland era realmente un flashback que abarcaba la infancia y adolescencia de Roland Deschain a lo largo de más de 800 páginas. Con El viaje empieza, primer tomo de los seis que reúne esta obra, nos adentramos realmente en la búsqueda que rodea a toda la saga y que sirve de pretexto para transportarnos a aventuras terroríficas o a mundos que parecen sacados de la mente de George Miller, creador de Mad Max.

Ciencia ficción, terror, fantasía, en La Torre Oscura hay cabida para estos tres géneros; y para algunos más si observamos con lupa. Además nos zambulliremos en situaciones que son tema recurrente en las novelas de Stephen King. Como por ejemplo, esas circunstancias, poco saludables, en las que una turba obnubilada, y manipulada por una persona de religiosidad extrema, decide que el forastero está de más. Algo que descubriremos en La batalla de Tull. O con Las hermanitas de Eluria, donde monstruos que ocultan su verdadero rostro tras la aparente belleza de unas monjitas de sexuales y ávidos instintos, le pondrán las cosas difíciles al protagonista. Pero si hay algo que a Stephen King se le da bien es crear personajes juveniles de ostensible carisma. Como Jake, que se convertirá en inseparable del Pistolero, a pesar de que pertenecen a mundos diferentes; algo que quedará patente en todas esas expresiones que a Roland lo dejarán meditabundo. “Asaltemos esas montañas heladas Aragorn”. O como Sheemie, muchacho de corto intelecto pero con poderes paranormales y que, tras conocerlo en La canción de Roland, en Últimos disparos, y gracias a un cuento contado por él mismo, sabremos dónde lo llevó su destino.

Retomemos el tema visual. Jae Lee no está. Te echaremos de menos, sí, pero solo un poquito. Sobre todo al principio, con Sean Phillips encargado de dar vida a Roland y a todo lo que lo rodea. Rostros duros y figuras de proporciones extrañas. ¡Eh, mira, la niebla ha desaparecido! En la lejanía incluso se vislumbran montañas por las que cabalgar. Luke Ross será el siguiente, haciéndote pasar un mal rato al mostrarte la cara oculta de las monjas que cuidan de los caídos en combate en Eluria. El siguiente en tomar el testigo es Michael Lark, asiduo de DC y Marvel y que aquí realiza un trabajo más que decente. Laurence Campbell y Alex Malev (sobre todo éste último) elaboran lo que para mí es el mejor trabajo de todo el integral: rostros que transmiten lo que dicen y paisajes que cautivan. Y finalmente nos encontramos a Dean White, que da color al último tomo mientras Richard Isanove se ocupa del dibujo. Sí, el mismo Isanove que ha dado color a todos y cada uno de los dibujos que han pasado por esta adaptación gráfica; ese color que ha logrado unificar los distintos estilos, consiguiendo así que no se noten demasiado los diferentes cambios de dibujante. ¡Chapó señor Isanove!

Llegamos al final. Al final de esta reseña, al final de la aventura, al final de La Torre Oscura… o eso creías. Ya que La Torre Oscura: El pistolero (Integral II) no es ni mucho menos un final. Es realmente el final de un principio, ya que esta adaptación gráfica, precuela de las novelas, enlaza de forma extraordinaria con la saga que en 1982 Stephen King inició y que a día de hoy sigue más en forma que nunca; transportándonos a mundos de pesadilla de los que temeremos no despertar, a lugares de ensueño a los que querremos regresar y a realidades paralelas que dejarán nuestra concepción del espacio-tiempo hecha un guiñapo, y que nos obligará a repetir una y otra vez el credo de los pistoleros para no perder la cordura: “Apunto con el ojo. Disparo con la mente. Mato con el corazón”.

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La Torre Oscura: La canción de Roland (Integral I), de Stephen King

la torre oscura la canción de Roland integral I

la torre oscura la canción de Roland integral IEl cosquilleo ¿Lo has sentido alguna vez? El cosquilleo, ese ardor, en las yemas de unos dedos impacientes por abrir la primera página de un libro. Ese cosquilleo que recorre las entrañas del lector ávido al encarar una lectura de la que poco sabe o ha querido saber; virgen, premeditadamente, en su conocimiento. Sí, seguro que lo has sentido. Una suerte de electricidad estática que reacciona ante lecturas postergadas. Y que en mi caso tenía que ver con la obra magna, y vertebral, del maestro del terror: La Torre Oscura. He sentido el cosquilleo, todas esas ocasiones en las que mi camino se ha cruzado con la saga; todas esa veces que he tomado uno de los libros y he decidido que no era el momento; con todas esas lecturas que se interponían entre la colosal obra de Stephen King y mi interés lector, sin que yo, es justo decir, opusiera excesiva resistencia. Luego llegaría la adaptación gráfica y mi flirteo sensorial sería completo. ¡Las palabras de Stephen King convertidas en imágenes! Me lo ponían en bandeja. El cosquilleo se intensificó hasta niveles electrizantes. A pesar de todo, todavía pasaría un tiempo hasta que, virginal, decidiera lanzarme, sin protección, para averiguar qué llevó al Pistolero a atravesar su árido mundo en busca del Hombre de Negro. El tiempo justo y necesario para que La Torre Oscura: La canción de Roland (Integral I), cayera en mis manos, aplacando así mi eléctrica necesidad.

Pero, ¿quién es el Pistolero? ¿Y el Hombre de Negro? ¿Y esa Torre Oscura que está tan ligada al destino de ambos? El Pistolero es Roland Deschain y pertenece a la noble casa de Gilead, hogar de los pistoleros, caballeros con reminiscencias artúricas pero portadores de revólveres, y guardianes de la paz. Pero ésta es efímera cuando hombres como John Farson, bandido sanguinario y bastardo a secas, conocido irónicamente como El Hombre Bueno, decide que a Mundo Medio le hace falta un toque de destrucción y muerte. “Y Farson contempló la obra de sus ejércitos y vio que eso era bueno” El Hombre Bueno… ¡Ja! El Hombre de Negro, Marten Broadcloak, Walter O’Dim, sí, el hombre de los mil nombres, está a su lado. El Hombre de Negro es el que mueve los hilos. El Pistolero es el bien. El Hombre de Negro es el mal. La eterna batalla de final inalcanzable. “El Hombre de Negro huía a través del desierto, y el Pistolero iba en pos de él”. Una lucha de titanes. Una batalla que los desangrará, que sacará lo peor de ellos y que los llevará a lugares remotos y a realidades paralelas. Como bien has supuesto esta no es una historia típica de indios y vaqueros.

En La Torre Oscura: La canción de Roland, hay tal amalgama de géneros literarios que mal perpetrado no hubiera pasado de pastiche incomible, por suerte Stephen King aúna todos esos géneros creando una aleación inquebrantable. Western con toques de aventura medieval, fantasía onírica, ciencia ficción post apocalíptica y, como no, terror a raudales. La lectura de cada uno de los capítulos es única e impagable. Todos ellos con la voz de un narrador que habla directamente al lector. “¿Te consta?” Una voz intensa, íntima, probablemente rasgada, que parece susurra al oído cuentos y leyendas mientras duermes; en ocasiones también fábulas, o cuentos de hadas, de corte pesadillesco, que te harán despertar empapado en sudor; o tal vez no. Tal vez eres uno de esos que encuentran placer en cierto sufrimiento, como yo.

Porque leyendo La Torre Oscura vas a sufrir de igual manera que vas a disfrutar. Y es que leer esta novela gráfica implica cierto grado de compromiso, de atención, de fe ciega en las historias raras y complicadas. Historias que se nutren de toda la obra del maestro del terror. Historias que al leerlas nos acercan a la desgarrada mente de Stephen King y, también, a las de Robin Furth y Peter David que han trasladado la esencia del libro al cómic. Historias que también entran por los ojos. ¡Y de qué forma! Animales y humanos con deformidades, monstruos de sangre y carne, objetos mecánicos de metal y aceite, pero también rostros suaves devorados por las sombras que convierten a héroes y amigos en seres del más allá. El dibujo típicamente gótico de Jae Lee, unido al espectacular colorido de Richard Isanove, crea parajes tétricos, mágicos, lúgubres, infestados de lo que parecen rostros en troncos de árboles, en las piedras del camino o incluso en la niebla, presente a lo largo de toda la aventura. Y todo ello sin bajar en ningún momento el nivel a lo largo de las 800 páginas que recogen los primeros cinco tomos de la serie.

La Torre Oscura: La canción de Roland (Integral I) es la mejor, aunque no la única, forma de adentrarse en el mundo del Pistolero y su mitología para acabar con ese cosquilleo del que hablé anteriormente. Justicia contra ignominia. El héroe contra el villano. Sí, la opción más asequible para descubrir los recuerdos de infancia y adolescencia del protagonista. Para entender cómo empezó y acabó todo. Asimismo para asistir a terribles traiciones y a poderosas alianzas. También es perfecta para conocer de primera mano cómo se gestaron todas las batallas y cuáles fueron sus resultados. Para honrar a Steven Deschain. Para amar hasta el tuétano, hasta que duela el corazón, a Susan Delgado, y para estallar en carcajadas con las ocurrencias de Cuthbert Allgood y Alain Johns, amigos inseparables de El Pistolero; una vez, hace mucho tiempo, conocido como Roland Deschain. “Si El Pistolero te resulta familiar, bien, así es como debe ser”.

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Quien pierde paga, de Stephen King

Quien pierde paga

Quien pierde pagaHay un concepto dentro de los diferentes géneros literarios que me fascina. La metaliteratura. Detrás de este rimbombante nombre, no hay más misterio que libros que hablan de literatura. Libros que hablan de libros. Del arte de escribir, del proceso de lectura o , como nos dice Stephen King, “para los lectores, tomar conciencia de que son lectores es uno de los descubrimientos más electrizantes de la vida: de que son capaces no solo de leer, sino además de enamorarse de la lectura. Perdidamente. Con delirio”. Es “Quien pierde paga” la primera novela, desde Misery, en la que Stephen King vuelve a escribir sobre un lector obsesionado con un escritor. Y lo hace de manera prolija y eficiente. Eso es “Quien pierde paga”, un viaje a la psicología del lector.

“Unos leen para aprender, otros para olvidar.
Y devoran el libro o el libro los devora a ellos.
He aquí el plan de un lector maníaco.”

Para aquellos que no conozcáis la trilogía Bill Hodges, decir que la primera entrega de esta serie fue Mr. Mercedes. Aquella fue la primera incursión de Stephen King en la novela policíaca. Aquel libro nos preparó el camino para lo que nos encontraremos en este volumen. Una historia autoconclusiva pero que se conduce por unos cauces narrativos generales mucho más amplios. Ariel Bosi, lector argentino experto en King que ya se ha leído la trilogía entera, confesó que “Quien pierde paga” es el que más le ha gustado de los tres, y que “End of watch” (el tercero) será el más controvertido. Entiendo que se refiere a que continúa con el final de “Quien pierde paga”, un final al estilo King, que a mi, personalmente, me ha encantado.

«Despierta, genio».

Así comienza la novela. El genio en cuestión es John Rothstein, un autor de culto (deduzco que postmodernista, amén del guiño a Roth), creador del personaje de Jimmy Gold. Morris Bellamy es un apasionado lector que, sin embargo, no está nada contento. Cree que Rothstein ha traicionado a Gold y eso es algo que no puede soportar. Morris decide hacer una visita a Rothstein en su casa para preguntar a por qué terminó su obra de esa manera pero las cosas, como en cualquier novela de King, acaban por torcerse.

Años después un chico llamado Pete Saubers, sin saberlo, se cruzará en el camino de nuestro peculiar lector y será al joven Pete y a su familia a quienes habrán de salvar Bill Hodges, Holly Gibney y Jerome Robinson del vengativo y trastornado Morris cuando salga de la cárcel después de treinta y cinco años a la sombra.

Hay que señalar que Morris Bellamy es uno de los seres más extraños de cuantos ha creado Stephen King. Un personaje inteligente con quien sentirse identificado pero repulsivo al mismo tiempo. Alguien con quien tienes tantas cosas en común que asusta. Un personaje maligno y trastornado que recuerda en ocasiones, no solo a Annie Wilkies de “Misery” sino también a Henry Bowers de “It”.

Si hay algo que destacar es la calidad con la que están construidos los personajes adolescentes en la obra. Cuando Stephen King comenzó a escribir Carrie, su primera novela, tiró a la papelera las siete primeras páginas. El autor de Maine sostenía que no iba a ser capaz de entrar en la mente de unas jóvenes de instituto. Menos mal que su mujer sacó las páginas del cubo de la basura… Nada tiene que ver esta anécdota con la capacidad actual de King de ponerse en la piel de unos adolescentes. Son precisamente éstos los que destacan por encima del resto. Personajes que, tanto los comunes con Mr. Mercedes como Pete Saubers, protagonista de “Quien pierde paga”, llevan el peso de toda la trama.

Hay un detalle en la novela es que Stephen King que no podemos dejar pasar. El libro retrata la vida de un lector cuya obsesión por un escritor lo lleva demasiado lejos. Esa es la manera que tiene King de dejarnos su mensaje: “Quien pierde paga” es un libro que trata sobre cómo la literatura puede moldear una vida de alguien para bien o para mal. De cuan profunda puede ser la obsesión de un lector por un libro hasta el punto de no saber dónde la realidad linda con la ficción.

Creo que, a estas alturas, sobra hacer apología de Stephen King. Si has llegado hasta aquí es porque te gusta King. Si has llegado hasta aquí es porque te vas a leer el libro. No ayudará a convencerte decir que Stephen King es uno de los mejores escritores de la literatura contemporánea y que yo leo absolutamente todo lo que escribe. Ni decirte que “Quien pierde paga” me reafirma en lo que pienso. Así que ya sabes, deja de leerme a mí y abre el maldito libro.

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Revival, de Stephen King

Revival

RevivalEn una entrevista para un medio americano, a Stephen King le preguntaron si esperaba ir al cielo tras su muerte y él contestó: «Ni de coña. Al menos no al cielo que me enseñaron cuando era pequeño. La idea de estar tumbado en una nube escuchando a angelitos tocando el harpa me aburre. ¡Yo quiero escuchar a Jerry Lee Lewis!». Dos conceptos, la idea de la religión y el rock and roll, hermanados. Es habitual en el escritor de Maine incluir referencias a la creencia en Dios y a la música rock de la que tanto disfruta. Estos dos elementos se unen para dar cuerpo y alma a su novela Revival.

Inmerso en medio de una trilogía de corte policíaco que arrancaba con Mr. Mercedes, King quiso recuperar parte del halo de oscuridad sobrenatural de muchas de sus anteriores novelas publicando entre medias Revival. Una historia que profundiza en la perdición y la redención, las adicciones y la fe, la muerte y la otra vida.

A comienzos de los años 60, en un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra, una sombra se ciñe sobre el pequeño Jamie Morton que juega con sus soldaditos en el jardín de su casa. Al girarse, Jamie ve la figura del nuevo pastor de la iglesia, Charles Jacobs. Desde ese encuentro, crean un vínculo muy especial que les mantendrá unidos el resto de sus vidas.

Tras un trágico suceso, el pastor pierde toda su fe en Dios centrándose en una de sus pasiones, el poder de la electricidad con la que se obsesiona en ridiculizar la creencia de la iglesia. Por su parte, Jamie, que durante décadas encarriló su vida por un camino de perdición rodeado de drogas y rock and roll, vuelve a tener noticias de quien fuera su pastor. Al recibir ayuda de Charles Jacobs, sin ser muy consciente de ello, creó un pacto diabólico con alguien que le mostraría una verdad que le aterrará el resto de sus días.

Cuando se anunció la publicación de Revival, con una portada más que atractiva con esa carpa de circo y el amenazante rayo de tormenta que en su nueva edición en DeBolsillo se mantiene, seguí muy de cerca las entrevistas y comentarios que se hacían antes de su publicación. Incluso en aquel entonces ya se habló de su versión cinematográfica, algo, por otra parte, normal en cada una de sus obras. Lo más actual que había leído de él, previo a esta novela que estoy reseñando, fue la inmensa 22/11/63, un mamotreto de los que se te cae la baba en cada página y Joyland, la historia de un chaval que comenzó a trabajar en un parque de atracciones con un corte entre misterio y búsqueda de pistas. Ambas me dejaron claro que, de nuevo, King vivía un despunte de creatividad actual muy interesante. Y para mí, Revival, en el podio de últimas publicaciones del autor, al menos de las que he leído, consiguió el bronce.

El argumento en sí se desarrolla entre la vida de un rockero (yo diría que Stephen King mostró en esta historia la biografía frustrada de lo que le hubiera gustado dedicarse a él mismo si en lugar de escribir novelas se hubiera decantado por el rock and roll) y la disputa interna de un pastor frente a sus creencias y que se dedica a realizar peligrosos experimentos con el poder de la electricidad. En mi opinión, la historia no daría de sí para abarcar una novela de trescientas páginas, de ahí que gane tanta importancia y extensión en la obra las memorias rockeras del protagonista. No las considero prescindibles, todo lo contrario, me pareció una muestra de poderío narrativo de Stephen King de abarcar, dentro de un hecho insólito y terrorífico, ese algo que descubre el pastor empleando la electricidad, la vida de una estrella del espectáculo. Aunque es cierto que en cuanto a caracterización de sus protagonistas no han calado lo suficiente en mí, el crecimiento en la obra del joven Jamie Morton, pasando de sus años de instituto y sus relaciones con los amigos, novias y familia a los turbulentos años de adicciones y vida en los escenarios, resulta una evolución del personaje muy bien llevada por su autor.

El libro se abre con una cita de Lovecraft y bien mirado, el final de la novela, que acojona un rato, podría enlazarse bastante con dicha cita. La inspiración de Mary Shelley también ha dejado su impronta en Revival. Por tanto, se podría decir que esta novela resulta una suerte entre varios elementos que hacen común las historias de Stephen King (no es la novela que recomendaría para un iniciado pero sí a tener en cuenta una vez leídas las joyas de la corona) y un paseo por algunas de sus inspiraciones, tal y como hacemos los autores noveles cuando comenzamos a escribir. ¿Será este un nuevo renacer para la última etapa —Dios quiera que sea larga— de Stephen King?

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Mientras escribo

Mientras escribo, de Stephen King

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Recuerdo las estanterías de casa de mis padres salpicadas de libros de Stephen King. Estaban por todas partes. Un montón de libros del escritor de Maine en edición de bolsillo. Una edición con fondo negro llamada “Los JET de Plaza & Janés” de la que recuerdo títulos que leí de crío como eran “Cujo”, “El Resplandor”, “El misterio de Salem’s Lot”, “Tommyknockers”, “Apocalipsis”, “Carrie”… y mi idolatrada “It”. Creo que con aquella colección Stephen King comenzó a perfilar mi gusto literario, al que más tarde acabaría de dar forma J.R.R. Tolkien.

“Mientras escribo” no es una novela de terror. O sí. En algún sentido nos presenta varios de los fantasmas que acechan la mente del autor y cómo le afectan en su proceso de creación. Pero no es una novela, sino un ensayo. Este libro es una “rara avis” dentro de la obra de Stephen King. De hecho,  ahora que han pasado más de quince años desde su publicación, empieza a considerarse como una suerte de libro de culto. Se recomienda en talleres de escritura y en universidades y, aunque es un libro para escritores que están iniciando o para fans del autor, los párrafos vuelan delante de tus ojos. Sigue leyendo Mientras escribo

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Mr Mercedes

Mr Mercedes, de Stephen King

mr-mercedesDespués de leer Mr Mercedes, la primera incursión de Stephen King en la novela policiaca, queda clara una cosa: éste no es su género fuerte. King escribe como quiere, en eso estamos de acuerdo; lo hace rápido y bien, engancha como ningún otro autor vivo (ni muchos que ya no) y sabe contar una historia mejor que nadie que sepa juntar una frase con otra. Además, como todos sabemos, y aunque se le haya etiquetado así, Stephen King no es un escritor de novelas de terror (dijo él mismo que nunca las había considerado así), sino un escritor que escribe historias inquietantes, pero que también pueden llegar a ser conmovedoras y muy bellas (como El pasillo de la muerte y Rita Hayworth y la redención de Shawshank, por poner dos ejemplos muy conocidos y que dieron lugar a excelentes películas). Pero, por alguna razón, contar una historia sin elementos sobrenaturales con un psicópata asesino y un expolicía que quiere atraparlo no es algo que haya hecho con la misma naturalidad y el mismo acabado a los que nos tiene acostumbrados. Pero…

Pero.

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De Cine y Literatura 86

dreamcatcher

De Cine y Literatura 86: El cazador de sueños

dreamcatchercazador de sueñosTítulo: El cazador de sueños

Autor: Stephen King 

Editorial: Debolsillo

Páginas: 784

ISBN: 978847591508

Película: El cazador de sueños (título original: Dreamcatcher)

Año: 2003

País: EE.UU.

Reparto: Morgan Freeman, Thomas Jane, Jason Lee, Damian Lewis (et. al)

Duración: 136 min

Empecemos por la premisa básica: esta no fue la historia que más me gustó de Stephen King. Siempre he creído que el autor, de un tiempo a esta parte, tiene historias increíbles en su haber (La cupula) y otras que pecan de sobreactuación en su argumento (Doctor Sueño). El caso es que esta película, cuando la leí, fue una de esas novelas que uno leía tranquilamente y que cerraba sin ningún tipo de miramiento, una vez terminada, sin que le hubiera dicho absolutamente nada. Pero como yo suelo caer en errores que no me explico, resulta que esta película fui a verla el cine, y esta es mi opinión.

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