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Microterrores, de Diego Palacios Marxuach

Microterrores

MicroterroresUno de mis géneros favoritos de cine es el de terror.  Disfruto (sí, disfruto) muchísimo con las películas que no me dejan pestañear, que juegan con mi mente y me hacen querer ver un capítulo de Heidi después de verlas para ver si se me pasa el mal rollo. He visto tantas películas de miedo que ya me sé todas las tramas y personajes posibles. Existe tal variedad de películas de este género que, desafortunadamente, hay auténticas bazofias. Pero hasta con esos tostones disfruto, qué le voy a hacer. A veces es divertido adivinar lo predecibles que pueden llegar a ser y los sustos metidos con calzador. Hay directores que se piensan que para que una película provoque miedo es imprescindible asustar mucho. A mí me aterra mucho más Jack Nicholson en El Resplandor perdiendo la cabeza, qué queréis que os diga.

En cuanto a la literatura de terror debo reconocer que no estoy al mismo nivel. He leído a poquísimos autores de este género: Poe, King, Lovecraft y poco más. Eso sí, uno de mis libros preferidos y que he releído más veces es Drácula, de Bram Stoker. Supongo que eso me da puntos.

Diego Palacios Marxuach, autor de La escalera y otros microrrelatos (2008) y la biología vampírico-fantástica compuesta por Valeria (2014) y El diablo da las llaves del cielo (2015) sí que es un experto en este género. Ávido lector de las novelas de terror, esta pasión queda reflejada en sus libros y, sobre todo, en Microterrores, su última publicación a manos de Libros y Literatura, con quien colabora como reseñista y responsable de comunicación.

Para los amantes de este género Microterrores es una auténtica joya, porque en él está todo. Y cuando digo todo es todo: vampiros, brujas, zombies, nigromantes, fantasmas y hasta esa rubia tetona que sabes que será la primera en morir. Dicho así suena a topicazo, pero nada más lejos de la realidad. Las pequeñas e intensas micro historias de terror que componen este libro, un total de 77, están escritas con exquisito gusto y son tan sutiles que no te darás cuenta del inesperado giro de guión que esconden. Ese giro que hace que digas: “joder, ¿cómo le irá al abuelo de Heidi?”.

Porque hay que reconocer que los objetos que se mueven solos asustan, que los áticos con puertas cerradas no esconden nada bueno, que los espíritus y dementes acojonan y que la soledad es, a veces, terrorífica. Se me vienen un montón de referencias cinematográficas a la mente al leer estas pequeñas historias: desde It a Hannibal Lecter, desde la puñetera abuela de La visita hasta Gary Oldman interpretando a mi querido conde Drácula. Ese Jack Nicholson que os comentaba antes volviéndose loco con su personaje de Jack Torrance e incluso las llamadas telefónicas de Scream (saga mala donde las haya, pero con buenos resultados).

Todo está aquí, en Microterrrores. Eso y mucho más, porque Diego nos sorprende con inesperadas vueltas de tuerca, con nuevos terrores, con otras formas de pasar miedo mientras leemos. Mucho más difícil asustar al lector que al espectador, claro está, pero Diego lo consigue.

Si os gusta este género, Microterrores es sin duda vuestro libro. Si no sois muy fans del terror, siempre podéis tener preparado un capítulo de Heidi o Sonrisas y Lágrimas para ver entre historia e historia. O si no, podéis recurrir a leer algo de Paulo Coelho, aunque yo no sé qué da más miedo, la verdad.

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Manual de linternas, editado por Marta Magariños

Manual de linternas

Manual de linternasLo primero que llama la atención de este Manual de linternas es precisamente eso, el título, uno increíblemente hermoso que serviría para cualquier texto (desde un poemario hasta una novela) con la probable excepción de la interpretación literal (ya saben, abran la tapa, introduzcan las pilas en el orden correcto, cierren la tapa, pulsen el interruptor y la linterna alumbrará), en cuyo caso es igualmente indicado pero pierde encanto, la verdad. Pero en esta magnífica obra, que se subtitula “incursiones, excursiones y reflexiones científicas”, aúna ambas caras de lo que debe ser un título, es hermoso y a la vez pertinente porque el texto recopila cincuenta y una reseñas que al tiempo sirven de linterna que ilumina cada una un determinado texto científico. Lo ilumina en el sentido de que lo reinterpreta y lo da a conocer bajo la óptica personal del reseñista, lo presenta desde el punto de vista del lector.

Los libros reseñados son casi todas obras de divulgación, tan interesantes como diferentes. El campo es tan amplio como para que cada lector encuentre temas de su interés pero cada una de las obras es suficientemente brillante como para que la curiosidad del lector se excite en cada una. Y tal vez sea esa la palabra clave: curiosidad. Recuerdo que cuando fui a trabajar, hace años, a la Facultad de Medicina, una de las primeras cosas que hice fue entrar al discurso de bienvenida que el por aquel entonces Decano, don Ángel Nogales, daba a los alumnos de primer curso. Y aquella intervención, para mí inolvidable, hablaba precisamente de la curiosidad, de cómo se reconoce a un universitario (de cualquier edad) por tener los ojos bien abiertos, por mirarlo todo precisamente así, con curiosidad. Esa característica es extensible a muchas más personas, no necesariamente a universitarios en exclusiva, pero la idea resulta tan inspiradora hoy como aquel día. Y diría que este Manual de linternas es un homenaje extraordinario a todas aquellas personas que han hecho de la curiosidad uno de los ejes centrales de su vida. Un libro peligroso para quienes tienen poco espacio en las estanterías, como dice la propia Marta Magariños, editora del texto, profesora, científica y curiosa. Yo ya he encargado la primera remesa.
No es realmente un libro de divulgación, sino uno que hace divulgación de obras de divulgación. Y tampoco en eso es un libro cualquiera porque lo hace por medio de reseñas muy personales tanto de científicos y profesores como de reseñistas habituales del campo de la literatura. Y créanme que en el aspecto literario no se nota la diferencia entre unos y otros, están realmente bien escritas, pero sí me atrevo a decir que el equilibrio entre ambas es una de las cosas que hacen del libro uno excepcionalmente original.

Y antes de entrar en materia permítanme que destaque dos características más que son comunes a todas y cada una de las páginas de esta obra: la pasión, la que sienten quienes la escriben que a su vez refleja y homenajea la de aquellos que hicieron lo propio con las obras reseñadas; y el sentido del humor, que está muy presente y aporta ritmo y fluidez a la obra. Y diversión al lector, claro está. Puede que no me lo crean, pero el Manual de linternas es de esos libros que uno abre y no puede cerrar hasta que lo termina. No porque necesite conocer el desenlace, encontrar al asesino o averiguar si el protagonista encuentra al amor de su vida, sino porque sencillamente quiere leer más, disfrutar más. Siempre hay tiempo para una reseña más, ¿verdad? Aunque habrá quien disponga de poco y prefiera explorar las linternas sin rumbo fijo, abrir el libro al azar o elegirla desde el índice, y sin duda también disfrutará del libro. También es muy científico estudiar la dosificación.

Llega el momento de encender todas las linternas y mostrarlas a sus ojos, es de justicia para que se hagan una idea del contenido del manual pero les advierto, si miran el siguiente listado fijamente corren el riesgo de deslumbrarse:

1.- El ascenso del hombre, de Jacob Bronowski. Reseñado por Daniel Torregrosa.
2.- Reductionism in art and brain science. Bridging the two cultures, de Eric R. Kandel. Reseñado por Victoria Ley.
3.- En un metro de bosque. Un año observando la naturaleza, de David George Haskell. Reseñado por Juan Ignacio Pérez.
4.- La tabla rasa. La negación moderna de la naturaleza humana, de Steven Pinker. Reseñado por Enrique Turiégano.
5.- I of the vortex. From neurons to self, de Rodolfo R. Linás. Reseñado por Fernando Giráldez.
6.- ¿Quién manda aquí? El libre albedrío y la ciencia del cerebro, de Michael S. Gazzaniga. Reseñado por Enrique Turiégano.
7.- Sapiens. De animales a dioses, de Yuval Noah Harari. Reseñado por Miguel Pita
8.- Homo deus. Breve historia del mañana, de Yuval Noah Harari. Reseñado por Juan José Gómez Cadenas.
9.- El ojo desnudo, de Antonio Martínez Ron. Reseñado por Miguel A. Lurueña.
10.- La invención de la naturaleza. El nuevo mundo de Alexander von Humboldt, de Andrea Gulf. Reseñado por Andrés Barrero.
11.- Longitude, de Sava Sobel. Reseñado por Manuel Collado.
12.- Maestros del Universo, de Helge Kragh. Reseñado por Gorka Rojo.
13.- Sabias. La cara oculta de la ciencia, de Adela Muñoz Páez. Reseñado por Esther Magar.
14.- Las mujeres de la luna, de Daniel R. Altschuller y Fernando J. Ballesteros. Reseñado por Andrés Barrero.
15.- Marie Curie. La actividad del radio, de Jordi Bayarri y Dani Seijas. Reseñado por Susana Hernández.
16.- La fórmula preferida del profesor, de Yoko Ogawa. Reseñado por Manuel de León.
17.- La gran novela de las matemáticas. De la prehistoria a la actualidad, de Mickaël Launay. Reseñado por Victoria Mera.
18.- El precio de todo. Una parábola de lo posible y lo próspero, de Russell Roberts. Reseñado por José Raúl Canay Pazos.
19.- Tales of the quantum. Understanding physics´ most fundamental theory, de Art Hobson. Reseñado por Francisco R. Villatoro.
20.- Cuántica. Tu futuro en juego, de José Ignacio Latorre. Reseñado por Gorka Rojo.
21.- Cómo explicar física cuántica con un gato zombi, de Big Van, científicos sobre ruedas. Reseñado por Esther Magar.
22.- El universo en una cáscara de nuez, de Stephen Hawking. Reseñado por Gorka Rojo.
23.- El universo en tu mano, de Christophe Galfard. Reseñado por Laura Gomara.
24.- Siete lecciones breves de física, de Carlo Rovelli. Reseñado por Gorka Rojo.
25.- La realidad no es lo que parece, de Carlo Rovelli. Reseñado por Paloma Fole de Navia Domínguez.
26.- El ADN dictador. Lo que la genética decide por ti, de Miguel Pita. Reseñado por José L´Bella Sombría.
27.- El gen egoísta. Las bases genéticas de nuestra conducta, de Richard Dawkins. Reseñado por Enrique Turiégano.
28.- Time, love and memory. A great biologist and his quest for the origins of behavior, de Jonathan Weiner. Reseñado por Marta Magariños.
29.- Un esquimal en Nueva York. Y otras historias de la neurociencia, de José Ramón Alonso Peña. Reseñado por Esther Magar.
30.- In Search of Memory. The emergence of a new science of mind, de Eric R. Kandel. Reseñado por Antonio Hernando.
31.- El error de Descartes, de Antonio Damasio. Reseñado por Alejandro Rodríguez Gijón.
32.- Behave- The biology of humans at our best and worst, de Robert M. Sapolsky. Reseñado por Argentina Lario Lago.
33.- Alucinaciones, de Oliver Sacks. Reseñado por Antonio J. Osuna Mascaró.
34.- I contain multitudes. The micro bes whothin us and a grander view of life, de Ed Yong. Reseñado por Jatin Nagpal.
35.- Germ stories, de Arthur Kornberg. Reseñado porOlga Zafra.
36.- Bacterias, bichos y otros amigos, de David G. Jara. Reseñado por Ángeles Pallarés.
37.- Introducción al estudio de la medicina experimental, de Claude Bernard. Reseñado por José Luis Zamorano Marín.
38.- El siglo de los cirujanos, de Jürgen Thorwald. Reseñado por Borja Merino Ortiz.
39.- Cuerpo humano. Guía ilustrada de nuestra anatomía, de Steve Parker y Andrew Baker. Reseñado por Juan Campbell Rodger.
40.- La memoria secreta de las hojas. Una historia de árboles, ciencia y amor, de Hope Jahren. Reseñado por José Ramón Alonso Peña.
41.- The hidden life of tres. What they feel, how they communicate, de Peter Wohlleben. Reseñado por María R. Aburto.
42.- Botánica insólita, de José Ramón Alonso y Yolanda González. Reseñado por Purificación Escuredo.
43.- El pequeño gran libro de la ignorancia animal, de John Lloyd y John Mitchinson. Reseñado por Alberto Ferrús.
44.- El ingenio de los pájaros, de Jennifer Ackerman. Reseñado por Olga Zafra.
45.- Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell. Reseñado por Marta Magariños.
46.- Fósiles, genes y teorías, de Jordi Agustí. Reseñado por Armando González.
47.- A min don her own. The evolutionary psychology of women, de Anne Campbell. Reseñado por Marta Iglesias.
48.- Envolving ourselves. How unnatural selection and nonrandom mutation are changing life on Earth, de Juan Enríquez y Steve Gullans. Reseñado por Carlos García de la Vega.
49.- Elephant son acid. And other bizarre experiment, de Alex Boese. Reseñado por Óscar Fernández-Capetillo.
50.- La ciencia en la sombra, de J.M. Mullet. Reseñado por Ana Segarra.
51.- ¿Qué pasaría si…?, de Randall Munroe. Reseñado por José María Aranzana.

 

La selección, como ven, es amplia. Incluye desde libros clásicos a otros actuales, desde divulgación a novela o hasta comic, de obras técnicas a otras de perfil autobiográfico. Pero la editora es científica, sabe que ni este manual ni ningún otro pueden abarcarlo todo de modo que se incluye también una sección de otras lecturas recomendadas.
La diversidad es una de las virtudes de este magnífico libro, sin embargo hay algunas ideas que sobrevuelan más de una reseña y que arraigan en el lector. Una es la de la absurda división tradicional entre ciencias y letras, esa obsesión humana por levantar muros que este manual trata de derribar a base de linternazos, si me permiten la licencia. Ya dijo Hölderlin que «lo que permanece lo fundan los poetas»: esta confluencia entre ciencia y literatura no podría ser más feliz. Con los libros reseñados, pero también con el Manual de linternas, se hace también uno una idea de lo que es la vida del investigador: describirla como es en realidad, que no es un camino de rosas, y que siga resultando atractiva tiene un mérito. La luz de estas linternas bien puede alumbrar vocaciones. Otra es la de la reivindicación del papel de las mujeres en la ciencia, su trabajo realizado en ocasiones contra viento y marea y nunca suficientemente bien reconocido, cuando no deliberadamente ocultado. Y otra es la belleza oculta en prácticamente todas las cosas que los autores son capaces de ver gracias a su brillantez y su capacidad intelectual, pero que logran transmitir gracias a su pasión.

Y es fantástico conocer facetas ocultas a los legos, la filosófica de los neurofisiólogos, la humorística de los economistas, una que no sé cómo definir en el caso de los físicos (la única disciplina que se sepa en la que uno de los reseñistas siente la necesidad de explicar que quienes se dedican a ello sí que lo entienden, aunque no siempre lo sepan explicar) o cierto romanticismo de los botánicos. Entre tantas otras.

Tampoco serán capaces de cerrar el libro sin al menos una reflexión sobre la ciencia, una de esas preguntas habituales que mucha gente se hace, para qué, y qué diría que este manual responde, si es que no quedó ya magníficamente respondida con la magnífica La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine que apetece recordar tras leer el Manual de linternas. Puede ser una reflexión más o menos gamberra, pongo por ejemplo Elephants on acid, pero subyace en muchas de las páginas.

Acabar una reseña suele ser complicado. Generalmente es así por autoexigencia, no sólo por la obligación de dejar de escribir de forma que el interés esté en todo lo alto sino porque uno siempre se pregunta si habrá logrado transmitir todo lo que quiere decir sobre el libro. En este caso ya les adelanto que no lo he logrado porque sería imposible hacerlo, porque Manual de linternas es un libro que me ha resultado tan apasionante que sería capaz de hablar de él hasta ocupar muchas más páginas que el original. Y respecto a la cuestión estilística, podría buscar una forma de hacerlo que les resultase lo suficientemente impactante como para excitar definitivamente su curiosidad, pero ya la encontró José Ramón Alonso Peña, que es a la vez reseñista y reseñado (no sé si se plantea alguna mención de honor para semejante bilinternado), así que la usaré. A fin de cuentas la ciencia encuentra vías de transferencia a la sociedad a menudo insospechadas. En su reseña de La vida secreta de las hojas, finaliza diciendo: «El libro se subtitula, en español, «Una historia de árboles, ciencia y amor». Así debería ser la vida de todos nosotros». Así sea.

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Lento, de Andrés Barrero

Lento

LentoYa sé que alguien vino antes y les habló de él, y como no podía ser de otra manera les habló muy bien, pero me consta que ni a Marta (mi querida compañera y gran reseñista) ni a ustedes, les importará que venga yo (otra vez) a hablarles de Lento, el último libro de Andrés Barrero. Y tenía que hacerlo por dos motivos, porque soy una adicta a sus interesantes reseñas y porque quedé encantada con aquel libro que un día les reseñé, Todo el mundo odia a Yoko Ono.

Me ha gustado muchísimo la edición y la portada es de lo más sugerente, reflejan perfectamente lo que luego vamos a encontrar dentro, entre sus páginas.

Hay un tercer motivo escondido, y es que dicen las malas lenguas, aunque yo diría “las buenas bocas”, que Andrés es un hombre de buen comer, y si en este libro se habla de comida seguro que había que estar al tanto de sus propuestas. Y ya les adelanto que el libro, una vez leído, se lo he pasado a mis familiares más directos para que también ellos se animen a ser creativos los domingos en la cocina.

Y es que verán, estamos ante un libro familiar en el que un padre y un hijo comparten su afición culinaria los domingos, momentos que aprovechan para compartir sus vidas y rutinas. A mí me ha recordado los domingos en casa de mis padres, pero allí es a lo grande, quiero decir que todo el que llega pasa directamente a la cocina, mi madre es la directora de orquesta, y los demás revoloteamos a su alrededor, somos sus pinches, ¡y eso que mi sobrino Sergio es cocinero profesional! Porque en casa de mis padres seguimos acudiendo todos los domingos a comer casi todos los que podemos, hijos, nietos y desde hace muy poquito ¡Biznieta! Nuestra querida Mireia.

Esto es también lo que transmite en su libro Andrés, el cariño por la familia, por su padre, naturalmente, pero en general se le nota el trasfondo de su cariño por y con casi todo. Así pues, también por la comida. Y es que creo que uno es como transmite su forma de cocinar, algo que muchas veces nos recuerda nuestra hija cuando dice eso de “este caldo está hecho con cariño”.

En casa cocinamos unas veces unos y otras veces otros, pero las más de las veces a mí me toca hacer la comida rápida, la de diario, la que se hace con menos cariño porque sus ingredientes principales son las prisas y el cansancio del trabajo. Pero los fines de semana intentamos hacer la comida con otros ingredientes, ya saben, descanso, tiempo, sonrisas o incluso risas y una buena conversación mientras picoteamos alguna cosa y tomamos alguna copa de buen vino, o incluso si es verano una cervecita bien fría.

Y luego están las conversaciones de cocina, que para nada se parecen a las de comedor y mucho menos a las de bar, trabajo, parque o Club de lectura. Son conversaciones familiares en las que no hay que poner en antecedentes porque ya todos conocemos de donde viene cualquiera de sus hilos y además sabemos de qué pie cojea cada cual. En las conversaciones de cocina la genética siempre suele hacerse presente. Porque no hay nada más genético y tradicional que la cocina, la manera de cocinar, lo olores que generamos con nuestros guisos, que aunque hayamos personalizado siguen en ellos los ingredientes y las formas de nuestros antepasados…

Así pues, no es de extrañar que el tema de los niños robados se les cuele a los Barrero en su cocina ¿Dónde si no? Ese espacio en el que las confidencias quedan disueltas entre los sabores como un ingrediente más.

Y sí, el libro gestiona bien los momentos, los temas, pero sobre todo gestiona a la perfección el cariño que necesariamente debe haber en la familia, lo que sostiene el día a día, por encima incluso del amor… ¿? Es un pensamiento que expreso no excesivamente reflexivo, pienso en mi familia, y sé que la quiero, o creo que la quiero, pero sin duda alguna puedo asegurar al cien por cien que nos tenemos cariño, porque eso lo veo en las miradas. Claro que por deformación profesional he de decir que hasta la fecha nunca nos hemos tenido que repartir ninguna herencia.

El tiempo dirá…

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Microterrores, de Diego Palacios Marxuach

Microterrores

MicroterroresEscribir un microrrelato es muy difícil. Siempre se lo digo a mis alumnos de cuento, que me miran ojipláticos y me dicen “¡pero si es corto!”. Ya, por eso. Justamente por eso, porque la literatura no va a peso ni a número de palabras, por eso es difícil escribir un micro. Aquí la máxima de “menos es más” funciona y debes resolver toda una historia en el mínimo espacio posible. Los microrrelatos, además, son muy peligrosos porque, como se han puesto de moda y la gente los escribe como churros, nos pueden hacer quedar como paletos. “Oh, ¿tú también escribes microcuento?” puede decirnos ese señor raro de Twitter que cree que escribe micros pero que en realidad inventa chistes (malos) y frases medio ingeniosas.

Por eso cuando hace unos meses Diego Palacios me dijo que estaba trabajando en un libro de microcuentos me puse en guardia. ¿Sería otro libro de microcuentos? ¿Una recopilación de pseudotuits-chistes-malos? ¿O sería de verdad un libro de micros? Pues, amigos, mis reticencias eran injustificadas. Microterrores es un buen libro de microrrelatos, que destaca sobre el ruido que nos rodea. Y os contaré porqué.

Para empezar, el título: Microterrores. Es un título transparente porque Palacios ha venido a jugar con nuestro inconsciente colectivo y nuestras referencias culturales para crear un libro inquietante, con un regusto a las películas de terror que veíamos cuando éramos adolescentes (y no tan adolescentes). El proyecto de la bruja de Blair, La matanza de Texas, La noche de los muertos vivientes, pero también Entrevista con el vampiro o El resplandor… Hay relatos en Microterrores que te llevan a todas esas referencias y muchas, muchísimas más que seguro que se me han pasado por alto.

En ese sentido, Palacios tiene un universo propio en la cabeza y nos sumerge de lleno en él, relato a relato, línea a línea. Psiquiátricos, bosques, brujas, vampiros, innombrables criaturas de ojos rojos, psicópatas que te susurran al oído, zombis, gánsteres dignos de Sin City o simplemente el silencio antes del golpe. Todo eso está en el libro, en relatos de menos de media página construidos entorno a lo no dicho, como todo buen micro, y que nos hacen mirar por encima del hombro o ponernos tensos cuando oímos un ruido en la escalera.

Por otro lado, Microterrores es un libro que se lee en apenas una tarde, pero que lees varias veces, marcando los cuentos que más te gustan. También, por supuesto, puedes leer un cuento por aquí y otro por allá, en el metro o antes de dormir. Aunque esta última no es una opción muy recomendable, porque os puedo asegurar que, una vez lees un cuento, se produce el efecto Pringles y vas enlazando con el siguiente hasta que te das cuenta de que te has leído la mitad del libro y te has pasado de parada. Y eso, señores y señoras, también es muy difícil de hacer.

Antes de cerrar esta reseña que ha acabado siendo más larga que la mayoría de los relatos del libro, quería hacer dos últimos comentarios.

El primero es que lo único que puedo echarle en cara al autor es que veo un potencial no aprovechado en muchos de los cuentos, que podrían haberse limado hasta convertirlos en auténticas joyas. Una frase menos por aquí, un adjetivo que sobra por allá, un orden más meditado… Pero he de confesar que aquí es la profesora quien habla. Leyendo Microterrores, mi yo-profe se ha frotado las manos pensando en lo que podría haber sacado de ese material.

El segundo es sobre la edición. Quiero felicitar al editor por la cubierta, que plasma muy bien la sensación que dejan los relatos del libro. También por el libro en sí, trabajado y profesional. Estoy segura de que 2018 será un buen año para todos nosotros, en Libros y Literatura.

Así que nada más. Leed Microterrores y veréis que Palacios tiene algo más difícil de encontrar de lo que se cree: un estilo propio y buenas historias que contar. Espero poder leer muchas más.

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18 libros para leer en 2018

el legado de los espias

Hace pocas horas que despedíamos un 2017 cargado de buenas lecturas. Es tiempo de hacer balance, mirar los últimos doce meses y disfrutar de todo lo bueno leído. Pero también toca mirar al futuro, y las editoriales ya están anunciando sus mejores libros para 2018. El Libros y Literatura hemos hecho una selección de los mejores libros para leer en 2018, o al menos en sus primeros meses de vida.

Grandes autores (Le Carré, Ellroy…) y escritores multipremiados (Atwood, Padura, Ford…); escritores de ayer (Leopardi) y de hoy (Mairal, Knox…); gente de aquí (Somoza, Millás…) y del otro lado del charco (King, Hustvedt…); grandes grupos editoriales y editoriales independientes. Una lista variada que esperemos se amolde a todos los gustos de nuestros lectores.

Aquí empieza nuestra lista de 18 libros para leer en 2018. ¡Disfrutad de ella!

el legado de los espias1. El legado de los espías, de John Le Carré (Planeta. 9 enero)
Peter Guillam, leal colega y discípulo de George Smiley en los servicios secretos británicos –conocidos como El Circo–, disfruta de su jubilación en la finca familiar de la costa meridional de Bretaña, cuando una carta de su antigua organización lo insta a regresar a Londres. ¿El motivo? Su pasado en la Guerra Fría lo reclama. Unas operaciones de inteligencia que habían sido el orgullo del Londres secreto y habían implicado a personajes como Alec Leamas, Jim Prideaux, George Smiley o el propio Peter Guillam están a punto de ser investigadas con criterios perturbadores, por una generación sin memoria de la Guerra Fría ni paciencia para atender a sus justificaciones. Entretejiendo pasado y presente para que ambos cuenten su tensa historia, John le Carré ha urdido una única trama tan ingeniosa y apasionante como la de las dos predecesoras sobre las que se ha basado: El espía que surgió del frío y El topo. El pasado ha venido a cobrarse sus deudas.

Mis rincones oscuros2. Mis rincones oscuros, de James Ellroy (Literatura Random House. 11 enero)
En junio de 1958, James Ellroy tenía diez años cuando recibió la terrible noticia del asesinato de su madre. El cadáver de Geneva Hilliker fue hallado cubierto de hiedra en una cuneta de las afueras de Los Ángeles, estrangulado con una cuerda y unas medias de nylon y con signos evidentes de violación. El caso no se resolvió, pero la brutal muerte marcó para siempre la vida del autor y fue el germen de toda su obra. En 1994, después de publicar el último volumen del «Cuarteto de los Ángeles», Ellroy decidió descubrir la verdad sobre el crimen. Para ello contrató los servicios de un veterano y experimentado «detective» llamado Bill Stoner. A medida que ambos avanzaban en este caso enterrado desde hacía treinta años, Ellroy descubría el misterio que en realidad fue su madre, cuáles fueron sus aspiraciones y por qué decidió salir de un pequeño pueblo de Wisconsin para empezar una nueva vida en Los Ángeles. Mis rincones oscuros relata esta investigación, en una mezcla de crónica negra y memorias confesionales, y se convierte en un libro fascinante que proporciona las claves autobiográficas de sus novelas y, a su vez, en la introducción perfecta a la perturbadora obra de este autor imprescindible de la novela del siglo XX.

La semilla de la bruja3. La semilla de la bruja, de Margaret Atwood (Lumen. 11 enero)
Es un lunes cualquiera de enero de 2013 y Felix pasa el control de seguridad para acceder al centro correccional de Fletcher. Los guardias lo miran con simpatía y benevolencia; para ellos este hombre solo es el señor Duke, un cincuentón que en sus ratos libres se dedica a organizar funciones de teatro con los reclusos. El autor elegido siempre es Shakespeare, y este año el profesor les propone La tempestad. Felix accede sin problemas al recinto de la cárcel, llevando consigo algo muy peligroso pero imposible de detectar a través de un escáner: son las palabras, aún vivas, robustas, sonoras, de una obra donde la venganza viaja a través del tiempo y se instala en el presente. De a poco, ensayo tras ensayo, los chicos de Fletcher, que quizá nunca antes habían oído hablar de Shakespeare, convierten la obra en algo muy personal. Ahí se encuentran con sus fantasmas y con algo de sí mismos que no sabían, pero hay más: Felix, ese profesor terco y a veces aburrido, el día del estreno de la obra también podrá vengarse de quien le arruinó en el pasado.

La transparencia del tiempo4. La transparencia del tiempo, de Leonardo Padura (Tusquets. 16 enero)
A un Mario Conde a punto de cumplir sesenta años, y que se siente más en crisis y más escéptico que de costumbre con su país, le llega de manera inesperada un encargo de un antiguo amigo del instituto, Bobby, que le pide ayuda para recuperar la estatua de una virgen negra que le han robado. Conde descubre que esa pieza es mucho más valiosa de lo que le han dicho, y su amigo tiene que confesarle que proviene de su abuelo español, que, huyendo de la Guerra Civil, la trajo de una ermita del Pirineo catalán. En los bajos fondos de La Habana, Conde da con un sospechoso al que acaban matando. Con el asesinato de otro cómplice, Conde descubre una inesperada trama de galeristas y coleccionistas extranjeros interesados en la talla medieval, y se tropieza inevitablemente con la policía de homicidios de La Habana. Pero, en capítulos intercalados, La transparencia del tiempo también cuenta la epopeya a lo largo de los siglos de la estatua, una virgen negra traída de la última cruzada a una ermita del Pirineo por un tal Antoni Barral, y será otro Antoni Barral quien la salve y se vea obligado a embarcar como polizón rumbo a La Habana.

Recuerdos del primer amor5. Recuerdos del primer amor, de Giacomo Leopardi (Acantilado. 17 enero)
«Heme aquí, pues, enamorado a los diecinueve años […] Pero como necesito dar algún consuelo a mi corazón […] escribo estas líneas para explorar las profundidades del amor y poder recordar con la mayor exactitud cómo irrumpió en mi corazón esta pasión soberana». En diciembre de 1817 Leopardi conoció a Geltrude Cassi Lazzari, prima de su padre, por quien profesó un amor secreto. Ese mismo día empezó la redacción de los dos textos recogidos en este volumen: «Recuerdos del primer amor», publicado por primera vez en 1906, y la «Elegía primera», incluida poco después en los Cantos con el título de «El primer amor». Tanto el diario como el poema del joven Leopardi constituyen dos de los textos más emblemáticos del Romanticismo no sólo por su belleza sino también por su singularísima sensibilidad.

Muerte con pingüino6. Muerte con pingüino, de Andrei Kurkov (Blackie Books. 17 enero)
Viktor es un escritor arruinado: está sin blanca, lo ha dejado su novia, tiene frío. Imaginen si se siente solo que decide adoptar a un pingüino. No sabe que este nuevo compañero de piso, Misha, también está deprimido: suelta suspiros melancólicos cuando chapotea en la bañera de agua helada y se encierra en la habitación como un adolescente. Ahora Viktor no solo está triste, sino que debe consolar a su amigo. Y además alimentarlo. Todo se complica cuando un gran periódico le encarga escribir esquelas de personajes públicos que aún están vivos. Parece una tarea fácil. Pero no lo es: los protagonistas de sus necrológicas empiezan a fallecer en extrañas circunstancias poco después de que escriba sobre ellos. Misha y Viktor se ven atrapados en una trama absurda y violenta. Una novela oscura y luminosa, con humor blanco y negro. Como la vida. Como un pingüino.

La herida7. La herida, de Jorge Fernández Díaz (Destino. 18 enero)
Una monja desaparece dejando un enigmático mensaje, y un colaborador del papa Francisco les encarga a dos agentes de Inteligencia buscarla por cielo y tierra. En paralelo, una operadora política despedida por el gobierno argentino es contratada por el gobernador de un feudo de la Patagonia para mejorar su imagen y evitarle una catástrofe electoral. Con la ayuda de Remil ―un perturbador personaje que trabaja desde las sombras―, ella se vale de todo: espionaje político, compra y amenaza de jueces. Hasta que juntos se topan con un crimen de Estado y una siniestra organización. La herida es un thriller político dentro de una gran novela policial cruzada por cuatro misteriosas historias de amor, que empieza en el Vaticano y viaja a la Patagonia, que se devora con suspenso y que retrata el lado oscuro del poder. Una combinación que solo la pericia del escritor y periodista Jorge Fernández Díaz es capaz de llevar adelante con el pulso y el rigor de una investigación y con un demoledor ritmo cinematográfico.

el origen del mal8. El origen del mal, de José Carlos Somoza (Ediciones B. 18 enero)
«ESTOY MUERTO.» Así comienza el misterioso manuscrito que un conocido escritor recibe de manos de un amigo librero. Son más de doscientas páginas, escritas a máquina y fechadas en 1957. El encargo es muy preciso: debe leerlo en menos de 24 horas. Intrigado, el novelista comienza a leer y se encuentra con una historia de secretos y traiciones contada por Ángel Carvajal, un militar español de la Falange que actuó como espía en el Norte de África. El texto, además, contiene diversas frases que alguien ha subrayado cuidadosamente. Pronto comprenderá por qué era tan urgente que el manuscrito llegara precisamente a sus manos… ¿Puede haber un mensaje oculto relacionado con el tiempo presente? ¿Qué relación existe entre el manuscrito, el librero y el lector? ¿Se puede reescribir la historia?

Entre ellos9. Entre ellos, de Richard Ford (Anagrama. 18 enero)
El libro se compone de dos textos escritos con treinta y cinco años de diferencia. El segundo, dedicado a su madre, ya se había publicado en 1986 de forma autónoma. El primero, centrado en la figura de su padre, es reciente y rigurosamente inédito. ¿Qué historias se nos relatan en este volumen? Las de dos jóvenes de Arkansas, en el corazón de la América profunda: Parker y Edna, que se casan en 1928 y tienen un hijo –el autor– en 1944. La historia de un hombre de carácter bondadoso que se gana la vida como viajante de comercio, pasa mucho tiempo en la carretera, fuera de casa, y muere de un ataque al corazón cuando Ford tiene solo dieciséis años. La historia de una chica con un pasado complicado y un secreto, que quedó viuda a los cuarenta y tuvo que mantener a su hijo… Dos textos bellísimos que evocan la infancia del escritor y las vidas de sus padres, unas vidas que podrían haber sido pasto del olvido como tantas otras, pero que la fuerza de la literatura rescata y convierte en piezas esenciales del universo literario de Richard Ford.

Cuadernos de Kabul10. Cuadernos de Kabul, de Ramon Lobo (Península. 23 enero)
Cuadernos de Kabul nos sumerge en la otra cara de la guerra, la de las pequeñas o grandes historias de las verdaderas víctimas del conflicto: aquellos que casi nunca tienen derecho a protagonizar su propia noticia. Ramón Lobo nos recuerda la lucha anónima de los civiles, el peso de la vida en la retaguardia, el dolor de las personas que tratan de vivir un día más en medio de un enfrentamiento bélico. No como explicación de lo que allí sucede, sino como muestra de una realidad repleta de colores, olores y sabores, de gentes sin derecho a un nombre y a una voz.

Memorial device11. Memorial Device, de David Keenan (Sexto piso. Enero)
Articulada a partir de una alucinógena serie de entrevistas a antiguos miembros de la escena postpunk de la pequeña y desolada localidad escocesa de Airdrie, Memorial Device pretende reconstruir, a partir de los testimonios más delirantes, la corta historia de los legendarios Memorial Device, considerados la mejor banda salida de la ciudad, una banda visionaria, rematadamente underground y maldita, un fulgurante meteoro hacia la nada que parece quintaesenciar a todos los grupos oscuros, abismados y malogrados de aquella época convulsa y febril, empezando por Joy Division. Con esta ficticia indagación documental sobre un grupo igualmente ficticio –que sirve a su vez para presentarnos una heterogénea y extravagante galería de personajes y cartografiar la peculiarísima escena artística y musical del lugar, llena de estrambóticas bandas que hacen de la anormalidad su razón de ser– David Keenan ha escrito una especie de carta de amor deforme y malsano, pero sincero; ha pergeñado un retrato intenso, poético, onírico y conmovedor –y también entrañablemente grotesco– del movimiento postpunk, el movimiento musical más importante desde la psicodelia de los sesenta, como afirmaba el crítico Simon Reynolds. La obra es un homenaje, en última instancia, a la urgencia, la pasión y los sueños de juventud como motores vitales, y a la eterna lucha de cada generación por encontrar su lugar en el mundo; un brindis blasfemo por toda esa recua de adolescentes desorientados cabalgando los caballos desbocados de la música. MEMORIAL DEVICE, la primera y celebrada novela de David Keenan, es un libro visceral, hilarante, profundo y trágico, que capta magníficamente la locura, el sinsentido y las dificultades sociales de esa década mítica que fueron los años ochenta.

Manual de linternas12. Manual de linternas: Incursiones, excursiones y reflexiones científicas, de Marta Magariños (Editora) (Libros y Literatura. Enero)
El objetivo de este Manual de linternas es promover la divulgación científica a través de los libros. La lectura ofrece varias ventajas diferenciales que la hacen particularmente interesante; quizá, la más significativa es que permite la reflexión. La literatura surge de un yo y cuenta con la palabra para conectar con las inquietudes, los aprendizajes y las emociones de otro yo. Es un proceso introspectivo y solitario que, además, permite hacer un paréntesis temporal en el caudal de llegada, dando cabida a la gestación de nuevo conocimiento, a veces, profundamente original. Como dice Antonio Osuna, uno de los autores de este manual, «hay libros que se pueden leer de seguido, pero hay algunos en los que, de vez en cuando, se debe apartar la mirada y dejar que lo que se acaba de leer se asiente».
Manual de linternas pone el foco en libros elegidos libremente por los autores de las reseñas. Hemos tratado de organizarlos en categorías, aunque de una forma un tanto imprecisa, ya que muchos de ellos podrían estar en varias de ellas. Cada categoría se introduce con inspiradoras ilustraciones de María Lamprech, nuestra ilustradora. La mayoría son libros de divulgación científica en el sentido estricto, pero no todos lo son. Algunos tienen más condición de ensayo, otros son memorias o ficción, e incluso hay un cómic. Sin embargo, todos comparten la premisa de transmitir con entusiasmo el conocimiento científico. De modo que este manual no pretende ser en ningún momento una selección de los libros más relevantes de cada campo, pero sí servir como linternas que iluminen nuestras ganas de saber qué hay en la oscuridad de lo desconocido. Esas linternas son cincuenta y un libros con vocación de transmitir y satisfacer el interés por la divulgación científica. Si se quedan con hambre, hemos incluido un listado de libros recomendados por los autores, que deseamos que les resulte de ayuda.

Sirenas13. Sirenas, de Joseph Knox (Reservoir books. 1 febrero)
En los bajos fondos de Manchester, todo tiene un precio. Cuando el detective de policía Aidan Waits es reclutado por una misteriosa rama policial que cumple órdenes de un todopoderoso y millonario miembro del Parlamento británico, sabe que a él también le han puesto precio. La misión es encontrar a Isabelle, la hija del magnate, y para ello tendrá que adentrarse en el oscuro mundo de la noche, donde el dinero y las drogas circulan por clubs sin ley y las jóvenes son tratadas como mercancía. ¿Será capaz de salvar a la chica sin caer en el desenfreno y la corrupción de este nocturno canto de sirena? Joseph Knox es la gran revelación de la novela negra británica y ha sido comparado con Ian Rankin, James Ellroy o Raymond Chandler. Como buen librero, se ha nutrido durante años de los grandes maestros del gé- nero, siendo el responsable de compras de novela negra en Waterstones. Sirenas es su thriller de debut, con el que inicia la saga del detective Aidan Waits. Knox retoma el crime más clásico y hardboiled, en el que hace un guiño a los lectores más alternativos y de culto: cada una de las partes de la novela evoca versos de Joy Division.

Bellas durmientes14. Bellas durmientes, de Stephen & Owen King (Plaza & Janés. 1 febrero)
En esta espectacular colaboración entre padre e hijo, Stephen King y Owen King nos ofrecen la historia más arriesgada de cuantas han contado hasta ahora: ¿qué pasaría si las mujeres abandonaran este mundo? En un futuro tan real y cercano que podría ser hoy, cuando las mujeres se duermen, brota de su cuerpo una especie de capullo que las aísla del exterior. Si las despiertan, las molestan o tocan el capullo que las envuelve, reaccionan con una violencia extrema. Y durante el sueño se evaden a otro mundo. Los hombres, por su parte, quedan abandonados a sus instintos primarios. La misteriosa Evie, sin embargo, es inmune a esta bendición o castigo del trastorno del sueño. ¿Se trata de una anomalía médica que hay que estudiar? O ¿es un demonio al que hay que liquidar?

Los ojos vendados15. Los ojos vendados, de Siri Hustvedt (Seix Barral. 13 febrero)
Iris Vegan, una estudiante de literatura de la Universidad de Columbia, relata sus inquietantes encuentros con personajes neoyorquinos que el azar y la coincidencia han puesto en su camino. La relación de estos singulares momentos, en los que las fuerzas oscuras pueden cambiar el curso de una vida, permite al lector abordar esta obra como la suma de cuatro episodios independientes pero complementarios a la vez.

Cuando sale la reclusa16. Cuando sale la reclusa, de Fred Vargas (Siruela. 14 febrero)
El comisario Jean-Baptiste Adamsberg, tras unas merecidas vacaciones en Islandia, se interesa de inmediato a su regreso a Francia por la muerte de tres ancianos a causa de las picaduras de una Loxosceles rufescens, más conocida como la reclusa: una araña esquiva y venenosa, pero en ningún caso letal. Adamsberg, que parece ser el único intrigado por el extraño suceso, comienza a investigar a espaldas de su equipo, enredándose inadvertidamente en una delicada y compleja trama, llena de elaborados equívocos y profundas conexiones, cuyos hilos se remontan a la Edad Media. Un caso elusivo y contradictorio que se escapa a cada momento de las manos del comisario, haciéndole regresar a la casilla de salida. Solo sus intuiciones, tan preclaras como dolorosas, serán capaces de devolverle la confianza que necesita para salir ileso de la red tendida por la más perfecta tejedora… Cuando sale la reclusa es sin duda la obra más ambiciosa de Fred Vargas, la reina indiscutible de la novela negra europea. En ella se entrecruzan con maestría todos los temas que han convertido la publicación de cada una de sus novelas en un auténtico acontecimiento literario, tanto para la crítica como para los lectores: el medievo, la arqueología, los mitos, el mundo de los animales y, por supuesto, la descripción detallada y poderosa de los oscuros laberintos del alma humana.

Que nadie duerma17. Que nadie duerma, de Juan José Millás (Alfaguara. 15 febrero)
El día en que Lucía pierde su empleo como programadora informática, su vida da un giro definitivo. Como si de un algoritmo se tratara, establece los siguientes principios en los que se basará su existencia futura: será taxista, recorrerá las calles de su ciudad, Madrid, mientras espera la ocasión de volver a encontrarse con el hombre del que se ha enamorado, y todos los momentos importantes tendrán como banda sonora el «Nessum dorma» de Turandot, ópera de la que se siente protagonista. Lo cotidiano y lo extraordinario se entremezclan en esta novela que tiene todas las claves del universo narrativo de Juan José Millás: la ironía, las distintas facetas de la realidad, el desdoblamiento del yo, la soledad y la constatación de una verdad inmutable: el espejo en el que miramos nuestras vidas nos devuelve siempre una perspectiva insólita ante la que solo cabe el más puro de los asombros.

Una noche con Sabrina Love18. Una noche con Sabrina Love, de Pedro Mairal (Libros del Asteroide. 26 marzo)
Todas las noches en Curuguazú, un pueblo de la provincia de Entre Ríos, Daniel Montero celebra un rito: mirar el programa televisivo de Sabrina Love, la porno star más popular del momento. Por eso, cuando gana el sorteo para pasar una noche con ella, siente que ha tocado el cielo con las manos. Sabrina lo espera en un hotel de Buenos Aires. A los diecisiete años, Daniel emprende un viaje que, además de la gran ciudad, le descubrirá mucho más de lo que había imaginado. Una noche con Sabrina Love ganó el premio Clarín en 1998, otorgado por un jurado que integraban Adolfo Bioy Casares, Augusto Roa Bastos y Guillermo Cabrera Infante. Esta vertiginosa novela de iniciación marcó el brillante debut de Pedro Mairal en la escena literaria.

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Lento, de Andrés Barrero

Lento

LentoHay libros que te llaman solo por el título. Este ha sido el caso de Lento, de nuestro compañero Andrés Barrero. Hace unas semanas, cuando nos lo anunció, me mordió la curiosidad. “Lento”, pensé, qué buen título. Y, lo confesaré, también pensé que ojalá se me hubiera ocurrido a mí.

Y, claro, tras el título llega el tema, o los temas, que no le van a la zaga. Porque Lento habla de muchas cosas, de la relación de un hijo con su padre, de la inseguridad de uno y de la sabiduría campechana del otro, pero también de los niños robados, de esas familias a las que les han arrancado algo tan surrealista como un niño, y también de la familia, no como algo conflictivo, sino como un refugio, como aquel lugar en el que, como dice Barrero al final de la novela, “los problemas aún existen, pero dejan de importar”.

He disfrutado leyendo Lento porque es una novela amena, divertida, con ritmo y que te hace sentir bien. Por eso creo que es una novela feelgood. ¡O tal vez es que ahora lo veo todo feelgood! Este es un término en el que me ha iniciado hace poco la escritora Mónica Gutiérrez y que define esas novelas amables, que se leen con una sonrisa en los labios, hacen que nos olvidemos de nuestras preocupaciones y en las que el protagonista supera algún tipo de miedo o conflicto consigo mismo, pero en las que no suele haber problemas muy graves (muertes, enfermedades…) y sí bastante buen rollo. Y sí, Lento cumple con todo eso. En esta historia, el prota, que, por cierto, no tiene nombre, aprende de su padre, pero también ayuda al otro en un problema que, con lo que os he explicado ya podemos intuirlo, es el núcleo de la trama: la sospecha de que hubo un hermano robado.

Para mí, Lento no es exactamente una novela, sino que encaja dentro del género de la nouvelle o relato largo porque tiene una única trama. Además, su estructura es singular y eso tiene relación con algo de lo que todavía no os he hablado pero que es central para la historia, y sobre todo para la relación entre padre e hijo: la cocina. Porque la novela es también un libro de recetas y, leyéndolo, me he dado cuenta de que no tengo ni idea de cocina española (es que yo aprendí a cocinar fuera de casa, y claro…). Tollos con tomate, marmitako, arroz caldoso a la marinera, guiso de papas… Vamos, que la novela da hambre. Pero a lo que iba, Lento se divide en tres partes, la primera, Ingredientes, es una serie de conversaciones, domingo tras domingo, que tienen padre e hijo en la cocina y donde los dos, como quien no quiere la cosa, se van confesando sus problemas y preocupaciones. En la segunda, Preparación, el hijo y su mujer aprovechan una ausencia de los padres de él para investigar el asunto de los niños robados. Y la tercera, Emplatado, es el final, pero de esta no os voy a contar nada para no haceros spoilers.

Lo que más me ha gustado de Lento han sido los diálogos entre el hijo y el padre, las pullas, deliciosas, pero a veces supurando mala leche, el cariño, el humor y el amor por las pequeñas cosas de la vida que destila, sobre todo, el personaje del padre. Su sabiduría casera, culinaria. Creo que solo por eso, por leer frases como esta “la cocina es como vivir, por mucha ayuda que busques y por útil que esta sea, tus decisiones la tienes que tomar tú mismo” la novela ya vale la pena.

Aunque, por otro lado, si tenemos que retraerle algo a Barrero es que los diálogos entre el protagonista y María, su mujer, que monopolizan la parte central de la historia, no les llegan a las suelas de los zapatos a los del prota con su padre. Pero es que, claro, los otros son muy buenos.

En resumen, para los que leéis solo el final de las reseñas: Lento es una novela corta, entrañable y tierna, que trata a veces temas duros con sensibilidad y mucho humor, y que cuenta la historia de un hijo que, con su inseguridad, sabotea su propia felicidad y de un padre paciente, sabio y pullero que, a fuerza de buena comida y metáforas culinarias, le abre los ojos. Es una novela con la que te vas a reír y de la que vas a aprender un par de cosas que ya sabías (como que todo tiene su tiempo) pero de las que te habías olvidado.

Ah, y aprovecho para colar aquí un mensaje para su autor, que seguro que nos lee. Ya sé que en los agradecimientos dices que no es él, pero, Andrés, si el personaje de padre está, ni que sea remotamente, basado en el tuyo, quiero conocerlo.

Laura Gomara

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Presentación en Huelva del libro “Lento”, de Andrés Barrero

El 9 de noviembre se llevará a cabo una nueva presentación de Lento, de Andrés Barrero, la primera obra editada por la editorial Libros y Literatura en El Tinglao gastronómico, el nuevo centro cultural y gastronómico de Huelva que se inauguró hace apenas dos semanas en el Centro de Ocio Aqualon (Avenida de Hispanoamérica 4 ). La presentación correrá a cargo de la escritora onubense Laura Cárdenas. El lugar de la presentación es inmejorable, tanto si lo tomamos en sentido amplio, Huelva, porque es donde transcurre gran parte de la novela, como si lo hacemos en un sentido más específico, ya que El Tinglao es un centro cultural y gastronómico y en Lento, la novela, la gastronomía onubense está muy presente. Resulta además una coincidencia extraordinariamente afortunada ya que la vocación tanto de la editorial como de la sede es la de la dinamización cultural en todos sus aspectos y son además proyectos jóvenes cuya ilusión es perfectamente equiparable. El lema del lugar es “llega la gastrorrevolución” y es una idea a la que Lento se adhiere con los ojos cerrados porque es un libro con una profunda inspiración gastronómica y a la que Libros y literatura se une desde hace tiempo, ya que son muchas las reseñas de libros sobre gastronomía que se pueden encontrar en el blog. La gastrorrevolución también se lee, y Libros y literatura te la cuenta.

Huelva está presente en Lento en todas partes, porque es una novela que por encima de cualquier otra consideración trata de la familia y para el autor Huelva y familia son sinónimos. Pero lo está también a través de su gastronomía y de sus expresiones y tradiciones. Presentar esta obra en Huelva es, por tanto, mucho más que una presentación, más que una actividad literaria o cultural. La novela llega a su casa. En la novela se dice que hay más magia en el cucharón de madera de un padre cocinero que en la varita de cualquier mago. La presentación del día 9 es una oportunidad de comprobarlo, de degustar ambas magias, la de la literatura y la de la cocina. Mucho más que una presentación.

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Lento, de Andrés Barrero

Lento, de Andrés Barrero

Lento, de Andrés BarreroLas relaciones valiosas con seres queridos necesitan la conjunción de muchos ingredientes, pero quizás el más importante de todos ellos sea el tiempo, una dimensión que hay que invertir con generosidad y con la convicción de que el resultado merecerá la pena. Hablamos mucho de las llamadas horas de calidad que a veces se entienden como la realización de actividades estimulantes, cuando seguramente la verdadera calidad está más relacionada con lo contrario, con lo que llamamos perder el tiempo.

Lento, la segunda novela del escritor Andrés Barrero, incita a perder el tiempo con los que queremos, pero nunca es perderlo ya que regalar lo más valioso que tenemos a nuestros seres queridos es el indicador más claro de nuestro compromiso con ellos. Vivimos en una época en la que la velocidad y la producción son valores muy atractivos y Andrés Barrero, con esta novela, nos recuerda que trenzar algo sólido y duradero, requiere tomarse las cosas con calma. Escrito con un lenguaje preciso, una narrativa fluida y un ritmo dulce, Lento estrena editorial. Libros y Literatura inicia su catálogo con un producto hermoso que han cuidado mucho antes de iniciar su inmersión con ilusión y valentía en el mercado editorial. Y atendiendo a su escrupulosa edición, vemos que LyL viene para quedarse.

Lento nos cuenta una historia sobre la comunicación que se establece entre un padre y un hijo ya adulto a través del acto de cocinar juntos los domingos. Padre e hijo se reúnen alrededor de los fogones y, mientras preparan deliciosas recetas de la gastronomía tradicional de Huelva, hilan una relación llena de naturalidad y de cariño que abre una ventana a su envidiable universo.

Envidiable porque desde el otro lado de las páginas percibimos los aromas que esa relación destila: amor, respeto y mucha nobleza. El padre es una persona sencilla e íntegra que todavía tiene muchas lecciones que transmitir a su hijo a través de la cocina (“las personas no somos diferentes de estos tollos. […] …están tan acartonados que no parecen aprovechables. Sin embargo, tienen toda su esencia en el interior, todo el sabor. […] Probablemente sepan mejor secos que jóvenes y lozanos”). El hijo recibe estas enseñanzas con cierta sorna, pero también con admiración, no solo porque se da perfecta cuenta del conocimiento que contienen, sino también porque reflejan el cuidado con el que el padre ha construido su propia vida. Incluso con cierto afán por llegar algún día a tener esa sabiduría que sabemos que dan los años y que permite poner en valor lo que realmente lo tiene.

El todo es más que la suma de las partes. Padre e hijo son caballeros de los que ya no quedan tantos, pero además han construido una relación maravillosa. Por un lado, su trato es prudente y sin exhibiciones emocionales que todo lo enturbian. Su conversación, tejida con la tradición de una cultura común, se encuentra llena de mensajes sutiles y de protecciones veladas. Pero además manejan el pudor de la intimidad compartida con el humor que los dos protagonistas se gastan. Un humor ingenioso y elegante que aliña la relación y expulsa de su espacio las nubes que amenazan su pasado y, quizás, su futuro. Porque la novela no solo nos permite disfrutar inocentemente de los momentos especiales que comparten sus protagonistas en torno a la cocina, sino que también obliga a que los sigamos a través de una peripecia mucho más dolorosa que, desgraciadamente, muchos padres españoles del último siglo han recorrido.

La gastronomía tiene vida propia en esta novela. la mediadora de este encuentro padre-hijo podría haber sido cualquier otra actividad compartida como el ajedrez, o el criquet, pero lo cierto es que la cocina dota a esos momentos de una sensorialidad efímera única que transforma los domingos (esos días tantas veces tristes) en paréntesis en los que se puede domar el tiempo y evitar que te arrastre. Como sentarse a mirar una puesta de sol o un paisaje hermoso y dejarse llevar por los sentidos.

Es un gusto ver lo que se cuece en esa cocina. No solo por las recetas que te dan ganas de dejarlo todo y bajar al supermercado a comprar los ingredientes (seguramente sin ningún éxito, pues muchos de los productos son locales y de no tan fácil acceso) sino que echas de menos cocinar así, pausadamente, con alguien querido. El padre corta el choco, el hijo pocha la cebolla y entre cuchillos, cazuelas y chascarrillos, se instala la magia que, seguramente, los dos llevan esperando toda la semana y que suele terminar en un plato como el de Choco con Habas que “sabía a reencuentro y le reconfortaba como ningún otro sabor en el mundo” o como el Consomé con Royal de Gallina, un plato que sabe a Nochebuena.

Estos domingos son un bálsamo para el hijo que, profesor de universidad de mediana edad, tiene una vida más agitada que la de su padre. Quizás por ese motivo es más consciente de que está viviendo momentos especiales que le gustaría no olvidar. Con esta novela, el hijo, quizás Andrés Barrero, parece querer congelar esos domingos para disfrutarlos no solo en el presente, sino hacer acopio de ellos para el futuro cuando ya se hayan perdido. Como preparar un álbum lleno de preciosas instantáneas para evitar que el olvido arrample con todo.

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