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Camposanto, de Iker Jiménez

camposantoPocos libros envejecen bien. Es un mal endémico de estos tiempos literarios. Obras encargadas a la carrera, libros escritos intentando sacar provecho de una determinada moda estacional o intentando exprimir el bolsillo de unos cuantos puñados de “followers”. El escritor mediático que intenta subirse a la ola y surfear el momento.

Pero al final, el tiempo es un togado cruel. Ya no la crítica, que es igual de mutable y de imbécil que el objeto de su análisis. Pocas cosas resisten y hasta la roca se desgasta. Por eso, cuando un libro de esos sube, no hay más que dejar hacer su trabajo a la gravedad. A toda la gravedad. La ley de la gravedad es implacable y no hay mediador que la sortee evitando la caída y la gravedad de los hechos a los que se enfrenta una obra infiel al oficio de escritor. Ésta al final paga su condena: el olvido.

Por este motivo, he vuelto a disfrutar hoy, 12 años después de la primera vez que lo leí, de un libro que ha envejecido a las mil maravillas. Que ha envejecido poco o nada y que lo ha hecho envuelto en luz y taquígrafos estando expuesta al más duro examen. Su autor no ha salido de nuestras vidas de alguna manera desde entonces y reconozco que leí la primera vez el libro porque era un absoluto adicto a su programa de radio. Uno de los culpables de que quien aporrea este teclado tenga una curiosidad desmedida y uno de los culpables también de haber dado a luz a otro tipo de periodismo de investigación en este país. Os hablo de Iker Jimenez y de su única novela escrita hasta la fecha: Camposanto.

Iker Jimenez es un claro ejemplo de quien vive para contar historias. El hecho de que solo haya escrito una novela es prueba de ello. Creo que todos sabemos que podría escribir y vender más, pero la realidad es que Camposanto era la historia que Iker Jimenez quería contar. Y nada más. Y eso le dignifica como autor. No ha buscado el lucro ni la moda. Solo satisfacer la necesidad de contar su historia y eso es lo que ha hecho. Hoy, 12 años después de su publicación, podemos ver como Camposanto se adelanta a la historia del propio Iker Jimenez.

El autor lleva la novela a su terreno, el de la investigación de lo paranormal. La historia nos introduce a Aníbal Navarro – un periodista radiofónico, alter ego del autor-, que se ve interesado por la muerte de otro célebre periodista de lo misterioso, Lucas Galván, treinta años atrás en extrañas circunstancias: sobre una tumba en el cementerio de un pueblo abandonado. Para avanzar en el caso, se pone en contacto con el entorno de Galván y descubre la misteriosa relación de éste con un pueblo maldito que desapreció hace cuatrocientos años en los Montes de Toledo. Las investigaciones del protagonista pronto toman una peligrosa traza que le llevan desde Toledo hasta Venecia, pasando por Madrid o Barakaldo para terminar enfrascado en una de las figuras más magnéticas, heréticas e interesantes de la historia: Hyeronimus van Acken: El Bosco.

Los últimos días de Felipe II, las claves ocultas de los cuadros de El Bosco, sectas heréticas adamíticas, fundamentalismo cristiano y sobretodo terror. Mucho terror. Camposanto marca las pautas de lo que es una investigación en un terreno tan sensible como lo es el campo de lo paranormal.
Un relato de terror en toda regla con un ritmo absorbente y que no decae. Un relato con una estructura precisa que hace que el marco temporal actual se complemente a la perfección con el de El Bosco. Iker es un maestro del tempo radiofónico y televisivo, cosa que ha sabido trasladar a su novela.

Camposanto tiene dos puntos fuertes: Su estructura y su documentación. Respecto a la última, solo decir que la única manera de dar esa fluidez al texto es siendo una autoridad en la materia. Iker Jimenez lo es y eso también le ha ayudado a estructurar la historia desde el principio, haciendo que en final encaje como una precisión asombrosa. Nada hay al azar. El autor no cree en coincidencias.

Una cuidada prosa heredada del dominio de la oratoria, imprimen a los párrafos cierto halo literario alejado de pretensiones. No hay más que leer para que parezca que el propio autor nos lo lee en voz alta. Y es que Iker Jimenez es una de las voces más importantes de este país y eso es imposible que no se note en el libro.

Camposanto es un libro muy especial para mí. Tiene el dudoso honor de ser el único libro que ha conseguido erizarme el bello de puro miedo. Nunca un libro lo había conseguido y nunca otro lo ha vuelto a conseguir. No se trata de un miedo cerval sino de ese temor irracional que no sabes cómo encajar de manera racional. Y hay una cosa más. El señor Ridaura. Ese hombre junto a su esposa, me ha sacado decenas de fotos. La casa de mis padres está al lado de esa tienda de fotografía. La ropa tendida podría ser la mía y el niño jugando al balón bien podría haber sido yo. Sentí una especie de flash al leerlo por primera vez y lo he vuelto a sentir al releerlo. ¿Por qué? No lo sé. Quizá este libro contenga algún tipo de energía, quizá no. Quizá solo es una novela de misterio o quizá una investigación que el propio Iker decidió que no viese la luz. Solo sé que cada vez que veo el libro en la estantería me estremezco y sonrío a la vez. Lo guardo y lo recuerdo. Lo releo de vez en cuando y cada vez que pongo un pie en Madrid tengo que visitar el Museo del Prado.

Hay que leer este libro si te gusta Iker Jimenez o si te gusta lo que hace. Yo, por mi parte, le escuchaba y le escucho. Le veía y le veo. Le leía y le leo. Lo hacía, lo hago y lo haré dentro de muchísimos años cuando solo nos quede ir al Retiro a escuchar de viva voz lo que dice el viejo Lucas Galván.

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Cuántica, de José Ignacio Latorre

cuantica“¿Todo debe ser útil?” A veces basta la “belleza de una ecuación”, su “simplicidad y simetría” que nos llevan a la construcción de “una catedral intelectual”. Porque “la construcción de una catedral requiere un andamiaje prolífico que solo es retirado al final. Solo entonces, cuando los utillajes y la suciedad de la obra son eliminados, la belleza se hace patente. [Ahora] podemos explicar mecánica cuántica en nuestras universidades de forma limpia y elegante. Ahora podemos ver fácilmente su belleza interna. Basta adentrarse muy poco a poco”.

Decía Richard P. Feynman, uno de los más grandes físicos de todos los tiempos que “si usted cree que entiende la física cuántica, eso no es más que la prueba irrefutable de que usted no entiende la física cuántica”. El punto fuerte de Feynman no era dar ánimos, pero por desgracia, razón nunca le faltó. Y es que eso es la Teoría Cuántica: una catedral de la Física. Este libro no es más ni menos que una visita guiada por esa catedral que tanto intimida.

Jose Ignacio Latorre es catedrático de Física Teórica de la Universidad de Barcelona y director del Centro de Ciencias de Benasque Pedro Pascual. Una curiosidad es que Latorre fue postdoc de Daniel Z. Freedman en el MIT, creador de la supergravedad, cosa nada baladí: “Él pulió mis apresurados cálculos y me impregnó de la máxima que rige el buen hacer científico: el diablo vive en los detalles”.

El libro consta de un prólogo, cinco capítulos y dos apéndices.
Podríamos describir aquí alrededor de qué orbita cada una de las secciones pero creo que será más enriquecedor hablar acerca del mensaje fundamental sobre el que se apoya el libro:

“La realidad objetiva no existe: nos lo dice la ciencia”.

Una afirmación tan categórica como aterradora. Pero es que el azar es inherente a la naturaleza. Mientras que la física clásica es determinista, todos los experimentos de mecánica cuántica demuestran que venimos del azar. Y nos enseñan humildad: nos dicen que no tenemos derecho a conocer la realidad.
Cada experimento a escala subatómica, cuántica, nos dice que sólo podemos captar alguna información (posición, movimiento…) de las partículas que medimos pero no conocer su esencia ya que en cuanto las miras, inevitablemente las perturbas y alteras.
De aquí podríamos inferir que la realidad es inaprehensible, pero la respuesta no es tan directa. La realidad es un concepto sutil. Existe en la medida en que la miras. Acercarte a conocerla  la condiciona y la crea.
Es algo que va en contra de los sentidos y de la propia intuición.
Al mismísimo Einstein le costó aceptarlo, que espetó a su colega Bohr, paladín cuántico: “¿De verdad crees que la Luna no está si no la miro?”.
De acuerdo pero, ¿la realidad existe o no? “Cuántica. Tu futuro en juego” nos explica que la mecánica cuántica describe un fenómeno si lo observas. La ciencia cuántica ya no es ontológica (estudio del ser), sino epistemológica (estudio del fenómeno, lo único enteramente cognoscible). Como se puede comprobar, el libro invita mucho a ponerse “metafísico”.

En el texto, Latorre desmonta el paradigma de la utilidad, tan vilmente usado contra la investigación básica. También transita por diversos enfoques epistemológicos que van del coherentismo al escepticismo más radical y presenta los usos de la teoría cuántica en algunas tecnologías, como las médicas o la metrología. El libro pasa de puntillas por otras áreas del conocimiento dejando con ganas al lector de profundizar más en la criptografía o la computación cuántica así como en otros territorios como los vínculos entre el caos y la teoría de la información.
“Cuántica. Tu futuro en juego” es uno de esos libros de divulgación que hay que leer para saber qué se nos viene encima y no veo mejor forma de invitaros a leerlo que dejaros la invitación que nos hace el autor al final del prólogo. Disfruten de la visita y si tienen preguntas, no se las guarden. Eso es buena señal.

“En el imaginario de las ciudades sutiles, Cuántica se fija de forma perenne en la memoria del viajero. Las disputas intelectuales de sus ágoras despiertan la imaginación, el afán de saber y la admiración.

Sean bienvenidos a la cuidad de Cuántica.”

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El último francotirador, de Kevin Lacz

el ultimo francotirador“Durante aquella experiencia fui escribiendo un pequeño diario. No recuerdo que otros compañeros lo hicieran. Lo hacía por si algún día tenía hijos y quería explicarles lo que pasó. Esa información me ha sido muy útil después. La primera versión del libro parecía escrita por un robot. Mi mujer me sacó de mi zona de confort y me dijo que tenía que acompañar cada hecho preciso con lo que sentía en ese momento. No es fácil hacer esto para nosotros, me ponía en una posición muy vulnerable pero tuve que hacerlo para contar la historia de los compañeros que perdí y lo hice. Ahí están los días más tristes de mi vida. Cada cosa que me pasó en el frente está contada desde un punto de vista emocional”.

Esa es la declaración de intenciones de Kevin Lacz, quien cuenta cómo sobrevivió en el campo de batalla. Cómo la experiencia en la guerra de Irak le convirtió en otra persona y cómo al terminar su experiencia bélica, se le presento la oportunidad para participar en la película “El francotirador” donde aconsejaba al actor Bradley Cooper, su protagonista.

El autor no quiere decir a cuántos enemigos mató él exactamente: “Los suficientes. Más de diez y menos que Chris”, señala en las entrevistas haciendo referencia a su compañero y mentor Chris Kyle (La Leyenda). Varias de esas muertes están narradas de manera exhaustiva en el libro, “neblina rosada” (el efecto al salpicar la sangre) incluida, en un texto que tiende a deshumanizar a los “muyas”, los muyaidines, el enemigo.
Más allá del valor histórico de su testimonio literario, el texto describe el coraje que se le supone a un SEAL estadounidense, extendido a cualquier soldado que participa en una guerra. Pero no es en este punto en el que el libro incide sino en cómo tras enfrentarse a la crudeza de una guerra, hay que recomponerse por dentro para intentar volver a llevar una vida normal.
El último francotirador contiene un texto totalmente ajeno a la política, en el que los autores presentan un libro honesto y directo que se adentra en los procesos conscientes e inconscientes del funcionamiento de la mente de un SEAL, donde se plasma el deseo implacable por la eliminación de los enemigos.

P. ¿Qué le llevó a los SEAL?

R. Quería luchar contra los terroristas. Sabía que no iba a tener un debate político en ellos. Íbamos a emplear nuestra fuerza y los terroristas iban a morir. Sabía que se me exigiría matar y que iba a correr un alto riesgo.

P. ¿Recuerda la frase de Clint Eastwood (ya que estamos) en Sin perdón?: “Cuando matas a un hombre no solo le quitas todo lo que tiene sino lo que podría llegar a tener”. ¿No se lo ha planteado?

R. Mis blancos no se merecían un futuro. Por su brutalidad. Eran los malos, y eso los validaba como blancos. Esa cita a quienes se podría aplicar es a mis camaradas SEAL que murieron. Marc, por ejemplo, al que le entró una bala por la boca, quería ser ministro de la Iglesia.
P. Pero, al seguir a su objetivo por el punto de mira, ¿nunca piensa que ese tipo es en cierto modo otro soldado, posiblemente un padre de familia, y que el mal no es una categoría absoluta?

R. No, nunca pensé en sus familias, realmente. Porque cuando uno has visto de cerca ciertas atrocidades, como las de los terroristas que amarran bombas a mujeres y niños, los hacen caminar hacia zonas pobladas y entonces los hacen explotar; o las de los escuadrones suicidas que decapitan a sus víctimas… Ningún hombre de familia hace eso. Alguien así puede tener hijos, pero no es gente de familia. Y ningún acto humano, como procrear, le redime de sus barbaridades.

Una verdad cruda y sin contemplaciones, que plasma una bibliografía bélica, plagada de dureza, en la que el concepto de camaradería cobra una nueva dimensión.

A mí, personalmente, la figura del francotirador me parece muy interesante. Casi magnética ¿Cómo pasan las horas? En este texto el autor eleva el concepto de camaradería, dejando claro que en momentos de tensión, el humor es un gran aliado:

 “-¿Y ahora aparcarás la bicicleta otros veinte años, doc?-pregunté-. Quizá en tu próximo despliegue yo tendré un hijo en los Equipos y tú, prótesis de caderas. ¡Te veo liquidando muyas a los setenta!
-Te veo puesto en lo del hijo, sí. Pero que muy puesto – dijo el doc, que bajó del camión y asintió con la cabeza, mirándome la entrepierna.
Con la emoción, me había olvidado del reventón de los pantalones y de que iba enseñándolos huevos. La sección entera se echó a reír a carcajadas.
Me rendí y me puse a reír yo también. El viejo se las sabía todas. Pero aún le quedaba repartir el correo.”

Desde su atalaya en forma de torre, esperaba con el ojo derecho puesto en la mirilla de su MK11, un fusil semiautomático de ocho kilos y un calibre de 7.62 milímetros con la calavera de ‘The Punisher’ grabada en la culata. La vida y la muerte era todo lo que veía a través de ese círculo.
Kevin Lacz participó en la batalla por la que él y Chris Kyle serían recordados, la de Ramadi en 2006. El enfrentamiento se ganó, pero a costa de un sufrimiento que queda explicado perfectamente en el libro. En él, los «Castigadores» se enfrentaron a mil dificultades. Algunos no salieron con vida. Eso es este libro. Morir o impartir la muerte. Un libro cargado de peso moral. Una imprescindible descripción de la guerra.

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Maestros del universo, de Helge Kragh

maestros universoSi hay algo incomprensible en su totalidad e inabarcable en su magnitud para la mente humana es nuestro propio universo. Algo tan enorme, tan complejo y tan perfecto que escapa a nuestro entendimiento de manera completa. Sospecho que nunca seremos capaces de comprenderlo en su totalidad pero es esa, precisamente, una de las características que hacen del estudio de la cosmología algo tan gratificante. ¿Cómo se ha configurado la imagen que tenemos hoy del universo? En Maestros del Universo (Editorial Crítica), último título de la colección Drakontos, nos ponemos delante del nuevo trabajo del escritor danés Helge Kragh que nos cuenta esta fascinante historia en un formato tan inusual como innovador donde se combinan elementos reales y de ficción: en una serie de entrevistas que un personaje ficticio realiza a los principales astrónomos y físicos entre 1913 y 1965. Entre los científicos entrevistados figuran todas las grandes figuras de la cosmología de aquella época. Gigantes de la física que contribuyeron de manera crucial al desarrollo de esta disciplina. El listado de físicos, por orden de aparición en el texto es:
– Kristian Birkeland
– Svante Arrhenius
– Karl Schwarzschild
– Hugo von Seeliger
Albert Einstein
– Willem de Sitter
– Georges Lemaître
– Arthur S. Eddington
– Edwin Hubble
– George Gamow
– Fred Hoyle y Hermann Bondi
– Paul Dirac
– Robert Dicke
Es una temática compleja la de este libro. Helge Kragh intenta dibujar una línea temporal que perfila de manera sutil cómo han sido moldeados los conceptos que hoy definen la cosmología desde su génesis. Es agradable ver, además, como no huye de los conceptos de “cosmogonía”, “física cósmica” o “éter” que hoy pertenecen más a la historia que a la ciencia pero que en aquel tiempo, gozaron de importante relevancia.
La narración discurre de manera ágil de diálogo en diálogo. De entrevista en entrevista. Pero pronto vemos el conflicto. La sociedad científica, y la de la física teórica en general, es un cosmos poblado de grandes egos y plegarse a las bondades de la teoría de nuestra competencia siempre es un trago demasiado amargo. Así, con el paso de los años, el autor nos narra cómo fuimos pasando de la aceptación de la SST (Steady State Theory – Teoría del estado estacionario) a la teoría del Big Bang.
Hermann Bondi (matemático y cosmólogo), Thomas Gold (astrofísico) y Fred Hoyle (astrónomo) desarrollaron en 1948 la SST.

La idea fue presentada en dos textos: uno de Bondi y Gold, más descriptivo, titulado “The steady-state theory of the expanding universe”, y otro de Hoyle, más técnico, titulado “A new model for the expanding universe”. Bondi, Gold y Hoyle se revelaban contra la teoría del Big Bang. El universo había existido siempre. Eso del Big Bang era una “chaladura religiosa” y sonaba demasiado a creacionismo.
Georges Lemaître fue un sacerdote católico y astrónomo belga. En L’Hypothèse de l’atome primitif, essai de cosmogonie (1946) desarrolla su “Teoría del átomo primitivo“, la cual se conocerá más tarde como Big Bang. El modelo de Lemaître “adolecía” de suponer un universo extremadamente joven, y la SST, con su creación de materia y energía, resolvía este problema, puesto que defendía un universo eterno (sin principio ni fin):

“Gold tenía la idea de que si existiese un proceso de creación continua de materia, éste haría posible que el Universo siguiera en estado estacionario, contraviniendo su expansión y así el problema de la “edad” del universo desaparecería”.

El universo explicado por la SST estaría en expansión pero no cambiaría, y sería constante y eterno.
Como nos hace comprender el autor, a pequeñas dosis según avanzamos en el texto, la SST se basaba en el principio cosmológico perfecto según el cual, el universo sería homogéneo e isotrópico (uniforme en todas las direcciones) tanto a través del espacio como del tiempo: independientemente del instante y del punto del universo en el cual nos encontremos: el universo, a gran escala, sería el mismo. Esto, sin embargo se encontraba en contraposición con la otra corriente de pensamiento que recorría los despachos de los físicos teóricos de la época: el Big Bang.
De 1948 a 1955, la SST y el Big Bang se encontraban en continuo debate, pero a partir de 1955 la SST empezó a perder fuerza: La primera evidencia observacional que llevó la contraria a la SST vino de la mano de la medida de ondas de radio provenientes de las estrellas, hechas por primera vez por Ryle en 1955.
Martin Ryle (Premio Nobel de Física en 1974) había trabajado con Bondi, Gold y Hoyle en radares durante la guerra. Las fuentes de aquellas ondas de radio se situaron fuera de la Vía Láctea. Se habían observado más fuentes de ondas de radio débiles que intensas, de donde se deducía que había más fuentes lejanas que cercanas. Esto contradecía la SST. Luego, con el descubrimiento de la radiación de fondo de microondas en 1965 por Arno Penzias y Robert Wilson, la cual indicaba que el universo había sido más denso en el pasado, la STT quedó abandonada por completo. Penzias y Wilson recibieron el Premio Nobel de Física en 1978 por este descubrimiento.
A través de las entrevistas el lector obtiene una impresión viva y casi auténtica de los problemas que afrontó esta primera generación de los cosmólogos. Aunque las entrevistas son puramente ficticias, producto de la imaginación del autor, el contenido de los textos se basan en una cantidad ingente de información ejemplarmente señaladas en el capítulo de referencias. Argumentaciones basadas sólidamente en hechos históricos y complementadas con cuidadosas anotaciones y referencias a la literatura de la época. De esta manera el libro cumple a la perfección la función para la que fue diseñada: servir de puente entre la historia de la ciencia más erudita y la más divulgativa.

Para conocer nuestro futuro es indispensable comprender nuestro pasado. Helge Kragh sostiene y nos enseña que el SST aun estando equivocado, contribuyó de manera crucial al desarrollo de la cosmología moderna llevándola a ser lo que hoy es: Probablemente la disciplina científica más bella del mundo. ¿Queréis conocerla un poco mejor? Bucead en su pasado. Sumergiros en este libro.

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Las guerras clon

guerras-clonNo me canso nunca de este mundo. Y sé que nunca habrá tiempo ni dinero suficiente para abarcarlo entero pero debo reconocer que Star Wars es uno de mis vicios confesables. Cada película, cada muñeco, cada comic, cada juego… todo destila fantasía y un aroma a mi infancia que me hace sentir como un niño cada vez que me sumerjo en ese universo. Y eso pasa con este volumen de Las Guerras Clon. Un volumen que aglutina las primeras entregas de ese hilo argumental, con tapa dura y un acabado maravilloso.

En consonancia con la tradición de anteriores tomos publicados por Planeta DeAgostini que agrupan un puñado de tebeos en un formato único, tales como Herederos del Imperio o Imperio Oscuro, esta nueva edición Leyendas de “Las Guerras Clon” hace lo propio con cuatro volúmenes publicados previamente en la misma editorial. Entre las páginas de esta pequeña joya galáctica podemos ver de todo, espionaje, duelos de sables láser, batallas espaciales y un largo etcétera. Esta serie representa Las Guerras Clon por antonomasia en el mundo del cómic relativo a “Star Wars”.

Fue Obi-Wan Kenobi en “Star Wars: Una nueva esperanza” el que mencionó por primera vez las guerras clon. No se vosotros pero yo me quede “como un conejo cuando le dan las largas” y aquello disparó mi imaginación. ¿Qué eran las guerras clon? ¿Cuándo sucedieron? Nuestra mente echó a volar soñando con un ejército de Jedis luchando contra robots. Bendita ignorancia. El mismo George Lucas nos demostraría años después que lejos estábamos de la realidad.

Hay que hacer un aviso antes de adentrarnos en un tomo de estas características: no recomiendo su lectura a los neófitos en el universo expandido de “Star Wars“. Aunque no es del todo imposible seguir la línea argumental habiendo visto la película El Ataque de los Clones, que es donde “Las Guerras Clon Vol. I” inicia su camino, los más eruditos en esta épica espacial sacarán más provecho del mismo si antes han leído tebeos tales como “Emisarios a Malastare”, “Crepúsculo” (no confundir con la saga de vampiros con escamas que estudian tercero de la ESO) o “El Fin del Infinito”.

“Del Lado Oscuro el velo ha caído, la Guerra Clon comenzado ha…”. Con esta demoledora afirmación pronunciada por el maestro Yoda a Obi Wan Kenobi, damos por iniciada una de las más épicas batallas que se ha dado en el Universo de Star Wars.

Uno de los Jedi protagonistas de este volumen es Quinlan Vos, un kiffar con graves problemas de memoria, a quien Yoda ordena infiltrarse en el las filas separatistas con el fin de descubrir los planes del Conde Dooku. Su lucha interna, sus constantes devaneos con el Lado Oscuro y su relación con su padawan Aayla Secura le convierten en uno de los personajes más complejos de la colección.

El dibujo de este volumen es maravilloso. Artistas de la talla de Jan Duursema, Tomas Giorello o Brian Ching, cuyos lápices dan forma a los guiones de Haden Blackman, John Strander y Scott Allie dibujan los personajes, de la saga y sus efectos especiales en una representación digna de Lucasfilm. No es casual que la pareja John Ostrander/Jan Duursema es ya todo un clásico en la parte gráfica de “Star Wars”.

Star Wars siempre ha sido una saga eminentemente cinematográfica, aunque el desarrollo de ciertas etapas vinculadas a la franquicia se ha hecho específicamente para el universo expandido. En ese sentido, el cómic es un pilar fundamental de ese trabajo y ha contribuido a mantener la abundante base de aficionados que tiene el universo creado por George Lucas.

Como curiosidad podemos comentar que en la tercera parte del volumen llamada “La Última Esperanza de Jabiin”, que es donde se cuenta la batalla que se libró en dicho planeta, vemos por primera vez a los conocidos AT-AT y AT-ST, maquinaria pesada del ejército clon que posteriormente será usada por el Imperio.

Como hemos dicho, el tomo goza de una excelente calidad en sus páginas, tramas que enganchan, un dibujo impresionante y una compleja línea argumental coherente de principio a fin. En definitiva nos encontramos ante uno de los mejores tomos integrales de la franquicia Star Wars. Si quieres saber todo lo que ocurrió entre en Episodio II y el Episodio III, no te lo pierdas. Este es un tomo que debes tener.

 

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Carbono modificado, de Richard Morgan

Carbono-modificadoPublicada en nuestro país hace más de diez años con el título de Carbono alterado la editorial Gigamesh recupera esta novela de ciencia ficción cyberpunk noir con una nueva traducción, mucho más adecuada y gratificante que la que teníamos disponible. Así que desde aquí, vaya por delante mi felicitación a Juanma Barranquero, traductor de la presente edición. Este es un gran punto de partida para una novela que ya ganó en su día el premio Philip K. Dick. ¿Acaso hay mejor carta de presentación?

Carbono modificado es una especie de cruce entre cyberpunk y novela negra explícita. Estamos ante un futuro relativamente cercano, la humanidad ha conseguido realizar el viaje a otros planetas y, lo que es más importante, unos avances en genética e informática que permiten que nuestra conciencia sea almacenada en una especie de hard-disc y descargada en cualquier cuerpo o “funda”.

Una idea, por cierto, inaugurada en los 70 y que aquí en España ha desarrollado a la perfección Cotrina. En cualquier caso, Morgan, aunque sea esta la novela con la que debutó, consigue crear todo un universo realista y complejo alrededor de una premisa fundamental: los criminales son “almacenados” mientras dura su condena, sus cuerpos pueden ser alquilados o comprados, y los más ricos se convierten en casi inmortales al poder comprar fundas de manera indefinida.

Es por tanto Carbono Modificado una distopía en la que Takeshi Kovacs, un convicto que antes había trabajado para una agencia de élite del gobierno, es sacado de su almacenaje y enfundado en otro cuerpo por un ciudadano extremadamente rico que le necesita como detective privado. El crimen a investigar es el del asesinato del propio ciudadano, que al realizar copias de seguridad de sí mismo cada 24 horas, se convierte en alguien ciertamente difícil de eliminar.
A partir de ese momento nos introducimos en una narración de vértigo en la que Kovacs debe descubrir quién es el asesino y que nos enseña una realidad futura tan corrupta, tan violenta y tan indeseable que se parece bastante a nuestro presente.

Morgan, perfilando ya el que será su estilo para novelas posteriores, hace gala aquí de un ritmo frenético, lleno de crudeza, de sangre y torturas —recordemos que en este mundo para matar al alguien hay que destruir su pila cortical—, de sudorosos escarceos amorosos, de inmersión en lo peor de la sociedad —da igual entre los ricos que entre los desesperados—…, pero sabe incluir los suficientes momentos de calma como para permitir al lector recuperar el aliento y sumergirse de nuevo en la acción. Equilibra la crudeza, la violencia, el sexo, las explosiones y enfrentamientos con el suspense y las revelaciones necesarias para hacer adictiva la trama.

No adolece Morgan de vacuidad en su planteamiento. Referencias filosóficas sobre lo que representa vivir una vida tan longeva y unas claras alusiones a puntos polémicos con el Cristianismo activan la parte densa de la lectura. Con una prosa llena de sequedad cuando se refiere a ello, el cristianismo aparece en la novela como una secta que se niega a resucitar en una nueva funda si tu cuerpo muere. Este tratamiento tan heterodoxo de un concepto religioso como lo es la resurrección de la carne es parte protagonista del planteamiento de la novela pudiendo ofender al lector más conservador. No obstante, intuyo que el autor no sólo no huye del conflicto sino que de alguna manera, lo busca. ¿Cuáles serían las consecuencias teológicas de poder retener el alma dentro de un contenedor?

Pero no nos equivoquemos. Esto no es un libro de filosofía. Es un libro adulto en todos los sentidos: Hay escenas de torturas suficientemente sangrientas como para no dejar impasible al lector medio y el tema sexo que si bien no es, ni mucho menos, predominante es bastante explícito en su narración. Esto hace que “Carbono Modificado” no sea un libro para adolescentes, ni siquiera para lectores sensibles. Como buen cóctel para adultos, el tema de las drogas no se queda fuera aunque desde un punto de vista más recreativo.

El libro está escrito a un ritmo quasi-cinematográfico que lo convierte en un thriller absorbente. Morgan dispersa con de manera constante pistas y elementos dramáticos, consiguiendo reunirlos todos para brindarnos un final espectacular con el que alimentar las ganas de hacernos con la segunda entrega de la trilogía, la cual confiamos que Gigamesh nos ofrezca pronto.

Richard Morgan ha vivido en España y habla nuestro idioma. En 2016 participó en el festival Celsius 232 de Avilés y en la divertida charla que ofreció allí, habló sobre la creación de Kovacs: “cuando era profesor de inglés me di cuenta de que en la vida real no puedes pegar un tiro a los gilipollas“, fue básicamente su explicación. No sé a vosotros, pero a mí con eso me vale, porque seamos sinceros: ¿quién no ha tenido ganas de pegarle un tiro a un gilipollas? De momento vamos a tener que conformarnos con ver la próxima adaptación de su justiciero ciberpunk a la pequeña pantalla, de la mano de Netflix. Que no os pille por sorpresa y leed a Morgan cuanto antes.

 

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75 años de Superman

75-SupermanUna joya. Una obra maestra. Si estás leyendo esto, compra este volumen. Te aviso antes de empezar a hablar de él. Eso es lo importante. Compra y vuelve. Te espero.

¡Hola! ¡El primer superhéroe de la historia cumple 75 años! Casi nada. Tantas cosas que contar…

75 años de historia, cuatro series regulares en el mercado y un sinfín de apariciones en diversas colecciones de protagonismo compartido y “crossovers”, representan varios miles de tebeos en los que aparece Superman. Es este motivo lo que hace la selección de historias tremendamente difícil. ¿Debemos seleccionar sólo diez historias que representen la vida de un personaje tan inabarcable como Superman? Hay respuestas para todos los gustos.

Empecemos mirando dentro del tomo. A ver qué contiene el volumen. Y no puede empezar mejor. Se nos saltan las lágrimas: Action Comics #1 (1938) (Jerry Siegel y Joe Shuster). El origen de la leyenda. Nuestro origen. El primer cómic en el que apareció el primer superhéroe. Aquí nace todo lo que vino después. Que sí, que sí. Que es un tebeo ampliamente superado en guion y en dibujo y bla bla bla. Pero el valor histórico que tienen estas páginas lo convierten, sin dudarlo un momento, en el cómic de superhéroes más importante de la historia. Y así cuesta. ¿Sabes cuánto se pagó en la última subasta de uno de estos ejemplares? Más de 3 millones de dólares. Supera eso.

Seguimos con Superman #76: ¡El equipo más poderoso del mundo! (1952) (Edmond Hamilton y Curt Swan) que narra el primer encuentro entre Batman y Superman, pero dado que estos dos gigantes ya se habían cruzado en la Sociedad de la Justicia, se ha terminado por considerar que Superman #76 es la primera historia ambientada en Tierra Uno.

También tenemos Action Comics #484: Superman toma esposa (1978) (Cary Bates y Curt Swan), que utilizaremos solo para mencionar la preeminencia e importancia de la figura de Curt Swan, uno de los autores más significativos de la historia del personaje. Sólo entre las series Superman y Action Comics, Swan dibujó más de seiscientos números. Una leyenda del cómic.

Nos lleva nuestro periplo a través de la vida del personaje con Superman #400: Las leyendas vivientes de Superman (1984) (VVAA). Un curioso número de aniversario en el podemos destacar la participación de Frank Miller, Mike W. Kaluta o Jim Steranko. Historias cortas, de entre tres y ocho páginas, separadas por ilustraciones de los artistas más destacados de la época como los mismísimos Jack Kirby, Will Eisner, o Moebius.

En Action Comics #554: Si Superman no existiera… (1984) (Marv Wolfman y Gil Kane) nos situamos ya en la década de los 80 para seguir con Superman #4: Bloodsport (1987) (John Byrne), un número icónico del rediseño post-“Crisis en Tierras Infinitas” del personaje, considerada una de las redefiniciones definitivas.

Continuamos con Action Comics #644: El doble (1989) (Roger Stern y George Pérez), Action Comics #775: ¿Qué hay de divertido en la verdad, la justicia y el estilo de vida americano? (2001) (Joe Kelly, Lee Bermejo y Doug Mahnke), y Action Comics #800: La travesía del héroe (2003) (Joe Kelly y Pasqual Ferry) que cierra el tomo contándonos pasajes de la vida de Clark desde su llegada a La Tierra hasta que se pone por primera vez el traje azul.

Ahora que hemos acabado de deleitarnos con el contenido, vamos a la parte física. Maravilla pura. La portada es sencillamente inmejorable y el resto del tomo también. Casi trescientas páginas, en papel de alto gramaje relleno de color, en una tapa dura que envuelve un producto que queda impecable en la estantería. No se la vuestra pero la mía necesitaba ese volumen.

Podríamos seguir aflorando bondades del tomo, del personaje y de sus creadores. Pero en definitiva, estamos ante una atípica antología de historias creada para los fans más puros de Superman. Se nota que no es un tomo generalista ni orientado a ventas masivas para gente que se inicia en el personaje, y eso la comunidad comiquera, lo agradece. Un volumen exquisito. Un tomo completamente obligatorio en cualquier estantería del buen aficionado a los superhéroes. Te diría que te hicieras con él ya, pero sé que ya lo has hecho. Disfruta.

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Richard Matheson: El maestro de la paranoia, de Sergi Grau

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Hay algunos autores que conocemos de una manera casi inconsciente, en segundo plano, escribiendo historias sin cesar, alejados de los focos y de la fama. Autores que todo el mundo conoce pero que nadie sabe que conoce. Sus nombres suelen sonarnos, pero a menudo nos cuesta ponerle cara o asociar la obra. Nos cuesta visualizar la portada del libro o de la película. Estos autores son, en parte, un pilar fundamental de nuestro bagaje cultural personal e incluso algunos han llegado a dar forma a nuestras primeras filias y fobias literarias. No podríamos entender nuestras tendencias culturales sin su influencia, pero al mismo tiempo son grandes desconocidos y no somos conscientes de la gravitas que nos ha generado dicho autor hasta que volvemos a ponernos delante de su obra.
El hecho que una obra como esta haya llegado a ver la luz, no hace sino hablar maravillas de una editorial como Gigamesh, responsable de esta fantástica apuesta editorial. Este volumen, un interesante ensayo en torno a la figura de uno de los últimos genios de la narrativa de terror y fantástica, es el primero escrito en lengua castellana dedicado a analizar la obra literaria, guiones para cine y televisión, y diversas adaptaciones para ambos medios que ha conocido la admirable producción literaria de este gran escritor norteamericano. Nos estamos refiriendo al volumen correspondiente a la colección “Miscelánea” titulado: Richard Matheson: El maestro de la paranoia.

Coordinada de maravilla por Sergi Grau, pero participada y escrita por trece autores más, Gigamesh encuentra la manera de resumir y analizar la vida y la obra de un autor a todas luces inabarcable. En la narración hay fragmentos más y menos literarios, y con más o menos peso de la literatura o el cine, pero el resultado final es la constatación de que Richard Matheson es un autor cuya preeminencia nunca ha sido justamente reconocida en nuestro país. Es triste reconocer que tras su muerte, el 23 de junio de 2013, no se produjo ninguna muestra particular de pesar entre los lectores españoles, de la misma manera que sucedía un año antes con Ray Bradbury cuya desaparición pasó prácticamente desapercibida para la corriente literaria y cultural mayoritaria de este país.

Matheson fue un escritor multidisciplinar. Manejaba a su antojo el relato, la novela y el guion de cine. Colaboraciones con el mismísimo Roger Corman, guiones para En los límites de la realidad (The Twilight Zone 1959-1964), relato y guion para El diablo sobre ruedas (Duel, 1971) de Steven Spielberg… En definitiva, un mundo, como decíamos, inabarcable en el que sus verdaderas obras maestras están representadas por sus textos en forma de relato corto.
Oculto bajo una clave fantástica, Matheson representaba el paradigma de la crónica de la soledad cotidiana. La de Robert Neville, la del hombre menguante, la del tipo que ve algo raro a través de la ventanilla del avión. También en la obra de Matheson existe cierta semejanza con Ira Levin, cuya obra rezumaba también soledad cotidiana (soledad doméstica, eso sí) en obras como “La semilla del Diablo”.
Esta soledad, este costumbrismo del que después bebió Stephen King, relata de un modo descarnado situaciones habituales de la américa de los setenta.

“Cuando eres niño y quieres comprarte un helado es muy triste tener que esperar a que pase el camión, aunque el niño lo considere normal porque no ha conocido otra cosa. Cuando a un ser humano le están jodiendo la vida y no acaba de identificar el origen de su desgracia, muchas veces ni siquiera puede reconocer que es infeliz, y acaba por volverse loco”.

El hecho de que Richard Matheson trabajara escribiendo sus obras a lápiz y papel, sin ayudas de ninguna máquina de escribir u ordenadores en sus últimos años, acrecienta la sensación de abandono por parte de la comunidad lectora al ver la enorme cantidad de obras reseñables que dejó tras de sí el autor norteamericano. Matheson fue por encima de todo un escritor en su máxima expresión, un ser humano nacido para escribir, a quien le traían sin cuidado las circunstancias que le rodeaban.
En Richard Matheson: El maestro de la paranoia, Sergi Grau coordina una sesión de psicoanálisis en tercera persona. Desnuda el alma de Matheson a través de su obra y nos explica que seguramente fue su carácter paranoico el principal estímulo creativo que tuvo. Un estímulo creativo que le acompañó a lo largo de su vida, dejando tras de sí un reguero de obras maestras que todos conocemos aún sin saber que están dentro de nuestro subconsciente. En definitiva, si queréis saber un poco más porqué os gusta lo que os gusta y porqué Matheson es tan importante para todos nosotros, este es un libro que debe estar en vuestra estantería. No lo dejéis pasar.

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El Cuarto Mundo vol.1, de Jack Kirby

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Jack Kirby es, sin lugar a dudas, el dibujante de superhéroes más famoso de todos los tiempos. Creador junto a Stan Lee de casi todo el Universo Marvel (Los 4 Fantásticos, Los Vengadores, La Patrulla X, Iron Man, Thor…), pero hay que señalar que también trabajó para la competencia (DC Comics) para los que crearía, encargándose tanto del guion como del dibujo, un universo entero: El Cuarto Mundo. ECC Ediciones recupera (respetando el formato original, cosa siempre de agradecer por parte de los nostálgicos) en cuatro volúmenes imprescindibles esta obra del genio neoyorkino.
Kirby ya había dado muestras de su elevadísima capacidad para crear en Marvel. Por ejemplo, cuando Stan Lee quiso introducir a un personaje con categoría de dios en el Universo Marvel, ideó un personaje llamado Galactus. Kirby, al trabajar en el proyecto, le devolvió las páginas incluyendo a un personaje con el que Lee no contaba: Silver Surfer (Estela Plateada), argumentando que todo dios necesitaba un escudero. Esa saga está considerada una de las más importantes de toda la historia de los cómics y, en poco tiempo, Silver Surfer se convirtió en todo un icono de los 70.

Pero quizá esa desbocada creatividad le pasó factura, ya que los lectores de la época se vieron desbordados por un cómic que no acababan de entender del todo. Es prácticamente imposible encontrar un cómic que nos escupa tantos conceptos por viñeta. En el prólogo de la presente edición, Grant Morrison nos lo explica con precisión:

“La obra de Kirby funcionaba a una frecuencia demasiado alta y mi cerebro preadolescente no podía sintonizarla; me producía un escalofrío interno por lo asombroso de sus operísticas visiones de planetas ardiendo y rugientes deidades… Kirby era demasiado salvaje, demasiado terrorífico, demasiado crudo”.

Por este motivo las colecciones fueron acabando y tras cinco años en DC, Kirby volvería a Marvel en 1975 terminando la que fue su etapa creativa más individual y significativa.

En El Cuarto Mundo, el autor demuestra el ilimitado poder de su talento. Los personajes parecen salir de las páginas, adueñándose del espacio y del diseño de la viñeta. La tecnología imposible, la ciencia ficción psicodélica, las razas extraterrestres, la manipulación genética y la mitología vista desde la perspectiva cósmica son los ingredientes que Kirby cocina en el interior de su privilegiada cabeza.

Apoyado por diferentes colecciones, Kirby creaba una mitología moderna, llena de personajes omnipotentes, representantes del mal y del bien absoluto. La identidad como villano de Darkseid es simplemente perfecta hasta el punto que será la gran némesis de la versión cinematográfica de Liga de Justicia, según dan a entender desde Warner.

Hoy en día es imposible entender el Universo DC sin El Cuarto Mundo. Darkseid (una imponente criatura que parece hecha de piedra y asemeja un ídolo pagano) es uno de los villanos más famosos de la historia de los cómics de superhéroes. Estos personajes han protagonizado historias realmente inolvidables aparte de inspirar a otros grandes dibujantes como Alan Moore, John Byrne, Frank Miller o Grant Morrison.

El Cuarto Mundo es un clásico que gana con los años, y que ahora podemos degustar en su edición definitiva. Parece increíble como el trabajo de Kirby aguanta el paso de los años. La realidad es que El Cuarto Mundo es un cómic adelantado a su tiempo, con tal cantidad de épica y novedad que es imposible no notar su influencia en multitud de grandes títulos posteriores.

Decía Frank Miller decir que su Kirby favorito era el del Cuarto Mundo. Mantenía que ese era Kirby de verdad, haciendo lo que le gustaba, sin que nadie le dijese cómo debía trabajar. Lo cierto es que, aunque es casi seguro decir que El Cuarto Mundo no es su mejor trabajo, todo Kirby está aquí. El Cuarto Mundo tiene todo lo que no pudo hacer con los 4 Fantásticos y todo lo que no llego a contar en Thor.

Ha tardado pero por fin ha llegado a nuestro país una edición a la altura del contenido. Una edición de auténtico lujo que engrandece y dignifica la obra del genio de Nueva York. El primer volumen establece las bases de una idea, un modo fundamental de entender los cómics desde el punto de vista de la pasión, pero con el objetivo de que el lector se lleve a casa algo para el recuerdo. Algo que le haga viajar. Viajemos todos, entonces, al Cuarto Mundo.

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Propaganda. Historia del proselitismo en la galaxia, de Pablo Hidalgo.

propagandaLa verdad es que no estamos tan lejos. No hace falta irse a una galaxia muy, muy lejana. Más o menos en todos los lugares ocurre lo mismo. La historia se repite. Los medios de comunicación afectan a las prácticas culturales y estos reproducen comportamientos sociales que crean y difunden nuevos valores que acaban por instalarse en la sociedad de la que emergen. Es una práctica muy estudiada. El ciudadano se convierte en consumidor, una categoría de ser que no necesita pensar para dejarse llevar por el marketing.
Por consiguiente, es urgente y necesario intervenir desde una perspectiva educacional en estas peligrosas configuraciones, para hacer al sujeto consciente de estas modas y técnicas que lo expropian de su saber y de su capacidad de pensar.

Pero claro, siempre hay alguien por encima. Hay cosas contra las que es imposible luchar. Y una de ellas es el poder del Imperio Galáctico.

“La propaganda es el reflejo de la vida en una galaxia muy, muy lejana. Ya sea el cartel de un destructor estelar sobrevolando un planeta para mostrar la dominación imperial, un grafiti en una pared que lanza un mensaje de esperanza en nombre dela Rebelión o un mural que muestra una hilera de soldados de asalto para promover la unidad en la Primera Orden. Este arte, como instrumento de conflicto, que infunde miedo o enciende el idealismo mediante la persuasión, captura las cambiantes tendencias políticas y el sentir del pueblo en toda la galaxia”

El Imperio es maestro en alfabetizar el lenguaje visual desde el inicio de los tiempos. Una herramienta indispensable para trasmitir los mensajes provenientes de su instrumento político utilizando los medios de comunicación y el arte a su antojo. Domina la morfología, la sintaxis, y la semántica de cada idioma y cultura de la galaxia para sacar el máximo rendimiento a los mensajes explícitos y subyacentes con los que bombardea a diario los medios.

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Intuitivamente podríamos pensar que cuando existen ciudadanos mínimamente formados pedirán tener algún tipo de representación; un pueblo con un mínimo de inquietud querrá participar de las decisiones políticas, al menos a nivel planetario. Que un Consejo Imperial, en nombre de algún deformado emperador, coloque a gobernadores en tu sistema se vuelve cada vez más intolerable. Esa es la clave de la propagación.

La historia de Star Wars no es una historia de guerra. Es una historia de dominación social. De sumisión y rebeldía. De cambio y resistencia a modificar la manera de pensar de la gente. Y en este caso, la propaganda es una herramienta clave. Pablo Hidalgo (uno de los mayores expertos mundiales en el universo creado por George Lucas) ha recopilado en este maravilloso ejemplar editado por Timummas un extenso catálogo de la cartelería propagandística utilizada en Star Wars. Abarca desde los albores de la saga (allá por La amenaza fantasma) hasta los días actuales (El despertar de la fuerza) presentándonos a los autores de los carteles y contándonos de manera pormenorizada la historia de cada uno de ellos consiguiendo así que entendamos cual es la motivación de cada uno de ellos.
Es inevitable y obligado asociar la religión con Star Wars. Incluso en “la fuerza” hay una referencia al taoísmo, religión que enseña que hay algo que está inmanente en todo lo que existe.

propaganda 3La naturaleza contra la máquina. Obi Wan y Luke contra Darth Vader, un hombre que es más máquina que humano, con un ejército imperial, y que usa la tecnología para crear caos a su alrededor.
El imperio representa el fascismo, eso se puede ver en su forma de actuar, obedecer e incluso vestir. También se puede ver en los colores rojo y negro que predominan en las salas de mando de la Estrella de la Muerte. Todo esto es parte de la Propaganda Imperial. En el otro lado la resistencia que sueña con restaurar la república. Dos bandos.

Al final, todo se resume en lo de siempre. Elegir. Tomar partido. En Propaganda, un libro de coleccionista en una edición que es una maravilla visual y que incluye diez carteles para enmarcar, Pablo Hidalgo nos da el material para que podamos tomar partido por un bando o por otro.

La verdad es que no estamos tan lejos. No hace falta irse a una galaxia muy, muy lejana. Más o menos en todos los lugares ocurre lo mismo. La historia se repite, ¿no? Dicen que para que la historia no se repita, hay que leer. Efectivamente. Hay que leer este libro.

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El oficio del mal, de Robert Galbraith

el oficio del malVamos a quitarnos cuanto antes de encima el tema del pseudónimo. Que si Rowling para aquí, que si Rowling para allá. A ver. Robert Galbraith es el pseudónimo masculino de J.K.Rowling, autora de Harry Potter, una de las más maravillosas sagas de fantasía que se han escrito nunca. Eso ya lo sabemos. Ahora bien, ¿es necesario que comparemos todo lo que escribe la autora inglesa con la saga del joven mago? Pues no. De la misma manera que no comparamos todo lo que escribió Tolkien con El Señor de los Anillos o toda la obra de Asimov con Fundación. ¿Acaso todo lo que escriba Rowling debe parecer que está tocado por la mano de Dios? Yo creo que no. Soy más de quedarme con lo que leo. No comparar. Las comparaciones pocas veces ayudan y generalmente lo único que hacen es establecer paralelismos incorrectos.

J.K.Rowling lo tiene complicado. Y es por esto que su trabajo en estos libros de Cormoran Strike, tiene mucho mérito. Puede gustarte o no la nueva saga noir y de misterio pero lo que está claro es que ha conseguido sacudirse de encima los restos que quedaban de Hogwarts en su teclado. Eso es innegable. Ni rastro de magia. Es más, sí que hay varios rastros pero de sangre. Y en esta nueva entrega de la saga, hay mucha, mucha sangre.

En El oficio del mal encontramos a Cormoran y su compañera Robin recibiendo un extraño paquete que contiene una sorpresa en su interior: una pierna amputada. No es Comoran ajeno a la ironía que subyace en el envío debido a su propia cojera pero, abstrayéndose de este hecho, su mente analítica pronto le hace desmarcarse del camino que está tomando la versión oficial de la investigación. No tarda es descartar la única pista que sigue la policía y eso hará que él y su compañera investiguen por su cuenta, metiéndose en una espiral de acontecimientos que les harán ver como cada vez, el reloj corre más deprisa en su contra.

Rowling construye en esta entrega su atmósfera más cargada y agobiante. Satura el subconsciente del lector con alusiones salteadas a la vida de sus protagonistas y sus implicaciones personales en el caso. En esta ocasión, la autora amerita la construcción de una línea que de una manera sutil, con la voz del asesino como narrador, hace que el lector tema por la vida de Robin, quien durante todas las páginas de la saga había permanecido ajena a amenazas de este estilo. Nos da la autora además mucha más información de cómo evoluciona la relación entre Strike y Robin. Una tensión sexual creciente que coloca a los protagonistas en una encrucijada personal y profesional muy complicada de resolver.

Lo que más me ha llamado la atención de la estructura de la novela es que no hay tramas paralelas que alivien la tensión de la linea principal. Eso hace que, al sumergirte de lleno en la resolución del caso, no haya un solo segundo de respiro, experimentando así una realísima sensación de agobio conforme avanzamos en la lectura.

En mi opinión, El oficio del mal es el mejor de los tres libros de la saga Cormoran Strike. Sin duda alguna. Estoy seguro de que hará las delicias de los seguidores de la autora inglesa y de muchos de los amantes del genero noir. Además, este libro tiene algo muy bueno y es que no solo se puede leer de forma independiente, sino que no da pistas de la resolución de sus dos anteriores entregas. Una gran forma de introducirte en la obra de J.K.Rowling más allá del Ministerio de Magia.

Ya se habla en ciertos foros de un acuerdo existente para que los libros de la serie Cormoran Strike cobren vida en la pantalla. A mí, los argumentos me parecen más adecuados para la televisión que para el cine y es sabido que la a la autora le gustaría colaborar con el guionista en el argumento y la adaptación.

Yo ya me estoy imaginado al detective Cormoran Strike y a su ayudante Robin, saliendo de su despacho-cuchitril en pleno centro de Londres. ¿Y tú? ¿Te lo imaginas? Pues no esperes a la serie. Échale mano al libro.

 

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La dama de Zagreb, de Philip Kerr

la dama de zagrebMe encanta Kerr. Debo reconocerlo desde el principio y voy a saltarme la introducción. Hay un motivo que hace que me absorba el enfoque de sus novelas. Adoro la novela negra norteamericana y las historias de Phillip Kerr son un homenaje a los clásicos americanos en un contexto histórico y geográfico completamente diferente. Es como si hubiéramos mantenido la manera de contar las historias pero cambiando el escenario y los actores. De la mano de Bernie Gunther descubriremos un pueblo alemán sumiso y manipulable, una Europa mirando hacia otro lado sin saber muy bien qué hacer y mientras tanto campos de concentración, genocidios, eugenesia, genocidios, antisemitismo, genocidios, y la maldad pura de los nazis. Y más genocidios. Y Jesse Owens cogiendo  la supuesta superioridad aria, dejándola en el suelo y subiendo a lo alto de una escalera para mearse encima de ella desde bien arriba.

Nuestro Gunther acabará formando parte de la SS, pese a no haber pertenecido nunca al partido nazi, al fusionarse la Kripo (Kriminalpolizei) con la Gestapo y el SD. Aún dentro de la organización, no duda en criticar a los nazis allá donde puede aunque saluda con el brazo en alto si es necesario. Sabe normal que la gente desaparezca y muera pero no conoce el miedo ni respeta la autoridad. Un tipo duro y honesto. Juez y verdugo de valores (los suyos propios) que no duda en hacer cumplir sentencia a muerte con su propia arma si lo considera realmente justo.

En La Dama de Zagreb tenemos a un Bernie Gunther volviendo de Smolensk tras un encargo de la Oficina de Crímenes de Guerra. Gunther recibe un encargo del mismísimo ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels. Aunque la misión tiene un carácter de interés general al partido, hay sospechas fundadas de que detrás del encargo se esconden intereses personales del ministro. Este encargo le lleva por la teóricamente pacífica Suiza y por las zonas mas conflictivas de la convulsa Yugoslavia.

Goebbels se ha encaprichado de una de las actrices de moda llamada Dalia Dresner. El ministro quiere que ésta protagonice la próxima película dirigida por la compañía UFA encargada de estos menesteres en el partido nazi y perteneciente ya al Ministerio de Propaganda y, por consiguiente, a Goebbels. Dalia Dresner pondrá como condición para hacer la película localizar a su padre desaparecido desde hace tiempo y así se lo exigirá a Goebbels, dossier que terminará por caer sobre la mesa de Bernie Gunther.

Una de las cosa que más llama la atención en esta entrega de la saga es cómo dibuja Kerr la realidad del país helvético. Nos ofrecerá un retrato muy diferente del estereotipo habitual, dándonos detalles de los movimientos que tuvo que llevar a cabo este país para evitar ser engullido por su agresivo vecino alemán en plena expansión invasora.

La narración de Kerr nos relata una guerra muy sucia que se dio en suelo suizo entre los servicios secretos de los participantes en la Segunda Guerra Mundial. Actos de guerra llevados a cabo por ambos bandos, quienes no dudan en ejecutar las más cruentas acciones con tal de hundir a sus enemigos, pero sin mancillar la bucólica imagen del país de los lagos. Y como actor invitado a estas ensangrentadas luchas, Bernie Gunther nos dará otra lección de cómo moverse en estos escenarios casándose únicamente consigo mismo, sin dejar en especial buen lugar ni a los aliados ni a los partidarios del Eje.

La ambientación de la novela es magistral. El retrato de los campos de concentración de Ustacha es demoledor y hacen que el lector asimile que no solo los nazis cometían atrocidades. Bernie Gunther nos descubre que en época de guerra, la maldad a la que es capaz de llegar el ser humano no entiende de nacionalidades ni de razas.

Phillip Kerr ya ha demostrado su valía a la hora de poner axiomas en la voz de Bernie Gunther para deleite de los seguidores de la saga. Un maestro de la lógica que nos regala thriller con mimbres de novela negra, novela histórica y tramas de espionaje en el que nuestro Marlowe alemán se desenvuelve como siempre, a la perfección.

“A todo el mundo le interesa el periodo nazi, y quien diga lo contrario, miente. Los alemanes están perplejos con mis novelas y muchos prefieren dibujar una línea divisoria por encima de la II Guerra Mundial. Pero a los berlineses, que nunca fueron nazis, les gustan mis libros y eso me enorgullece”

Esto aseguraba Phillip Kerr en una entrevista. Desde luego, no sé a los berlineses pero a mí, me encantan sus libros. Y tú lector, si has llegado hasta aquí, a tí también te gustará La Dama de Zagreb.

 

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