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Todo lo que hay que saber sobre poesía, de Elena Medel

Todo lo que hay que saber sobre poesía

Todo lo que hay que saber sobre poesíaEs mucho lo que hay que saber sobre poesía y siempre es poco lo que podamos saber. Una frase algo enrevesada quizás, pero estoy segura de que me entendéis.

Elena Medel, directora de la editorial de poesía La bella Varsovia, lo sabe bien. Por eso ha publicado con Ariel este libro que se me antoja imprescindible. Me explico: para la gente a la que le guste la poesía, que sepa sobre ella y la consuma, quizás Todo lo que hay que saber sobre poesía se quede corto. Al menos esa ha sido mi sensación. Quienes amamos la poesía no vamos a descubrir nada que no se sepamos ya entre sus páginas. Pero, creo que es imprescindible en el sentido de recordar conceptos y recordar, ya sabéis, es volver a pasar por el corazón. Y a la poesía estos viajes al corazón le sientan de maravilla.

Por otra parte, para quien no sea amante de la poesía, pero sí que sienta interés por ella, este libro es imprescindible en su contenido, pues es como asistir a un curso de poesía en el que aprender las nociones esenciales que tienen que ver con este arte.

Así, Todo lo que hay saber sobre poesía está dividido en cuatro apartados principales: “¿De qué hablamos cuando hablamos de poesía?, “Cuando el poema se escribe”, “Momentos y movimientos” y “Más allá de los libros”. Además incluye al final un glosario bastante útil.

En cada uno de estos apartados de desgranan los principios básicos de la poesía: temas e ideales, el ritmo, el verso, los tipos de estrofas, las figuras literarias, los movimientos poéticos y otros tipos de poesía, entre otros muchos temas.

Un total de doscientas páginas en las que se condensa la misma esencia de la poesía. Tarea difícil. Menos mal que Elena Medel sabe lo que se trae entre manos. Autora de poemarios como Mi primer bikini o Chatterton y ganadora de premios como Andalucía joven (2006) o Loewe (2014), esta poeta cordobesa está considerada una de las voces más importantes del panorama lírico actual, así que rigor no le falta al libro.

Cómo os decía antes, si ya sois amantes de la poesía puede que el libro se os quede algo pequeño. Y eso que las anécdotas y citas que Medel ha incluido en sus páginas son una maravilla. Sin embargo, me encantaría que todo el mundo leyera este libro tan didáctico. Ahora que la poesía está tan de moda, que nos salen poetas hasta de debajo de las piedras, Todo lo que hay saber sobre poesía no viene nada mal para recordar las bases de este fascinante género.

 

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Carta abierta a los animales, de Frédéric Lenoir

Carta abierta a los animales

Carta abierta a los animalesEste libro es una carta preciosa dirigida a los animales, pero también a los que no se creen superiores a ellos. Afortunadamente, yo me encuentro en ese grupo. Siento un amor incondicional por los animales (sí, todos) y no sé quién coño nos creemos que somos a veces para tratarlos tan mal. Supongo que es eso… la mayoría de la gente se piensa que son superiores y eso les da el derecho de hacer con ellos lo que les da la gana.

A esas personas les obligaría a leer este libro. Me encantaría que todos abriésemos más los ojos y entendiésemos mejor la relación que nos une con el resto de especies que habitan en este planeta. Que por cierto, también nos pensamos que es solo nuestro.

Se trata, como dice el autor, de mostrar humanidad. Y la humanidad no es simplemente respetar a los otros seres humanos, sino también a todos los seres vivos. Tan humanos que somos y lo que nos cuesta entender esto, ¿verdad? Será que al final nuestra superioridad moral no nos vale para tanto si no sabemos usarla.

No me extraña que Carta abierta a los animales haya sido todo un éxito de ventas en países como Francia. Su autor, Frédéreric Lenoir, filósofo, sociólogo e historiador de religiones es fundador de la asociación Ensemble pour les animaux y cofundador de SEVE (Savoir être et vivre ensemble). Como veis, una persona totalmente comprometida con el respeto hacia los animales y el saber compartir este planeta con los demás seres que lo habitan en total armonía. Sí, ya sé que parece difícil, pero ojalá más gente fuese consciente de lo necesario que es vivir de esta manera.

Repleto de citas interesantes, Carta abierta a los animales hace un repaso a la historia de cómo el Homo Sapiens se hizo el dueño del mundo y el paso horrible de la domesticación a la explotación de nuestros compañeros. ¿Realmente somos tan distintos? Os sorprenderá saber que no, que a pesar de todas las maravillosas peculiaridades hay mucho que compartimos.

Es cierto que algunos de los pasajes del libro son duros, no os voy a mentir. Si todo el mundo leyera el capítulo en el que el autor habla de los animales que pasan sus días siendo cebados y maltratados para luego convertirse en alimento estoy segura de que el consumo de carne y de alimentos provenientes de animales que han sido criados en dichas condiciones disminuiría significativamente. Ya sé que es difícil. Casi una utopía. Pero ojalá seamos conscientes de todo el maltrato y el daño que nuestros compañeros de planeta están recibiendo por nuestra parte. Desde luego que el homo sapiens es cada vez menos sapiens y más horrible.

Como os decía, este libro debería ser lectura obligatoria. Todos deberíamos leerlo desde pequeños para concienciarnos de la importancia del respeto que le debemos a los animales, nuestros compañeros. Una carta dura, emotiva y sincera que resulta totalmente necesaria.

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Frankenstein, de Mary Shelley

Frankenstein

Frankenstein

Tengo dos problemas con los clásicos, que además va de la mano uno con otro: el primero es que no los he leído y el segundo, que me da miedo leerlos por si al hacerlo se me caen del altar. Pero esta vez me he atrevido con uno, será que me hago mayor, y he decidido leer Frankenstein en la edición que Ariel ha publicado en conmemoración con el bicentenario acompañada, además, de notas y ensayos los cuales van destinados a satisfacer las ansias de conocimiento de «científicos, creadores y curiosos en general».

Pero vayamos primero a lo importante: el libro huele mucho y bien, y la edición no está nada mal. Viene, como he comentado antes, con gran cantidad y variedad de textos complementarios, como un prefacio de los editores, la introducción al libro que Mary Shelley publicó varios años después de la aparición de la novela, una cronología de la ciencia en la época de Shelley, siete ensayos contemporáneos sobre la obra, referencias, lecturas complementarias, colaboradores de la edición y notas, muchas notas a pie de página. Tengo que avisar de algo antes de nada, y es que en referencia a estas notas lo mejor es que quien las lea ya haya leído el libro antes, porque la gran mayoría pecan de ser bastante spoiler. Aunque seguramente esto se deba a que yo ya lo tendría que haber leído. De todas formas, esto es un mero hecho anecdótico ante unas notas que no dejan (casi) ningún tema científico de la obra sin resolver.

He pensado antes de ponerme a escribir esta reseña que seguramente no era necesario hablar sobre el tema o el contenido de la obra, porque creo que, aunque no se haya leído, la mayoría de la gente sabe de qué va la historia de Frankenstein (aunque os tengo que decir que no tiene nada que ver lo que “se sabe” de la historia con lo que cuenta el libro); así que me centraré más en lo que me ha resultado curioso o en lo que creo que puede ser útil para el lector de esta edición en concreto. Uno de estos aspectos es que no se tenga miedo, lo digo porque yo tuve cierto recelo, a evitar comprar esta edición por tener dudas de si las notas, los ensayos o los distintos comentarios que ofrece el libro quedarán muy lejos del entendimiento de aquellos que no tenemos ni idea sobre ciencia. Para nada, lo podemos leer tranquilamente y, además, nos hará aprender muchas cosas que con la lectura simple del texto nos pasarían de largo. Algo que me ha gustado mucho acerca de estas notas es el punto que se les ha querido dar de chispa a la reflexión; muchas de ellas presentan preguntas para que nosotros, los lectores, sigamos indagando en la diatriba que nos presenta el editor en cuestión.

Apartándome un poco ya de este tema: ¿sabíais que el “monstruo” no tiene nombre? Me encanta saber tan poco sobre lo que se debería saber mucho porque cuando empiezo a saber sigo sorprendiéndome como cuando era un niño. Y no, no tenía ni idea de que el “monstruo” no tiene nombre, ni de que Frankenstein nunca es mencionado ni se menciona como doctor, ni de que hubo la posibilidad de una (esto va en honor a Rosario) “monstrua”. Datos como estos, frases que he subrayado porque me parecían geniales o una novela tan buena que me encantaría poder volver a no haberla leído para tener la oportunidad de su primera vez de nuevo, son algunas de las cosas que te puedes encontrar si te adentras por primera vez en Frankenstein.

Seguro que os ha pasado alguna vez eso de que mientras estás leyendo un libro te viene a la cabeza la siguiente pregunta: «¿como puede ser que el autor de esta obra (que es probable que lleve muerto años) haya escrito lo que sabía que yo quería leer?». Creo que nunca responderé a esta pregunta, no sé si por voluntad propia o incapacidad, pero sí sé que seguiré viviendo con ella. Y espero seguir viendo ediciones nuevas sobre contenidos no tan nuevos (y también sobre nuevos, eh) y pensar que no soy el único que se pregunta esto. Pero a veces sí que pienso que soy el único, a veces sí que me siento un «moderno Prometeo», a veces yo también juego a ser Dios. No fastidies, ¡que hasta el protagonista se llama Víctor!

Todo un acierto de Ariel, un nuevo empujón para aquellos que quieren seguir pensando mientras sonríen de placer.

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Tengo, tengo, tengo, de José Antonio Millán

Tengo, tengo, tengo

Tengo, tengo, tengo“Una, dole

tele, catole,

quile, quilete,

estaba la reina

en su gabinete;

vino Gil,

apagó el candil,

candil, candilón,

cuenta las veinte,

que las veinte son.”

 

Seguro que todos habéis oído esta cantinela, ¿verdad? Nuestra lengua está repleta de este tipo de rimas. Las utilizamos para jugar, aconsejar, trabajar, memorizar, hacer rabiar e incluso para sanar. El ritmo es fundamental y este tipo de cancioncillas, refranes y retahílas están presentes en todas las lenguas del mundo.

El objetivo de José Antonio Millán es el de explorar estos aspectos de nuestra lengua. Para ello, el autor realiza un ejercicio de búsqueda desde las rimas más antiguas, hasta las creaciones más recientes y se dirige a los lectores que, como, yo, disfrutamos reflexionando sobre nuestra lengua y aprendiendo cosas nuevas. Es un lujo poder aprender de la mano de José Antonio Millán, todo un referente de divulgación en el ámbito de la lingüística con libros como De dónde vienen las palabras, cómo viajan, por qué cambian y qué historias cuentan.

Tengo, tengo, tengo está dividido en diez partes y treinta y seis capítulos. Que dicho así suena a mucho, pero no os asustéis, el libro está perfectamente condensado en sus casi trescientas páginas y en mi opinión ni le falta ni le sobra nada. Cada apartado se centra en un determinado aspecto que el autor desarrolla a lo largo de las páginas de una forma precisa y muy entretenida. En la primera parte, por ejemplo, se explica qué entendemos por ritmo en la lengua, en la segunda se analiza la función de las palabras inventadas que usamos en los juegos infantiles y en otras, como en la sexta, se estudian los procedimientos orales que sirven para acompasar las acciones de los hombres. Aunque sea cierto, como se explica en la nota previa, que cada capítulo del libro podría haber dado lugar a uno o varios libros, el autor ha hecho un gran esfuerzo de síntesis y de relación.

Para los lectores que sientan curiosidad por saber más sobre este tema, pueden encontrar al finalizar el libro una amplia bibliografía y, además, en la siguiente página web  encontramos las fuentes utilizadas y en esta otra página, una Lista de medios con ejemplos ilustrativos de algunos de los fenómenos expuestos en el libro. Como veis, el trabajo que ha realizado José Antonio Millán para Tengo, tengo, tengo es de diez.

Personalmente, disfruto mucho con estos matices y curiosidades de nuestra lengua y soy de ese tipo de personas que le encantan los juegos de palabras y las rimas y conocer y descubrir más sobre sus orígenes y usos. Así que he disfrutado mucho con este libro tan curioso y didáctico en el que las palabras y las rimas son más protagonistas que nunca.

Si a vosotros, lectores, también os fascina la lingüística y os gusta aprender sobre nuestra lengua, estoy convencida de que Tengo, tengo, tengo os va a encantar.

 

 

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Este libro te alegrará la vida, de Daniel Gray

Este libro te alegrará la vida

Este libro te alegrará la vidaVale, puede que el título suene un poco presuntuoso, pero sin duda hay libros que nos alegran la vida y dar con uno de ellos es una maravilla. Esa sensación de estar tan completamente metidos en la historia que el tiempo se nos pasa volando mientras leemos, o las ganas de volver a retomar la lectura son las claves de que hemos encontrado un buen libro. En lo que llevamos de verano, haber encontrado Los años ligeros, Crónicas de los Cazalet ha sido una de mis mejores sorpresas, pero hoy no vengo a hablaros de este libro (otra vez).

Lo que realmente me gustó de Este libro te alegrará la vida es el subtítulo: “50 placeres íntimos de la lectura”. Y ahí ya me rindo, porque todo lo que tenga que ver con el placer de la lectura me requeteencanta. Todos esos pequeños placeres que acompañan al ritual de lectura, las manías lectoras y los buenos libros que, sin duda, nos alegran la vida. De todo esto trata Este libro te alegrará la vida, una preciosa carta de amor a los libros y a sus amantes. ¿Cómo no iba a gustarme?

Dividido en cincuenta pequeños capítulos (o placeres), este libro recrea esos placeres que todo buen amante de la literatura ha experimentado tantas veces. Por ejemplo, esas dedicatorias que encontramos en libros antiguos de segunda mano y que nos hacen pensar y tratar de imaginar la historia del libro y su antiguo dueño. Me gusta la idea que propone Daniel Gray en el capítulo: “La próxima vez que regales un libro, dedica un momento a escribir unas breves palabras para el destinatario, porque también estarás tendiendo la mano a alguien que ni siquiera ha nacido todavía”.  Yo siempre escribo dedicatoria.

¿Y qué me decís del placer de ir por primera vez a una casa ajena y poder cotillear libremente las bibliotecas? Es otra cosa que me pirra. Se puede aprender muchísimo sobre una persona simplemente viendo sus libros.

También hay placeres más personales, como aquellos de anotar palabras o ideas en los márgenes de los libros. Yo tengo que confesar que me encanta dialogar con el autor a través de las notas, subrayar frases y escribir ideas. Es algo muy íntimo.

Otro placer que me gusta es ese de perder una tarde organizando nuestra estantería. El otro día me tocó a mí. No sabía cómo ordenarlos. ¿Por género?, ¿por color?, ¿libros que ya hemos leído en una parte y libros por leer en otra? Al final acabé ordenando la mía por editoriales.

Otro placer va dedicado a leer en los bares. Recuerdo que tuve una etapa en la que leía prácticamente en cualquier lado. Ahora soy un poquito más quisquillosa, y necesito más calma para poder leer (aunque también depende del libro, claro). Pero sin duda es otro placer ese de sacar nuestro libro en cualquier momento y olvidarnos de todo lo que nos rodea. Siempre llevo uno en el bolso, nunca se sabe cuándo vamos a tener tiempo para poder leerlo.

Son muchos los placeres relacionados con la lectura y cada lector podría elaborar su propia lista personal. Este libro te alegrará la vida nos propone algunos de ellos y nos hará pensar en los nuestros. Estoy segura de que vosotros también os sentiréis identificados con muchos de ellos y encontraréis otros más personales.

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Cuántica, de José Ignacio Latorre

cuantica“¿Todo debe ser útil?” A veces basta la “belleza de una ecuación”, su “simplicidad y simetría” que nos llevan a la construcción de “una catedral intelectual”. Porque “la construcción de una catedral requiere un andamiaje prolífico que solo es retirado al final. Solo entonces, cuando los utillajes y la suciedad de la obra son eliminados, la belleza se hace patente. [Ahora] podemos explicar mecánica cuántica en nuestras universidades de forma limpia y elegante. Ahora podemos ver fácilmente su belleza interna. Basta adentrarse muy poco a poco”.

Decía Richard P. Feynman, uno de los más grandes físicos de todos los tiempos que “si usted cree que entiende la física cuántica, eso no es más que la prueba irrefutable de que usted no entiende la física cuántica”. El punto fuerte de Feynman no era dar ánimos, pero por desgracia, razón nunca le faltó. Y es que eso es la Teoría Cuántica: una catedral de la Física. Este libro no es más ni menos que una visita guiada por esa catedral que tanto intimida.

Jose Ignacio Latorre es catedrático de Física Teórica de la Universidad de Barcelona y director del Centro de Ciencias de Benasque Pedro Pascual. Una curiosidad es que Latorre fue postdoc de Daniel Z. Freedman en el MIT, creador de la supergravedad, cosa nada baladí: “Él pulió mis apresurados cálculos y me impregnó de la máxima que rige el buen hacer científico: el diablo vive en los detalles”.

El libro consta de un prólogo, cinco capítulos y dos apéndices.
Podríamos describir aquí alrededor de qué orbita cada una de las secciones pero creo que será más enriquecedor hablar acerca del mensaje fundamental sobre el que se apoya el libro:

“La realidad objetiva no existe: nos lo dice la ciencia”.

Una afirmación tan categórica como aterradora. Pero es que el azar es inherente a la naturaleza. Mientras que la física clásica es determinista, todos los experimentos de mecánica cuántica demuestran que venimos del azar. Y nos enseñan humildad: nos dicen que no tenemos derecho a conocer la realidad.
Cada experimento a escala subatómica, cuántica, nos dice que sólo podemos captar alguna información (posición, movimiento…) de las partículas que medimos pero no conocer su esencia ya que en cuanto las miras, inevitablemente las perturbas y alteras.
De aquí podríamos inferir que la realidad es inaprehensible, pero la respuesta no es tan directa. La realidad es un concepto sutil. Existe en la medida en que la miras. Acercarte a conocerla  la condiciona y la crea.
Es algo que va en contra de los sentidos y de la propia intuición.
Al mismísimo Einstein le costó aceptarlo, que espetó a su colega Bohr, paladín cuántico: “¿De verdad crees que la Luna no está si no la miro?”.
De acuerdo pero, ¿la realidad existe o no? “Cuántica. Tu futuro en juego” nos explica que la mecánica cuántica describe un fenómeno si lo observas. La ciencia cuántica ya no es ontológica (estudio del ser), sino epistemológica (estudio del fenómeno, lo único enteramente cognoscible). Como se puede comprobar, el libro invita mucho a ponerse “metafísico”.

En el texto, Latorre desmonta el paradigma de la utilidad, tan vilmente usado contra la investigación básica. También transita por diversos enfoques epistemológicos que van del coherentismo al escepticismo más radical y presenta los usos de la teoría cuántica en algunas tecnologías, como las médicas o la metrología. El libro pasa de puntillas por otras áreas del conocimiento dejando con ganas al lector de profundizar más en la criptografía o la computación cuántica así como en otros territorios como los vínculos entre el caos y la teoría de la información.
“Cuántica. Tu futuro en juego” es uno de esos libros de divulgación que hay que leer para saber qué se nos viene encima y no veo mejor forma de invitaros a leerlo que dejaros la invitación que nos hace el autor al final del prólogo. Disfruten de la visita y si tienen preguntas, no se las guarden. Eso es buena señal.

“En el imaginario de las ciudades sutiles, Cuántica se fija de forma perenne en la memoria del viajero. Las disputas intelectuales de sus ágoras despiertan la imaginación, el afán de saber y la admiración.

Sean bienvenidos a la cuidad de Cuántica.”

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Seis años que cambiaron el mundo

Seis años que cambiaron el mundo

Seis años que cambiaron el mundoLos Seis años que cambiaron el mundo, según Hélène Carrèrre D´Encausse y diría que según cualquiera a quien se le preguntase al respecto, son los comprendidos entre 1985 y 1991 y si en este momento no termina de caer en la cuenta de los motivos de ese cambio gustosamente les indico el subtitulo del libro: la caída del imperio soviético. Mal que bien muchos de los hechos que recoge este magnífico libro son conocidos, otros muchos no o al menos no para el gran público, pero el mérito de Hélène Carrère está no tanto en descubrir secretos (que también porque algunas de las cosas que cuenta las supo por conversaciones directas con los protagonistas o sus colaboradores más cercanos) como en ser capaz de mostrarlos ordenadamente y de forma tal que se obtenga una visión de conjunto al tiempo que se entra en el detalle. Y dirán ustedes que es lógico, que ambas cosas las pretende cualquier ensayo que se precie, pero es que se trata de una cantidad de actores y de hechos relevantes que probablemente sea uno de los mayores retos de la divulgación histórica. Por decirlo de forma gráfica, imaginen que compran un puzle y cuando les llega a casa tiene tres camiones de piezas. Pues la autora lo completa y parece una fotografía. Este libro hace a la vez dos cosas aparentemente contrarias, a saber, lograr transmitir la inabarcabilidad del escenario y abarcarlo, comprenderlo y explicarlo con claridad.

Aunque el objeto del libro es la desintegración de la URSS, narrativamente funciona muy bien como biografía de Gorbachov y Yeltsin, personajes ambos de un gran peso histórico, pero de un peso literario aun mayor. Y Seis años que cambiaron el mundo permite ese ejercicio de empatia inseparable de la literatura que es tratar de comprender a los protagonistas, ponerse en su lugar. Hay en el libre suficientes pinceladas biográficas como para que el lector sea incapaz de meterse en su piel. Y no es una piel cómoda, dudo que haya habido en la historia dirigentes, especialmente Gorbachov, que hayan tenido que hacer frente a más cosas a la vez y de mayor calado que ellos. Además de ilustrar la inusitada relevancia que pueden llegar a tener las relaciones personales no ya en la política sino en la historia. Diría que es algo de lo que deberíamos aprender una o dos cosas en nuestro país.

El inicio del declive (otra cosa de la que sacar alguna lección que otra) de la URSS es probablemente menos complicado de interiorizar que el proceso en sí mismo, las consecuencias de la gerontocracia y, sobre todo, el triunfo de la mediocridad deberían ser bien conocidos, aunque ni lo eran entonces ni están cerca de serlo ahora por lo que se ve. Sin embargo el relato a partir de Gorbachov es apasionante, trepidante porque lo sería incluso si se narrase en tiempo real, y la combinación del interés histórico con la el fluido ritmo narrativo se traducen en una obra de una relevancia más allá de lo habitual.

Si hablo de un plus de relevancia lo digo por su vigencia. Todo el libro pero especialmente la parte centrada en Borís Yeltsin explica la Rusia actual, desde las privatizaciones (y el surgimiento de las oligarquías y las mafias) al Chechenia, desde Afganistán a Crimea. Temas abiertos que no se cierran una vez lo hace el libro y que puede uno seguir con sólo abrir un periódico. También es un buen recordatorio de los peligros de los nacionalismos, y lo es en el que probablemente fuera el escenario con más diversidad étnica de la historia.

Finalmente da pie a ese ejercicio tan entretenido que es la ucronía, porque Hélène Carrère no lo hace pero al lector le resultará imposible preguntarse qué habría pasado si las cosas hubiesen sucedido de otra manera, cómo sería nuestro mundo si los seis años que lo cambiaron lo hubiesen hecho por otro camino o no lo hubieran hecho en absoluto. Les dejo con el entretenimiento, eso sí, les recomiendo que si se ponen a ello lo hagan después de haber leído Seis años que cambiaron el mundo. Lo harán con mucho mayor conocimiento de causa.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es

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50 viñetas que cambiaron el mundo, de Roberto Fandiño

50 viñetas que cambiaron el mundo

50 viñetas que cambiaron el mundoHay pocas cosas más serias que el humor, aunque a simple vista no lo parezca. Todos hemos utilizado la ironía, la burla o el sarcasmo para enfrentar una situación en la que nos sentíamos en desventaja o para evadirnos de nuestros miedos. El humor es una forma de crítica que, bajo la coraza de la broma, ataca aquello que ponemos en el punto de mira. No siempre es políticamente correcto, por eso resulta tan liberador: es el recurso que empleamos para atrevernos a decir lo que hemos callado por largo tiempo, lo que otros siguen callando.

El humor es un arma y los artistas gráficos lo saben bien. A menudo han recurrido a él para reírse de la sociedad de su tiempo o retratar los aspectos más dramáticos de la especie humana. A través de la evolución de las ilustraciones, viñetas y fotomontajes podemos contemplar el devenir histórico de los últimos siglos, gracias a los personajes y acontecimientos que los caricaturistas satirizan con sus afiladas plumas. Y ese peculiar recorrido por la Historia es el que nos ofrece Roberto Fandiño en 50 viñetas que cambiaron el mundo.

Roberto Fandiño es un profesor que ha encontrado en las caricaturas la forma de conectar con sus alumnos para hacerles comprender el pasado y despertar su espíritu crítico. Apuesta por las ilustraciones como fuentes históricas, ya que, a la vez que representan un hecho, muestran la interpretación que el artista hizo de este. Al observarlas siglos después, a veces es difícil desvelar su contexto, sus intenciones y el público al que se dirigían, por eso Fandiño contextualiza cada una de las cincuenta caricaturas y nos ayuda a entender todos sus elementos, pues en las viñetas ningún detalle está puesto al azar.  Sigue leyendo 50 viñetas que cambiaron el mundo, de Roberto Fandiño

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Cuando el hierro era más caro que el oro, de Alessandro Giraudo

Cuando el hierro

Cuando el hierro

La economía no es un asunto simple de comprender, al menos para los que, como yo, nunca se acercaron demasiado a esta rama que, sin embargo, mueve el mundo y es parte esencial de la construcción de la historia de los países y por ende, del planeta entero. La economía, sus buenos y malos momentos y sobre todo sus consecuencias son una de las claves para comprender el destino de las diversas sociedades del pasado y, como la historia misma, importante para evitar caer en los mismos errores.

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La cuestión vital, de Nick Lane

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Para hablar de este libro voy a empezar haciéndolo sobre algo que aparentemente no tiene nada que ver con él, pero espero que me permitan abusar de su paciencia porque creo que es una buena manera de explicar lo que quiero transmitir. Hace poco, por razones de trabajo, asistí a una conferencia que en principio no me llamaba mucho la atención cuyo tema no viene especialmente al caso, y sin embargo me resultó más que entretenida, apasionante. Llevo tiempo sosteniendo que para disfrutar de un libro, una conversación o una conferencia no es tan importante el tema que se trate sino cómo se trate y cuando alguien es brillante y se emplea con pasión en su discurso, consigue contagiar esa pasión más allá de la mayor o menor predilección previa del lector (o el oyente) por el tema. Es el caso de Nick Lane, quien emplea dosis poco acostumbradas en ensayos de divulgación científica tanto de pasión como de sentido del humor. Al conferenciante del que he hablado le preguntaron qué quisiera decirles a los estudiantes, que enseñanza sacaba de su propia experiencia que pudiera resultarles útil, y él contestó que les recomendaba que hicieran lo posible por no olvidar aquello que aprenden porque nunca se sabe cuando pueden necesitar de esos conocimientos. Es un buen consejo en general, pero es uno extraordinario en mi caso como lector de este libro (o lo habría sido si hubiera estado en condiciones de aplicármelo en su momento) porque me hubieran venido francamente bien mis olvidados estudios de biología para sacarle todo su jugo a La cuestión vital, o si no todo, porque el nivel es a mi entender bastante alto, sí al menos el suficiente para no sentirme frustrado por no haber estado a la altura de este magnífico libro. Si mis profesores de entonces hubiesen empleado la pasión que emplea Nick Lane en la transmisión del conocimiento probablemente recordaría mucho más, lamentablemente eran de la vieja escuela y la pasión o al menos el esfuerzo lo empleaban en suspender al por mayor y no en enseñar porque entendían (y así lo reconocían) que un nivel de aprobados digamos que pírrico “dignificaba” una asignatura. Y así nos fue a todos. Sigue leyendo La cuestión vital, de Nick Lane

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Los hombres del norte, de John Haywood

Los hombres del norte

Los hombres del norte

Cuando imaginamos a los vikingos, resulta inevitable pensarlos en medio de una batalla, con sus cornudos cascos, sus largas barbas y su ferocidad, seguramente rodeados de sangre y con los ojos inyectados de odio. Es la imagen romántica que el cine y las sagas literarias han dejado en el imaginario popular. Y si bien el retrato típico no resulta del todo incorrecto, sí que sorprende, al leer Los hombres del norte que su autor, John Haywood, no tarde en aclarar que no hay ninguna prueba de que los cascos vikingos llevasen cuernos…

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La gran grieta. El despertar de África, de Alex Perry

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Dice uno de los lemas promocionales de este gran ensayo que es un libro con polvo en las botas, lo que es extraordinariamente indicado dado que Alex Perry, el autor, parece haberse pateado gran parte de África. Yo sin embargo prefiero decir que es un libro con polvo en las voces, porque no son las botas del autor sino las voces de los africanos lo que realmente lo hacen grande. Es intención de Alex Perry, y así lo declara él mismo, lograr en el libro lo mismo que entiende que debería hacerse en África: lo que quieran los africanos. El autor investiga, expone los resultados de sus investigaciones y opina sobre lo que ve, opina con pasión, diría yo, pero el valor de La gran grieta es que no es un libro sobre lo que Alex Perry piensa sino sobre lo que piensan aquellos con quienes habla, que son los verdaderos protagonistas del libro y del futuro de África.

Hay dos almas en La gran grieta, ambas nacidas del análisis y la investigación. La oscura es la de la imagen que a menudo tenemos en occidente, que responde sólo en parte a la realidad, y nuestras responsabilidades en esa situación que criticamos y la del futuro, la parte luminosa, la de aquello que está funcionando sin que siquiera lo sepamos y que constituye una esperanza no sólo para África, sino para el mundo. Sigue leyendo La gran grieta. El despertar de África, de Alex Perry