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Cuántica, de José Ignacio Latorre

cuantica“¿Todo debe ser útil?” A veces basta la “belleza de una ecuación”, su “simplicidad y simetría” que nos llevan a la construcción de “una catedral intelectual”. Porque “la construcción de una catedral requiere un andamiaje prolífico que solo es retirado al final. Solo entonces, cuando los utillajes y la suciedad de la obra son eliminados, la belleza se hace patente. [Ahora] podemos explicar mecánica cuántica en nuestras universidades de forma limpia y elegante. Ahora podemos ver fácilmente su belleza interna. Basta adentrarse muy poco a poco”.

Decía Richard P. Feynman, uno de los más grandes físicos de todos los tiempos que “si usted cree que entiende la física cuántica, eso no es más que la prueba irrefutable de que usted no entiende la física cuántica”. El punto fuerte de Feynman no era dar ánimos, pero por desgracia, razón nunca le faltó. Y es que eso es la Teoría Cuántica: una catedral de la Física. Este libro no es más ni menos que una visita guiada por esa catedral que tanto intimida.

Jose Ignacio Latorre es catedrático de Física Teórica de la Universidad de Barcelona y director del Centro de Ciencias de Benasque Pedro Pascual. Una curiosidad es que Latorre fue postdoc de Daniel Z. Freedman en el MIT, creador de la supergravedad, cosa nada baladí: “Él pulió mis apresurados cálculos y me impregnó de la máxima que rige el buen hacer científico: el diablo vive en los detalles”.

El libro consta de un prólogo, cinco capítulos y dos apéndices.
Podríamos describir aquí alrededor de qué orbita cada una de las secciones pero creo que será más enriquecedor hablar acerca del mensaje fundamental sobre el que se apoya el libro:

“La realidad objetiva no existe: nos lo dice la ciencia”.

Una afirmación tan categórica como aterradora. Pero es que el azar es inherente a la naturaleza. Mientras que la física clásica es determinista, todos los experimentos de mecánica cuántica demuestran que venimos del azar. Y nos enseñan humildad: nos dicen que no tenemos derecho a conocer la realidad.
Cada experimento a escala subatómica, cuántica, nos dice que sólo podemos captar alguna información (posición, movimiento…) de las partículas que medimos pero no conocer su esencia ya que en cuanto las miras, inevitablemente las perturbas y alteras.
De aquí podríamos inferir que la realidad es inaprehensible, pero la respuesta no es tan directa. La realidad es un concepto sutil. Existe en la medida en que la miras. Acercarte a conocerla  la condiciona y la crea.
Es algo que va en contra de los sentidos y de la propia intuición.
Al mismísimo Einstein le costó aceptarlo, que espetó a su colega Bohr, paladín cuántico: “¿De verdad crees que la Luna no está si no la miro?”.
De acuerdo pero, ¿la realidad existe o no? “Cuántica. Tu futuro en juego” nos explica que la mecánica cuántica describe un fenómeno si lo observas. La ciencia cuántica ya no es ontológica (estudio del ser), sino epistemológica (estudio del fenómeno, lo único enteramente cognoscible). Como se puede comprobar, el libro invita mucho a ponerse “metafísico”.

En el texto, Latorre desmonta el paradigma de la utilidad, tan vilmente usado contra la investigación básica. También transita por diversos enfoques epistemológicos que van del coherentismo al escepticismo más radical y presenta los usos de la teoría cuántica en algunas tecnologías, como las médicas o la metrología. El libro pasa de puntillas por otras áreas del conocimiento dejando con ganas al lector de profundizar más en la criptografía o la computación cuántica así como en otros territorios como los vínculos entre el caos y la teoría de la información.
“Cuántica. Tu futuro en juego” es uno de esos libros de divulgación que hay que leer para saber qué se nos viene encima y no veo mejor forma de invitaros a leerlo que dejaros la invitación que nos hace el autor al final del prólogo. Disfruten de la visita y si tienen preguntas, no se las guarden. Eso es buena señal.

“En el imaginario de las ciudades sutiles, Cuántica se fija de forma perenne en la memoria del viajero. Las disputas intelectuales de sus ágoras despiertan la imaginación, el afán de saber y la admiración.

Sean bienvenidos a la cuidad de Cuántica.”

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