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100 máquinas recreativas que hicieron historia, de VV. AA.

100 máquinas recreativas que hicieron historia

100 máquinas recreativas que hicieron historiaTe voy a confesar algo sobre mi infancia que hará que me mires con otros ojos, sobre todo si naciste entre los años setenta y ochenta. Cuando leas lo que te voy a contar, desearás haber tenido esa suerte de pequeño, aunque fuese solo por un día. Porque yo, querido lector, disponía de la llave que abría las máquinas recreativas y solo tenía que apretar al botoncito que había dentro para jugar todo lo que quisiera. ¿Que cómo la conseguí? Me la daba mi padre, el dueño de unos recreativos.

Eso de jugar sin tener que preocuparse del temido game over era el sueño de cualquier niño y adolescente de mi quinta. Pero tampoco te voy a mentir: aquello no era buffet libre. A mi padre no le gustaba que yo acaparara las máquinas. Al fin y al cabo, aquello era el negocio familiar, y nosotros comíamos porque eran otros niños los que se dejaban la paga ahí. Con decirte que también me racionaba las golosinas que vendía… Solo podía coger una bolsita de tanto en tanto. Pero cuando había menos jaleo, me hacía entrega de esa llave y, aunque me daba un poco de vergüenza ser el centro de atención, me encantaba que los mayores se murieran de envidia al verme abrir la puerta de la máquina, apretar el botón de créditos como si no hubiera mañana y ponerme a jugar. Aquellos chavales de quince años se hubiesen cambiado por mí, una nana de siete u ocho, sin pensárselo. Incluso alguno intentaba camelarme para que le regalara alguna partida, pero yo era consciente de que mi poder conllevaba una gran responsabilidad. Si hubiera sucumbido a la presión, ¡mi padre no me hubiese vuelto a dejar la llave en la vida!

Como comprenderás, mi infancia ha estado marcada por los recreativos, al igual que la de la mayoría de niños de mi generación. Por eso, tenía que leer 100 máquinas recreativas que hicieron historia, el libro que recorre los juegos más relevantes que se crearon entre 1972 y 1999, la época dorada de los salones recreativos. En él, los redactores más emblemáticos de las revistas de videojuegos se retrotraen hasta aquellas tardes en las que se gastaban las vueltas del pan en la última máquina que había llegado a los recreativos de su barrio.

Aunque son muchos los que colaboran en 100 máquinas recreativas que hicieron historia, todos merecen ser mencionados: David Martínez, Alberto Lloret, Marcos García, José Luis Sanz, Bruno Sol, Álvaro Alonso, Lara I. Rodríguez, Alejandro Alcolea, Alejandra Pernías, David Alonso, Santiago Bustamante, Sara Borondo, Ángel Luis Sucasas e Inés Alcolea. Sin olvidar a Pablo Crespo, uno de los fundadores de Game, que firma el prólogo. Estos reporteros hablan de los juegos a los que más se viciaron, que más les impresionaron o que más se le resistieron. A veces explican aspectos técnicos (por ejemplo, la primera vez que se introdujo el scroll horizontal y el vertical o la evolución de la perspectiva 3D) y anécdotas sobre la creación y repercusión de algunos juegos; pero, sobre todo, se centran en cómo vivían esas partidas, por lo que es muy fácil vernos reflejados en ellos.

No hay dos lecturas iguales de 100 máquinas recreativas que hicieron historia porque a cada uno de nosotros nos emociona recordar un juego distinto. Por ejemplo, todos conocemos Pac-Man (acá comecocos), Tetris, Donkey Kong, Super Mario Bros, Bubble Bobble, Pang, Street Fighter II o Mortal Kombat. Incluso los que no se han acercado a una máquina recreativa en su vida han oído hablar de la mayoría de ellos. Pero cuando de verdad nos da un vuelco el corazón es al reencontrarnos con juegos que habíamos borrado de la memoria. A mí me ha pasado con Dragon’s Lair, Toki, Gals Panic, Snow Bros, Three Wonders, Captain Commando, Sunset Riders y Soccer Brawl.

Ha sido ver las imágenes de aquellos juegos y que me entraran unas ganas locas de volver a jugarlos. Y eso que tengo la Play 4 en casa y unos videojuegos con tal calidad de gráficos que parecen películas. Pero, para mí, no hay nada que se equipare al encanto de esos videojuegos pixelados. Si tú eres de mi misma opinión, no te pierdas 100 máquinas recreativas que hicieron historia. Este viaje nostálgico te sacará más de una sonrisa.

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De polvo eres y en polvo te convertirás, de Enrique Herreros

De polvo eres y en polvo te convertirás

De polvo eres y en polvo te convertirásCuando me aventuré a leer De polvo eres y en polvo te convertirás, yo no sabía quién era Enrique Herreros, su autor, más allá de que era un soltero de noventa años que en este libro rememoraba a las cuatro mujeres que habían dejado mayor huella a lo largo de su larga vida. Eso y que había trabajado en el mundillo cinematográfico, codeándose con artistas de la época, como Sara Montiel y Carmen Sevilla, y participando en la promoción de películas oscarizadas como Volver a empezar y Belle Époque. Todo ello me hizo pensar que Enrique Herreros tendría una de esas vidas que merecen ser leídas y allá que fui a averiguarlo.

No se trata de unas memorias al uso, sino más bien de unas memorias selectivas (aunque todas lo son, si lo pensamos). Como bien aclara el subtítulo, son «Cuatro vividas narraciones de Amor». ¿Y quiénes son las afortunadas protagonistas de estas narraciones? Para empezar, su abuela, conocida como doña Blanca de los cojones, de la que, según él, heredó ese carácter de perseguidor de ideas y proyectos, de hombre constante y hasta tocahuevos. El primer capítulo es el que está dedicado a ella, aunque tiene tanto o más protagonismo su abuelo don Abelardo. También hay hueco en estas páginas iniciales para otro tipo de recuerdos de su infancia, como las revueltas que vio en la plaza de enfrente de su casa cuando se proclamó la Segunda República.

A partir de ahí, el resto de narraciones hablan de otro tipo de amor: el pasional. La segunda mujer rememorada es Miiko Taka, la actriz que protagonizó Sayonara junto a Marlon Brando. Con ella vivió uno de esos amores de juventud tan locos como inolvidables. Sin duda, mi narración de Amor favorita de las cuatro que componen este libro. En el tercer capítulo recuerda a la parisina Katherine Elm, con la que estuvo más cerca de comprometerse. Y en último lugar, Charo Palacios, quien, además de dejar huella en su corazón, tuvo mucho que ver en los derroteros profesionales que tomó Enrique Herreros.

Aparte de estas relaciones amorosas, a las que el autor adjudica un puesto de honor en su vida, hace mención a otras. De algunas ni siquiera menciona el nombre, mientras que a otras les dedica también varias páginas, como es el caso de la actriz española Emma Penella. Sin olvidar las repetidas alusiones a Sara Montiel, con la que trabajaron tanto él como su padre, famoso pintor y humorista gráfico. Aunque de ella no habla precisamente maravillas, llegando a definirla como «diva barata».

He echado en falta más detalles sobre su trayectoria profesional, ya que Herreros es, probablemente, uno de los principales conocedores de lo que ha dado de sí la industria cinematográfica de nuestro país en este último siglo. Eso es problema mío, claro, ya que la portada deja bien claro que esto va de narraciones de amor. Sin embargo, lo que sí me parece un gran defecto de esta obra es la descuidada labor de corrección. Será deformación profesional, pero las continuas comas y puntos fuera de lugar y el uso arbitrario de mayúsculas y cursivas me sacaban continuamente de la historia. Una pena, la verdad, ya que el relato de la ajetreada vida de Enrique Herreros bien merecía una edición más cuidada. Espero que para próximas reediciones lo tengan en cuenta.

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Los duendes, de Jesús Callejo y Carlos Canales

Los duendes

Los duendesYa he demostrado por aquí en varias ocasiones que me llama la atención todo lo que tenga que ver con seres fantásticos (hadastrolesmonstruos japoneses…) y las creencias y supersticiones que surgen alrededor de ellos, por eso era inevitable que me fijara en Los duendes, de Jesús Callejo y Carlos Canales, que Edaf vuelve a publicar, en una edición ampliada, veinticuatro años después de su primera tirada.

«A nuestros numerosos compañeros de viaje por esos mundos llenos de leyenda y fantasía; a todos aquellos que tienen capacidad de soñar, y a los que conservan las tradiciones para no perder su identidad. Y también a esos seres que siguen agazapados al otro lado del espejo, esperando que alguien cuente sus historias… Ahora es el momento». Así reza la dedicatoria de Los duendes, y yo me sentí identificada de inmediato, porque adoro las leyendas, nunca he perdido la capacidad de soñar que nació en mí durante mis primeras lecturas de la infancia y creo firmemente en que hay que recordar esas tradiciones que nos hacen ser lo que somos, como seres humanos y como sociedad.

En las primeras páginas de Los duendes, Jesús Callejo y Carlos Canales explican que estuvieron cuatro años buscando información sobre duendes en obras literarias y antropológicas de España. Querían rescatar las leyendas sobre estos seres, tan relevantes en otras partes de Europa y tan olvidadas aquí. Constataron que los duendes habían estado muy presentes en la vida popular, literaria, religiosa e incluso jurídica de la España de los siglos XVII y XVIII y consiguieron recopilar casi un centenar de personajes diferentes. Así, el proyecto que inicialmente estaba previsto que ocupara unas decenas de páginas pasó a tener cuatrocientas. Y no solo en ese aspecto superó las expectativas, sino que también lo hizo en cuanto a impacto, puesto que Los duendes, en estas últimas décadas, ha sido citado en numerosas obras sobre temas mitológicos y tradiciones populares.

Jesús Callejo y Carlos Canales abordan todos los aspectos imaginables del tema duendil. Desde su origen (ángeles caídos que no fueron lo suficientemente buenos para salvarse ni lo suficientemente malos para condenarse, y por eso se les permitió vivir en la Tierra), el porqué de su apego a las casas y cómo esto puede afectar a las familias que viven en ellas, para bien y para mal.

Los autores recorren la geografía española describiendo las leyendas de cada zona, en las que se relatan las tropelías de estos duendes burlones o las desgracias que originaron a su paso, en las versiones más siniestras. Vemos cómo estas historias están más arraigadas en el norte que en el sur y en los litorales que en las mesetas del interior, y las diferencias o similitudes que hay entre unas y otras. Y además comprobamos cómo han perdurado durante siglos en nuestro acervo cultural a través de supersticiones (poner sal alrededor de la persona muerta para que no se la lleven los demonios, en Galicia, o rociar de agua bendita la cuna del recién nacido para evitar que los espíritus infernales los infecten con sus impregnaciones, en Cáceres) y dichos populares («Eres más listo que los ratones coloraos», en Murcia y Andalucía; «Eres más trabajador que un maneiro», en Cataluña). Todas estas leyendas están acompañadas de las magníficas ilustraciones de Ricardo Sánchez, en una edición cuidada hasta el más mínimo detalle, lo que convierte a Los duendes en un deleite visual.

Los duendes rescata del olvido esa parte del folklore de nuestro país y nos demuestra que no hay que rebuscar en otras culturas para encontrarnos con estos seres de leyenda. Un viaje etnográfico diferente por España que sorprenderá tanto a quienes creen (o quieren creer) que los duendes habitan entre nosotros como a los escépticos.

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La japonesa calva, de Jesús Tíscar Jandra

la japonesa calva

la japonesa calva¿Y cómo hago yo una reseña de este libro si cada vez que leo su título me recuerda a La cantante calva? A eso me recuerda el título de esta novela y no a otra cosa, pero digo el título, no la novela ni la obra de teatro que no he visto, solo me lo recuerda el título. Y cómo hacerlo si hasta su autor, Jesús Tíscar Jandra, que en la foto de la solapa me recuerda a Hernán Migoya, que puede ser que sean cosas mías, ¿pero es cosa mía que Migoya y Tíscar se parezcan o a alguien más se lo parece?, y digo que si hasta Tiscar no tenía claro haber escrito una novela negra hasta haberla terminado y dice que “no es una novela negra al uso, ni de coña, pero es una novela negrísima” la novela que ha escrito el Tíscar este que se parece al Migoya, vaya que si se parece, y que ha ganado el XXI Premio de Novela Negra de Getafe 2017, que es un premio que lo da un jurado en el que entre otros está el Lorenzo Silva ese que escribe sobre una pareja de beneméritos y es un premio del que ya reseñé en su día Ángulo muerto y esta novela, La japonesa calva, ha ganado el premio este año.

Lo cierto es que nada más leer la sinopsis del libro de Tíscar que se parece al Migoya supe que tenía que leerlo, eso supe nada más leer la sinopsis, y cuando comencé a leerlo caí ante su estilo descriptivo palabrero, y yo no soy de fijarme mucho en descripciones, pero esa forma suya de escribir que parece que escriba letras de jotas, letras de jotas parece que escribe, le funciona, o a mí me parece que le queda muy bien a la novela que ha escrito y ha ganado el premio, y además la historia que se inventa, porque se lo saca todo de esa cabeza suya que se tapa con una gorra en la foto de la solapa en la que se parece a Migoya, es brillante, como el arroz brillante, y acompañado con la prosa que emplea es además vibrante.

¿Y la historia? La historia que cuenta es una historia de vidas cruzadas y en la que casi todos los personajes que “no es que sean antihéroes sino primos de los antihéroes” orbitan alrededor de Kazumi Kuriwako, que es la japonesa calva del título que ha ganado el premio este año, pero que no es calva, sino rapada, y que tiene un poder analgésico y maravillante que funciona en casi todas las pieles y que también hace pajas y mamadas, eso hace la marranona esa que no es calva sino rapada y que no se desplaza porque solo recibe en su domicilio. Con ella se va a cruzar un asesino que se peina como Los Chunguitos y que quiere convertirse en asesino en serie y buscar una patua para poder ser asesino en serie porque todos los asesinos en serie siguen patuas; y Luciana Crespillo que encontró a la japonesa que no es calva sino rapada en el Candir Dóner Kebab, que es el lugar más descorazonador de la Tierra y que a sus setenta y un años recién cumplidos no ha visto ni tocado chorrinas y va a comerse su primer kebab; y Franco Baena, al que sus padres pusieron Franco por Franco (Ferrol 1982-Madrid 1975), un guardia civil enamorado de la marranona que no es calva sino rapada y que se está poniendo fino a Bacardís; y Cobriza Pemberton, la pelos oxidados y mujer del picoleto enamorado de la marranona que no es calva sino rapada, que se siente una mujer irremplazable, una pedazo de hembra; y la niñaca Melisa Benítez cuyo primo dice de ella que es mala de mala, pero mala, no sabes tú lo mala que es; y Rafael Benítez, que se muere de amor y se muere finalmente de la vida por la niñaca antes de declararle su amor por wásap; y una anciana a la que el pelo perla le huele a película de Charlot; y el Sai con su dáun; y un azafato del Decathlon… y algunos personajes más que me dejo que hacen de esta novela que ha ganado el premio en el que Lorenzo Silva, el que escribe de Vila y Chamorro, entre otros, está de jurado, merezca muchísimo la pena, eso es lo que merece, muchísimo la pena.

Porque si tengo que destacar algo es el estilo narrativo y la estructura del Tíscar que se parece al Migoya, en la foto, no en la escritura. Un ejercicio de escritura prodigioso, que se dice fácil pero no lo es, que el Tíscar ha tenido que devanarse mucho la sesera para encontrar la estructura, eso ha hecho el Tíscar, y la ha adornado con una trama que tiene que gustar a cualquier fanático de la novela negra y, si me apuro, a cualquier lector. Un vaivén de personajes entrando y saliendo a escena, cruzándose sin saberlo entre ellos, que son muchos y no se conocen todos aunque pueden estar relacionados, cada uno con su lío y angustia vital y problemas vitales y estreses vitales, que la gente es así en realidad, o más o menos, pero que yo creo que sí, que la novela esta es realista que te cagas y moderna que te cagas y, además, puede que incluso dibuje alguna sonrisa en algún lector.

Y el vocabulario es fácil, de la calle, adaptado a cada personaje, y la lectura ágil, fresca, rápida, que permite devorarse, que es un tópico que ya aburre a las ovejas pero es que es verdad que el libro del Tíscar que se parece al Migoya, no se puede soltar, porque para algo ha ganado el premio importante en el que Lorenzo Silva, entre otros, es miembro del jurado, y que es puro gozo y disfrute, como si la japonesa calva, la marranona esa que no es calva sino rapada, te estuviera dando un masaje… con final feliz.

La japonesa calva es una lectura obligatoria para los novelanegramaníacos y el Tíscar que se parece al Migoya ha hecho una novela redonda. Imprescindible. Eso es lo que es y no otra cosa y hay que leerla porque da mucho placer hacerlo y está muy bien hecha la novela esta de la japonesa calva que no es calva sino rapada.

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Camposanto, de Iker Jiménez

camposantoPocos libros envejecen bien. Es un mal endémico de estos tiempos literarios. Obras encargadas a la carrera, libros escritos intentando sacar provecho de una determinada moda estacional o intentando exprimir el bolsillo de unos cuantos puñados de “followers”. El escritor mediático que intenta subirse a la ola y surfear el momento.

Pero al final, el tiempo es un togado cruel. Ya no la crítica, que es igual de mutable y de imbécil que el objeto de su análisis. Pocas cosas resisten y hasta la roca se desgasta. Por eso, cuando un libro de esos sube, no hay más que dejar hacer su trabajo a la gravedad. A toda la gravedad. La ley de la gravedad es implacable y no hay mediador que la sortee evitando la caída y la gravedad de los hechos a los que se enfrenta una obra infiel al oficio de escritor. Ésta al final paga su condena: el olvido.

Por este motivo, he vuelto a disfrutar hoy, 12 años después de la primera vez que lo leí, de un libro que ha envejecido a las mil maravillas. Que ha envejecido poco o nada y que lo ha hecho envuelto en luz y taquígrafos estando expuesta al más duro examen. Su autor no ha salido de nuestras vidas de alguna manera desde entonces y reconozco que leí la primera vez el libro porque era un absoluto adicto a su programa de radio. Uno de los culpables de que quien aporrea este teclado tenga una curiosidad desmedida y uno de los culpables también de haber dado a luz a otro tipo de periodismo de investigación en este país. Os hablo de Iker Jimenez y de su única novela escrita hasta la fecha: Camposanto.

Iker Jimenez es un claro ejemplo de quien vive para contar historias. El hecho de que solo haya escrito una novela es prueba de ello. Creo que todos sabemos que podría escribir y vender más, pero la realidad es que Camposanto era la historia que Iker Jimenez quería contar. Y nada más. Y eso le dignifica como autor. No ha buscado el lucro ni la moda. Solo satisfacer la necesidad de contar su historia y eso es lo que ha hecho. Hoy, 12 años después de su publicación, podemos ver como Camposanto se adelanta a la historia del propio Iker Jimenez.

El autor lleva la novela a su terreno, el de la investigación de lo paranormal. La historia nos introduce a Aníbal Navarro – un periodista radiofónico, alter ego del autor-, que se ve interesado por la muerte de otro célebre periodista de lo misterioso, Lucas Galván, treinta años atrás en extrañas circunstancias: sobre una tumba en el cementerio de un pueblo abandonado. Para avanzar en el caso, se pone en contacto con el entorno de Galván y descubre la misteriosa relación de éste con un pueblo maldito que desapreció hace cuatrocientos años en los Montes de Toledo. Las investigaciones del protagonista pronto toman una peligrosa traza que le llevan desde Toledo hasta Venecia, pasando por Madrid o Barakaldo para terminar enfrascado en una de las figuras más magnéticas, heréticas e interesantes de la historia: Hyeronimus van Acken: El Bosco.

Los últimos días de Felipe II, las claves ocultas de los cuadros de El Bosco, sectas heréticas adamíticas, fundamentalismo cristiano y sobretodo terror. Mucho terror. Camposanto marca las pautas de lo que es una investigación en un terreno tan sensible como lo es el campo de lo paranormal.
Un relato de terror en toda regla con un ritmo absorbente y que no decae. Un relato con una estructura precisa que hace que el marco temporal actual se complemente a la perfección con el de El Bosco. Iker es un maestro del tempo radiofónico y televisivo, cosa que ha sabido trasladar a su novela.

Camposanto tiene dos puntos fuertes: Su estructura y su documentación. Respecto a la última, solo decir que la única manera de dar esa fluidez al texto es siendo una autoridad en la materia. Iker Jimenez lo es y eso también le ha ayudado a estructurar la historia desde el principio, haciendo que en final encaje como una precisión asombrosa. Nada hay al azar. El autor no cree en coincidencias.

Una cuidada prosa heredada del dominio de la oratoria, imprimen a los párrafos cierto halo literario alejado de pretensiones. No hay más que leer para que parezca que el propio autor nos lo lee en voz alta. Y es que Iker Jimenez es una de las voces más importantes de este país y eso es imposible que no se note en el libro.

Camposanto es un libro muy especial para mí. Tiene el dudoso honor de ser el único libro que ha conseguido erizarme el bello de puro miedo. Nunca un libro lo había conseguido y nunca otro lo ha vuelto a conseguir. No se trata de un miedo cerval sino de ese temor irracional que no sabes cómo encajar de manera racional. Y hay una cosa más. El señor Ridaura. Ese hombre junto a su esposa, me ha sacado decenas de fotos. La casa de mis padres está al lado de esa tienda de fotografía. La ropa tendida podría ser la mía y el niño jugando al balón bien podría haber sido yo. Sentí una especie de flash al leerlo por primera vez y lo he vuelto a sentir al releerlo. ¿Por qué? No lo sé. Quizá este libro contenga algún tipo de energía, quizá no. Quizá solo es una novela de misterio o quizá una investigación que el propio Iker decidió que no viese la luz. Solo sé que cada vez que veo el libro en la estantería me estremezco y sonrío a la vez. Lo guardo y lo recuerdo. Lo releo de vez en cuando y cada vez que pongo un pie en Madrid tengo que visitar el Museo del Prado.

Hay que leer este libro si te gusta Iker Jimenez o si te gusta lo que hace. Yo, por mi parte, le escuchaba y le escucho. Le veía y le veo. Le leía y le leo. Lo hacía, lo hago y lo haré dentro de muchísimos años cuando solo nos quede ir al Retiro a escuchar de viva voz lo que dice el viejo Lucas Galván.

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Demonios del norte. Las expediciones vikingas. De Carlos Canales y Miguel del Rey

Demonios del norte

Demonios del norteDesde pequeño me gusta Thor. Y no sé por qué razón, pues hasta que no fui mucho más mayor (pero mucho mucho más) no leí ningún cómic, ni dibujos animados ni nada del icónico personaje de Marvel. Ni siquiera veía la serie de Vicky, el vikingo. Puede que viera alguna figura del dios del martillo, de esas de antes, de las de plástico oloroso, no las “action figure”, articuladas de ahora, que son otro mundo aparte. Lo cierto es que en la universidad, cuando Internet comenzaba a rular y el correo electrónico era aún desconocido, mi primera cuenta de correo era “martillodethor-arroba-la-plataforma-que-fuera-en-aquel-momento”, y seguía sin haber leído nada del hijo de Odín. No sé. Thor se metió en mi cabeza no sé cómo y ahí sigue todavía, pero ahora sigue porque soy yo quien lo quiere conscientemente ahí dentro.

El caso es que pasó el tiempo y llegó el momento en el que leí algunos cómics, algunos libros, y me empapé de la fascinante mitología nórdica, mucho más rica, atractiva e igual de creíble que la cristiana. Y más tarde, llegó la estupenda serie Vikings. Una serie adictiva y educativa a la vez (de la mano del Canal Historia, lo cual es una garantía de cierto rigor histórico —a pesar de tener bastantes inexactitudes como, por ejemplo, la ausencia de armaduras—) con un componente épico necesario y de vez en cuando mitológico, que entretiene y mucho tanto a conocedores como a neófitos de la cultura nórdica y que ha logrado introducir la historia como un entretenimiento para las masas sedientas de series. Y eso ya es mucho.

Y ahora tropiezo aquí con Demonios del norte. Un libro para adentrarnos con mucha profundidad en las expediciones vikingas, conocer más de sus costumbres, desmontar mitos y, en definitiva, saber lo que era ser un vikingo.

Decir que es exhaustivo es quedarse corto. En sus 254 páginas, ricamente sembradas de fotos de armas, escudos, mapas, utensilios, dibujos, cuadros, runas, placas, esculturas… tenemos un compendio de su “civilización”. Y ya desde el principio, la primera en la frente… Nos aclara un concepto que seguramente todos usamos mal:

“viking significa “expedición marítima”. Al hablar de vikingos deberíamos referirnos únicamente a la parte de población que se embarcaba en empresas de saqueo, piratería, comercio o conquista”.Y, estrictamente hablando, las mujeres no podían ser vikingas, ya que la palabra se usaba exclusivamente a los hombres”. (No obstante, hubo mujeres importantes que lograron grandes éxitos también).

El libro abre con un poco de mitología básica, su forma de vestir, construcciones, su dieta, fiestas, el papel de la mujer (más igualitario y moderno que otras sociedades contemporáneas), las castas sociales, tácticas militares, los famosos berserkers, las armas tanto de ataque como de defensa, los tipos de embarcaciones (drakar  es una palabra inventada, en 1843) y la forma de batallar en el mar.

Los siguientes capítulos se van a centrar ya en las expediciones propiamente dichas. En sus ataques, las colonias que establecieron, lo que hacían con los lugareños, ¿llegaron realmente a América? ¿¡Participaron en las cruzadas!?… Todo bien ilustrado, e incluso con un mapa central desplegable que ilustra gráficamente las rutas que siguieron de los siglos VIII al XI.

No se puede decir mucho más porque en esencia es lo ya dicho pero desarrollado a lo grande, con todo lujo de detalles, fechas, y nombres.

Demonios del norte es, más que un libro, un ensayo de los que no aburren. Es un libro de historia para todo el que quiera profundizar mucho en un pueblo que nunca pasa de moda y que siempre fascina, en un formato muy cómodo y manejable.

Por desgracia, no puedo dejar de mencionar la gran cantidad de errores, principalmente las constantes apariciones de dos palabras unidas en una, que se dan, sobre todo en sus primeras páginas; la omisión de alguna letra y la no concordancia en género de otras.

Quitando eso, repito, es un gran libro, recomendado para cualquiera que esté interesado en el tema, pero, sobre todo, para aquellos que ya tengan algún conocimiento previo o hayan leído alguna saga o Edda y quieran conocer con mayor amplitud, rigor y exactitud quiénes eran, cómo eran y vivían, dónde consiguieron ir, qué ha quedado de ellos y qué nos han legado.

Solo me queda decir ¡Skol!

(Y sí, aparecen Ragnar y su hijo).

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El arte de la guerra ilustrado, de Sun Tzu

el arte de la guerra ilustrado

el arte de la guerra ilustradoMe parece fascinante leer un texto escrito hace más de dos mil años y ver que sus enseñanzas siguen siendo necesarias. Si en un principio El arte de la guerra era estudiado por estrategas de guerra, hoy en día resulta igual de instructivo para políticos y empresarios y, en definitiva, para todo aquel que tenga que gestionar conflictos y rivalidades.

Sun Tzu, un legendario filósofo-guerrero, creó esta especie de manual para la guerra en el período de los Estados Combatientes de la antigua China, que duró desde el siglo V al III a. C., y actualmente sigue considerándose la obra de estrategia más influyente. La edición de la editorial Edaf de este clásico está ilustrada con obras pictóricas y esculturas de China, Japón y Corea, y presenta la versión del traductor Thomas Cleary, en la que, además de los aforismos del maestro Sun, se recogen los comentarios que hicieron once lectores diferentes a lo largo de casi mil años, seleccionados para arrojar luz sobre el texto original y mostrar cómo se transforman las interpretaciones de las enseñanzas de Sun Tzu con el paso del tiempo.

Thomas Cleary aclara que en su traducción ha suprimido algunas alusiones a armas y cuestiones locales y que ha querido preservar las ambigüedades propias del chino para que los lectores del presente sean quienes las diluciden según su contexto y vivencias. Yo, por ejemplo, soy socióloga y me especialicé en recursos humanos, por lo que los pilares que asienta esta obra sobre la psicología de masas me han resultado de lo más atractivos. Sun Tzu y sus comentaristas reflexionan sobre el buen liderazgo, que es el que consigue la solidaridad y comprensión entre dirigentes y dirigidos; la delegación de responsabilidades según el talento de cada cual, pues todas las personas tienen alguno, y la importancia de conservar tanto los recursos materiales como los humanos, ganando sin combatir.

Y es que, pese a lo que pueda parecer, El arte de la guerra habla sobre todo de paz. Frases como las siguientes lo demuestran: «La guerra es destructiva incluso para los vencedores, a menudo contraproducente y solo razonable cuando no hay otra opción» o «Las armas son instrumentos desfavorables, no herramientas de los iluminados. Cuando no existe más remedio que utilizarlas, es mejor permanecer en calma y libre de la codicia, además de no celebrar la victoria. Quienes celebran la victoria están sedientos de sangre, y los sedientos de sangre no pueden imponerse al mundo». El arte de la guerra da las claves para entender el conflicto y salir vencedor de él, pero, sobre todo, para evitarlo.

Me parece increíble que las lúcidas premisas de un texto tan analizado y con un tremendo calado en la ciencia, psicología y tecnología asiática no se pongan en práctica con más frecuencia en occidente. El análisis racional del conflicto, dejando a un lado la ira y la codicia, o la puesta en valor del equipo humano, por encima del beneficio material a corto plazo, son cuestiones que, a mi parecer, deberían aplicarse más a menudo en política y en economía. El maestro Sun lo sabía hace ya más de dos mil años. Leámoslo y hagámosle caso.

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Lorca esencial, de Mauro Armiño

Lorca esencial

Lorca esencialEs esencial conocer a Lorca, leer a Lorca, querer a Lorca. Se lo debemos. Le debemos toda la pasión y todo el reconocimiento porque la historia no fue justa con él. Y es, permítanme decirlo, una auténtica mierda que Lorca nos fuese arrebatado tan pronto. Pero, por otra parte, sus obras son el mejor legado, son su carta de presentación, su “aquí sigo, no pudieron conmigo”. Claro que no pudieron con Federico García Lorca. Lorca siempre estará con nosotros. Siempre va a ser esencial, por ello este libro se titula también Lorca esencial.

Tengo varios poetas predilectos y uno de ellos es Lorca. Creo que en mi top ten (qué manía me ha dado últimamente por hacer listas), Federico García Lorca, Miguel Hernández y Ángel González estarían en los tres primeros puestos. Es que, amigos, lo que ellos hacen es POESÍA. Eso es hacer magia con las palabras, retorcer el lenguaje, y exprimir de él toda la belleza. Como lectora me encantan. Como poeta me aterran. ¿Por qué? Pues me pasa que cuando leo sus poemas pienso que yo nunca podré escribir algo tan genial. Y esa, amigos, es otra maldita manía mía. No sé qué hago queriéndome poner a la altura de Miguel Hernández o de Lorca. Tranquilos, no son los humos, son las ganas.

A Lorca lo conocemos todos, lo hemos estudiado, hemos oído o leído algún poema suyo o incluso hemos visto alguna obra suya representada en el teatro. Lorca forma parte de la historia española, de nuestra cultura y tradiciones. Que Lorca fue fusilado en el 1936, justo un mes después de que comenzara la Guerra Civil Española, también lo sabemos. Lo sabemos y nos duele, como nos duelen todos los fusilamientos injustos, todo el dolor que las guerras provocan. La historia es injusta, pero eso también lo sabemos todos.

El poeta estudió en la célebre Residencia de estudiantes de Madrid, un centro donde se concentraba lo más granado de la cultura (presente y futura) española. Algunos de sus compañeros fueron los conocidos Luis Buñuel, Rafael Alberti o Salvador Dalí. Lo que os decía: lo mejor de cada casa. Lorca empezó a escribir desde muy joven. Entre los años 1920 y 1921 ya había publicado su primer poemario y había estrenado y escrito varias piezas teatrales. Porque sí, Lorca era poeta, pero también era dramaturgo. Uno de los mejores dramaturgos que hemos tenido. Compartía grupo generacional con la denominada Generación del 27, a la que pertenecían autores de la talla de Jorge Guillén, Rafael Alberti, Luis Cernuda o Vicente Aleixandre. Entre sus características comunes, este grupo fundía las normas neopopulares con los movimientos de vanguardia. Lorca es, sin duda, uno de sus máximos representantes, pues en sus obras mezcla como ninguno la tradición con la vanguardia.

Tampoco quiero extenderme demasiado en hablar sobre el autor, pero comprenderéis que es necesario. Lorca esencial es una edición de Mauro Armiño, un premiado y reconocido crítico literario. En su prólogo podéis leer más sobre la vida de Lorca, así como encontrar un montón de fotografías interesantes. El libro recoge la obra fundamental de la lírica de Lorca: Romancero gitano y el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías completas y lo esencial de Libro de poemas, Poema del cante jondo, Suites, Canciones, Poeta en Nueva York, Tierra y luna, Seis poemas galegos, Diván del Tamarit y Sonetos del amor oscuro. Encuanto a su producción teatral, encontramos Bodas de sangre, Yerma, Doña Rosita la soltera y La casa de Bernarda Alba. Como podéis ver, se trata de un libro muy completo, en una edición muy estudiada y cuidada y con un prólogo igual de interesante.

Las obras de un escritor esencial para entender nuestra cultura se encuentran recogidas en este volumen y es una absoluta maravilla poder tener acceso a ellas tan cómodamente. Un libro que consultaré una y otra vez, volviendo siempre a las sabias palabras de Lorca. Para que no se pierdan, para que siempre estén presentes.

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Ángulo muerto

angulo muerto

“Ángulo muerto”, de Jordi Juan

angulo muerto

Tenía ganas de novela negra e intuía que con Ángulo muerto tendría una buena. Y no, no lo “intuía” porque hubiera resultado ganadora del XIX Premio de Novela Negra de Getafe. Simplemente ocurre que, a veces, no basta leer la contraportada ni las buenas palabras en las que puede deshacerse un jurado. A veces suena una alarma dentro de ti que te obliga a no saltarte un determinado libro porque te arrepentirías. Eso es lo que me pasó con este libro y no me equivocaba.

Un fin de semana. Menos de dos días ha sido lo que he necesitado para ventilarme el libro de Jordi Juan. Parece mentira que esta sea su primera novela negra. Cualquiera diría que ha crecido entre escorts, policías, narcos, miembros del Opus y empresarios puteros, entre otras alimañas habituales de este noir pues se maneja como uno más entre semejante fauna. No puedo sino confirmar las palabras de Lorenzo Silva sobre el libro:

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La madre

la madre

La madre, de Máximo Gorki

la madreTítulo: La madre
Autor: Máximo Gorki
Editorial: Edaf
Páginas: 400

Todo el mundo tiene recuerdos de la biblioteca familiar, y no hablo de paredes forradas de libros, ni tan siquiera de varias estanterías, en ocasiones es posible que fueran solo un puñado de títulos, eso ocurría en mi casa, que habían, desde donde a mí me alcanzan los recuerdos, varios libros que no olvido, entre ellos, una enorme y bellísima Biblia ilustrada, de esas en las que vas anotando los acontecimientos familiares, junto a este libro, La madre, de Gorki, del que hoy vengo a hablaros. No es extraño que esos dos libros, para mí, siempre vayan asociados, dos libros que, sin duda, han marcado profundamente mi vida.

Porque si Anna Karenina, a los quince años, me pareció una historia tristísima y súper adecuada para una adolescente por esos personajes tan emocionales que siempre quedan en la memoria, no sabía, en cambio, que pensar sobre este otro libro: La madre, que leído a los 12 años, revolucionó toda mi manera de ser y pensar ¿Quién dijo que un libro es inofensivo?

¿Cómo podía ser que no se pudiese hablar durante la dictadora de determinados temas y en casa de mis padres hubiese habido siempre un libro como aquel? Yo, en La madre, siempre vi un libro revolucionario, obreros que, como los de mi barrio, como mis padres y sus compañeros, incluso como el cura de nuestra parroquia que la cedía para sus reuniones y como lugar de refugio, querían un mundo mejor, y por el estaban dispuestos a casi cualquier cosa.

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¡Me ha dicho mamá que no me quieres!

¡Me ha dicho mamá que no me quieres!, de Carmen Serrano

me ha dicho mama que no me quieresEl título es evidente. No seré yo quien opina que ser padre es una tarea fácil, exenta de sacrificios, libre de obligaciones, al más puro estilo oasis encontrado en el desierto. Es cierto, la paternidad da algo verdaderamente hermoso: tus hijos. Pero a partir del mismo instante en que esa pequeña criatura entra en tu vida algo va a cambiar y es mucho mejor que nos demos cuenta de ello desde el primer momento. Pero este no es un manual de estilo parental, o al menos no de esos manuales técnicos que invitan a abrir la primera página y cerrarla en la segunda porque de los párrafos que has leído sólo te has enterado realmente de lo que pone en una palabra, cuando todo lo demás eran las enfermedades que el niño puede tener al nacer. Lo que aquí sigue es, por decirlo de una manera simple y llana, para el más común de los mortales (entre los que me encuentro), una oda al sentido común y un grito de guerra contra aquellas malas praxis que son evidentes, pero que en algunos momentos se justifican, sin saber muy por qué. ¡Me ha dicho mamá que no me quieres! Un título revelador por la tristeza que desprende, pero con el que, habiendo tratado en algún momento, por cuestiones de profesión, yo me siento identificado. Quizá por eso este libro me llamó la atención, o quizá es por lo que sigue a continuación de este título tan profético…

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¡Odio el gym!

“¡Odio el gym!”, de Sergio Verón

odio el gym¡Odio el gym! Así, entre signos de admiración, grito al viento con enfado…En realidad, no lo odio (creo). Voy cada vez con menos ganas, me cuesta más, soy perezoso… Lejos están los primeros días en los que era una actividad nueva y acudía con la mochila con una sonrisa en la boca dispuesto a sudar la gota gorda para esculpir el cuerpazo… que aún no tengo.

Cuatro años después, la rutina se ríe de mí. Ni siquiera los cambios del repertorio musical, que de vez en cuando hago en mi reproductor de mp3 para luchar contra la también rutinaria y machacona música de los 40 que atruena el gimnasio, pueden con ella.

Pero sigo yendo. Soy más fuerte que todo eso… Eso y que además tengo un año más pagado y no lo voy a desperdiciar…

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