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Videorreseña: El hombre de tiza, de C. J. Tudor

En este vídeo me he puesto un poco sentimental y he sacado a relucir uno de mis capítulos favoritos de Friends, aquel en el que Joey tenía tanto miedo al leer El resplandor que acababa por meter el libro en el congelador, para que no pudiera darle más miedo.

Cuando leí el comienzo de El hombre de tiza, escrito por C.J. Tudor y editado por Plaza & Janés pensé en hacer lo mismo, ya que hubo un momento en el que me estaba dando demasiado mal rollo. En el vídeo de cuento que a partir de ahí decidí leerlo de día, porque no era normal ese sentimiento que después me provocaba hasta pesadillas, y ya entonces la cosa cambió muchísimo.

Este libro comienza con el asesinato de una chica que aparece descuartizada en mitad del bosque. Se encuentran todas las partes de su cuerpo menos la cabeza. Serán Ed y sus amigos quienes encuentren el cadáver. A partir de entonces la vida de los chicos estará rodeada por misteriosos dibujos de hombres de tiza que aparecen cada vez que algo sospechoso sucede en el pueblo. Ahora, unos veinte años después, los hombres de tiza vuelven a aparecer, así que es inevitable pensar lo peor: el asesino ha regresado.

Pero no te cuento más, ¡pásate a ver el vídeo y entérate de qué me ha parecido!

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El hombre de tiza, de C. J. Tudor

El hombre de tiza

El hombre de tizaFriends siempre ha sido una de mis series favoritas. Creo que la he llegado a ver entera unas cuatro veces. Me acuerdo de una vez que terminé el último capítulo y del tirón comencé a verla otra vez desde el principio. Un vicio. Me llegué a aprender los diálogos y soltaba frases de la serie en cuanto tenía ocasión. El resultado era que la gente me miraba raro… aunque cuando las decía delante de alguien fan de la serie, se convertía en un momento maravilloso. 

Recuerdo con mucho cariño un capítulo en el que Joey le confiesa a Rachel que su libro favorito es El resplandor pero que en algunas ocasiones termina por meterlo en el congelador cuando llega a una escena de mucho miedo. Entonces Rachel se ríe de él… porque no considera que sea para tanto. Así que Joey le reta a leerlo y a cambio él leerlá el favorito de ella, que es Mujercitas. El resultado es que ambos terminan por meter sendos libros en el congelador, ella porque se muere de miedo y él porque se muere de pena. 

Y no he podido evitar acordarme de este capítulo mientras leía El hombre de tiza porque durante las cien primeras páginas lo llegué a pasar un poco mal. Vale, aquí quiero hacer dos apuntes: uno, yo soy bastante cagona y me asusto por todo, así que si sois personas a las que les gusta el cine de terror o las novelas de miedo y estáis habituadas a esa temática (cosa que no me pasa a mí en absoluto), es probable que todo lo que diga a continuación no os interese, porque es posible que el terror que me ha producido esta novela haya sido por mi propia “gallinidad”. Y dos, vivo en una casa muy antigua en un pueblo muy pequeño en mitad de las montañas. De noche no se escucha ni un solo ruido, bueno, alguna vez se escucha a un búho ulular, pero nada más. Y leer una novela así en ese contexto puede hacer que las sensaciones se magnifiquen. 

Así que sí, ha habido algún momento en el que me he cagado de miedo. Pero vayamos por partes.

El hecho es que este libro de C.J. Tudor es una novela a dos tiempos: viajaremos a los años ochenta donde conoceremos un terrible asesinato de una joven a la que despedazaron y de la que jamás se encontró la cabeza. Y, a la vez, volveremos al presente, donde la pandilla de amigos protagonista, la que descubrió aquel crimen, vuelve a recibir cartas con hombres de tiza dibujados, exactamente igual que pasaba en los años ochenta. Esos hombres de tiza empezaron a aparecer misteriosamente cada vez que sucedía un asesinato, y nadie logró resolver jamás quién era el responsable de esos dibujos.

De verdad que las primeras cien páginas llegaron a asustarme. La historia no es demasiado tétrica pero los finales de capítulo conseguían ponerme los pelos de punta. Ya os digo, yo no estoy demasiado acostumbrada a leer novelas de terror y menos por la noche. Así que puede ser que, como decía antes, todo lo que sentía se viera magnificado irremediablemente. Aquella primera noche que cogí el libro lo pasé un poco mal, llegué a tener pesadillas, por lo que decidí que al día siguiente lo leería a plena luz del día para ver si era el contexto el que me ayudaba a sentir todo lo que estaba sintiendo o es que de verdad el libro daba muchísimo cague. Porque claro, todos sabemos que no es lo mismo ver El exorcista a las dos de la tarde con un sol reluciente y con un montón de amigos, que verlo a las doce de la noche, un día de tormenta, sin una luz de por medio y con la única compañía de los crujidos de la escalera…

Y aquí sucedió una cosa muy curiosa: me pareció que el libro era otro totalmente diferente al que había estado leyendo la noche anterior. Me intrigaba en la medida en que quería saber quién era el asesino, pero no me estremecía ni me hacía querer meter el libro en el congelador como pasó la otra vez. Y esto puede ser por dos motivos: uno, porque de verdad las circunstancias en las que leí la primera parte hicieron que me asustara muchísimo o, dos, porque a partir de la segunda parte el libro cambia de registro y ya no da tanto miedo como la primera. 

Me imagino que nunca lo sabré con certeza… bueno, si alguno de vosotros lo lee, me gustaría que compartiera conmigo sus impresiones, para sacar una conclusión más clara. Como resumen, El hombre de tiza, de C.J. Tudor me ha gustado, pero me dejado con un sabor agridulce al final, porque si bien he disfrutado mucho la historia haciendo de detective para averiguar quién había matado a la chica (os advierto: lo adiviné), me quedó una sensación de desazón porque pensé que por fin había encontrado mi Resplandor personal, ese libro que hubiera metido en el congelador sin pensármelo dos veces.

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Tocar las estrellas, de Katie Khan

Tocar las estrellas

Tocar las estrellasImagina esta escena: tienes ante ti al amor de tu vida. Solos tú y esa persona. La miras a los ojos y deseas que todo salga bien, que sigáis adelante juntos.

Qué bonito, ¿verdad?

Ahora abramos un poco más el plano: el amor de tu vida y tú, solos… flotando en mitad del espacio, con el planeta Tierra allá al fondo y rodeados de infinitas estrellas.

Sigue pareciéndote romántico, ¿no?

Ampliemos más la panorámica: además de las estrellas, hay un cinturón de asteroides contra el que podéis chocar en cualquier momento.

Vaya, seguro que ya no te gustaría estar ahí. Pues eso no es lo peor: por un problema en vuestros equipamientos, solo os queda noventa minutos de oxígeno.

Noventa minutos para encontrar una forma de sobrevivir.

¿A que ahora eso de mirarle a los ojos y desear que todo salga bien, que sigáis adelante juntos, adquiere un significado mucho más trascendental?

Ese es el punto de arranque de Tocar las estrellas, la primera novela de Katie Khan. En ella, esta escritora londinense no solo nos hace sufrir con la lucha de Carys y Max por sobrevivir, sino que además nos muestra un futuro utópico bastante creíble. Para ello, intercala el presente y el pasado de los protagonistas. Por un lado, asistimos a la dramática cuenta atrás (noventa minutos de oxígeno, ochenta y cinco, ochenta…), en la que Carys y Max idean formas de regresar a su nave, ayudados por una inteligencia artificial llamada Osric y sin perder el sentido del humor para no desesperar. Y por otro lado, nos cuenta cómo se conocieron en ese mundo perfecto. Perfecto para todos, menos para ellos, porque en ese mundo su amor no estaba permitido.

El mundo utópico que nos presenta Katie Khan ha surgido tras una guerra nuclear entre Estados Unidos y Oriente Próximo. Ya no existen las identidades nacionales ni las divisiones religiosas por las que la humanidad se ha matado durante siglos; los avances tecnológicos facilitan el día a día y llevan la interconexión hasta límites insospechados; la democracia por fin es real y mantiene unos altísimos niveles de participación y las medidas sociales promueven la realización personal de todos los individuos, porque cuando cada uno da lo mejor de sí, la sociedad avanza. Pero ese logro es precisamente el mayor problema de Carys y Max, ya que, para defender esa individualidad, ninguna persona puede permanecer en el mismo lugar durante más de tres años y solo se permite establecer vínculos afectivos duraderos y tener familia a partir de los treinta y cinco. Y a Carys y Max aún les queda una década para que llegue ese momento. ¿Tienen derecho a cuestionar un sistema perfecto solo por lo que sienten ellos dos?

Con todos estos elementos, Tocar las estrellas se convierte en una historia de amor para el recuerdo, una novela de ciencia ficción convincente y una reflexión social de las que dan para un largo debate. Y por si esto fuera poco, nos rompe los esquemas hasta la última página.

Antes te he pedido que te imaginaras junto al amor de tu vida flotando en el universo, luchando por sobrevivir. Pero es mejor que no lo hagas y leas directamente Tocar las estrellas. Porque te aseguro que nada de lo que imagines será ni la mitad de épico de lo que Katie Khan ha plasmado en esta novela.

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Bellas durmientes, de Stephen y Owen King

Bellas durmientes

Bellas durmientesEn mi casa siempre ha habido una estantería entera dedicada a las obras de Stephen King. Yo todavía puedo recordar cómo las cogía para mirarlas una a una. Sin apenas saber leer, intentaba descifrar los títulos y ver sus portadas. Hasta que llegó It, desencadenando en mí un miedo que nunca antes había sentido. Tiré el libro de cualquier manera y salí corriendo de la habitación donde los guardábamos. Le pedí a mi madre que escondiera ese libro, para que jamás lo volviera a ver. Ese payaso de la portada visitó mis pesadillas noche tras noche. A día de hoy, tal vez ya por costumbre, es el único libro de mi estantería que está del revés, con el lomo mirando a la pared. Jamás me he atrevido a leerlo.

Mi madre, gran aficionada a la lectura, pasaba sus noches de insomnio sumergida en alguna historia de terror del que fuera uno de sus escritores favoritos y yo me acurrucaba a su lado y le pedía que me leyera un poquito, aunque solo fuera una hoja. Ella, sabiendo que no me dormiría hasta que lo hiciera, me leía algún fragmento del libro que estuviera leyendo en ese momento. Muchos de esos fragmentos estaban escritos por King. Pero yo no me enteraba de nada, porque ni sabía la historia, ni sabía quiénes eran los personajes. Solo quería escuchar la voz de mi madre un ratito antes de caer en los brazos de Morfeo.

Y no fue hasta hace unos tres años que me atreví a leer a King. Fue Carrie la primera novela que cogí. Me gustaba tanto que hasta me la llevaba a la facultad para leerla a escondidas mientras el profesor de Derecho Civil daba una de sus peroratas. La devoré.

Pero me resultó como muy intensa, por eso quise dejar que pasara un tiempo hasta que me decidiera a leer otro de los libros del dios del terror. Y ese momento llegó, hace más o menos un mes, cuando salió a la venta Bellas durmientes. Tal vez fue su portada enigmática e hipnotizante, o tal vez la sinopsis tan atractiva que leí antes de que se pusiera a la venta lo que hizo que en mi cabeza se encendiera la bombilla de “has descubierto tu próxima lectura”.

En esta ocasión, según lo que he podido leer por ahí, la idea original de la obra la propuso Owen King, el hijo de Stephen. Quería que su padre la escribiera. Pero ambos fueron añadiendo cosas a la historia, capítulos y más capítulos y llegó un momento en el que ya no se supo quién escribió qué. También he leído por ahí que los grandes amantes de King (esos que se han leído casi toda su obra y a los que no llego ni a la suela de los zapatos) sabrán descifrar qué parte escribió cada uno de ellos con casi total seguridad. Y eso me gusta. Me imagino a alguien leyendo un determinado trozo y pensando: “sí, esto, sin duda, es de King padre”.

Yo solo sé que Bellas durmientes ha sido una de las lecturas más extrañas de mi vida. Veamos: el marco general está claro. Hay un virus, llamado “virus Aurora” que hace que todas las mujeres del planeta se queden dormidas, como encerradas dentro de una especie de bulbo gigante que las engulle y las paraliza durante mucho tiempo. Entonces los hombres se quedan solos en el planeta. Hasta ahí bien. Pero después los maestros King (habrá que empezar a hablar, merecidamente, en plural) empiezan a meter guerras apocalípticas, muertos vivientes, política, ángeles vengativos, parricidios, drogas y cientos de personajes.

Es un lío tremendo.

Pero para eso, padre e hijo nos ayudan grandiosamente agregando al libro una lista con todos los personajes que aparecen, algunas de sus características y qué relación tienen con los demás. Gracias al cielo, porque si aun con la lista es difícil seguir todas las tramas, no me quiero ni imaginar lo que hubiera sido leer este libro “tan pequeñito” (nótese la ironía, ya que tiene casi ochocientas páginas) sin esa gran ayuda.

Le he encontrado un pero, todo hay que decirlo. Y es que en algún momento determinado me ha resultado pesado y varios capítulos me han parecido innecesarios. Creo que el libro hubiera sido mucho mejor si no se hubieran añadido tantísimas tramas y no se hubiera liado tanto la historia. El mensaje está claro, pero a veces se difumina entre tanta trama trasversal que hace que en ciertos momentos la lectura se ralentice. Desde luego, este es mi punto de vista y solo tú, lector, tendrás la última palabra.

Aun así Stephen King, ahora acompañado por su hijo, lo ha vuelto a hacer. Nos ha dado una historia de terror en la que, seguramente, acabará basándose una película. Porque tiene esa descripción que tanto caracteriza a King que hace que te lo imagines todo perfectamente. Que, mientras lees, en tu cabeza ya se han dibujado todos los escenarios, como si en vez de leyendo un libro, estuvieras viendo directamente la película. ¿Todavía no sabéis por qué no he leído It? Pues por eso mismo. Porque me da mucho miedo que al coger ese libro el payaso se quede para siempre dentro de mi cabeza. Pero, al fin y al cabo, esa siempre ha sido la intención de King, ¿no?

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Cuídate de mí, de María Frisa

cuidate de mi

cuidate de miTodos los libros tienen una historia. Estoy segura de que este libró también se inició por algún motivo concreto. Sé que la autora, María Frisa, lo empezó hace muchos años y que ha invertido en él muchas horas de trabajo. Imagino que la novela negra es un género que le interesaba por la aplicación de la psicología, que es un terreno que ella conoce y domina. Pero también es posible que un día, mientras se atascaba con alguno de los personajes o subtramas de este libro, surgiera Sara, la niña de su famosísima saga “75 Consejos”.

La vida nos lleva por extraños caminos, algo así les pasa a las protagonistas de Cuídate de mí, que acaban juntas porque la vida es complicada. Y si no lo fuera no habría novelas como esta, historias que te cuentan cosas capaces de conmoverte, emocionarte, enfadarte…, y entretenerte, que para eso está la literatura.

La violencia contra la mujer, la violencia ejercida en el ámbito doméstico, los delitos sexuales, la presión ejercida desde la Redes Sociales, ya saben, injuria y difama que algo queda. En lo relativo a este asunto, imagino que esta parte del libro estará reescrita tras el terrible ciberataque y persecución que sufrió la propia autora por parte de esas hordas cobardes que se esconden tras nombres ficticios en internet con el único afán de imponer una visión trastornada y única de la vida.

Hay otros temas también muy interesantes que se tocan tangencialmente y de los que no les hablaré para que puedan acceder a la novela desprovistos de referentes, temas que resultan inevitablemente trascendentes para la forma en que cada una de estas mujeres ha forjado su carácter.

Ya les he dicho que es una novela negra pero no les he contado que la historia trata de dos mujeres policías integradas en una unidad especial de Familia, Mujer, y delitos sexuales; nuestras protagonistas serán la Inspectora Lara Samper y la Subispectora Berta Guallar. Y como pueden imaginar no le quedaba otra que hacer que fueran dos mujeres fuertes, muy fuertes, pero ambas muy diferentes, se complementan, y eso es fundamental para su trabajo. No son amigas, son compañeras.

Cuídate de mí está contada en capítulos cortos que se nos van relatando desde la visión de una y otra de forma alterna, algo que, como bien saben los escritores, le da muchísima agilidad a la lectura y hace que los lectores nos metamos en la trama principal desde la primera página, cosa que naturalmente ha conseguido María Frisa. Me ha sorprendido mucho, y gratamente, la habilidad que ha tenido para introducir las tramas secundarias, algunas, de hecho, enganchan tanto que dan la impresión de que pueden sobrepasar a la principal y eso es bueno para el lector de este tipo de novelas que siempre espera un in crescendo en la obra.

Me han gustado Samper y Guallar, los personajes están bien construidos y se mantienen sólidos durante toda la novela, también merece la pena prestar atención al resto de los compañeros policías, así como todos los personajes principales y secundarios de las subtramas… Entiendo que algunos, como el jefe de ambas o el marido de Berta, podrán ir desarrollándose más en posteriores entregas. Que no dudo que las habrá.

Y ahora viene lo malo: Y lo malo es que yo no sé reseñar este tipo de novelas, que a mí lo que me gustaría sería tener cerca a María Frisa para preguntarle mil cosas, como hacemos con los autores que vienen a los clubs de lectura. Preguntarle por esos detalles de los que es imposible hablar en una reseña que nada debe desentrañar de la trama, porque sin eso me es muy difícil contarles cómo me ha emocionado cierto capítulo y porqué. También me gustaría poder decirle qué es difícil y hay que tener la mano muy fina para tocar ciertos temas sin que se te revuelva el estómago, y lograr, a su vez, la justa empatía con determinados personajes que son durante toda su vida tan vulnerables.

Y eso es lo malo, que tenemos una estupenda novela negra de la que querría contar todo pero no puedo decirles casi nada, quizá comentarles que el libro lo leí en tres noches, la tercera se fue la luz a falta de las últimas cuarenta páginas, y me subí hasta la escalera superior de mi casa en las que hay una luz de emergencia, y así poder terminarlo… Nadie se va a la cama dejando este libro pendiente del desenlace final, imposible dejarlo, imposible.

Iniciar “Cuídate de mí” con un poema de Alejandra Pizarnik, tenía, por necesidad, que darle la fuerza que luego desarrolla la autora. Sin duda una buena elección

Solo la sed
el silencio
ningún encuentro.

Cuídate de mí amor mío
cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra.

Al final no les voy a poner ningún fragmento de la novela, para qué, si ya ha dicho Aramburu que tiene una prosa directa, clara y precisa, y yo no puedo hacer otra cosa que suscribirlo.

Tampoco les he dicho que la novela se desarrolla en Zaragoza y que ya la portada nos da una pista de este detalle. No es la primera novela negra que veo que se desarrolla en esta ciudad, creo que, quienes conocen Zaragoza compartirán conmigo que da juego para este tipo de tramas.

Cada vez me gusta más reseñar libros de mujeres inspiradoras, ya saben, mujeres que hablan de la vida de otras mujeres que a la vez son el reflejo de la sociedad cambiante. Porque necesitamos esos referentes que siempre se nos han hurtado en general en la historia y en particular en el mundo de las artes, que al final, son los referentes emocionales de los que se nutre el ser humano.

Pues nada María Frisa, que por la parte que te toca, ¡gracias!

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La hija del alfarero, de José Luis Perales

la hija del alfarero

la hija del alfareroNo suelo leer a presentadores o cantantes que se meten a escritores, aunque reconozco que me he llevado alguna grata sorpresa. Por ejemplo, cuando leí, hace ya años, El viaje íntimo de la locura, de Roberto Iniesta, cantante de Extremoduro. En esa ocasión, iba sobre seguro, porque me lo había recomendado un buen amigo y porque pensaba que si Robe componía grandes canciones, bien podía escribir una historia más larga. Lo mismo imaginé de José Luis Perales.

Ya sé lo que estáis pensando: ¡vaya salto, de Extremoduro a Perales! Sí, es cierto, poco tiene en común la música de uno y otro, pero coinciden en una cosa: saben transmitir con las palabras, provocar emociones. Y, al fin y al cabo, eso es la literatura. Por eso me aventuré a leer La hija del alfarero, la segunda novela de José Luis Perales, para ver si el cantante conquense se manejaba igual de bien sobre la página en blanco que sobre la partitura.

En La hija del alfarero viajamos hasta el pueblo ficticio de El Espejuelo, en la comarca de Vallehondo. En él es fácil reconocer a la tierra manchega que vio nacer al cantante, aunque cualquier otro pueblo de la geografía española podría verse reflejado, sobre todo en los avatares que sufren Justino y Brígida y sus hijos, Carlos y Francisca, la familia protagonista de esta historia. El padre, alfarero al igual que su padre y el padre de su padre, espera que su hijo continúe con el oficio, y el joven se resigna a su suerte. Pero la hija, Francisca, no quiere quedarse en El Espejuelo y, de un día para otro, decide viajar a la ciudad del mar, lo que supondrá mucha tristeza y quebraderos de cabeza para su familia.

La hija del alfarero no cuenta nada nuevo: es la historia que vivieron tantos jóvenes provincianos en la época franquista, cuando dejaban atrás su hogar y viajaban a la ciudad, donde unas veces cumplían sus expectativas de una vida diferente y mejor, y otras, volvían con el rabo entre las piernas, tras ser ninguneados o incluso engañados por personas de más mundo. Pero José Luis Perales retrata, además, la cotidianeidad del pueblo, sus costumbres y sus parajes, y eso es lo que convierte a esta lectura en un dulce viaje al pasado. Demasiado dulce para mi gusto, sabiendo que en aquella sociedad la comprensión no era precisamente la virtud más extendida, y menos todavía en los entornos rurales. Pero es Perales y, como las canciones de Perales, es una historia llena de ternura y esperanza, sin apenas malicia, pese a que la historia podría haberla tenido más que de sobra. Seguramente, no recomendaría este libro a un fan de Extremoduro, mucho más visceral y proclive al lado oscuro de la naturaleza humana, pero sería una lectura que sí regalaría a mi madre, como las canciones de Perales.

En sus primeros pasos literarios, José Luis Perales aún peca de algunos errores de principiante (el tiempo que transcurre entre un hecho y otro, por ejemplo, resulta bastante confuso), pero se le notan las tablas escribiendo canciones en algunos párrafos que son para enmarcar. Parece que esta no será su última novela y eso es una buena noticia. Esa mirada especial que capta la esencia de los pequeños gestos es tan necesaria en la música como en la literatura.

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La mentira, de Nora Roberts

La mentira

La mentiraHay libros que empiezan despacio. Te ponen en situación, te cuentan un poco la historia de los personajes, te dejan ver algo de lo que te podrás encontrar más adelante, alguna pista. Te ponen la miel en los labios, pero solo una gotita. Lo demás, se hará de rogar. Y hay libros que empiezan a cañón. Pum. De sopetón, pasan un montón de cosas que dejan al protagonista casi tan desorientado como al lector, para después, poco a poco, ir deshilando la madeja que se ha formado en unas breves páginas y llegar a un final impresionante. Ahí, el escritor no te da una gotita de miel, te da el bote entero y de dice: “a ver qué eres capaz de hacer con esto”.

La mentira pertenece a este segundo grupo. De repente, Shelby Pomeroy se queda viuda. Su multimillonario marido ha sufrido un accidente de barco y nada se sabe de él. Ella solo sabe que estará muerto con casi total seguridad y que se ha quedado con una casa que vale millones de dólares y unas deudas del tamaño de la luna.

Shelby siempre se dedicó a complacer a Richard. Se conocieron muy pronto, se casaron muy deprisa y ella quedó completamente anulada. No sabía nada de la economía doméstica, no sabía gestionar el dinero. Se lo prohibieron. Así que cuando se queda viuda y todas esas deudas le llegan de sopetón, no sabe ni por dónde empezar.

Cuando comienza a rebuscar por toda la casa, intentando encontrar tarjetas de crédito que no estén endeudadas, descubre que su marido no era quien ella se pensaba. Era un mentiroso compulsivo que la había engañado de todas las maneras posibles. Incluso encuentra documentación falsa en la que sí, aparece la foto de Richard, pero con un nombre diferente. Shelby se volverá loca intentado componer el puzzle que dejó su marido antes de morir. Agobiada, vuelve a su pueblo natal, lejos de la casa de Richard para poner orden a su vida. Allí conocerá a Griffin Lott, un apuesto constructor que le ayudará en los momentos más difíciles. Y no le vendrá mal su apoyo, ya que muchas mentiras de Richard están por ver la luz todavía y eso convierte a Shelby en el blanco de muchísimos problemas.

Así empieza la historia de La mentira. En apenas unas pocas páginas, Nora Roberts, una de las escritoras estadounidenses con más éxito a nivel mundial, nos da los ingredientes suficientes como para tenernos enganchados durante horas y horas. Si hay algo que se le da genial a esta mujer es eso de dejarme sin vida social. Cada vez que cojo un libro suyo, desaparezco del mapa. Necesito terminarlo como sea. Me voy a la cama y lo único que puedo pensar es en leer un capítulo más. Voy a tener que empezar a leer a esta autora con moderación si no quiero quedarme sin vida.

Lo que más me gusta de ella es la veracidad de sus protagonistas, normalmente mujeres. En este caso, Shelby es una ama de casa forzada que se ha visto reprimida por su marido durante casi toda su existencia. A raíz de la muerte de este, Shelby revive. Renace. Y nosotros lo haremos junto a ella. De Nora Robert también me gusta mucho el que haga tan partícipe al lector de la historia. Ella, sutilmente, va dejando un reguero de pistas para que el lector descubra, al mismo tiempo que la protagonista, el sorprendente desenlace. Y ya os aseguro que no es fácil, porque esta autora, aunque es conocida por ser unas de las escritoras de género romántico más importantes de la era actual, es una gran escritora de novela negra. Detrás de sus historias de amor que usa como marco en casi todas sus novelas, se esconden oscuros secretos y, en muchísimas ocasiones, asesinatos pendientes de resolver.

A mí me gustan los libros que empiezan así: bien, con fuerza y con gancho. Que cuando te quieres dar cuenta, vas por la página cien y no has podido despegar los ojos del libro en ningún momento. Así que para mí ha sido una grata sorpresa encontrarme, de nuevo, con Nora Roberts. Vamos, como siempre.

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18 libros para leer en 2018

el legado de los espias

Hace pocas horas que despedíamos un 2017 cargado de buenas lecturas. Es tiempo de hacer balance, mirar los últimos doce meses y disfrutar de todo lo bueno leído. Pero también toca mirar al futuro, y las editoriales ya están anunciando sus mejores libros para 2018. El Libros y Literatura hemos hecho una selección de los mejores libros para leer en 2018, o al menos en sus primeros meses de vida.

Grandes autores (Le Carré, Ellroy…) y escritores multipremiados (Atwood, Padura, Ford…); escritores de ayer (Leopardi) y de hoy (Mairal, Knox…); gente de aquí (Somoza, Millás…) y del otro lado del charco (King, Hustvedt…); grandes grupos editoriales y editoriales independientes. Una lista variada que esperemos se amolde a todos los gustos de nuestros lectores.

Aquí empieza nuestra lista de 18 libros para leer en 2018. ¡Disfrutad de ella!

el legado de los espias1. El legado de los espías, de John Le Carré (Planeta. 9 enero)
Peter Guillam, leal colega y discípulo de George Smiley en los servicios secretos británicos –conocidos como El Circo–, disfruta de su jubilación en la finca familiar de la costa meridional de Bretaña, cuando una carta de su antigua organización lo insta a regresar a Londres. ¿El motivo? Su pasado en la Guerra Fría lo reclama. Unas operaciones de inteligencia que habían sido el orgullo del Londres secreto y habían implicado a personajes como Alec Leamas, Jim Prideaux, George Smiley o el propio Peter Guillam están a punto de ser investigadas con criterios perturbadores, por una generación sin memoria de la Guerra Fría ni paciencia para atender a sus justificaciones. Entretejiendo pasado y presente para que ambos cuenten su tensa historia, John le Carré ha urdido una única trama tan ingeniosa y apasionante como la de las dos predecesoras sobre las que se ha basado: El espía que surgió del frío y El topo. El pasado ha venido a cobrarse sus deudas.

Mis rincones oscuros2. Mis rincones oscuros, de James Ellroy (Literatura Random House. 11 enero)
En junio de 1958, James Ellroy tenía diez años cuando recibió la terrible noticia del asesinato de su madre. El cadáver de Geneva Hilliker fue hallado cubierto de hiedra en una cuneta de las afueras de Los Ángeles, estrangulado con una cuerda y unas medias de nylon y con signos evidentes de violación. El caso no se resolvió, pero la brutal muerte marcó para siempre la vida del autor y fue el germen de toda su obra. En 1994, después de publicar el último volumen del «Cuarteto de los Ángeles», Ellroy decidió descubrir la verdad sobre el crimen. Para ello contrató los servicios de un veterano y experimentado «detective» llamado Bill Stoner. A medida que ambos avanzaban en este caso enterrado desde hacía treinta años, Ellroy descubría el misterio que en realidad fue su madre, cuáles fueron sus aspiraciones y por qué decidió salir de un pequeño pueblo de Wisconsin para empezar una nueva vida en Los Ángeles. Mis rincones oscuros relata esta investigación, en una mezcla de crónica negra y memorias confesionales, y se convierte en un libro fascinante que proporciona las claves autobiográficas de sus novelas y, a su vez, en la introducción perfecta a la perturbadora obra de este autor imprescindible de la novela del siglo XX.

La semilla de la bruja3. La semilla de la bruja, de Margaret Atwood (Lumen. 11 enero)
Es un lunes cualquiera de enero de 2013 y Felix pasa el control de seguridad para acceder al centro correccional de Fletcher. Los guardias lo miran con simpatía y benevolencia; para ellos este hombre solo es el señor Duke, un cincuentón que en sus ratos libres se dedica a organizar funciones de teatro con los reclusos. El autor elegido siempre es Shakespeare, y este año el profesor les propone La tempestad. Felix accede sin problemas al recinto de la cárcel, llevando consigo algo muy peligroso pero imposible de detectar a través de un escáner: son las palabras, aún vivas, robustas, sonoras, de una obra donde la venganza viaja a través del tiempo y se instala en el presente. De a poco, ensayo tras ensayo, los chicos de Fletcher, que quizá nunca antes habían oído hablar de Shakespeare, convierten la obra en algo muy personal. Ahí se encuentran con sus fantasmas y con algo de sí mismos que no sabían, pero hay más: Felix, ese profesor terco y a veces aburrido, el día del estreno de la obra también podrá vengarse de quien le arruinó en el pasado.

La transparencia del tiempo4. La transparencia del tiempo, de Leonardo Padura (Tusquets. 16 enero)
A un Mario Conde a punto de cumplir sesenta años, y que se siente más en crisis y más escéptico que de costumbre con su país, le llega de manera inesperada un encargo de un antiguo amigo del instituto, Bobby, que le pide ayuda para recuperar la estatua de una virgen negra que le han robado. Conde descubre que esa pieza es mucho más valiosa de lo que le han dicho, y su amigo tiene que confesarle que proviene de su abuelo español, que, huyendo de la Guerra Civil, la trajo de una ermita del Pirineo catalán. En los bajos fondos de La Habana, Conde da con un sospechoso al que acaban matando. Con el asesinato de otro cómplice, Conde descubre una inesperada trama de galeristas y coleccionistas extranjeros interesados en la talla medieval, y se tropieza inevitablemente con la policía de homicidios de La Habana. Pero, en capítulos intercalados, La transparencia del tiempo también cuenta la epopeya a lo largo de los siglos de la estatua, una virgen negra traída de la última cruzada a una ermita del Pirineo por un tal Antoni Barral, y será otro Antoni Barral quien la salve y se vea obligado a embarcar como polizón rumbo a La Habana.

Recuerdos del primer amor5. Recuerdos del primer amor, de Giacomo Leopardi (Acantilado. 17 enero)
«Heme aquí, pues, enamorado a los diecinueve años […] Pero como necesito dar algún consuelo a mi corazón […] escribo estas líneas para explorar las profundidades del amor y poder recordar con la mayor exactitud cómo irrumpió en mi corazón esta pasión soberana». En diciembre de 1817 Leopardi conoció a Geltrude Cassi Lazzari, prima de su padre, por quien profesó un amor secreto. Ese mismo día empezó la redacción de los dos textos recogidos en este volumen: «Recuerdos del primer amor», publicado por primera vez en 1906, y la «Elegía primera», incluida poco después en los Cantos con el título de «El primer amor». Tanto el diario como el poema del joven Leopardi constituyen dos de los textos más emblemáticos del Romanticismo no sólo por su belleza sino también por su singularísima sensibilidad.

Muerte con pingüino6. Muerte con pingüino, de Andrei Kurkov (Blackie Books. 17 enero)
Viktor es un escritor arruinado: está sin blanca, lo ha dejado su novia, tiene frío. Imaginen si se siente solo que decide adoptar a un pingüino. No sabe que este nuevo compañero de piso, Misha, también está deprimido: suelta suspiros melancólicos cuando chapotea en la bañera de agua helada y se encierra en la habitación como un adolescente. Ahora Viktor no solo está triste, sino que debe consolar a su amigo. Y además alimentarlo. Todo se complica cuando un gran periódico le encarga escribir esquelas de personajes públicos que aún están vivos. Parece una tarea fácil. Pero no lo es: los protagonistas de sus necrológicas empiezan a fallecer en extrañas circunstancias poco después de que escriba sobre ellos. Misha y Viktor se ven atrapados en una trama absurda y violenta. Una novela oscura y luminosa, con humor blanco y negro. Como la vida. Como un pingüino.

La herida7. La herida, de Jorge Fernández Díaz (Destino. 18 enero)
Una monja desaparece dejando un enigmático mensaje, y un colaborador del papa Francisco les encarga a dos agentes de Inteligencia buscarla por cielo y tierra. En paralelo, una operadora política despedida por el gobierno argentino es contratada por el gobernador de un feudo de la Patagonia para mejorar su imagen y evitarle una catástrofe electoral. Con la ayuda de Remil ―un perturbador personaje que trabaja desde las sombras―, ella se vale de todo: espionaje político, compra y amenaza de jueces. Hasta que juntos se topan con un crimen de Estado y una siniestra organización. La herida es un thriller político dentro de una gran novela policial cruzada por cuatro misteriosas historias de amor, que empieza en el Vaticano y viaja a la Patagonia, que se devora con suspenso y que retrata el lado oscuro del poder. Una combinación que solo la pericia del escritor y periodista Jorge Fernández Díaz es capaz de llevar adelante con el pulso y el rigor de una investigación y con un demoledor ritmo cinematográfico.

el origen del mal8. El origen del mal, de José Carlos Somoza (Ediciones B. 18 enero)
«ESTOY MUERTO.» Así comienza el misterioso manuscrito que un conocido escritor recibe de manos de un amigo librero. Son más de doscientas páginas, escritas a máquina y fechadas en 1957. El encargo es muy preciso: debe leerlo en menos de 24 horas. Intrigado, el novelista comienza a leer y se encuentra con una historia de secretos y traiciones contada por Ángel Carvajal, un militar español de la Falange que actuó como espía en el Norte de África. El texto, además, contiene diversas frases que alguien ha subrayado cuidadosamente. Pronto comprenderá por qué era tan urgente que el manuscrito llegara precisamente a sus manos… ¿Puede haber un mensaje oculto relacionado con el tiempo presente? ¿Qué relación existe entre el manuscrito, el librero y el lector? ¿Se puede reescribir la historia?

Entre ellos9. Entre ellos, de Richard Ford (Anagrama. 18 enero)
El libro se compone de dos textos escritos con treinta y cinco años de diferencia. El segundo, dedicado a su madre, ya se había publicado en 1986 de forma autónoma. El primero, centrado en la figura de su padre, es reciente y rigurosamente inédito. ¿Qué historias se nos relatan en este volumen? Las de dos jóvenes de Arkansas, en el corazón de la América profunda: Parker y Edna, que se casan en 1928 y tienen un hijo –el autor– en 1944. La historia de un hombre de carácter bondadoso que se gana la vida como viajante de comercio, pasa mucho tiempo en la carretera, fuera de casa, y muere de un ataque al corazón cuando Ford tiene solo dieciséis años. La historia de una chica con un pasado complicado y un secreto, que quedó viuda a los cuarenta y tuvo que mantener a su hijo… Dos textos bellísimos que evocan la infancia del escritor y las vidas de sus padres, unas vidas que podrían haber sido pasto del olvido como tantas otras, pero que la fuerza de la literatura rescata y convierte en piezas esenciales del universo literario de Richard Ford.

Cuadernos de Kabul10. Cuadernos de Kabul, de Ramon Lobo (Península. 23 enero)
Cuadernos de Kabul nos sumerge en la otra cara de la guerra, la de las pequeñas o grandes historias de las verdaderas víctimas del conflicto: aquellos que casi nunca tienen derecho a protagonizar su propia noticia. Ramón Lobo nos recuerda la lucha anónima de los civiles, el peso de la vida en la retaguardia, el dolor de las personas que tratan de vivir un día más en medio de un enfrentamiento bélico. No como explicación de lo que allí sucede, sino como muestra de una realidad repleta de colores, olores y sabores, de gentes sin derecho a un nombre y a una voz.

Memorial device11. Memorial Device, de David Keenan (Sexto piso. Enero)
Articulada a partir de una alucinógena serie de entrevistas a antiguos miembros de la escena postpunk de la pequeña y desolada localidad escocesa de Airdrie, Memorial Device pretende reconstruir, a partir de los testimonios más delirantes, la corta historia de los legendarios Memorial Device, considerados la mejor banda salida de la ciudad, una banda visionaria, rematadamente underground y maldita, un fulgurante meteoro hacia la nada que parece quintaesenciar a todos los grupos oscuros, abismados y malogrados de aquella época convulsa y febril, empezando por Joy Division. Con esta ficticia indagación documental sobre un grupo igualmente ficticio –que sirve a su vez para presentarnos una heterogénea y extravagante galería de personajes y cartografiar la peculiarísima escena artística y musical del lugar, llena de estrambóticas bandas que hacen de la anormalidad su razón de ser– David Keenan ha escrito una especie de carta de amor deforme y malsano, pero sincero; ha pergeñado un retrato intenso, poético, onírico y conmovedor –y también entrañablemente grotesco– del movimiento postpunk, el movimiento musical más importante desde la psicodelia de los sesenta, como afirmaba el crítico Simon Reynolds. La obra es un homenaje, en última instancia, a la urgencia, la pasión y los sueños de juventud como motores vitales, y a la eterna lucha de cada generación por encontrar su lugar en el mundo; un brindis blasfemo por toda esa recua de adolescentes desorientados cabalgando los caballos desbocados de la música. MEMORIAL DEVICE, la primera y celebrada novela de David Keenan, es un libro visceral, hilarante, profundo y trágico, que capta magníficamente la locura, el sinsentido y las dificultades sociales de esa década mítica que fueron los años ochenta.

Manual de linternas12. Manual de linternas: Incursiones, excursiones y reflexiones científicas, de Marta Magariños (Editora) (Libros y Literatura. Enero)
El objetivo de este Manual de linternas es promover la divulgación científica a través de los libros. La lectura ofrece varias ventajas diferenciales que la hacen particularmente interesante; quizá, la más significativa es que permite la reflexión. La literatura surge de un yo y cuenta con la palabra para conectar con las inquietudes, los aprendizajes y las emociones de otro yo. Es un proceso introspectivo y solitario que, además, permite hacer un paréntesis temporal en el caudal de llegada, dando cabida a la gestación de nuevo conocimiento, a veces, profundamente original. Como dice Antonio Osuna, uno de los autores de este manual, «hay libros que se pueden leer de seguido, pero hay algunos en los que, de vez en cuando, se debe apartar la mirada y dejar que lo que se acaba de leer se asiente».
Manual de linternas pone el foco en libros elegidos libremente por los autores de las reseñas. Hemos tratado de organizarlos en categorías, aunque de una forma un tanto imprecisa, ya que muchos de ellos podrían estar en varias de ellas. Cada categoría se introduce con inspiradoras ilustraciones de María Lamprech, nuestra ilustradora. La mayoría son libros de divulgación científica en el sentido estricto, pero no todos lo son. Algunos tienen más condición de ensayo, otros son memorias o ficción, e incluso hay un cómic. Sin embargo, todos comparten la premisa de transmitir con entusiasmo el conocimiento científico. De modo que este manual no pretende ser en ningún momento una selección de los libros más relevantes de cada campo, pero sí servir como linternas que iluminen nuestras ganas de saber qué hay en la oscuridad de lo desconocido. Esas linternas son cincuenta y un libros con vocación de transmitir y satisfacer el interés por la divulgación científica. Si se quedan con hambre, hemos incluido un listado de libros recomendados por los autores, que deseamos que les resulte de ayuda.

Sirenas13. Sirenas, de Joseph Knox (Reservoir books. 1 febrero)
En los bajos fondos de Manchester, todo tiene un precio. Cuando el detective de policía Aidan Waits es reclutado por una misteriosa rama policial que cumple órdenes de un todopoderoso y millonario miembro del Parlamento británico, sabe que a él también le han puesto precio. La misión es encontrar a Isabelle, la hija del magnate, y para ello tendrá que adentrarse en el oscuro mundo de la noche, donde el dinero y las drogas circulan por clubs sin ley y las jóvenes son tratadas como mercancía. ¿Será capaz de salvar a la chica sin caer en el desenfreno y la corrupción de este nocturno canto de sirena? Joseph Knox es la gran revelación de la novela negra británica y ha sido comparado con Ian Rankin, James Ellroy o Raymond Chandler. Como buen librero, se ha nutrido durante años de los grandes maestros del gé- nero, siendo el responsable de compras de novela negra en Waterstones. Sirenas es su thriller de debut, con el que inicia la saga del detective Aidan Waits. Knox retoma el crime más clásico y hardboiled, en el que hace un guiño a los lectores más alternativos y de culto: cada una de las partes de la novela evoca versos de Joy Division.

Bellas durmientes14. Bellas durmientes, de Stephen & Owen King (Plaza & Janés. 1 febrero)
En esta espectacular colaboración entre padre e hijo, Stephen King y Owen King nos ofrecen la historia más arriesgada de cuantas han contado hasta ahora: ¿qué pasaría si las mujeres abandonaran este mundo? En un futuro tan real y cercano que podría ser hoy, cuando las mujeres se duermen, brota de su cuerpo una especie de capullo que las aísla del exterior. Si las despiertan, las molestan o tocan el capullo que las envuelve, reaccionan con una violencia extrema. Y durante el sueño se evaden a otro mundo. Los hombres, por su parte, quedan abandonados a sus instintos primarios. La misteriosa Evie, sin embargo, es inmune a esta bendición o castigo del trastorno del sueño. ¿Se trata de una anomalía médica que hay que estudiar? O ¿es un demonio al que hay que liquidar?

Los ojos vendados15. Los ojos vendados, de Siri Hustvedt (Seix Barral. 13 febrero)
Iris Vegan, una estudiante de literatura de la Universidad de Columbia, relata sus inquietantes encuentros con personajes neoyorquinos que el azar y la coincidencia han puesto en su camino. La relación de estos singulares momentos, en los que las fuerzas oscuras pueden cambiar el curso de una vida, permite al lector abordar esta obra como la suma de cuatro episodios independientes pero complementarios a la vez.

Cuando sale la reclusa16. Cuando sale la reclusa, de Fred Vargas (Siruela. 14 febrero)
El comisario Jean-Baptiste Adamsberg, tras unas merecidas vacaciones en Islandia, se interesa de inmediato a su regreso a Francia por la muerte de tres ancianos a causa de las picaduras de una Loxosceles rufescens, más conocida como la reclusa: una araña esquiva y venenosa, pero en ningún caso letal. Adamsberg, que parece ser el único intrigado por el extraño suceso, comienza a investigar a espaldas de su equipo, enredándose inadvertidamente en una delicada y compleja trama, llena de elaborados equívocos y profundas conexiones, cuyos hilos se remontan a la Edad Media. Un caso elusivo y contradictorio que se escapa a cada momento de las manos del comisario, haciéndole regresar a la casilla de salida. Solo sus intuiciones, tan preclaras como dolorosas, serán capaces de devolverle la confianza que necesita para salir ileso de la red tendida por la más perfecta tejedora… Cuando sale la reclusa es sin duda la obra más ambiciosa de Fred Vargas, la reina indiscutible de la novela negra europea. En ella se entrecruzan con maestría todos los temas que han convertido la publicación de cada una de sus novelas en un auténtico acontecimiento literario, tanto para la crítica como para los lectores: el medievo, la arqueología, los mitos, el mundo de los animales y, por supuesto, la descripción detallada y poderosa de los oscuros laberintos del alma humana.

Que nadie duerma17. Que nadie duerma, de Juan José Millás (Alfaguara. 15 febrero)
El día en que Lucía pierde su empleo como programadora informática, su vida da un giro definitivo. Como si de un algoritmo se tratara, establece los siguientes principios en los que se basará su existencia futura: será taxista, recorrerá las calles de su ciudad, Madrid, mientras espera la ocasión de volver a encontrarse con el hombre del que se ha enamorado, y todos los momentos importantes tendrán como banda sonora el «Nessum dorma» de Turandot, ópera de la que se siente protagonista. Lo cotidiano y lo extraordinario se entremezclan en esta novela que tiene todas las claves del universo narrativo de Juan José Millás: la ironía, las distintas facetas de la realidad, el desdoblamiento del yo, la soledad y la constatación de una verdad inmutable: el espejo en el que miramos nuestras vidas nos devuelve siempre una perspectiva insólita ante la que solo cabe el más puro de los asombros.

Una noche con Sabrina Love18. Una noche con Sabrina Love, de Pedro Mairal (Libros del Asteroide. 26 marzo)
Todas las noches en Curuguazú, un pueblo de la provincia de Entre Ríos, Daniel Montero celebra un rito: mirar el programa televisivo de Sabrina Love, la porno star más popular del momento. Por eso, cuando gana el sorteo para pasar una noche con ella, siente que ha tocado el cielo con las manos. Sabrina lo espera en un hotel de Buenos Aires. A los diecisiete años, Daniel emprende un viaje que, además de la gran ciudad, le descubrirá mucho más de lo que había imaginado. Una noche con Sabrina Love ganó el premio Clarín en 1998, otorgado por un jurado que integraban Adolfo Bioy Casares, Augusto Roa Bastos y Guillermo Cabrera Infante. Esta vertiginosa novela de iniciación marcó el brillante debut de Pedro Mairal en la escena literaria.

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Torres en la cocina, de Javier y Sergio Torres

Torres en la cocina

Torres en la cocinaTengo el pelo rizado, como mi madre. De un marrón oscuro con tonos rojizos, como mi madre. Tengo los ojos muy negros, como mi madre. Soy ordenada, obstinada, valiente y decidida, como mi madre. Si leo un libro que me gusta, es muy probable que a ella también. Adoramos a Queen sobre todas las cosas. Y a los Rolling. Y a David Bowie. Nos parecemos en infinidad de cosas, más de las que me gustaría reconocer. Entonces, ¿alguien puede explicarme por qué narices NO COCINO COMO ELLA?

Vamos a ver, es que este tema a mí me toca de verdad. Y me enerva. A mí me encanta comer, desde siempre. Me encanta probar cosas nuevas y, siempre que quede dentro de mi dieta sin gluten, porque soy celíaca, como de todo. Pero odio cocinar. Si la elaboración conlleva más de quince minutos y ensuciar muchos cacharros… paso. En cambio, ella se puede tirar toda una mañana en la cocina elaborando platos alucinantes. El otro día me hizo unas croquetas… de llorar. Y, ¿sabéis? Yo viajo bastante y el momento que más me gusta del viaje es cuando vuelvo a casa y me está esperando mi madre con una tortilla de patata. Mi novio coincide en esto también, creo que solo me quiere por esta tortilla. Entonces, si tanto me parezco a ella, ¿por qué no me gusta cocinar? No lo entiendo.

Y llegan estas fechas y siempre me apetece intentarlo. Así que todas las Navidades acabo haciéndome con algún libro de cocina para ver si me inspira y me anima a meterme en la cocina una tarde entera para preparar una cena alucinante. Este año, la elección ha sido Torres en la cocina, de Javier y Sergio Torres. Sí, esos que salen en Televisión Española por las mañanas y que preparan platos que hasta se pueden oler a través de la tele. Esta vez me he decantado por ellos porque me parece que, a pesar de que los platos que preparan son bastante elaborados, da la sensación de que lo hacen tan sencillo que hasta yo podría intentarlo. También me gusta mucho la mezcla de lo moderno con lo clásico. La cocina tradicional es la base de sus platos, pero lo cierto es que no se quedan ahí. Innovar es la clave. Ha habido un plato en especial que me ha llamado muchísimo la atención: cabracho relleno de manitas de cerdo. Jamás se me hubiera ocurrido. No hace falta decir que mi señora madre prepara un pastel de cabracho que… puf, quita las palabras. Así que creo que yo soy incapaz de empezar por ahí. Quizás me decante por la crema de bacalao y coliflor. No soy mucho de cremas, pero con el frío que está haciendo en Reinosa a estas alturas de diciembre, algo así es lo único que apetece. Eso, o un buen cocido (que no me maten los cántabros, pero yo soy de cocido madrileño)

La edición de Torres en la cocina es perfecta. Es un libro muy manejable, cosa que se agradece en la cocina. Estoy harta de tochos de recetas que son rígidos y ocupan más espacio en la cocina que una olla a presión, así que esta edición de Plaza & Janés me parece ideal. Además, dentro de cada receta encontramos el tiempo medio que nos llevará hacerla (ya os aseguro que yo soy capaz de reducirlo a la mitad. Así tengo los resultados que tengo) y, lo que más me ha gustado: “el toque Torres” en algunas de sus recetas, que son trucos que darán un toque especial al plato.

Venga, lo prometo, este año me voy a poner seria y voy a incluir como propósito del 2018 pasar más tiempo en la cocina y aprender algo. Aunque sea un poquito. Y espero no acabar regalándole el libro de Javier y Sergio Torres a mi madre, a sabiendas de que ella sabrá sacarle muchísimo más partido que yo.

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Hasta siempre, Vicente Calderón, de Patricia Cazón

Hasta siempre, Vicente Calderón

Hasta siempre, Vicente CalderónQuerido amigo:

Hace meses que dejaste de ser parte de nuestro presente para convertirte en una parte gloriosa de nuestro pasado. Ahora nos hemos mudado a un estadio mejor, más grande y más vistoso. Cabemos más atléticos, brilla con una luz digna de los mejores espectáculos teatrales o televisivos. Pero no eres tú. Nunca lo será. Por eso todavía seguimos (y seguiremos) cantando aquello de “Yo me voy al Manzanares, al estadio Vicente Calderón…”, aunque ahora con un poco de pena y nostalgia por saber que eso ya no será posible. Pero como dicen que aquello que se recuerda siempre vive y nunca muere, nos quedamos tranquilos sabiendo que seguiremos mucho tiempo pensando en ti.

Por eso hoy vengo a hablarte del precioso homenaje de despedida que te ha hecho la periodista Patricia Cazón. Me gustan las crónicas que desde hace tres años escribe de los partidos del Atleti en el Diario AS. Y me gusta esa faceta literaria que tiene reseñando libros en su blog La Kriticona, con el que hace años ganó aquellos premios que nuestro blog solía realizar en época navideña. Pero hablemos de ti, que hoy tú eres el invitado de honor. En Hasta siempre, Vicente Calderón tú eres el protagonista único, y Patricia ha conseguido que muchos atléticos de pro dediquen unas sentidas palabras en el año de tu despedida. Todo comienza con una introducción donde la autora resume en pocas palabras toda la filosofía atlética, esa rara forma de vivir que solo el que la siente es capaz de expresar. Porque como dice ella, “Ser del Atleti no es ganar, sino aprender lo que cuesta”. Tras la introducción viene un capítulo donde se cuenta tu nacimiento, aquel difícil parto a orillas del río Manzanares que tantos desvelos causó a don Vicente, ese del que tomaste prestado el nombre.

De tus 51 años de historia, salpicados de risas y llantos, muchos atléticos pueden hablar. Y muchas fotos lo atestiguan. Todo eso está en el libro. Fotografías de tu más de medio siglo en pie, cobijándonos a todos, y un once de gala (Ujfalusi, Gabi, Adelardo, Rulo, Pantic, Kiko…), tres suplentes (Mejías, Irureta y Torres) y el entrenador del Doblete contando lo mejor de los partidos que grabaron a fuego su sentimiento rojiblanco. Además, como este club es siempre especial, también quieren hablar de ti otro once distinto, menos profesional y más sentimental. Son nuestros ilustres aficionados, una cuidada selección que también quieren rendirte tributo como te mereces. Margarita y sus claveles, las confesiones del Padre Daniel, Jorge ‘El halconero’ o nuestro socio número 1. Así hasta once personajes conocidos por todos los atléticos que vienen a tu despedida, dejando para el final el valioso homenaje de Moqui Aragonés, hija de Luis, el eterno ‘Zapatones’, aquel que perforó tu portería por vez primera. Su testimonio, acabado con la lágrima asomando ya por el rabillo del ojo (del mío y seguro que del de muchos más lectores), pone la guinda a un pastel dirigido y escrito maravillosamente por Patricia Cazón. Pero no querría olvidarme de Joaquín Rodríguez, cuyas realistas ilustraciones de los iconos atléticos son dignas de mención.

Gracias a la tecnología, mientras disfrutaba del libro he buscado en Youtube tus grandes momentos. He recordado con alegría noches inolvidables como aquella remontada 4-3 al Barça de Romario o la agridulce y lluviosa despedida que te dimos en Champions. También he conocido momentos tuyos que ignoraba, como la gloriosa victoria ante el Cagliari o esa remontada de Arteche al Betis cuando yo tenía apenas dos meses de vida, y todavía no soñaba con disfrutar entre tus cimientos.

Todos estos partidos también me han servido para hacer repaso de los momentos que hemos vivido juntos. Sé que he ido a verte menos de lo que quería, aunque con apenas medio centenar de visitas creo que se ha forjado una verdadera amistad entre nosotros. Todavía recuerdo como si fuera hoy ese Atlético – Tenerife del 11 de febrero de 1995, día en que nos conocimos. O aquel Atlético – Steaua en el que volvíamos a escuchar los acordes de la Champions tras décadas de espera. O ese empate in extremis del Nástic de Tarragona en el descuento, cuando muchos ya cantábamos el ansiado ascenso a Primera. O ese golazo maradoniano de Saúl al Bayern hace poco más de un año, una de las últimas veces que nos vimos. Muchos momentos que recordar amigo…

El otro día te vi paseando por Madrid Río. Este año con la sequía que estamos padeciendo tenemos el río sequísimo. Pero como me dijo un amigo, el día que te pongan fecha de caducidad (todavía no la tienes, pero sabemos que llegará), muchos atléticos iremos a despedirnos de ti. Y como en el fondo somos unos sensibleros de lágrima fácil, seguro que ese día volvemos a llenar el Manzanares. Pero será con lágrimas de alegría. O de tristeza quizá. Pero no te preocupes, que con homenajes como el que te ha dado Patricia Cazón, la pena será más llevadera.

Y así termino esta carta amigo. Así de raros somos los atléticos, que, por coger cariño, se lo cogemos incluso a las toneladas de cemento y hormigón que durante medio siglo ha sido nuestra casa. Otros se extrañan. No lo pueden entender… Hasta siempre, Vicente Calderón.

César Malagón @malagonc

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Fin de guardia, de Stephen King

Fin de guardia

Fin de guardiaDecía Grace Paley en un magnífico ensayo literario que lo que les interesa a los escritores es la vida, la vida tal y como «casi» la están viviendo. Que existen personas que viven primero y luego escriben, como Marcel Proust, y otros que sienten la tentación de alejarse del oficio de la poesía más personal. Quiero creer que el día que a Stephen King se le ocurrió el argumento de Fin de guardia tuvo mucho que ver esa vida que estaba pasando frente a sus ojos. Me quiero imaginar al escritor de Maine oculto bajo una gorra de béisbol y gafas de sol cogiendo una mañana cualquiera un autobús urbano. En el trayecto, tras los oscuros cristales observaría el comportamiento de los demás viajeros. Puede que sea Estados Unidos, pero no se diferencia mucho de lo que podemos encontrar en las líneas del metro de Madrid: todos los pasajeros absortos frente a una pantalla luminosa. Y ahí estuvo el germen de su nueva obra.

En cuanto a semilla narrativa no se aleja mucho de la que ya se le ocurrió para la infame Cell, en la que una extraña señal emitida a través de los teléfonos móviles dejaba a toda la gente idiotizada. En el caso de esta novela, la tercera y definitiva historia del detective Bill Hodges, el aparato en cuestión que se utiliza como arma para crear el terror más kingniesco es un Zappit, un modelo de consola portátil como las viejas Game Boy. Pero antes de meternos en materia, y tratándose del final de una trilogía, hagamos un pequeño repaso por la historia hasta ahora.

Una fría madrugada, un numeroso grupo de desempleados hacían cola frente a las oficinas donde se ofertaban diversos puestos de trabajo. Mientras se refugiaban del frío con mantas y abrigos, un enorme Mercedes gris emergió entre la niebla y se abalanzó hacia la multitud. Arrolló a todo cuerpo que encontraba a su paso. Sangre, ropajes y algún miembro cercenado se quedaban enganchados a la carrocería del coche. Esto que tanto hemos visto en los telediarios últimamente ocurría en 2014 dentro de la novela Mr. Mercedes. Era el potente arranque de la primera incursión en novela negra de Stephen King. Brady Hartsfield, el asesino del Mercedes, como lo bautizaron, trajo de cabeza a la policía y en especial al detective retirado Bill Hodges, diana de toda su rabia. Durante la novela, Brady consiguió a través del engaño y la corrupción de las mentes de sus víctimas conseguir llevarles al suicidio. Con Bill no pudo conseguirlo, pero no va a quedar impune.

La segunda parte se llamó Quien pierde paga, una historia autoconclusiva —y la mejor de las tres— que jugaba con diversos elementos propios de las obras de King: el lector obsesionado con su escritor favorito. Aquí la acción y la trama se vuelven más entretenidas con personajes mejor construidos y donde de nuevo el detective Bill Hodges tendrá que resolver el caso de unos antiguos manuscritos hallados por un chaval que corre un gran peligro.

Y ahora llega a las librerías Fin de guardia. Era de esperar, tras las páginas finales de la segunda parte de la trilogía, que esta nueva historia se centrase de nuevo en la figura de Brady Hartsfield. Y en efecto, así sucede. Quizás ocurre en demasía. Me explico. El comienzo de Mr. Mercedes fue contundente. Muy bueno. Conquistaba al lector, al menos, para que siguiera adelante con la obra. Sin embargo, eso no ocurre con su nueva novela, ya que de nuevo vuelve a contar el mismo inicio, pero en la perspectiva de un operario de ambulancia. ¿Falta de creatividad? A King se le puede dar la oportunidad de seguir leyendo para ver dónde nos llevarán los acontecimientos. En verdad, no van a parar muy lejos. Fin de guardia bebe y vive de la primera parte de la trilogía. Si no la has leído, descuida, te va a poner en antecedentes con frecuencia ya que existen diversas referencias a lo ocurrido en el asesinato del Mercedes. Esto no debe llevar a malos prejuicios. La novela, en sí, desarrolla uno de los componentes básicos de la producción bajo el sello Stephen King, y que ya utilizara en su fabulosa Carrie: los poderes de telequinesia.

Brady quedó en estado vegetativo tras los acontecimientos de Mr. Mercedes. En su recuperación, desarrolló un fascinante poder que intenta comprender y ensayar para llevar a cabo su maldad. Durante sus cuidados médicos, consigue introducirse en la mente de los enfermeros a través de las videoconsolas Zappit, las cuales dejan en estado catatónico a quienes con ellas juegan. No va a ser a los únicos a los que viole mentalmente. Su nuevo juego de satisfacción consistirá en llegar de nuevo hasta el detective Bill Hodges para vengarse de él y conseguir matarlo. Final de novela con su esperado e intenso suspense, aviso.

Como decía al comienzo en referencia a los textos de Grace Paley, Stephen King se vale de muchos elementos cotidianos de su vida para llevarlos al papel, y si me apuras, al de su personaje Bill Hodges, en quien se aprecian muchos de esos achaques (o chocheos, siempre en el sentido amable, si es que lo tiene) que seguramente está experimentando el propio King. Ya no solo por el carácter de un hombre cansado y curtido, o evocar a series o redes sociales que utiliza, sino por sus muchas proclamas de carácter político-social que parece más propio de un panfleto propagandístico que del registro natural de personajes de ficción. En definitiva, creo que su incursión en el género negro no le ha granjeado un gran éxito, pero sí le ha valido para intentar abordar nuevos frentes en su abultada carrera literaria, la que esperamos, no finalice y siga de guardia.

 

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Una columna de fuego, de Ken Follett

Una columna de fuego

Una columna de fuego Ha regresado Ken Follet y ha regresado como suele hacerlo, a lo grande, como le gusta a sus lectores, con un sólido libro de casi mil páginas; lectura para todos que nos garantiza entretenimiento durante unos cuantos días.

Para que nadie se confunda, esta sería la tercera entrega de la saga de “Los pilares de la tierra”, y hago esta puntualización porque hay quien pensaba que esta novela estaba relacionada con la Trilogía “The Century” que incluye La caída de los gigantes, El invierno del mundo y El umbral de la Eternidad (2010-2014), novela también histórica pero que va de finales del Siglo XVIII a mitad del Siglo XX.

Así pues nos centramos en la saga a la que se corresponden Los pilares de la tierra (1989), con la que el autor hizo estallar el mercado editorial como no había pasado desde hace muchos años; con este libro nos llevó al siglo XII, y nos habló de la construcción de una gran catedral cuando el arte arquitectónico iniciaba su transformación del románico al gótico. Un mundo sin fin, fue la siguiente entrega, en la que nos sitúa ya directamente en Kingsbridge, eran doscientos años después y de la mano de alguno de los descendientes de aquella primera novela. Finalmente nos llega esta que acabo de leer y que ahora les traigo en forma de reseña, Una columna de fuego.

¿Qué si me ha gustado el libro? ¡Claro! A mí me gusta que me cuenten la historia salpicada de buenas historietas, diálogos que le den agilidad a la lectura y si además hay calidad en la escritura pues miel sobre hojuelas.

En este libro, y de la mano de dos jóvenes de la ya famosa ciudad de Kingsbridge, Ned Willard y Margery Fitzgerald, vamos a recorrer el tiempo del reinado de Isabel I de Inglaterra, además iremos a Escocia, vamos a salir de la isla y a pasearnos por Europa donde podremos ver como se vivía en pleno Siglo XVI en lugares como los Países Bajos, Francia o España, y en esta ocasión, Ken Follett centrará su pluma en la Sevilla de Felipe II y en su próspero mercado de armas. También tendrá la obra un toque exótico ya que viajaremos hasta la Isla caribeña de La Española que fue el primer asentamiento tras el descubrimiento de Cristóbal Colón, y que en la actualidad integra Haití y la República Dominicana.

Son años muy importantes para la historia de nuestro país, y tal como el autor ha manifestado en algunas entrevistas, España ejercía con prepotencia su hegemonía, claro que bien visto ¿Qué Imperio no ha sido prepotente en el ejercicio del poder?

Es curioso cómo el autor nos acerca al nacimiento del Servicio Secreto de Su Majestad, ya saben, lo que hoy sería el famosísimo MI. Hecho con el que, sin duda, habrá disfrutado Follet, pues como todos sabemos el mundo de los espías es, junto con la novela histórica, una de sus grandes pasiones literarias.

Como no podía ser de otra manera nos muestra una fortísima tensión religiosa, hechos que viviremos a través de los más importantes personajes históricos, las conspiraciones para poner y quitar reyes y aspirantes a reyes, con especial atención se centrará en la conspiración para matar a Isabel I de los partidarios de María Estuardo y todo el entorno católico que la rodea y apoya, y que llegó incluso a proclamarla legítima heredera del trono de Inglaterra.

Naturalmente tendremos nuestra lección de historia, como el largo y explícito capítulo de la destrucción de la Armada Invencible, y para fijar en nosotros los datos reales los rodea, como siempre, de pequeñas tramas personales de amor, desamor, pasión, violencia, amistad, lealtad y odio, mucho odio al otro, al que piensa distinto, al que siente distinto… Cosas que siguen fuertemente arraigadas en los diferentes pueblos de donde surgen, por motivo de raza, nacionalidad o religión, las más bajas pasiones.

Hay quienes me preguntan si estos libros se pueden leer de manera independiente, este ya les adelanto que desde luego sí. Es un libro que contiene una parte de la historia de Europa, pero que todas sus historias interiores y todos sus hilos quedan perfectamente cerrados, nada obsta no haber leído las otras dos novelas, y naturalmente podría haber otras posteriores pero el cierre de la novela está perfectamente sellado.

Yo no daría por terminada esta saga que empezó con Los pilares de la tierra, podría seguir el Sr. Follett hasta llegar a unir esta historia con su otra saga, “The Century”. Un par de siglos tiene por delante para seguir trabajando 😉

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