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El favor de la sirena, de Denis Johnson

El favor de la sirena

El favor de la sirenaLas obras póstumas, en su mayoría, suelen ser incompletas e irregulares. Si la muerte sorprende al autor de repente, lo más seguro es que no haya tenido tiempo para terminar, para corregir, para decantar. Si lo hace después de una larga enfermedad, cobarde eufemismo, resulta probable que haya estado más preocupado por su propia degeneración que por la conclusión de sus últimas líneas.
En ese sentido, El favor de la sirena es una bendita excepción. A Denis Johnson se lo llevó por delante el cáncer de hígado en mayo de 2017; a sus 67 años, dejó tras de sí una obra variada aunque siempre reconocible, marcada por un pasado turbulento de adicciones y caídas que a pesar de ello trasciende la figura del escritor maldito. No era sencillo estar a la altura en el momento final, y sin embargo la impresión que queda al pasar la última página de este libro es que lo consiguió.
Quizá tenga algo que ver en esa impresión que el último relato (“Doppelgänger, poltergeist”) me ha parecido el mejor de los cinco que lo componen, que no es decir poco, y una manera elegante de condensar las bases de su escritura en poco más de cuarenta páginas. En él, el profesor Harrington nos relata su extraña relación con uno de sus alumnos, el talentoso poeta Marcus Ahearn, quien se desliza a lo largo de los años por la pendiente de la locura a la que le lleva su obsesión por exhumar el cadáver de Elvis para poder comprobar que, en realidad, se trataba de su hermano gemelo. Obsesiones, adicciones, situaciones inverosímiles pero no del todo imposibles que Johnson logra empastar de manera creíble con la realidad más cruda; son las entrañas de estos cinco relatos, historias extensas, llenas de personajes memorables y con la suficiente carga narrativa como para quedarse resonando en nuestra cabeza un buen rato después de haberlas terminado. Como también ocurre con el que da nombre a la colección, “El favor de la sirena”, cuando el protagonista recibe la llamada telefónica de una de sus exmujeres, Ginny o Jenny, no entiende bien el nombre, y no es capaz de averiguarlo mientras ella le cuenta que tiene cáncer y va a morir pronto, y lo despide finalmente poco después sin que él termine de saber cuánto tiene que llorar ni a quién. El cuerpo, que nos traiciona, los fantasmas del pasado que vuelven a visitarnos, el amor que sirve como vehículo para interrogarnos por lo que hemos hecho bien, mal o regular.
Denis Johnson es perfectamente consciente de la inminencia de su muerte mientras escribe, mientras culmina este testamento literario, y no por ello se aprecian la urgencia y la desesperación. Quizá porque ya había alcanzado una paz absoluta con respecto a su legado sabiendo que había dejado para la posteridad dos obras monumentales: Hijo de Jesús (publicada en 1992, llevada al cine poco más tarde) y Árbol de humo. Se nota, quizá, en que todos los protagonistas de El favor de la sirena hablan como si sus mejores años hubieran pasado. Lo dice Cass al final de El Starlight de Idaho, “más de una vez me he despertado con un profesional de la medicina diciéndome: “Tendrías que estar muerto”. Es lo que va a poner en mi lápida”, y es la impresión general que transmite el libro al completo. Hay cosas que están muy cerca de no producirse, una canasta que entra fuera del tiempo reglamentario, una carta que llega a su destinatario cuando ya ha cambiado de casa. Será mejor que tengas tus asuntos en orden para cuando llegue esa hora. Mientras lo hace, los que te rodean van cayendo, y es justo que sus vidas también sean narradas como merecen.
Puede que no sea el mejor de los libros de Denis Johnson, pero El favor de la sirena es bueno, mejor que la media. Incluso diría que no es mal modo de empezar a leer a Johnson. Atrévanse, pues, a comenzar por el final. Porque nunca se sabe cuándo llegará el definitivo, y nunca es tarde para echarse un buen libro a la memoria.

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El peligro de la historia única, de Chimamanda Ngozi Adichie

el peligro de una historia única

el peligro de una historia única¿Se nota que me encanta Chimamanda Ngozi Adichie? Lo digo porque El peligro de la historia única es el quinto libro que voy a reseñar de ella en Libros y Literatura en poco más de un año. La descubrí con Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo, la carta que le dedicó a una amiga y que, más que un mapa del feminismo, es un mapa para la vida, con directrices de puro sentido común para educar a niños y niñas en el respeto hacia sí mismos y hacia los demás.

Quedé tan encantada con este primer acercamiento que quise conocer su vertiente novelista, y leí, una detrás de otra, las tres novelas que ha escrito hasta ahora: La flor púrpura, donde habla de la construcción de la libertad y de la identidad durante el paso de la adolescencia a la edad adulta; Medio sol amarillo, en la que retrata el efímero país de Biafra y el conflicto bélico que lo derrumbó y Americanah, una historia divertida y sin pelos en la lengua en la que cuenta el día a día de una inmigrante nigeriana en Estados Unidos. Y Chimamanda Ngozi Adichie me dejó sin palabras, porque cada novela me pareció aún mejor que la anterior. Qué maravilla de escritora. Así que, tras unos meses de barbecho, por fin me reencuentro con ella, esta vez leyéndola en su faceta divulgadora: la transcripción de su primera charla TED, El peligro de una historia única, recién publicada por Literatura Random House.

No me extenderé explicando de qué va esta charla, ya que es bastante corta y hacerlo sería contárosla entera. Y no pienso hacerlo, porque eso os quitaría el gusto de enteraros a través de las palabras siempre certeras y cercanas de esta autora. Me limitaré a deciros que Chimamanda Ngozi Adichie relata varias anécdotas personales para ejemplificar con total claridad el peligro de una historia única.

Quizá os preguntéis que es eso de una historia única. Pues es simplemente convertir una visión parcial, ya sea sobre una persona, un grupo social, un país o un episodio histórico, en la historia definitiva. Y Chimamanda Ngozi Adichie nos demuestra que vivimos contaminados de esas historias definitivas, que limitan nuestra percepción de la realidad, siempre reducida a estereotipos.

Junto a la transcripción de la charla TED, la presente edición de El peligro de la historia única incluye «Las historias de una idea», un artículo de Marina Garcés, la traductora, en el que reflexiona sobre el texto de la escritora nigeriana y nos anima a desviarnos de los lugares comunes de la cultura para propiciar otros encuentros. Un complemento perfecto, que hace que la lectura sea doblemente gratificante. Entre ambas partes apenas suman cincuenta páginas, pero os aseguro que pocas veces una libro tan breve os resultará tan intenso y revelador.

Así es la inspiradora Chimamanda Ngozi Adichie, una narradora excepcional que nos demuestra el peligro de ciertas historias y el poder inmenso de tantas otras. Si aún no la conocéis, no sé a qué estáis esperando. Una vez que Chimamanda os abra los ojos, ya no podréis cerrarlos de nuevo.

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La escala de los mapas, de Belén Gopegui

La escala de los mapas

La escala de los mapasHace un rato comentaba con alguien este libro y le decía que para mí era «un por fin en toda regla». Y es que sé, y acepto, que muchas de las personas que lean esta reseña se/me digan que llego bastante tarde a La escala de los mapas de Belén Gopegui, y seguramente tienen razón. Tienen razón y no, porque sí, sé que han pasado años, 25 en concreto, casi los que yo tengo, pero también sé que muchas veces pienso, cuando un libro me pega tan fuerte como este, en si el haberlo leído en otro momento, el no haberlo leído nunca, el no saber de su existencia, el tenerlo siempre ahí encima sin entrar en él, hubiera sido igual. Puedo decir, recién entrados en abril y con unos cuantos libros ya leídos este año, que esta ha sido la lectura que más he disfrutado de 2018. Ojalá sigan las sorpresas. El mundo literario es un buen lugar para ello. Y todo gracias a la recuperación por parte de Literatura Random House de este libro que en ocasiones puede llegar a hacerte pensar que un alter ego tuyo, con aptitudes de escritor, lo ha escrito en otra vida, en otro momento, en otra realidad, para decirte lo que eres capaz de llegar a sentir.

Como digo, Literatura Random House recupera en este 2018 La escala de los mapas, la gran novela de Belén Gopegui, en una edición 25 aniversario en tapa dura y acompañada por un epílogo de la propia autora que suma delicia a lo que parece no poder dar más de sí. Para quien todavía no la haya leído (¡qué envidia!), se podría decir que La escala de los mapas es una carta de amor a esa persona que siempre hemos querido/pedido/deseado que nos acompañe en vida. Todo narrado por la fuente de ese amor puro y desbocado, que es Sergio Prim. Creo que todos hemos sido alguna vez Sergio Prim, sino siempre, y todos hemos querido/pedido/deseado alguna vez una Brezo Varela, sino siempre.

Sergio Prim es el desdoble, a veces cóncavo, a veces convexo, de un hombre que ha sido conquistado completamente por su mente. Si una nariz pudo ser un hombre dentro de un cuento ruso, cómo no va a poder serlo una mente bajo las líneas repletas de bellas palabras de Gopegui. La escala de los mapas es la confesión de alguien para quien el amor hacia una mujer es el compás de su vida, es la pauta de su camino, las huellas donde pisar para poder seguir avanzando. La excusa, la venda, el disfraz de este amor escrito es una vida de geógrafo triste que busca poder encontrar algo que él cree que existe: el hueco. ¿Y qué es el hueco? Pues verás, ¿alguna vez has sentido que la multitud no era un conjunto contigo? ¿Alguna vez te has dado cuenta de que si existiese la soledad habitarías a fondo en ella? Ese es el hueco que busca Sergio Prim, aunque siempre camine hacia su admirada, su midons, Brezo. ¿Y si fuera ella?

Iba a decir que lo que me parece más admirable del libro es cómo Gopegui consigue expresar de manera magistral un sentimiento tan usado y manoseado como es el amor en la literatura. Pero no, seamos sinceros, lo que me parece admirable es que haya conseguido escribir esto con 30 años. No me queda mucho para cumplirlos, alguna vez he debatido conmigo mismo si sería capaz de escribir algo decente y, de repente, Gopegui. No, no soy para nada capaz. Por otro lado, estoy seguro de que si Sergio Prim existiera y lo conociéramos la gran mayoría lo odiaríamos (de hecho, Gopegui en el epílogo se sorprende de que Prim no caiga mal a los lectores), pero ¿no es eso lo que pasa con la gran mayoría de genios? Es la mente de Prim lo que enamora, lo que engancha, y la mente solo es capaz de transmutarse en luz legible a través de los libros. Gracias a [inserte aquí su dios] por darme esta afición.

En definitiva, y aunque Prim tenga la suerte de (medio)conseguir ese amor suspirado que todos alguna vez hemos tenido (y que a la mayoría nos ha rechazado o ni siquiera nos ha sabido), creo que debo decir que es este un libro para todo aquel a quien alguna vez el corazón le ha latido más rápido, más lento, diferente, cuando ha visto a una persona de sexo contrario, igual o indefinido, pasar por su lado creando auto e inconscientemente un nuevo campo gravitacional entre los dos. La escala de los mapas es uno de esos libros piscina, en los que alguien se baña y queda para siempre dentro. Disfrutad de lo que cuenta Sergio Prim. Quizá consigue que digáis con vuestros sentimientos lo que he dicho yo con el libro (¿y si lo estaba diciendo también por los sentimientos?): «un por fin en toda regla». Hay libros que son consejo, señal, premonición, aviso y auxilio. Y libros que son todavía más. La escala de los mapas es padre y madre en ese festival de categorías.

 

 

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La canción de la llanura, de Kent Haruf

La canción de la llanura

La canción de la llanuraYa os hablé de Kent Haruf hace casi un año, cuando leí la maravillosa Nosotros en la noche, una novelita breve que realmente me marcó. Si no la habéis leído ya, no sé a qué esperáis. De verdad, merece mucho la pena.

Así que, claro, maravillada como estaba con la primera novela que había leído de este autor norteamericano, en cuanto supe que Literatura Random House publicaba una nueva novela suya no lo dudé. Era una apuesta segura. Y ya puedo confirmaros que sí que lo ha sido.

La canción de la llanura es el primer libro de la Trilogía de la llanura, inédita en España. Después del éxito que obtuvo el autor gracias a Nosotros en la noche y las maravillosas críticas que recibió, es normal que sigan apostando por él en España. Lo cierto es que, como lectora, había echado de menos su estilo. Y eso que solo había leído un libro suyo. Os hacéis ya una idea, ¿no?

El condado de Holt es el escenario de esta novela. Una pequeña comunidad rural de Colorado donde la vida transcurre sin muchos sobresaltos, o al menos aparentemente. Porque ya se sabe que cada casa encierra sus propias historias y eso es precisamente lo que le importa a Kent Haruf, la intimidad, lo que ocurre de puertas para adentro, esas historias capaces de definir a un lugar.

Así, conocemos a Guthrie, un profesor de instituto que trata de lidiar con la depresión de su mujer mientras se hace cargo de sus hijos, Ike y Bobby. O Maggie Jones, compañera de Guthrie y una pieza muy importante en su vida. Todas las historias se entrelazan entre ellas, Victoria Roubideaux, una adolescente embarazada a la que su madre ha echado de casa, acudirá a Maggie en busca de ayuda. Y así aparecerán los hermanos McPheron, un par de viejos solitarios que viven en una granja a veinte kilómetros del pueblo y que están muy acostumbrados a su soledad.

Como os decía, todas las historias se van conformando a través de los personajes que aparecen en esta novela, entrelazadas, como una gran telaraña, perfecta y brillante. Capaz de sostener toda la carga de estas historias.

Una de las cosas que más me gusta de este autor es su aparente sencillez y su maravilloso don para retratar personajes. Con Canción de la llanura ha vuelto a conseguir que me enamore de ellos, de los personajes que pueblan las páginas de esta novela. Hasta el punto de, ahora que he acabado este fantástico libro, quedarme un poco más vacía sin su compañía. Menos mal que esta vez sé que podré volver a disfrutar de ellos.

No es de extrañar que estuviera nominado al National Book Award y a Los Angeles Times Books Prize por esta novela. Aunque, realmente, no importan los premios. El mayor premio aquí es poder disfrutar de su prosa. Y qué bien que aún nos queda mucho más Haruf por descubrir.

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18 libros para leer en 2018

el legado de los espias

Hace pocas horas que despedíamos un 2017 cargado de buenas lecturas. Es tiempo de hacer balance, mirar los últimos doce meses y disfrutar de todo lo bueno leído. Pero también toca mirar al futuro, y las editoriales ya están anunciando sus mejores libros para 2018. El Libros y Literatura hemos hecho una selección de los mejores libros para leer en 2018, o al menos en sus primeros meses de vida.

Grandes autores (Le Carré, Ellroy…) y escritores multipremiados (Atwood, Padura, Ford…); escritores de ayer (Leopardi) y de hoy (Mairal, Knox…); gente de aquí (Somoza, Millás…) y del otro lado del charco (King, Hustvedt…); grandes grupos editoriales y editoriales independientes. Una lista variada que esperemos se amolde a todos los gustos de nuestros lectores.

Aquí empieza nuestra lista de 18 libros para leer en 2018. ¡Disfrutad de ella!

el legado de los espias1. El legado de los espías, de John Le Carré (Planeta. 9 enero)
Peter Guillam, leal colega y discípulo de George Smiley en los servicios secretos británicos –conocidos como El Circo–, disfruta de su jubilación en la finca familiar de la costa meridional de Bretaña, cuando una carta de su antigua organización lo insta a regresar a Londres. ¿El motivo? Su pasado en la Guerra Fría lo reclama. Unas operaciones de inteligencia que habían sido el orgullo del Londres secreto y habían implicado a personajes como Alec Leamas, Jim Prideaux, George Smiley o el propio Peter Guillam están a punto de ser investigadas con criterios perturbadores, por una generación sin memoria de la Guerra Fría ni paciencia para atender a sus justificaciones. Entretejiendo pasado y presente para que ambos cuenten su tensa historia, John le Carré ha urdido una única trama tan ingeniosa y apasionante como la de las dos predecesoras sobre las que se ha basado: El espía que surgió del frío y El topo. El pasado ha venido a cobrarse sus deudas.

Mis rincones oscuros2. Mis rincones oscuros, de James Ellroy (Literatura Random House. 11 enero)
En junio de 1958, James Ellroy tenía diez años cuando recibió la terrible noticia del asesinato de su madre. El cadáver de Geneva Hilliker fue hallado cubierto de hiedra en una cuneta de las afueras de Los Ángeles, estrangulado con una cuerda y unas medias de nylon y con signos evidentes de violación. El caso no se resolvió, pero la brutal muerte marcó para siempre la vida del autor y fue el germen de toda su obra. En 1994, después de publicar el último volumen del «Cuarteto de los Ángeles», Ellroy decidió descubrir la verdad sobre el crimen. Para ello contrató los servicios de un veterano y experimentado «detective» llamado Bill Stoner. A medida que ambos avanzaban en este caso enterrado desde hacía treinta años, Ellroy descubría el misterio que en realidad fue su madre, cuáles fueron sus aspiraciones y por qué decidió salir de un pequeño pueblo de Wisconsin para empezar una nueva vida en Los Ángeles. Mis rincones oscuros relata esta investigación, en una mezcla de crónica negra y memorias confesionales, y se convierte en un libro fascinante que proporciona las claves autobiográficas de sus novelas y, a su vez, en la introducción perfecta a la perturbadora obra de este autor imprescindible de la novela del siglo XX.

La semilla de la bruja3. La semilla de la bruja, de Margaret Atwood (Lumen. 11 enero)
Es un lunes cualquiera de enero de 2013 y Felix pasa el control de seguridad para acceder al centro correccional de Fletcher. Los guardias lo miran con simpatía y benevolencia; para ellos este hombre solo es el señor Duke, un cincuentón que en sus ratos libres se dedica a organizar funciones de teatro con los reclusos. El autor elegido siempre es Shakespeare, y este año el profesor les propone La tempestad. Felix accede sin problemas al recinto de la cárcel, llevando consigo algo muy peligroso pero imposible de detectar a través de un escáner: son las palabras, aún vivas, robustas, sonoras, de una obra donde la venganza viaja a través del tiempo y se instala en el presente. De a poco, ensayo tras ensayo, los chicos de Fletcher, que quizá nunca antes habían oído hablar de Shakespeare, convierten la obra en algo muy personal. Ahí se encuentran con sus fantasmas y con algo de sí mismos que no sabían, pero hay más: Felix, ese profesor terco y a veces aburrido, el día del estreno de la obra también podrá vengarse de quien le arruinó en el pasado.

La transparencia del tiempo4. La transparencia del tiempo, de Leonardo Padura (Tusquets. 16 enero)
A un Mario Conde a punto de cumplir sesenta años, y que se siente más en crisis y más escéptico que de costumbre con su país, le llega de manera inesperada un encargo de un antiguo amigo del instituto, Bobby, que le pide ayuda para recuperar la estatua de una virgen negra que le han robado. Conde descubre que esa pieza es mucho más valiosa de lo que le han dicho, y su amigo tiene que confesarle que proviene de su abuelo español, que, huyendo de la Guerra Civil, la trajo de una ermita del Pirineo catalán. En los bajos fondos de La Habana, Conde da con un sospechoso al que acaban matando. Con el asesinato de otro cómplice, Conde descubre una inesperada trama de galeristas y coleccionistas extranjeros interesados en la talla medieval, y se tropieza inevitablemente con la policía de homicidios de La Habana. Pero, en capítulos intercalados, La transparencia del tiempo también cuenta la epopeya a lo largo de los siglos de la estatua, una virgen negra traída de la última cruzada a una ermita del Pirineo por un tal Antoni Barral, y será otro Antoni Barral quien la salve y se vea obligado a embarcar como polizón rumbo a La Habana.

Recuerdos del primer amor5. Recuerdos del primer amor, de Giacomo Leopardi (Acantilado. 17 enero)
«Heme aquí, pues, enamorado a los diecinueve años […] Pero como necesito dar algún consuelo a mi corazón […] escribo estas líneas para explorar las profundidades del amor y poder recordar con la mayor exactitud cómo irrumpió en mi corazón esta pasión soberana». En diciembre de 1817 Leopardi conoció a Geltrude Cassi Lazzari, prima de su padre, por quien profesó un amor secreto. Ese mismo día empezó la redacción de los dos textos recogidos en este volumen: «Recuerdos del primer amor», publicado por primera vez en 1906, y la «Elegía primera», incluida poco después en los Cantos con el título de «El primer amor». Tanto el diario como el poema del joven Leopardi constituyen dos de los textos más emblemáticos del Romanticismo no sólo por su belleza sino también por su singularísima sensibilidad.

Muerte con pingüino6. Muerte con pingüino, de Andrei Kurkov (Blackie Books. 17 enero)
Viktor es un escritor arruinado: está sin blanca, lo ha dejado su novia, tiene frío. Imaginen si se siente solo que decide adoptar a un pingüino. No sabe que este nuevo compañero de piso, Misha, también está deprimido: suelta suspiros melancólicos cuando chapotea en la bañera de agua helada y se encierra en la habitación como un adolescente. Ahora Viktor no solo está triste, sino que debe consolar a su amigo. Y además alimentarlo. Todo se complica cuando un gran periódico le encarga escribir esquelas de personajes públicos que aún están vivos. Parece una tarea fácil. Pero no lo es: los protagonistas de sus necrológicas empiezan a fallecer en extrañas circunstancias poco después de que escriba sobre ellos. Misha y Viktor se ven atrapados en una trama absurda y violenta. Una novela oscura y luminosa, con humor blanco y negro. Como la vida. Como un pingüino.

La herida7. La herida, de Jorge Fernández Díaz (Destino. 18 enero)
Una monja desaparece dejando un enigmático mensaje, y un colaborador del papa Francisco les encarga a dos agentes de Inteligencia buscarla por cielo y tierra. En paralelo, una operadora política despedida por el gobierno argentino es contratada por el gobernador de un feudo de la Patagonia para mejorar su imagen y evitarle una catástrofe electoral. Con la ayuda de Remil ―un perturbador personaje que trabaja desde las sombras―, ella se vale de todo: espionaje político, compra y amenaza de jueces. Hasta que juntos se topan con un crimen de Estado y una siniestra organización. La herida es un thriller político dentro de una gran novela policial cruzada por cuatro misteriosas historias de amor, que empieza en el Vaticano y viaja a la Patagonia, que se devora con suspenso y que retrata el lado oscuro del poder. Una combinación que solo la pericia del escritor y periodista Jorge Fernández Díaz es capaz de llevar adelante con el pulso y el rigor de una investigación y con un demoledor ritmo cinematográfico.

el origen del mal8. El origen del mal, de José Carlos Somoza (Ediciones B. 18 enero)
«ESTOY MUERTO.» Así comienza el misterioso manuscrito que un conocido escritor recibe de manos de un amigo librero. Son más de doscientas páginas, escritas a máquina y fechadas en 1957. El encargo es muy preciso: debe leerlo en menos de 24 horas. Intrigado, el novelista comienza a leer y se encuentra con una historia de secretos y traiciones contada por Ángel Carvajal, un militar español de la Falange que actuó como espía en el Norte de África. El texto, además, contiene diversas frases que alguien ha subrayado cuidadosamente. Pronto comprenderá por qué era tan urgente que el manuscrito llegara precisamente a sus manos… ¿Puede haber un mensaje oculto relacionado con el tiempo presente? ¿Qué relación existe entre el manuscrito, el librero y el lector? ¿Se puede reescribir la historia?

Entre ellos9. Entre ellos, de Richard Ford (Anagrama. 18 enero)
El libro se compone de dos textos escritos con treinta y cinco años de diferencia. El segundo, dedicado a su madre, ya se había publicado en 1986 de forma autónoma. El primero, centrado en la figura de su padre, es reciente y rigurosamente inédito. ¿Qué historias se nos relatan en este volumen? Las de dos jóvenes de Arkansas, en el corazón de la América profunda: Parker y Edna, que se casan en 1928 y tienen un hijo –el autor– en 1944. La historia de un hombre de carácter bondadoso que se gana la vida como viajante de comercio, pasa mucho tiempo en la carretera, fuera de casa, y muere de un ataque al corazón cuando Ford tiene solo dieciséis años. La historia de una chica con un pasado complicado y un secreto, que quedó viuda a los cuarenta y tuvo que mantener a su hijo… Dos textos bellísimos que evocan la infancia del escritor y las vidas de sus padres, unas vidas que podrían haber sido pasto del olvido como tantas otras, pero que la fuerza de la literatura rescata y convierte en piezas esenciales del universo literario de Richard Ford.

Cuadernos de Kabul10. Cuadernos de Kabul, de Ramon Lobo (Península. 23 enero)
Cuadernos de Kabul nos sumerge en la otra cara de la guerra, la de las pequeñas o grandes historias de las verdaderas víctimas del conflicto: aquellos que casi nunca tienen derecho a protagonizar su propia noticia. Ramón Lobo nos recuerda la lucha anónima de los civiles, el peso de la vida en la retaguardia, el dolor de las personas que tratan de vivir un día más en medio de un enfrentamiento bélico. No como explicación de lo que allí sucede, sino como muestra de una realidad repleta de colores, olores y sabores, de gentes sin derecho a un nombre y a una voz.

Memorial device11. Memorial Device, de David Keenan (Sexto piso. Enero)
Articulada a partir de una alucinógena serie de entrevistas a antiguos miembros de la escena postpunk de la pequeña y desolada localidad escocesa de Airdrie, Memorial Device pretende reconstruir, a partir de los testimonios más delirantes, la corta historia de los legendarios Memorial Device, considerados la mejor banda salida de la ciudad, una banda visionaria, rematadamente underground y maldita, un fulgurante meteoro hacia la nada que parece quintaesenciar a todos los grupos oscuros, abismados y malogrados de aquella época convulsa y febril, empezando por Joy Division. Con esta ficticia indagación documental sobre un grupo igualmente ficticio –que sirve a su vez para presentarnos una heterogénea y extravagante galería de personajes y cartografiar la peculiarísima escena artística y musical del lugar, llena de estrambóticas bandas que hacen de la anormalidad su razón de ser– David Keenan ha escrito una especie de carta de amor deforme y malsano, pero sincero; ha pergeñado un retrato intenso, poético, onírico y conmovedor –y también entrañablemente grotesco– del movimiento postpunk, el movimiento musical más importante desde la psicodelia de los sesenta, como afirmaba el crítico Simon Reynolds. La obra es un homenaje, en última instancia, a la urgencia, la pasión y los sueños de juventud como motores vitales, y a la eterna lucha de cada generación por encontrar su lugar en el mundo; un brindis blasfemo por toda esa recua de adolescentes desorientados cabalgando los caballos desbocados de la música. MEMORIAL DEVICE, la primera y celebrada novela de David Keenan, es un libro visceral, hilarante, profundo y trágico, que capta magníficamente la locura, el sinsentido y las dificultades sociales de esa década mítica que fueron los años ochenta.

Manual de linternas12. Manual de linternas: Incursiones, excursiones y reflexiones científicas, de Marta Magariños (Editora) (Libros y Literatura. Enero)
El objetivo de este Manual de linternas es promover la divulgación científica a través de los libros. La lectura ofrece varias ventajas diferenciales que la hacen particularmente interesante; quizá, la más significativa es que permite la reflexión. La literatura surge de un yo y cuenta con la palabra para conectar con las inquietudes, los aprendizajes y las emociones de otro yo. Es un proceso introspectivo y solitario que, además, permite hacer un paréntesis temporal en el caudal de llegada, dando cabida a la gestación de nuevo conocimiento, a veces, profundamente original. Como dice Antonio Osuna, uno de los autores de este manual, «hay libros que se pueden leer de seguido, pero hay algunos en los que, de vez en cuando, se debe apartar la mirada y dejar que lo que se acaba de leer se asiente».
Manual de linternas pone el foco en libros elegidos libremente por los autores de las reseñas. Hemos tratado de organizarlos en categorías, aunque de una forma un tanto imprecisa, ya que muchos de ellos podrían estar en varias de ellas. Cada categoría se introduce con inspiradoras ilustraciones de María Lamprech, nuestra ilustradora. La mayoría son libros de divulgación científica en el sentido estricto, pero no todos lo son. Algunos tienen más condición de ensayo, otros son memorias o ficción, e incluso hay un cómic. Sin embargo, todos comparten la premisa de transmitir con entusiasmo el conocimiento científico. De modo que este manual no pretende ser en ningún momento una selección de los libros más relevantes de cada campo, pero sí servir como linternas que iluminen nuestras ganas de saber qué hay en la oscuridad de lo desconocido. Esas linternas son cincuenta y un libros con vocación de transmitir y satisfacer el interés por la divulgación científica. Si se quedan con hambre, hemos incluido un listado de libros recomendados por los autores, que deseamos que les resulte de ayuda.

Sirenas13. Sirenas, de Joseph Knox (Reservoir books. 1 febrero)
En los bajos fondos de Manchester, todo tiene un precio. Cuando el detective de policía Aidan Waits es reclutado por una misteriosa rama policial que cumple órdenes de un todopoderoso y millonario miembro del Parlamento británico, sabe que a él también le han puesto precio. La misión es encontrar a Isabelle, la hija del magnate, y para ello tendrá que adentrarse en el oscuro mundo de la noche, donde el dinero y las drogas circulan por clubs sin ley y las jóvenes son tratadas como mercancía. ¿Será capaz de salvar a la chica sin caer en el desenfreno y la corrupción de este nocturno canto de sirena? Joseph Knox es la gran revelación de la novela negra británica y ha sido comparado con Ian Rankin, James Ellroy o Raymond Chandler. Como buen librero, se ha nutrido durante años de los grandes maestros del gé- nero, siendo el responsable de compras de novela negra en Waterstones. Sirenas es su thriller de debut, con el que inicia la saga del detective Aidan Waits. Knox retoma el crime más clásico y hardboiled, en el que hace un guiño a los lectores más alternativos y de culto: cada una de las partes de la novela evoca versos de Joy Division.

Bellas durmientes14. Bellas durmientes, de Stephen & Owen King (Plaza & Janés. 1 febrero)
En esta espectacular colaboración entre padre e hijo, Stephen King y Owen King nos ofrecen la historia más arriesgada de cuantas han contado hasta ahora: ¿qué pasaría si las mujeres abandonaran este mundo? En un futuro tan real y cercano que podría ser hoy, cuando las mujeres se duermen, brota de su cuerpo una especie de capullo que las aísla del exterior. Si las despiertan, las molestan o tocan el capullo que las envuelve, reaccionan con una violencia extrema. Y durante el sueño se evaden a otro mundo. Los hombres, por su parte, quedan abandonados a sus instintos primarios. La misteriosa Evie, sin embargo, es inmune a esta bendición o castigo del trastorno del sueño. ¿Se trata de una anomalía médica que hay que estudiar? O ¿es un demonio al que hay que liquidar?

Los ojos vendados15. Los ojos vendados, de Siri Hustvedt (Seix Barral. 13 febrero)
Iris Vegan, una estudiante de literatura de la Universidad de Columbia, relata sus inquietantes encuentros con personajes neoyorquinos que el azar y la coincidencia han puesto en su camino. La relación de estos singulares momentos, en los que las fuerzas oscuras pueden cambiar el curso de una vida, permite al lector abordar esta obra como la suma de cuatro episodios independientes pero complementarios a la vez.

Cuando sale la reclusa16. Cuando sale la reclusa, de Fred Vargas (Siruela. 14 febrero)
El comisario Jean-Baptiste Adamsberg, tras unas merecidas vacaciones en Islandia, se interesa de inmediato a su regreso a Francia por la muerte de tres ancianos a causa de las picaduras de una Loxosceles rufescens, más conocida como la reclusa: una araña esquiva y venenosa, pero en ningún caso letal. Adamsberg, que parece ser el único intrigado por el extraño suceso, comienza a investigar a espaldas de su equipo, enredándose inadvertidamente en una delicada y compleja trama, llena de elaborados equívocos y profundas conexiones, cuyos hilos se remontan a la Edad Media. Un caso elusivo y contradictorio que se escapa a cada momento de las manos del comisario, haciéndole regresar a la casilla de salida. Solo sus intuiciones, tan preclaras como dolorosas, serán capaces de devolverle la confianza que necesita para salir ileso de la red tendida por la más perfecta tejedora… Cuando sale la reclusa es sin duda la obra más ambiciosa de Fred Vargas, la reina indiscutible de la novela negra europea. En ella se entrecruzan con maestría todos los temas que han convertido la publicación de cada una de sus novelas en un auténtico acontecimiento literario, tanto para la crítica como para los lectores: el medievo, la arqueología, los mitos, el mundo de los animales y, por supuesto, la descripción detallada y poderosa de los oscuros laberintos del alma humana.

Que nadie duerma17. Que nadie duerma, de Juan José Millás (Alfaguara. 15 febrero)
El día en que Lucía pierde su empleo como programadora informática, su vida da un giro definitivo. Como si de un algoritmo se tratara, establece los siguientes principios en los que se basará su existencia futura: será taxista, recorrerá las calles de su ciudad, Madrid, mientras espera la ocasión de volver a encontrarse con el hombre del que se ha enamorado, y todos los momentos importantes tendrán como banda sonora el «Nessum dorma» de Turandot, ópera de la que se siente protagonista. Lo cotidiano y lo extraordinario se entremezclan en esta novela que tiene todas las claves del universo narrativo de Juan José Millás: la ironía, las distintas facetas de la realidad, el desdoblamiento del yo, la soledad y la constatación de una verdad inmutable: el espejo en el que miramos nuestras vidas nos devuelve siempre una perspectiva insólita ante la que solo cabe el más puro de los asombros.

Una noche con Sabrina Love18. Una noche con Sabrina Love, de Pedro Mairal (Libros del Asteroide. 26 marzo)
Todas las noches en Curuguazú, un pueblo de la provincia de Entre Ríos, Daniel Montero celebra un rito: mirar el programa televisivo de Sabrina Love, la porno star más popular del momento. Por eso, cuando gana el sorteo para pasar una noche con ella, siente que ha tocado el cielo con las manos. Sabrina lo espera en un hotel de Buenos Aires. A los diecisiete años, Daniel emprende un viaje que, además de la gran ciudad, le descubrirá mucho más de lo que había imaginado. Una noche con Sabrina Love ganó el premio Clarín en 1998, otorgado por un jurado que integraban Adolfo Bioy Casares, Augusto Roa Bastos y Guillermo Cabrera Infante. Esta vertiginosa novela de iniciación marcó el brillante debut de Pedro Mairal en la escena literaria.

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Morí por la belleza, de Emily Dickinson

Morí por la belleza

Morí por la bellezaTodo me atrajo de este libro. Ese título tan perfecto, esa portada tan florida, esa autora tan querida por mí y la colección de poesía portátil de Literatura Random House. Este pequeño libro lo tiene todo, así que era inevitable que acabase en mis manos.

Me parece genial la iniciativa de Literatura Random House de sacar esta colección de poesía portátil. Libros en un formato cómodo, a un precio súper asequible y que encima están repletos de versos de autores tan conocidos como Neruda, Whitman, Safo o Pizarnik, entre otros. Porque el mundo, amigos, está para llenarlo de versos. Dejar que la poesía crezca en todas partes y se acomode a nuestro lado. Y esta colección es una forma maravillosa de sentirnos siempre acompañados por ella.

Morí por la belleza es el libro de poesía portátil de esta colección que reúne una selección de poemas de la poeta estadounidense Emily Dickinson. Una mujer realmente prolífica que, como solía pasar en aquella época (siglo XIX), escribía en la intimidad de su hogar. Apenas una docena de los casi dos mil poemas que llegó a escribir vieron la luz mientras ella estaba viva. Algo que tampoco sorprende para la época. Menos mal que en ese aspecto hemos evolucionado mucho y además de haber logrado nuestra propia habitación, las mujeres han logrado obtener su merecido reconocimiento. Emily Dickinson es hoy considerada una de las poetas estadounidenses más importantes. ¡Y menos mal! Su delicadeza, su sensualidad y característico estilo hacen de ella una de las mujeres esenciales de la poesía. Mi compañera Susana ya os habló de ella con su Carta al mundo y otros poemas.

Morí por la belleza es una buena muestra de lo que os comento. En este pequeño y adorable librito encontramos una cuidada selección de algunos de sus poemas. Poemas donde podemos encontrar esas peculiaridades que os decía.

“Para que veneremos

los días más sencillos

que hacer ir y volver las estaciones

basta con recordar

que a ti y a mí nos quitan

la bobada de la mortalidad”.

¿Veis la sencillez, la sutilidad, la elegancia de sus versos? Me encantan.

Poemas de amor, de un amor puro como éste:

“Que tan solo hay Amor

es cuanto del Amor ahora sabemos;

y eso basta, porque lo que se lleva

yiene que ser proporcionado al surco”.

Totalmente imprescindibles los versos de esta poeta para los amantes de la poesía. Su voz es fuerte, pero es tan delicada como algunos de sus versos:

“Un atisbo de miedo, pompa, lágrima,

despertar con el día y descubrir

que aquello por lo cual nos despertábamos

respira ya en un alba diferente”.

A mí me estremecen sus versos, qué queréis que os diga. Así que celebro esta maravillosa idea de Literatura Random House de hacer la poesía un poco más accesible, celebro a las poetas que tuvieron que esconderse pero que hoy están aquí, entre nosotros, porque es justo que así sea. Y celebro la poesía, lectores, porque, sinceramente, no sé qué haríamos sin ella.

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La mirada de los peces, de Sergio del Molino

La mirada de los peces

La mirada de los pecesMás o menos en la época en la que Sergio del Molino terminaba su adolescencia, Ray Loriga escribía en “Tokio ya no nos quiere” aquello de que “la memoria es el perro más estúpido, le lanzas un palo y te trae cualquier cosa”. No creo que Sergio lo leyera en aquel momento, porque las referencias que cita se encuentran bastante alejadas de Loriga, pero si lo hizo podríamos pensar que en La mirada de los peces pasa el tiempo tratando de llevarle la contraria al Ray de finales del siglo pasado, el tiempo al que salta y del que salta La mirada de los peces. Este último y muy esperado libro, después de La España vacía y La hora violeta, llega cargado de memoria precisamente. Pero una memoria ordenada y obediente, una memoria que va al grano, concisa y relevante. La mirada de los peces revisa su propia adolescencia (y la de muchos entre los treinta y los cuarenta) a partir de un acontecimiento singular y actual: uno de sus profesores de aquella época, Antonio Aramayona, se pone en contacto con él para anunciarle que ha decidido suicidarse y para pedirle ayuda durante los preparativos. Aramayona no es un profesor cualquiera, es un revolucionario, el reivindicativo docente carne de inspección educativa, como lo define muchas veces el autor, empeñado en hacer a los alumnos pensar, más que memorizar. Alguien que, además, en sus últimos años se convierte en un símbolo de la lucha contra los recortes educativos, a pesar de tener graves problemas de salud.

Su petición devuelve a Sergio del Molino a su barrio y a su instituto, convertido en una especie de gloria local, el alumno que ha triunfado con la literatura donde nadie saca la cabeza más que para volver a meterla bajo los escombros. Entre el ruido que rodea el suicidio planeado de Aramayona, el autor no se recrea en tratar de mostrar cómo ha llegado de un punto a otro, sino que regresa directamente a la raíz para poner la lupa sobre ella y hacer una instantánea muy acertada de la adolescencia pretendidamente rebelde de los noventa. La que no hacía más que pelearse con sus padres y ahora solo ansía gozar de la misma vida que tenían ellos, la de los conciertos y las drogas blandas como mayor elemento subversivo. Esta zambullida en el recuerdo se arropa con varios temas de calado que ocupan las páginas del libro: cómo ser sinceros con nuestra propia memoria o cómo nos enfrentamos a nuestras convicciones cuando son puestas a prueba de verdad, al límite.

Así como en La hora violeta conseguía mantener un equilibrio dificilísimo que le impedía caer en la sensiblería y la lágrima fácil, en La mirada de los peces  vuelve a demostrar Sergio del Molino que lo suyo es caminar en el alambre sin caer al vacío, y en este caso no se deja arrastrar hacia un texto nostálgico y ñoño. De nuevo a medio camino entre la autoficción y el reportaje, hay que reconocer que tiene una habilidad singular para que lo que le ocurre, que nunca ponemos en duda como lectores, se convierta en una materia narrativa de primera clase. Otro de los puntos a su favor es que la mirada hacia el profesor está llena de aristas, contradicciones y puntos negros, alejado, como él mismo dice, del mar de hagiografías que rodea su muerte.

Entre el presente de Aramayona y el pasado del autor, el texto salta hacia delante y hacia atrás continuamente. No cae en el desorden, pero sí pierde cierta tensión narrativa que sí conseguía en La hora violeta, donde a pesar de que el final era conocido se tensaba la cuerda continuamente mientras se avanzaba. Por tanto, aunque su prosa sigue siendo excelente y se pasan las páginas con gusto, entra cierto hastío hacia la mitad del libro, cierta sensación de que casi todo lo importante ha quedado ya dicho, que los temas importantes del libro han quedado establecidos y lo que resta es una reflexión interesante pero ninguna sorpresa.

Más allá de esto último se puede afirmar que Sergio del Molino mantiene el rumbo que llevaba pero no se hace repetitivo. Lejos del diez, La mirada de los peces queda como el típico examen con buena nota que ya esperábamos de un alumno de sobresaliente.

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El coloso de Nueva York, de Colson Whitehead

El coloso de Nueva York

El coloso de Nueva YorkNueva York, la Gran Manzana, la ciudad que nunca duerme, la capital del mundo… podremos llamarla de mil maneras, pero lo que está claro es que todos tenemos una imagen clara de Nueva York cuando nos la nombran. Y es que la ciudad de los rascacielos se ha convertido en un referente cultural, político y social tan relevante en el último siglo que incluso los que, como yo, no hemos tenido la suerte de pasear por sus calles, creemos saber tanto o más sobre ella que un neoyorquino de cuna.

Entre mis futuros viajes siempre está presente conocer Nueva York. Sin embargo, año a año termino postergándolo por otros destinos cuya visita me parece más irrealizable en el futuro. Y mientras mantengo la idea de que Nueva York estará siempre ahí esperándome, yo no pierdo ocasión alguna de leer cualquier libro que esté ambientado o tenga como gran protagonista a esta ciudad. Es por eso que un libro como El coloso de Nueva York estaba destinado a quedarse en mi pequeña biblioteca. Además, se añaden las ganas que tenía de conocer a su autor, Colson Whitehead, cuyo desembarco en España viene de la mano de su última novela, El ferrocarril subterráneo, galardonado con el Pulitzer y el National Book Award. Pero centrémonos mejor en Nueva York…

“No escuches nunca lo que la gente te cuente de Nueva York, porque si no lo presencias, no forma parte de tu Nueva York y lo mismo daría que fuera Jersey.”

Este es uno de los primeros consejos que da el autor a todo aquel que lee su libro. Una frase así, de primeras, puede llegar a descolocar mucho. Sin embargo, da una idea de lo que podemos encontrarnos en los capítulos sucesivos. Porque de lo que uno se da cuenta al leer El coloso de Nueva York es que estamos ante un libro distinto, una guía de viajes poco convencional. Colson divide el libro en trece pequeños relatos, trece visiones diferentes que forman un mensaje uniforme sobre esta ciudad multicultural. No estamos ante el relato de un viajero fascinado por el frenesí de Manhattan; estamos más bien ante la visión personal y reflexiva de un neoyorquino puro, que conoce esa ciudad turística pero también la ciudad en la que se trabaja, se vive y se sufre los 365 días del año.

Colson Whitehead tiene un estilo muy personal. Su prosa está compuesta de frases cortas y contundentes, llenas de fuerza. Con él conocemos los barrios de la ciudad, las costumbres y el modo de pensar de muchos vecinos suyos. No veremos consejos para el turista, tampoco largas conversaciones con comerciantes o compañeros de asiento en el metro. Pero, aun así, el libro está lleno de emociones, de sensaciones. Y de todo ello se desprende una sensación dividida. Se nota que el autor ama Nueva York, aunque en muchos de sus pensamientos se desliza algo de odio por el ritmo de vida de la misma. Pero eso no es negativo. ¿Acaso nosotros no odiamos y amamos a partes iguales a nuestras ciudades?

“Esta ciudad es una recompensa por todo lo que te permitirá alcanzar y un castigo por todos los crímenes que te forzará a cometer.”

Esta frase resume a la perfección esta dualidad tan presente en todos los capítulos. El retrato que Colson Whitehead hace de Nueva York es el de una ciudad eterna, frenética y siempre animada. Es un tren de mercancías que no para y que te arrolla si te quedas despistado. Esto puede ser una cualidad negativa, pero para otros ahí reside el encanto que hace a esta una ciudad única. Y mientras sigo esperando mi futuro viaje a esta gran ciudad, libros como El coloso de Nueva York me ayudan a formarme una idea mucho más global de lo que allí me espera.

César Malagón @malagonc

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El ferrocarril subterráneo, de Colson Whitehead

el ferrocarril subterráneo

el ferrocarril subterráneoEl ferrocarril subterráneo, de Colson Whitehead, está en boca de todos porque ha sido galardonado con el premio Pulitzer 2017, el National Book Award 2016 y la Andrew Carnegie Medal of Excellence, un hito literario que contados libros han conseguido.

Los premios, y más si son de la categoría de los mencionados, hacen que el gran público se interese por estas obras, pero no siempre sus impresiones coinciden con las del jurado y la crítica. Los lectores tienen grandes expectativas con lo que se van a encontrar y, en consecuencia, estas son muy difíciles de cumplir. Eso me ha sucedido a mí con El ferrocarril subterráneo.

A parte de los galardones, las frases promocionales tuvieron la culpa. The Boston Globe decía: «Una obra maestra, una peculiar mezcla de historia y fantasía que permite compararla con Toni Morrison y García Márquez». Pero yo no he encontrado el realismo mágico que esperaba, tras esa comparación con dos de los referentes del género. Y la novelista Anne Tyler la describía como «una desgarradora saga sobre la esclavitud mágicamente elevada por el ferrocarril que le da título». Y tampoco esta historia tiene los elementos para considerarse saga, pues se habla de pasada de la madre y de la abuela de Cora, la protagonista, pero la única vida en la que nos adentramos es en la suya. Así que yo iba en busca de un tipo de libro y me encontré con otro totalmente distinto. Pero no merece esta historia que la juzgue por mis expectativas al acercarme a ella.

¿De qué va esta novela? El Ferrocarril Subterráneo fue una agrupación abolicionista clandestina del siglo XIX que ayudó a los esclavos a huir a estados libres, y Colson Whitehead ha imaginado cómo hubiesen sido esas huidas si literalmente hubiera habido un ferrocarril que recorriera el subsuelo del país. Esa pequeña transformación de la realidad le sirve como hilo conductor para contarnos la historia de Cora, una esclava que decide escapar de una plantación algodonera de Georgia junto a otro esclavo, Caesar. Para él, ella es su talismán de la suerte en la huida, pues se dice que su madre, Mabel, ha sido la única que ha logrado escapar. Tras ellos irá Rigdeway, un cazador de esclavos fugados, cuya única mancha en el expediente es que nunca atrapó a Mabel, por lo que cazar a Cora será también algo personal.

Pero El ferrocarril subterráneo es mucho más que la historia de una persecución. Es la recreación de un periodo histórico del que mucho se ha escrito y del que, sin embargo, nos queda tanto por saber. Colson Whitehead mantiene una narración más bien fría, sin afectaciones. Tampoco Cora es la clásica protagonista inocente en busca de una vida mejor a la que los lectores compadecen al instante, sino una mujer complicada e incluso egoísta, que hace lo que tiene que hacer, esté bien o mal, para sobrevivir. Y es que a Colson Whitehead no le hace falta utilizar los manidos recursos en este tipo de historias para conmovernos. Lo que nos retuerce el corazón es la crudeza de los hechos en sí mismos, ejecutados por una sociedad que se creyó con el derecho de comprar, vender, explotar y matar a otros seres humanos solo por tener un color de piel diferente. Estación tras estación, nos vamos impregnando de la desesperanza de sus protagonistas, que solo ven oscuridad tras las ventanas de ese ferrocarril que les promete la libertad.

Quienes se acerquen a este libro movidos por premios y frases promocionales, es posible que se creen una imagen equivocada y se decepcionen. En mi opinión, el esfuerzo que requiere su lectura no suele ser del gusto del gran público y hasta al lector avezado le costará entrar en la historia. Sin embargo, si dejamos a un lado las expectativas y nos dejamos llevar sin prisas por su contundente prosa, comprobaremos lo necesario que era hacer este viaje literario, aun sin saber si habrá luz al final de ese túnel construido por Colson Whitehead para mostrarnos el lado más infame del ser humano.

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Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor

Temporada de huracanes

Temporada de huracanesLa nueva novela de la mexicana Fernanda Melchor era, según las listas de las mejores escritoras contemporáneas hispanoamericanas, una de las más esperadas en la segunda mitad de este año. No ha decepcionado en absoluto. Y eso que la lectura de esta obra no resulta fácil para depende qué tipo de lector se atreva con ella. Yo, que desconocía las anteriores obras de la autora, he descubierto un valor extraño y arriesgado en las letras en español. Una lectura que provoca cierta sensación de fatiga por la abrumadora descripción y presentación de sus personajes; la genial mezcla de discursos narrativos —indirectos, libres, omniscientes— que tejen un argumento adictivo imposible de obviar y que te lleve a cerrar el libro; por su contundencia y negrura a la hora de mostrar los bajos fondos de las zonas más pobres e incívicas de México. He aquí un auténtico festival de jerga propia de los barrios suburbiales que produce un delicioso sabor para el paladar de todo buen lector.

Temporada de huracanes se llama esta excelente novela. La historia se desarrolla en el triste y olvidado pueblo de La Matosa. Allí vivieron una madre y su hija, siempre encerradas en su caserón y temidos por todos en el pueblo. Por sus coqueteos con la magia negra, sus vestimentas y extraños alaridos nocturnos, rayando la blasfemia, las consideraban brujas. Muerta la madre, quedó la hija, la Bruja chica, enclaustrada en su caserón siempre sola. Un día apareció en el arroyo el cuerpo inerte de la Bruja con síntomas de haber sido cruelmente asesinada. Una persona vio a unos jóvenes del pueblo salir de la casa de la Bruja cargando un bulto envuelto en mantas. A partir de ahí se le pedirán cuentas a los culpables. ¿Por qué lo hicieron? ¿Por diversión, aburrimiento? ¿Porque simplemente podían y nadie la extrañaría? Siempre hay algo más, una obstinación más obtusa, más antigua.

El asesinato de la Bruja sirve de enlace para desarrollar los funestos destinos de todos aquellos que, en algún momento, tuvieron alguna relación con ella. El cómo lo desarrolla la autora es la sala picante de este estupendo plato gastronómico mexicano. Una mezcolanza de registros que, como lector, te hacen bailar entre las distintas voces que Fernanda Melchor consigue unir en un mismo párrafo. Un trabajo titánico de escritura valiente y original.

Los capítulos se suceden narrando en profundidad a cada uno de los personajes que conforman la obra. Conoceremos todos sus conflictos, intereses, miedos, pasiones —la pasión brillará en la novela con excitantes o siniestras muestras de erotismo rudo, oscuro, morboso—. Melchor no se muerde la lengua a la hora de mostrar la crudeza de un pueblo dejado de la mano de Dios. El vocabulario nos conduce a un árido territorio que transmite un terror supremo sin necesidad de que aparezcan monstruos o feroces seres extraídos de bestiarios mitológicos. El verdadero horror está en el hombre como especie, el hombre que a toda costa se deja llevar por sus instintos más primitivos. Sería un eufemismo describir este lugar como hostil. Como también lo sería decir que su léxico es pobre. Si has escuchado la música de Molotov, embajadores de la clase humilde y baja de México, y siempre combativos y provocadores, sería un buen símil a los discursos de algunos de los personajes de la obra.

Temporada de huracanes se convierte en una de esas obras que, sin ser de género de terror, encogen el alma por la ferocidad y hostilidad marca de la casa de algunos rincones del mundo y sus lugareños y la miseria que les rodea de la que son víctimas. Ya me sucedió con la novela Pánico al amanecer, de Kenneth Cook en la que describía con maestría a los habitantes de un seco y aislado pueblo australiano. Es mérito absoluto de Fernanda Melchor la veracidad de su tono y la crudeza de las escenas que se narran en este pueblo de México que, como abrí al comienzo de la reseña, no defrauda con su esperada novela. ¡Que se sienta el power mexicano!

 

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Medio sol amarillo, de Chimamanda Ngozi Adichie

medio sol amarillo

medio sol amarillo¿Os suena Biafra? Yo no había oído hablar de ese lugar hasta hace una semana. No tenía ni idea de su independencia de Nigeria en los años sesenta ni que eso dio origen a una guerra de la que aún sus ciudadanos sufren las consecuencias. Pero gracias a Medio sol amarillo, de Chimamanda Ngozi Adichie, ya conozco parte de lo que ocurrió antes del conflicto bélico y muchas de las cosas que nunca deberían haber sucedido durante su transcurso.

No había mejor título para esta novela que el símbolo de la bandera de aquel efímero país, ese medio sol amarillo que auguraba un nuevo comienzo para los biafreños y su futuro glorioso, surgiendo entre esa franja roja que representaba la sangre de los asesinados en el norte del país; la franja negra, que recordaba el duelo por ellos y la verde, que presagiaba la prosperidad de Biafra. Ese medio sol amarillo que acabó encarnando el ocaso de las esperanzas de los biafreños de tener un país diferente.

Chimamanda Ngozi Adichie, nieta de personas que murieron en esa guerra y criada en una sociedad en la que pervive la sombra de aquella derrota, toma la palabra para mostrarnos las experiencias de aquellos que la vivieron, sus dilemas pequeños y enormes sobre sí mismos, su país y el conflicto armado. Porque ahí, en las historias de las personas corrientes, es donde se trasluce la verdadera dimensión de las tragedias.

A través de tres personajes de distintos estratos sociales y puntos de vista —Ugwu, el supersticioso pero inteligente sirviente de un profesor universitario; Olanna, una complaciente mujer de la clase burguesa, y Richard Churchill, un británico afincado en Nigeria para conocer y escribir sobre su cultura—, y de sus familiares, compañeros de trabajo y amigos, Chimamanda Ngozi Adichie articula un relato de aquellos años —antes y después de los años sesenta—, de sus contradicciones, de sus corruptelas y de sus masacres. La historia de un país contada desde dentro, para dar cuenta de su pasado y de su gente, y romper así con esa versión única etnocentrista que siempre da Europa sobre Nigeria en particular y África en general. Y es que Europa muestra las hambrunas para remover conciencias y promover solidaridades, pero se calla los porqués de estas, en las que sus estratagemas para dominar el territorio y expoliar sus materias primas tuvieron y tienen mucho que ver. Pero que nadie se equivoque: Medio sol amarillo no cae en el discurso vacuo de «hombre blanco malo», tan simplista como el anterior, sino que se trata de una novela profunda, llena de matices y sin complacencias, que da voz a aquellos que han estado siempre silenciados, aun a sabiendas de que no todo lo que digan los dejará en buen lugar.

Aquel país llamado Biafra, que solo existió tres años y que quedó arrasado por el conflicto bélico y una hambruna que Cruz Roja Internacional consideró la situación de emergencia más grave desde la Segunda Guerra Mundial, no puede ser desconocido u olvidado por millones de personas. Por eso, hay que leer Medio sol amarillo, donde la reveladora mirada de Chimamanda Ngozi Adichie nos muestra los verdaderos sentimientos de aquellos que se esperanzaron y decepcionaron en aquellos cruentos años. Los escritores africanos alzan sus voces, esas que nunca debieron perder, para contarnos su historia. Al resto solo nos queda sentarnos y leerlos, y disfrutar viendo como rompen en mil pedazos la simplista visión del mundo que durante siglos nos han inculcado.

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La hora violeta, de Sergio del Molino

La hora violeta

La hora violetaEl duelo, como el amor, es una historia de dos en la que nadie debería entrometerse. Después de que su padre se suicidara, David Vann escribió una novela pequeña, del tamaño de una isla, Sukkwan Island, en la que diseccionaba a modo de hipótesis, “qué hubiera pasado si”, su propia relación con su progenitor. El resultado era una historia oscura y tortuosa, lírica pero violenta, donde los cuerpos pesaban, y las frases, las palabras, el dolor se descomponía. No era una hermosa visión. Y, sin embargo, era literatura y era duelo.

Tras la muerte de su hijo, Wolfgang Hermann compuso su Despedida que no cesa, una bella y breve historia en la que con un lenguaje que rozaba lo poético, si no era poesía en sí, atravesaba las heridas y lograba recomponerse. Por su parte, Joan Didion tuvo que convivir con la muerte de su marido y de su hija en apenas un espacio temporal de dos años. Su pérdida dio paso a dos de sus libros más famosos, El año del pensamiento mágico y Noches azules, que discurrían entre el ensayo, el diario personal y la literatura.

A medio camino entre ambos, entre lo poético de Hermann y el ensayo de Didion, con toques a veces de memorias, casi crónica periodística como defecto de profesión, Sergio del Molino, autor también de La España vacía, cuenta en La hora violeta, título que por cierto hace referencia a un verso de T. S. Eliot, la muerte de su propio hijo Pablo.

Desde ahí, desde la herida, y solo se me ocurre ese lugar para leer su libro, al menos con el respeto que se merece, cuesta diseccionar su novela. Entrometerse en el dolor ajeno, en algo que está escrito con tanta honestidad, sufrimiento y ternura. Y es que, a lo largo de sus páginas, el escritor madrileño entona una prosa sosegada, como un murmullo, una carta íntima y privada en la que cualquier intromisión, más allá de la de su lectura, podría tornarse de más. O al menos, cuesta pararse a cuestionar su lenguaje, el ritmo, la voz narrativa o los recursos literarios que utiliza. Que los hay. Porque La hora violeta es, además de dolor, literatura.

Escrita bajo el influjo de cierto control, donde la emoción está pero no explota anárquica, la novela de Del Molino tiene la delicadeza propia de quien compone movido por el amor más profundo. De fondo, Pablo, su enfermedad, los hospitales, las mejoras y las recaídas, el personal sanitario, los procedimientos, los viajes, el inmenso desasosiego de unos padres que temen lo que podría venir después. Y todo ello distanciándose del lamento fácil, legítimo, con un lenguaje contenido y literario, a partir del cual el periodista investiga su propio dolor, le pone cerco, lo recompone.

No creo que haya respuesta para tanto, en realidad. Si, en palabras de Wolfgang Hermann, no puede ser, ni si quiera cabe en la mente. Lo que sí hay, probablemente, es necesidad. También hay belleza en La hora violeta porque hay literatura, porque de fondo subyace el infinito amor de un padre a un hijo. La escritura de Sergio del Molino invade las habitaciones de hospitales y recorre los recuerdos con absoluto mimo y elegancia. Su lectura te aprieta fuerte el alma. Encogida. Poco más se puede escribir al respecto. Salvo acompañarle en su pérdida.

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