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El peligro de la historia única, de Chimamanda Ngozi Adichie

el peligro de una historia única

el peligro de una historia única¿Se nota que me encanta Chimamanda Ngozi Adichie? Lo digo porque El peligro de la historia única es el quinto libro que voy a reseñar de ella en Libros y Literatura en poco más de un año. La descubrí con Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo, la carta que le dedicó a una amiga y que, más que un mapa del feminismo, es un mapa para la vida, con directrices de puro sentido común para educar a niños y niñas en el respeto hacia sí mismos y hacia los demás.

Quedé tan encantada con este primer acercamiento que quise conocer su vertiente novelista, y leí, una detrás de otra, las tres novelas que ha escrito hasta ahora: La flor púrpura, donde habla de la construcción de la libertad y de la identidad durante el paso de la adolescencia a la edad adulta; Medio sol amarillo, en la que retrata el efímero país de Biafra y el conflicto bélico que lo derrumbó y Americanah, una historia divertida y sin pelos en la lengua en la que cuenta el día a día de una inmigrante nigeriana en Estados Unidos. Y Chimamanda Ngozi Adichie me dejó sin palabras, porque cada novela me pareció aún mejor que la anterior. Qué maravilla de escritora. Así que, tras unos meses de barbecho, por fin me reencuentro con ella, esta vez leyéndola en su faceta divulgadora: la transcripción de su primera charla TED, El peligro de una historia única, recién publicada por Literatura Random House.

No me extenderé explicando de qué va esta charla, ya que es bastante corta y hacerlo sería contárosla entera. Y no pienso hacerlo, porque eso os quitaría el gusto de enteraros a través de las palabras siempre certeras y cercanas de esta autora. Me limitaré a deciros que Chimamanda Ngozi Adichie relata varias anécdotas personales para ejemplificar con total claridad el peligro de una historia única.

Quizá os preguntéis que es eso de una historia única. Pues es simplemente convertir una visión parcial, ya sea sobre una persona, un grupo social, un país o un episodio histórico, en la historia definitiva. Y Chimamanda Ngozi Adichie nos demuestra que vivimos contaminados de esas historias definitivas, que limitan nuestra percepción de la realidad, siempre reducida a estereotipos.

Junto a la transcripción de la charla TED, la presente edición de El peligro de la historia única incluye «Las historias de una idea», un artículo de Marina Garcés, la traductora, en el que reflexiona sobre el texto de la escritora nigeriana y nos anima a desviarnos de los lugares comunes de la cultura para propiciar otros encuentros. Un complemento perfecto, que hace que la lectura sea doblemente gratificante. Entre ambas partes apenas suman cincuenta páginas, pero os aseguro que pocas veces una libro tan breve os resultará tan intenso y revelador.

Así es la inspiradora Chimamanda Ngozi Adichie, una narradora excepcional que nos demuestra el peligro de ciertas historias y el poder inmenso de tantas otras. Si aún no la conocéis, no sé a qué estáis esperando. Una vez que Chimamanda os abra los ojos, ya no podréis cerrarlos de nuevo.

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Medio sol amarillo, de Chimamanda Ngozi Adichie

medio sol amarillo

medio sol amarillo¿Os suena Biafra? Yo no había oído hablar de ese lugar hasta hace una semana. No tenía ni idea de su independencia de Nigeria en los años sesenta ni que eso dio origen a una guerra de la que aún sus ciudadanos sufren las consecuencias. Pero gracias a Medio sol amarillo, de Chimamanda Ngozi Adichie, ya conozco parte de lo que ocurrió antes del conflicto bélico y muchas de las cosas que nunca deberían haber sucedido durante su transcurso.

No había mejor título para esta novela que el símbolo de la bandera de aquel efímero país, ese medio sol amarillo que auguraba un nuevo comienzo para los biafreños y su futuro glorioso, surgiendo entre esa franja roja que representaba la sangre de los asesinados en el norte del país; la franja negra, que recordaba el duelo por ellos y la verde, que presagiaba la prosperidad de Biafra. Ese medio sol amarillo que acabó encarnando el ocaso de las esperanzas de los biafreños de tener un país diferente.

Chimamanda Ngozi Adichie, nieta de personas que murieron en esa guerra y criada en una sociedad en la que pervive la sombra de aquella derrota, toma la palabra para mostrarnos las experiencias de aquellos que la vivieron, sus dilemas pequeños y enormes sobre sí mismos, su país y el conflicto armado. Porque ahí, en las historias de las personas corrientes, es donde se trasluce la verdadera dimensión de las tragedias.

A través de tres personajes de distintos estratos sociales y puntos de vista —Ugwu, el supersticioso pero inteligente sirviente de un profesor universitario; Olanna, una complaciente mujer de la clase burguesa, y Richard Churchill, un británico afincado en Nigeria para conocer y escribir sobre su cultura—, y de sus familiares, compañeros de trabajo y amigos, Chimamanda Ngozi Adichie articula un relato de aquellos años —antes y después de los años sesenta—, de sus contradicciones, de sus corruptelas y de sus masacres. La historia de un país contada desde dentro, para dar cuenta de su pasado y de su gente, y romper así con esa versión única etnocentrista que siempre da Europa sobre Nigeria en particular y África en general. Y es que Europa muestra las hambrunas para remover conciencias y promover solidaridades, pero se calla los porqués de estas, en las que sus estratagemas para dominar el territorio y expoliar sus materias primas tuvieron y tienen mucho que ver. Pero que nadie se equivoque: Medio sol amarillo no cae en el discurso vacuo de «hombre blanco malo», tan simplista como el anterior, sino que se trata de una novela profunda, llena de matices y sin complacencias, que da voz a aquellos que han estado siempre silenciados, aun a sabiendas de que no todo lo que digan los dejará en buen lugar.

Aquel país llamado Biafra, que solo existió tres años y que quedó arrasado por el conflicto bélico y una hambruna que Cruz Roja Internacional consideró la situación de emergencia más grave desde la Segunda Guerra Mundial, no puede ser desconocido u olvidado por millones de personas. Por eso, hay que leer Medio sol amarillo, donde la reveladora mirada de Chimamanda Ngozi Adichie nos muestra los verdaderos sentimientos de aquellos que se esperanzaron y decepcionaron en aquellos cruentos años. Los escritores africanos alzan sus voces, esas que nunca debieron perder, para contarnos su historia. Al resto solo nos queda sentarnos y leerlos, y disfrutar viendo como rompen en mil pedazos la simplista visión del mundo que durante siglos nos han inculcado.

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La flor púrpura, de Chimamanda Ngozi Adichie

La flor púrpura

La flor púrpuraHay personas tan inteligentes, directas y honestas que es irremediable sentarse a escucharlas cuando hablan. Y no para aprender de sus palabras, que también, sino porque nos hacen reflexionar, mirar a nuestro alrededor con nuevos ojos, teniendo en cuenta puntos de vista que antes ni siquiera sabíamos que existían, y sacar nuestras propias conclusiones.

Chimamanda Ngozi Adichie es una de esas personas. Yo la descubrí con Querida Iljeawele. Cómo educar en el feminismo, una lúcida carta que todos deberíamos leer en algún momento para tener claro qué es el feminismo y por qué hay que aspirar a él. Quedé tan fascinada con su elocuencia que, cuando vi que la editorial Literatura Random House publicaba el resto de sus obras en una edición limitada, me abalancé sobre ellas; concretamente, sobre sus tres novelas: La flor púrpura, Medio sol amarillo y Americanah. Ya conocía a la Chimamanda divulgadora, ahora quería descubrir a la Chimamanda novelista.

Pero empecemos por el principio, en esta reseña os hablaré de La flor púrpura, su primera novela, galardonada con el Commenwealth Writers’ Prize or Best First Book y con el Hurston/Wright Legacy Award, ni más ni menos. En este libro, Chimamanda Ngozi Adichie nos cuenta la historia de dos hermanos, Kambili y Jaja, hijos de Eugene, director del periódico que critica abiertamente la corrupción y represión del gobierno nigeriano, y benefactor de aquellos niños que no tienen medios para seguir estudiando. Reconocido de puertas para afuera por su gran labor política y social y por ser uno de los defensores más activos de los derechos humanos  en su país, dentro de su hogar tiene sometidos a su mujer y a sus hijos bajo una inflexible moral religiosa. Por eso, aunque Kambili y Jaja tienen una vida llena de privilegios económicos y buena reputación, su día a día es amargo. Pero no son conscientes de ello hasta que pasan una temporada con su tía Ifeoma y sus primos, una familia que se sobrepone a las carencias con amor, confianza, comprensión y risas.

Mediante la temerosa voz de Kambili, esta novela muestra los contrastes y conflictos internos tanto personales como de la sociedad en su conjunto, plasmando temas complejos, extrapolables a otros países y a otros tiempos: la represión (estatal y familiar) y el despertar de la adolescencia hacia la vida adulta a través de la construcción de la libertad y de la identidad propias. Y pese a las capas y capas de profundidad que subyacen, su lectura es sencilla; a veces dura, sí, pero llena de ternura. Eso se debe a la capacidad narrativa de Chimamanda Ngozi Adichie, que representa esas complicadas realidades a través de la cotidianidad de sus personajes, siempre bien perfilados y creíbles. Y con sus historias derriba nuestros prejuicios y llega a nuestro corazón sin necesidad de recursos maniqueos y sin pretensión alguna de aleccionarnos. Porque Chimamanda Ngozi Adichie abre el camino a la reflexión, pero no nos marca la senda.

Si la Chimamanda divulgadora habla, yo escucho. Si la Chimamanda novelista escribe, yo la leo. Porque tiene el poder de la palabra, con el que nos incomoda, nos emociona, nos despierta. Hacen falta más escritoras como ella en la literatura. Hacen falta más personas como ella en el mundo.

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Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie

Americanah

AmericanahEl racismo está superado, es cosa del pasado. Solo quedan algunos bocazas incultos por ahí, que aún no se han enterado de que todos pertenecemos a una única raza: la humana.

Ja.

Si crees eso, probablemente seas una persona blanca, para la que la cuestión de la raza nunca ha constituido una barrera. Pero pregúntale a un negro («un negro», sí, nada de eufemismos absurdos como «persona de color» o diminutivos humillantes) si alguna vez alguien ha juzgado sus actos en función del color de su piel, y ya verás la cantidad de anécdotas que le vienen a la cabeza. Y ni se te ocurra acusarlo de victimista porque se atreva a quejarse, ni mucho menos le des la vuelta a la tortilla diciéndole que, con esa actitud, es él el que demuestra ser un racista. Si estás en ese plan, ya estás tardando en leer Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie, a ver cuántas de esas convicciones siguen en pie tras la lectura.

Tres, tres libros seguidos llevo de Chimamanda Ngozi Adichie, y cuando creía que no me podía cautivar más, llega esta novela y se convierte en mi preferida. Con ironía y vehemencia, Americanah habla a las claras del incómodo tema del racismo y del proceso de adaptación (o de sometimiento) del inmigrante al país de acogida. Bueno, y también cuenta una bonita historia de amor, que no todo va a ser echarnos verdades a la cara.

En la década de los noventa, los universitarios Ifemelu y Obinze se enamoran. Pero ambos son conscientes de que esa Nigeria dominada por la dictadura militar no va a ofrecerles el futuro que esperan. Obinze se marcha a Inglaterra e Ifemelu a Estados Unidos, dispuestos a reunirse más adelante, pero sus vidas en esos nuevos países harán mella en ellos, cambiándolos y distanciándolos. Ifemelu rememora aquellos tiempos trece años después, cuando se dispone a regresar a su país y, quizá, a retomar el contacto con Obinze, su primer y gran amor.

A través de sus recuerdos, conocemos cómo ha sido su estancia en Estados Unidos, ese país que grita a los cuatro vientos que allí todo está bien y que todos son iguales. Pero Ifemelu ha comprobado que eso no es así, y ha dejado constancia de sus experiencias en un blog, Raza o Curiosas observaciones a cargo de una negra no estadounidense sobre el tema de la negritud en Estados Unidos. Y es que ella repara por primera en que es negra al llegar allí; había sido un rasgo al que nunca había prestado atención en su país, pero de repente condiciona todos los aspectos de su vida. Y, sin embargo, cuando vuelve a casa, la sociedad nigeriana le atribuye otra etiqueta: a partir de entonces es americanah, apelativo con el que sus compatriotas designan a aquellos que regresan de allá para marcar distancias. Para ellos, los retornados ya no son nigerianos, aunque nunca hayan llegado a ser americanos.

Americanah es una novela irreverente tremendamente adictiva, que te saca de tu zona de confort a base de disecciones perspicaces de los comportamientos culturales y sociales de unos y de otros. Los extractos del blog son reflexiones inteligentes que desmontan todos los clichés habidos y por haber en torno al denominado Tercer Mundo y la raza; las vivencias de los dos protagonistas, un retrato realista de los claroscuros de la inmigración, del camino hacia la madurez y de las relaciones interpersonales; y la historia de amor, el hilo conductor perfecto para unir todas esas partes que por sí solas ya merecen la lectura de esta novela.

Leer a Chimamanda Ngozi Adichie es necesario, ya lo he dicho más de una vez, pero leer Americanah es imprescindible. Un ejemplo de buena literatura, de esa que te sacude y te desmonta, para que cuando recompongas tus pedazos seas otra persona: más crítica, más empática… mejor.

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10 libros divertidos y feministas

Querida Ijeawele

¿Qué es eso de que el feminismo no tiene sentido del humor? Nada, nada, un mito. Y para demostrarlo hoy queremos ponernos reivindicativos y traeros libros sobre feminismo con los que os podéis echar unas risas. Sí, hemos escogido 10 libros con los que aprender sobre el feminismo al mismo tiempo que os secáis los lagrimones con un pañuelo de papel (no de los de tela, que hay que plancharlos). Recordad, quien dijo que las feministas no tienen sentido del humor no había leído ninguno de estos libros:

Querida IjeaweleQuerida Ijeawele. O cómo educar en el feminismo, de Chimamanda Ngozi Adichie, editado por Literatura Random House

Después del espectacular Todos deberíamos ser feministas, Chimamanda Ngozi Adichie vuelve con este libro en el que da 15 consejos prácticos y llenos de ternura para educar a las futuras generaciones. La igualdad es cosa de todos y en escasas 90 páginas la autora nos hace creer que un mundo más justo es posible. Es un detalle genial para regalar a cualquiera que se relacione con niños: madres, padres, abuelos, tías, docentes, pediatras… Os dejo aquí una cita para acabar de convenceros:  «En lugar de enseñarle a tu hija a agradar, enséñale a ser sincera. Y amable. Y valiente. Anímala a decir lo que piensa, a decir lo que opina en realidad, a decir la verdad. […] Dile que, si algo la incomoda, se queje, grite.»

El libro de actividades feministaEl libro de actividades feminista, de Gemma Correll, editado por Ediciones B

¿Qué es eso del test de Bechdel? ¿Quieres jugar al bingo de los trolls en las redes sociales? Seguimos con un libro para todos los públicos, sea cuál sea tu sexo, género, orientación, edad… Con este libro aprenderás qué es eso del feminismo y además te reirás mucho, ¡pero mucho! Como ves en el título, el de Gemma Correll es un libro de actividades que puedes colorear, como los cuadernos de verano, pero que además te cuenta qué es el patriarcado y por qué lo combatimos… ¡ah!, y te deja vestir a la muñeca recortable como te dé la gana.

Pequeña y Grande Ella FitzgeraldPequeña & Grande Ella Fitzgerald, de Bàrbara Alca y Mª Isabel Sánchez Vegara, editado por Alba editorial

Para los más pequeños de la casa no os podéis perder la colección de Alba Editorial “Pequeña & Grande”. Una colección de álbumes infantiles que repasa la biografía de mujeres como Audrey Hepburn, Frida Kalho, Agatha Christie o Coco Chanel. ¿Por qué seguir contándole cuentos en los que la vida de las protagonistas, más bien pánfilas, acaba con el beso del príncipe? ¡Si tenemos historias como la de Amelia Earhart o Marie Curie! ¿No son modelos más cercanos, interesantes y divertidos que la sosa de la Bella Durmiente? El último libro de la colección está dedicado a la cantante de jazz Ella Fitzgerald y tanto el texto como las ilustraciones son una delicia.

Los hombres me explican cosasLos hombres me explican cosas, de Rebecca Solnit, editado por Capitán Swing 

En verano del 2003 Rebecca Solnit fue con una amiga a una fiesta. Cuando estaban a punto de irse, el anfitrión les salió al paso y les dio conversación. Acabaron hablando de un libro muy importante que habían publicado aquel año y el anfitrión les peroró con los argumentos del libro como si él fuera su autor. Cada vez que una de ellas quería cortarle, él subía el tono y alargaba su discurso. Solnit era la autora del libro del que hablaba su anfitrión. A partir de esta anécdota se acuñó el término mansplaining que designa esas situaciones en las que un hombre le explica a una mujer en tono paternalista temas en los que realmente ella es la experta. Y en esta recopilación de artículos, Rebecca Solnit analiza no solo esa situación, también qué es en realidad la igualdad en el matrimonio o por qué se pone en duda el testimonio de las mujeres violadas. Y lo más importante, lo hace aportando datos y argumentos sólidos, con un tono distendido y en menos de 150 páginas.

Como ser mujerCómo ser mujer, de Caitlin Moran, editado por Anagrama

Este es uno de los libros más divertidos de los últimos años. Oír (porque casi la oyes) a Caitlin Moran hablar de la regla, el porno, la depilación, qué es eso de ser femenina o simplemente la evolución de los parques infantiles es desternillante. Moran te cuenta su adolescencia en un barrio marginal de un pueblecito inglés y sus primeros años en Londres y al mismo tiempo habla de temas cotidianos, en teoría nimios, pero que nos afectan profundamente. Y todo con gancho y toneladas (¡toneladas!) de humor, porque Moran demuestra que humor y feminismo nunca han estado reñidos. Así que, si quieres reírte a carcajada limpia y a la vez aprender una cosa o dos sobre el feminismo, este es tu libro.

 Los capullos no regalan floresLos capullos no regalan flores, de Moderna de pueblo, editado por Lumen

En esta selección no podía faltar un cómic. ¿Qué es eso de que las mujeres no son gamers o no leen o escriben cómics? Tan pasados estamos, ¿eh? Por supuesto que leemos Marvel, DC, Dargaud o Norma. Y también leemos a Moderna de Pueblo, Ana Oncina, Penelope Bagieu, Agustina Guerrero, Raquel Riba Rossy y muchas más. En esta selección hemos escogido a Moderna de Pueblo y su Los capullos no regalan flores, donde dinamita con humor el amor romántico y las relaciones tóxicas. ¡Alejémonos de los capullos! Si todavía no lo habéis leído, no esperéis más y regaláoslo.

Machismo 8 pasosMachismo: 8 pasos para quitártelo de encima, de Barbijaputa, editado por Roca editorial

La misma autora, Barbijaputa, lo dice: este es un “libro de autoputeo”, es decir, un libro para meterte el dedo en el ojo y que veas todas esas actitudes machistas que, aunque crees que no, tienes. Porque las tienes. Todos las tenemos. Desde criticar a esa compañera de la oficina porque mira lo maquillada que va (o lo poco maquillada que va…) hasta mirar por defecto al hombre cuando una pareja va a comprar algo y la persona que se ha dirigido a ti es la mujer. Así que sí, este es un libro dirigido a todas aquellas personas (y en especial a los hombres) que quieren desprenderse de esos “detallitos” machistas. Porque un poquito de autocrítica no va nada mal, y si es con humor, mejor.

SolteronaSolterona, de Kate Bolick, editado por Malpaso

“¡Niña, te vas a quedar para vestir santos!”, “¿Cómo que no quieres niños? ¡Ya verás cómo cambias de opinión!” “Mira que se te pasa el arroz y luego te arrepentirás…”. Es imposible no pensar en estas frases cuando lees el título del libro de Kate Bolick. Y precisamente por eso la autora lo ha elegido. En Solterona (spinster en el original), Bolick le hace un corte de mangas al patriarcado y a la idea de que una mujer necesita a un hombre y una familia tradicional para ser feliz y realizarse como persona. Habla de la libertad para escoger nuestro futuro, de la independencia femenina, vista siempre como algo peligroso, y de lo necesaria que sigue siendo la habitación propia de Virginia Woolf en el siglo XXI. En Solterona, Bolick nos obliga a hacernos una pregunta muy dura: ¿qué quieres tú de verdad, independientemente de lo que los demás quieren de ti? Ella se responde y crea, no sin esfuerzo, una vida a su medida. Y, al mismo tiempo, nos da un modelo de libertad femenina en el que apoyarnos cuando cumplimos los treinta, todo el mundo empieza con la cantinela y hasta tú dudas de tus propias decisiones.

 Mala feministaMala feminista, de Roxane Gay, editado por Capitán Swing

Roxane Gay, en broma, se define como “mala feminista” y destapa la caja de Pandora. ¿Qué es eso de mala feminista? ¿Puede haber malas feministas? ¡Claro! O al menos feministas imperfectas. Y esa idea es la que defiende Gay en la serie de artículos que conforman este libro: somos humanas, y por lo tanto, imperfectas, y también lo es nuestro feminismo. Gay se rebela contra los requisitos de perfección del movimiento y confiesa que no lo ha leído todo, que sale con tíos que son idiotas o directamente machistas y que ve Girls aunque le diría un par de cosas a Lena Dunham. Y también  mete el dedo en la llaga* recordándonos cosas como esta: “históricamente el feminismo se ha dedicado mucho más a mejorar la vida de las mujeres blancas heterosexuales en detrimento de las demás”. Una lectura muy recomendable si queréis salir del academicismo y aprender cuatro cosas sobre el llamado black feminism.

Teoria King KongTeoría King Kong, de Virginie Despentes, editado por Melusina

Al igual que Caitlin Moran en Cómo ser mujer, en este libro Virginie Despentes nos cuenta gran parte de su vida, desde la adolescencia hasta la treintena. Pero el libro de Despentes es mucho más punk, más duro, pero no está exento de humor. Sin tener un ápice de victimismo o autocompasión Despentes habla de violencia sexual, de prostitución o de las consecuencias de romper con el modelo heteronormativo de la femineidad. Habla desde la cólera pero con una lucidez devastadora. Este es el nivel pro del feminismo, el momento en el que empezamos a pelearnos entre nosotras (¿prostitución sí o no? ¿vientres de alquiler sí o no? ¿qué es exactamente el lenguaje inclusivo? ¿puede una feminista tener a otra mujer limpiando en su casa? ¿puede una feminista ser de derechas? ¡Ay, los roces…!). Leed a Despentes y comprenderéis que no hay un solo feminismo, sino muchos. Y, pese a que parezca que no, estamos todos en el mismo barco.

 

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Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo, de Chimamanda Ngozi Adichie

Querida Iljeawele cómo educar en el feminismo

Querida Iljeawele cómo educar en el feminismo—¿Tú eres feminista? —le pregunto.
Ella cambia el gesto y me contesta con rotundidad:
—No.
Yo sonrío, porque sé lo que me va a decir, y vuelvo a preguntar:
—¿Y eso por qué?
—Porque las mujeres tampoco son más que los hombres. Todos somos iguales.
—Entonces, tú no eres hembrista, pero sí feminista (o eso espero).
—¿Qué es eso de hembrista?
—Considerar que las mujeres son mejores que los hombres; igual que el machismo, pero a la inversa.
Me lo niega. Con la cabeza y con la palabra. «No, no, no… Eso es el feminismo, no me líes». Y me limito a decirle:
—Míralo en el diccionario.

Esto no es la primera vez que me pasa. Es asombroso que a estas alturas aún se desconozca el significado de la palabra y, sobre todo, que esté tan denostada que hasta las mujeres se apresuren a desmarcarse. Por eso, Querida Iljeawele. Cómo educar en el feminismo ha sido un soplo de aire fresco para mí. La próxima vez que tenga una conversación tan absurda como la anterior, ofreceré el libro de Chimamanda Ngozi Adichie, que lo explica mucho mejor que yo y con más conocimiento de causa.

Esta escritora nigeriana es conocida por sus charlas sobre el feminismo, quizá por eso una amiga que acababa de dar a luz le preguntó cómo educar a su hija para que fuera feminista. No era una explicación sencilla, ni criar a una feminista ni educar en sí lo es, pero Chimamanda Ngozi Adichie aceptó el encargo y le escribió una carta con quince sugerencias directas y prácticas, que derrochan sinceridad y cariño.

Chimamanda Ngozi Adichie huye de enfrentamientos y de polémicas para hacer oír su voz. Sus palabras calan porque son puro sentido común, aunque a veces este sea el menos común de los sentidos. Pone sobre la mesa ejemplos diarios de los errores que cometemos y que van construyendo poco a poco, y sin apenas darnos cuenta, la desigualdad entre hombres y mujeres: las frases hechas que inciden en la forma de ver la vida y aspiraciones de unos y otros, las diferencias de colores y juguetes, los roles de género sin ningún fundamento racional…

Rechaza los dogmas, pues considera que el feminismo depende del contexto y no de verdades absolutas. Tira abajo esas ideas que, pretendiendo ser feministas, pecan de hembristas (las mujeres no son moralmente mejores por el simple hecho de ser mujeres) o incluso de machistas (ser feminista y femenina no son características excluyentes). Y, en definitiva, traza lo que ella denomina mapa del feminismo, pero que a mí me parece un mapa para la vida. Directrices sensatas para educar en el respeto, hacia uno mismo y hacia los demás, hacia los orígenes y cultura propios y hacia los ajenos. Una tarea complicada de conseguir, visto cómo está el panorama, pero que siempre merecerá la pena intentar. Al fin y al cabo, solo busca un mundo más justo para hombres y mujeres. Con semejante recompensa, ¿quién no quiere ser feminista?

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Todos deberíamos ser feministas, de Chimamanda Ngozi Adichie

Todos deberíamos ser feministas

Todos deberíamos ser feministasA finales de 2015, el editor sueco de Chimamanda Ngozi Adichie, junto con varias asociaciones como el Sweden’s Women Lobby, decidió distribuir copias gratuitas de Todos deberíamos ser feministas a los adolescentes del país. La iniciativa saltó a las páginas del diario The Guardian y en cuestión de horas el libro estaba siendo comentado en medio mundo. El hecho suscitó, cómo no, muchas adhesiones y algunas críticas, pero en todo caso consiguió una difusión de esta obra como no hubiera podido conseguir la mejor campaña de promoción.
El texto en sí, para ser estrictos, no es un libro, o no se gestó como tal. Se trata de la adaptación de una charla TED que, con el mismo título, había hecho Chimamanda anteriormente. Está en YouTube, es perfectamente accesible de manera gratuita y no ocupa espacio ni coge polvo en casa. En ese sentido me ha parecido bastante acertada la manera de llevar a cabo la edición, al menos la española (desconozco el resto): un librito muy pequeño, un precio reducido (menos de cinco euros), un tratamiento del texto bastante limpio, sin grandes prólogos, epílogos, justificaciones ni análisis para engordar el volumen injustificadamente.
Puedo decir de entrada que me ha parecido que vale la pena tenerlo, ya no digo solamente leerlo.
Más allá del contundente título, Chimamanda esboza un “abc” del feminismo desde una perspectiva positiva. Esto es, lo define y lo defiende como algo que tiene entidad por sí mismo, y no mediante el enfrentamiento con lo que “no es” o con aquello que supuestamente odia. En sus propias palabras, Todos deberíamos ser feministas retrata la voz de una “feminista feliz africana que no odia a los hombres”.
Una vez establecida esa premisa, el contenido transita principalmente por caminos trillados, por conceptos básicos del feminismo, en su mayor parte a través de experiencias personales de la propia autora. Las diferencias en la educación, diferencias en el trato social y en la consideración dentro de la familia y otros fundamentos de la discriminación hacia las mujeres. Algo que se pone muy de manifiesto es cómo Chimamanda incide en que muchos de esos comportamientos son algo más exagerado en África de lo que pensamos o de lo que experimentamos en nuestra pequeña parte del mundo. Por lo demás, con una lectura superficial el libro puede dar la impresión de no contar nada nuevo.
Y sin embargo esa aparente simpleza no hace que pierda valor, al contrario. A veces es necesario volver a las raíces para aprender de nuevo lo más complicado. Resulta algo frecuente en todos los ámbitos: cuanto más se profundiza en el conocimiento, más se pierde de vista la perspectiva global y más lejos quedan los principios, con el riesgo de acabar perdiendo la base. Si algo consigue Todos deberíamos ser feministas es hacer que el lector recuerde cuatro o cinco elementos fundamentales, en casi todos los casos bastante obvios, pero también bastante descuidados incluso por aquellos que se interesan por el tema y que participan activamente de él. Por eso, este libro de Chimamanda Ngozi Adichie, o cualquiera que se le parezca, tendría que estar no solo en manos de cada adolescente sino en todas las casas.
Vale la pena tenerlo, repito. Habrá mejores textos introductorios al feminismo, más completos, supongo. Lo desconozco porque no he leído el resto. Pues bien, merece tener cerca alguno de ellos, este por ejemplo. Y pensar que hay que leerlo dentro de diez, de veinte y de treinta años. Si hoy, y entonces, no podemos decir que todos los comportamientos que se recogen en el libro están superados, habrá que seguir insistiendo.

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La flor púrpura, de Chimamanda Ngozi Adichie

La flor púrpura

La flor púrpuraLa personalidad y el comportamiento del ser humano están determinados por sus genes y por el ambiente en el que vive. Nature and nurture, naturaleza y crianza, o lo que es lo mismo, herencia y entorno. Nacemos con una herencia genética fija que nos predispone a ser tímidos, adictos a las drogas o propensos a sufrir una depresión. Este saco de genes regalado por nuestros padres interacciona con el entorno que nos ha tocado vivir, con los amigos que nos encontramos o nos encuentran, con el brillante profesor de matemáticas del instituto que descubre algo en ti que nadie más había visto, con la natación del jueves y con el ballet de los martes. Pero también y por encima de todo, nuestra estructura genética choca con sus donantes originales, con cómo son, cómo viven y cómo nos educan nuestros padres. Tras un tira y afloja de varios años entre estos dos grandes mecanismos reguladores, se genera un adulto más o menos inteligente, motivado, extrovertido, neurótico, atrevido, voluntarioso, optimista y empático (por mencionar solo algunos de los muchos aspectos que configuran la personalidad).

Los genes son bastante invariables (de momento, de momento), así que lo único que se puede controlar para generar un adulto sano es evitar que la influencia del ambiente sea muy negativa. La infancia debería ser una etapa sagrada ya que en ella se forman la gran mayoría de los esquemas mentales que nos van a permitir luego enfrentarnos con cierta soltura en un mundo complejo. La infamia es que en muchos casos no es así. Muchos adultos se encontrarán con que están más o menos incapacitados para tratar con lo que les rodea, precisamente por haber encajado en un mundo peligroso o terrible en su niñez.

La Flor Púrpura es un libro que nos habla del final de la infancia de dos hermanos, Kambili y Jaja, que viven en un ambiente muy particular creado, principalmente, por su padre. La atmósfera en la que viven se sale de lo corriente. A mí me ha recordado al mundo tan extraño en el que viven los hijos en la película Canino. En esta extraordinaria película de Yorgos Lanthimos, se podría decir que los padres han secuestrado a los hijos del mundo real, obligándolos a vivir dentro de casa sin que entre ni una pizca del mundo exterior en sus vidas. Este encierro induce en sus hijos una ingenuidad y una pureza no habituales en niños “corriente y molientes” (si es que existe tal cosa). Sin embargo, la consecuencia atroz de este experimento es que, si alguna vez fuesen más allá de los muros de su casa, estos niños, ya adultos, serían completamente incapaces de entender nada de lo que les rodea. Los personajes de Canino son ficticios, pero existen casos reales equiparables, como el descrito en el documental Wolfpack (2015) de Crystal Moselle, que cuenta cómo los hermanos Angulo pasaron encerrados catorce años en su casa porque su padre tenía miedo de que Nueva York los “contaminase”.

Kambili y Jaja, viven una situación singular, no tan extrema como la de los niños de Canino o los del documental Wolfpack, y desgraciadamente mucho más habitual. A otra escala, la educación restrictiva de Eugene, el padre de Kambili y Jaja, transporta a los niños a un espacio cuyas únicas referencias son las que el padre permite. El factor externo “educación” choca con la carga genética de Kambili y le produce miedo, confusión y silencia su voz, mientras que el mismo factor provoca en Jaja frustración, culpa y finalmente determinación. En la historia que cuenta La Flor Púrpura, el entorno es una bomba que determinará las personalidades de Kambili y Jaja para siempre, a no ser que algo lo impida. A no ser que se les exponga a otro mundo lleno de risas, de flores de otros colores, de comidas más baratas pero más sabrosas. A un mundo de relaciones flexibles y naturales en el que conviven con armonía la tradición y la modernidad, la rebeldía y la supervivencia. Un mundo como el de la Tía Ifeona, la hermana de su padre.

Hasta ahora no he dicho que La Flor Púrpura se desarrolla en Nigeria y que todos los personajes del libro, a excepción de algún sacerdote europeo, son africanos. Y no lo he hecho a propósito. Precisamente para no incidir en lo que Chimamanda Ngozi Adichie llama el “peligro de la historia única” en su lúcida charla TED. Si tenemos muy poca información sobre una persona, un país, un continente, lo poco que sabemos los define de manera exclusiva.“La historia única” nos limita, fomenta los estereotipos y transmite la sensación de que somos muy diferentes de aquello que no conocemos. “La historia única” es la que hace que muchos europeos y americanos hablemos de África como si fuese un país en vez de un continente; un país además pobre, enfermo, analfabeto y violento. Solo eso. Chimamanda Ngozi se queja y nos recuerda que sus habitantes también son ambiciosos en sus trabajos, quieren conocer a la pareja de su vida o se preocupan por la rebeldía de sus hijos en su adolescencia. Todos somos muy parecidos en lo esencial y “la historia única” fomenta las diferencias y la oposición del “yo” frente al “otro”. Chimamanda Ngozi propone luchar contra la generación de esquemas tan pobres, sumando historias que nos permitan ver con más claridad. Y la materia de la que está hecha La Flor Púrpura, su primera novela, se podía extrapolar a Francia, Canadá o China. Es verdad que el clima político que ella describe es inseguro y peligroso y, obviamente, esta realidad como parte del entorno que los moldea tiene un gran impacto en sus vidas.

Pero la vida está en muchas otras plazas. En la contradicción emocional en la que vive Kambili con respecto a su padre, que parece ser un héroe y un monstruo a la vez; en la lucha por la democracia y la libertad de los medios de comunicación en la que lidian Eugene y Ade Coker; en el papel de la religión, tanto la de los dioses Igbos con sus exóticos rituales como la de la religión católica mostrada a través del antagonismo de Eugene y del padre Amadi; incluso en las preparaciones de comidas dónde se pela, se trocea y se cuecen verduras, tubérculos, frutos y se mezclan, si se puede, con algo de carne (el okpa, las hojas de orah… palabras hermosas no traducidas, probablemente directas del Igbo).

Chimamanda Ngozi, con su prosa limpia y bien estructurada, lucha contra la historia única no solo mediante un cuento sobre Nigeria que se suma a lo que conocemos, sino que predica con el ejemplo y puebla su historia con personajes complejos y contradictorios, que percibimos que están hechos de lo mismo que nosotros. Después ha escrito obras mejores como Medio Sol Amarillo o Americanah, pero su primera novela contiene ya los ingredientes y el buen hacer que le hicieron recibir el premio “Commonwealth Writer´s” al “Best First Book”.

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Americanah

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Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie

AmericanahLas palabras invaden las naciones mucho más rápido que los ejércitos. Hemos aprendido a dominarlas así. Contamos una historia, siempre la misma, y la repetimos muchas veces. Después decimos que así son ellos y así es su país. A veces, las palabras son tan fuertes que hablamos de continentes enteros. África es la tierra de las misiones caritativas, la miseria, el hambre y las selvas con animales exóticos. De vez en cuando, añadimos una nota de color. Como la historia de aquel deportista que superó sus circunstancias, por otra parte terribles, como no podía ser de otra forma. Y eso, al final, es lo único que vemos.

Chimamanda Ngozi Adichie se refiere a ello como el peligro de una sola historia. Ella nació en Nigeria. El país, asociado últimamente al fundamentalismo islámico, es además la nación más poblada de África, la séptima del mundo, un lugar donde se hablan cientos de dialectos distintos. Chinua Achebe, uno de los escritores más importantes del continente, era de allí. Como de allí es también Nollywood, la segunda industria del cine más grande del mundo, por encima de la popular Bollywood. Son solo datos al azar. Para ver qué se esconde detrás de la historia que nos hemos contado tantas veces. Por supuesto que hay mucho más. Está, por ejemplo, esta Americanah terminada en h, como se refieren los nigerianos a sus compatriotas que regresan de pasar un tiempo en Estados Unidos. Sigue leyendo Americanah