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Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie

AmericanahLas palabras invaden las naciones mucho más rápido que los ejércitos. Hemos aprendido a dominarlas así. Contamos una historia, siempre la misma, y la repetimos muchas veces. Después decimos que así son ellos y así es su país. A veces, las palabras son tan fuertes que hablamos de continentes enteros. África es la tierra de las misiones caritativas, la miseria, el hambre y las selvas con animales exóticos. De vez en cuando, añadimos una nota de color. Como la historia de aquel deportista que superó sus circunstancias, por otra parte terribles, como no podía ser de otra forma. Y eso, al final, es lo único que vemos.

Chimamanda Ngozi Adichie se refiere a ello como el peligro de una sola historia. Ella nació en Nigeria. El país, asociado últimamente al fundamentalismo islámico, es además la nación más poblada de África, la séptima del mundo, un lugar donde se hablan cientos de dialectos distintos. Chinua Achebe, uno de los escritores más importantes del continente, era de allí. Como de allí es también Nollywood, la segunda industria del cine más grande del mundo, por encima de la popular Bollywood. Son solo datos al azar. Para ver qué se esconde detrás de la historia que nos hemos contado tantas veces. Por supuesto que hay mucho más. Está, por ejemplo, esta Americanah terminada en h, como se refieren los nigerianos a sus compatriotas que regresan de pasar un tiempo en Estados Unidos.

Lo que se oculta tras la novela de Ngozi Adichie es además la historia de amor entre dos jóvenes nigerianos, Ifemelu y Obinze, que deben separarse cuando ella consigue el visado para estudiar en Estados Unidos. Era el sueño de él pero así, a veces, funciona la vida. Y a partir de ahí, todo lo demás. Que no es poco. La historia después de la historia es una reflexión que va desde la Nigeria de los años noventa, en el contexto de una dictadura militar, hasta la vida en el extranjero.

Con una narrativa directa y crítica, cuya lectura funciona sola, siempre hacia adelante, Chimamanda Ngozi reflexiona sobre ello a través de las distintas voces y experiencias de sus dos protagonistas. Conceptos como la inmigración y la supervivencia son explorados por su autora entre sus páginas, que van mucho más allá hasta alcanzar las cosas más cotidianas, aparentemente inofensivas, como el pelo afro, el maquillaje, el acento, las palabras o la voz. Algo que está muy asentado, que forma parte de nuestro discurso de una manera natural, pero que denota a veces ignorancia, a veces prejuicios y otras simplemente desconsideración.

Con razón tiene Americanah una h atravesada en la garganta. Es ese sentimiento que se esconde debajo de la piel, que tiene que ver mucho con la identidad y la raza, con seguir siendo lo que uno es o con cómo te ven los demás. Profundamente inspiradora es esta novela un libro que emociona en más de un solo sentido, sin olvidarnos, por supuesto, de que esto era, al principio del todo, tan solo una historia de amor. Que te entristece, te alegra, te revuelve y te hace reflexionar a cada párrafo.

Una lectura indispensable para entender Nigeria o para comprender el mundo. También para hacerlo libre. Porque las palabras, o nosotros, a veces tenemos ese hermoso poder.

Que no se desperdicie.

Leámoslas, sin miedo.

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