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Un obús cayendo despedaza

Un obús cayendo despedaza

Un obús cayendo despedaza, de Andrés Ehrenhaus

Un obús cayendo despedazaY claro, despedaza. Un obús cayendo, digo. Y los cuentos de Andrés Ehrenhaus tienen un efecto similar en los ojos acostumbrados a la ortodoxia literaria porque su uso, llamémosle libre, del lenguaje sacude los cimientos del espíritu lector acomodado. No me resisto a reproducir el brillante texto de la contraportada: Pese al cuarto Evangelio y a varios metafísicos contumaces, todo indica que el mundo es anterior al lenguaje y que seguirá en ejercicio cuando se clausuren las gramáticas. Ocurre, sin embargo, que aquella infinitud era indescriptible y, por ello, muy tediosa. No venía a cuento. Pero no contemos victoria: las lenguas se gastan y el mundo tiende al tedio. Sólo un recio cañoneo verbal perfora el coñazo. De modo que el señor Ehrenhaus se siente obligado a emplear la artillería de acuerdo con la estrategia sin táctica del tango: «Uno busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias». Exacto.

Un obús cayendo despedaza es un libro de cuentos, de buenos cuentos, pero también es un sano ejercicio literario, un empeño en buscar giros, expresiones, neologismos y, en definitiva, de escribir en libertad que merece la pena ser leído. Y la merece gracias a que obliga al lector a un cierto esfuerzo inhabitual, el de acostumbrarse a un estilo en el que frecuentemente, al menos si no es argentino o está familiarizado con sus expresiones, le cuesta entender lo que está pasando. Habrá quien lo considere un hándicap, en cuyo caso éste no es su libro, pero para aquellos que gusten del esfuerzo disfrutarán de la recompensa y descubrirán que el resultado no sólo es gratificante sino terriblemente refrescante.

Las historias de Andrés Ehrenhaus son muy argentinas, aunque muchas están ambientadas en Barcelona, y están muy pegadas a la calle, tanto en el lenguaje como en el contenido. Pero conviene no olvidar que son artillería, como suelen serlo los buenos cuentos. Otras, como él mismo dice de las anécdotas de uno de los personajes de sus cuentos, son tan inverosímiles que sólo pueden ser verdad. Pero incluso las más inverosímiles mantienen ese vuelo rasante de lo popular, casi coloquial, sin perder calidad literaria.

Y luego están los neologismos, algo que sin duda tendrá su valor desde el punto de vista académico pero que como lector lo que supone es un juego, y si hay alguien que disfruta jugando es sin duda quien disfruta leyendo. Todo ello redunda en un resultado final francamente divertido, con sustancia, claro, pero muy divertido.

Un obús cayendo despedaza, no faltaba más, pero éste de Andrés Ehrenhaus debe ser el único cuya caída es un verdadero espectáculo y cuyo efecto despedazador no sólo no mata, sino que rejuvenece. Aunque sólo sea por disfrutar reuniendo los pedazos y reconstruyendo el puzle de sus propios usos lectores y lingüísticos de ordinario más ortodoxos. Aunque no les engaño, es probable que ya no terminen de coincidir del todo, porque algo siempre cambia.

 

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

 

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