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La chica del cumpleaños, de Haruki Murakami

La chica del cumpleaños

La chica del cumpleañosHace unas semanas acudí a una charla de Juan Cerezo, director editorial de Tusquets. Lógicamente, esperaba que en ella se hablara del éxito de Patria, de cómo se gestó, de cómo lo vivieron por dentro, de qué se hizo para estirar la cuerda hasta hoy, cuando aún sigue estando en las primeras posiciones de los más vendidos. Pero no puedo negar que yo fui ahí – aparte de como lector y amante de Patria, claro – como fiel seguidor de Murakami con la esperanza de sacarle algo sobre la próxima publicación murakamiana. No éramos muchos y él estuvo realmente cercano – si consideramos, además, que de todos los presentes solo un servidor había leído Patria -, con lo que vi el camino totalmente despejado para preguntarle por lo que realmente me interesaba. Me dijo que tenían pensado publicar la nueva novela de Murakami -que ya se está traduciendo – como bombazo del Día del Libro pero que, lógicamente, con el éxito de Patria no tenían tanta prisa e iban a esperar a después del verano para hacerlo. Lo que no me dijo en ningún momento fue que, de mientras, como se suele hacer en el mundo editorial, sacarían este La chica del cumpleaños – traducido, como siempre, por Lourdes Porta – para ir haciendo boca. Así que: sorpresa.

Primero de todo, quiero avisar, no es un texto nuevo, ya salió publicado en Sauce ciego, mujer dormida, pero eso sí, trae cosas nuevas y muy interesantes, como son las ilustraciones de Kat Menschik – que ya ilustró aquel bonito Asalto a las panaderías de Libros del Zorro Rojo, entre otros – o el texto final del propio Murakami hablando de su experiencia en día de cumpleaños.

Claro, como fan de Murakami, yo os diría que solo por ese texto – tan extraño como él sabe ser – ya vale la pena comprarlo, pero es que además el libro es muy bonito, huele muy bien, está cuidadosamente hecho, y decora la estantería como el que más. La historia, como siempre, es aparentemente sencilla: una chica que trabaja a tiempo parcial de camarera tiene que suplir a una compañera suya precisamente el día de su vigésimo cumpleaños. Pero claro, la cosa no quedará ahí. El restaurante lo regenta un hombre del que nadie sabe nada, a expensas del jefe de la chica, quien le lleva al dueño cada día a la misma hora su cena. El dueño vive encima del restaurante. Nada más se sabe. Pero ese día, el día de su cumpleaños, el jefe de la chica enferma, tiene que irse corriendo al hospital y entonces le toca a ella llevarle la cena al dueño del local. Ahí empieza todo.

Con la maestría cuentística de un Murakami que a mí a veces me parece que se desdobla o que es dos escritores diferentes por lo bien y diferente que hace sus cuentos y lo bien y diferente que hace sus novelas, La chica del cumpleaños es un libro ideal para regalar y regalarte. Porque tiene todo lo comprable por fuera y tiene todo lo comprable por dentro. Una historia de Murakami, una anécdota de Murakami, un libro de Murakami. Mientras esperamos la novedad. Si hay que hacer cosas en apariencia inútiles pero tan bonitas como esta, que se sigan haciendo. Porque no lo serán y porque para cosas inútiles y encima feas ya tenemos suficientes, ¿no? Unos centímetros más para ocupar la ya de por sí extensa línea horizontal de libros Murakami en nuestras estanterías.

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Videorreseña: La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera

Cuando me di cuenta de que este proyecto, el de crear un canal de YouTube, era real, una sola pregunta rondaba por mi mente: ¿qué libro será el que escoja para que se convierta en el primer libro videorreseñado del canal? No lo tuve que pensar demasiado, lo tuve claro al instante: mi mente se dirigió sin vacilación a La insoportable levedad del ser, una novela que se convirtió en una de mis favoritas desde el momento en que la empecé.

En este vídeo os cuento su argumento y, especialmente, los motivos por los cuales no puedo parar de recomendar esta obra. Para empezar el canal necesitaba un libro del que pudiera hablar sin tener que pensármelo dos veces, así que esta era mi mejor opción. Y todo ello porque simplemente marcó un antes y un después en mi vida como lectora. Será por su historia tan desgarradora, por ese amor atípico en el que la toxicidad es una vieja amiga, por el dolor de vivir una guerra, de los escenarios tan bien dibujados… será por las decenas de frases que se quedaron grabadas en mi mente. Será una mezcla de todo eso lo que hizo que yo haya decidido empezar este canal con este libro. Sí, será eso.

Así que sin más dilación, os invito a que me acompañéis en esta aventura y le echéis un vistazo a este nuevo proyecto que tenemos entre manos y que empieza así, con una de mis historias de amor preferidas.

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La hoguera de los inocentes, de Eugenio Fuentes

la hoguera de los inocentes

la hoguera de los inocentes«Linchamientos, cazas de brujas y ordalías», así reza el subtítulo de La hoguera de los inocentes, el ensayo de Eugenio Fuentes. Y yo, con solo esa frase, me sentí atraída. No sé por qué, me gusta leer sobre el lado oscuro de los seres humanos, cómo somos capaces de llegar hasta los extremos más insólitos de maldad y sinrazón para hacer daño a nuestros semejantes. Eso esperaba encontrar en esta obra: un repaso histórico de estas prácticas de coerción y tortura. Pero, para mi sorpresa, hallé mucho más.

Todos sabéis qué son los linchamientos y las cazas de brujas, pero pocos habréis oído la palabra ordalía. No es de extrañar, ya que es un término medieval. Se denominaba así a los procedimientos judiciales en los que el acusado tenía que demostrar su inocencia. Del estilo: te ato de pies y manos y te tiro al mar; si no viene Dios a salvarte y mueres ahogado es porque eres culpable. Nunca se cuestionaba la sentencia (supuestamente) divina, ni siquiera cuando las pruebas o la misma lógica la rebatían. Era aterrador.

Podemos pensar que esas atrocidades pasaron a la historia, pero en 2017, en Nicaragua, Vilma Trujillo fue quemada en la hoguera, para liberarla del demonio. Aunque sea un caso aislado, eso no quita que la ordalía sigue vigente —e incluso revitalizada— en la actualidad, porque los seres humanos todavía nos dejamos llevar por miedos y prejuicios cuando acusamos —y sentenciamos— a otros por lo que son y no por lo que hacen.

Eugenio Fuentes nos habla sobre cómo se ha ido transformando la ordalía a lo largo de los siglos y, de este modo, no solo vemos cómo ha cambiado el procedimiento jurídico, sino también el contexto social y religioso en que se produce. Con todos estos elementos, este ensayo ya me hubiera encantado, pero es que encima incluye otro de mis temas favoritos: la literatura. Y es que Eugenio Fuentes profundiza en la (ausencia de) ética de las ordalías a través de la estética de las obras literarias que la han representado. No podía ser de otra forma, ya que el autor admite que el germen de este ensayo fue la novela El proceso, de Kafka.

El repertorio de obras mencionadas es largo: Ivanhoe, de Walter Scott, para confirmarnos que la ordalía se percibía como algo normal en la época medieval; El hereje, de Miguel Delibes, Castellio contra Calvino, de Stefan Zweig, y Nathan el Sabio, de Gotthold Ephraim Lessing, para profundizar en las diversas formas de la ordalía religiosa; el terrorífico libro Malleus maleficarum, de Heinrich Kramer y Jakob Sprenger, que incentivó la caza de brujas, junto a La bruja, de Michelet, y Las brujas de Salem, de Arthur Miller, para analizar las consecuencias de estas persecuciones; Intruso en el polvo, de Willian Faulkner, Matar a un ruiseñor, de Harper Lee, Blues de la calle Beale, de James Baldwin y En busca de Bisco, de Erskine Caldwell, para ejemplificar los casos de ordalía racial; Huracán en Jamaica, de Richard Hughes, Expiación, de Ian McEwan y La calumnia, de Lillian Hellman, para mostrarnos como la presunción de veracidad a la infancia también es un tipo de ordalía; Historia de la columna infame, de Alessandro Manzoni y De los delitos y las penas, de Cesare Beccaria, para reflexionar sobre el sinsentido de la tortura como método de confesión; Las «aventuras» de Caleb Williams, de William Godwin y El lugar de un hombre, de Ramón J. Sender, para examinar la ordalía social; El Palacio de los Sueños, de Ismaíl Kadaré, para adentrarse en las ordalías totalitarias que dominaron el siglo XX; Vindicación de los derechos de la mujer, de Mary Wollstonecraft, La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne, El cuento de la criada, de Margaret Atwood y Billy Budd, marinero, de Herman Melville, para ver la persistencia histórica de la ordalía sexista; Una extraña confesión, de Antón Chéjov, El anochecer, de David Goodis, e Inocencia trágica, de Agatha Christie, para enfocar este fenómeno desde la perspectiva de la novela negra, de la que Eugenio Fuentes es especialista; Cinco esquinas, de Mario Vargas Llosa, y Areopagítica, de John Milton, para abrirnos los ojos a la ordalía virtual de la que somos testigos (o protagonistas) en las redes sociales; y concluye con El caso de Maurizius, de Jakob Wassermann, con la que retrata cómo el ordalizado siempre es destruido.

Todas estas obras le sirven para disertar sobre la ordalía de una manera accesible y amena. Pero no se conforma con eso y también hace crítica literaria, destacando los puntos fuertes o carencias de las tramas y personajes, lo que nos provoca unas ganas tremendas de leer las obras de las que nos habla, aunque alguna que otra vez se extralimite y nos cuente hasta el desenlace.

A mí me fascina indagar en el lado oscuro de los seres humanos a través de la literatura, pero estoy harta de verlo cada vez que enciendo la televisión o entro en las redes sociales. Ahora, la ordalía puede ejecutarla cualquiera contra cualquiera y no hace falta recurrir a una hoguera para destrozarle la vida a alguien. Como afirma Eugenio Fuentes, «una ordalía refleja a la víctima, pero también a la comunidad que la ejecuta o lo consiente». Así que deberíamos plantearnos qué clase de sociedad queremos ser. La hoguera de los inocentes es una lectura muy útil para ello, pues nos hace tomar conciencia de que esa aberración llamada ordalía no es cosa del pasado, desgraciadamente.

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Cómo llegamos a la final de Wembley, de J.L. Carr

Cómo llegamos a la final de Wembley

Cómo llegamos a la final de WembleyComienza esta novela con un pequeño hurto, o con un regalo. El del título. Porque el original en inglés destripaba la principal intriga del relato, pero, consciente o inconscientemente, su traducción no se parece en nada. Así que si quieren evitar la curiosidad de saber cómo le fue al Steeple Sinderby Wanderers en su temporada más memorable, no caigan en la tentación de mirar la página de créditos; yo no se lo voy a revelar, para que así puedan seguir leyendo esta reseña sin problemas.
Narrada a modo de informe por el secretario del club, el poco reconocido Joe Gidner, Cómo llegamos a la final de Wembley sigue la epopeya del imaginario Steeple Sinderby Wanderers durante su primera participación en la FA Cup, la competición copera por excelencia en el Reino Unido, una verdadera lucha por la supremacía futbolística de las Islas durante la década de los setenta. A diferencia de los equipos profesionales que va encontrando por el camino, el Wanderers no tiene un estadio permanente (juega en un prado), su vestuario es un vagón de tren abandonado y su entrenador, un húngaro director de colegio que no entiende nada de fútbol. Pero su plan es llegar lejos en el torneo, y para ello cualquier ayuda es buena, y así vemos desfilar por su once al párroco del pueblo, convertido en extremo, al lechero como guardameta y a un jugador estrella, ya retirado, al que el amor convence para regresar al campo. Por supuesto la novela va más allá de su desempeño en los terrenos de juego, y las desventuras personales del grupo de futbolistas amateur de este modesto club de las profundidades de Gran Bretaña conforman la verdadera esencia del relato.
En la mejor tradición del humor inglés, Cómo llegamos a la final de Wembley es una mirada ácida y acertada a un fútbol que ya no existe, a un país que quedó atrás y a una sociedad olvidada (la rural), en la que, cómo no, podemos reconocer la crítica a todo lo que ha llegado para sustituir esas tres cosas. En cada giro cómico es sencillo identificar un dardo que unas veces se dirige contra las consecuencias de la reconversión industrial, otras contra la prepotencia de la gran ciudad y en la mayoría da en la diana de lo peor del carácter británico, cotilla y aparente como pocos.
J.L. Carr, en la traducción que nos trae Tusquets, completa una historia dulce, muy llevadera, casi de literatura juvenil. No se complica demasiado con el lenguaje ni tiene grandes descripciones del juego, como, por ejemplo, sí que hacía Sergio Rodrigues en El regate. Esto convierte Cómo llegamos a la final de Wembley en plato de buen gusto para los nostálgicos de los campos de barro y los tacos de aluminio, o para los amantes de las gestas tipo David contra Goliat. Aporta unas cuantas claves poco reveladoras sobre cómo era el juego hace medio siglo, muchos toques costumbristas y alguna que otra sorpresa. Una vez empezada, me atrevo a decir que es imposible de dejar, y se termina en un suspiro (pasa por poco de las doscientas páginas). Así que, aunque no me haya parecido un gran clásico de la literatura deportiva, creo que ha sabido conservar con el tiempo su extravagante e hilarante esencia, y el rescate de Tusquets en año de Copa del Mundo hace que merezca la pena darle una oportunidad entre nuestras lecturas.

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18 libros para leer en 2018

el legado de los espias

Hace pocas horas que despedíamos un 2017 cargado de buenas lecturas. Es tiempo de hacer balance, mirar los últimos doce meses y disfrutar de todo lo bueno leído. Pero también toca mirar al futuro, y las editoriales ya están anunciando sus mejores libros para 2018. El Libros y Literatura hemos hecho una selección de los mejores libros para leer en 2018, o al menos en sus primeros meses de vida.

Grandes autores (Le Carré, Ellroy…) y escritores multipremiados (Atwood, Padura, Ford…); escritores de ayer (Leopardi) y de hoy (Mairal, Knox…); gente de aquí (Somoza, Millás…) y del otro lado del charco (King, Hustvedt…); grandes grupos editoriales y editoriales independientes. Una lista variada que esperemos se amolde a todos los gustos de nuestros lectores.

Aquí empieza nuestra lista de 18 libros para leer en 2018. ¡Disfrutad de ella!

el legado de los espias1. El legado de los espías, de John Le Carré (Planeta. 9 enero)
Peter Guillam, leal colega y discípulo de George Smiley en los servicios secretos británicos –conocidos como El Circo–, disfruta de su jubilación en la finca familiar de la costa meridional de Bretaña, cuando una carta de su antigua organización lo insta a regresar a Londres. ¿El motivo? Su pasado en la Guerra Fría lo reclama. Unas operaciones de inteligencia que habían sido el orgullo del Londres secreto y habían implicado a personajes como Alec Leamas, Jim Prideaux, George Smiley o el propio Peter Guillam están a punto de ser investigadas con criterios perturbadores, por una generación sin memoria de la Guerra Fría ni paciencia para atender a sus justificaciones. Entretejiendo pasado y presente para que ambos cuenten su tensa historia, John le Carré ha urdido una única trama tan ingeniosa y apasionante como la de las dos predecesoras sobre las que se ha basado: El espía que surgió del frío y El topo. El pasado ha venido a cobrarse sus deudas.

Mis rincones oscuros2. Mis rincones oscuros, de James Ellroy (Literatura Random House. 11 enero)
En junio de 1958, James Ellroy tenía diez años cuando recibió la terrible noticia del asesinato de su madre. El cadáver de Geneva Hilliker fue hallado cubierto de hiedra en una cuneta de las afueras de Los Ángeles, estrangulado con una cuerda y unas medias de nylon y con signos evidentes de violación. El caso no se resolvió, pero la brutal muerte marcó para siempre la vida del autor y fue el germen de toda su obra. En 1994, después de publicar el último volumen del «Cuarteto de los Ángeles», Ellroy decidió descubrir la verdad sobre el crimen. Para ello contrató los servicios de un veterano y experimentado «detective» llamado Bill Stoner. A medida que ambos avanzaban en este caso enterrado desde hacía treinta años, Ellroy descubría el misterio que en realidad fue su madre, cuáles fueron sus aspiraciones y por qué decidió salir de un pequeño pueblo de Wisconsin para empezar una nueva vida en Los Ángeles. Mis rincones oscuros relata esta investigación, en una mezcla de crónica negra y memorias confesionales, y se convierte en un libro fascinante que proporciona las claves autobiográficas de sus novelas y, a su vez, en la introducción perfecta a la perturbadora obra de este autor imprescindible de la novela del siglo XX.

La semilla de la bruja3. La semilla de la bruja, de Margaret Atwood (Lumen. 11 enero)
Es un lunes cualquiera de enero de 2013 y Felix pasa el control de seguridad para acceder al centro correccional de Fletcher. Los guardias lo miran con simpatía y benevolencia; para ellos este hombre solo es el señor Duke, un cincuentón que en sus ratos libres se dedica a organizar funciones de teatro con los reclusos. El autor elegido siempre es Shakespeare, y este año el profesor les propone La tempestad. Felix accede sin problemas al recinto de la cárcel, llevando consigo algo muy peligroso pero imposible de detectar a través de un escáner: son las palabras, aún vivas, robustas, sonoras, de una obra donde la venganza viaja a través del tiempo y se instala en el presente. De a poco, ensayo tras ensayo, los chicos de Fletcher, que quizá nunca antes habían oído hablar de Shakespeare, convierten la obra en algo muy personal. Ahí se encuentran con sus fantasmas y con algo de sí mismos que no sabían, pero hay más: Felix, ese profesor terco y a veces aburrido, el día del estreno de la obra también podrá vengarse de quien le arruinó en el pasado.

La transparencia del tiempo4. La transparencia del tiempo, de Leonardo Padura (Tusquets. 16 enero)
A un Mario Conde a punto de cumplir sesenta años, y que se siente más en crisis y más escéptico que de costumbre con su país, le llega de manera inesperada un encargo de un antiguo amigo del instituto, Bobby, que le pide ayuda para recuperar la estatua de una virgen negra que le han robado. Conde descubre que esa pieza es mucho más valiosa de lo que le han dicho, y su amigo tiene que confesarle que proviene de su abuelo español, que, huyendo de la Guerra Civil, la trajo de una ermita del Pirineo catalán. En los bajos fondos de La Habana, Conde da con un sospechoso al que acaban matando. Con el asesinato de otro cómplice, Conde descubre una inesperada trama de galeristas y coleccionistas extranjeros interesados en la talla medieval, y se tropieza inevitablemente con la policía de homicidios de La Habana. Pero, en capítulos intercalados, La transparencia del tiempo también cuenta la epopeya a lo largo de los siglos de la estatua, una virgen negra traída de la última cruzada a una ermita del Pirineo por un tal Antoni Barral, y será otro Antoni Barral quien la salve y se vea obligado a embarcar como polizón rumbo a La Habana.

Recuerdos del primer amor5. Recuerdos del primer amor, de Giacomo Leopardi (Acantilado. 17 enero)
«Heme aquí, pues, enamorado a los diecinueve años […] Pero como necesito dar algún consuelo a mi corazón […] escribo estas líneas para explorar las profundidades del amor y poder recordar con la mayor exactitud cómo irrumpió en mi corazón esta pasión soberana». En diciembre de 1817 Leopardi conoció a Geltrude Cassi Lazzari, prima de su padre, por quien profesó un amor secreto. Ese mismo día empezó la redacción de los dos textos recogidos en este volumen: «Recuerdos del primer amor», publicado por primera vez en 1906, y la «Elegía primera», incluida poco después en los Cantos con el título de «El primer amor». Tanto el diario como el poema del joven Leopardi constituyen dos de los textos más emblemáticos del Romanticismo no sólo por su belleza sino también por su singularísima sensibilidad.

Muerte con pingüino6. Muerte con pingüino, de Andrei Kurkov (Blackie Books. 17 enero)
Viktor es un escritor arruinado: está sin blanca, lo ha dejado su novia, tiene frío. Imaginen si se siente solo que decide adoptar a un pingüino. No sabe que este nuevo compañero de piso, Misha, también está deprimido: suelta suspiros melancólicos cuando chapotea en la bañera de agua helada y se encierra en la habitación como un adolescente. Ahora Viktor no solo está triste, sino que debe consolar a su amigo. Y además alimentarlo. Todo se complica cuando un gran periódico le encarga escribir esquelas de personajes públicos que aún están vivos. Parece una tarea fácil. Pero no lo es: los protagonistas de sus necrológicas empiezan a fallecer en extrañas circunstancias poco después de que escriba sobre ellos. Misha y Viktor se ven atrapados en una trama absurda y violenta. Una novela oscura y luminosa, con humor blanco y negro. Como la vida. Como un pingüino.

La herida7. La herida, de Jorge Fernández Díaz (Destino. 18 enero)
Una monja desaparece dejando un enigmático mensaje, y un colaborador del papa Francisco les encarga a dos agentes de Inteligencia buscarla por cielo y tierra. En paralelo, una operadora política despedida por el gobierno argentino es contratada por el gobernador de un feudo de la Patagonia para mejorar su imagen y evitarle una catástrofe electoral. Con la ayuda de Remil ―un perturbador personaje que trabaja desde las sombras―, ella se vale de todo: espionaje político, compra y amenaza de jueces. Hasta que juntos se topan con un crimen de Estado y una siniestra organización. La herida es un thriller político dentro de una gran novela policial cruzada por cuatro misteriosas historias de amor, que empieza en el Vaticano y viaja a la Patagonia, que se devora con suspenso y que retrata el lado oscuro del poder. Una combinación que solo la pericia del escritor y periodista Jorge Fernández Díaz es capaz de llevar adelante con el pulso y el rigor de una investigación y con un demoledor ritmo cinematográfico.

el origen del mal8. El origen del mal, de José Carlos Somoza (Ediciones B. 18 enero)
«ESTOY MUERTO.» Así comienza el misterioso manuscrito que un conocido escritor recibe de manos de un amigo librero. Son más de doscientas páginas, escritas a máquina y fechadas en 1957. El encargo es muy preciso: debe leerlo en menos de 24 horas. Intrigado, el novelista comienza a leer y se encuentra con una historia de secretos y traiciones contada por Ángel Carvajal, un militar español de la Falange que actuó como espía en el Norte de África. El texto, además, contiene diversas frases que alguien ha subrayado cuidadosamente. Pronto comprenderá por qué era tan urgente que el manuscrito llegara precisamente a sus manos… ¿Puede haber un mensaje oculto relacionado con el tiempo presente? ¿Qué relación existe entre el manuscrito, el librero y el lector? ¿Se puede reescribir la historia?

Entre ellos9. Entre ellos, de Richard Ford (Anagrama. 18 enero)
El libro se compone de dos textos escritos con treinta y cinco años de diferencia. El segundo, dedicado a su madre, ya se había publicado en 1986 de forma autónoma. El primero, centrado en la figura de su padre, es reciente y rigurosamente inédito. ¿Qué historias se nos relatan en este volumen? Las de dos jóvenes de Arkansas, en el corazón de la América profunda: Parker y Edna, que se casan en 1928 y tienen un hijo –el autor– en 1944. La historia de un hombre de carácter bondadoso que se gana la vida como viajante de comercio, pasa mucho tiempo en la carretera, fuera de casa, y muere de un ataque al corazón cuando Ford tiene solo dieciséis años. La historia de una chica con un pasado complicado y un secreto, que quedó viuda a los cuarenta y tuvo que mantener a su hijo… Dos textos bellísimos que evocan la infancia del escritor y las vidas de sus padres, unas vidas que podrían haber sido pasto del olvido como tantas otras, pero que la fuerza de la literatura rescata y convierte en piezas esenciales del universo literario de Richard Ford.

Cuadernos de Kabul10. Cuadernos de Kabul, de Ramon Lobo (Península. 23 enero)
Cuadernos de Kabul nos sumerge en la otra cara de la guerra, la de las pequeñas o grandes historias de las verdaderas víctimas del conflicto: aquellos que casi nunca tienen derecho a protagonizar su propia noticia. Ramón Lobo nos recuerda la lucha anónima de los civiles, el peso de la vida en la retaguardia, el dolor de las personas que tratan de vivir un día más en medio de un enfrentamiento bélico. No como explicación de lo que allí sucede, sino como muestra de una realidad repleta de colores, olores y sabores, de gentes sin derecho a un nombre y a una voz.

Memorial device11. Memorial Device, de David Keenan (Sexto piso. Enero)
Articulada a partir de una alucinógena serie de entrevistas a antiguos miembros de la escena postpunk de la pequeña y desolada localidad escocesa de Airdrie, Memorial Device pretende reconstruir, a partir de los testimonios más delirantes, la corta historia de los legendarios Memorial Device, considerados la mejor banda salida de la ciudad, una banda visionaria, rematadamente underground y maldita, un fulgurante meteoro hacia la nada que parece quintaesenciar a todos los grupos oscuros, abismados y malogrados de aquella época convulsa y febril, empezando por Joy Division. Con esta ficticia indagación documental sobre un grupo igualmente ficticio –que sirve a su vez para presentarnos una heterogénea y extravagante galería de personajes y cartografiar la peculiarísima escena artística y musical del lugar, llena de estrambóticas bandas que hacen de la anormalidad su razón de ser– David Keenan ha escrito una especie de carta de amor deforme y malsano, pero sincero; ha pergeñado un retrato intenso, poético, onírico y conmovedor –y también entrañablemente grotesco– del movimiento postpunk, el movimiento musical más importante desde la psicodelia de los sesenta, como afirmaba el crítico Simon Reynolds. La obra es un homenaje, en última instancia, a la urgencia, la pasión y los sueños de juventud como motores vitales, y a la eterna lucha de cada generación por encontrar su lugar en el mundo; un brindis blasfemo por toda esa recua de adolescentes desorientados cabalgando los caballos desbocados de la música. MEMORIAL DEVICE, la primera y celebrada novela de David Keenan, es un libro visceral, hilarante, profundo y trágico, que capta magníficamente la locura, el sinsentido y las dificultades sociales de esa década mítica que fueron los años ochenta.

Manual de linternas12. Manual de linternas: Incursiones, excursiones y reflexiones científicas, de Marta Magariños (Editora) (Libros y Literatura. Enero)
El objetivo de este Manual de linternas es promover la divulgación científica a través de los libros. La lectura ofrece varias ventajas diferenciales que la hacen particularmente interesante; quizá, la más significativa es que permite la reflexión. La literatura surge de un yo y cuenta con la palabra para conectar con las inquietudes, los aprendizajes y las emociones de otro yo. Es un proceso introspectivo y solitario que, además, permite hacer un paréntesis temporal en el caudal de llegada, dando cabida a la gestación de nuevo conocimiento, a veces, profundamente original. Como dice Antonio Osuna, uno de los autores de este manual, «hay libros que se pueden leer de seguido, pero hay algunos en los que, de vez en cuando, se debe apartar la mirada y dejar que lo que se acaba de leer se asiente».
Manual de linternas pone el foco en libros elegidos libremente por los autores de las reseñas. Hemos tratado de organizarlos en categorías, aunque de una forma un tanto imprecisa, ya que muchos de ellos podrían estar en varias de ellas. Cada categoría se introduce con inspiradoras ilustraciones de María Lamprech, nuestra ilustradora. La mayoría son libros de divulgación científica en el sentido estricto, pero no todos lo son. Algunos tienen más condición de ensayo, otros son memorias o ficción, e incluso hay un cómic. Sin embargo, todos comparten la premisa de transmitir con entusiasmo el conocimiento científico. De modo que este manual no pretende ser en ningún momento una selección de los libros más relevantes de cada campo, pero sí servir como linternas que iluminen nuestras ganas de saber qué hay en la oscuridad de lo desconocido. Esas linternas son cincuenta y un libros con vocación de transmitir y satisfacer el interés por la divulgación científica. Si se quedan con hambre, hemos incluido un listado de libros recomendados por los autores, que deseamos que les resulte de ayuda.

Sirenas13. Sirenas, de Joseph Knox (Reservoir books. 1 febrero)
En los bajos fondos de Manchester, todo tiene un precio. Cuando el detective de policía Aidan Waits es reclutado por una misteriosa rama policial que cumple órdenes de un todopoderoso y millonario miembro del Parlamento británico, sabe que a él también le han puesto precio. La misión es encontrar a Isabelle, la hija del magnate, y para ello tendrá que adentrarse en el oscuro mundo de la noche, donde el dinero y las drogas circulan por clubs sin ley y las jóvenes son tratadas como mercancía. ¿Será capaz de salvar a la chica sin caer en el desenfreno y la corrupción de este nocturno canto de sirena? Joseph Knox es la gran revelación de la novela negra británica y ha sido comparado con Ian Rankin, James Ellroy o Raymond Chandler. Como buen librero, se ha nutrido durante años de los grandes maestros del gé- nero, siendo el responsable de compras de novela negra en Waterstones. Sirenas es su thriller de debut, con el que inicia la saga del detective Aidan Waits. Knox retoma el crime más clásico y hardboiled, en el que hace un guiño a los lectores más alternativos y de culto: cada una de las partes de la novela evoca versos de Joy Division.

Bellas durmientes14. Bellas durmientes, de Stephen & Owen King (Plaza & Janés. 1 febrero)
En esta espectacular colaboración entre padre e hijo, Stephen King y Owen King nos ofrecen la historia más arriesgada de cuantas han contado hasta ahora: ¿qué pasaría si las mujeres abandonaran este mundo? En un futuro tan real y cercano que podría ser hoy, cuando las mujeres se duermen, brota de su cuerpo una especie de capullo que las aísla del exterior. Si las despiertan, las molestan o tocan el capullo que las envuelve, reaccionan con una violencia extrema. Y durante el sueño se evaden a otro mundo. Los hombres, por su parte, quedan abandonados a sus instintos primarios. La misteriosa Evie, sin embargo, es inmune a esta bendición o castigo del trastorno del sueño. ¿Se trata de una anomalía médica que hay que estudiar? O ¿es un demonio al que hay que liquidar?

Los ojos vendados15. Los ojos vendados, de Siri Hustvedt (Seix Barral. 13 febrero)
Iris Vegan, una estudiante de literatura de la Universidad de Columbia, relata sus inquietantes encuentros con personajes neoyorquinos que el azar y la coincidencia han puesto en su camino. La relación de estos singulares momentos, en los que las fuerzas oscuras pueden cambiar el curso de una vida, permite al lector abordar esta obra como la suma de cuatro episodios independientes pero complementarios a la vez.

Cuando sale la reclusa16. Cuando sale la reclusa, de Fred Vargas (Siruela. 14 febrero)
El comisario Jean-Baptiste Adamsberg, tras unas merecidas vacaciones en Islandia, se interesa de inmediato a su regreso a Francia por la muerte de tres ancianos a causa de las picaduras de una Loxosceles rufescens, más conocida como la reclusa: una araña esquiva y venenosa, pero en ningún caso letal. Adamsberg, que parece ser el único intrigado por el extraño suceso, comienza a investigar a espaldas de su equipo, enredándose inadvertidamente en una delicada y compleja trama, llena de elaborados equívocos y profundas conexiones, cuyos hilos se remontan a la Edad Media. Un caso elusivo y contradictorio que se escapa a cada momento de las manos del comisario, haciéndole regresar a la casilla de salida. Solo sus intuiciones, tan preclaras como dolorosas, serán capaces de devolverle la confianza que necesita para salir ileso de la red tendida por la más perfecta tejedora… Cuando sale la reclusa es sin duda la obra más ambiciosa de Fred Vargas, la reina indiscutible de la novela negra europea. En ella se entrecruzan con maestría todos los temas que han convertido la publicación de cada una de sus novelas en un auténtico acontecimiento literario, tanto para la crítica como para los lectores: el medievo, la arqueología, los mitos, el mundo de los animales y, por supuesto, la descripción detallada y poderosa de los oscuros laberintos del alma humana.

Que nadie duerma17. Que nadie duerma, de Juan José Millás (Alfaguara. 15 febrero)
El día en que Lucía pierde su empleo como programadora informática, su vida da un giro definitivo. Como si de un algoritmo se tratara, establece los siguientes principios en los que se basará su existencia futura: será taxista, recorrerá las calles de su ciudad, Madrid, mientras espera la ocasión de volver a encontrarse con el hombre del que se ha enamorado, y todos los momentos importantes tendrán como banda sonora el «Nessum dorma» de Turandot, ópera de la que se siente protagonista. Lo cotidiano y lo extraordinario se entremezclan en esta novela que tiene todas las claves del universo narrativo de Juan José Millás: la ironía, las distintas facetas de la realidad, el desdoblamiento del yo, la soledad y la constatación de una verdad inmutable: el espejo en el que miramos nuestras vidas nos devuelve siempre una perspectiva insólita ante la que solo cabe el más puro de los asombros.

Una noche con Sabrina Love18. Una noche con Sabrina Love, de Pedro Mairal (Libros del Asteroide. 26 marzo)
Todas las noches en Curuguazú, un pueblo de la provincia de Entre Ríos, Daniel Montero celebra un rito: mirar el programa televisivo de Sabrina Love, la porno star más popular del momento. Por eso, cuando gana el sorteo para pasar una noche con ella, siente que ha tocado el cielo con las manos. Sabrina lo espera en un hotel de Buenos Aires. A los diecisiete años, Daniel emprende un viaje que, además de la gran ciudad, le descubrirá mucho más de lo que había imaginado. Una noche con Sabrina Love ganó el premio Clarín en 1998, otorgado por un jurado que integraban Adolfo Bioy Casares, Augusto Roa Bastos y Guillermo Cabrera Infante. Esta vertiginosa novela de iniciación marcó el brillante debut de Pedro Mairal en la escena literaria.

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La princesa y la muerte, de Gonzalo Hidalgo Bayal

La princesa y la muerte

La princesa y la muerteSi os soy sincera, el primer motivo que tuve para leer este libro fue su autor. Cuando leí que Gonzalo Hidalgo Bayal es de Cáceres como yo, me gustó mucho la casualidad. Bueno, él es nacido en Higuera de Albalat y vive en Plasencia, donde ha sido profesor de literatura durante muchos años, pero sigue siendo de la tierra. Y como a los paisanos, compañeros en la escritura, hay que conocerlos y apoyarlos, aquí estoy.

Gonzalo Hidalgo Bayal tiene varias novelas publicadas (Paradoja del interventor o El espíritu áspero) y ha recibido varios premios (Qwerty o Tigre Juan). Yo no tenía el placer de haber leído nada suyo, pero nunca es tarde, ¿verdad?

Otro motivo para leer La princesa y la muerte fue el epílogo que aparece en el libro, que leí antes de comenzarlo. En él, Gonzalo nos cuenta que desde el año 1992, pasaba sus vacaciones en una casa en una playa del sur. Fue allí donde empezó a dar sus paseos con una niña, que entonces era muy pequeña, y en los que juntos recitaban cuentos e historias que ambos se sabían de memoria. Hasta que en 1997, agotados ya casi todos los cuentos y discusiones, a Gonzalo se le ocurrió la idea de improvisar una historia. Desde entonces, las historias que le contara a la niña serían invenciones suyas. Ella, daría o no su aprobación. Si la respuesta era sí, Gonzalo escribía esa misma tarde la historia en papel. ¿No os parece una historia maravillosa para un libro? Qué suerte tuvo esa niña con un hombre como Gonzalo a su lado.

Así pues, La princesa y la muerte se originó en aquellos paseos. El libro consta de 21 fábulas. Como indica el autor en el epílogo, ha decidido llamar a estas historias fábulas aplicando el esquema de clasificación narrativa que propone Rafael Sánchez Ferlosio. Para que sea una fábula, uno de los rasgos principales es que el protagonista de la fábula sea “el universal”. La prueba está en que siempre lleva el artículo delante: el rey, el príncipe, la princesa, el mendigo, etc. Es decir, es un personaje conocido para todo lector.

En las fábulas de este libro siempre están la princesa y la muerte como protagonistas, y en torno a ellas aparecen otros personajes: el caballero, el juglar, el mercader, el leñador, el rey, el príncipe o el dragón.

Como bien podemos leer en la portada, que por cierto, tiene una ilustración preciosa de Lucas Baró, La princesa y la muerte es “un libro de relatos encadenados para lectores de 8 a 88 años”. Y sí, este es un libro para todos los públicos porque contiene historias llenas de imaginación, un montón de aventuras y mucha fantasía. ¿A quién no podrían gustarle estos ingredientes?

El estilo de Gonzalo Hidalgo Bayal es soberbio. Me ha encantado su forma de escribir y de atrapar al lector. Después de La princesa y la muerte estoy segura de que leeré algo más de este paisano. Un libro precioso para todo tipo de lectores.

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El astronauta de Bohemia, de Jaroslav Kalfar

El astronauta de Bohemia

El astronauta de Bohemia

Jakub Prochàzka es un héroe nacional en la República Checa. A bordo del JanHus1, el ingenio más puntero jamás producido en su país, flota en dirección a la nebulosa Chopra, junto a Venus, un lugar al que ningún Estado más avanzado tecnológicamente se ha atrevido a mandar sus tripulaciones. Convertido en un major Tom de carne y hueso, habla con su mujer por videoconferencia y por supuesto todos los escolares quieren saber la marca de sus calzoncillos y la composición de sus comidas.
Jakub Prochàzka es el hijo de un funcionario del régimen comunista. De un torturador. Un hombre atribulado, vástago de la última generación anterior a la revolución, que recuerda vivamente cómo la dictadura feliz de su infancia se convirtió de la noche a la mañana en la república atroz de su adolescencia.
Jakub Prochàzka es la mitad de un matrimonio feliz. Jakub Prochàzka es la mitad de un matrimonio que se separa. Desde el firmamento no lo tiene muy claro. Las dos cosas pueden ser verdad o mentira al mismo tiempo, y Jakub busca las pistas para encontrar la solución a este enigma en la nebulosa, nunca mejor dicho, de su memoria reciente.
Jakub Prochàzka es un nieto devoto. Carga con la mitad de las cenizas de su abuelo, el héroe de un héroe nacional, en una caja de puros habanos que llegó de Cuba, y sueña con abrirla y esparcir su contenido por entre las estrellas. No cuenta con las alucinaciones provocadas por el viaje, ¿o acaso no son alucinaciones?
Jakub Prochàzka es el niño que busca al asesino de sus padres, al culpable más allá de la revolución de que a los nueve años se quedara huérfano de los dos. Podríamos decir que Jakub Prochàzka es el Batman de Bohemia si no fuera porque le gustan demasiado los dulces y las patatas con crema agria y la cerveza Pilsen, orgullo de todo un país, como para enfundarse en un traje de murciélago para salvar las torres milenarias de Praga del turista invasor.
Jakub Prochàzka es el protagonista de El astronauta de Bohemia. Jakub Prochàzka es Jaroslav Kalfar, el autor, o eso me da en la nariz. Excepto por lo de Venus. Porque los dos son checos y porque se trata de la primera novela de Kalfar, y, como todos sabemos, los escritores hablan inevitablemente de sí mismos cuando comienzan en esto. Además contiene todos los vicios de las primeras veces: el afán por abarcar demasiados temas, la sensación de no ensamblar completamente unos con otros, la evidente necesidad de llamar la atención con una estructura original, con algunos giros inesperados, con elementos fuera de lo común.
Pero también, cómo no puede ser de otra manera, alberga muchísimas otras cosas buenas. El retrato que hace de siglos de historia checa, con un irónico desencanto, resulta acertado e hilarante. El espacio de Kalfar tiene el punto justo de ciencia para resultar creíble sin perder una dosis de cercanía, y en su vuelta a la Tierra consigue hacer aterrizar el texto y convertir una space opera en un thriller casi sin que nos demos cuenta. Y por último a Prochàzka, no podemos negarlo, resulta imposible no cogerle cariño. Su esperanza y su desesperación, su nostalgia entre tanto rencor, nos recuerdan que, aunque siempre hay que coger distancia para ver mejor un cuadro, hay veces que ni siquiera desde las estrellas podemos tener una visión nítida de nuestra propia existencia.

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Patria, de Fernando Aramburu

patria

patriaDe alguna forma estaba predestinada a reseñar Patria para todos ustedes y para LibrosyLiteratura, y no solo por haber reseñado ya varios libros de Fernando Aramburu, sino porque haber reseñado en su día “Años lentos” le podía dar una cierta continuidad a aquella reseña en la que les hablaba sobre lo que había sentido con mi lectura de esa obra en 2012…

¡Qué lejos queda ahora aquel año!

Los que leyeron aquellos Años lentos no necesitan que les recuerde que hablábamos de los inicios de ETA, de un libro en el que Aramburu arriesgó mucho, pues siendo autobiográfico, no hablaba de sí mismo, sino de debió echar mano de la memoria, de sus recuerdos vividos de cerca y de la vida, pero no de su vida de forma específica.

El 20 de Octubre de 2011, ETA anunció el cese definitivo de la actividad armada, poco tardó Aramburu en sacar esta novela que imagino ya le rondaría la cabeza hacía años… tiempo no le había faltado… Ni muertos.

Escribir Patria era otra cosa, había que dejar pasar el tiempo ¿Cuánto? Es muy difícil responder a esa pregunta; pero al parecer llegó en el momento adecuado y apropiado, la sociedad ya estaba preparada para poder conocer esas vidas y rutinas que los muchos personajes de Patria nos iban a ofrecen. Ya estábamos preparados de sobra para conocer a Bittori, pero había que comprobar como estábamos de preparados para conocer a Miren. Dos mujeres que un día fueron amigas en un pequeño pueblo del País Vasco, pero a las que la vida llevó por caminos separados a través de una dolorosa convivencia. Y es que así ha sido la vida de mucha gente en esa zona de España. Unos morían, otros mataban, y casi todos callaban: El miedo, al que muchos llaman cobardía, siempre presente.

Todos en este país de una manera o de otra hemos sufrido el terrorismo de ETA, incluso no viviendo en la zona de conflicto; unos por su profesión, otros porque tuvieron que salir de allí, otros porque vivieron de cerca atentados cometidos fuera de esa Comunidad autónoma… Yo, por ejemplo, vivía al lado de la casa cuartel de Zaragoza y la madrugada del atentado la pasé allí, entre el sonido de cristales rotos bajo mis pies… y el silencio; más tarde llegaron las sirenas. Es probable que por eso yo siempre asocie el terrorismo con el silencio, y el ruido de cristales rotos aun estremezca mi alma.

Patria es un libro sencillo contado de forma directa, frases cortas, desnudas de adornos innecesarios y que al mismo tiempo resultan tan intensas como el más duro de los poemas ¿Quien narra? Pues ese es el juego literario que utiliza el autor, la variación aparente del narrador se muestra eficaz a la hora de conectar con el lector que llega a este libro de una forma abierta. También ayudan el propio formato y estructura de Patria, capítulos cortos pero de gran intensidad emocional, algo que consigue a pesar de que los diálogos son secos y cortantes. Y casi, por encima de todo, ser el primero que se atreve a hablar del sufrimiento, aislamiento y soledad de las víctimas.

¿Cómo puede pasar que dos familias amigas de toda la vida puedan llegar a odiarse de tal forma? Pues un país como el nuestro que ha pasado por una Guerra Civil, bien lo sabe. Pero para no irme tan lejos en la historia he recordado el libro de “La destrucción del alma”, de Janja Bec y siempre surgen las mismas preguntas cuando sabemos que hay intereses ajenos que nos empujan a ello ¿Cómo puede instalarse el odio tan profundamente entre personas tan cercanas? ¿A quién y por qué pueden interesar estos nacionalismos tan trasnochados y exacerbados? ¿Qué queda en el fondo de un ser humano ya destruido? … Sé que ustedes podrán añadir muchas más preguntas a esta pequeña muestra.

Entiendo, tras su lectura, el tirón de ventas de Patria, lo cierto es que alguien tenía que dar un paso al frente en este tema, y ese alguien ha sido, una vez más, Aramburu, quien ya nos inició en su día en este viaje largo y amargo que ha resultado ser la existencia del terrorismo de ETA.

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Los cinco y yo, de Antonio Orejudo

Están las novelas buenas, están las novelas entretenidas, y luego está Los cinco y yo, de Antonio Orejudo.

He dejado reposar (varios días) esta lectura, pero todavía no consigo alcanzar un veredicto con el cual esté completamente conforme. Quizá tenga que releerlo, pero las primeras impresiones son las que cuentan.

¿Sería demasiado generosa si lo calificara de libro genial? ¿De libro que, suficientemente leído y justamente valorado, podría considerarse como revolucionario de la literatura española y, quizá, también de la universal? ¿Hace falta traer a colación la relación totalmente lícita entre entretenimiento y comercialidad, por un lado, y genialidad, por otro, suficientemente demostrada por El Quijote y por muchas otras joyas reconocidas y consagradas de la literatura, clásicos que en su día fueron, no best sellers (porque eran otros tiempos), pero sí lecturas populares y del gusto del gran público? ¿Por qué no puede Los cinco y yo ser perfectamente otro representante de ese fenómeno?
Con Los cinco y yo me pasa lo mismo que me pasó la primera vez que vi Inland Empire, la película más lynchiana de David Lynch: que me di cuenta de que aquello no era una película, ni siquiera un visionado; era una experiencia. Una experiencia asombrosamente vital capaz de cambiar tu percepción de todo; en el caso de Lynch, gracias a su personal e inimitable concepción de lo surreal; en el de Orejudo, gracias a su imaginación, su sentido de la ironía, su capacidad y voluntad para la autoparodia, su cercanía, su inteligencia; armas, todas ellas, que nuestro autor utiliza contra y, a la vez, con su lector, atrayéndolo e implicándolo en una historia que finge ser, primero, un humorístico, divertido, políticamente incorrecto pero, a la postre, inofensivo ejercicio de revisión nostálgica de la historia propia y general (la del Antonio Orejudo nacido en unas circunstancias históricas, en un contexto geográfico y social, como miembro de una generación concreta, aquella del baby boom, niños que superpoblaron ciudades y barriadas y que parecía que iban a comerse el mundo y que luego quedaron emparedados entre la generación anterior y la inmediatamente posterior, que les robaron todo el protagonismo que ellos naturalmente estaban llamados a ejercer en la época de la Transición española) y que de repente estalla como una sucesión de fuegos artificiales que, traca a traca, va deslumbrando al lector, que, para cuando quiere darse cuenta, ya está tan obnubilado con el espectáculo que no le interesa intentar responder al cómo y por qué hemos llegado a este punto. El impulso inconsciente de encajarlo todo bien encajado, de atar todos los cabos, de hilar bien la historia y de obtener todas las respuestas cede a la diversión y al disfrute más puros y más gozosos, de esa clase que sólo una lectura absorbente puede proporcionar; ésa que hace que uno pierda la noción del tiempo y hasta de que se olvide de que está leyendo. Exactamente el tipo de gozo que tan bien describe el propio Antonio Orejudo al rememorar su primera lectura de un libro de Los Cinco; el tipo de gozo que, según dicen, y lo repite el propio autor en un momento determinado de la novela refiriéndose a un personaje adicto a la heroína, sólo se obtiene la primera primerísima vez, y se intenta -en vano- revivir cada vez que se consume.

Pues bien; yo sentí aquel gozo de la primera lectura en la que me olvidé de todo y me convertí en uno con la historia, y lo he vuelto a sentir leyendo Los cinco y yo.

Una novela que va tejiendo o, si se quiere, insinuando paralelismos entre el mundo ficticio creado -a brochazo limpio- por Enid Blyton, cuya productividad deja en mantillas a todo un Stephen King, y el mundo real donde nació y creció Antonio Orejudo, el personaje de esta novela y/o también, puede ser, probablemente, aunque puede que no, el autor; y donde luego fue a la universidad, se hizo escritor y todo lo demás; donde conoció a Rafael Reig, su amigo y compañero y posteriormente influencer, dado que fue causa necesaria (Reig) para que Orejudo (el personaje del libro) se pusiera a indagar sobre Los Cinco y sobre qué fue de ellos una vez que su colección de novelas juveniles terminó. Son, en realidad, varios mundos que se van reflejando e imbricando los unos con los otros, en un ejercicio de creación literaria, metaliteraria, seudorrealista, fantasiosa y ucrónica donde poco importa, al final, dónde se separan las diferentes esferas, dónde se superponen y qué plano corresponde a cada mundo.

El Antonio Orejudo protagonista del libro (y, con toda probabilidad, también el autor que lo firma y que se cuenta a sí mismo corregido y aumentado y nos cuenta todo lo demás) habla con ligereza, con una ligereza que se nota (y se quiere dejar notar) un poco impostada y que descansa sobre un lecho de pesimismo que no es nato, sino que ha llegado a ser por culpa del mundo; está en sus recuerdos de aquel pequeño gamberro juvenil con ínfulas de gran literato, en cómo lo vapulea ahora; está en su retrato, un poco entrañable y un poco cruel, de los viejos -en todos los sentidos- amigos con los que se reencuentra ahora y en lo que han llegado (y no han llegado) a ser; está en el relato de aprendizaje, maduración y decadencia de Julián, Dick, Ana y Jorge (Tim falleció, como es de suponer), aquellos chavales de ficción que son el único bagaje propio e intransferible que la generación de Orejudo puede reclamar, pues fueron los primeros en leerlos traducidos al español.

El mundo actual ha hecho de las suyas con Los Cinco, ahora cuatro. Viven, como nosotros, en un mundo de relaciones virtuales, postureo, hermosas mentiras pero maldades reales como entonces, vulgaridad, consumismo, neurosis y codicia, mucha codicia. El relato del devenir de sus vidas nos divertirá, nos sorprenderá, nos confundirá y nos pillará desprevenidos, avanzando bajo tierra, pasando de una realidad ficticia (o real) a otra a hurtadillas, como hacían ellos en casi cada una de las novelas de Blyton, donde no faltaba el pasadizo secreto que hacía posible un feliz desenlace. Aquí también hay pasadizos secretos, sólo que el mundo real que habitamos (y en el que habitan los dos Antonios de la novela, el relatado y el relator) no asegura finales felices, como sí hacía el de Enid Blyton. Y quienes hayan leído el número suficiente de aquellos libros apreciarán y valorarán en la medida en que lo merece el último párrafo, el colofón brillante e inteligentísimo con que Antonio Orejudo cierra esta meritoria novela y nos deja, quizás, con una media sonrisa triste en los labios.

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Estructuras disipativas, de Clara Janés

Estructuras disipativas

Estructuras disipativasImagino que conocéis a Clara Janés, pero me parece necesario hablaros de ella, no solo porque sea una de las poetas contemporáneas más importantes, sino también por su gran labor en el mundo de la literatura.

Clara Janés es la décima mujer miembro de la RAE y ocupa la silla “U” desde el año 2015. Nacida en Barcelona e hija del poeta y editor Josep Janés i Olivé y de Ester Nadal, estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona, Pamplona y en la mítica Universidad de la Sorbonne, en París. Su primer poemario, Las estrellas vencidas, fue publicado en 1964. Influida por las obras literarias extranjeras, Clara Janés decide estudiar distintas lenguas para poder traducirlas al castellano. Su faceta de traductora, principalmente del checo, le ha valido numerosos premios y distinciones.

Poseedora de un lenguaje y de un estilo propio, clasificar a Clara Janés dentro de alguna de las corrientes poéticas de los últimos años es una tarea difícil. Supongo que esto es lo que hace de su poesía algo único: su originalidad. Tremendamente femenina, existencialista e íntima, la poesía de Clara Janés es indispensable para conocer la poesía actual. Como comprenderéis, era inevitable que os hablara de ella en la introducción de esta reseña.

Estructuras disipativas es su último poemario publicado por Tusquets. El nombre procede del término utilizado por el físico Ilya Prigogine para definir el mecanismo por el cual la materia pasa del orden al desorden. O, en propias palabras del físico que podemos leer al comienzo de este poemario:

“Hemos denominado “orden por fluctuaciones” al orden generado por el estado de no equilibrio. […] Podemos decir que la estructura disipativa es la fluctuación amplificada, gigante, estabilizada por las interacciones con el medio”.

Un poemario escrito con ese rigor científico con el que Clara nos introduce sus nuevos versos. Poemas sutiles, llenos de metáforas y de quietud, esa palabra que tantas veces aparece en el poemario y que es el reflejo de nuestro universo en orden.

“Y la quietud

es el punto microscópico

del movimiento

elevado al infinito”.

Clara Janés no es una poeta fácil, de esos que tanto se llevan ahora. Entenderla no es sencillo, requiere un ejercicio de comprensión y empatía brutal. Un esfuerzo riguroso, cósmico y suave, como sus versos. Pero una vez que hemos conseguido encajar las piezas de nuestro mundo con el universo que Clara Janés nos ofrece, se produce un encuentro mágico. Un encuentro de poeta a lector, un cara a cara con nuestra realidad y su mundo poético. Algo sencillamente maravilloso.

 “Vuelva a mí la virginal llamada

de una forma

pura resonancia,

que cruza el corazón

y lo llena de luz comunicante

anulando los límites

que establece el otro

al enunciarse.

Y tú, cansada voz,

estate atenta

al secreto de las ondas

y aprende

transparencia.”

Un poemario sensual, cargado de connotaciones y metáforas y repleto de voces que pueblan el desorden y el movimiento. Estructuras disipativas es un libro para perderse en él cualquier noche estrellada, cuando la quietud invade el universo y nuestra calma.

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Una sola palabra, de Joaquín Berges

Una sola palabra

Una sola palabraNada conocía ni había leído de este autor, pero no es de extrañar que siendo de Zaragoza, algún día, alguien me hiciera reparar en él. Y así fue como recibí este libro, en forma de regalo.

Y sin leer la contraportada, ni la biografía de Joaquín Berges, me adentré en busca de Una sola palabra, la historia que ha sido mi compañera durante este inicio de tardes de sol y jardín. Porque así lo he sentido como una compañera que poco a poco me va contando lo suyo y yo escucho, y comprendo, y me entretengo, y me divierto, y pienso… Y así, estas lecturas pasan de ser compañeras a ser casi amigas.

¿Cómo no entregarte a una historia que a todos nos ha pasado alguna vez por la cabeza y aquí encuentras ya escrita y dispuesta para ti?

Perder la memoria, no toda, perder de forma selectiva la memoria, os juro que yo muchas veces he soñado con eso ¿Cómo sería mi nuevo yo? ¿Tendría que redescubrirme a través de lo que los demás reflejan de mí? Es un tema de lo más interesante. Eso le pasa a Celia, la protagonista de esta novela, que es además periodista y escritora, ella y su hija Paula, y su nieta Alba, y su asistenta Rosario, nos acompañarán en su camino de búsqueda.

Una sola palabra, el titulo no podía ser otro, una vez leído el libro uno se da cuenta de que no hay otra opción. ¿Hay algo más bello que ir por la vida buscando palabras? El desastre es perderlas me dirían mis amigos más pesimistas, pero la vida está llena de misterios y hay que andar por ella sabiendo extraer lo mejor de cada momento. Perder las palabras es terrible, intentar encontrarlas hemos de hacerlo un juego apasionante.

Me ha gustado mucho la portada que no dice nada y lo dice todo; dos mujeres hablando, hablando de la vida, de sus cosas, del pasado, de la familia, del amor, de literatura, de viajes, del paso del tiempo, … de lo que importa.

Y me ha gustado que el autor me lleve de viaje, de Madrid a Zaragoza, a Paris, al mar, ¡y a Daroca!, en una de esas comarcas que se van quedando sin gente, pueblos a los que se regresa para enterrar a los muertos. Allí quedarán con sus historias y su pasado, el futuro mira siempre a la ciudad ¡Qué triste! Y nadie piensa contener esta desertización de la tierra que llevará, seguramente, a la desertización de la propia alma humana.

Pero este libro tiene de todo, sus buenos momentos que siempre vienen acompañados de la voz de la infancia, y de la insolencia de la madurez. Las nuevas tecnologías junto al olvido del pasado. Buena jugada la del autor.

Si bien la historia está contada en tercera persona, durante todo el relato sabe el autor ponernos en la piel de la protagonista, pero es importante que el resto de personajes que aparecen sean capaces de enseñarnos lo que ven y al mismo tiempo definirlos, definirse y definirla desde la nueva visión de Celia y desde su nuevo YO.

¿Cómo es la gente que está a nuestro alrededor? ¿Cómo nos ven realmente? ¿Qué dejamos a tras a lo largo de nuestra vida? Quedan personas importantes que en ocasiones regresan a nosotros en forma de recuerdos pero en ocasiones volvemos a reencontrarnos con personas que fueron grandes amigos de infancia o juventud a los que habíamos perdido la pista, sí, porque el mundo es relativo, puede ser enorme y no encontrarte nunca más con alguien o puede ser un pañuelo, como se suele decir, y encontrar a alguien en el lugar más insospechado. Recuerdo a una amiga a la que no veía desde hace años y a la que, casualmente, encontré en la Alhambra de Granda, a casi mil kilómetros de nuestras casas…

Mucho más interesante fue reencontrar a una vieja amiga, de esas con las que has compartido cosas importantes de la vida, pero que esa intensa vida y el trabajo se empeñaron en separar… Y que antes no había redes sociales, y finalmente de tantos cambios de domicilio y de ciudades terminas por perder el teléfono (no móvil) y un poco la memoria… La casualidad nos devolvió la una a la otra porque mi padre encontró una cartera, al parecer robada y después tirada, ¡y resultó ser la de ella! Y nuestro reencuentro fue como aquella vuelta de Fray Luis de León a Salamanca con su “como decíamos ayer…”. Y así hasta hoy, ella con sus cuentos, yo con mis poemas y mis lecturas, y las dos avanzando por la vida a través de la amistad y las palabras, esas palabras que siempre nos han mantenido unidas.

Pero en realidad yo les estaba hablando de Una sola palabra, la palabra que busca Celia, la palabra que Joaquín Berges quiere que encontremos con ella, este autor Zaragozano nacido en 1965 que ya ha trabajado en esto de las palabras con títulos como El Club de los Estrellados, Vive como puedas, Un estado del malestar, La línea invisible del horizonte y Nadie es perfecto, esta última de 2015. Un autor al que no conocía, pero a eso ya he puesto remedio; y me alegra haberlo conocido, y no será lo último de lo que les venga a hablar de él, seguro.

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La vida negociable

la vida negociable

la vida negociable Regresa, tras el excelente paréntesis que nos ofreció con su anterior, particular y personal libro, El balcón del invierno, el Luis Landero que todos conocemos. Y regresa igual de fresco y natural que cuando nos sorprendió a propios y extraños con aquellos Juegos de la edad tardía o El mágico aprendiz que todos ustedes, seguro, guardan en su memoria lectora.

Esto tiene Luis Landero, que escribiendo sobre cosas y personas grises a los que nadie les daría ni dos minutos en un telediario regional, hace grandes creaciones, es capaz de sacar un relato impresionante navegando por la vida y por el vocabulario, y naturalmente por su capacidad de unir la vulgaridad de los hechos con la brillantez de la narración.

La vida y los sueños … Y los recuerdos reales y los recuerdos soñados.

Landero ganó, en 1989 el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Literatura; en muchas ocasiones tras los premios viene lo que podríamos llamar el reposo del escritor. Él no podía descansar pues llegó a lo más alto con su primera novela, pero una tras otra ha ido creciendo y sorprendiendo al lector amante de la Literatura.

He leído con auténtico placer La vida negociable, porque he de reconocer que disfruto con la buena literatura española que ha bebido de sus propias fuentes y se ha alimentado de sus propias raíces.

¡Qué habilidad la de este autor para acondicionar la tradición a un relato actual!

En uno de los capítulos salté del sillón en el que estaba tan plácidamente para leer en voz alta a mi familia un pequeño cuento que a Hugo le cuenta su padre, un cuento en el que quedan reflejadas las virulentas relaciones entre padres e hijos y en general entre generaciones, unas que vienen y otras que se van… Y les leo esa corta historia entre un abuelo y su nieto, y no nos queda otra que reírnos, pero no con risotadas divertidas, que va, es una risa que se inicia alta pero se va tornando en agria y he de reconocer que al final termina dejándote un regusto bastante amargo.

En esta ocasión será al pequeño Huguito al que acompañaremos en el devenir de su vida, una vida dura, una continua tragicomedia que hace de su vida una montaña rusa. Un ser humano que se crea su propio pozo, al que las circunstancias le arrastran una y otra vez. Huguito se convierte en Hugo pero el esperpento soñador se mantiene en el personaje y en la historia…

La joven Leo, otro personaje a explorar, otro ejemplar humano al que Landero tampoco dará tregua. La relación explosiva entre Leo y Hugo. Dos sobrevivientes.

La relación de Hugo con sus padres es como la relación de Hugo con el mundo. Landero nos hace reír donde debemos llorar, en algún momento ha llegado a conmoverme profundamente. Ese no saber amar ¿Quién se ocupa y preocupa hoy de enseñar a amar? ¿Dónde vemos ese amor …?

Tiene razón Landero, es más fácil hacer una vida negociable en la que todo está mercantilizado, pero en ella jamás se termina de encontrar la paz y el perdón que todos deseamos.

“Señores, amigos, cierren sus periódicos y sus revistas ilustradas, apaguen sus móviles, pónganse cómodos y escuchen con atención lo que voy a contarles. Cuando yo era adolescente, cuando apenas sabía algo del mundo de los mayores, ni tenía clara conciencia del bien y del mal, e ignoraba por tanto de que manera prodigiosa puede llegar uno a convertirse en un momento, quizá sin advertirlo, como en una cara o cruz, en un canalla o un santo, un día mi madre me llevó con ella a un lugar secreto., y yo supe que era secreto porque eso fue lo primero que me dijo en cuanto llegamos allí.
Tú eres capaz de guardar un secreto, ¿no?…”

Y así empieza el autor su obra, como empiezan todos los contadores de buenas historias.
¿De cuantas cosas nos habla Landero en su libro? Literatura, vida, metaliteratura, de los sueños, de la búsqueda de la felicidad, de que la vida se nos va en un mar de sueños y que es posible que los sueños también sean parte de la vida, una parte importante, llegar a la felicidad a través de todo aquello que esté a nuestro alcance.

Y cómo no recordar, tras leer La vida negociable,  aquí y ahora a Calderón que a través del monólogo de Segismundo nos dice aquello de que:

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida?, un frenesí.
¿Qué es la vida?, una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.