
El amante, de Marguerite Duras






El amante era para mí uno de esos típicos títulos de los que no paramos de escuchar hablar, esas obras maestras que al parecer todo el mundo conoce pero que jamás han caído en nuestras manos y que nos despiertan, como poco, curiosidad. Pues bien, hoy ya no puedo decir lo mismo: al final, casi sin proponérmelo, éste apareció como el siguiente en mi lista de lecturas y ¿qué iba a hacer sino saciar las ganas de saber los motivos de su fama? Lo leí. Con la Indochina francesa de principios de siglo como telón de fondo, la historia empieza en el momento en que un hombre de veintiséis años y una joven de quince, la protagonista, se conocen. La situación y la atmósfera consiguen llamar la atención del lector y crearle unas expectativas que se ven satisfechas. La edad de ambos no es lo único que los diferencia: él, además de chino, es el heredero de una gran fortuna, mientras que ella es pobre y de descendencia francesa. Pero ni eso ni el riesgo que corren dada la época parecen importarles. El amor y sobre todo el deseo surgen entre ellos como algo inevitable, propulsándolos a más de un año de encuentros vívidos de pasión, descubrimiento y placer.
Pero lejos de ser una bonita historia de amor, la obra nos transmite, a través de los pensamientos de la niña, pesadumbre y tristeza, amargura incluso. Parece en realidad el retrato de una vida sin luz. Y no sólo por las complicaciones de la ilícita relación sentimental, también la desdichada realidad de su familia hace de la joven una persona infeliz. La obra parece destinada a mostrarnos la evolución de la chica, a justificarnos esa actitud rebelde que adopta con su transcurso vital, esa personalidad que la empuja finalmente a abandonarlo todo e irse a Francia para comenzar una nueva vida y cumplir su única ambición: escribir.


Con la reseña de Tokio blues, la obra que llevó a Haruki Murakami a la fama, es como al fin me estreno en este blog de letras, libros, buena literatura y, por supuesto, buenos críticos. Así que, antes de nada, dejadme decir que es y será un placer compartir mis experiencias con la lectura. Espero de verdad que os gusten y que, al menos, os ayuden a definir vuestro camino de tinta y papel.
Como me pasa a menudo, llegué a esta obra gracias al boca a boca y a las referencias leídas en unas y otras webs que citan las novelas de este escritor japonés como grandes descubrimientos. Y menos mal, porque de otra manera no hubiera hecho lo posible por hacerme con un ejemplar de Tokio blues, ya que ni la portada, ni el título ni, sobretodo, el argumento hubiese llamado mi atención. Ahora, en cambio, hasta la sencilla portada con la chica –a todas luces de ojos rasgados- que sale de espaldas con las manos cogidas por detrás me parece acertada.

Bajo el título “El pez dorado”, una chica sentada sobres sus piernas, cubiertas por una ornamentada túnica en tonos azules, parece aguardar sosegadamente, con las manos sobre su regazo, que me acerque a ella para contarme su historia. Unas babuchas marroquíes reposan a su lado. Un velo blanco le cubre parcialmente el pelo.
Sentada, como si siempre me hubiese estado esperando. Con esa paciencia infinita que sólo poseen los libros para pasar desapercibidos durante décadas, hasta que un día los tomamos entre nuestras manos, y entonces nos sonríen maternalmente, como padres que contemplan con un orgullo que trasciende sus propia personas, cómo sus hijos alcanzan el siguiente peldaño en su desarrollo personal, que, inexorablemente, les alejará un poco más de ellos mismos, hacia otros lugares y otras opciones por descubrir.


Leí este libro porque me lo recomendó el director de mi librería (un fanático de Murakami), y bueno, me apetecía conocer algo de lo que leen los intelectuales “gafapasta” (con cariño a todos los gafapastas, yo os aprecio y os comprendo).
Kafka en la orilla traza dos historias paralelas: Por un lado, cuenta la vida de un joven de 15 años, Kafka Tamura, que decide fugarse de casa porque odia a su padre, y de alguna manera espera encontrar en la huida a su madre, que lo abandonó a los 4 años. El otro protagonista del libro es Tanaka, un hombre de avanzada edad, quien de niño sufrió un accidente y perdió casi toda su capacidad intelectual y que se ve metido en una extraña búsqueda acompañado por Hoshino, un joven camionero.

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