
El sentido de un final, de Julian Barnes

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Cuando la ficción es soberbia, disfrutas como si fueras un niño pequeño con zapatos nuevos (aunque en realidad yo siempre he disfrutado más con un caramelo). No sólo porque te hace descubrir un mundo nuevo, sino porque por unos instantes te hace evadirte de la realidad y vivir aventuras como no te habías imaginado. Y aquí estamos, presentando esta novela que ha ganado el I Premio de Narrativa Everest que nos lleva de la mano a un mundo de sombras, repleta de la bruma londinense, y rodeada de magia, de seres de las leyendas y de conspiraciones. No es sólo una novela más, es una de esas historias que abres y no puedes cerrar. Pero me estoy adelantando, seguro que queréis saber los por qués de tan buenos resultados. Muy bien, los tenéis a un escaso click de distancia.
Sophie es una chica con extraños poderes, vendida a un hombre siniestro que tiene planes para ella. Adam, un ratero de las calles londinenses, ve a Sophie tras la rendija de una ventana y es entonces, mientras unos misteriosos asesinatos llenan las calles, cuando la vida de estos personajes se convertirá en una carrera contrarreloj para destruir una maldición que está por encima de aquello que conocen.
Sigue leyendo Un fragmento de noche en un frasco


Señor Mo Yan, ¿qué estaba haciendo usted cuando recibió la noticia del Nobel?
No sé qué habrá respondido Don Mo, aunque estoy seguro de que lo recordará siempre. Asociamos los grandes acontecimientos históricos a un momento concreto de nuestra vida, tanto si se trata de un momento importante como absolutamente intrascendente.
Por eso, yo nunca olvidaré qué estaba haciendo cuando hace tres años leí Sorgo rojo. Pero empecemos por el libro.


¡Hay que ver cómo pasa el tiempo! Parece que fue ayer cuando Murakami era eso que se conoce como un “autor de culto”, cuyo nombre circulaba en boca de apenas un reducido grupo de iniciados. Éstos, afortunadamente, un buen día decidieron que no está bien ser egoísta, y que su autor favorito no se iba a gastar aunque lo compartieran con los demás.
Bueno, no sé si sucedió así, pero, por si acaso, gracias.
Hoy, tanto si se trata de un libro nuevo, léase 1Q84, como de uno publicado hace más de veinte años, verbigracia este Baila, baila, baila que nos ocupa, cualquier nueva publicación de Murakami es todo un acontecimiento literario. Poco puede sorprendernos, pues, que este hombre sea capaz de convertir un libro sobre el footing en un best-seller.
Desconozco cómo lo verán sus incondicionales, pero en mi opinión, hay dos Murakamis…
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Ya simplemente viendo la portada de “Lobisón” y semejante título (hombre lobo en portugués), se intuyen por dónde van a ir los tiros. El primer párrafo del libro, el que he anarroseado al comienzo de la reseña, los confirma. Lobisón es y/o no es una historia de hombres lobo.


Aunque las fuerzas del mundo o la misma naturaleza se hayan esmerado en el caso de Capote, estamos aquí para analizar las formas físicas de su talento, es decir, sus libros. En este caso el punto de reunión es la edición de Cuentos Completos que ha publicado Anagrama y que permite que los seguidores del escritor tengan todo su talento en un libro y que los principiantes en la obra de Capote encuentren un ejemplar con lo que necesitan.
En Cuentos Completos se retoman algunos de los escritos de libros como Un árbol en la noche, aunque tener toda la obra completa significa una experiencia particular y emocionante. Además, los hispanohablantes tienen la posibilidad de contar con algunos cuentos que nunca habían sido traducidos antes. En fin, una verdadera joya de esas que uno se siente orgulloso de tener en la biblioteca.


Tina conserva lo mejor de tener cinco años, eso que todavía recuerdo con claridad: la inocencia, la ingenuidad y la paciencia. Como cualquier niña de su edad, los afectos son lo más importante y los juegos con sus amiguitas son un ritual irremplazable. Tina es una niña valiente pero con un corazón sensible y tierno que vive con su abuela Herminia y su papá en un pueblo. Asiste al Jardín como una niña aplicada y pasa muchas de sus tardes jugando con su vecina Carlota.






Empezó un poco como un experimento, la verdad: ¿por qué no releer Rayuela, cada noche un capítulo, como el que se deleita tomando un pequeño dulce a la hora del té? Sin prisa pero sin pausa, saboreando cada día uno, evitando la tentación de ser goloso y agarrar el siguiente. Y así, con esta idea, saqué Rayuela del estante otra vez e, intercalándolo con otras lecturas diurnas, el señor Cortázar comenzó a ser el amo y señor de las horas más intempestivas como lo fue hace tiempo, invadiendo mi mesilla de noche.


A veces me pasa que al sumergirme de lleno en una historia donde la caracterización de los personajes me atrapa, me acabo olvidando de las ciudades o el entorno donde habitan dichos personajes. Por ejemplo, después de haber leído la mayoría de las novelas de Kundera, poco podría decir de la Praga del 68 que suele situar como escenario habitual de sus historias. Sin embargo, no me sería difícil recordar los eternos celos de Teresa o los sueños de Tomás con las mujeres en La insoportable levedad del ser. Igual me pasaría con el Londres de Virginia Woolf.
En otras ocasiones, no obstante, la ciudad o el entorno donde la historia se sitúa acaba adquiriendo para mí tal entidad que la convierto automáticamente en un personaje más y el resto acaba diluyéndose.
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