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Niebla, de Miguel de Unamuno

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Recuerdo que Lorraine, la misma que me recomendó que leyera El amante, última de mis relecturas, me dijo hace mucho tiempo (antes de que se fuera incluso a Londres) que esta novela me chiflaría, pero yo la había dejando año tras año en la sección de propuestas aparcadas sin hacerle caso hasta que un día me acordé al verla en la librería y me atreví a comprarla. Es curioso pero también con las películas me pasa un poco igual: a veces alguien me recomienda una, en el momento veo que a la otra persona que me lo dice le están brillando las pupilas y me lo anoto mentalmente, pero al llegar a casa ya se me ha olvidado y es sólo después de varios años que acude a mí de nuevo la referencia.
Pues sí, Lorraine, ahora después de todo este tiempo tengo que darte la razón: la novelita de marras me ha encantado. Es fabulosa.

Me doy cuenta a raíz de esto que siempre me ha dado un poco de tirria acudir a los clásicos españoles (esto es tema de conversación recurrente entre un boludo que conozco y yo). Siempre huyo de ellos y acudo a los clásicos anglosajones o de nombres exóticos porque me parece que me van a acabar aportando más. Y así, Hemingway o Calderón siguen en el tintero a pesar de que a veces me pesa un poco el no haberlos leído. Fernando de Rojas, Pío Baroja y Cervantes me da dentera sólo de oírlos nombrar (¿a ustedes un poco no?, confiesen, va). Una idea la mar de absurda, lo reconozco, porque deben de haber una gran cantidad de clásicos españoles buenísimos, más que cualquier Kundera o Murakami de tres al cuarto (y vaya si nos entran a todos en seguida por los ojos, eh).
Yo creo que en esto de aborrecer los clásicos españoles tuvo algo que ver Marga, mi profesora de literatura del instituto, que nos mandaba lecturas de este tipo para casa (eso sí, cortitas para que nuestra mente adolescente no se agotara a la primera de cambio) y convertía las clases en un auténtico suplicio, sin darle siquiera un poco de chispa o interés a recomendaciones y comentarios que hacía sobre determinadas novelas. Reconozco que intentaba prestarle un poco de atención, pero ya Quevedo me sonaba a tostón nada más oírlo nombrar.
Ahora llega Unamuno y me chifla. Es para echarse a reír. Y me digo: “Vamos, S, has sido un tontucio todo este tiempo y al igual que Unamuno hay otros muchos autores igualmente válidos y no debes morirte sin antes probarlos, así que déjate de McEwans y Austers y aplícate con la literatura de tu tierra”.
De este modo ya empecé con un poco de la poesía de Gil de Biedma (aunque tampoco es un clásico de academia) y pretendo leer en breve La vida es sueño porque aquel mismo boludo con el que discuto de todo esto me la recomendó.
Destacaría de Niebla que es una historia sencilla y que el tono del personaje, don Augusto Pérez, nos muestra desde un principio unos sentimientos a flor de piel bellísimos en un tono de confesión que resulta insuperable a la par que agradable. Mientras Augusto pasea, ve a una joven de la que se enamora perdidamente (Eugenia) y divaga sobre sus emociones y sobre qué hacer para conquistar a la joven. He aquí el punto de partida de una historia que se va enredando progresivamente a medida que entran en escena más personajes: la madre de Eugenia, el novio, el amigo de toda la vida de Augusto, etc.
Así, dos cosas destacaría de la novela por encima del resto que me han impactado: el leer algunas frases rotundas sobre el amor y la inmortalidad que me han dejado noqueado, y el que Unamuno haya ido desperdigando varias historias cortas dentro de la historia principal. Estas pequeñas delicatessen van en el hilo argumental de la novela y van aportando pequeñas dosis de humor al conjunto.
Lo que menos me ha gustado diría que es el final, donde Unamuno sale también en escena, dialogando con su propio personaje, Augusto, para convencerlo de (…). Me pareció un poco cómico eso de que él entrara en el juego también, algo así como las películas de Woody Allen donde él sale haciendo de sí mismo.
A pesar de este pequeño pero, he disfrutado de Niebla como un enano.
¡Marga, prometo reconciliarme con la literatura española y tenerla más en cuenta a partir de ahora! ¡Hagamos las paces! ¡Se acabó Murakami!

2 comentarios en “Niebla

  1. Me ha encantado tu reseña y tus confesiones sobre el miedo a los clásicos. La verdad es que a mí me pasa lo mismo con todos los clásicos, españoles y extranjeros. Me da mucha pereza, pienso que no me van a gustar y ni siquiera les doy una oportunidad. Sé que lo más seguro es que por esta tontería me esté perdiendo muchísimas buenas historias. A ver si poco a poco le pongo remedio y voy alternando literatura actual con clásicos. Por cierto, yo también te recomiendo La vida es sueño. Saludos.

    Cuéntate la vida http://cuentatelavida.blogspot.com

  2. Felicidades Sergio! Y gracias por acercarnos y recordarnos a este estupendo escritor y filósofo español tan importante. Hay una de sus frases que resulta muy interesante en nuestro mundo literario: “Cuanto menos se lee más daño hace lo que se lee”.

    En ocasiones es imprescindible haber leído a nuestros clásicos, escritores y filósofos, para entender la literatura actual.

    Y no dudo que en literatura, como en cualquier otra asignatura de estudio, es imprescindible que el profesor sea un buen comunicador, que sepa transmitir con entusiasmo y con emoción sus conocimientos.

    Un abrazo!

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