
Ex Libris, de Sandra Andrés
Un libro que se titula “Ex libris” me interesa. Esta expresión siempre me ha parecido que tiene una magia especial. Ya saben, es una locución latina que quiere decir “de entre los libros de…”, algo así como “perteneciente a la biblioteca de”, en fin, más o menos como una marca de propiedad.
Tengo una amiga que se hizo un sello personal, y en alguna ocasión cuando me ha prestado un libro lo he visto estampado al final, y de repente me he muerto de la envidia. Yo no tengo muy desarrollado el sentido de propiedad pero con los libros hay cosas que cambian o se transforman en mí.
Antes no me importaba tanto dejar los libros, ahora sí, y ello por dos motivos; el primero es más delicado, y es que suelen estar llenos de anotaciones marginales y partes subrayadas que son muy personales, pero el segundo motivo, siendo más sencillo, es más peligroso, y es que muchos son los que se encariñan de ellos y luego tengo que ir casa por casa rescatando a mis queridos amigos.
Si yo tengo un ejemplar de un libro trabajado, con notas al margen, un libro con el que he hablado, con el que he discutido, un libro con el que he evolucionado, con el que he crecido y con el que he filosofado, ese libro es mío, ya no es el libro de aquel que lo escribió, ese libro ha pasado a ser “Ex libris” de Susana.












