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Oliver Twist

Oliver Twist

Oliver Twist, de Charles Dickens

Oliver Twist

 

Hoy es siete de noviembre y como cada siete de cada mes Libros y Literatura homenajea a Charles Dickens en el marco del bicentenario de su nacimiento; particularmente opté por leer Oliver Twist, su segunda novela, en medio del terror que significaba para mí tener que opinar sobre tan famoso escritor siendo que jamás había leído ni uno de sus libros. ¿Traerá esto como consecuencia un análisis pobre acerca de su novela? ¿O paradójicamente redundará en una opinión más real teniendo en cuenta que mi escritura llegará limpia y ajena de expresiones externas?

Mis compañeros en LyL, ávidos lectores de Dickens, ya nos ofrecieron preciosas reseñas de sus otros libros y la mía llega aquí, humilde, para sumar más visiones acerca de este escritor famoso y justamente homenajeado; invito a todos ustedes a (leyendo todas las reseñas dedicadas a este autor) encontrarse con un muy buen abanico de opiniones con las que animarse a leerlo si aun no lo han hecho, quejarse sino coinciden con nuestros pensamientos o afirmarse en vuestras ideas si se encuentran por estos pagos a gente que opina parecido; lo importante, en todo caso, es que todos disfrutemos debatiendo sobre libros y literatura, en medio de este mundo en el que lo más importante a veces parece ser qué famoso de turno engaña a cuál famosa de turno…

Dickens, para mí, es sinónimo de ironía y denuncia; en Oliver Twist me encontré con una manera divertida y graciosa de hacer presente y real lo menos divertido y gracioso de la sociedad inglesa que le tocó vivir al autor. Aquí se denuncia claramente a una sociedad victoriana egoísta, ciega en medio de su mundo de lujo y de confort y sobre todo a un sistema extremadamente injusto con las clases bajas, todo en medio de una cotidianeidad absolutamente cruel, machista, hipócrita y falta de moral.

Solo hace falta leer un fragmento cualquiera de este libro para comprender el estilo Dickens:

Los individuos del Consejo de administración eran hombres eminentemente sabios y dotados de una filosofía profunda: observando atentamente el asilo de mendicidad, descubrieron pronto lo que espíritus vulgares nunca hubieran notado, esto es, ¡que los pobres gozaban!
El asilo de mendicidad era para la clase pobre un lugar de recreo, una fonda donde no era necesario pagar, y donde durante todo el año se tenía gratis el almuerzo, la comida, el té y la cena. Aquello era Jauja, un verdadero Elíseo de mampostería, donde todo era divertirse sin trabajar.

– ¡Oh! ¡Oh! – se dijo el Consejo con aire maligno-, nosotros pondremos las cosas en orden, haciendo que cese todo esto muy pronto-. Y tras esta reflexión sentaron como principio que los pobres podrían elegir (pues a nadie se le obligaba, entiéndase bien) entre morirse de hambre poco a poco si permanecían en el asilo, o de repente si salían de él.

La historia de este libro, como ven, cuenta la triste vida de Oliver Twist, un niño cuya madre muere al dar a luz y que a partir de ese inicio trágico comienza a divagar de mal en peor, empezando por el horrible asilo de mendicidad antes mencionado, pasando por trabajos forzosos y terroríficos (por ejemplo, ayudante en una funeraria, durmiendo entre los ataúdes) y sobre todo siendo parte inconsciente de una banda de ladrones en medio de una ciudad de Londres sucia, peligrosa, llena de los peor del ser humano.

Siempre me enfado con aquellas personas que critican a los jóvenes delincuentes y no tienen en cuenta la culpa que tienen los demás para que alguien tan chico haya llegado a tomar caminos incorrectos; y cuando digo que no siempre se analiza la culpa de los demás, me refiero primero que todo a los padres, luego a la escuela y también a la sociedad y las reglas de las que se ve rodeado; la culpa no es del chancho, sino del que le da de comer. Y Dickens, de manera magistral, apunta en este libro justamente a eso: a demostrar que Oliver Twist (y con el todos los desgraciados y miserables) más que culpable es una absoluta víctima de un sistema que protege a los poderosos, culpa a las personas según su ubicación en la pirámide social y en la que los derechos humanos casi no existen; al mismo tiempo, nuestro desafortunado personaje es víctima también de una sociedad cerradísima en la que los niños de 12 años ya son enviados a trabajar diez horas diarias, en la que la mujer ocupa un papel cuasi esclavo y en la que la clase media no existe.

Es digno de resaltar que Oliver Twist es, junto con David Copperfield, uno de los libros más autobiográficos del autor; también él, como Oliver, vivió una penosa niñez y tuvo que trabajar a tan temprana edad, en este caso para mantener a su familia, ya que su padre estaba detenido por contraer deudas…

Pero también, como en su propia vida, el final resulta feliz y Dickens, tras cientos de páginas de desgracias, le regala a Oliver un final optimista y con grandes esperanzas.

Lo mejor: la ironía y la denuncia constante, ese estilo Dickens tan genial. Los personajes, aunque exagerados, que dejan a las claras las formas de ser de los distintos estratos sociales.

Lo peor: hay que estar atentos a las ediciones y traducciones; antes de leer este libro me topé con versiones muy reducidas y que pierden todo su encanto y con traducciones que hicieron desmayar a mi mujer, que es traductora.

3 comentarios en “Oliver Twist

  1. Estoy deseando leer este libro, así que tu reseña me deja con muchísimas ganas. Lo que me da miedo es lo que señalas al final. Hasta ahora no he encontrado una edición que me convenza. O son reducidas, o para jóvenes, o ves demasiados errores hasta de ortografía. Y no termino nunca de animarme.
    Besotes!!!

  2. fue muy bonito gracias me sirvio de gran ayuda

  3. Charles Dickens popularizó la mejor literatura gracias a su gran poder narrativo, su bella e inteligente prosa, su capacidad descriptiva de una realidad social que sus lectores reconocían, su habilidad para construir personajes creíbles que no dejaban indiferentes, y con un sentido del humor y manejo de la ironía puestas al servicio de la crítica social.
    (…)
    Hoy podemos reconocer a muchos de sus personajes en nuestra realidad cotidiana. Nos sobran personajes dickensianos, quizás, lo que nos faltan son Dickens que nos los describan.
    “Quién podría describir el gozo y el placer, la paz de espíritu y la dulce tranquilidad que el delicado muchacho disfrutará en el aire embalsamado y entre las verdes montañas y los bosques opulentos de una apartada aldea? ¿Quién sería capaz de expresar…”
    Sin duda Charles Dickens
    http://noninaclasicosdeaventura.blogspot.com.es/2015/02/7-oliver-twist-charles-dickens.html

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