Veintidós cuentos picantes

Veintidós cuentos picantes, de Félix María Samaniego

Veintidós cuentos picantes

Es ésta una grande obra
no así dice su tamaño,
decorados con ornato
veintidós cuentos con sorna.

Curas, frailes, monjas, mozas
intervienen con boato
y todas tornanse locas
cuando irrumpe el aparato.

Chanza, risa y algazara
provoca sin más tardanza
desde la primera andanza
el prosista de Laguardia.

No deja de ser curiosa
que la cosa del picante
entre gente religiosa
sea aquí tan abundante.

También hace aparición
entre tanto aparato
los disgustos que da el flato
evacuado con fruición.

Entre tanta jacaranda
otra cosa hay que destaca:
de Jubera las estampas
que de buen arte empapan.

Propio estilo y peculiar,
atractivo y elegante
Ilustra Javier Jubera
con dibujos muy picantes.

Trazo fino y colorido,
-dicho sea, bien elegido-,
por exaltar la libido
pugna duro con el lírico.

No es impropio reseñar
que la cuidada edición
es de lujo, ¡maldición!,
y en papel se ha de notar.

Todo esto bien armado
una alhaja ha creado
que deleita con la prosa
y solaza con la vista.

¿Has escrito un libro y quieres que lo leamos?

Si después de éstas estrofas
no corréis a por los cuentos
¡pardiez, que yo no lo entiendo!
pues de necios es la cosa.

Mas sin ser libro de arte
siendo vos de ésta un amante
no debiera de faltarte
antes pronto, que no tarde.

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