
Este ha sido mi año Alicia, sin duda. Ya os he comentado en alguna ocasión que esta niña creada por Lewis Carroll me fascina y que me parece uno de los personajes literarios más interesantes de la literatura universal. Este año 2016 he tenido la suerte de poder disfrutar de dos publicaciones preciosas de este libro. De una ya os he hablado, se trata de la genial obra de arte ilustrada por Benjamin Lacombe y publicada por Edelvives. Una verdadera joya. La edición de la que hoy os hablo no se queda atrás, es otra auténtica maravilla.
La editorial Libros del Zorro Rojo es la encargada de la publicación sobre la que hoy escribo. Éste no es un libro normal, ya os aviso. Esta edición de Alicia en el país de las maravillas es un libro-arte, un libro de esos que pueden estar expuestos en un museo como una auténtica obra de arte para que pueda ser admirado. ¿Os parece exagerado decir esto sobre un libro? No lo es, os lo aseguro. Hay algunos libros que son mucho más que tinta sobre papel narrando historias. Hay libros que son auténticas delicias, libros cuidados, trabajados y que tienen vida propia. Éste es uno de ellos.
Esta edición bilingüe cuenta con las originales ilustraciones del holandés Pat Andrea. Normalmente, las ilustraciones suelen acompañar a los textos, pero en este caso, los dibujos que aparecen en este libro no acompañan la historia de nuestra querida Alicia, sino que la complementan. Pat Andrea es un pintor y escultor que imparte clases en la Escuela de Bellas Artes de París. Sus obras, llenas de subjetivismo, y en ocasiones surrealismo, desprenden una fuerza única. Es bastante conocido dentro del mundo del arte, aunque yo deba confesar que no lo conocía. Como os decía, en general, su manera de dibujar es bastante surrealista, con mucha fuerza y evocadoramente poética. En esta ocasión, sus ilustraciones están a la altura de ese mundo onírico y extraño que describió Lewis Carroll. Son dibujos que atrapan tanto a niños como a adultos y esto lo sé de primera mano. En cuanto recibí el libro y mi sobrina de ocho años lo vio, empezó a devorarlo, atraída por la edición y los dibujos. Tanto le estaba gustando, que esa misma mañana leyó al menos veinte páginas. Así que no pude hacer otra cosa que dejárselo para que lo leyese ella primero. Vosotros tampoco podéis negarle nada a una niña de ocho años ¿verdad?
Las historias de Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo las conocemos más o menos todos. Los que no hayan leído los libros (muy mal hecho, no sabéis lo que os perdéis), conocerán quizá la historia por sus adaptaciones al cine. Estas aventuras, salidas de la imaginación de un inspiradísimo Lewis Carroll, son atípicas, diferentes y tremendamente originales. Como os dije antes, las ilustraciones de Andrea Pat no acompañan esta vez al libro sino que forman parte de él, de su esencia. Pat Andrea consigue mimetizarse con la forma de escribir de Carroll y sus surrealistas historias.
Esta edición cuenta con dos volúmenes: Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo. La primera parte está formada por las veinticuatro obras realizadas por el artista para ilustrar los doce capítulos en que se divide la novela. La segunda parte contiene la totalidad del texto original de Lewis Carroll y una maravillosa traducción que conserva, sin duda, la magia del texto original.
Además de la maravilla que supone leer estas dos historias, la presente edición es un deleite para nuestros sentidos. Este libro es un regalo y me parece que estas navidades los Reyes Magos van a repartir mucho surrealismo y originalidad por las casas. Ya os he dado una pista para regalar a alguien especial. De nada, para eso estamos.

Para Carrol, madurar es morir. Como pedía a gritos Ortega y Gasset en La deshumanización del arte, o como defendía Leopoldo María Panero cuando le dejaban hablar – «en la infancia vivimos y después sobrevivimos» -, o incluso como trataban muchos de los artistas románticos, la clave de toda creación artística está en la mirada del niño. Y eso lo podemos leer en cualquier obra de 
Me encantan las bibliotecas personales (¡oh, sorpresa!). Me gustan esas librerías caóticas, llenas de libros gastados, de novedades, de clásicos, de poemarios, de cuentos y libros ilustrados. Una librería donde puedas encontrar de todo y a que a la vez sea capaz de reflejar el carácter de su dueño. Creo que si os dejara cotillear mi biblioteca particular podríais saber mucho de mí. Los libros también son el reflejo del alma, queridos.
Tengo la sensación de que cada cierto tiempo volvemos a Alicia. De algún modo ella se ha convertido en la madriguera o, como en este caso, en el espejo que al cruzar todo queda invertido. Quizá sea escapismo. Quizá un entendimiento afilado. Los mundos a los que Alicia tiene acceso siempre acaban convirtiéndose en un reflejo inaudito del tiempo que nos ha tocado vivir. De forma cíclica, la huida de Alicia es nuestro propio enfrentamiento a una realidad que nos absorbe sin entenderla. Las últimas adaptaciones cinematográficas –con más o menos acierto– han reabierto la puerta de entrada. Y si hace un par de años, 
















