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La señora Dalloway, de Virginia Woolf

La señora Dalloway

La señora DallowayHay veces que pienso que la vida se compone de retos. A veces me imagino la vida como una especie de escalera en la que cada peldaño es un nuevo desafío. Más difícil y más duro que el anterior. Me imagino subiendo un peldaño, exhausta, sin aliento, mirando hacia atrás y viendo el largo recorrido que llevo. Y después miro hacia delante y veo otro escalón más. Muy alto, con espinas por todos los lados y cocodrilos mirándome amenazantes. Sufro por un momento, sopeso los pros y los contras y… empiezo a avanzar. Siempre es así, en todas las facetas de mi vida. Por supuesto, también me ocurre como lectora. Llevo leyendo desde que tengo memoria y, afortunadamente, los peldaños de mi escalera no han supuesto siempre un gran reto para mí. Aunque mis primeros desafíos llegaron muy temprano. Con doce años leí a Pérez Galdós. También sobre esa época leí La Celestina y también El lazarillo de Tormes. Grandes retos, sin lugar a dudas. Luego vinieron escalones que me parecieron mucho más sencillos y más amables. Pero de vez en cuando me encuentro con un gran peldaño, gigante, descomunal. Y sé que la tarea no va a ser fácil.

Ese escalón fue el que vi cuando decidí leer La señora Dalloway. Ya os he contado alguna vez que hace tiempo me uní a un club de lectura de Facebook en el que cada mes se propone un libro. Este mes de agosto ha tocado leer el clásico de la británica Virginia Woolf. El modernismo literario es un mundo fascinante al que casi ni me había arrimado, así que tuve que enfrentarme a este reto con mucho respeto.

Esta obra escrita en los años veinte cuenta la historia de Clarissa, una mujer londinense que puede presumir de pertenecer a la clase pudiente de Inglaterra. Su vida está llena de fiestas y de eventos y este libro relata uno de ellos. Lo más curioso de esta novela es que toda la acción, absolutamente toda, transcurre a lo largo de un día. Virginia Woolf crea una trama perfecta en la que no pasan ni siquiera veinticuatro horas. Y escribir una novela en la que toda la acción quede condensada dentro de un mismo día, tiene que ser un trabajo dificilísimo; sin poder recurrir a los saltos temporales con la agilidad de quien cada capítulo lo ambienta en un momento diferente. Aunque sí es cierto que recurre a la figura del flashback en ocasiones. Ingenioso, original y, sobre todo, complicadísimo. Cuando supe esto, yo ya me enamoré de Virginia Woolf, todo hay que decirlo.

Así que cogí el reto con ganas y me dispuse a empezar a leer. Y cuál fue mi sorpresa cuando vi el tipo de narrativa que esta mujer usó ya en los años veinte… increíble. Resulta que todo el libro se compone de monólogos internos de los personajes. Los narradores de la historia son los propios pensamientos de los protagonistas, que van dejándonos descubrir sus impresiones, sus miedos, sus deseos, sus inquietudes… Parece que en un principio la única historia que nos importa es la de Clarissa Dalloway. Cómo prepara toda la fiesta para ser la perfecta anfitriona, cuáles son sus preocupaciones respecto a los invitados y la sociedad en la que vive… Pero poco a poco veremos cómo el resto de personajes va tejiendo sus pensamientos y sus monólogos alrededor de los de Clarissa, haciendo que la trama se amplíe y amplíe constantemente y forzando a que la historia se empiece a tejer hacia los extremos como si fuera una araña la que estuviera dirigiendo los diálogos.

Me habían dicho que este libro suponía un gran reto, sí. Y cuando empecé a leerlo lo entendí. Los cambios de un personaje a otro son muy sutiles y, a veces, si no estás concentrado al cien por cien en la lectura —a todos nos pasa, que en ocasiones nos ponemos a pensar en cosas ajenas al libro sin darnos cuenta—, puede que no nos enteremos de que el narrador ha cambiado y por lo tanto estemos atribuyendo los pensamientos a un personaje diferente. Por lo que, si vais a leer este libro, hacedlo con calma y con concentración, solo así podréis disfrutarlo y no ver vuestro intento frustrado cuando cerréis el libro porque no os enteráis de nada.

Hay que destacar también la ambientación. Perfectamente te puedes imaginar viviendo en el Londres de los años veinte. Con toda la vida por delante pero con la certeza de que terminará pronto. El carpe diem. El vivir el momento. La fiesta, la sociedad, los cócteles y los zapatos de charol.

Hay veces que la vida me pone retos. Y esos retos sirven para seguir subiendo y subiendo. La señora Dalloway ha sido, sin duda, uno muy difícil. No es el tipo de lectura que suelo hacer normalmente, pero a veces llega. Y aunque el camino es difícil, después mirar desde el altísimo escalón merece la pena. Ya veremos cuál será el siguiente.

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Joyas del sol -Trilogía irlandesa I-, de Nora Roberts

14-18 Volumen 1

Joyas del solIrlanda es un destino que tengo pendiente desde hace  muchísimo tiempo. Si seguís mis reseñas, sabréis que una de mis pasiones es viajar (además de los libros, por supuesto) y siempre que puedo, me concedo una escapada. Irlanda está, como quien dice, a un tiro de piedra, pero por unas cosas o por otras, nunca he tenido la oportunidad de visitarlo. Mi mejor amiga estuvo allí el verano pasado estudiando inglés y vino enamorada. Y no es para menos. Ya no solo la arquitectura, la naturaleza o la gente. Es su historia, su magia, su mitología. Y es que a mí estas cosas me apasionan. Las leyendas, los enigmas, las historias… Recuerdo que cuando era pequeña mi madre me leía un cuento sobre mitología, donde los duendes, elfos y hadas eran los protagonistas. Desde entonces, cada vez que veo un bosque (y os aseguro de que es casi a diario), no paro de imaginar todo tipo de historias, yéndose mi cabeza por las ramas de los árboles y dejando volar la imaginación.

Así que cuando conocí esta trilogía de Nora Roberts (introdúzcase aquí una breve reverencia a la que, a mi entender, es la mejor escritora de historias de amor de nuestra época), no dudé en leerla. He empezado por el principio, como debe ser, y me he adentrado en esta historia a través de Joyas del sol. Este libro tiene dos ingredientes principales: el amor —como no podía ser de otra manera— y la mitología. Jude es una norteamericana que está desencantada con su vida. Después de muchos años ejerciendo como psicóloga, ve que su propia mente se está desmoronando y, abatida y derrotada, decide dar un cambio radical a su vida mudándose a Irlanda. Allí vivirá en una pequeña cabaña que será el escenario perfecto para que ella, tan curiosa y “culoinquieto” conozca poco a poco la mitología que rodea los bosques irlandeses. Entonces aparecerá Aidan, guapo donde los haya y que no tardará ni un segundo en ofrecerse voluntariamente para ayudar a Jude con esa nueva inspiración. Jude empezará a escribir artículos sobre la historia que está conociendo —y viviendo— y verá cómo la chica que vino de Estados Unidos nada tiene que ver con la que ahora vive en Irlanda.

Si me gusta Nora Roberts es, básicamente, porque en cada libro encontramos personajes muy desarrollados y muy creíbles. Como dije antes, en sus novelas, el protagonista es siempre el amor, pero alrededor puede haber historias de asesinatos, de intriga o, como es el caso, de mitología. Tiene una mente que diseña cualquier escenario que hace que los lectores se introduzcan rápidamente en la historia y deseen leer más y más. Yo la descubrí en Polos opuestos donde la escena de un crimen fue lo que dio lugar al romance. Y es que ella dibuja el amor en cualquier panorama, en cualquier ubicación y en cualquier contexto. Nos lleva de un lado a otro del mundo y nos demuestra que el amor siempre triunfa.

Obviamente, sabiendo que me encanta la mitología y las historias románticas, Joyas del sol no podía defraudarme. Y ya os aseguro que no lo ha hecho. No solo me han gustado mucho los protagonistas, sino que los personajes secundarios están muy bien desarrollados y juegan un papel muy importante en el libro, haciendo que te intereses por ellos y quieras saber más y más. Todavía no he tenido oportunidad de leer las otras dos partes de esta trilogía, Lágrimas de la luna y Corazón del mar, pero en cuanto lo haga volveré a pasarme por aquí a deciros si estos libros siguen haciéndome soñar con duendes y hadas. Esperemos que así sea.

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Los pequeños hombres libres, de Terry Pratchett

los pequeños hombres libres

los pequeños hombres libresTerry Pratchett solo había uno.

No son pocas las veces que han caído en mis manos libros que narran historias con alto contenido en humor. Tampoco son pocas las veces que en la faja que acompaña al libro, o en cualquier otro sitio que sea visible desde dos kilómetros de distancia, hay un comentario en el que, posiblemente un amigo del autor, compara el estilo de éste con el que elaboraba Terry Pratchett. Tras unas pocas páginas leídas descubres que sí, hay humor, pero que la narración ni de lejos se acerca a la elegancia natural con la que Pratchett hacía fluir las vidas de sus personajes para que éstos, a su vez, elaboraran sus propias historias. El humor, al final, era un invitado inherente a esas historias; una función vital en la biodiversidad que habitaba el Mundodisco, no un añadido artificial.

Terry Pratchett era inimitable.

Y esto solo significa que los que disfrutábamos con sus libros, tras su muerte en 2015, nos hemos quedado un poco huérfanos. Por suerte tenemos muchísimos libros para leer y releer, para volver a disfrutar, para reír, para emocionarnos, e, incluso, para sorprendernos. Sorprendente, sí. Ese es el adjetivo para calificar el libro que nos ocupa hoy. Yo que he leído algo más de la mitad de la obra de Terry Pratchett (de una forma tan desordenada que hasta la habitación de un adolescente gozaría de cierta estructura organizativa), yo que ya creía que el caballero del sombrero negro no podría cogerme con la guardia baja… Entonces va y cae en mis manos Los pequeños hombres libres para sacarme de mi error.

Los pequeños hombres libres, publicado por Debolsillo, es el primer libro del arco argumental protagonizado por Tiffany Dolorido. Tiffany es una muchachita de nueve años que vive en La Caliza, un lugar al que podríamos describir como la versión fantástica de aquellos bellos Alpes, repletos de prados en flor, ovejas pastando y de montañas escarpadas que Johanna Spyri nos mostró en Heidi. Tiffany vive una vida apacible con su familia: ordeña ovejas, evita que Bolsa de Ratas, su gato, cace pajaritos, elabora quesos y sale a pasear con su hermano pequeño Wentworth. Y entonces su hermano es secuestrado. Y parece que el acto ha sido perpetrado por un ser mágico, alguien que vive en un país que resulta ser el reflejo distorsionado de la realidad. A la misma velocidad que Tiffany halla una aventura y un enemigo, también se topa con unos extraños aliados: los Nac Mac Feegle. Las alianzas se producen. La magia se sucede. La aventura está servida.

Pero antes de que Tiffany se embarque en la aventura, vosotros, como lectores, asistiréis a la forja de una amistad con momentos delirantemente absurdos. Y todos vienen dados por esos pequeños seres que podrían ser el cruce definitivo entre un pitufo y un escocés. Vale, no sé qué está imaginando vuestra mente calenturienta, pero ya podéis parar. Su forma de hablar ya logrará que esbocéis una sonrisa (gracias Pilar Ramírez Tello, pues traducir a Pratchett debe ser un infierno). Continuemos… porque aunque Los pequeños hombres libres comienza con mucho cachondeo y con sucesos que bien podrían estar directamente extraídos de unos dibujos animados, poco a poco el hilo narrativo toma un cariz más “serio” y en algunos tramos muy lúgubre; en especial cuando la protagonista, en contra de su voluntad, acaba atrapada en el interior de una pesadilla por obra de un somníbulo: un ser de morfología sobrecogedora que os erizará el vello del cogote además de haceros preguntar hasta dónde habría llegado Terry Pratchett si hubiera decidido escribir novelas de terror. De todas formas, no temáis, pues toda esa oscuridad, toda esa sensación espeluznante que acompaña al lector en algunos tramos, se va mezclando con trazos de humor que rebajan la tensión o con los recuerdos de Tiffany, que no son más que breves historias, que moran en un pasado cercano, cargadas de emotividad y nostalgia.

Y si la aventura ya es excepcional, su protagonista es fascinante. De carácter fuerte pero compasiva. Autosuficiente y madura, pero con los miedos e inseguridades de alguien de su edad. Dispuesta a aprender de sus tropiezos pero no a que le tomen el pelo. En definitiva: Tiffany Dolorido es un personaje sumamente humano, de esos que no se olvidan con facilidad.

Los pequeños hombres libres es una novela de fantasía en la que Terry Pratchett hace malabarismos con los sentimientos del lector, éste puede pasar de sentirse conmovido a encontrarse con una gran sonrisa en el rostro en unas pocas páginas, y todo ello mientras descubre que las lecciones más importantes son las que te enseña la propia vida.

“Y las cosas no dejaban de ser mágicas solo porque descubrieras cómo se hacían.”

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Te estoy viendo, de Clare Mackintosh

Te estoy viendo

Te estoy viendoDicen que el verano es para las bicicletas. Sí, las bicicletas me gustan mucho; de hecho varios días (en los que la lluvia no lo inunda todo) bajo al trabajo dando un paseo con una bici que me regaló mi tío hace años. Pero… a pesar de que es maravilloso sentir la brisa matutina en mi cara (y algún que otro mosquito despistado) y de que todos recordemos la típica frase de Verano azul, en mi opinión, el verano, es para los libros.

Llega el buen tiempo. El jardín, la terraza, la piscina, la playa, la montaña, los picnics… y da igual el escenario, pero en mi bolso siempre se puede encontrar un libro a la espera de ser devorado. Y qué mejor sensación que la de estar en el jardín, con un café con hielo aguardando, las flores rebosando colorido (y polen, mucho polen), una hamaca, una sombrilla, los pies al aire… y un libro en las manos.

Escribir esto (lunes, diez de la mañana, legaña que no se quiere despegar de mis pestañas, depresión post fin de semana) me está dando ganas de dejar mi trabajo y darme a la vida idílica del verano. Después recuerdo que vivo en Cantabria y que aquí el verano dura una o dos semanas como mucho y luego lleva el duro invierno y también que necesito un trabajo del que vivir, y se me quita la idea de la cabeza.

No sé si es buena opción rememorar lo que estuve haciendo ayer (recuerdo: lunes, diez de la mañana…) pero he venido aquí precisamente para eso. Ayer terminé Te estoy viendo. Lo terminé mientras mis pies chapoteaban en la piscina y el jolgorio de niños chillando y corriendo era mi banda sonora. Lo terminé aguantando la respiración, como cuando intento nadar más y más profundo, intentando tocar el lecho de algas de un mar cristalino, a sabiendas de que la subida a la superficie será agonizante y tremendamente dura.

Clare Mackintosh es ya conocida por el thriller Te dejé ir. En él demostró que es una verdadera reina del suspense y que saber cómo hacer para que los lectores se enganchen página a página. Te estoy viendo cuenta dos historias paralelas. Por una parte nos habla de Zoe, una mujer trabajadora, divorciada y con dos hijos que un día ve una foto suya en la sección de clasificados de un periódico local. Debajo de su foto viene un número de teléfono y una página web y no sabe ni cómo ni por qué aparece ella en esa sección. Y, por otra parte, nos habla de Kelly, un agente de policía que descubrirá, igual que Zoe, que la foto que aparece en el periódico, así como otras muchas que surgieron con anterioridad, guardan relación con oscuros secretos que llevan asolando la ciudad de Londres durante un tiempo.

Cuando eres asiduo de las novelas de misterio, en las que los asesinatos y las investigaciones policiacas te persiguen hasta en sueños, crees que ya lo has visto todo. Llega un momento en el que, al enfrentarte a un nuevo thriller, piensas: “bueno, no me pueden dar nada nuevo. Habrá un asesinato, un poli frustrado, una loca que quiere resolver el crimen ella sola y un criminal del que sospeché en la primera página”. Pues bien, si eres de los que piensan así, déjame decirte que tienes que leer Te estoy viendo.  Clare Mackintosh nos regala una trama muy original en la que no tenemos ni idea de cuál va a ser el siguiente paso. Todos parecen sospechosos y todos parecen inocentes. Es un quebradero de cabeza, inteligente y divertido. Por eso os decía que lo terminé aguantando la respiración, porque os prometo que no me esperaba en absoluto el final que me encontré.

Sin duda, es un libro para el verano. Para disfrutarlo saboreando un café helado. Dejándose llevar por las historias de Zoe y Kelly, sin prisa y sin tener remordimientos por haber pasado una tarde entera sin poder soltar el libro. Y respirando. No se os olvide como a mí y vayamos a tener un disgusto.

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Mi vida querida, de Alice Munro

Mi vida querida

Mi vida queridaMi vida seguro que es muy distinta a la tuya. Seguro que las cosas que haces en tu tiempo libre son muy diferentes a las mías. Seguro que la música que escuchas no se parece en nada a la que canto por las mañanas cuando voy a trabajar. Seguro que usas un champú que yo jamás compraría. Seguro que el libro que recomiendas a todos tus amigos yo ni siquiera lo he leído. Y tu plato de comida favorito no tendrá nada que ver con el que yo pediría si estuviera en un restaurante.

Puede que trabajes, o que estudies, que estés en paro o que te hayas jubilado. Puede que te guste hacer puzzles, pintar, patinar o tal vez jugar a los bolos. Puede que te sientas atraído por el rock, el indie, la música clásica, el pop o el rap. Puede que tengas el pelo graso, seco, rizado, liso asiático o incluso con caspa. Puede que seas de los que piensa que el Gran Gastby es el mejor libro de todos los tiempos o que no aguantes una discusión en la que te discuten que los rusos son los mejores haciendo literatura. Puede que se te haga la boca agua con la paella, con el sushi o con los tortellinis. Puede que te identifiques con esto o que estés pensando en que no hay nada de esta lista que se acerque a lo que es tu persona.

Pero al final, tendrás una manera de ganarte la vida, un pasatiempo, una música, un tipo de pelo, un libro predilecto y un plato favorito. Todos lo tenemos. Y eso es lo que tenemos en común.

Vivimos. Hacemos cosas. Subsistimos. Amamos, de una manera o de otra. Y morimos.

Y eso es lo que Alice Munro ha reflejado en Mi vida querida, un libro compuesto por varios relatos que nos ofrecen personajes corrientes y comunes. Como tú y como yo. Y esas personas, tan diferentes entre sí, tan alejadas en la distancia, en el tiempo y en la vida, al final sienten, sufren y aman como si solo fueran una. Alice Munro, premio Nobel de Literatura, nos relata pausadamente y sin sobresaltos la vida de diferentes personajes que ven sus amores truncados, revividos, apagados, transformados. Nos adentra en historias cuyos protagonistas son cotidianos, nada extraordinarios y que podrían encontrarse en cualquier casa de vecino. Su estilo sobrio y un tanto nostálgico se acompaña de finales abiertos en los que el lector tiene que hacer uso, si quiere, de su imaginación para adivinar qué habrá pasado al final.

Es un libro que he leído con calma, saboreándolo. Lo he alternado con otro, ya que me gustaba leer un relato de vez en cuando, no todo de golpe. Tenía la sensación de que si lo leía de una sentada (cosa bastante factible) arruinaría la magia que Munro intenta crear con su delicadeza y detenimiento. Algunos son mejores que otros, como no podía ser de otra manera, pero cuando crees que la escritora ya no puede ofrecerte nada nuevo, aparece con unos relatos finales autobiográficos que te dejan con un escalofrío en la piel. Esas últimas páginas me hicieron disfrutar de una manera abrumadora y ahí, entre esas palabras tan sinceras y tan desnudas, fue donde entendí el porqué de su gran merecidísimo premio.

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Al otro lado del río y entre los árboles, de Ernest Hemingway

Al otro lado del río y entre los árboles

Al otro lado del río y entre los árbolesDicen que los escritores dejan una huella autobiográfica en todas sus obras, en mayor o menor medida. Al fin y al cabo, suelen escribir de manera recurrente sobre los temas que les remueven por dentro, aquellos que marcan su existencia. En uno de los autores que más lo percibo es en Ernest Hemingway. He leído varias anécdotas sobre su vida, incluso una novela, Mrs. Hemingway en París, de Paula Mclain, que contaba la relación con su primera esposa y su estancia en París desde el punto de vista de ella. Eso me hace tener una imagen definida de Hemingway en mi cabeza y la proyecto en los protagonistas de sus historias involuntariamente: el pescador de El viejo y el mar, el soldado republicano de El viejo y el puente o el coronel, «criticón injusto y amargado», de Al otro lado del río y entre los árboles, una de sus novelas menos conocidas y de la que os voy a hablar hoy.

Publicada por primera vez en 1950, narra la estancia de un coronel en Venecia. Esta ciudad, tan bella y tan nostálgica, es el lugar idóneo para este hombre que ha dedicado su vida a la guerra y que se bate ya en retirada. Venecia y él mismo se despojan de exagerados romanticismos y muestran la crudeza que se esconde en el fondo.

El coronel ya ha pasado de los cincuenta años. Las cicatrices de su cara y los dolores de su cuerpo son el mapa de las batallas que ganó y sus pensamientos obsesivos, el de los errores que cometió. Una confianza alimentada a base de pastillas, unos paseos en góndola para cazar patos salvajes y comidas en restaurantes, acompañado por una bella mujer, apenas mayor de edad, son los pequeños placeres de los que disfruta mientras espera a la muerte. Con continuas referencias a acontecimientos y personajes históricos reales, lo cuestiona todo: sus mandos superiores; los supuestos enemigos; los escritores que escriben de la guerra sin haberla vivido; su país, Estados Unidos y sobre todo a sí mismo.

La trama de esta novela es lo de menos porque todo gira en torno a su protagonista, lo que piensa y lo que siente. Y en su brutalidad y su sensibilidad, en su pasión por la vida y su fijación por la vejez y la muerte, en su forma de vivir el amor y la guerra, yo no dejo de ver a Ernest Hemingway, que tenía la misma edad que su personaje en el momento en que la escribió.

No hay mejor manera de describir Al otro lado del río y entre los árboles que con las palabras de su propio protagonista: «solo un ruido entre las bambalinas de mi corazón. Mi puñetero corazón. Ese cabrón de corazón que es incapaz de resistirme»; una carta de despedida de un hombre que ama y odia la vida a partes iguales. Que cada cual valore si ese hombre es solo un personaje de ficción o también el mismísimo Ernest Hemingway. Yo, como os digo, lo tengo claro.

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Tres cuentos, de Eugenio Carmi y Umberto Eco

Tres cuentos

Tres cuentosCreo que una de las características principales que tiene que tener un escritor para que podamos empezar a tratarle como pope de la literatura es que no nos extrañe ver novedades editoriales con su nombre aun después de muerto. Esto es lo que pasa con Umberto Eco, aunque sinceramente digo que no me extrañaría que siguiera publicando desde ultratumba. Autor de un sinfín de obras, tanto teóricas como novelescas, y entre las que me atrevo a destacar – como fan fatal que soy de ese libro – El péndulo de Foucault, esta vez Umberto Eco llega a las librerías de la mano de DeBolsillo para recuperar tres cuentos escritos por su puño y letra y acompañados por las ilustraciones de un buen amigo suyo, Eugenio Carmi.

En estos Tres cuentos, traducidos por Esther Tusquets y Silvia Querini, se plasma la conciencia de un escritor que también fue, que sobre todo fue, persona. En ellos, los tres de lectura rápida y vocabulario infantil, Eco busca hurgar en la llaga de la tara que marca al ser humano. Si en el primero nos encontramos con un general que almacena bombas atómicas en el sótano para provocar una gran guerra, en el segundo viajamos con tres cosmonautas de tres países distintos que buscan en el universo, sin encontrarla, la reafirmación de que ellos y su sentimiento de patria son únicos, superiores; y en el tercero acabamos siendo la mofa de unos gnomos extraterrestres a los que vamos, por derecho propio, a conquistar. Taras universales.

He hablado de vocabulario infantil, de lectura rápida, pero ya veis que no siguen estas pautas los temas tratados. Umberto Eco y las ilustraciones de Eugenio Carmi que acompañan a cada página del texto buscan mostrar al lector lo engañados que estamos por sentirnos importantes, por sentirnos absurdamente importantes. En el primero de los cuentos, ‘La bomba y el general’, los átomos que componen la bomba atómica acaban representando la coherencia por encima del ser humano, ansioso de destrucción, destrucción externa e, inconscientemente, interna. En el segundo, ‘Los tres cosmonautas’, un americano, un ruso y un chino viajan hasta Marte en naves y trayectos distintos – porque ellos son distintos entre sí – y allí se encuentran, pero las diferencias – o eso creen ellos – son demasiado grandes para entenderse, por eso se odian y tendrá que ser un marciano con antenas y seis brazos quien les haga ver que la diferencia nace – y por consiguiente muere – en la imaginación. Y por último, en ‘Los gnomos de Gnu’, tienen que ser unos gnomos preguntones de un planeta muy lejano quienes muestren de cerca la realidad del planeta Tierra a un conquistador convencido de la superioridad humana con respecto a todo lo encontrable en el exterior. Nada más lejos de la realidad.

Tres cuentos es un libro cargado, en muy pocas páginas, de todo lo necesario para un niño – y para esos niños a los que ya la gente nos llama adultos –, y me vengo a referir a los valores de la fraternidad, de la amistad, la coherencia, la armonía, la felicidad, la verdad y, algo muy importante, el respeto a nuestro planeta, al medioambiente, a nuestro entorno. Porque está claro que si empiezas a cuidar lo que hay fuera acabarás cuidando lo que hay dentro, y lo que hay dentro eres tú. No mires arriba y sientas lástima o incluso te regodees porque los de allá arriba – que los hay – no están viviendo en este maravilloso planeta. Porque el adjetivo “maravilloso” está empezando a perder letras y ellos, los de allí arriba, lo están viendo mejor que nadie. Con Tres cuentos pasará lo que pocas veces ocurre en el género de la ciencia ficción, te pasará que no querrás ser como el protagonista. Debo terminar con la última frase del libro: «¿Por qué no nos ponemos nosotros a hacer lo que harían los gnomos de Gnu?».

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Lugares oscuros, de Gillian Flynn

Lugares oscuros

Lugares oscurosKansas. Dos de enero de 1985. Una mente perturbada acaba con la vida de una madre y dos hermanas. Su madre, sus hermanas. De aquella matanza solo se libró Libby, que tenía siete años cuando su hermano, desquiciado, asesinó al resto de su familia a sangre fría.

Ahora mismo, el trabajo, la carrera y las oposiciones hacen que al final del día me sienta como si un camión me hubiera pasado por encima. Llego a casa casi a rastras, para ver que todavía me espera una tarde entre apuntes y leyes. Así todos los días. Pero es cierto que hay dos cosas que no perdono y gracias a las cuales puedo sobrevivir sin desquiciarme: la primera, el paseo diario con los perros, para que ellos corran y yo olvide. Y, la segunda, el ratito de lectura antes de dormir. Esos ratitos suelen, depende del día, ser de dos horas —los días que me encuentro más activa—, pero para conseguir estar tanto tiempo sin apartar los ojos de un libro después de la locura de días que tengo, necesito encontrar un libro que haga que quiera quedarme con él. Uno de esos que hacen que me prometa a mí misma que el siguiente capítulo será el último, que ya es hora de dormir. Y, si tengo la suerte de encontrar un de esos, no me importa tener al día siguiente la sensación culpable que nace al saber que tendría que haberme acostado antes. Porque merece la pena. Porque soy muy fan de esos libros que saben atraparte y quitarte el aliento y no devolvértelo hasta que llegas a la última página.

Y eso es, exactamente, lo que me ha pasado con Lugares oscuros, donde encontramos la historia de Libby, que tuvo que vivir una experiencia aterradora cuando sus años todavía se podían contar con dos manos. Ese acontecimiento le hizo convertirse en una persona horrible, testaruda, caprichosa, aprovechada y cruel. Y, lo peor de todo, ella, a medida que iba creciendo, sabiéndose consciente de ello, no le importaba lo más mínimo. Haber vivido tal masacre le sirvió para ganarse la vida. Mediante entrevistas, libros y reportajes buscó la forma de que el mundo se compadeciera de ella hasta el punto de que no le hiciera falta más que llorar un poco delante de una cámara para sacarse un buen sustento. Pero la vida, como suele decir mi madre, pone a cada uno en su lugar. Y Libby tendrá que ver cómo los fantasmas del pasado vuelven a ella cuando se descubren, después de tantos años, pistas que en su día no se tuvieron en cuenta. Quizá las prisas por cerrar el caso hicieron que los investigadores se olvidaran de analizar una huella. O quizá sí la vieron pero era mejor hacer como si no existiera.

Gillian Flynn vuelve con otro thriller que promete ser un bestseller, al igual que lo fuera Perdida, novela con la que conocimos a esta escritora en España, pero que se escribió con posterioridad a Lugares oscuros. Esta autora es conocida por darnos historias un poco retorcidas, que hacen que nuestra mente crea que se va a volver loca. Nos da pistas sobre el final, pero no nos desvela el misterio hasta la última página. Este libro alterna dos historias, contadas en dos épocas distintas y por diferentes personajes: por una parte, encontramos la narración actual, contada por Libby y, por otra, la historia ocurrida en 1985, contada por la madre de la protagonista. Así, las tramas se irán alternando hasta llegar a un final sorprendente, haciendo que la lectura sea ligera y entretenida.

Así que, muy bien Gillian Flynn, has conseguido darme lo que estaba buscando. Algo que me enganchara e hiciera que mis ojos no se cerraran a los diez minutos de ponerme a leer. Y, lo más importante, has conseguido darme un libro que me hiciera olvidar por unas horas mi trabajo, mi carrera y mis oposiciones. Que no es que yo quiera olvidarme de todo ello, pero apartarlo un ratito de mi cabeza, aunque sea por un par de horas, es algo que me ayuda a irme a la cama con una gran sonrisa.

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15 libros de viaje para esta Semana Santa

Los últimos. Voces de la Laponia española

Aunque parece que las Navidades todavía resuenan en nuestra cabeza, la realidad es que la Semana Santa está a la vuelta de la esquina. Muchos de ustedes vais a tener unas merecidas vacaciones por lo que la pregunta es sencilla, ¿habéis elegido ya el destino? Si la respuesta es negativa, os dejamos aquí una buena lista para viajar sin salir de casa, con 15 libros que harán las delicias de todos. Y quién sabe, quizá esta lista os inspire para elegir vuestro próximo destino vacacional. Tenemos de todo. Empezaremos por España, para los bolsillos más modestos. Viajaremos a Portugal, nuestro vecino ibérico, cruzaremos el charco para viajar a los Estados Unidos, volveremos de nuevo a Europa e incluso realizaremos uno de los viajes míticos, ¿quieren saber cuál? Pónganse el cinturón… ¡empieza el viaje!

Los últimos. Voces de la Laponia española1. Los últimos. Voces de la Laponia española, de Paco Cerdá (Pepitas de Calabaza. ISBN 978-8415862765)

Para muchos, las vacaciones siempre tendrán olor a leña, a silencio, a campo y a tranquilidad. Esas vacaciones siempre ligadas de forma indisoluble a nuestro pueblo. Y sobre los pueblos trata este trabajo periodístico de Paco Cerdá. Sin embargo, ese estilo rural empieza a ponerse en peligro, como demuestran los datos demográficos de la Serranía Celtibérica, una amplia región que abarca territorios de diez provincias españolas, doblando la extensión de Bélgica, y en la que solo encontramos 7,4 habitantes por kilómetro cuadrado. Por esta Laponia del Sur viaja el autor recogiendo testimonios reales de un estilo de vida rural que languidece ante nuestros ojos.

La España vacía2. La España vacía, de Sergio del Molino (Turner ISBN 978-8416354146)

A estas alturas nadie duda del merecimiento del éxito que está cosechando Sergio del Molino con su estupendo y premiado ensayo. En La España vacía viajamos a esa España alejada del turismo, una parte de nuestra geografía cuyo atractivo no es el sol o el chiringuito playero abarrotado de guiris. El autor analiza de forma detallada y cuidada las causas de la despoblación rural que se vivió en la década de los 50, 60 y 70. Y solo entendiendo ese pasado (que muchos lectores reconocerán) se puede llegar a entender el presente que tenemos.

viaje-por-el-guadalquivir-y-su-historia3. Viaje por el Guadalquivir y su historia, de Juan Eslava Galán (La esfera de los libros ISBN 978-8490606810)

La Semana Santa en Andalucía es un reclamo eficaz. Se espera que muchos turistas abarroten las calles de Málaga, Córdoba y Sevilla al paso de sus procesiones más importantes. Pero nosotros os recomendamos un viaje por Andalucía de la mano de su río más ilustre, el Guadalquivir. Tartesos, béticos, califas… muchas y grandes historia que contar en los 657 kilómetros que separan la sierra de Cazorla de las aguas gaditanas de Sanlúcar de Barrameda. Todo narrado con la frescura y el rigor histórico de Juan Eslava Galán, uno de los escritores españoles más prolíficos.

Las altas montañas de Portugal4. Las altas montañas de Portugal, de Yann Martel (Malpaso ISBN 978-8416665297)

De Andalucía pasamos a nuestra vecina Portugal junto a Yann Martel, escritor canadiense que ya nos emocionó hace años con otro de sus viajes en la novela La vida de Pi. En este caso, Yann nos propone un largo recorrido de casi siglo y medio por el país luso en una historia de ficción protagonizada por Tomás, Eusebio y Peter. Tres hombres con tres caminos que se entrelazan a lo largo de la historia, formando un relato lleno de magia, ternura y algo de surrealismo.

viaje-a-portugal5. Viaje a Portugal, de José Saramago (DeBolsillo ISBN 978-8490628805)

Hablar de literatura en Portugal es tener siempre en mente a uno de sus mejores escritores, José Saramago. El genial Nobel de Literatura, fallecido hace casi siete años, dejó escrito en este libro sus pensamientos e impresiones sobre el país que tanto amó y que también, pese a alguna polémica, tanto le amó. Pese a ser conocido por sus grandes novelas, Saramago se descubre en este libro como un viajero atento y minucioso, que escruta la totalidad del territorio portugués de modo concienzudo y a la vez ameno para el lector.

New York, New York6. New York, New York, de Javier Reverte (Plaza & Janés ISBN 978-8401017520)

Cruzamos el Atlántico y aterrizamos en Nueva York. La Gran Manzana, la capital del mundo, la ciudad que nunca duerme… Llámenla como quieran, o simplemente, cántenla con el mismo tono entusiasta de Frank Sinatra. Porque Manhattan y sus alrededores tienen capacidad de sobra para fascinar a cualquier viajero, y en este caso, el viajero no es otro que Javier Reverte, voz autorizada en lo que a literatura de viajes en español se refiere. El autor madrileño cuenta, a modo de diario, sus impresiones sobre aquel otoño que pasó viviendo en esta fantástica ciudad. Lean este libro y su mente empezará a tararear aquello de “Empezad a extender la noticia, hoy mismo me voy, quiero formar parte de ella, Nueva York, Nueva York…”

viajes-con-charley7. Viajes con Charley, de John Steinbeck (Nórdica ISBN 978-8416112296)

Aunque muchos reconocen a John Steinbeck por Las uvas de la ira o Al este del Edén, entre la bibliografía del Nobel de Literatura en 1962 se encuentra también este libro de viajes. En 1960, y acompañado de su fiel perro Charley, el escritor californiano saldó una deuda personal. Y es que pese a escribir sobre la vida estadounidense, no conocía su propio país. Los 16.000 kilómetros recorridos a lo largo de treinta y cuatro estados le sirvieron para reflexionar sobre su vida y obra. A nosotros, este escrito nos sirve para conocer más y mejor al autor, pero sobre todo el país que intentó retratar.

america-manuel-vila8. América, de Manuel Vilas (Círculo de Tiza ISBN 978-8494571992)

Los Estados Unidos son un país tan grande y variado que ellos mismos tienen la osadía de llamarse América, como si el resto de moradores de dicho continente fueran meros actores secundarios. Solo desde exageraciones como esta puede llegar a entenderse lo que representa este país. El escritor aragonés Manuel Vilas deja plasmado en este libro sus largos viajes por carretera (sobre todo las del Midwest) buscando conocer un poco más sobre la clase media americana y lo que se ha venido llamando la American Way of Life.

Viaje a Rusia9. Viaje a Rusia, de Joseph Roth (Minúscula ISBN 978-8495587374)

Dejamos América pero seguimos hablando de vastos territorios. En este caso, los de la Unión Soviética de 1926. Joseph Roth, uno de los autores centroeuropeos más importantes del siglo XX, viajó de la mano del periódico del que era corresponsal a Rusia, donde el Partido Comunista empezaba a asentar fuertemente su ideología. Roth nos ofrece un viaje al pasado en el que relata no solo la vida política; también la religiosa, social y cultural. Si quieren saber cómo era el modo de vida soviético de la época de entreguerras, este es el libro indicado.

billete-al-fin-del-mundo10. Billete al fin del mundo, de Christian Wolmar (Península ISBN 978-8499425641)

En lo que a medios de transporte se refiere, no hay ninguno que supere el encanto y la belleza del tren. Y en este libro se aborda la historia de uno de los trenes más emblemáticos, el Transiberiano. Christian Wolmar nos cuenta cómo este ferrocarril consiguió transformar la fisonomía rusa, convirtiéndose en un pulmón que insufló vida a regiones tan áridas y apartadas como Siberia. Sus 9.000 kilómetros entre Moscú y Vladivostok sirven no solo para recorrer el país de punta a punta; también sirven para conocerlo y reconocer la importancia histórica que tuvo la construcción de este trazado.

rumbo-a-tartaria11. Rumbo a Tartaria, de Robert D. Kaplan (Malpaso ISBN 978-8494174988)

Malpaso recupera todo un clásico de la literatura de viajes contemporánea. Es Tartaria una región histórica cuyo difuso territorio abarca desde Hungría hasta la lejana Turkmenistán. Muchos la toman como frontera entre Oriente y Occidente, y aunque es muy difícil definirla debido a su variedad, lo que nadie duda es que de su trágica historia se derivan muchos de los conflictos que hoy en día preocupan en el panorama internacional. Robert D. Kaplan nos da la posibilidad de acompañarle en su viaje, a finales del siglo XX, para intentar comprender un poco mejor el siglo XXI.

de-que-color-es-berlin12. De qué color es Berlín, de David Wagner (Errata Naturae ISBN 978-8416544288)

Volvemos a suelo europeo y lo hacemos en una de las ciudades más fascinantes del viejo continente, Berlín. La capital alemana, por su multiculturalismo, su hospitalidad y su historia, es una de las ciudades preferidas por los jóvenes de Europa. David Wagner, siguiendo la estela de Benjamin o Hessel, recupera la figura del flâneur (paseante) y nos enseña cada calle y cada barrio de la ciudad germana. Si todavía no conocéis esta ciudad, esperamos que este viaje os sirva de acicate.

apuntes-de-un-viaje-por-francia-italia-y-suiza13. Apuntes de un viaje por Francia, Italia y Suiza, de Miguel de Unamuno (Oportet ISBN 978-8494393594)

En 1889, con 25 años, Miguel de Unamuno se dedicó (junto a su tío) a viajar por Italia, Suiza y Francia, en un viaje de un mes que terminaba en París, que ese año celebraba la Exposición Universal. Aunque en esa época ya cultivaba con interés el cuento y el relato corto, este viaje puede considerarse como la primera obra del escritor bilbaíno. Perdido durante décadas, el texto ve la luz con más de un siglo de retraso. Sin embargo, nunca es tarde para conocer el lado viajero de una de las voces más relevantes de la Generación del 98.

cronicas-de-islandia14. Crónicas de Islandia, de John Carlin (La línea del horizonte ISBN 978-8415958406)

Aunque pertenezca a Europa, hay poco en Islandia que haga referencia al viejo continente. Es más, se podría decir sin temor a equivocarse que no hay ningún país que pueda compararse o igualarse con Islandia. Su aislamiento geográfico, sin embargo, no ha servido para que entusiastas de los viajes la conozcan y queden totalmente prendidos de su encanto. Uno de ellos es John Carlin, periodista inglés que ha dedicado varios de sus viajes a estudiar y disfrutar de la singularidad islandesa. ¿Su veredicto? Viendo el subtítulo de este libro queda claro. “El mejor país del mundo”.

los-500-mejores-lugares-para-viajar15. Los 500 mejores lugares para viajar: La selección definitiva de Lonely Planet (GeoPlaneta ISBN 978-8408159544)

Si con la selección de libros que os hemos hecho todavía tenéis dudas de qué destino elegir, os dejamos de postre uno que os dejará sin excusas. La gente de Lonely Planet, expertos viajeros, han seleccionado los 500 mejores lugares para viajar. La lista la encabezan los templos camboyanos de Angkor y la Gran Barrera de Coral australiana. Pero si esos destinos os pillan un poco lejos, también os ofrecen destinos tan bellos como el Coliseo romano o la majestuosa Alhambra granadina. No lo dudes, entre estos 500 lugares, seguro que está el tuyo. ¿Viajamos?

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Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías

Mañana en la batalla piensa en mí

Mañana en la batalla piensa en míCada día que pasa estoy más seguro de algo: un buen libro es aquél que al terminarlo nos cuesta definirlo. Podemos contarle a alguien de qué va, pero ese resumen nunca será completo ¿Es Cien años de soledad la historia de una familia a lo largo de varias generaciones? Sí, pero no es solo eso y no es principalmente eso ¿Es El Quijote la historia de un loco caballero andante que sale a enderezar tuertos y deshacer agravios? Sí, pero no es solo eso y no es principalmente eso ¿Es, Mañana en la batalla piensa en mí la historia de un hombre que queda con su amante y tiene que lidiar con su sorpresiva muerte?

Sí, pero no es solo eso y no es principalmente eso.

Leer a Javier Marías es leer y escuchar y pensar en todo aquello que fue, pero más que nada en todo aquello que no fue. O que pudo ser.

Cuando Víctor Francés decidió aceptar la invitación que le hizo Marta Téllez (pasar la noche juntos), el abanico de pensamientos sobre lo que pasaría esa noche podría haber sido amplio, pero seguramente lo que jamás hubiera imaginado (ni él, ni nosotros en esa misma situación) es que su ahora amante moriría repentinamente instantes previos al encuentro amoroso. Nadie puede esperar que la muerte se presente en un momento como ese, que llegue con su daga en un momento inesperado y convierta la escena en algo absurdo se mire por donde se mire. Pero puede pasar, como tantas otras cosas que descartamos por la misma absurdidad o por no querer pensarlas, que es una manera de evadir un mundo en el que la muerte y la delgada línea que separa la vida de la no vida es más delgada de lo que pensamos y que podría ocurrir ahora mismo, mientras escribo esta reseña que entonces ya no será publicada, a no ser que mi mujer la vea inconclusa y decida homenajearme con su publicación.

Atrapado por semejante comienzo, el lector no podrá dejar de leer, pero el ritmo de Javier Marías no se lleva bien con la prisa y una buena novela, hay que decirlo, no es aquella a cuyo final deseamos llegar, sino todo lo contrario. Las grandes novelas tienen caminos, no finales.

Y aunque esta novela culmina, como todas, y de muy buena manera, el placer al leerla, al menos para mí, radicó en su contenido completo, en esas centenares de páginas en las que el estilo Marías se hace presente y que, cercano a Saramago, se compone de pensamientos, análisis, conjeturas y vueltas y revueltas por ese maravilloso mundo que es la mente humana y sus razonamientos ¿Cómo actuar ante una situación como la que le toca vivir a Víctor Francés? ¿Qué responsabilidad tiene uno ante un hecho como ese, la muerte de alguien a quien hace minutos apenas conocíamos? ¿Cómo afecta a cada uno de aquellos que conocían a la fallecida y cuanto de lo desconocido sale a la luz con la llegada de la oscuridad?

El mundo y las decisiones que vamos tomando segundo a segundo generan efectos y consecuencias en tal cantidad que abrumaría a aquel que se pusiera a pensar realmente en eso. Qué hubiera pasado sí, no dejan de preguntarse Víctor Francés y Javier Marías en cada una de las páginas de este hermoso libro. Qué hubiera pasado si él no hubiera aceptado la invitación, o si no se hubiera escapado del lugar de los hechos o si se hubiera quedado o si hubiera llamado al marido engañado, o si no lo hubiera hecho… Esos caminos sin explorar son los que marcan la línea de escritura de este fantástico escritor. Porque nuestras vidas, y así las contamos en las biografías escritas y no escritas, están compuestas por todo aquello que hicimos y todos estamos de acuerdo en pensar eso, cuando la realidad marca que detrás (o al lado) de todo lo que hicimos se encuentra todo lo que no hicimos, callamos, negamos, omitimos o queremos olvidar. Y también, acompañando, está todo aquello que podría haber sido en caso dé.

Leer a Javier Marías es como meterse en el cerebro de una persona para escuchar y transcribir todo lo que esa voz interior, que todos tenemos, tiene para decir. La otra voz, la que escuchan todos, es la menos interesante.

Cuando terminé de leer Mañana en la batalla piensa en mí, me costó definirlo. Y entonces supe que estaba ante un gran libro. Y que debía reseñarlo.

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El ruiseñor, de Kristin Hannah

El ruiseñor

El ruiseñorNadie quiere vivir una guerra. Pero a todos, o a casi todos, nos atraen las historias bélicas y no podemos evitar leer y documentarnos sobre ellas. En mi caso, será porque me recuerda a mi abuelo, que se pasaba las horas contándome historias sobre la posguerra española. Nació al borde del abismo y le tocó vivir un tiempo gris y ajado en el que una miga de pan era un bien de infinito valor. Mi abuelo me lo contaba como una historia, como un cuento. Y yo jamás he podido llegar a imaginarme cómo sería vivir una guerra. Leemos sobre batallas dentro de nuestra casa caliente y sabiendo que tendremos un plato en la mesa cuando nos sintamos hambrientos. También siendo conscientes de que tenemos un coche para desplazarnos y que si queremos estudiar, en la mayoría de los casos, podremos. Hoy vivimos de manera cómoda y sin miedo a escuchar sirenas que auguran una catástrofe. Vivimos con la tranquilidad de pensar que aquí la guerra nunca volverá, que ya sufrieron nuestros familiares lo que había que sufrir y que la guerra es algo que se ve por la televisión y que queda a miles de kilómetros. La guerra es algo que no va con nosotros.

Lo mismo pensaba Vianne, una de las protagonistas de El ruiseñor. La radio le decía que los alemanes estaban empezando a invadir Europa. Que un señor con bigote había emprendido una cruzada contra los que no eran como él. Pero cuando escuchas algo así, lo último que llegas a pensar es que tu marido tendrá que partir al frente, y que te quedarás sola con tu hija pequeña en una casa cuyas paredes no soportarán el peso de un cañón. Pero llegó ese día, y Antoine tuvo que alistarse y dejar a su mujer y a su hija solas, abandonadas a su suerte, con la promesa de que algún día la guerra pasaría y las aguas volverían a su cauce. Y todo se volvió todavía más oscuro y más gris cuando un capitán alemán obliga a Vianne a acogerle en su casa. Convivir con el enemigo es algo que nadie querría hacer, pero cuando tu vida y la de tu hija corren peligro, harás lo que sea por sobrevivir.

A su vez, encontramos la historia de Isabelle, la hermana pequeña de Vianne. Desde que tuviera muchísimos problemas con su padre, ha sido una nómada de los internador de Francia, lo que le llevó a tener un espíritu rebelde e inconformista que hará que arriesgue su vida en una lucha que se convertirá en algo personal.

Kristin Hannah, escritora estadounidense, narra con crudeza la historia de estas dos mujeres, valientes y fuertes como robles, haciendo que nuestro corazón se encoja a medida que la trama va avanzando, a la vez que lo hacen las tropas. Es una historia que me ha hecho llorar en alguna ocasión y también murmurar de rabia al ser testigo de la impotencia que debe sufrir un pueblo invadido por el terror.

Las historias de las dos hermanas son narradas en capítulos alternativos, haciendo que quieras avanzar en la trama para poder continuar con la historia de la otra, y a la inversa. Cuando yo me quise dar cuenta, la historia estaba prácticamente llegando a su fin. También encontramos unos capítulos contados en una época más actual, pero no sabremos quién es el narrador hasta que no concluyamos la historia. Hecho que hizo que todavía estuviera más enganchada a las páginas de este maravilloso libro.

Ni leyendo decenas de libros sobre la Segunda Guerra Mundial sería capaz de entender el horror que tuvieron que vivir los coetáneos de aquella época. Aunque, lo que sí es cierto, es que libros como El ruiseñor me ayudan a sentirme afortunada día a día por haber nacido en la época y el lugar donde lo hice.

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Caída libre, de Nina Sadowsky

caída-libreCaída libre es una de esas novelas de corte policíaco y criminal que se publican de refilón, en edición de bolsillo, sin grandes campañas de marketing que las avalen y las conviertan en “el thriller del año” (incluso estando a principios de año, como a veces sucede… Cosas de la mercadotecnia). Esto tiene su lado bueno, y es que se leen por genuina curiosidad, no por haber sido inducidos por la publicidad y las comparaciones con los fenómenos editoriales de otros años; y, al ser así, normalmente se han elegido por iniciativa propia, sin que nadie nos haya convencido de ello. Pero la ventaja más importante que ofrece esta discreción a la hora de aterrizar en las estanterías reales o virtuales de las librerías es que no existe ninguna expectativa hipertrofiada que nos haga esperar encontrarnos con el libro de nuestra vida.

(Bueno, en las recomendaciones que, siguiendo un estilo importado de EEUU, se suelen incluir ahora en las primeras páginas del libro, sí que se hace referencia a una comparación que al parecer hizo Booklist entre Caída libre y las consabidas Perdida y La chica del tren, pero no creemos que la opinión de Booklist haya llegado a muchos lectores de fuera de aquel país.)

Antes de seguir, una recomendación: absténganse de leer el resumen de la contraportada, en la que se desvela información que el lector no encontrará en la novela hasta bien avanzada la narración.

Caída libre participa de la nueva moda de novela híbrida e intergenérica. Esta, en concreto, puede inscribirse por igual en el género criminal y en el romántico con chispazos de erotismo light (o no light, según se mire, pero les aseguramos que no van a encontrarse con escenas que hagan enrojecer a ningún lector de novela contemporánea), bastante normalizado este último gracias a sagas narrativas bastante conocidas, aunque sea de oídas. La protagonista es Ellie, una hermosa rubia metida en graves aprietos, por decirlo suavemente, y el primer capítulo nos desvelará la magnitud de su problema (un primer capítulo muy bien escrito, con la información muy bien medida y suministrada y pequeñas dosis de humor negro). A partir de aquí, la narración alterna entre dos tiempos, el presente y diversos momentos del pasado, que no necesariamente se nos presentan en orden cronológico, aunque no resulta nada difícil situar cada escena en su lugar de la secuencia temporal.

A medida que vamos leyendo Caída libre, iremos conociendo la historia de Ellie y de su marido, Rob; del pasado de cada uno, sus relaciones con sus padres y otras personas cercanas o que tuvieron un papel decisivo en sus vidas; de cómo se conocieron y se enamoraron. También iremos sabiendo más sobre el origen de sus problemas y de cómo se vieron metidos en su indeseable situación actual, en la que interviene de lleno el elemento criminal. Su devenir nos llevará a un enclave paradisíaco, la isla de Santa Lucía, donde una serie de crímenes amenazan con desatar un infierno.

Caída libre nos presenta, además, una subtrama, también policíaca, en forma de caso a cargo del policía isleño Lucien Broussard, personaje especialmente entrañable y bien dibujado por la autora, quien lo dota de una encomiable humanidad y de gran persistencia en su trabajo detectivesco, en ocasiones especialmente duro.

Nos encontramos ante una novela que se delata como primera de su autora, Nina Sadowsky, quien no carece, sin embargo, de experiencia como escritora, más concretamente como guionista. Desconozco el producto de esta última faceta de ella; como escritora de novelas, hay que decir que consigue un relato de lectura fácil y amena, bastante ortodoxamente ajustada a los cánones de los géneros en los que participa. Al no ser yo aficionada a la novela romántica, no tengo suficientes elementos de juicio para esta parte de su narración, pero sí debo decir que la relación entre Rob y Ellie me parece, cuando menos, tan creíble como otra cualesquiera de la narrativa contemporánea del subgénero best seller; ahora bien, muchas de las escenas son simplemente adorno o, dicho más crudamente, relleno; al corresponderse exactamente con varios de los capítulos dedicados a flashbacks, estos capítulos son directamente prescindibles y pueden leerse, si se quiere, como subtrama romántico-erótica, aunque no aporten nada a la trama principal.

Decíamos que esta primera novela se manifiesta claramente como tal por cierta inocencia de la autora al escribirla, al hilvanar las distintas secuencias de la trama y al elegir para aquéllas algunas formas de resolución que pueden parecer algo abruptas, e inesperadas, no porque la autora las hubiera concebido así por exigencias de la trama, sino por ausencia de otros recursos que habrían proporcionado un efecto más medido, más pausado. Sorprende y desconcierta la multitud de cabos sueltos que quedan al final de la lectura –nos quedamos con la sensación de que había mucho potencial en determinados personajes secundarios y en su relación con Rob o con Ellie, apenas insinuada o bien despachada con un par de párrafos y que contenían el germen desaprovechado de una historia menos policíaca, pero sin duda más cercana, más pausada, con mayor misterio humano, en ocasiones freudiano, si se quiere. Ojalá Nina Sadowsky opte en futuras novelas por explotar más esa veta de intriga psicológica, pues cualidades ya apunta en esta novela.

Entre los rasgos más originales y más atractivos de Caída libre se encuentran la presencia de personajes semiprotagonistas de raza negra, siendo éstos los motores y solucionadores de la acción o bien las víctimas inocentes a quienes hay que hacer justicia, en lugar de ser meros figurantes sin arte ni parte real en la trama, o bien los consabidos villanos, algo a lo que nos tienen acostumbrados ciertos productos de cine y televisión; e incluso, por otro lado, lo que lamentábamos en párrafos anteriores como punto flaco puede verse también como rasgo original, a saber, la imprevisibilidad total en cuanto a qué personajes van a salir bien parados y cuáles van a perecer bajo la pluma de la autora, siendo así que personajes a los que Sadowsky se preocupa por dotar de cierta personalidad son fríamente despachados al cabo de unas páginas más, de forma más bien sorprendente, al menos para esta lectora.

Caída libre es una novela que, amparándose en la coartada de producto de género, revela una encomiable aspiración a superarlo y a proporcionar al lector una excusa para reflexionar sobre la búsqueda de referencias y asideros familiares y sentimentales que mueve a cada persona, por endurecida y zarandeada que haya sido por la vida y por frío que parezca su corazón. Se queda a medias de su objetivo, pero eso sí, ofrece una narración de pocas complicaciones, alguna que otra agradable osadía, y muestras de un potencial creativo que hace augurar buenas futuras novelas.