
Lobisón, de Ginés Sánchez
“Un día el Zacarías Zárate se metió dentro de un perro negro. Yo lo vi cuando lo hizo. Él se había caído en la nieve y con mucha sangre. Entonces vino el perro negro y el Zacarías Zárate se fue por el suelo y se le fue metiendo al perro por la boca y por los ojos hasta que ya no hubo más Zacarías Zárate y solo hubo perro. Por eso los perros negros me ladran cuando me ven. Es por eso por lo que yo los mato.”
Antes de nada, queridas legiones de fans –aunque más correcto sería decir hordas- no os echéis las manos a la cabeza, y bajad los palos, antorchas y las espadas y alejaos del castillo. No os estoy traicionando, no me he vendido, no soy un chaquetero. Sigo siendo fiel a los vampiros, porque haberlos haylos, y sigo sin creerme el invento ese de los hombres lobo. Así que moderación y dejad que me explique antes de que sea falsamente acusado, sumariamente juzgado y torpemente ejecutado.
Ya simplemente viendo la portada de “Lobisón” y semejante título (hombre lobo en portugués), se intuyen por dónde van a ir los tiros. El primer párrafo del libro, el que he anarroseado al comienzo de la reseña, los confirma. Lobisón es y/o no es una historia de hombres lobo.
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