Publicado el

El libro y la hermandad, de Iris Murdoch

El libro y la hermandad

El libro y la hermandadLos seres humanos somos curiosos. Desde que nacemos hasta que morimos experimentamos una gran amalgama de sentimientos que vienen dados por las circunstancias en las que vivimos, pero al final, vengamos de donde vengamos, seamos como seamos y pertenezcamos a la época que pertenezcamos, todos terminamos pasando antes o después por experiencias si no iguales, sí parecidas. Esto es algo que se ve muy bien cuando de fiesta trabas “amistad” con desconocidos y termináis contándoos vuestra vida… o en la literatura. Es increíble como en libros escritos con siglos de diferencia, puedes encontrar puntos y temas en común. Siempre se dice –y es verdad–, que los conflictos morales a los que se enfrentaban los personajes de las obras de Shakespeare (por poner un ejemplo) son conflictos a los que hoy en día, en pleno siglo XXI, también nos enfrentamos. Temas como el amor, la amistad, la vida, la muerte… o sentimientos como los celos, el miedo, la nostalgia… conciernen a personas de todas las épocas y regiones del mundo. Es curioso cómo, a pesar de todas las barreras que nos ponemos: estatus, raza, genero o cultura, todos nos volvemos iguales ante los obstáculos de la vida. Uno de esos temas que nos unen e igualan es la madurez y las expectativas incumplidas al llegar a la mediana edad. Cuando somos pequeños y tenemos toda las decisiones por tomar y toda una vida que vivir, nos imaginamos una existencia de película y creamos miles de planes y expectativas, sin embargo, tarde o temprano tenemos que bajar de las nubes y caer en el mundo real. El golpe puede ser más o menos fuerte, pero todos de algún modo nos enfrentamos a él. De esto trata El libro y la hermandad, de la escritora y filósofa irlandesa, Iris Murdoch.

Era como si un vacío vasto y blanco se abriera ante él, no de un blanco apagado y sucio como el del Muro de Berlín, sino un espacio radiante y vivo, como una nube blanca, húmeda y cálida. Se preguntó qué estaría haciendo al cabo de un año. ¿Se hallaba realmente tan próximo su futuro nuevo y diferente?

El libro y la hermandad comienza cuando un grupo de amigos se reúnen una noche de verano en una fiesta de antiguos alumnos en Oxford, enfrentándose así a los recuerdos y a los sentimientos que los unos despiertan en los otros. La mayoría siguen siendo amigos y mantienen la relación, pero también hay nuevos miembros agregados y luego está él –la oveja negra, el innombrable–, Crimond; el único personaje que no tiene voz en esta novela y cuya presencia, sin embargo, planea durante toda la historia debido a un proyecto común: un libro sobre el marxismo que Crimond lleva años intentado escribir con la financiación de los otros. Esa fiesta será el punto de inflexión que les hará plantearse sus vidas. Les llevará a hacer balance sobre qué esperaban del futuro, qué han conseguido y qué no, qué tienen y qué les falta, qué les une y qué les separa; y, al fin y al cabo, sacudirá un poco (o un mucho) el mundo de todos ellos.

Iris Murdoch es una de las mejores escritoras del siglo pasado y, sin embargo, casi una desconocida en nuestro país. Poco a poco, Impedimenta está reeditando sus obras logrando unas ediciones que son una delicia tanto por sus traducciones como por su diseño, pero que, sobre todo, merecen la pena ser leídas por la maestría de su autora. Esta es la primera obra que tengo el placer de leer de Iris Murdoch y creo que he empezado bien porque es su novela más extensa y coral. Se publicó por primera vez en 1987, época en la que alcanzó su madurez literaria, consecuencia de lo cuál, salió este libro, uno de los últimos que escribió antes de comenzar a padecer los devastadores efectos del Alzheimer. A raíz de su lectura –y aún a falta de seguir indagando en la genialidad de esta mujer–, quiero destacar la complejidad y la diversidad de Murdoch. El libro y la hermandad es un melodrama que ahonda en las relaciones de sus personajes, pero su narración no tiene nada de banal, ya que la autora se permite el lujo de escribir páginas y páginas con detalles que a priori pueden parecer superfluos, pero que no hacen más que mostrarnos de verdad a los protagonistas, a los que dota de tal realismo y profundidad, que ‘leerlos’ es como ponerse frente a un espejo. Son también dignos de admirar sus ágiles diálogos, de tal calado, que cada vez que cierras el libro por un rato, no puedes evitar reflexionar sobre lo que acabas de leer. Y es que estos diálogos son también el reflejo de la gran sabiduría de esta mujer, que dejaba entrever en cada uno de ellos sus propias reflexiones sobre la vida, la muerte, las relaciones, la filosofía y la política.

Dices que las personas serán marionetas y que la tecnología gobernará, pero, tanto si te consideras marxista como si no, ¡tienes que luchar para evitar que esa sociedad exista, no para que lo haga! Hablas de repensarlo todo, pero ¿bajo qué óptica? Debemos ser pragmáticos y tener esperanza, no entregarnos a la desesperación. No podemos prever el futuro. Es nuestro deber proteger al individuo.

En El libro y la hermandad vemos también la influencia de los grandes autores que marcaron a Murdoch. El inicio de la novela, con esa reunión de antiguos alumnos, recuerda sobremanera a El sueño de una noche de verano, de Shakespeare, uno de sus autores predilectos; Crimond, por su parte, recuerda también de algún modo al Gran Gatsby de Fitzgerald; y el estilo y la forma de esta novela nos lleva a pensar en los grandes autores del siglo XIX, como sus amados Dickens y Tolstói.

En resumidas cuentas, gracias a El libro y la hermandad, puedo decir que Iris Murdoch es de esas escritoras que disfrutas enormemente porque te pierdes en sus historias y en sus personajes; que es de esas escritoras que te deleitan poco a poco con libros escritos sin prisa, libros escritos para saborearlos y recrearte en ellos; y, sobre todo, que es una escritora de esas que te da hasta rabia de lo bien que escriben, ya que mientras lees sus libros (o mientras te sientas delante del ordenador para escribir una reseña sobre uno de ellos) eres consciente de que jamás escribirás como ella, con esa facilidad que tiene para el detalle y para entremezclar lo banal y lo intelectual, el humor y el drama; con esa facilidad que tiene para escribir novelas que son pozos de sabiduría que tratan sobre todos los temas importantes que ocupan nuestras vidas.

Publicado el

Entrevista a Ruta Sepetys, autora de “Lágrimas en el mar”

Ruta Sepetys

Ruta SepetysCon una exitosa carrera como productora musical a sus espaldas, Ruta Sepetys se lanzó al mundo editorial en 2011 con su primera novela, Entre tonos de gris, inspirada por la historia de su padre, un emigrante lituano cuya familia fue víctima del genocidio estalinista. Fue todo un éxito con más de 600.000 ejemplares vendidos, y dos años después publicó, El color de los sueños, ambientada en el Nueva Orleans de los años cincuenta. Lágrimas en el mar (publicada recientemente por Maeva), es su tercer proyecto y, según la propia autora, el más ambicioso. En él cuenta la historia del Wilhelm Gustloff, un trasatlántico que se construyó por orden de Hitler como crucero de recreo para controlar el ocio de las clases obreras alemanas y, que durante la Segunda Guerra Mundial, fue reconvertido en buque hospital para atender a los soldados heridos, hasta que en 1945 inició su última misión: evacuar a miles de refugiados que huían del asedio de los Aliados. Ruta Sepetys, la autora de los episodios ocultos de la Historia, responde a las preguntas de Libros y Literatura.

1. En la contraportada del libro se pregunta qué es lo que determina la forma en la que la historia y el legado de una cultura se preservan y se recuerdan. ¿Ha hallado respuesta a esta duda? ¿Por qué cree que el hundimiento del Wilhelm Gustloff ha sido relegado al olvido a pesar de ser la mayor tragedia marítima de la historia?
Los alemanes me contaron que después de la Segunda Guerra Mundial no veían apropiado posicionarse ellos mismos como víctimas y eso contribuyó a que esta historia se mantuviera oculta.
2. Los personajes de esta novela proceden de distintas nacionalidades y situaciones y, por tanto, tienen puntos de vista diferentes. ¿Ha sido muy complicado contar la historia desde cuatro enfoques tan distintos?
Fue muy difícil. Pero no fue por la parte cultural sino por crear una voz única para cada uno de estos personajes porque no quería que el lector los confundiera y siempre supiera en qué cabeza estaba. Entonces lo más difícil fue conseguir dar una voz única a cada uno de ellos.
3. ¿Y ponerse en la piel de Alfred, un soldado nazi, teniendo además en cuenta la historia de su familia?
Alfred no tiene compasión ni sentido de la empatía. Para crear su personaje, investigue al Adolf Hitler adolescente. Para escribir sus capítulos tuve que imaginar a una persona constantemente perseguida por el miedo.
4. Al narrar sucesos históricos como el del Wilhelm Gustloff, del que además no existe demasiada información, hay que realizar un gran trabajo de documentación. ¿Cuánto tiempo le ha llevado este proceso y qué parte considera que es la más difícil?
Me llevó más de tres años investigar y escribir el libro. Una de las dificultades al escribirlo fue contar la historia alternando el punto de vista de cuatro personajes diferentes. Fue un desafío asegurarse de que cada voz era distinta y única.
5. Su libro, con las historias de estos personajes que huyen de la guerra buscando una oportunidad, la libertad, llega en un momento en el que desgraciadamente el drama de los refugiados ha alcanzado un punto crítico. ¿Pretendía mandar algún mensaje en particular con su obra respecto a este tema?
Comencé a escribir el libro en 2012, varios años antes de la actual crisis de refugiados. Mi interés por ellos proviene del hecho de que mi padre es un refugiado y pasó nueve años en los campos de refugiados.
6. Todos los libros que ha escrito hasta ahora pertenecen al género histórico y van dirigidos a un público juvenil, ¿cuál es la razón? ¿Se ve escribiendo otro género o dirigiéndose a otro público?
Es un honor escribir para los lectores jóvenes. Son muy astutos. Exigen autenticidad y precisión, probablemente incluso más que los lectores adultos. Me siento muy afortunada de escribir libros que son leídos tanto por lectores jóvenes como por adultos y espero seguir escribiendo este tipo de novelas “crossover” (libros que consiguen vencer las barreras de la edad y son leídos por jóvenes y adultos).
7. Además de escritora es productora musical y ha alcanzado el éxito en ambos oficios. ¿Es difícil compaginar dos profesiones tan distintas?
Definitivamente hay puntos en común entre mis carreras en la música y en la escritura. El ritmo y la melodía son uno de ellos. Después de pasar más de veinte años con compositores, aprendí cómo el ritmo y la melodía son poderosos en cualquier proyecto creativo. El ritmo y la melodía hacen una frase memorable. Tengo esto en mente mientras escribo y leo mi trabajo en voz alta para escuchar cómo fluye. La música y la escritura trabajan juntas de manera natural.
8. Si tuviera que ponerle banda sonora a “Lágrimas en el mar”, ¿cuál sería?
La banda sonora sería triste, tal vez solo piano y violín
9. ¿Qué lee Ruta Sepetys en su tiempo libre y a quién admira?
Me encanta leer biografías y memorias. También disfruto con las historias cortas. Admiro la obra de Rainer Maria Rilke.
10. Tengo entendido que es una apasionada de los episodios ocultos de la Historia y, por eso, no puedo finalizar esta entrevista sin preguntarle: ¿ha elegido el próximo suceso con el que nos sorprenderá?, ¿puede adelantarnos algo sobre él?
¡Sí! Estoy trabajando en una nueva novela. La historia se sitúa en la década de 1950 en Madrid, durante la dictadura franquista.

 

Publicado el

Lágrimas en el mar, de Ruta Sepetys

Lágrimas en el mar

Lágrimas en el marSe suele decir que una imagen vale más que mil palabras. En muchas ocasiones es cierto. Una sola imagen captada en el momento correcto puede mostrar y resumir a la perfección una historia o un sentimiento. Pero las palabras… las palabras van más allá, dan color a las zonas oscuras y, sobre todo, aportan detalles y matices que en una sola imagen no se pueden ver. Desde siempre hemos sido testigos a través de la televisión de violencia, hambre, injusticias, pobreza, guerras… en definitiva, de distintos desastres tanto naturales como propiciados por la mano del hombre. En el último año nos han impactado y destrozado los distintos documentos gráficos con los que nos han bombardeado los medios sobre los refugiados sirios llegando a las costas de Grecia y Turquía. En España, sin ir más lejos, vemos constantemente a miles de emigrantes tratando de cruzar nuestras fronteras y perecer en el intento. Son imágenes escalofriantes y se nos quedan grabadas en la memoria, pero aún así, son sólo una pequeña pieza de una historia mucho más grande. Y eso, amigos, profundidad y detalles, es lo que nos aportan las palabras.

Lágrimas en el mar, de Ruta Sepetys, pone el foco precisamente en la historia de unos pobres hombres y mujeres que tienen que huir de sus lugares de origen para escapar de la violencia y crueldad de la guerra y del hombre.

¿En qué nos habíamos convertido los seres humanos? ¿Era la guerra lo que nos volvía malvados, o simplemente despertaba la maldad que ya habitaba en nuestro interior?

Ruta Sepetys nos cuenta la historia del Wilhelm Gustloff, un trasatlántico (construido por orden de Hitler en tiempo de paz para dirigir y controlar el ocio de la clase obrera alemana, además de exaltar las virtudes del régimen nazi), en el que viajaban los sueños y esperanzas de libertad de hasta 10.000 refugiados y militares alemanes que huían del asedio al que estaba siendo sometido el este de Europa por parte de los Aliados, durante los coletazos finales de la Segunda Guerra Mundial. El barco jamás llegó a su destino debido a que fue el blanco de varios torpedos lanzados por un submarino soviético el 30 de enero de 1945. Su hundimiento supuso la mayor tragedia marítima de la historia superando con creces el número de fallecidos del Titanic y del Lusitania, con más de 9.000 personas que perdieron la vida en las heladas aguas del Báltico aquel fatídico día.

Durante las semanas que pasé huyendo me había imaginado todos los finales posibles. Había hecho un listado de todas las formas en que podría morir. Eran espantosas, aterradoras. Había planeado detalladamente cómo me defendería, que arma usaría. Pero esto no me lo hubiera imaginado nunca. ¿Cómo te defiendes ante la agonía prolongada e insufrible de saber que terminarás rindiéndote al mar?

En Lágrimas en el mar conocemos la historia desde el punto de vista de cuatro protagonistas cuyo único rasgo en común es que son prácticamente niños, jóvenes de entre 15 y 21 años. Cada uno proviene de un país y carga con sus propios demonios y circunstancias, pero todos ellos se ven obligados a madurar y a enfrentarse a la terrible época en la que les ha tocado crecer. Ruta Sepetys es directa y sencilla y mediante capítulos cortos va pasando de un personaje a otro haciéndonos ver las distintas formas de afrontar y actuar ante un suceso de tal envergadura.

Aunque los protagonistas sean tan jóvenes y el libro se haya clasificado como histórico juvenil, se puede leer y disfrutar tengas la edad que tengas. No es una novela especialmente detallada, pero cuenta e introduce en la narración perfectamente los datos suficientes para trasladarnos a ese periodo histórico y, sobre todo, expresa muy bien las reflexiones y pensamientos de este grupo de críos que luchan por sobrevivir. El foco de esta obra está puesto en las personas, en sus historias, en lo que supone verdaderamente una guerra para la gente que sin quererlo ni comerlo se ve inmersa en ella y se ven obligados a alejarse de sus hogares, a ver morir a sus seres queridos y a dejar atrás sus raíces. En este libro vemos cómo el ser humano puede ser generoso y solidario o cruel y egoísta; cómo el hombre es capaz de lo mejor y de lo peor.

Deseé poder hablar lituano en vez de alemán. Cantar canciones lituanas. Me habían obligado a dejar atrás todo aquello que siempre amé (…) He perdido a mi familia, mi idioma y mi país. Lo he perdido todo.

Ruta Sepetys hace un ejercicio de memoria en Lágrimas en el mar. Le da voz a las miles de personas que fallecieron aquel día de 1945 y nos descubre un suceso que no ha colmado los titulares y ha pasado por la historia como de puntillas, a pesar de ser una de las tragedias de mayor magnitud, dentro de una de las dos guerras más cruentas que hemos vivido. Como la propia autora se pregunta, ¿por qué hay episodios históricos que acaba conociendo todo el mundo mientras que otros quedan relegados al olvido?, ¿qué es lo que determina la manera en la que los hechos pasan a la historia? Os recomiendo fervientemente este libro y os invito a reflexionar sobre estas cuestiones.

[product sku= 9788416363780 ]
Publicado el

Un gran favor, de Joyce Maynard

Un gran favor

Un gran favorLa amistad es un tipo de relación mucho más complicada y con muchos más matices y aristas de los que en principio creemos que puede tener. Como en cualquier otra forma de relación es particular, cada persona es un mundo y la relación que establece con otras personas también lo es. Cada pareja o grupo de amigos asienta su amistad en base a unos preceptos propios y únicos y, por eso, cada amistad es distinta. Aún así, como pasa con todo, por muy únicos y distintos que nos creamos, terminamos cayendo en la homogeneidad y uniformidad de la sociedad, repitiendo los mismos patrones de pensamiento y comportamiento que el resto. Por eso, aunque existen varios tipos de amistad, hay unos patrones reconocibles en los que, tarde o temprano, todos terminamos cayendo. Os estoy soltando todo este rollo por “culpa” de mi última adquisición: Un gran favor, de Joyce Maynard.

Un gran favor cuenta la historia de Helen, una mujer que ha tocado fondo tras perder la custodia de su hijo por ser pillada conduciendo bajo los efectos del alcohol. En esa situación de depresión y desamparo, conoce a Swift y Ava Havilland, una pareja de filántropos ricos y carismáticos que la seducen hasta convertirse, no sólo en sus mejores amigos, sino en el centro de su existencia.

Amigos… He ahí una palabra cargada de implicaciones. Conozco a algunas personas que, cuando hablan de una relación concreta, dicen «solo somos amigos», como si la amistad fuera en cierto modo inferior al vínculo que une a los amantes o a las presuntas «almas gemelas». Para mí, sin embargo, puede que no haya un lazo que, a fin de cuentas, importe más que la amistad. La amistad auténtica y duradera.

Nuestra protagonista es una mujer vulnerable que está metida en un pozo del que no es capaz de salir. Con unos padres ausentes que jamás se preocuparon de ella y un marido egocéntrico y de mal carácter que la abandona por otra mujer, sólo hay dos cosas que ocupan su vida: su hijo, Ollie, al que quiere más que a nadie; y el alcohol, su refugio cuando su hijo duerme y todo el peso de la soledad cae sobre ella. Es este último, el alcohol, el que la lleva a tocar fondo, cuando la policía la detiene por conducir bebida y su exmarido le quita la custodia de Ollie. En ese momento de debilidad, cuando está tratando de salir de ese agujero para recuperar a su hijo, conoce a los Havilland y cae en su embrujo.

Si Helen es la oscuridad por esa vida de tristeza y soledad que acarrea, Swift y Ava Havilland son lo opuesto. Los Havilland son la pareja perfecta, absolutamente enamorados, ricos, solidarios, alegres y tan carismáticos que a sus fiestas acuden decenas de personas. Son tan esplendorosos que Helen inmediatamente se ve atraída por su brillo y por la promesa de una amistad que la ayude a renacer de sus cenizas y recuperar la custodia de su hijo.

Con todo esto, la relación que se establece entre Helen, Swift y Ava es una amistad tóxica y obsesiva. Helen tiene una gran necesitada de amor y de consejo y los Havilland la arrastran en su red de tal forma que que no hay parte de su vida que no gire en torno a ellos, no hay parte de su vida que ellos no dominen. Pero como os imaginaréis, no es oro todo lo que reluce y en esta historia vamos a ver cómo a veces una amistad que crees indisoluble, entrañable y sincera, puede ser interesada, falsa y nociva.

El tema central de Un gran favor, como ya habéis visto, es la amistad, muy bien reflejada con sus distintas caras y facetas en el libro, al igual que sus protagonistas. Pero hay otro factor más que Joyce Maynard plasma a la perfección: el lujo. Además de sus personalidades atractivas y cautivadoras, los Havilland exudan lujo y ostentación por todos sus poros. Sus casas, su ropa y, sobre todo, sus fiestas. Recuerdan un poco a la opulencia y el glamour de los locos y felices años 20 que describían autores como John Steinbeck (Tortilla Flat), Ernest Hemingway (Fiesta y París era una fiesta) y especialmente, Scott Fitzgerald con su Gran Gatsby, obra cumbre de esta época y de la “generación perdida” que describe.

Salvando las distancias, Maynard, nos trae un poco de la pompa y extravagancia de las fiestas de aquella época en el estilo de vida y las fiestas que organizan los Havilland, en contraposición a la vida gris y mediocre que Helen lleva en su pequeño piso cuando no está con sus ricos amigos. Esta atrayente exuberancia unida al desamparo que arrastra desde pequeña es lo que la lleva a involucrarse tanto con Swift y, especialmente Ava, que es a la vez, la madre que nunca tuvo y la mujer que quiere ser.

No quiero desvelar más de la trama, a pesar de que la propia sinopsis de la contraportada peca un poco de ello, porque creo que es mejor acercarse a esta historia sin saber demasiado para dejar que la tensión, que se va mascando poco a poco, nos absorba por completo. Un gran favor, es, en definitiva, un libro fresco y distendido, a la par que amargo y tenso, que nos introduce de lleno en los opuestos estilos de vida de nuestros protagonistas, y que nos engancha y cautiva hasta el final, de la misma forma en que los Havilland lo hacen con Helen, y nos lleva a descubrir que, al fin y al cabo, nada es perfecto y las cosas nunca son lo que parecen.

[product sku= 9788416502301 ]
Publicado el

Una chica con pistola, Amy Stewart

Una chica con pistola

Una chica con pistola¿Y luego qué? Antes los años futuros eran un territorio vago y desconocido, amorfo, sin una medida concreta. Pero después de la muerte de mi madre, empecé a verlos en décadas delante de mí, unos encima de otros como una pila de ladrillos. Primero llegaba la década de los treinta, la mitad de la cual ya se había pasado-, y luego entraría en la de los cuarenta y en la de los cincuenta, eso era algo sólido, incuestionable. Pero después, los ladrillos se desmoronaban. Mi abuela murió con sesenta y dos años, y mi abuelo con sesenta y uno. Luego murió mi madre, víctima de una neumonía cuando acababa de cumplir los sesenta. Cuando me ponía a pensar en lo efímero del tiempo que me quedaba por vivir, en lo fútil que era pasarlo guisando o cosiendo o cavando en el huerto, me daba tanto miedo que casi no podía respirar.

Este párrafo debió de ser el pensamiento, el sentimiento, de muchas mujeres de siglos pasados. Tenían una existencia supeditada a la de sus maridos y otros familiares masculinos; su vida estaba programada y desde que tenían uso de razón sabían qué era lo que se esperaba de ellas. Por supuesto, había excepciones; mujeres que no se conformaban con lo que los demás querían y esperaban de ellas; mujeres que se rebelaban y cambiaban la vida específicamente planeada para ellas. Las protagonistas de Una chica con pistola, de Amy Stewart, entrarían en este grupo de mujeres atípicas que no seguían los dictados de la sociedad en la que vivían. Este libro cuenta un año de la vida de las hermanas Constance, Norma y Fleurette Kopp, que viven solas y aisladas en una granja de Nueva Jersey. La historia comienza cuando el coche de un rico fabricante de sedas, Henry Kaufman, embiste la calesa de las tres hermanas; este suceso cambiará la vida de las Kopp que se verán envueltas en una trama de amenazas y ataques que pondrá patas arriba su existencia tranquila, monótona y solitaria, e introducirá en su rutina al Sheriff Heath, el hombre que las enseñará a disparar y a protegerse.

Hoy en día no es ninguna novedad un libro en el que la heroína es una mujer que se subleva contra las normas de la sociedad patriarcal de la época en la que vive. Referentes como Elizabeth Bennet, Jane Eyre, Emma Bovary, Anna Karenina… marcaron la senda hace dos siglos y las novelas con este tipo de protagonistas han continuado creciendo hasta cotas impensables para pioneras como Jane Austen, o las hermanas Brontë, que jamás habrían imaginado leer libros sobre personajes femeninos como Lisbeth Salander o Katniss Everdeen, por nombrar dos ejemplos de heroínas de actuales conocidas por todos. Por supuesto, los personajes han evolucionado a la par que la sociedad y la época en las que se han escrito. Pero me estoy yendo por las ramas, Amy Stewart, reconstruye la historia de tres mujeres de carne y hueso que existieron de verdad, y con la que se topó por casualidad en un artículo de 1914. En este artículo se narraba la historia del choque de las hermanas Kopp y los sucesos posteriores, y la autora supo ver en él y en sus protagonistas ese je ne sais quoi que convierte una anécdota en una historia digna de contar y despertar el interés de los lectores.

Recopilando todo lo que hay sobre la familia Kopp e incluso entrevistándose con sus descendientes, Amy Stewart ha sabido dotar de vida a unos personajes reales pero de los que apenas se sabe nada más allá de esos pocos artículos que se publicaron a raíz de su enfrentamiento con Kaufman. Ha logrado crear unas mujeres llenas de matices, muy diferentes entre sí, pero con muchas cosas en común como las consecuencias de ser educadas por una madre desconfiada que las apartó de la ciudad y, por tanto, de la sociedad. La relación entre las tres hermanas es el eje de la novela y lo que más brilla en ella; a lo largo de todo el libro sientes que las conoces y que estás metido en la vieja granja que tienen como hogar. Las tres son magníficas, pero si hay un personaje que sobresale por encima de todos es el de Constance, la narradora de nuestra historia y la hermana mayor de las Kopp, que se enfrenta constantemente a Henry Kaufman, demostrando una valentía y un saber hacer que la llevó a ser la primera mujer ayudante del sheriff de la historia. He aquí, por tanto, a una protagonista digna de esos referentes literarios que antes mencionaba.

Por supuesto, Una chica con pistola, a pesar de ser un buen libro, no llega a la categoría de los de Austen o las hermanas Brontë, principalmente porque aquéllos presentaban algo completamente nuevo y transgresor y porque las mismas autoras rompían con la sociedad de la época para escribir y publicar algo así. Una chica con pistola no es una novela rompedora ni se va a convertir nunca en un referente para escritores posteriores, pero eso no le resta ni un ápice del mérito que tiene, que es el de una novela con un gran trabajo detrás, unas fascinantes protagonistas y una buena historia que te mantendrá pegado al libro hasta conocer cómo se resuelve la trama de acoso y violencia en la que se ven enredadas las hermanas Kopp sin comerlo ni beberlo.

[product sku= 9788416638826 ]
Publicado el

Pyjama Party, de Alfonso S. Palomares

Pyjama Party

Pyjama PartyHay pocas épocas que me apasionen tanto como los míticos años 60. Prácticamente cualquier libro ambientado en esa década despierta mi interés y va directo a mi estantería. También me encantan las novelas de crecimiento y formación en las que el joven protagonista abre los ojos y madura pasando de la pubertad o adolescencia a la edad adulta. Si a esta ecuación, además, le añadimos un road-trip, es imposible que el libro no me guste, a no ser que esté mal desarrollado o escrito, y este no es el caso de Pyjama Party, de Alfonso S. Palomares. Tiene todos estos ingredientes y a lo largo de las páginas va creciendo como su protagonista.

Como decía me fascinan los años 60. Es una década que ha pasado a la historia por ser la época de las ideologías y de la apertura de mente de una sociedad que por fin parecía salir de verdad de la guerra y de los años de posguerra. Es la década de los jóvenes; una década en la que éstos se interesan por la política. Es la época de las revoluciones y manifestaciones, tanto echándose en masa a las calles para protestar por las decisiones de sus gobiernos con las que no estaban de acuerdo, como mediante la ropa, la música, el cine, el arte o la literatura. Es una época apasionante en muchos países… entre los que no se cuenta España. Mientras que en otros lugares de Europa se estaba generando este cambio de mentalidad y de forma de vida, España vivía sumida en plena dictadura franquista anclada en una mentalidad anticuada y un estilo de vida represivo que mantenía a los jóvenes cohibidos y con los ojos cerrados a lo que pasaba fuera de nuestras fronteras.

Los jóvenes estábamos viviendo una época excepcional en la historia de Europa. La mejor del siglo XX y también del XIX para ser felices. Y posiblemente la mejor de la historia de la humanidad. Afirmaba que amanecía un tiempo propicio para el desarrollo en todos los órdenes. Teníamos un horizonte de paz por delante y se alejaban los trágicos recuerdos de la guerra, aunque se contaran en libros o se llevaran al cine, para nosotros eran historias pasadas que sólo había que recordar para no repetirlas. Todos los indicadores señalan que durante esta década cambiará el mundo y apuntaba que los nuevos ritmos como el rock and roll contribuirían al salto hacia delante.

En Pyjama Party, nuestro protagonista, Julio, es un joven madrileño que estudia periodismo y que al llegar el verano decide irse al extranjero y salir de la burbuja en la que vive en España. Con una mochila como único equipaje se planta en las carreteras europeas a hacer autostop para llegar a París donde le espera un vuelvo a Londres para trabajar en un campamento limpiando bulbos de tulipanes. La novela va avanzando entre las experiencias de Julio, la gente y lugares que va conociendo y las reflexiones que todo esto le provoca.

El punto fuerte del libro es el choque cultural, las diferencias que hay entre España y el resto de Europa, representada por esas dos ciudades punteras y cosmopolitas. Mientras en España sólo se hablaba con libertad de fútbol y del Real Madrid o de toreros como Dominguín; en Europa se hablaba de la Revolución Cubana, de la Guerra de Independencia de Argelia o de Hitler y el Holocausto judío. Mientras que en España se produjo una fuga de cerebros en todas las disciplinas y genios como Severo Ochoa, Manuel Azaña, Alberti, Salinas, Buñuel, Picasso… se veían en la obligación de exiliarse a otros lugares; los otros países los acogían con placer. Mientras que en España los libros de grandes autores españoles como Lorca, Machado y Miguel Hernández eran censurados; en los otros países se debatía la obra de Sartre, Sagan, D.H. Lawrence o Camus. Mientras que en España las mujeres tenían que ser y vestir de forma recatada; en Europa llevaban pantalón, se cortaban el pelo a lo garçon como Jean Seberg y dormían con baby doll… En definitiva, España iba a un ritmo muy distinto al que iba el resto del continente y, por los ojos de nuestro protagonista, somos capaces de ver cómo los españoles tenían una imagen totalmente distorsionada tanto de lo que había fuera como de lo que tenían en casa.

Para mí la percepción del mundo empezaba a ser como la de Galileo, lo noté desde que crucé la frontera y pude leer los periódicos franceses, el Sol ya no se movía alrededor de la Tierra sino al revés. No eramos el ombligo del mundo, ni la envidia del universo por tener a Franco de caudillo por la gracia de Dios, como nos aseguraban con monótona frecuencia, sucedía exactamente lo contrario.

El libro está escrito en primera persona y toda la narración es como si fuera un diario o un libro de viaje de Julio y, por tanto, está llena de reflexiones sobre lo que le acontece y, en especial, de algo que le obsesiona: las mujeres y el sexo. Algo lógico para un veinteañero que crece en la España de Franco y que en cuanto pone un pie en el extranjero se encuentra con unas mujeres y un erotismo y sexualidad que nada tienen que ver con la mojigatería de una España profundamente católica.

Yo tonteaba con diferentes chicas que iban marcando los limites de mis exploraciones en sus anatomías corporales. En el baile sus comportamientos cambiaban, se acercaban bastante en los boleros como “Solamente una vez amé en la vida”, pero sobre todo se derretían con el “Bésame mucho” como si fuera esta noche la última vez; era el preferido de todas. Después no besaban un carajo. Preferían pensarlo y soñarlo a hacerlo. En eso consistía su romanticismo.

Estas partes más banales y amenas se entremezclan con partes más serias y, no obstante, los extractos más interesantes del libro se corresponden con las páginas en las que los personajes que Julio va conociendo a lo largo de su aventura le cuentan sus visiones sobre distintos temas como el judaísmo y el holocausto, la guerra franco-argelina o las reflexiones sobre distintos libros o películas como: El Extranjero, de Camus; El amante de Lady Chatterley, de D.H. Lawrence; La Dolce Vita, de Fellini; e incluso, los artículos que el protagonista lee en periódicos extranjeros como The Observer sobre distintos temas. En este sentido, destaca especialmente la obra de Camus que será una referencia constante durante todo el libro ya que Julio se lleva El Extranjero como libro de cabecera en su aventura y trata de debatirlo con todo aquel que le quiera escuchar. No sé si en vosotros tiene el mismo efecto, pero yo cada vez que leo un libro que me gusta y está lleno de referencias sobre otros libros, me los apunto para poder leerlos después. Hasta ahora nunca me había leído nada de Camus, pero gracias a Pyjama Party, en breve me animaré.

Alfonso S. Palomares ha puesto a nuestra disposición el libro perfecto para el verano. Un libro que conjuga risa y drama y temas más serios como guerra o política, con temas más gratos como el sexo y el amor. Un libro que cogiendo un poco de aquí y de allá, combina y fusiona a la perfección algo de novela de formación, de novela de viajes y de novela histórica. Un tres por uno magnífico que no te dejará despegar los ojos del libro ni un segundo hasta llegar a su inmejorable final. Un final que, si os he convencido, tendréis que descubrir por vosotros mismos.

@EvaLColmenero

[product sku= 9788466659222 ]
Publicado el

Nunca falta nadie, de Catherine Lacey

Nunca falta nadie

Nunca falta nadieLa lectura de un libro no siempre nos afecta igual y no es lo mismo leerse un libro en una época o en otra. Nuestras circunstancias personales afectan claramente a su lectura, de igual modo que un libro determinado influye en nuestro ánimo. Por eso, hay veces que el que una obra nos llene o nos guste más o menos se ve influido por la etapa que estemos atravesando en el momento de su lectura. ¿Qué quiero decir con esta reflexión? Pues que la novela que nos ocupa en esta ocasión, Nunca falta nadie, de Catherine Lacey, me ha gustado porque es una lectura francamente buena, interesante y distinta; pero que a pesar de todo, creo que en otra época de mi vida (e incluso en otra época del año; invierno, por ejemplo) me habría llegado todavía más. No obstante, si estoy escribiendo esta reseña es porque al margen de estas vicisitudes el libro me ha gustado y lo recomiendo enormemente, pero no a todo el mundo, y os voy a contar el porqué.

Nunca falta nadie es la primera novela de Catherine Lacey y la crítica literaria estadounidense ha caído rendida a sus pies, como demuestra el que fuera elegido mejor libro del año en 2014 por The New Yorker y que Lacey recibiera uno de los diez Whiting Awards a escritores emergentes, premio que lograron en su momento autores como David Foster Wallace o Jonathan Franzen. Todo este revuelo se debe a que es una novela innovadora en la que en primera persona, Elyria, nuestra protagonista, nos va a contar cómo debido a un trágico suceso pasado que no logra superar, y al hastío que sufre en su vida de escritora de telenovelas y mujer de un profesor universitario en Nueva York, lo deja todo e inicia un viaje por Nueva Zelanda. Acompañaremos a Elyria en su viaje al país austral haciendo autoestop para llegar a la granja de un escritor que conoció una noche en una fiesta, conoceremos a una variada gama de rocambolescos personajes, viviremos distintas experiencias entre coche y coche y, sobre todo, conoceremos de primera mano las reflexiones e ideas de Elyria mientras trata de encontrarse así misma.

Estaba esperando este libro desde que vi su preciosa portada y leí su argumento, así que lo cogí con muchas ganas, pero las expectativas no son buenas compañeras a la hora de comenzar un libro o cualquier otra cosa. Esta lectura no ha sido del todo lo que esperaba, sin embargo, a pesar de ello, casi sin darme cuenta, en algún momento del libro pasé por el aro, entré de lleno en la historia y quería seguir viajando con Elyria. Porque a ver, ¿quién no ha querido romper con todo alguna vez y dejarlo todo atrás?, ¿quién no ha dudado de sus decisiones y el por qué las ha tomado?, ¿quién no se ha planteado más de una vez que habría pasado si hubiera tomado otro camino?, o simplemente ¿a quién no se le han pasado por la cabeza algunas ideas descabelladas que no ha querido compartir con nadie? Todo esto es lo que es esta novela. Algo que se resume en una sola cosa: sentimientos. Nunca falta nadie es un libro que está muy vivo y que tiene alma; la de su protagonista que se expone por completo para nosotros como si fuera una rana lista para que la diseccionemos. Somos capaces de meternos en la mente de Elyria y oír absolutamente todos los pensamientos que tiene; los buenos y los malos; los lógicos y los descabellados; los que podría compartir con cualquier amigo o conocido y los que jamás querría que nadie conociera. Lo más especial de este libro es precisamente eso, que es como si Elyria nos abriera de par en par su cerebro y su corazón; y aunque no estés pasando por lo mismo que ella y aunque tengas una forma distinta de ser, de pensar y de reaccionar a las cosas, todos podemos vernos reflejados en muchos de sus sentimientos y reflexiones. Por eso, es tan fácil empatizar con ella y con su historia y, por lo tanto, dejarse llevar hasta el final como si estuvieras acompañando a una amiga en su huída a lo Thelma y Louise.

Hay personas que nos hacen sentir más humanas y otras que nos hacen sentir menos humanas, y eso es tan evidente como la gravedad, y quizá exista un modo de demostrarlo, pero la demostración importa menos que el hecho de que ocurra, el hecho de que pueda aparecer un desconocido y mirarte y hacer que tengas más sentido para ti y para el mundo, aun cuando ese sentido sea algo extremadamente frágil y solo se dé de vez en cuando, y tenga propensión a alejarse o apagarse.

Como decía al principio de esta reseña, Nunca falta nadie, es un libro que recomiendo fervientemente, pero con alfileres, no a todo el mundo porque es una historia que hay que leer sin prejuicios, que hay que leer dejándose envolver por el mundo de Elyria, cogiéndola de la mano en su viaje hasta el final sin pensar despectivamente: “esta tía está loca”. Porque si plantearse las cosas, si estar perdidos, si querer empezar de cero, si no tener respuestas para todo… es estar loco, ¡viva los locos! En una parte del libro, el profesor con el que Elyria va a refugiarse, le dice: “nada es suficientemente bueno para ti y quieres algo imposible”. Que tire la primera piedra aquel que nunca ha soñado con imposibles, aquel que siempre está a gusto y contento con su vida y no quiere o busca algo más. Todos somos un poco como Elyria, y los que sean capaces de reconocerlo son los que van a disfrutar de este magnífico y original libro.

@EvaLColmenero

[product sku= 9788420415710 ]
Publicado el

Viento mortal, de Cay Rademacher

Viento mortal

Viento mortal

Hay libros que te marcan y otros que simplemente te entretienen y te hacen pasar gran rato sin más pretensiones. Viento mortal, de Cay Rademacher, se encuentra en el segundo grupo, pero no obstante, es una lectura que realmente merece la pena y que se ajusta muy bien a la época estival en la que nos encontramos.

Se trata de una novela de misterio en la que el protagonista, el capitán Roger Blanc, es trasladado a a una pequeña localidad en la Provenza como castigo por investigar e incomodar a altos cargos de la capital francesa. Por si eso fuera poco, su mujer se niega a acompañarlo aduciendo a la aventura que desde hace tiempo tiene con otro hombre. Así las cosas, Blanc, empieza de cero en una vieja casa heredada de un tío y en una comisaria donde no es del todo bien recibido. Por eso, nada más llegar le asignan un caso que, en principio, parece carecer de importancia, pero que irá ganando magnitud y que tendrá que investigar con dos de sus nuevos colegas: un hombre vago y nada respetado por sus compañeros y una especialista informática que es todo lo contrario. Además tendrá que lidiar con el matrimonio formado por el Secretario de Estado culpable de su traslado y la jueza de instrucción de su nuevo destino, que estará pendiente de todos sus pasos desde el primer momento.

Es un libro de misterio al uso que no aporta nada nuevo al género pero que, no obstante, sí tiene algunos rasgos distintivos que lo hacen más atractivo y mejor que la media de libros del género. Para empezar, su ambientación. Como decía, la historia se desarrolla en la Provenza francesa, un paisaje bucólico y tranquilo en el que nadie se espera que sucedan cosas terribles y, por eso, cuando suceden, el avispero se agita ineludiblemente. Tras la cansina moda de novelas negras ambientadas en los fríos y ya monótonos paisajes nórdicos, es de agradecer este cambio de tercio a una panorámica cálida y colorista que se advierte y experimenta nada más ver la portada (y sus magníficas solapas), además de desde la primera página. He de añadir, hablando de primeras páginas, que me gustan mucho las novelas que, a lo Agatha Christie, comienzan con un listado de personajes a modo de presentación para que sepamos desde el principio quién es quién.

Además del cambio de ambiente, Cay Rademacher, también introduce unos personajes algo diferentes, especialmente el protagonista que, a pesar de la difícil situación personal y profesional que atraviesa, no ahoga sus penas en alcohol ni saca a relucir un carácter agrio y antipático como la mayoría de los protagonistas de la novela negra hoy en día. Blanc se trata de un hombre normal que, como todos, tiene luces y sombras y que en el momento del libro se encuentra en una mala racha, pero en vez de arrastrase por el suelo y autocompadecerse, empieza de cero y trata de rehacer su vida en todos los ámbitos a la vez que es fiel así mismo. Hago hincapié en esto porque últimamente estábamos acostumbrados a policías atormentados que reniegan de todo y vuelcan su frustración y tormento en litros de alcohol. El protagonista de este libro no es así y es algo que valoro enormemente como lectora asidua de novelas negras o de misterio.

Al margen de los dos puntos claves y distintivos que he comentado, Viento mortal es un libro que se lee fácil y cómodamente. Está bien escrito, con su justa medida de descripciones y diálogos y con un argumento bien hilado y presentado, que se centra en cómo afecta el crimen a los habitantes de la localidad –en la nota de prensa que presenta el libro se habla de género slow crime–. Por eso, no esperéis generosas dosis de tensión ni grandes giros, porque no es el caso de esta novela. Esto no quiere decir que el libro no enganche, que no haya misterio o que sea excesivamente lento o previsible, ni mucho menos; pero no son sus rasgos más destacados.

En resumidas cuentas, es un libro recomendable para los amantes del género de misterio que estén un poco cansados de la última corriente escandinava que puebla las librerías hasta la saciedad; y para los lectores que busquen un libro correctamente escrito y de ambiente y tono plácido, para leer en las mañanas y/o tardes de playa o piscina.

 

@EvaLColmenero

[product sku= 9788416363902 ]
Publicado el

Misión: eliminar al Mesías, de Maiquel Da Costa

Misión: Eliminar al Nuevo Mesías

Misión: Eliminar al Nuevo MesíasHacer humor es muy complicado. Es fácil emocionar a la gente –todos solemos soltar alguna lagrimilla ante los mismos temas o sucesos–, pero a cada uno nos hacen gracia cosas distintas. Hay gente más proclive al humor, con la risa más fácil, y gente a la que le cuesta mucho más entrar al trapo. Y si en televisión o cine es complicado, en la literatura es una tarea mastodóntica. El primer libro de Maiquel Da Costa, Misión: eliminar al Mesías, es un buen ejemplo de que, aunque no es tarea fácil, se puede lograr.

Maiquel nos cuenta la historia de un demonio del escalafón bajo del Infierno, Lucio, al que se le encarga deshacerse del nuevo Mesías que se encuentra en Madrid, dentro de su jurisdicción, que es la Península. El Mesías resultará ser una mujer llamada Eva, bajista de un grupo de deathcore, tatuadora profesional y aficionada al krav magá y a las catanas. Éste es uno de los puntos fuertes de esta lectura, la gran imaginación que derrocha el autor al fusionar fantasía y humor negro. Se trata de un humor ácido, punzante y políticamente incorrecto. De esos que escuecen, especialmente, porque su diana es la religión católica con todos sus componentes: Dios, El Cielo, El Infierno, demonios, ángeles, El Mesías… y varios personajes históricos como Hitler, Stalin, Sadam Husein, Enrique VIII, Kim Jong-il o la condesa Elizabeth Báthory. Todos son carne de cañón en esta historia que no deja títere con cabeza y a la que, por tanto, hay que acercarse sin susceptibilidades.

Como decía, la receta para hacer humor es ardua, pero hay una serie de tips que ayudan bastante. Personalmente, creo que uno de ellos es que el libro tiene que ser muy visual. Tenemos que ser capaces de reproducir en nuestra mente de manera clara la escena que el autor nos está describiendo. Para facilitarlo, un buen método es usar sitios y personajes famosos (como los que hemos nombrado antes). Tirar de referencias populares siempre funciona ya que ayuda a la identificación y porque, evidentemente, es más fácil atrapar a los lectores si la broma es sobre algo que conocen. En este caso, Misión: eliminar al Mesías, está lleno de referencias culturales y cinematográficas que nos acercan a los personajes y a la historia que se encuentran entre sus páginas. La historia está, además, ambientada en Madrid, una de las ciudades más visitadas de nuestro país, lo que ayuda aún más a esa identificación de la que hablamos, y que resulta muy fácil en este libro gracias a la maña de Maiquel a la hora de describir la capital y mover a los personajes por ella.

Misión: eliminar al Mesías es un rara avis. Es un primer libro diferente y original, de esos que suelen abrirse un hueco en nuestras librerías gracias a editoriales pequeñas que quieren hacer y publicar cosas nuevas y no tan vistas. Ediciones Librando Mundos le ha dado una gran oportunidad y es de agradecer porque es un libro muy disfrutable, sobre todo, ahora en verano. No obstante, me ha sorprendido que, aunque el libro está muy bien narrado, tiene ciertas erratas e incorrecciones ortográficas y gramaticales, que deslucen un resultado que podría haber sido de diez. A pesar de ello, recomiendo fervientemente esta historia para todos aquellos que busquen un libro original, divertido y trivial con el que desconectar durante unas horas. Para todos aquellos que disfrutan con libros como Buenos presagios, de Neil Gaiman y Terry Pratchett; o con películas como El Día de la Bestia o Little Nicky, es una lectura obligada.

@EvaLColmenero

[product sku= 9788494459573 ]
Publicado el

Aguacero, de Luis Roso

aguacero

aguaceroLa novela negra siempre ha sido uno de mis géneros favoritos para desconectar del día a día y, de paso, jugar a ser una detective –la primera profesión a la que me quise dedicar cuando apenas superaba el metro de altura–. Tengo cientos de recuerdos de mí misma devorando libros de Agatha Christie o Patricia Highsmith ya en mi más tierna infancia. Fueron de los primeros libros “serios” que leí. Luego, vendrían Conan Doyle, con su archiconocido Sherlock Holmes, y Raymond Chandler. El gran atractivo de estas novelas radica, además de en su temática, que gira, evidentemente, en torno a un crimen, en sus ambientes opresivos, sórdidos y violentos; en sus carismáticos investigadores; y en sus diálogos que le dan ritmo a la investigación. Aguacero, la primera novela de Luis Roso, cumple con todas estas características y me ha devuelto a esos veranos de emoción y tensión de mi infancia.

En Aguacero, nuestro protagonista, el inspector Ernesto Trevejo, deberá trasladarse por orden de su comisario a un pequeño pueblo de la sierra madrileña, Las Angustias, donde han muerto cuatro personas –dos guardiaciviles y el alcalde y su mujer– para ayudar a la Guardia Civil a desentrañar los crímenes. Ya allí, nos encontraremos con un pueblo desolado, sombrío y lleno de secretos. Esta novela tiene tres puntos claves que se corresponden con las características más importantes de la novela negra que decía en el párrafo anterior: el primero es la época en la que se desarrolla, los años 50 de una España en la que ya estaba del todo asentada la dictadura de Franco. Una España, por tanto, cerrada y monjil; que se vuelve aún más encorsetada y oscura en pueblos pequeños como el de la historia. Me ha encantado leer una novela ambientada en nuestro país, en una parte (negra) de nuestra historia –tan rica e interesante como la de cualquier otro país– mostrando cómo era la sociedad y la vida en esos años. Y si bien al reflejar la sociedad de esa época se hace un poco de crítica social, ésta es una pequeña parte del libro porque lo importante, el foco, sigue estando en el caso que se está investigando.

Otro punto a destacar, casi diría que el que más, son los diálogos. En Aguacero ocupan el 90 por ciento del libro y son brillantes. Dotan de ritmo a la narración y nos muestran en todo su esplendor a los distintos habitantes de Las Angustias que están involucrados en el caso. A pesar de que ocupan una buena parte del libro, van de la mano de unas descripciones breves pero precisas que arman un esqueleto sólido para aguantar con facilidad el peso de esta novela.

–Bogart también tiene un aire castellano –afirmó el ingeniero–. O por lo menos europeo. ¿No les resulta calcado a Albert Camus?

–¿A quién? –pregunté, por mí y por el resto de los presentes.

–Es un escritor francés –respondió el ingeniero–. Aunque me imagino que no lo habrán publicado todavía en España. Yo lo he leído en versión original. Es un existencialista. Quiere decir que está todo el día pensando en qué hacemos en este mundo y qué habrá en el más allá.

–Lo mismo que hacemos todos a diario, sin darnos tanto bombo –dije.

–Sí, supongo que sí. Los españoles sois un pueblo muy dado a la metafísica.

–¿Qué es eso, la metafísica? ¿Algún término de su lengua materna?

–Es usted muy ocurrente, inspector. No, la metafísica es la disciplina que estudia el origen del ser, de dónde venimos, adónde vamos, qué significa morir…

–Morir significa morir, se acabó lo que se daba, finito. Tampoco hay que graduarse en la Sorbona para saber eso.

–Ernesto Hemingway, en uno de sus libros que escribió sobre España, puso que le había llamado la atención un dicho de este país: hay que tomar la muerte como si fuera una aspirina. Yo nunca he oído decirlo, y creo que igual fue invención suya, pero me parece que dio en el clavo, que ahí dejó condensado mucho de la manera que tienen ustedes de ser. El humorismo, por un lado, y por otro el desplante y la naturalidad con que asumen el paso a la otra vida.

–Lo natural es morirse, ¿por qué no habría de tomárselo con naturalidad? Las cosas que nos ocurren hay que tomarlas como vengan. Si sale con barba, san Antón, si no, pues eso… Para lo poco que vamos a estar aquí no merece la pena preocuparse tanto por estos temas.

–Estoy convencido de que a usted le gustaría este filósofo que le digo, Camus. Le abriría una nueva perspectiva en su visión del mundo.

–De la visión ando bien, de momento. Pero cuando quiera mándeme algún libro suyo y lo leeré con gusto, aunque no se crea usted que soy un hombre muy de letras.

Por último, el tercer punto destacable del libro son la pareja de investigadores, el inspector Ernesto Travejo y el guardiacivil que actuará como su segundo, Aparecido Gutiérrez. Son dos personajes carismáticos e interesantes por separado, pero cada escena que tienen juntos aumenta el interés y el enganche. No tienen nada que envidiarle a otras parejas famosas de la novela negra y, de hecho, me encantaría poder leer más novelas protagonizadas por ellos dos.

Durante años el epicentro de la novela negra han sido los países nórdicos con nombres como Stieg Larsson, Henning Mankell, Jo Nesbø o Camila Läckberg; pero cada vez más autores españoles están reavivando un género que ya tuvo grandes referentes en nuestro país hace unos años (Manuel Vázquez Montalbán, Francisco González Ledesma y Andreú Martín). Autores como Víctor del Árbol, Rosa Ribas, Cristina Fallarás, Alexis Ravelo, Dolores Redondo, o los mismísimos Alicia Giménez Bartlett y Lorenzo Silva, que son ya referentes de la novela negra de nuestro país, colocan cada libro que sacan directamente en las listas de superventas. A esta lista ya podemos añadir a Luis Roso que con Aguacero ha conseguido escribir una novela negra al más puro estilo de los grandes clásicos y en la que ambientación, narrativa y personajes conforman un libro cerrado y perfecto que se lee con avidez y te deja con ganas de más.

@EvaLColmenero

[product sku= 9788466659215 ]
Publicado el

Tulipanes y delirios, de Sanz Irles

Tulipanes y delirios

Tulipanes y deliriosPícaro/a y picaresco/a son términos muy españoles, muy castizos, muy nuestros. No en vano, la novela picaresca es uno de los géneros literarios españoles por excelencia, surgido en el llamado Siglo de Oro. Y si pensamos en novela picaresca, pensamos en La vida de Lazarillo de Tormes y en La vida del Buscón, de Quevedo; dos de las novelas españolas más características. Pues bien, desde que empecé Tulipanes y delirios, de Sanz Irles, no podía quitarme de la cabeza los términos “pícaro” y “castizo”, porque si bien el eje de la novela es la emigración y la acción está ambientada en Ámsterdam –más concretamente en el mítico Ámsterdam de los años 70–, los personajes y la prosa son muy castizos y el protagonista es muy similar al típico héroe picaresco. Quizá porque, precisamente, todo emigrante necesita echar mano del pícaro que lleva dentro para enfrentarse a sus nuevas circunstancias en un lugar desconocido.

En Tulipanes y delirios nos vamos a encontrar con Eugenio Anglada (Genio para los amigos), un joven español que lleva años buscándose la vida en Ámsterdam, junto con los otros miembros de la colonia de emigrantes que viven en dicha ciudad. Genio es licenciado en Clásicas, gerente de un restaurante, locutor de radio y asistente de un chuloputas. Su vida transcurre entre sus distintos trabajos y las reuniones con los otros exiliados; reuniones en las que no faltan el alcohol, las drogas y el sexo. Al inició de la novela, nos encontramos con Genio en el bar El Relicario con dichos compañeros de penas y alegrías y vamos conociendo los nombres, apodos y forma de vida de todos ellos (siempre por boca del propio Eugenio). En un principio, su vida parece perfecta, a pesar de –o quizá gracias a– la amoralidad en la que se mueve. Tiene sus muy variados trabajos, una amplia camarilla de amigos, una buena posición dentro del grupo, una preciosa novia de las Antillas Holandesas, una ardiente amante de Curazao y todas las drogas y alcohol que quiere. Pero, poco a poco, vamos presenciando la caída del héroe, a quien de poco le sirven sus artes de pícaro, hasta convertirse en un trágico ejemplo de antihéroe. De hecho, desde el principio sabemos que ese estilo de vida no tiene futuro, que tiene que romper por algún lado ya que el propio protagonista nos avisa. Por lo tanto, nos vamos a encontrar ante una especie de autobiografía que, con un estilo directo y de confianza, va a mirar hacia su pasado como una forma de desahogo, como una forma de exorcizar sus demonios.

Si bien, como en toda novela picaresca, las aventuras y desventuras de su protagonista son los músculos y la piel, su esqueleto es el fenómeno de la emigración, el desarraigo de unos hombres que han dejado sus hogares, sus familias y sus amigos para construirse una vida nueva en ese Ámsterdam mítico. En un paso más allá que sus predecesores del Siglo de Oro (Lázaro de Tormes y Pablos, el Buscón de Quevedo, que peregrinan, uno de Salamanca a Toledo acompañando al ciego al que sirve, y otro por varios puntos de la geografía española), Genio y sus amigos han cambiado de país y, aunque ya están bien establecidos,la nostalgia por sus lugares de origen y las ganas y la intención de regresar a ellos está presente a lo largo de toda la novela, impregnando sus hojas.

La emigración es un movimiento que a lo largo de la historia siempre ha acompañado a la humanidad, ya que desde el principio de los tiempos el ser humano ha emigrado en busca de unas condiciones de vida mejores. Desde que era pequeña he oído en innumerables ocasiones eso de que “España es un país de emigrantes”, y es verdad. A lo largo de la historia de nuestro país, ha habido muchos momentos que han llevado a nuestros compatriotas a abandonar su vida y sus orígenes; como la Guerra Civil y el franquismo. Prácticamente todos tenemos algún familiar que emigró a Argentina, Venezuela, México o a algún país europeo como Alemania. De hecho, en los últimos años, otra gran oleada de jóvenes se han visto en la obligación de marcharse de España para buscar un futuro mejor en el extranjero. Tulipanes y delirios podría ser la historia de cualquiera de ellos. Y es que, aunque la historia que aquí se cuenta es pasado y está llena de los excesos de otra época (Ámsterdam era conocida como la capital hippie de Europa), algunos sentimientos como la añoranza, la soledad, la pesadumbre, la inseguridad, el desengaño… son atemporales y universales.

De la mano de Genio nos adentraremos en las vidas de estos hombres llenos de vicios e imperfecciones que durante años se han ganado la vida como han podido, apoyándose los unos en los otros, tirando de ingenio y, sí, de picardía para sortear una situación tan complicada. Pero,a pesar de ello, en la mayoría de los casos, cuentan los días para regresar a sus países de origen. Conforman una suerte de colonia que les ayudará a sobrellevar mejor el desarraigo y las miserias de vivir en un país que no es el suyo. Así, el libro es como una puerta por la que podemos entrar al Hispania o a El Relicario y sentarnos entre los demás, para escuchar las anécdotas que unos y otros comparten mientras se beben unas cervezas.

Tulipanes y delirios es una obra, como dice su sinopsis, amarga y cruel a la vez que hilarante y esperpéntica. Es una obra directa, sin pelos en la lengua y descarnada. Es una obra en la que el lenguaje y los personajes son los absolutos protagonistas. Un lenguaje y unos protagonistas diferentes porque ella lo es. Es una especie de puzzle donde todo, personajes carismáticos y encantadores, así como amorales e imperfectos; humor y drama; refranes y términos antiguos españoles, franceses, ingleses, holandeses y hasta en latín, se entremezclan y se ensamblan sin fisuras para conformar una imagen clara; un libro puro, magnífico y superior.