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La justa, de Ricardo Sánchez de Madariaga

La justa

La justaHay muchas mujeres en mi vida a las que admiro. La primera, mi madre. Hemos vivido las dos solas durante muchísimo tiempo y no hemos necesitado a nadie más. Ella me ha demostrado siempre que una mujer se puede valer por sí misma: la he visto usar herramientas como el taladro o la rotaflex. También la he visto hacer cosas asombrosas como construir una escalera. A día de hoy yo le digo que vale, que no necesitaré a nadie a mi lado para colgarme un cuadro, pero que no pretenda que yo construya sola una escalera porque lo veo bastante improbable. Pero ella siempre me dice que no se trata de poder o no poder: se trata de querer hacerlo o no. Si quieres, lo haces (o al menos lo intentas), sin excusas de condición que valgan. 

A mi abuela también la admiro muchísimo. Ha sido capaz de criar a cuatro hijos y sacarlos adelante a pesar de que su voz, como la mayoría de las mujeres de su época, no valía absolutamente nada. El otro día se atrevió a venirse conmigo a Alemania para ver a su hermana. Era la tercera vez que montaba en avión y mientras despegábamos me decía que ese viaje, hace unos años, hubiera sido del todo imposible. La he visto disfrutando durante una semana entera sin preocuparse por nada ni por nadie. Con eso me conformo.

Y también admiro a mi mejor amiga, que lucha día a día por demostrar su valía. Recuerdo que con seis años me decía “odio a los machistas”, sin tener ni ella ni yo idea de lo que hablaba. Pero ahí sigue, demostrando que ella sola se sirve. Que mejor sola que mal acompañada. 

Sí, las mujeres de mi vida son un pilar fundamental en ella. También los hombres de mi vida, no os vayáis a pensar. Por suerte, son varios y puedo decir que me siento tremendamente orgullosa de ellos. Pero hoy estoy aquí no para hablar de los hombres (ya lo haré en otro momento, lo prometo), sino para hablar de las mujeres, las grandes protagonistas de La justa, el nuevo libro de Ricardo Sánchez de Madariaga. 

Este libro está compuesto por seis relatos, algunos más breves que otros, que tienen escenarios y personajes muy variados. Son muy diferentes entre sí aunque tienen una cosa muy importante en común: todos ellos están narrados por hombres enamorados. Enamorados de mujeres que, a veces les corresponden, otras no tanto y otras no de la forma que ellos hubieran imaginado. Son hombres que están a la merced de una mujer, se llame Linda o Marie France. O incluso a la merced de una mujer sin nombre. No importa.

Como siempre me pasa cada vez que me enfrento a un libro de relatos breves, siempre encuentro uno que es mi favorito. Uno que, por encima de todos los demás, llama especialmente mi atención. Es ese relato el que me vendrá a la mente cada vez que piense en ese libro en concreto, siendo muy posible que el resto de ellos pase rápidamente al olvido. En este caso, ese relato ha sido el titulado como Verano del 78, donde el protagonista conoce a Marie France, una chica que será el eterno amor adolescente del chico que nos está narrando el relato. Entre escenarios de teatro, música y pianos, conoceremos esa historia de amor “fugaz como el sol del veranillo de San Martín” que diría Sabina. Y quizá sea el que más me ha gustado porque los amores de verano tienen ese no sé qué que engancha: sabemos que es una historia que ya fracasa desde el principio, que nace muerta, pero aun así no podemos dejarla escapar. Tal vez sea esa derrota temprana lo que nos empuja a luchar por ella, como si se tratara de una cuestión de orgullo que nos hace intentar derrotar al destino. 

El último relato, Talk to me, también me ha gustado mucho. Sobre todo por el trasfondo que tiene. Trata de un hombre que tiene una aventura con una chica mucho más joven que él. Su matrimonio le pesa y necesita huir de él aunque sea solo un rato. Pero su aventura no es como la de los demás: consiste en hablar. Únicamente en hablar. Es un relato muy sincero y que le da un final perfecto al libro.

Hace poco leí otra obra de Ricardo Sánchez de Madariaga: Historia de la columna infame, que era también un conjunto de relatos cortos. De ese libro recuerdo con cariño un relato que tenía como protagonistas a un chico y una chica que viajaban por todo el norte de España. Durante las horas que duraba ese viaje hablaban como si fuera el último día, la última oportunidad. Ese fue el relato que me marcó y que ahora compite con Verano del 78 por ser el que más me ha gustado de los dos libros. En conjunto, me quedaría con La justa, ya que la veo como una obra más redonda, con más sentido, donde todos los relatos tienen algo en común. Es un todo. Pero si tengo que elegir un relato en concreto… me quedaría con el del viaje por el norte. No sé qué tenía, pero ha conseguido convertirse en mi favorito. 

Pero aun así me quedo con el libro que estoy reseñando hoy, porque me ha gustado eso de que todos los relatos tuvieran la misma esencia. A pesar de que no tiene por qué ser así, a mí me gusta más cuando todos los relatos están unidos por algo que tienen en común. En este caso, como decía al principio, ese punto de convergencia son las mujeres. Ellas son las que le dan sentido a este libro convirtiéndose en protagonistas aunque en teoría no lo sean. 

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Seis héroes reales, de Antonio Flórez Lage

Seis héroes reales

Seis héroes realesTengo muchas dudas sobre cómo empezar esta reseña. Quiero hablar del libro pero a la vez no quiero hacerlo. A ver si me explico… Creo que lo mejor va a ser que vaya ordenando mis ideas a medida que avanzo en la reseña, así que disculpadme si doy algún rodeo que otro.

Tengo ante mí un libro escrito por Antonio Flórez Lage. Se llama Seis héroes reales y su portada, como podéis ver en la foto, es un fondo negro con unos cuantos pájaros blancos volando en diferentes direcciones. Y entre todos esos pájaros blancos hay seis que vuelan hacia el mismo destino y que son de color rojo. Esto es importante.

Ahora, pasemos a la sinopsis. Únicamente dice: “Cuando estás harto de todo y ya no tienes nada que perder… Cuando la vida se empeña en conducirte por cañadas oscuras… Cuando te atormenta un pasado repleto de cuentas pendientes… Cuando la ira supera a la piedad…”. Y ya está, ahí se queda. Con estas pistas yo intenté descifrar de qué iba el libro antes de abrirlo. Me imagine que iba a ser algo así como una historia de superación, pero la verdad es que no tenía ni idea de por dónde iban a ir los tiros. Y ya os aseguro que, aunque le hubiera dado muchas vueltas, no hubiera sido capaz de adivinar lo que me iba a encontrar en el interior de esta novela.

Y el problema es que quiero hablar de ese interior (de verdad que me muero por hablaros de él) pero a la vez no, porque no quiero destripar nada de la historia… ¿Cómo hacer una reseña sin hablar del libro? Difícil, ¿verdad?

Así que os voy a ir contando cosas aleatorias sobre él que igual para vosotros no tienen el menor sentido, ya que no lo habéis leído, pero espero animaros a hacerlo. Y cuando lo hagáis pensaréis “tenía razón”. Y si no, tiempo al tiempo.

Veamos… este libro está dividido cuatro partes. El muy antes, el antes, el durante y el después de algo que no os voy a decir qué es. Es un hecho que va a cambiar la vida de los seis protagonistas radicalmente y es algo que jamás pensaron que les podría llegar a ocurrir. Entonces tenemos cuatro secciones y cada una de ellas (bueno, hablando con propiedad serían las tres primeras) están divididas a su vez en seis capítulos, cada uno de ellos protagonizado por una persona distinta. Entre los personajes encontramos, por ejemplo, a un taxista que está harto de su mujer, a una madre cuyo hijo padece una enfermedad muy grave o un hombre que acaba de tener un gravísimo accidente de coche.

Y os diré que esta estructura me ha recordado un poco a una tela de araña. La araña (Antonio Flórez Lage) va tejiendo poco a poco con su hilo, historia a historia y momento a momento. Empieza desde los extremos y va uniendo los hilos a medida que se acerca al centro de la tela de araña. Ese centro es el destino al que nos llevan sus palabras y que le da sentido a todo lo que hemos leído anteriormente. De verdad, espero estar explicándome, pero es que esto es muy complicado.

Hablemos ahora de la narración. El autor utiliza un lenguaje muy claro y directo, condensa las historias en muy pocas páginas y no se desvía del camino en absoluto. En cada capítulo va al grano, cuenta lo que tiene que contar y continúa con el siguiente, sin dar rodeos. Eso es algo que siempre me gusta, porque si se hace bien, siguiendo el ritmo que hay que seguir y sin caer en el pecado de contar por encima las cosas, hace que el libro gane muchísimos puntos en cuanto a mis gustos personales. Así que para mí la narración de este libro es perfecta y eso es lo que ha hecho (aparte de la intriga por saber qué pasaba al final) que me adentrara en la historia con muchísima más facilidad y que me lo leyera casi del tirón.

Siempre suelo hablar de los personajes en las reseñas, porque me gusta estudiar qué tipo de evolución tienen en las novelas. Aquí veremos que el desarrollo de los mismos va a trompicones, precisamente por eso que os contaba antes del “muy antes, antes, durante y después”. Entre cada acto pasan diferentes medidas de tiempo, por lo que la evolución debe ser forzada. En ese tiempo que pasa entre fase y fase los personajes cambian muchísimo, pero nosotros no lo vemos de una forma gradual, sino que nos toparemos con ello de sopetón. Y este es un recurso muy difícil de usar, porque si se usa mal se puede caer en el error de hacer una evolución demasiado inverosímil. Pero para mi gusto, el autor sabe manejarla perfectamente y hace que sus personajes crezcan en la medida que lo tienen que hacer.

Y a ver… qué más os podría contar. O más bien, qué otra pieza podría daros para que el puzle tuviera más sentido en vuestras cabezas… ¡ah sí, el tema principal! Aunque no pueda hablar directamente de él, solo diré que es un tema que está muy al día, que vemos desgraciadamente muy a menudo en los telediarios y que está lleno de héroes y villanos.

Y con eso tendríais que entender el título de este libro… Seis héroes reales. Seis personas que se van a enfrentar a algo que jamás habrían imaginado y que hará que sus vidas no se parezcan en nada a como eran cuando empezó la novela.

Ay… he hecho una reseña como si estuviera dejando miguitas de pan por el camino para que alguien las recoja detrás de mí. Pero es que, en serio, no quiero desvelar nada más porque creo que fastidiaría todo el libro. Así que, antes de que se me escape algo que no se me tiene que escapar, voy a concluir aquí la reseña diciendo que me alegra muchísimo haberme encontrado con este libro por el camino.

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El método realista, de Pablo Ortega

El método realista

El método realista¿Dónde está el límite entre la realidad y la ficción?
¿Quién escribe nuestros guiones?
¿Quién nos dicta las respuestas?
¿Nosotros formulamos libremente las preguntas?

Todas estas preguntas aparecerán en la mente de los lectores que se atrevan con El método realista, la ópera prima de Pablo Ortega que hoy os presentamos. Estamos ante una novela llena de suspense, en la que nada es lo que parece y en la que cada personaje interpreta un papel, con sus luces y sus sombras.

La génesis de esta historia, según las palabras de su autor, “nace con la vocación de unir el género negro con la prosa precisa. Tiene fácil aceptación en el mercado, pues es un thriller absorbente y apasionante que capta la atención desde la primera página”. Una historia donde la filosofía, el teatro, el cine y la pintura están presentes, mencionándose diferentes literatos y artistas como Nietzsche, Caravaggio, Cervantes o Molière.

Pero, ¿qué encontraremos realmente cuando leamos esta novela? Toda la trama de El método realista sucede en Madrid, empezando con el asesinato de Anselmo Valdellano, dueño de una empresa internacional, solo dos días después de comunicar la última voluntad a sus tres hijos. Dicha noticia causa gran impacto a nivel mediático, pues se trata de una familia distinguida. Este caso será la primera investigación de Tano, un criminólogo y policía en prácticas que llega a la comisaría de la Ciudadela para ayudar a Nuria Ballesteros, oficial de policía, y a su compañero Leonardo Sepúlveda. Además, Mirta, la madre de Tano y, por más señas, policía en la comisaría de la Ciudadela, lleva desaparecida desde hace dos años. Preocupado, Tano empieza a investigar sobre su paradero, preguntando a su amigo Gervasio, a su tío Javier y a la tía Águeda. A medida que investiga el caso, descubre pistas similares entre la desaparición de su madre y el caso Valdellano, recibiendo, además, dos extrañas cartas sobre la vida de su madre. El destino también le lleva a la Cafetería Parnusa, un café literario donde acuden los literatos más pintorescos y bohemios a buscar inspiración.

Pablo OrtegaDetrás de este thriller sorprendente está la figura de Pablo Ortega (Huelva, 1988). Este joven onubense es licenciado en Psicopedagogía, cursando en 2012 un Máster en Educación Especial y defendiendo su primera tesina sobre la respuesta educativa al alumnado con TDAH, calificada con la máxima nota (Sobresaliente Cum Laude). En su currículo encontramos también un Máster en Educación Intercultural y una comunicación titulada “School autonomy in the United States according to the PISA report: Analyses, empirical evidences and proposals“, en el International Teacher Education Conference, que tuvo lugar en la Universidad de Harvard (Boston -Massachusetts) en 2017.

En Libros y Literatura queremos conocer, y, sobre todo, que conozcáis, un poco mejor a Pablo Ortega, y para ello hemos elaborado un breve cuestionario para que el autor nos cuente sus hábitos a la hora de escribir y de leer.

1. Para escribir, ¿mejor el día o la noche?
Prefiero escribir de día, cuando las ideas han descansado y desean cobrar vida en un espacio en blanco.

2. ¿Un cigarrillo al lado?
No fumo. Un café cargado es suficiente.

3. ¿El papel y la pluma han pasado a mejor vida?
La vida literaria discurre por cauces electrónicos. El papel ocupa una posición cimera en la memoria de quienes se embriagan con su olor. La pluma es el testigo impertérrito de la Historia. Ambos son los mejores compañeros de viaje de todo/a escritor/a.

4. ¿La inspiración llega por sorpresa, o sorprendentemente, siempre te pilla trabajando?
La inspiración nace de la necesidad de contar lo que sucede en nuestro interior. Los escritores somos los narradores de las experiencias que han dejado una huella indeleble en nuestro espíritu.

5. ¿Quién es tu mayor crítico?
Sin duda, soy mi mayor crítico, de natural inconformista, autocrítico y perfeccionista. La crítica más constructiva es aquella que cada persona se realiza cada día.

6. ¿Qué personaje te gustaría que leyese tu libro?
Don Quijote de la Mancha. La novela es quijotesca, pues todos los personajes tienen motivos para luchar por sus ideales en una realidad tergiversada.

7. ¿Qué libro(s) estás leyendo ahora?
Las hijas del Capitán (María Dueñas)

8. ¿Qué libro guardas como el más valioso?
Cien años de soledad.

9. ¿Qué usas para marcar las páginas?
Un marcapáginas de delfines con efecto 3D

10. ¿El mejor lugar para leer?
Cualquier lugar es idóneo si el lector/la lectora deposita su confianza y su atención en el texto. El mejor sitio para leer es una sala de estar recogida, silenciosa, sentado en un sillón cómodo.

11. Si pudieras resumir “El método realista” en una sola frase, ¿cuál sería?
Una novela apasionante que nos permite descubrir qué hay de realidad y de ficción en la vida. Todos tenemos motivos para desempeñar un papel.

Desde el pasado 1 de febrero, todo lector interesado en esta historia puede hacerse con ella tanto en Amazon como en la Casa del Libro. Atrévete a descubrir qué hay detrás de El método realista, una novela que no dejará indiferente a nadie.

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Una rama caída, de Rafael Donaire Casas

Una rama caída

Una rama caída

“Afortunadamente no recuerdo muchas cosas de mi niñez, pero de algunas sí que me acuerdo. Tengo grabadas en mi memoria las peleas entre mis padres, cómo mi padre golpeaba a mi madre…”

Hay sinopsis que te preparan para lo peor. Quien empiece a leer la de Una rama caída, sabrá por la misma que estamos ante una novela dura, muy dura. No seré yo quien diga otra cosa, pero tengo que agradecer sinopsis como esta que no son utilizadas para destripar el argumento. Lo mejor es que simplemente se haga un aviso al lector de lo que va a encontrar, como pasa en este libro de Rafael Donaire Casas. Detrás de esa dura y contundente primera frase llena de sufrimiento encontramos una historia sencilla, pero a la vez maravillosa.

Una historia que comienza en el barrio de Tetuán, en un Madrid de posguerra muy empobrecido. Juana se queda viuda con cinco hijos a los que tiene que sacar adelante. La pequeña de todos ellos, Isabel, empieza a cargarse de responsabilidades a muy temprana edad, creciendo poco a poco en el seno de una familia que no le proporciona felicidad y de la que se encuentra aislada en muchos momentos. Llega a la madurez con las ideas muy claras de lo que quiere encontrar, sobre todo en lo que a hombres se refiere, y terminará en los brazos de un apuesto joven llamado Francisco, con el que tendrá dos hijos. Y una vez llegados a este punto, prefiero, tras lo dicho en el párrafo anterior, no ser yo el que destripe toda la trama del libro. Aunque uno puede llegar a imaginarse que lo que sucede a continuación no será plato de buen gusto.

El inicio de la novela está narrado en tercera persona. El autor nos va presentando a los personajes y el pequeño mundo construido alrededor de los mismos. Será en la segunda parte cuando el relato pase a manos de Álvaro, el segundo hijo del matrimonio entre Francisco e Isabel. Este es sin duda el personaje con el que más he llegado a empatizar. Su vida no será sencilla, pero siempre intenta actuar de una forma correcta y concienzuda, lo que no siempre es sinónimo de acierto.

Una rama caída ha sido una sorpresa para mí. Esperaba una historia dura, y así ha sido, pero no esperaba encontrarme con un libro tan bien armado y desarrollado. Rafael propone una narración lineal, en la que vamos conociendo, amando y despreciando a sus personajes a partes iguales. El autor imprime a la novela un ritmo sereno, tranquilo. Con mucha narración y poco diálogo, la historia va calando dentro del lector, sufriendo con las desgracias de los personajes y alegrándonos con las pequeñas (y pocas) victorias que el día a día les otorga. El punto fuerte de esta novela se encuentra en la cercanía y la cotidianidad. La familia de Isabel y Francisco puede ser el reflejo de muchas familias que tuvieron que pasar desdichas e infelicidades durante décadas, sobre todo en épocas como el Posfranquismo o los años 80.

Que libros como este no lleguen al mercado editorial de la mano de algún sello más reconocido nos habla a las claras de lo difícil que está a día de hoy este mundo en el que nos movemos. Una rama caída es una pequeña joya que debería ser más conocida entre los lectores. Rafael Donaire Casas escribe una novela con un realismo que asusta; un libro lleno de amor y valentía, pero plagado también de tristeza, cobardía y desarraigo.

César Malagón @malagonc

 

 

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El secuestro de la esperanza, de Álber_4

El secuestro de la esperanza

El secuestro de la esperanzaSi hay algo que me acompaña en mi día a día —aparte de los libros y la escritura, claro está— es la música. Desde bien pequeña me inculcaron el gusto por ella hasta el punto de empezar a dar clases de piano cuando tenía ocho años. Esa afición fue creciendo, tanto que cuando tenía dieciséis años era incapaz de dormirme si no estaba la minicadena encendida. Mis gustos se fueron definiendo poco a poco y llegó un momento en el que ya podía decir que mi género de música favorito era el rock. Así, Platero y tú, Extremoduro, Marea y La Fuga estaban en mi top de favoritos en cuanto a música nacional. Parece ser que Pedro, uno de los protagonistas de El secuestro de la esperanza también llenaba su mp3 de la música de estos grupos. He querido empezar esta reseña así por una sencilla razón: La Fuga ha sido siempre uno de mis grupos favoritos. Me sé absolutamente todas sus canciones, de principio a fin. Tal vez sea porque compartimos hogar, Reinosa, o porque sus miembros son tan cercanos que parecen de la familia. Así que me ha encantado ver la referencia a mi amada Balada del despertador entre las páginas de este libro. A partir de ese punto exacto, Pedro empezó a caerme muy bien.

Pero vayamos por partes. Esta novela, escrita por el vallisoletano conocido como Álber_4, cuenta la historia de Devassy, un joven procedente de la India que decide abandonarlo todo para venirse a vivir a España. Junto con otros chicos de su edad, obtendrá una especie de beca otorgada por la Iglesia Católica que promete cubrir todos los gastos que puedan tener en España. Eso,  parecer ser suficiente como para que Devassy pueda pagarse los estudios de Teología que tanto ansía y para, después de años estudiando, poder ordenarse sacerdote y tener un sueldo fijo hasta el fin de sus días. Qué bonito es el sueño español. Todo lleno de esperanzas y luz y mariposas…. Pobre Devassy. El tiempo pasa volando para él, tanto que cuando se quiere dar cuenta, habrán pasado dos años desde que llegara de la India, tiempo en el que no ha sabido nada de los compañeros que emprendieron con él aquel maravilloso viaje. Es así como conoce a David y a Pedro (el de antes, el chico que escuchaba La Fuga en su mp3), que le ayudarán a encontrar a sus antiguos compañeros.

Cuando Devassy decide emprender el camino a España, ya empieza a imaginarse su gran futuro, cuál será su sorpresa al darse cuenta de lo que es en realidad la sociedad española.

Lo cierto es que lo que podría parecer un libro sobre aventuras, sobre el descubrimiento de uno mismo o de las diferencias culturales, al final se convierte en un libro cuya acción va creciendo más y más. No se queda ahí. La trama se irá enredando a medida que nos adentramos en la historia, hasta el punto de encontrarnos ante una novela que bien podría ser un thriller, pues nuestros tres protagonistas se verán envueltos en una trama de corrupción, cosa que jamás sospecharon en un principio.

Álber_4 retrata la España de los años dos mil, en concreto del dos mil siete, donde la crisis ya empezaba a vislumbrarse. Así que no es de extrañar que los más corruptos de la sociedad se prevalecieran de esta situación e invitaran a España, todavía más, a entrar en la crisis que tan impronunciable fue durante tanto tiempo. Los saltos en el tiempo son constantes en la novela, cosa que me gusta muchísimo. Volvemos asiduamente dos años atrás para ver cómo fue la llegada de Devassy a España. Es un recurso que siempre me ha gustado, ya que el autor te va dando detalles de la historia poco a poco. Se retrotrae a un punto anterior de la trama para darte aclaraciones o especificaciones que serán importantes posteriormente. Además, los capítulos están contados por los diferentes protagonistas dependiendo del momento y eso, a mi parecer, dota a la obra de mayor agilidad y velocidad. En este caso, me ha ocurrido porque me encantaban los capítulos en los que Devassy contaba su propia historia, así que los capítulos en los que Pedro o David eran los protagonistas, los leía deprisa para poder volver a encontrarme pronto con Devassy. No es que los otros narradores no me hayan gustado, es que me ha gustado mucho cómo el joven de la India cuenta sus propias vivencias y da su punto de vista sobre todo lo que está ocurriendo.

Por eso, sin duda una de las cosas que más me ha gustado de este libro es haber podido ver España desde los ojos de Devassy. Él viene de un país con una cultura extremamente opuesta a la nuestra. Sin ir más lejos, en un capítulo, Devassy habla de que una de las cosas que más le choca cuando llega a España es el hecho de que las mujeres trabajen. Dice que en la India las mujeres que están en el mercado laboral son casi una especie en peligro de extinción. Por lo tanto no es de extrañar que le sorprenda que sea una chica y no un hombre la que le sirva el café por las mañanas. Él no dice que le parezca mal, sino que le parece extraño. Así, como este hecho que nosotros acostumbramos a ver a diario, Devassy encuentra cientos. Cientos de particularidades de nuestra sociedad que a él le parecen de lo más extraño. Aquí hay que romper una lanza a su favor. Imaginaos ahora a vosotros mismos viviendo en un país extranjero tan diferente al vuestro. En mi caso, podría ser la India. Imaginaos convivir con ellos, con su cultura y sus costumbres. Yo creo que podría escribir un libro explicando todo lo que me parecería extraño en comparación con el sitio del que vengo. Y eso que nunca he estado en la India (una pena).

El secuestro de la esperanza es la primera parte de la saga Enmascarados por el mundo. Cuando conocí el libro me sorprendió leer que estaba enfocada a un público millennial. Aunque yo estoy dentro de esa generación que está dando mucho de qué hablar ahora mismo, la verdad es que he tenido que bucear un poco por Internet para saber cuáles son las características que nos definen y por qué este libro podría encajar en nuestro perfil. En primer lugar, la palabra que más he leído en estos artículos ha sido la palabra “tecnología”. Está claro que no sabemos vivir sin ella, que estamos enganchados. Ya sea al ordenador, al móvil, a las redes sociales… el abanico es amplio. He leído que de media pasamos unas tres horas usando la tecnología. A mí no me salen las cuentas… porque yo creo que empleo alguna más. También he leído que somos escépticos. Eso es muy cierto. Todo lo ponemos en duda, lo cuestionamos todo, buscamos alternativas, nos quejamos y nos volvemos a quejar. Pero muchas veces pecamos de no dar soluciones. Y, por último, he leído que ante todo tenemos un espíritu solidario y viajero, que las barreras normalmente no existen para nosotros y que coger un avión para conocer una cultura nueva es algo que siempre tenemos en mente. Si la persona millennial que lea este libro cumple, aunque solo sea, con el cincuenta por ciento de las características que acabo de mencionar, estoy segura de que se enganchará a sus páginas enseguida, pues conseguirá conectar perfectamente con los personajes y con la historia. Así que sí, estoy de acuerdo con que es una novela para la generación de la que hablamos.

No sé cómo serán las siguientes partes de esta saga, pero solo espero que Álber_4 consiga mantener el nivel de redacción y de desarrollo que ha tenido en esta primera entrega. No me imagino lo difícil que tiene que ser autoeditar tu propio libro, empezando desde cero, sin la ayuda de distribución y publicidad que podría dar una gran editorial. Así que desde aquí le quiero mandar mi enhorabuena, por el trabajo tan bueno que ha hecho.

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Hambarath, de Alfonso Piñol

Hambarath

HambarathSiempre he tenido debilidad por las novelas fantásticas. Hay algo en los mundos inventados que me atrae irremediablemente. Esas novelas en las que el autor hace que te sumerjas en otro tiempo, espacio, universo o realidad, son las que consiguen que me evada cuando llega la hora de la lectura. No me malinterpretéis, me gusta leer de todo, pero al final, las que logran que mi mente se quede en blanco y me olvide del día a día son aquellas novelas que me ofrecen una vía de escape a un mundo que no es el mío. Y es que el mío, como el tuyo, a veces puede llegar a dar mucho miedo.

Cuando leí la sinopsis de Hambarath supe que este libro iba a ser uno de esos de los que os estoy hablando. En el resumen se nos habla de Rob, un humano que, por primera vez, viaja a uno de los múltiples mundos que forman la Alianza. En concreto, viajará a Hambarath, un lugar habitado por extraños seres al que tendrá que aprender a adaptarse. Aunque a priori los habitantes parecen humanos, poco a poco descubrirá que hay muchísimas diferencias entre su raza y la que habita en este mundo madre, empezando por el tono de piel, ya que cada habitante de ese planeta la tiene de un color diferente. Rob tendrá que adaptarse a las costumbres de sus nuevos vecinos. Tendrá que estudiar a fondo sus creencias, su historia, sus manías, para poder adaptarse lo antes posible y poder ser de utilidad. ¿Y por qué habría de ser de utilidad? Pues muy simple: porque en ese nuevo conjunto de mundos llamado Alianza, hay varios detractores que quieren acabar con la paz conseguida después de mucho tiempo. Por una parte, está Aethernum, consciente de que Rob puede destruir lo que lleva planeando desde tiempo atrás. Y, por otra parte, está Pteramynon, otro malo malísimo que, aunque vio cómo sus poderes se debilitaban después de la Gran Guerra, poco a poco va afianzándose, teniendo como objetivo derrocar a la Alianza.

Interesante, ¿verdad? Pues eso no es todo. A todo esto le tenemos que sumar un poder especial que posee Rob, del que no os voy a hablar para no fastidiaros el libro, que es lo que tanto miedo da a todos los enemigos de la Alianza. Saben que con Rob dentro de Iyrvrham, les va a ser muy difícil alcanzar sus objetivos. Aunque la realidad es que este no tenía ni idea de que poseía ningún tipo de don. Así que el esfuerzo por adaptarse será el doble, teniendo que empezar por conocerse a sí mismo, cosa que puede llegar a ser tremendamente complicada. Y no podemos obviar los sentimientos, ya que en un intento de encajar más dentro de su nueva comunidad, descubrirá que se puede llegar a sentir algo muy intenso por seres que no son como él.

Me han gustado mucho los personajes de esta novela. A medida que vamos leyendo, podemos ver cuán distintos son entre ellos y lo bien desarrollados que están. Realmente merece la pena adentrarse en esta historia por las descripciones físicas de cada uno de los personajes, que son muy peculiares, pero también por el trasfondo psicológico de todos ellos. A medida que pasan las hojas, entendemos la forma de ser de cada uno. Y Rob… Rob es un tío que podríamos ser tú o yo. Es alguien normal y corriente que verá cómo su mundo cambia radicalmente al encontrarse en un planeta que no es el suyo y ser consciente de que posee un don cuya existencia desconocía totalmente. Esa identificación con Rob hace que nos podamos adentrar más profundamente en la lectura, pensando sus pasos como nuestros y entendiendo todos sus pensamientos. Aunque ficción, es muy humano.

Alfonso Piñol nos trae una novela bien cargadita de emociones. La acción, en un primer momento, es pausada. Se va cociendo lentamente. El autor nos va presentando a todos los personajes, poniéndonos en situación, dándonos a conocer todos los sentimientos de cada uno de ellos y haciéndonos comprender todos los puntos de vista. Al final, una guerra se trata de eso, de puntos de vista enfrentados y, para saber a qué bando defender, lo correcto es saber cómo piensa cada uno. Poco a poco, las relaciones entre los personajes se van labrando. Como si el autor barcelonés fuera en realidad un cocinero que va preparando todos los ingredientes uno a uno para al final servir el guiso en el plato. Un guiso lleno de historias, de aventuras y de batallas por librar.

En sus más de setecientas páginas, encontramos historias para todos los gustos. Creo que podría gustar a un abanico muy amplio de lectores. Gustará a los aficionados a la ciencia ficción, ya que la descripción de esos mundos lejanos y alienígenas es tan detallada que podemos imaginárnoslos sin ningún problema, como si los conociéramos de toda la vida. También a los apasionados de los misterios y el suspense, puesto que las tácticas de cada personaje se van reservando hasta el final. Por supuesto, a los que el romanticismo les toca un poquito el corazón también se verán satisfechos ya que Rob se verá inmerso en una especie de triángulo amoroso que le traerá más de un rompedero de cabeza. También a los que busquen guerras y batallas, eso está claro, ya que las palabras Alianza y detractores son las indicadas para que el conflicto esté servido. Como veis, todo un acierto se mire por donde se mire.

Hambarath ha cumplido con todas las expectativas que me había prometido en un principio. Pensé que iba a tardar más en leerlo ya que, no nos vamos a engañar, es un buen tomo, pero en una semana ha quedado finiquitado. Las páginas han volado ante mis ojos y, lo más importante de todo, han hecho que dejara de pensar en mi día a día y que llegara a formar parte de esta Alianza que tantos mundos extraños esconde.

Hay una cosa que a mí me ha hecho mucha gracia y que no puedo evitar compartir con vosotros. Si seguís mis reseñas, sabréis que recientemente terminé de estudiar Derecho. Y como todo alumno de Derecho, odié el Romano con todas mis fuerzas. Recuerdo que hacíamos casos prácticos constantemente, donde los nombres de los protagonistas venían, cómo no, de antiguos juristas clásicos. Uno de ellos era Sempronio. Como en los típicos problemas matemáticos en los que Manuel y Ana tienen cinco manzanas. Los casos prácticos de Romano siempre estaban protagonizados por Sempronio, Cayo y Ticio. Así que no he podido partirme de risa cuando he visto que uno de los personajes se llamaba como mi odiado amigo Sempronio. Tanto, que he acabado haciéndole fotos y mandándoselas a mis compañeros de la facultad, para recordar los viejos tiempos. En fin, cosas frikis de los estudiantes de Derecho. Si al final, con muy poquito, somos felices. Hasta aquí mi anécdota de abuela cebolletas del día.

Ya para terminar, diré que en la parte de detrás del libro, también pude leer que Alfonso Piñol es informático de profesión y teleco de vocación. Estoy segura de que ahora mismo, eso es erróneo. Eso hay que cambiarlo. Y, en su lugar, habría que decir “es informático y escritor de profesión”. Así, afirmándolo con rotundidad. Como se deben afirmar las cosas que son ciertas.

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Nueve cuentos, de Juan de Salgado

Nueve cuentos

Nueve cuentosVamos a jugar a un juego. Yo os digo una palabra y vosotros pensáis en otra, la primera que se os venga a la mente. Si yo os digo libro, ¿qué pensáis? Otra: león. Una más: coche. Y si ahora os digo… no sé, por ejemplo… cuento. ¿Qué es lo primero que os viene a la cabeza si os digo la palabra “cuento”? A mí, sin lugar a dudas, niñez. Eso es lo que pienso. O, más bien, recuerdo. Me veo a mí misma metida dentro de una mullida cama, con las mantas tapándome casi hasta la nariz y a mi abuela contándome mi cuento preferido. ¿Sabéis cuál es? El de los siete cabritillos. Ese en el que una mamá deja a sus siete hijitos en casa mientras se va a trabajar y un lobo intenta entrar engañando a los pequeños. Eso es lo que se me viene a la mente cuando oigo la palabra “cuento”. No sé qué habréis pensado vosotros, pero probablemente (me apostaría lo que fuera) palabras relacionadas con la infancia. No podemos evitar pensar que los cuentos son cosas de niños, historietas que se crearon para que Morfeo se llevara a los más pequeños de la casa cuando ningún otro remedio funcionaba. Es natural. Es lo que hemos aprendido desde pequeños y, por lo tanto, es la reacción lógica.

Pues bien, tanto Juan de Salgado —escritor de Nueve cuentos— como yo, estamos aquí para intentar que ese primer pensamiento que se os viene a la cabeza cambie por completo. Con este breve pero intenso libro, este escritor nos trae nueve grandes historias envasadas en un formato muy pequeñito. Como diría mi madre: “los mejores perfumes vienen en tarro pequeño”. Son tramas que nada tienen que ver entre sí, que bien son narradas desde un punto de vista realista, como desde uno fantástico. Son historias con personajes muy dispares que vienen a nuestras vidas durante unos breves minutos para contarnos algo de ellos. Y, algunos, para quedarse.

Todos los cuentos tienen algo en especial, cada uno es único a su manera, pero no he podido evitar sentir predilección por uno en concreto. Me ha gustado muchísimo el último cuento, donde la ciencia ficción es la gran protagonista. Pero encontramos también historias muy realistas que bien podrían pertenecer a nuestros abuelos o a un colega de esos de barra de bar. Son diversas, lo que significa que unas llegan más al lector que otras, dependiendo del tipo de persona que esté detrás del libro. Hay otro cuento, el del abuelo de debajo de la escalera (solo os voy a decir esto, no os voy a contar de qué va, para que tengáis que leerlo si queréis saber qué significa) que me ha llegado al alma. Esto me ha hecho ver que Juan de Salgado a veces es tierno, otras veces rudo, otras imaginativo… y eso es algo que deberíamos apreciar como se merece. Saber ser tantas personas diferentes —en concreto, nueve— en tan poco espacio de tiempo, es para quitarse el sombrero.

En cuanto a la técnica narrativa que usa este escritor, digamos que es digna de mención. Es muy directo y conciso con lo que quiere decir, pero a la vez utiliza una prosa delicada y muy bonita, de lo que nace una mezcla perfecta. Tanto es así que, son varias las frases que he apuntado en mi libreta de “frases de libros”, a la que luego recurro cuando quiero poner una nota original en mis fotos de Instagram. Vale, ya os he contado mi secreto. Y ya que os lo he contado, os dejo por aquí unas frases para que podáis usarlas como pie de foto o como más os convenga:

“Más tarde me dirías que mi ventana también significó algo para ti. Pero ahora había una brecha de irrealidad que salvar. Con gusto me hubiera olvidado de la civilización de abajo, y armado un puente de cuerda entre los dos acantilados, una aventura selvática que nos uniera por encima del mundo. La realidad encontró una manera diferente y mucho más sencilla de llamar a la puerta, pero esa memoria no me consuela ahora”.

“Mi vecino, Justo Berramán, justificaba su adicción a la bebida leyendo a Edgar Allan Poe, con la oportuna lógica de quien cree que toda locura conduce al genio”.

 Y, mi favorita:

“-Nene, ten cuidado con las olas, que te van a tumbar el castillo-, le dijo. El niño le contestó sin levantar la mirada, -hasta aquí no llegan-. Sintió la respuesta como si lo dejaran de lado y replicó, -puede que lleguen, la marea sube-, sin recibir esta vez respuesta. El niño lo estaba ignorando, no le cabía duda. Marcelo se arrodilló junto a la obra y asesoró, -aquí podría haber una ventana-. El niño suspiró y dijo concluyente, -cuánto hace que no construyes un castillo-.”

Lo de la narrativa breve es algo que a mí siempre me ha llamado la atención. No son pocas las veces que me he presentado a algún concurso en el que había que mandar algún texto de este tipo y muy pocas veces (en concreto dos), he resultado ganadora. Y eso demuestra una cosa muy importante, y es que es muy difícil hacer narrativa breve. En una novela hay tiempo y espacio para poder profundizar o no en determinados aspectos de la trama. El escritor puede elegir cuándo darle intriga, cuándo paralizar la historia, cuándo avanzar a pasos agigantados… hay cientos de páginas para jugar y sentirte como si tuvieras en tus manos un títere al que puedes hacer moverse a placer. En cambio, cuando hablamos de narrativa breve, la cosa cambia. Y mucho. En muy pocas frases tienes que darle al lector lo que necesita, y además sabiendo mezclar todo lo que antes he mencionado, de una manera magistral. Para mí, dedicarse a ser escritor de relatos me parece muchísimo más complicado que serlo de novela. Una novela te atrapa o no. Te gusta o no. Pero el relato… tiene que darte algo más. Estamos hablando de que los cuentos de este libro tienen muy, pero que muy pocas páginas. Por lo que con las mínimas frases, el escritor tiene que llegar hasta el lector y, encima, transmitirle algo. Y ese algo tiene que ser suficiente como para que el lector termine el relato y piense: “¿qué acaba de pasar aquí?”. Me encantan los cuentos que terminan con un final de esos que te dejan de piedra, o que hacen que te estremezcas por dentro, o que los termines y te sorprendas con una sonrisa en la cara… y Nueve cuentos, por lo menos conmigo, lo ha conseguido.

Y dicho todo esto… si te digo la palabra “cuento”, ¿sigues pensando que es cosa de niños?

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69 relatos eróticos, de Javier Mariscal

69 relatos eróticos

69 relatos eróticosHay una cosa que todavía no he entendido y me gustaría hablar de ello para ver si alguno de vosotros puede iluminarme al respecto. Uno de los géneros literarios más vendidos es la novela negra. Crímenes suculentos y enrevesados llenan las estanterías de los bestsellers. Si le dices a alguien que te recomiende un libro, es muy probable que alguna de esas recomendaciones sea un libro cargadito de muertes y matanzas y un policía astuto que tenga que resolver todos los misterios. A mí me encanta ese género, y no podría ser de otra forma, ya que después de terminar la carrera de Derecho me metí a estudiar Criminología. He intentado leer libros descriptivos de más, como por ejemplo Anima, en el que la primera muerte que se describe es tan explícita y desagradable que tuve que cerrar el libro porque no podía seguir leyendo. Es la única vez que me ha pasado algo así. Y no es que yo sea demasiado aprensiva, pero está claro una tiene sus límites. Y uno de mis límites fue ese libro —en serio, no sé si lo habéis leído. Si lo habéis conseguido… enhorabuena, yo acabé regalándolo. Qué horror—. Recientemente también he leído Galería de asesinos sin alma, un libro que recoge los escarnios producidos por los asesinos más famosos del mundo. Algunos verdaderamente desgarradores y desagradables. Pero ese sí que lo leí como si nada. Pasaba las páginas donde se narraban historias de lo más macabro y me pareció hasta interesante. Quizás es que lo leyera como estudiante de Criminología y no como alguien que busca entretenerse, puede ser. También cuando enciendo la tele suelo sentir lo mismo. Veo Juego de tronos, donde las muertes son las grandes protagonistas y las escenas de sangre son muy explícitas. Pero llega un momento al que te acostumbras, ya ni apartas la vista cuando la sangre brota como si viniera de una manguera. Tarantino es uno de mis directores de cine favoritos. Incluso me hace gracia el humor tan especial que tiene. Será que, como he dicho, me he acostumbrado.

En cambio, es sorprendente cómo con las escenas de sexo no siento esa indiferencia. A pesar de que en mi casa jamás ha sido un tema tabú, no puedo evitar sentirme violenta cuando estoy con alguien viendo una película y una escena se sube de tono. No entiendo por qué puedo ver cómo una persona le revienta la cabeza a otra de un puñetazo pero en cambio me siento rara cuando la escena es de sexo.

Así que cuando me propusieron leer 69 relatos eróticos no sabía qué hacer. No por leerlo, sino por reseñarlo. Desde que empecé a reseñar en Libros y Literatura tuve claro que yo iba a ser sincera en todo lo que escribiera, así que esta ocasión no iba a ser diferente. Por lo que, mientras lo leía, pensaba que una cosa era leerlo, en la intimidad, sin que nadie me viera, y otra muy diferente iba a ser tener que hablaros de este libro. Pública y sinceramente.

Así que allá voy. Para empezar, era la primera vez que leía un libro de estas características. Vale, en su día me acerqué al género erótico con Cincuenta sombras de Grey y con algún libro de Lena Valenti. Pero la verdad es que estos libros, en los que hay un trasfondo romántico, una historia de intriga y una trama, no tienen nada que ver con el libro de Javier Mariscal. En estos relatos lo importante es el sexo. Puro y duro. Sí es cierto que cada relato, de una página, página y media como mucho, ofrece un contexto diferente y una ambientación que nada tiene que ver con el relato anterior. Se compone, como su propio nombre indica, de sesenta y nueve relatos de carácter erótico. Muy erótico y muy explícito. En el prólogo, el autor cuenta que estaba harto de que la gente que buscaba un libro con historias subidas de tono se encontrara con narraciones descafeinadas en las que al final, el sexo, pasaba a segundo plano. Quería que esas personas que buscaban una chispa (como bien él explica, para darle el fin que el lector esté buscando, ya me entendéis), la pudieran encontrar en su libro.

Vayamos directos al grano. ¿Me ha gustado o no? La respuesta es clara y sencilla: a ratos. Hay relatos que me han atrapado desde la primera palabra y hay otros que me han llegado a resultar hasta desagradables. Pero el sexo es así, hay gustos para todo. A unos les van los fetiches, a otros el sado, a otros los juegos, a otros las cosas normales y corrientes. Pero… ¿qué son las cosas normales y corrientes? ¿quién dice qué es lo correcto en el sexo y qué es lo que está fuera de lugar? En fin, me imagino que sean los propios gustos de los consumidores los que marquen los límites y los que hagan a una persona decir que algo es normal o no. Por eso, a mí, 69 relatos eróticos me ha gustado a ratos. Hay relatos que me han parecido algo desagradables, porque, no sé, dentro de mis gustos no se encuadran ese tipo de actividades. Pero otros… ahí lo dejo.

Javier Mariscal dice en su prólogo que los relatos son completamente ficticios, pero que eso no quita para que alguien se vea reflejado en alguna de las historias que él cuenta. Puede ser que tú estés leyendo uno de los relatos y rememores alguna de tus vivencias sexuales. O puede que no. O puede que no y que el relato te haya dado una idea para poner en práctica. Al fin y al cabo, de eso se trata el erotismo. De avivar la chispa y la mente. Y es que la mente en el sexo está infravalorada. Leed el libro y luego me contáis.

En cuanto a la originalidad de los relatos, encontramos algunos que podríamos tachar de típicos, pero ya os aseguro que son los que menos. Cuando empecé a leerlo tenía la intriga de saber si el autor sería capaz de escribir sesenta y nueve relatos que no tuvieran nada que ver entre sí, con experiencias y vivencias diferentes en cada escena. Y vaya que si ha sido capaz. Yo no sé si es que Javier Mariscal ha experimentado mucho en su vida o es que tiene una imaginación poderosa. En cualquier caso, lo ha conseguido.

Para los amantes del género, será toda una delicia leer estos breves relatos. Y para los que no lo sean o no se hayan atrevido todavía con él… deciros que hay que quitarse los pudores de encima. Que, como se dice en mi pueblo, en todas las casas se cuecen habas y que a nadie le tendría que dar vergüenza admitir que lee este tipo de lecturas. Hablo yo de quitarse los pudores de encima… yo, la que si está viendo con alguien una película y sale una escena de sexo, se siente incómoda. Pero en fin… por algo se empieza. Es una pena, pero os voy a tener que ir dejando ya, que se me han ocurrido algunas cosas que tengo que poner en práctica. Seguro que si lo leéis, a vosotros os pasará lo mismo.

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La ligereza de la grava, de Ricardo Roces

La ligereza de la grava

La ligereza de la gravaComo hago cada vez que me dispongo a reseñar, agarro el libro en cuestión y lo coloco a mi lado y frente al ordenador; lo necesito allí, acompañándome en esa ardua y hermosa tarea de contarle a los lectores de Libros y literatura de qué va el libro, de intentar resumirlo en pocas líneas, de transmitirle a los internautas qué sensaciones particulares me dejó su lectura y por qué deberían, según mi visión fanática, salir corriendo a la librería a comprarlo. Un libro ya no es solo un libro tras leerlo y cuando lo vemos, muchos días después, al pasar, instalado en la biblioteca personal para su dulce reposo, el sólo hecho de observarlo ya nos dice algo: al instante nos envía un mensaje que resume lo que sentimos por él, lo que nos dejó. Pasas caminando y ojeas tu biblioteca y ves Cien años de soledad y enseguida lo asocias con una angustia linda y predestinada. Miras un poco más y el desasosiego se hace presente si observas el lomo de algún libro de Pessoa. La sangre y la lucha cotidiana de Roma empapa tu mente si aparece el nombre de Santiago Posteguillo.

Estoy seguro que cada vez que me encuentre con La ligereza de la grava, de Ricardo Roces, una carcajada saldrá de mi boca. Hacía mucho tiempo que no me reía tanto con un libro y como las risotadas son contagiosas, con toda la alegría del mundo no puedo menos que recomendarles la lectura de este hermoso libro.

Ricardo Roces, el autor, nació y vive en Barcelona y como él mismo anuncia en la contratapa del libro, lleva toda la vida escribiendo y a los cincuenta años ha decidido publicar su primera novela “para demostrar al mundo que aún puede convertirse en un escritor fracasado” En su sola presentación el autor deja ver por dónde van sus ideas, su estilo, su humor, su manera de ver el mundo.

La ligereza de la grava cuenta la historia de Anselmo Querat, un multimillonario (que a mí me hizo acordar a Amancio Ortega) que, cansado de su vida, decide quitarse la vida; instantes previos a lanzarse por un puente, es sorprendido por Edurne, una “insoportable mujer que cambiará todo” y que dará comienzo a una serie de idas y vueltas que, a lo largo de 465 páginas que no se hacen largas, hará las delicias de los lectores, ya que cuando dos mundos tan diferentes como el del multimillonario y esta obesa mujer que trabaja en una casa de comida rápida se encuentran, no puede menos que generarse un caos digno de contarse. A veces necesitamos de la persona menos imaginada, esa que aparece y, a su manera, nos revuelve la vida. Y ojo, querido lector, que no estamos hablando de la típica historia en la que dos polos opuestos se atraen, se casan y viven felices para siempre… no, no, todo lo contrario; son tantas y tan variadas las aventuras que nuestra querida Edurne le hará pasar a Anselmo y a la gama de personajes que pululan por el libro que la diversión y la sorpresa tras cada página están aseguradas.

Edurne López, figura central de la novela, quedará en mi memoria por mucho tiempo, porque es, sin lugar a dudas, el personaje mejor creado de La ligereza de la grava; grosera, hortera, sucia, de un nivel intelectual más que básico, fanática de la sangría y la pizza y con un vocabulario que pone como prioridad los insultos y el doble sentido sexual, me hizo pasar varias tardes de diversión, que no es poco; además, particularmente, me recordaba mucho a una ex jefa que tuve, ya que yo, como Edurne, también trabajé durante tres años en una casa de comida rápida y leyendo el libro, no podía menos que imaginar a Edurne con el rostro de una de mis antiguas managers.

A medida que el libro avanza, se pone al mismo tiempo más excéntrico pero al mismo tiempo más filosófico; por un lado, el autor se permite mezclar varios elementos de ficción pura, haciendo aparecer en escena a tres personajes relacionados con la muerte que nos llevarán a observar fenómenos nunca vistos (todos desde el punto de vista de la humorada) pero que sin embargo permitirán que el narrador comparta ciertas teorías y pensamientos acerca de la muerte y todo lo que significa para los humanos. Estamos, para mí, ante la mejor parte del libro. Leí por ahí alguna vez que a veces, cuando no nos animamos a hablar sobre ciertos temas, utilizamos el humor para enmascarar ciertos miedos, y La ligereza de la grava puede ser un buen ejemplo de eso.

Cabe destacar, como otro punto importante, la construcción de los diálogos, que se leen fluidos y que dotan de personalidad propia tanto a los personajes principales como a los secundarios. A veces es un punto que no se destaca mucho, pero que sin embargo es difícil de lograr.

A lo largo de 67 capítulos, disfrutaremos y nos sorprenderemos con la ironía, el sarcasmo, la originalidad y las sorpresas intelectuales que nos depara esta novela, al mismo tiempo que nos preguntaremos sobre cómo estamos viviendo nuestra vida, cuál es el objetivo de vivirla y cómo, quizá, deberíamos reconducirla, antes de tirarnos del puente. O antes de que aparezca Edurne.

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El vigilante del amanecer, de Eric Oms

El vigilante del amanecer

El vigilante del amanecerDicen por ahí que la fe mueve montañas, pero también que el amor es ciego y que los celos matan; cada una de estas sentencias pueden ser verdaderas, pero no es algo que ahora quiera ponerme a pensar; si las cito es porque se me ocurre pensar que de cada una de esas situaciones se puede sacar algo positivo: se trata de convertir el vacío en arte, ya sea una canción, un dibujo, un libro… Específicamente, los celos son, como decía el filósofo Michel de Montaigne, “de todas las enfermedades del espíritu, aquella a la cual más cosas sirven de alimento y ninguna de remedio” y no es loco asegurar que los celos tienen una parte buena: han producido muchísima literatura gracias a la imaginación de la que se nutre el celoso. El vigilante del amanecer, de Eric Oms, narra, entre otras cosas, el sufrimiento, el dolor y la paranoia que atraviesa un celoso y sobre todo el modo en el que este síntoma puede modificar la vida de una persona.

Este libro nos adentra en la vida cotidiana de Andrés, un historiador que trabaja como directivo en una empresa y que tiene una fijación celosa con un ex integrante del ejercito llamado Arturo Forner, el gran protagonista de la novela; Forner, un atípico detective privado de vida solitaria, es la fuente de la que beben los celos de Andrés, quien sospecha que su mujer lo engaña con Forner. Obsesionado, Andrés decide empezar a investigar al detective y los capítulos comenzarán a pasar manteniéndonos a nosotros atrapados en sus páginas, tan adictivas como los mismos celos que sufre el historiador.

A lo largo de 286 páginas iremos conociendo a una larga lista de personajes primarios y secundarios bien construidos que jugarán, cada uno de ellos, un papel clave en el engranaje particular de la novela; porque cabe destacar que ésta tiene una estructura atípica dentro del género policial; en lugar de encontrarnos con un personaje-narrador omnisciente que lo va contando todo “desde arriba”, quien cuenta la historia aquí es el propio Andrés, pero de alguna manera lo hace “en vivo” haciendo partícipe al lector de los avances, retrocesos y consecuencias mentales que los idas y vueltas de la investigación van provocando en su persona y en su rutina; así, viviremos y sufriremos con Andrés las novedades que vaya descubriendo, pero también sus inseguridades, miedos y dudas a la hora de dar los siguientes pasos; a veces uno quisiera no ver la realidad, pero siempre es necesaria.

Como punto negativo, no puedo dejar de marcar que el libro requiere con urgencia un análisis detallado por parte de un profesional de la corrección, ya que posee muchísimos errores gramaticales que afean el conjunto de la obra; no obstante, se comprende (aunque no se justifica) este punto negativo cuando estamos hablando de un libro auto editado; los grandes y famosos escritores tienen toda una maquinaria detrás. El propio Gabriel García Márquez escribía con muchas faltas de ortografía. Los grandes autores, por suerte, solo se dedican a escribir sus historias y la gran maquinaria de apoyo que poseen detrás se encarga se pulir el producto final. El vigilante del amanecer, en cambio, es la primera novela de un autor novel que la trabajó todo a pulmón. Lo hermosa, original y atrapante historia que cuenta, no obstante, supera a estas deficiencias estructurales.

Siguiendo con la historia, es necesario resaltar que Andrés no es el único que la pasará mal en este libro. Arturo Forner, el investigado, es al mismo tiempo un detective que anda detrás de su propia investigación, resolviendo el caso de un hombre desaparecido. El investigado-investigador tiene sus propios conflictos personales (no es el típico detective de novela negra) que influirán definitivamente en su trabajo y en su vida; la aparición de su ex mujer, Beth (con una gran sorpresa) le abrirá a su taciturna vida la puerta a un cambio definitivo. Y si a eso le sumamos que Beth es la ahijada de Andrés, el investigador celoso, tenemos entonces un conjunto de personajes e historias encadenadas que funcionan a la perfección. Interesante.

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Las partículas brillantes

Las partículas brillantes, de Marcos de la Fuente

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La locura es un cáncer de extremos que se alimenta del vacío y de la plenitud (Marcos de la Fuente)

Los poetas que pasan suficiente tiempo jugando con pólvora normalmente luego publican libros que son como cajas de fuegos artificiales, y que una vez abiertos no dejan de iluminar la habitación y de resonar por encima de nuestras cabezas hasta que se vuelven a cerrar, siempre después del último punto y aparte.

Marcos de la Fuente es uno de esos poetas. Las partículas brillantes es uno de esos libros.

Como se menciona en su cuarta de cubierta, los poemas que lo componen son el resultado, por decantación, de diez años de escritura y de puesta a prueba constantes. Al estilo de los juglares, Marcos de la Fuente ha recorrido con ellos desde las ciudades más grandes a los pueblos más pequeños, y se ha subido para recitarlos en escenarios enormes y en cochambrosas tarimas hechas con cajas de cerveza, hasta que por fin han tomado la forma de este peculiar libro. A lo largo de ese camino, al autor le ha dado tiempo a bastantes cosas, entre las que destacan sus interminables horas en la radio y su trabajo al frente del Festival Kerouac Vigo de poesía y performance, una de las propuestas que demuestran que lo que ahora llamamos spoken word está muy vivo en plazas alejadas de los círculos concéntricos de Madrid y Barcelona. Sigue leyendo Las partículas brillantes

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Entrevista a Rober Lago

Rober Lago

Entrevista a Rober Lago, autor de “Si su luz de apaga”

Rober LagoCuando uno se enfrenta a la tarea de escribir una libro – sea éste una novela, una colección de cuentos u otro tipo de lectura – debe estar preparado para que la pasión, pero también en parte el sacrificio, hagan acto de presencia y se queden durante un buen tiempo. Sin eso, sin tener eso claro, sin llevar dentro ese estímulo que les guía para seguir con su historia, no habría, valga la redundancia, historia. Rober Lago es un escritor novel que un buen día decidió ponerse a unir las letras, a crear una historia, y a autopublicarse a sí mismo y traernos lo que hoy podemos leer con el título Si su luz se apaga, una historia trepidante que nos lleva a mundos que desconocíamos de nosotros mismos.

Hoy es el turno de él para hablar de su novela, en esta entrevista que me ofreció y que hoy traigo para vosotros. Una oportunidad perfecta para que todos aquellos que estéis pensando en entrar de lleno en el mundo que él ha creado, sepáis lo que hay detrás de una historia que es, a todas luces, brillante.

Es su turno. Con vosotros, Rober Lago. ¡Disfrutadlo!

Antes de empezar la entrevista, nos gustaría saber tus hábitos como escritor:

1. ¿De día o noche? Normalmente de día y hasta que dure la inspiración. En ocasiones, cuando surgen las ideas. No importa la hora ni el lugar.

2. ¿Un cigarrillo al lado? No fumo, pero escribiendo probablemente haya estado más cerca de fumar que nunca. Para evitar la tentación, junto al ordenador tan sólo tengo un cuaderno y lápiz.

3. ¿El papel y la pluma han pasado a mejor vida?  Depende de cuál sea su función. Sigo usándolos para hacer esquemas o tomar apuntes. En cambio, para desarrollar la novela rotundamente sí. Es más, siempre mantengo una copia actualizada online.

4. ¿La inspiración llega por sorpresa, o sorprendentemente, siempre te pilla trabajando? Por igual. Llega por sorpresa y trabajando, tanto la historia como la forma de contarla. Aun así, siempre planifico. No me gusta dar un paso sin saber a donde voy.

5. ¿Quién es tu mayor crítico? Como suele ocurrir, considero que yo mismo. Sobre todo, cuando reviso. Pasados unos días, supongo que releo con menor ilusión y mayor objetividad.

6. ¿Qué personaje te gustaría que leyese tu libro? Creo que si pudiera elegir, diría que Isaac Asimov, siempre me ha gustado ese estilo de ciencia ficción. Por otro lado me encanta el cine y, por nombrar a alguien que esté un poco más vivo, también añadiría a la lista a Rodrigo Cortés.

7. ¿Qué libro(s) estás leyendo ahora?  Trato de estar concentrado, así que suelo leerlos de uno en uno. Últimamente he conocido bastantes escritores noveles y me gusta dar una oportunidad a sus historias, al igual que otros antes me la han dado a mí. Ahora estoy con Odisea Oscura, de James Troy.

8. ¿Qué libro guardas como el más valioso?  Un libro para niños y no tan niños que escribió el hermano de mi abuelo: “Cifralia”. Hace años averigüé por internet qué librería atesoraba el último ejemplar usado y lo guardo desde entonces con cariño.

9. ¿Qué usas para marcar las páginas? Lo que pille. Un sobre, el móvil, una entrada de cine… Eso sí, hay gente que lo hace, pero yo soy incapaz de doblar la esquina de una página de un libro.

10. ¿El mejor lugar para leer?  Cualquiera si el libro es bueno. En todo caso, me gusta leer sentado en la cama, acompañado de la luz justa.

Y ahora que ya sabemos un poco más de tus hábitos como escritor, hablemos de “Si su luz se apaga”.

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