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La justa, de Ricardo Sánchez de Madariaga

La justa

La justaHay muchas mujeres en mi vida a las que admiro. La primera, mi madre. Hemos vivido las dos solas durante muchísimo tiempo y no hemos necesitado a nadie más. Ella me ha demostrado siempre que una mujer se puede valer por sí misma: la he visto usar herramientas como el taladro o la rotaflex. También la he visto hacer cosas asombrosas como construir una escalera. A día de hoy yo le digo que vale, que no necesitaré a nadie a mi lado para colgarme un cuadro, pero que no pretenda que yo construya sola una escalera porque lo veo bastante improbable. Pero ella siempre me dice que no se trata de poder o no poder: se trata de querer hacerlo o no. Si quieres, lo haces (o al menos lo intentas), sin excusas de condición que valgan. 

A mi abuela también la admiro muchísimo. Ha sido capaz de criar a cuatro hijos y sacarlos adelante a pesar de que su voz, como la mayoría de las mujeres de su época, no valía absolutamente nada. El otro día se atrevió a venirse conmigo a Alemania para ver a su hermana. Era la tercera vez que montaba en avión y mientras despegábamos me decía que ese viaje, hace unos años, hubiera sido del todo imposible. La he visto disfrutando durante una semana entera sin preocuparse por nada ni por nadie. Con eso me conformo.

Y también admiro a mi mejor amiga, que lucha día a día por demostrar su valía. Recuerdo que con seis años me decía “odio a los machistas”, sin tener ni ella ni yo idea de lo que hablaba. Pero ahí sigue, demostrando que ella sola se sirve. Que mejor sola que mal acompañada. 

Sí, las mujeres de mi vida son un pilar fundamental en ella. También los hombres de mi vida, no os vayáis a pensar. Por suerte, son varios y puedo decir que me siento tremendamente orgullosa de ellos. Pero hoy estoy aquí no para hablar de los hombres (ya lo haré en otro momento, lo prometo), sino para hablar de las mujeres, las grandes protagonistas de La justa, el nuevo libro de Ricardo Sánchez de Madariaga. 

Este libro está compuesto por seis relatos, algunos más breves que otros, que tienen escenarios y personajes muy variados. Son muy diferentes entre sí aunque tienen una cosa muy importante en común: todos ellos están narrados por hombres enamorados. Enamorados de mujeres que, a veces les corresponden, otras no tanto y otras no de la forma que ellos hubieran imaginado. Son hombres que están a la merced de una mujer, se llame Linda o Marie France. O incluso a la merced de una mujer sin nombre. No importa.

Como siempre me pasa cada vez que me enfrento a un libro de relatos breves, siempre encuentro uno que es mi favorito. Uno que, por encima de todos los demás, llama especialmente mi atención. Es ese relato el que me vendrá a la mente cada vez que piense en ese libro en concreto, siendo muy posible que el resto de ellos pase rápidamente al olvido. En este caso, ese relato ha sido el titulado como Verano del 78, donde el protagonista conoce a Marie France, una chica que será el eterno amor adolescente del chico que nos está narrando el relato. Entre escenarios de teatro, música y pianos, conoceremos esa historia de amor “fugaz como el sol del veranillo de San Martín” que diría Sabina. Y quizá sea el que más me ha gustado porque los amores de verano tienen ese no sé qué que engancha: sabemos que es una historia que ya fracasa desde el principio, que nace muerta, pero aun así no podemos dejarla escapar. Tal vez sea esa derrota temprana lo que nos empuja a luchar por ella, como si se tratara de una cuestión de orgullo que nos hace intentar derrotar al destino. 

El último relato, Talk to me, también me ha gustado mucho. Sobre todo por el trasfondo que tiene. Trata de un hombre que tiene una aventura con una chica mucho más joven que él. Su matrimonio le pesa y necesita huir de él aunque sea solo un rato. Pero su aventura no es como la de los demás: consiste en hablar. Únicamente en hablar. Es un relato muy sincero y que le da un final perfecto al libro.

Hace poco leí otra obra de Ricardo Sánchez de Madariaga: Historia de la columna infame, que era también un conjunto de relatos cortos. De ese libro recuerdo con cariño un relato que tenía como protagonistas a un chico y una chica que viajaban por todo el norte de España. Durante las horas que duraba ese viaje hablaban como si fuera el último día, la última oportunidad. Ese fue el relato que me marcó y que ahora compite con Verano del 78 por ser el que más me ha gustado de los dos libros. En conjunto, me quedaría con La justa, ya que la veo como una obra más redonda, con más sentido, donde todos los relatos tienen algo en común. Es un todo. Pero si tengo que elegir un relato en concreto… me quedaría con el del viaje por el norte. No sé qué tenía, pero ha conseguido convertirse en mi favorito. 

Pero aun así me quedo con el libro que estoy reseñando hoy, porque me ha gustado eso de que todos los relatos tuvieran la misma esencia. A pesar de que no tiene por qué ser así, a mí me gusta más cuando todos los relatos están unidos por algo que tienen en común. En este caso, como decía al principio, ese punto de convergencia son las mujeres. Ellas son las que le dan sentido a este libro convirtiéndose en protagonistas aunque en teoría no lo sean. 

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Historia de la columna infame, de Ricardo Sánchez de Madariaga

Historia de la columna infame

Historia de la columna infameQueridos lectores, permitidme que empiece esta reseña dirigiéndome directamente al autor del libro del que vengo a hablar. Después de esta introducción, os contaré todo lo que queréis saber sobre el mismo.

Estimado Ricardo Sánchez de Madariaga:

Tengo que decirte que no sé qué idea me había hecho yo de tu libro. Cuando llegó a mi casa lo hojeé por encima y leí la sinopsis. Cuando llegué a ella vi que tan solo se mencionaba el nombre de lo que (me imaginé) iban a ser los siete relatos que componían la obra y tan solo una frase al lado de cada uno de ellos que identificaba vagamente su contenido. Después me quedé mirando un buen rato la portada: un hombre roto de dolor llora delante de lo que parece un tanque (desde ya digo que mi conocimiento sobre lo bélico es completamente nulo) y justo al lado, un cuerpo del que solo se ven las piernas y que predice la peor de las desgracias. Entonces en mi cabeza se fue formando una idea de lo que iba a encontrarme dentro de esa obra: guerra, sangre y dolor.

Pero nada más lejos de la realidad. Es un libro lleno de vida y de ilusión. Tan solo dos de los relatos tienen como escenario una guerra (Adiós Vaterland e Historia de la columna infame). Todos los demás, los otros cinco, nada que ver.

Así que, querido Ricardo, yo me enfadé mucho. Porque si te soy sincera empecé tu libro sin demasiadas ganas, porque como ya te habrás imaginado, mi pasión por lo bélico es más o menos la misma que mi conocimiento sobre ello. Pero cuando lo comencé y fui pasando las páginas y descubriendo esas historias y esas sensaciones que transmiten todos los relatos… me dije a mí misma: “Ana, has vuelto a fallar”. Y me enfadé porque, de verdad, considero que la portada y la sinopsis no hacen justicia a este libro. Te prometo que si lo hubiera visto en una librería, jamás lo habría lo comprado, porque mi reacción al ver la portada hubiera sido la de “este libro no es para mí”. Y otra vez, nada más lejos de la realidad.

Por lo que, estimado Ricardo, mis más sinceras disculpas por haberme hecho una idea de tu libro completamente errónea y mis más sinceros agradecimientos por los relatos que en él has plasmado.

Bueno, dicho esto, vamos a lo que vamos. Ahora ya sí, me dirijo a ti, lector, que estás detrás de la pantalla leyendo estas líneas.

Ya habrás sacado como conclusión que Historia de la columna infame no es lo que parece. Dentro de sus relatos (algunos muy muy cortos y otros que ocupan varios capítulos) encontramos varias historias que nos pueden resultar más o menos conocidas, como por ejemplo aquella en la que perseguir el amor es el objetivo principal o en cambio en otra en la que el éxito está en no dejarlo marchar jamás. Relatos que nos hablan de “la sensación de vivir” como bien pone en la sinopsis, y que no podrían definirse de mejor manera. Esa es la única pista verídica que he encontrado sobre el libro.

Es una obra muy cortita, ya que tiene unas ciento cincuenta páginas, y que nos invita a leerla con calma. Me he dado cuenta de que esto me pasa con todos los libros compuestos por relatos cortos, que aunque quiera leer de seguido unos cuantos, no puedo evitar alternar otra obra entre medias de cada uno de ellos. Seguramente sea porque intento poner un punto y final entre cada relato para poder saborearlos mejor y no mezclar las historias de unos y de otros. Como si fueran libros individuales. Pero si tienes la suerte de leerte unos cuantos seguidos, estoy segura de que este libro caerá de una sentada.

En cuanto a la redacción, Ricardo Sánchez de Madariaga utiliza un lenguaje directo y sencillo, para nada recargado. Me gusta mucho ese tipo de narración: la que te cuenta lo que te quiere decir sin necesidad de dar volteretas y carambolas. Va al grano. Y esa forma de escribir me resultó especialmente acertada en el relato El viaje hacia el Este que, por si me preguntáis, es mi favorito. En él, un chico y una chica recorren en coche el norte de España. Un viaje largo que en estas páginas se hace corto. Mientras lo leía estuve con una sonrisa en la cara todo el tiempo. Por esto mismo decía que me había enfadado tanto con la portada de Historia de la columna infame, porque de verdad creo que no tiene nada que ver con el contenido que encontramos dentro de él.

Por último, sí que me gustaría apuntar que hay alguna falta de ortografía que otra (realmente son nimiedades) que han hecho que mi lectura se ralentizara un poquito. Así que desde aquí animo a su autor a hacer una corrección para las siguientes ediciones, para así conseguir un resultado perfecto.

Y por si alguno en la sala se lo pregunta, no tengo ni idea de si esta obra está relacionada con Manzoni o si el título tiene una intención que a mí se me escapa. Quizás en la próxima carta que le mande al autor se lo pregunte. Para disipar todas las dudas.

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