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Videorreseña: Laro, la leyenda del árbol milenario: Sangre, de Simón Hergueta

Desde hace unos años vivo en Cantabria. Durante este tiempo he descubierto muchísimas cosas sobre esta región: la geografía tan increíble que tiene, su gastronomía tan esmerada, su gente amable y participativa y también sus tradiciones tan arraigadas. Pero una de las cosas que más me ha gustado siempre de esta pequeña región, es su historia. Las Guerras Cántabras me fascinaron desde el primer momento que escuché hablar de ellas.

El libro del que vengo a hablaros hoy en este vídeo va de eso, de Las Guerras Cántabras. Se trata de Laro, la leyenda del árbol milenario: Sangre, la primera parte de la trilogía escrita por Simón Hergueta. El él nos cuenta la historia de Laro, un niño que nace en un poblado cántabro y que tiene que prepararse, junto a sus amigos, para ser un gran guerrero que se enfrente a los romanos que quieren invadir el norte de España. Durante todo el libro acompañaremos a este joven guerrero en todas sus aventuras y conoceremos un poco más sobre aquella época y toda la mitología celta que invadía el espíritu cántabro.

Así que, como ya te habrás imaginado, yo disfruté muchísimo este libro porque la temática ya me encantaba antes de empezar con él. Pero, corre, dale al play ¡y entérate de más!

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El espejo egipcio, de Pilar González

El espejo egipcio

El espejo egipcioEgipto es un destino que siempre ha llamado muchísimo mi atención. Cuando era pequeña, más o menos cuando tenía unos ocho años, mi padre visitó ese país por motivos de negocios. No recuerdo si yo había escuchado hablar antes sobre Egipto o no, pero el caso es que cuando él volvió y me enseñó todas las fotos y me contó todo lo que había visto, yo me quedé prendada. Como buena lectora que soy, me encantan las historias que me hagan evadirme a lugares increíbles, pero esto ya me viene sucediendo desde muchísimo tiempo atrás. Por lo que ese día, cuando mi padre me contaba que se había adentrado en una pirámide gigantesca, que había visto una momia o que había atravesado el río Nilo, mi mente no paraba de trabajar intentando procesar toda la información. Llegó un momento en el que pensé que mi padre se estaba quedando conmigo y que me estaba contando una historia que bien podría haber salido de una sala de cine. Recuerdo que no le creí demasiado y en un rincón de mi mente pensé que él había exagerado todo para que yo alucinara todavía más. 

Con los años me di cuenta de que eso no fue así en absoluto. Que Egipto es tal y como él me contó: un lugar mágico, lleno de cosas asombrosas, cargado de una cultura magnífica y con la capacidad de inspirar cientos de historias como la que traigo hoy aquí. 

El espejo egipcio, escrito por Pilar González recoge toda esa magia de la que estoy hablando. Todo empieza cuando Dago entra en una tienda de antigüedades y compra un espejo para regalárselo a su madre. En cuanto lo ve sabe que es el regalo perfecto para ella. Es muy bonito y parece muy antiguo, con todo lujo de detalles. Pero el dependiente de la tienda le advierte y le dice que ese espejo guarda algo oscuro en su interior: está maldito. Dago no cree en esas estupideces, así que decide comprarlo y seguir con su plan. Seguro que cuando su madre lo vea se le olvida interrogarle sobre su novia. Y eso será un alivio, porque no quiere confesar que están pasando por una época de crisis y que llevan un tiempo separados. 

Y si ya de por sí la vida de Dago es ahora mismo un poco caótica, ya que es un escritor de renombre que está pasando por una época muy mala en la que no consigue escribir nada decente, todo empieza a ir de mal en peor cuando el espejo entra en su vida. Primero, la desaparición de su madre y después la sospechosa muerte de su editor y amigo. Dago cada vez tiene más claro que todo está relacionado y que el dependiente tenía razón en su advertencia.

Así que lo que tenemos delante es una historia de intriga en la que tendremos que descubrir junto con el protagonista qué es lo que oculta ese misterioso objeto. El espejo egipcio tiene, a parte de todo lo mencionado, algo que hay que destacar sobre todo lo demás: Dago tiene lo que parecen ser unos sueños lúcidos donde se encuentra con gente que ya ha tenido ese espejo en su poder. Esa gente es imprescindible para el desarrollo de la historia y va a ser el recurso que la autora, Pilar González, va a usar para contar la novela a dos tiempos. Así, tenemos la época actual y también varias tramas pequeñitas protagonizadas por diferentes personajes que se sucederán en varios momentos de la historia. Y esto es de destacar porque uno de esos protagonistas secundarios van a ser Akenatón, cuya vida fue fascinante. Esa forma de narrar es lo que nos va a permitir quedarnos con la intriga cada vez que un capítulo termine, ya que, al estar las historias intercaladas, tendremos que esperar siempre para volver a retomar la trama de Dago para saber, de una vez por todas, qué oculta ese espejo. 

La narración me ha gustado. Es sencilla y con abundantes diálogos. Además está narrada en primera persona, por lo que es muy fácil empatizar con Dago. Él nos va contando constantemente todo lo que piensa, nos transmite sus dudas y sus miedos. Se teme lo peor, claro, que todos los misterios que están sucediendo a su alrededor, se deban a su estúpida idea de comprar el espejo. Tendría que haberle hecho caso al dependiente y ahora su mala decisión puede haber sido la causante de que su madre desapareciera y su editor acabara muerto. Y también está el tema ese con su ex y, sobre todo, el maldito bloqueo que no le permite escribir nada decente. Todos estos temores, estas frustraciones, nos llegan a nosotros perfectamente gracias a que la historia está contada en primera persona.

Si le tengo que poner un pero es que he observado un abuso de algunas frases hechas y recursos. He notado, por ejemplo, que la autora utiliza demasiado el conector “en verdad”. No suelo fijarme demasiado en estas cosas, pero sí que es cierto que me ha chocado encontrarme tantas veces con él. También creo que esto se ha debido en parte a que no me gusta nada ese conector, entonces cuando lo leí unas cinco veces en el libro después no podía parar de verlo todo el tiempo. Es como cuando te compras un coche rojo y de repente todos los coches de tu alrededor son rojos.

Pero quitando esa tontería, que ya digo que es una cuestión de gusto personal que otra cosa, el libro me ha resultado muy entretenido, por eso estoy hoy aquí recomendándolo a todo aquel que me esté leyendo.  Sobre todo me ha intrigado y me ha gustado el recurso de meter a personajes antiguos dentro de la trama. Gracias a él he podido volver a recordar esas historias que mi padre me contaba sobre Egipto. Yo todavía no he tenido la suerte de ver todo eso con mis propios ojos, pero ojalá sea yo la que algún día le cuente a una niña pequeña (bastante escéptica para su edad) que he estado dentro de una pirámide que se construyó hace miles de años. 

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Historia de la columna infame, de Ricardo Sánchez de Madariaga

Historia de la columna infame

Historia de la columna infameQueridos lectores, permitidme que empiece esta reseña dirigiéndome directamente al autor del libro del que vengo a hablar. Después de esta introducción, os contaré todo lo que queréis saber sobre el mismo.

Estimado Ricardo Sánchez de Madariaga:

Tengo que decirte que no sé qué idea me había hecho yo de tu libro. Cuando llegó a mi casa lo hojeé por encima y leí la sinopsis. Cuando llegué a ella vi que tan solo se mencionaba el nombre de lo que (me imaginé) iban a ser los siete relatos que componían la obra y tan solo una frase al lado de cada uno de ellos que identificaba vagamente su contenido. Después me quedé mirando un buen rato la portada: un hombre roto de dolor llora delante de lo que parece un tanque (desde ya digo que mi conocimiento sobre lo bélico es completamente nulo) y justo al lado, un cuerpo del que solo se ven las piernas y que predice la peor de las desgracias. Entonces en mi cabeza se fue formando una idea de lo que iba a encontrarme dentro de esa obra: guerra, sangre y dolor.

Pero nada más lejos de la realidad. Es un libro lleno de vida y de ilusión. Tan solo dos de los relatos tienen como escenario una guerra (Adiós Vaterland e Historia de la columna infame). Todos los demás, los otros cinco, nada que ver.

Así que, querido Ricardo, yo me enfadé mucho. Porque si te soy sincera empecé tu libro sin demasiadas ganas, porque como ya te habrás imaginado, mi pasión por lo bélico es más o menos la misma que mi conocimiento sobre ello. Pero cuando lo comencé y fui pasando las páginas y descubriendo esas historias y esas sensaciones que transmiten todos los relatos… me dije a mí misma: “Ana, has vuelto a fallar”. Y me enfadé porque, de verdad, considero que la portada y la sinopsis no hacen justicia a este libro. Te prometo que si lo hubiera visto en una librería, jamás lo habría lo comprado, porque mi reacción al ver la portada hubiera sido la de “este libro no es para mí”. Y otra vez, nada más lejos de la realidad.

Por lo que, estimado Ricardo, mis más sinceras disculpas por haberme hecho una idea de tu libro completamente errónea y mis más sinceros agradecimientos por los relatos que en él has plasmado.

Bueno, dicho esto, vamos a lo que vamos. Ahora ya sí, me dirijo a ti, lector, que estás detrás de la pantalla leyendo estas líneas.

Ya habrás sacado como conclusión que Historia de la columna infame no es lo que parece. Dentro de sus relatos (algunos muy muy cortos y otros que ocupan varios capítulos) encontramos varias historias que nos pueden resultar más o menos conocidas, como por ejemplo aquella en la que perseguir el amor es el objetivo principal o en cambio en otra en la que el éxito está en no dejarlo marchar jamás. Relatos que nos hablan de “la sensación de vivir” como bien pone en la sinopsis, y que no podrían definirse de mejor manera. Esa es la única pista verídica que he encontrado sobre el libro.

Es una obra muy cortita, ya que tiene unas ciento cincuenta páginas, y que nos invita a leerla con calma. Me he dado cuenta de que esto me pasa con todos los libros compuestos por relatos cortos, que aunque quiera leer de seguido unos cuantos, no puedo evitar alternar otra obra entre medias de cada uno de ellos. Seguramente sea porque intento poner un punto y final entre cada relato para poder saborearlos mejor y no mezclar las historias de unos y de otros. Como si fueran libros individuales. Pero si tienes la suerte de leerte unos cuantos seguidos, estoy segura de que este libro caerá de una sentada.

En cuanto a la redacción, Ricardo Sánchez de Madariaga utiliza un lenguaje directo y sencillo, para nada recargado. Me gusta mucho ese tipo de narración: la que te cuenta lo que te quiere decir sin necesidad de dar volteretas y carambolas. Va al grano. Y esa forma de escribir me resultó especialmente acertada en el relato El viaje hacia el Este que, por si me preguntáis, es mi favorito. En él, un chico y una chica recorren en coche el norte de España. Un viaje largo que en estas páginas se hace corto. Mientras lo leía estuve con una sonrisa en la cara todo el tiempo. Por esto mismo decía que me había enfadado tanto con la portada de Historia de la columna infame, porque de verdad creo que no tiene nada que ver con el contenido que encontramos dentro de él.

Por último, sí que me gustaría apuntar que hay alguna falta de ortografía que otra (realmente son nimiedades) que han hecho que mi lectura se ralentizara un poquito. Así que desde aquí animo a su autor a hacer una corrección para las siguientes ediciones, para así conseguir un resultado perfecto.

Y por si alguno en la sala se lo pregunta, no tengo ni idea de si esta obra está relacionada con Manzoni o si el título tiene una intención que a mí se me escapa. Quizás en la próxima carta que le mande al autor se lo pregunte. Para disipar todas las dudas.

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Laro, la leyenda del árbol milenario: Sangre, de Simón Hergueta

Laro, la leyenda del árbol milenario: Sangre

Laro, la leyenda del árbol milenario: SangreImaginaos lo que era para mí, como madrileña, pasar los veranos enteros en Cantabria. Llegaba el uno de julio y yo cogía una maleta llena de ropa, a sabiendas de que allí solo vestiría “la ropa del pueblo” que año tras años se iba quedando en los armarios de mi abuela. Y allí pasaba los dos mejores meses de todo el año, en un pequeño pueblo en mitad de las montañas donde lo único que se escucha es el viento, los pájaros y los campanos de las vacas. Imaginaos lo que era para mí, que al final acabé viviendo en ese pueblo.

Y recuerdo que llegaba el último fin de semana de agosto y una sensación agridulce me invadía. Por una parte, estaba triste porque tenía que dejar el norte para volver a la capital y a la rutina. Pero, por otra parte, estaba emocionada porque había llegado uno de los mejores findes del verano: el de Las guerras cántabras, unas fiestas que se celebran cada año en Los corrales de Buelna, donde se simula la invasión del ejército romano en las tierras cántabras. Se monta un poblado donde los cántabros hacen sus labores (todos perfectamente vestidos para la ocasión) y entonces llegan los romanos (también cuidando todos los detalles de la vestimenta) y se libra una cruenta batalla que termina en una fiesta por todo lo alto. Increíble. Algún día tenéis que ir a verlo, en serio. A mí se me ponen los pelos de punta solo con pensarlo.

Y esto venía porque hoy voy a reseñar un libro que trata de esto: de las guerras cántabras. Bueno, en realidad, Laro, la leyenda del árbol milenario: Sangre es el preludio a esas guerras. Si no me equivoco, estas se sucedieron más o menos en los años veinte antes de Cristo y el libro se desarrolla unos años antes, cuando todavía los romanos no habían sido capaces de dar caza a los cántabros. Y es que estos eran famosos por ser unos grandiosos luchadores. Sin duda, los romanos los querían esclavizar para que guerrearan a su lado, pero si de algo tienen fama los cántabros es de cabezones, así que decidieron que antes muertos que sometidos.

Simón Hergueta nos trae una novela muy entretenida que cuenta la historia de Laro, un niño que nace en una tribu cántabra y que ya desde pequeño transmitía un aura muy especial. Había algo en ese niño, algo que le convertiría en un gran hombre. A través de las páginas de este libro iremos conociendo su historia y la de sus amigos. Juntos tendrán que pasar las pruebas necesarias para convertirse en verdaderos guerreros y todo ello en un marco en el que la amenaza romana está más que presente.

Una de las cosas que más me ha gustado de esta novela es cómo el autor trata a la mitología cántabra. Yo recuerdo que cuando era pequeña había en mi casa un enorme cuadro lleno de seres extraños: una especie de duende, una preciosa hada, una señora con los pechos en echados a la espalda, un ser monstruoso con un solo ojo… Me encantaba mirar ese cuadro, resumía perfectamente la mitología de esa tierra que tanto quería (y quiero). Y si no me creéis os puedo asegurar que fueron muchos los años que llevé colgada una estela cántabra en mi cuello. Y toda esa mitología que quedaba recogida en un solo póster, Simón Hergueta la usa como escenario para su novela, enseñándonos la cultura tan fascinante que existió en aquellas montañas tan altas donde el blanco y el verde eran la bandera.

En cuanto a los personajes, se ve que el autor ha hecho un gran trabajo con Laro, el protagonista. Lo conoceremos como niño y, con el paso de los capítulos, veremos cómo crece y se convierte en un gran guerrero, uno de verdad. Su evolución está muy bien hecha y me ha parecido muy bonito ser cómplice de ese crecimiento. Pero también el resto de personajes evoluciona, como por ejemplo Maya, una chica que acompaña a Laro a través de la historia. A ella también la conoceremos como niña y también seremos testigos de su gran evolución. Ya os adelanto que Maya es toda una guerrera. Me cayó muy bien esa chica.

Laro, la leyenda del árbol milenario: Sangre es una novela muy entretenida que nos trae una temática muy original. Hace unos años tuvo mucho éxito un libro del estilo, El último soldurio, pero me consta que era más histórico que la novela de la que vengo a hablar hoy. Y será porque a mí la historia me echa un poco para atrás… pero el libro de Simón Hergueta me ha parecido la mezcla perfecta entre la novela y la documentación. En todo caso prima la trama, no la contextualización. Y eso es lo que ha hecho que me leyera del tirón casi medio libro. Ya os aviso que es la primera parte de lo que será una trilogía y que si leéis el primero probablemente os quedéis con ganas de más.

En definitiva, esta novela es una buena forma de conocer un poco más sobre la cultura cántabra y qué os voy a decir yo, si a mí me fascina. Y es que todavía, después de diez años mucha gente me pregunta que cómo fui capaz de dejar Madrid para venir a vivir a un pueblo de unos cuarenta habitantes, donde no tenemos ni una triste panadería (pero ojo, tenemos bar). Y yo siempre les digo: la pregunta es por qué no me vine antes, si todo lo que rodea a esta tierra es maravilloso.

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Las tres caras de la moneda, de Jordi Belda Valls

Las tres caras de la moneda

Las tres caras de la moneda

Lo cierto es que no suelo ver la tele. Me gusta mucho ver series y películas, pero para ello prefiero encender el ordenador y elegir lo que voy a ver ese día. No me gustan los realities ni enterarme de lo que hace la farándula española con su vida. Pero sí que hay una cosa, una sola, que tengo que ver todos los días: el telediario. En mi casa cenamos a las nueve en punto, lo que significa que mientras estamos en la mesa encendemos la tele y nos ponemos al día de lo que ha pasado en el mundo. Y todavía no entiendo el porqué. Ese rato, que apenas dura veinte minutos, es un rato lleno de angustia, de indignación, de drama, de desolación… muy pocas veces veo alguna noticia que consiga sacarme una sonrisa. Todo son desgracias.

Pero aun así, no puedo evitar verlo a diario. Necesito saber qué ha pasado por el mundo, cuál es la situación política actual, si hay algo de lo que deba enterarme. Y ya sé que cuando apague la televisión estaré muy cabreada porque nada de lo que he visto en esos minutos me ha parecido bien. Pero así es la vida, ¿no? Y después de ese rato, siempre recuerdo la lección: hay un bando que gana y un bando que pierde.

Porque la vida consiste en eso: en bandos. O al menos eso nos han hecho creer. Eres de Cola Cao o de Nesquik, de izquierdas o de derechas, de tortilla con cebolla o sin cebolla, de los que venden las armas o de quienes las usan.

Las tres caras de la moneda habla básicamente de esto, de bandos y de opiniones que se forjan a la fuerza dependiendo del momento y del sitio donde a uno le ha tocado vivir. Todo empieza con una tremenda explosión en la casa de los Ávid, donde el padre de familia fallece. Será su hijo el que tenga que descubrir quién está detrás de ese ataque y lo podrá conseguir gracias al nuevo puesto político que le ha llegado como caído del cielo. Mientras tanto, en el Desierto Naranja las cosas están cada vez más tensas y cualquier movimiento puede acabar en un fatal desenlace. Y también encontramos una historia paralela en la que una chica se enfrentará a todo lo habido y por haber con tal de defender sus ideales.

Como veis, es una novela que tiene tres caras, tres representantes que, dependiendo de su posición en la historia, nos contarán una versión u otra de los mismos hechos. Por lo tanto, es una trama contada a tres tiempos en la que se va desvelando poco a poco todo lo que necesitamos saber para poder resolver todos (o casi todos) los misterios que en sus páginas se esconden. Esto es realmente interesante porque los tres protagonistas que se encuentran en las diferentes caras de la moneda tienen un punto de vista sobre la historia que nada tiene que ver con el de los demás.

Jordi Belda Valls nos trae así su primera novela en la que podemos ver un retrato de nuestra propia sociedad. Ahora mismo solo vivimos en bandos y, dependiendo de en cuál te encuentres, tu visión del mundo será una u otra. Y realmente no creo que esto sea malo, no veo ningún problema en que alguien se posicione en un lado o en otro del conflicto. Lo que sí creo es que el problema viene cuando a uno se le olvida que los demás también pueden elegir bando y no tiene por qué ser el mismo que el nuestro. Tan legítimo es uno como el otro. Esto es algo que se nos suele olvidar y que podemos ver reflejado en Las tres caras de la moneda.

Un punto a favor de esta novela es que las tres historias se van alternando continuamente en los capítulos, de manera que cada uno de ellos está dedicado a uno de los protagonistas. Esto hace que la lectura sea muy ágil, ya que siempre va a haber una historia que nos llame más, lo que hará que leamos muy rápido para poder llegar a ella. Además, gracias a su corta extensión (tiene alrededor de ciento sesenta páginas), se puede leer casi de una sentada.

El desarrollo de los personajes no es malo pero quizás me ha faltado algo de caracterización. Me hubiera gustado que tuvieran más personalidad y un carácter más marcado que hicieran que me metiera más en la historia. Pero esto es algo que va más con mis gustos personales.

Tengo que destacar especialmente la ambientación, ya que todo esto sucede en un país inventado por Jordi Belda Valls. El Desierto Naranja, en concreto, me ha gustado muchísimo. Antes decía que todas las personas que leyeran este libro iban a tener una cara de la moneda preferida, pues para mí lo era la del Desierto, quizás por su protagonista (un chico huérfano que ha sido criado por una monja) o bien por lo exótico del lugar. Sea lo que sea, yo estaba deseando que los capítulos de las otras dos historias pasaran para poder llegar a mi parte favorita.

Después de haberlo leído sigo creyendo firmemente que la historia depende de quien la cuente y del bando donde esa persona se encuentre. Porque no todo es blanco ni negro y porque siempre hay más caras en una misma moneda que tenemos que tener en cuenta.

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El pecado que mató a Carolina Martín, de Eugenia Dalmau

El pecado que mató a Carolina Martín

El pecado que mató a Carolina MartínSolo hace falta echar un vistazo a nuestro alrededor para darnos cuenta de que el pecado convive con nosotros. Da igual lo que hagamos y en la situación en la que estemos: alguno de los pecados capitales está presente. Siempre. Y, señores, que tire la primera piedra el que no haya envidiado nada, el que no haya sentido un ataque de ira, el que no haya devorado algún suculento manjar sin tener hambre. También el que no se haya dejado llevar por la pasión, el que no haya puesto el despertador “cinco minutitos más”, el que no haya subido selfies y selfies a las redes sociales o incluso el que no haya querido tener algo para sí y no compartirlo jamás con nadie. Vamos, estoy segurísima al cien por cien de que todos los aquí presentes nos quedaríamos con la piedra en la mano, porque sea de la manera que sea, hemos cometido alguno de estos pecados a lo largo de nuestra vida.

Eugenia Dalmau se centra en este hecho para desarrollar su novela: El pecado que mató a Carolina Martín. No os voy a engañar. Al principio, el título de la obra no me convencía en absoluto. Demasiado largo y misterioso para mi gusto. Pero a medida que fueron pasando las páginas, lo entendí. Entendí por qué esta autora valenciana había optado por poner un título tan enigmático.

Empecemos por el principio: un cuerpo aparece, en una casa, sin signos aparentes de violencia. Parece un infarto, o incluso un suicidio. Sí, el cuerpo es el de Carolina Martín, una  mujer de éxito que se codea en las altas esferas de Madrid. Lo tiene todo: un trabajo de lujo, un chalet en una urbanización envidiable, amigos influyentes, juventud, belleza a rebosar y mucha inteligencia. La casualidad quiso que Jaime Reyes y Manuel Serra fueran los encargados de esclarecer los hechos y darle sentido a esa escena. Porque si hubieran sido otros los inspectores encargados del caso, no hubieran descubierto jamás la historia que encerraba el asesinato de Carolina.

Poco a poco estos inspectores irán poniéndole cara a todas las personas que componían el círculo más cercano de la fallecida, concluyendo que cada uno de ellos era la viva imagen de un pecado capital. ¿Qué fue lo que mató a Carolina? ¿Qué pecado hizo que apareciera muerta en su casa? ¿La ira, la pereza, la lujuria, la envidia…? Siete son las opciones y siete los posibles móviles del crimen. Detrás de ellos, su jefe, su hermana, su cuñado, su amante… un sinfín de personas que podrían haber cometido esa barbaridad sin ningún tipo de remordimiento.

Ahora pasemos a analizar el cuerpo de la obra. En la primera mitad del libro, Eugenia Dalmau sigue una tónica que se repite constantemente: nos da un capítulo en el que conocemos a un nuevo personaje y acto seguido encontramos otro capítulo en el que nos cuenta la vida de esa persona y que, tras leerlo, nos deja claro qué pecado es el que se esconde en las entrañas de dicho personaje. Cuando ya tenemos todos los pecados y personas presentadas, comienza la “segunda parte” del libro —lo pongo entrecomillado porque no existen partes divididas físicamente, pero yo sí que he notado una clara separación en este punto—. Esta segunda parte, como decía, se centra ya en la resolución del crimen. Una vez que sabemos todos los motivos de los sospechosos, iremos desgranando poco a poco, junto a los inspectores, todas las pistas del caso. Sabiendo esto, lo del título escogido se entiende muchísimo mejor, ¿verdad?

Esto me ha gustado especialmente, pues al principio nada más que quería llegar a esos capítulos explicativos en los que nos remontamos años atrás para conocer la vida de un personaje en concreto. Es como si el lector se convirtiera por unos momentos en un psicólogo, que se adentra en la mente de esa persona para entender qué es lo que le ha llevado a ser quién es en la actualidad. Esto también permite al lector formar parte del equipo de investigación, como si fuera un tercer compañero en el equipo de Reyes y Serra. Conociendo la vida de los sospechosos, podemos empezar a hacer nuestras elucubraciones e intentar adivinar quién fue el asesino. Yo, aviso, por más que lo he intentado, no he acertado. Pero claro, es que en cada capítulo cambiaba de opinión: “sí, sí, estoy segura, ha sido fulanito porque blablablá. No, no, antes me equivoqué, ¿cómo pude ser tan tonta? Ha sido menganito porque blablablá…”. En fin, así durante las cuatrocientas páginas que tiene el libro. Y no, no acerté. Así que menos mal que mi oficio nada tiene que ver con resolver asesinatos…

En cuanto a los personajes, me ha gustado mucho la evolución del inspector Reyes. Aunque el narrador de la historia es su compañero, Serra, a través de sus palabras podemos ver claramente como el personaje de Reyes va evolucionando poco a poco. Empieza siendo un desconocido para nosotros, un tanto distante y frío y al final se convierte en alguien cercano y al que acabamos cogiendo cariño. Serra aporta un toque de humor al argumento con sus comentarios constantes y su forma de ser, tan de valencia.

El pecado que mató a Carolina Martín es un libro de esos que atrapa. Eugenia Dalmau nos va dejando miguitas de pan que solo hacen que queramos más y más. Pero no, hasta el final no obtendremos nuestra recompensa. Así que hay que tener paciencia. Además, tiene un ritmo bastante lineal que se ve muy incrementado cuando nos vamos acercando a ese desenlace donde se descubre todo el pastel. Por lo que el final es genial, muchísimo más ágil y que hará que nos leamos las últimas ochenta páginas del tirón.

Al principio hablaba de la facilidad de caer en el pecado, de dejarse llevar por esos malos pensamientos. Y es curioso que uno solo de ellos fuera el que acabó con Carolina Martín. Pero, más curioso es todavía, el hecho de que cualquiera de los personajes, cada uno con su pecado particular, podría haber tenido motivos para hacerlo. Eso me ha hecho pensar y me ha gustado mucho, porque al final cualquier pequeño detalle puede hacer que la chispa se convierta en llama.

No seré yo quien tire la primera piedra, por supuesto. Tengo tantos defectos como cualquiera. Mientras leía este libro he detectado varios: primero, la pereza, porque llegó el fin de semana y no quería salirme de mi cama con tal de pasar un rato más leyendo esta novela. Segundo, la gula, porque ¿qué mejor que un buen chocolate caliente para calentar el cuerpo mientras seguía leyendo? Tercero, la ira, porque me enfadaba cada vez que mi sospechoso cambiaba, desbaratándome todo el razonamiento. Y, cuarto, la envidia, porque me encantaría tener la mente de Eugenia Dalmau para que este argumento se me hubiera ocurrido a mí antes.

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El consejo, de Carlos Palanco Vázquez

El consejo

El consejoHace unos años, cuando estaba en segundo de Bachillerato, descubrí cuánto me gustaba la Filosofía. Era mi asignatura favorita y a la que más tiempo dedicaba por las tardes. Cada vez que estudiábamos un autor, acudía a la bibliografía complementaria para leer algo más sobre él. Cosa que, curiosamente, no me ocurrió con Locke, que no sé por qué, nunca terminó de gustarme. Será porque tampoco llegué a comprenderle del todo, cosa indispensable para poder estudiar su forma de pensar.

Cuando terminamos el curso, con la Selectividad mirándonos desafiante, nuestra profesora nos preguntó cuál había sido la técnica filosófica que más nos había convencido. Que si tuviéramos que escoger solo una para intentar solucionar los problemas del mundo, cuál sería. La mayoría de mis compañeros pasó del tema y se quedó mirando el cuaderno intentando que la profesora no preguntara al azar. Y otros cuatro o cinco empezamos a darle vueltas a la cabeza. Yo no he sido nunca de lanzarme, así que esperé a que la profesora me mirara para yo decir que mi corriente favorita era la mayéutica socrática. Si yo tuviera que solucionar los problemas del mundo, empezaría por ahí. Por el diálogo. Ya no solo para conocer a todos los que nos rodean, sino para conocernos a nosotros mismos, punto fundamental. Ya que si lo que queremos es arreglar el mundo, lo primero que tendremos que hacer es arreglarnos a nosotros mismos. Luego ya se verá.

Todo esto me ha venido irremediablemente a la cabeza ya que toda la historia que nos cuenta El consejo gira alrededor de la Filosofía. Nuestros protagonistas viven en el año 2020, en un país llamado Atlántika. Después de haber pasado por una gran crisis, el país va saliendo a flote poco a poco. Mientras tanto, un grupo de cinco personas (tres hombres y dos mujeres) recibirán una carta que les cita en un lugar donde se les revelará una importantísima misión: crear un libro que cambie la historia del país. Estas cinco personas, con grandísimas mentes, formarán El consejo y tendrán que apañárselas para ponerse de acuerdo en cuáles son las mejores decisiones para el Estado. Javier es uno de los miembros, profesor de universidad, filósofo e inconformista. Parece que ese trabajo está especialmente hecho para él.

Tendrán la difícil tarea de analizar todos y cada uno de los problemas que asolan el país e intentar darles la mejor solución, pero no será fácil ponerse de acuerdo. Y mucho menos cuando parece que hay una sociedad secreta que está tramando algo que puede afectar a las decisiones ahí tomadas.

Al final, Atlántika no deja de ser un reflejo bastante fiel de nuestra sociedad actual. Después de una crisis durísima y que ha azotado a todos y cada uno de los rincones de nuestro país, los cimientos económicos, políticos y sociales se han visto dañados. Hay que recomponer la estructura, sí, pero desde abajo. Empezando por el principio. En Atlántika tuvieron muchísima prisa y se consiguió salir de la crisis sacrificando algunas cosas que deberían ser intocables. Hablan de una bajada del paro, por ejemplo, pero a costa de ofrecer trabajos precarios con salarios y contratos irrisorios, cosa que, desde el punto de vista de los miembros de este consejo, es inadmisible. Por eso, cuando leemos esta novela, no podemos evitar comparar su situación con la nuestra propia y analizar, a la vez que los protagonistas, todos los monstruos que asolan a nuestra sociedad.

El consejo es una novela del autor pacense Carlos Palanco Vázquez. Después de una vida entera dedicada a la Medicina, en 2014 publica su primera novela de ficción, Las tres llaves, aunque la vocación ya venía de antaño, ya que también se dedicaba a escribir artículos médicos y relatos cortos.

Cuando leo un libro me gusta indagar un poco en la vida del autor. Saber de dónde viene, a qué se dedica cuando no está escribiendo, qué es lo que le ha llevado a escribir esa novela… en fin, cotillear un poco. Y me quedé muy sorprendida cuando leí que Carlos Palanco estudió Medicina y que actualmente es cardiólogo. Y digo esto porque yo me imaginaba que este escritor sería un catedrático de Filosofía o algo así. Básicamente porque en su libro la Filosofía es lo principal y las conversaciones que tienen los personajes giran todo el tiempo a su alrededor. La crisis social, económica y política que vive Atlántika es analizada desde muchas corrientes filosóficas, que se pueden entrever en las conversaciones de los protagonistas que forman El consejo. Yo me imaginaba que Carlos Palanco sería un profesor universitario, como Javier, pero ya veo que no, no podía estar más equivocada. Así que bravo, porque conseguir escribir un libro como este, en el que la Filosofía lo es todo, sin dedicarte profesionalmente a ella, merece todo mi respeto y admiración.

En cuanto a la narración, es una obra ligera, pese a que puede parecer lo contrario. No paro de decir que la Filosofía es lo principal y eso puede dar a entender que el libro es aburrido y tedioso. Pues no, para nada. Poco a poco nos vamos metiendo en los problemas de Atlántika, siendo partícipes de ellos. Las páginas van pasando y nos descubrimos opinando sobre esos problemas. Pensamos en qué haríamos nosotros si tuviéramos el poder que ellos tienen (al fin y al cabo, son ciudadanos normales y corrientes, no políticos con un alto puesto ni nada por el estilo), qué cambiaríamos, qué mantendríamos, a qué le daríamos unas cuantas vueltas… Y eso al final es precioso y no deja de ser el método de la mayéutica socrática que mencionaba al principio. Cuestionar y cuestionar y, a través del diálogo, descubrir y descubrir.

Así que no penséis que es un libro sin acción, porque esta va aumentando a medida que pasan las páginas. La trama se entremezcla con puntos de misterio que resultan muy interesantes y que hacen que queramos leer más y más.

En cuanto a los personajes, Javier está muy bien desarrollado. Al final digamos que es el que nos está contando toda la historia y con el que más complicidad tenemos. De los otros personajes tenemos menos información, incluso de un par de ellos al principio solo se nos dan unas pinceladas, y esto provoca una sensación: duda. No sabes cómo son, ni cómo piensan. Y por lo tanto no sabes si puedes fiarte de ellos o si su forma de pensar arruinará todo el plan. Eso me ha gustado especialmente, ya que en mi cabeza he podido hacerme una idea de cómo era el resto de personajes, para ir desvelando poco a poco sus verdaderas identidades, así como en el juego Quién es quién.

Si le tengo que poner una pega, es que el autor le tendría que haber dado una vuelta más a la corrección ortográfica. Si este pequeño fallo se pule en las siguientes ediciones, estoy segura de que será un libro que venda muchísimos ejemplares. Eso quiero y deseo para este autor que ha demostrado que sabe de lo que habla y que ha llegado al mundo de la escritura para quedarse.

En primero de Bachillerato tuve el mejor profesor de Filosofía que se puede tener (con respeto de mi profesora de segundo). Eugenio, se llamaba, “el bien nacido”. Él nos enseñó que la gente que gobierna a un pueblo debería ser siempre y ante todo, filósofa. Los políticos deberían estudiar obligatoriamente Filosofía. Deberían aprender a pensar. A analizar los problemas, comprenderlos y darles una solución lógica. Si siguiéramos ese consejo, y el que nos da Carlos Palanco, estoy segura de que ahora no estaríamos donde estamos. No lo sé, ¿tú qué opinas?

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Operación Picasso, de Pedro Saugar Segarra

Operación Picasso

Operación PicassoVarias son las casualidades que me llevan a estar escribiendo ahora mismo esta reseña. La primera: el nombre del autor del libro que me ocupa. Pedro Saugar Segarra. Segarra es un apellido de origen vasco pero que se acomodó rápidamente en la zona de Cataluña y Comunidad Valenciana. Mi padre lo tomó de allí, concretamente de un pueblo llamado Vinaroz. Pero yo nací en Madrid y después me mudé a Cantabria. Así que Segarras, lo que se dice Segarras… conozco poquísimos. En el colegio era de las que tenían que repetir su apellido varias veces. No, Segura, no. No, Sagarna tampoco. Segarra, sí, como los zapatos. Así que ver mi apellido reflejado en un libro me hizo muchísima ilusión. Esa ha sido la casualidad número uno.

La casualidad número dos ha sido que este libro, como su nombre indica, trata sobre la vida de Picasso y sobre el enigma de si fue él el que pintó Las damas de Avignon. Cuadro que hace más o menos un mes estuve viendo en persona en el MoMA de Nueva York. No os voy a engañar, yo iba a ese museo para ver uno de mis cuadros favoritos, La noche estrellada, de Van Gogh. Y, sinceramente, ni me había preocupado por saber qué otros cuadros lo acompañaban, así que, después de verlo detenidamente, me dispuse a dar un paseo por aquel enorme museo sin tener la menor idea de lo que me iba a encontrar. En la misma sala donde yacía este cuadro, se hallaba también Las tribulaciones de San Antonio, de James Ensor, que es un cuadro muy curioso porque cada vez que lo miras ves una figura diferente. Mi novio y yo pasamos más del tiempo necesario mirando el cuadro fijamente como dos idiotas para descubrir nuevas figuras, cosa que hizo que de inmediato se convirtiera en uno de mis cuadros favoritos. Salimos de esa sala y, deambulando, llegamos a otra, que estaba presidida por un enorme cuadro del que solo podía ver la parte superior, pues decenas de personas se agolpaban ante él. Pude distinguir colores claros, marrones. Un brazo. Una cabeza. Y, entonces, me di cuenta, ¡Las damas de Avignon! Cogí a mi novio de la mano y corriendo me acerqué lo más que pude a ese cuadro. ¡No esperaba encontrármelo allí! Pero era verdad, ese dibujo que tanto había visto y que tanto me llamaba la atención, estaba delante de mis propios ojos. Fue un flechazo a primera vista. Así que es de imaginar que esta casualidad, la número dos, fuera que hizo que definitivamente quisiera leer este libro.

Operación Picasso es un libro que entremezcla diferentes tramas. En él podemos encontrar varias historias que suceden en lugares y momentos distintos. Así, viajaremos hasta el París de principios del siglo XX a la vez que conoceremos la Cuenca también de principios de siglo. Pero la historia no se queda ahí, ya que se seguirá desarrollando en un encuadre situado en una Cuenca cien años posterior.

En París conoceremos a Picasso, un joven inconformista, bohemio, que busca hacerse un hueco como artista, como pintor. Junto a Picasso, encontraremos a Fernande Olivier, artista y modelo que acompaña al pintor español en unos momentos muy difíciles, llegando a convertirse en una de sus primeras parejas sentimentales. A través de los saltos en el tiempo descubriremos un crimen que une el París de principios de siglo con la Cuenca actual.

Es un libro muy interesante si te gusta el arte pero, sobre todo, si te gusta la historia. Pedro Saugar sabe retratar muy bien las localizaciones en las que basa el libro, haciendo que resulte extremadamente sencillo desplazarnos hasta ellas. Gracias a sus descripciones, —que no son nada repetitivas ni extensas— conseguimos imaginarnos el París de Picasso sin ningún problema.

Sí es cierto que al principio este libro es un poco lioso. Son muchos cambios en el tiempo, con protagonistas en constante intercambio. Al principio no se sabe muy bien de qué va la historia y es un poco difícil seguirle el hilo. Pero a medida que se va avanzando (os prometo que os hará falta avanzar poco, unas cincuenta páginas), la historia va cobrando sentido. Iremos viendo cómo las diferentes tramas tienen más en común de lo que pensamos en un primer momento. Ayudado por la poca longitud que tienen los capítulos, notaremos que las páginas pasan más deprisa de lo que hubiéramos pensado en un principio. Así que solo hay que tener un poquito de paciencia para poder descubrir una historia misteriosa que engancha hasta el final.

La forma de escribir del autor merece también ser destacada. Me ha encantado. Operación Picasso es muy rico en vocabulario y en formas de expresarse. Se nota que el escritor se ha esmerado muchísimo en la forma de redactar. Es muy particular y a mí, personalmente, me ha parecido lo mejor del libro. Y para muestra, un botón: “Acabamos de regresar a casa. A pesar del terrible viaje —peor aún que las mulas se desbocaran al toparse con un rebaño de yeguas salvajes saliendo de los Pirineos y tiraran toda la carga fue que Pablo enfermara al llegar a Puigcerdà—, a pesar del insoportable calor que nos recibió a la vuelta al estudio, a pesar de que los ratones han devorado en nuestra ausencia la cubierta de tafetán color tabaco de mi quitasol favorito y de que tuvimos que colocar platillos de azufre caliente para ahuyentar a las chinches que invadieron la cama, a pesar de todo eso y de que estoy literalmente muerta de cansancio, soy la mujer más dichosa del mundo”.

En cuanto a los personajes, hay unos que me han llegado más que otros. Por supuesto, Picasso, que está perfectamente retratado. Cuando yo pienso en Picasso, no puedo evitar imaginármelo como en Midnight in Paris, la película de Woody Allen, pero la verdad es que ese director hace un retrato muy superficial del pintor. En cambio, Pedro Saugar desnuda a Picasso ante nosotros de una forma muy detenida, dándolo a conocer como si fuera un viejo amigo. Pero a pesar de ello, Fernande Olivier me ha llegado todavía más. He conectado con ella, con su forma de ser, con la pasión que le ponía a su vida. Con el resto de personajes no he conectado tanto y eso que muchos de ellos son más actuales que Picasso y Olivier.

En definitiva, es un libro muy polivalente, que va sorprendiendo a medida que avanza la historia. Un buen descubrimiento que hará que en tu mente solo resuene la pregunta ¿pintó Picasso Las damas de Avignon?

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Cuando el olvido nos alcance, de Raúl García Reglero

Cuando el olvido nos alcance

Cuando el olvido nos alcanceEl sábado pasado estuve en un festival. Actuaba The Offspring, uno de mis grupos favoritos. Aprovechando un descanso entre concierto y concierto, mi amiga y yo nos fuimos colando entre la gente hasta conseguir primera fila. Repito: primera fila. Me dejé la garganta y el alma en ese concierto. Grité hasta quedarme afónica y al día siguiente estaba tan cansada que sentía que mi cuerpo ya no me pertenecía.

Podría decir que ha sido el mejor concierto que he visto, pero eso mismo es lo que digo cada vez que salgo de uno. Lo que sí ha sido es memorable. Inolvidable. Algo que espero que jamás se borre de mis recuerdos y que pueda contarlo todas las veces que quiera sin perder de vista ni uno solo de los detalles. Poder recordar cómo se me erizaba la piel cada vez que empezaba una canción nueva y cómo se me saltaron las lágrimas al escuchar una de mis favoritas.

Empiezo mi reseña de esta manera porque para mí, los recuerdos, lo son todo. Este concierto va a ser uno más entre los miles que se agolpan en mi mente y que quedan grabados a fuego. No solo las experiencias, también los sonidos o los olores son algo que consigue emocionarme. Porque yo soy una persona muy nostálgica, que ama recordar experiencias vividas y sonreír cada vez que lo hago.

Así que no sé si podría vivir en el mundo que propone Raúl García Reglero en Cuando el olvido nos alcance. En esta novela nos adentramos en un mundo distópico en el que existen hackers que manipulan la mente de toda la población. Los recuerdos pueden borrarse, las mentes pueden vaciarse y llenarse con historias y alusiones falsas. La gente puede cambiar de vida con la facilidad de chascar los dedos; solo hay que pedirlo y tu vida comenzará de cero. Por una parte, parece algo muy interesante. No haría falta estudiar una carrera, porque con hackear la mente podríamos introducir todos los conocimientos necesarios para ejercer una profesión. Si hemos vivido un gran trauma, podríamos olvidarlo de manera automática. Adiós sufrimiento. Así de fácil. ¿O no? Suena idílico, pero la verdad es que no todo es tan bonito como parece. Falta tiempo para que una organización comience a delinquir valiéndose del sistema de hackeo. Se pueden cometer miles de delitos y después usar de chivo expiatorio a una persona a la que le hemos introducido recuerdos falsos, haciéndole creer que fue ella quien realizó el delito. Se puede estafar, traficar, matar. Sin consecuencias. Por eso surge el movimiento de La Amapola, un grupo de personas que intenta acabar con el hackeo y regresar a ese tiempo en el que los recuerdos de la gente tenían mucho más valor que el económico.

¿Lo entendéis ahora? Vivir en la realidad propuesta en Cuando el olvido nos alcance sería una locura. Nunca llegaríamos a saber si nuestros recuerdos son los verdaderos o si están dentro de nuestra cabeza como consecuencia de una manipulación. Yo nunca podría llegar a saber si ese escalofrío que me recorre la espalda cada vez que recuerdo el concierto del sábado es real o alguien lo metió a la fuerza dentro de mi cabeza. Si fuera esta segunda opción, sería una verdadera lástima.

Lo que está claro es que Raúl García Reglero me ha dado mucho que pensar. Y cuando leo algo nuevo, es una de las cosas que más aprecio. Me encantan los libros que proponen un mundo distópico que bien podría representar nuestro futuro (véanse las locuras propuestas en Un mundo feliz, que hoy en día no son tan locura). Una idea muy original que, espero, no se me olvide en mucho tiempo. Pero no todo iban a ser cosas buenas, hay aspectos que, en mi opinión, son mejorables. Lo primero —y es algo en lo que yo no puedo evitar reparar— son las faltas de ortografía. No sé cuál ha sido el motivo, pero hay bastantes fallos que deberían corregirse. Cosa que choca con el lenguaje enrevesado que usa el autor. Raúl García hace uso de palabras poco comunes, de manera que los sinónimos confluyen por todo el libro. Yo, que soy muy tiquismiquis con lo de las faltas de ortografía, sentía que la lectura se iba paralizando cada vez que encontraba una. Y eso me daba rabia y pena, porque el escritor nos está narrando una gran historia que, inevitablemente, se ve interrumpida y escalonada por culpa de las faltas. Pero esto es algo que el lector debe juzgar y que adquirirá mayor o menor importancia dependiendo del nivel en el que se encuentre dentro de la escala de “tiquismiquis de la ortografía”.

Por otra parte, están los personajes. Vemos cómo tenemos varios protagonistas, en concreto, cuatro. Son hombres que viven en diferentes partes del país y con vidas completamente dispares. Y con vidas me refiero también a ideologías. Los hay que apoyan el sistema de hackeo mientras que hay otros que apoyan a La Amapola. Los cuatro tienen algo en común: que son muy canallas y muy mal hablados. Son hombres a los que la vida les ha enseñado mucho y cuyos ideales están arraigados a sus propias experiencias. Y esto se junta con el hecho de que ya sabemos que la memoria, en este libro, es voluble y los recuerdos y experiencias que uno cree tener no tienen por qué ser reales. ¿A que suena interesante? Pues imaginadlo en un entorno hostil, donde los baretos y los puticlubs son los escenarios habituales en los que se desarrolla la vida de nuestros protagonistas. Drogas, sexo, muertes, violaciones… todo vale. Y eso hace que la historia vaya adquiriendo interés página tras página.

Como decía, destaca el lenguaje malhablado de los personajes. Esto le da un toque bizarro (uso este término en contra de lo que dice la RAE, pero qué le vamos a hacer, nadie es perfecto) que le sienta muy bien a la novela. Esto me ha ayudado a imaginarme a los protagonistas como cuatro tíos macarras que bien podrían salir de Pulp Fiction o Sin City. Vale, es posible que me haya imaginado a los personajes como una versión de Bruce Willis. Pero si leéis la novela, me entenderéis. Son tipos duros que parecen no tener nada que perder en sus vidas. Y sus juergas e idas y venidas en los puticlubs de toda la ciudad lo corroboran. Y entre tanto macho, encontramos a Lia, un personaje que, aunque secundario, es imprescindible. Aporta la frescura que le falta a los otros protagonistas y es una pieza fundamental en la historia. Me la imaginaba al estilo Lisbeth Salander, de Los hombres que no amaban a las mujeres, por su gran inteligencia y su forma de ser. Aunque salvando las distancias, claro, porque no está tan trastornada como la informática sueca (¡y menos mal!)

El caso es que es un libro que me ha divertido bastante y que desde el primer momento me ha tenido intrigada. En cuanto leí la sinopsis supe que iba a ser mi estilo de libro —inciso: que me dé por leer de vez en cuando novelas romanticonas no quita para que me deleite con este tipo de literatura—. Y no me equivocaba. La historia me ha parecido muy original y la ejecución de la trama está muy bien. El autor sabe mantener la intriga cuando tiene que hacerlo y nos deja con la miel en los labios constantemente. Eso me encanta. Porque a mí no me gustan las novelas que te lo dan todo hecho. Quiero emoción, intriga, que me invada la curiosidad desde la primera hoja, que llegue la noche y esté deseando abrir el libro para ver si mis sospechas se confirman en el siguiente capítulo. Si la novela no es así, os aseguro que cuando me meto en la cama acabo cogiendo el móvil para cotillear Facebook o cualquier otra red social en vez de hacer lo que tengo que hacer. Y eso, es una pena.

Creo que no me dejo nada en el tintero. Como conclusión diré que estamos ante una novela muy entretenida, con una historia fácil de leer y que engancha desde la primera página, aunque, como casi todo en esta vida, mejorable. Mi deseo es que en las siguientes ediciones el aspecto ortográfico se corrija y, en cuanto a vosotros, lectores, que os dejéis llevar por el mundo propuesto por Raúl García, no vaya a ser que algún día los recuerdos falsos hablen por nosotros y ya no sepamos ni quiénes somos.

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