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Novela de Ajedrez, de Stefan Zweig

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Lo primero admitir que, aunque me gusta, no juego bien al ajedrez. Conozco algunas aperturas, algunas defensas y me gusta resolver los problemas de ajedrez del periódico así que sé lo suficiente como para saber que no soy buen jugador. Pero me gusta, así que esta semana estoy de suerte.

Se está jugando estos días en Bilbao el campeonato del mundo de Ajedrez con la presencia de varias de las mentes más brillantes del panorama ajedrecístico mundial. No me equivocaré al decir que la partida a doble vuelta que enfrenta a Magnus Carlsen; actual campeón, uno de los máximos exponentes del ajedrez posicional y letal en los finales, contra el ruso Serguéi Kariakin, el “retador oficial a la corona”, está siendo un buen aperitivo para ir abriendo boca antes de que se enfrenten por el título universal el próximo mes de noviembre en Nueva York. Sólo decir, para que esta reseña no se convierta en una crónica del torneo (por suerte para eso tenemos al gran Leontxo García), que la primera partida la ha ganado Carlsen con contundencia para ponerse líder, espoleado seguramente por su derrota ante Nakamura en la jornada inicial. La segunda partida, no me la pierdo en directo.

Y llegados a este punto, no hay mejor marco que éste que os he contado para hablar de la novela que nos ocupa. Hoy vamos a hablar del libro que es, seguramente, el mejor texto de la historia relativo al mundo de los 64 escaques: Novela de Ajedrez, de Stefan Zweig.

Esta novela corta, de apenas cien páginas, es uno de esos libros que invaden absolutamente toda tu conciencia. Novela de ajedrez es un claro ejemplo de que no hacen falta muchas páginas para escribir una gran novela. La novela nos relata un simple trayecto en barco desde Nueva York a Buenos Aires, en el que viaja el campeón del mundo de ajedrez para jugar un torneo dentro de la gira en la que se encuentra inmerso. Varios de los pasajeros, atraídos por la magnética personalidad del ajedrecista, por la nula inteligencia emocional de la que hace gala o por el ego desaforado que les empuja a medirse con el campeón, hacen lo posible por improvisar un torneo para amenizar las horas de navegación. No tardarán en darse cuenta los participantes de que a bordo del barco hay un peculiar tripulante que les dejará a todos con la boca abierta y los ojos clavados en el tablero.

Haciendo un breve repaso a la vida de Stefan Zweig podemos encajar mejor esta novela dentro de la totalidad de su obra. Novela de ajedrez fue escrita por este austriaco de origen judío en 1941 siendo capaz de reflejar en ella sus propios miedos y temores. Estamos ante la última novela escrita por Zweig antes de suicidarse junto a su mujer y que fue publicada de manera póstuma. El autor hace una crítica clara y sin ambages del nazismo así como de los métodos de la Gestapo y aunque nunca se pronunció en contra de Alemania, su suicidio fue considerado, de alguna forma por sus biógrafos, como “el final de un proceso de desarraigo que se inició con su huida de Austria en 1934”.

Un canto a la soledad y a la introspección, enmarcada en tiempos del Reich. Una historia que nos cuenta que los prisioneros de Hitler no eran sólo los que entraban en los campos de concentración. Novela de ajedrez nos relata cómo existían otros medios de tortura, más allá de la tortura física. Una tortura paciente, una tortura despiadada, un billete para un viaje del que, de existir camino de vuelta, no te deja en el mismo sitio.

“Cuando uno juega contra uno mismo, se produce una situación incongruente donde un mismo cerebro ha de saber y al mismo tiempo no saber, ha de ser capaz de olvidar completamente cuando juega con las negras lo que quería cuando jugaba con las blancas. Un doble pensamiento como éste presupone en realidad una escisión absoluta de la consciencia, una capacidad de enfocar y desenfocar el cerebro como si fuera un aparato mecánico; querer jugar contra no mismo representa, en definitiva, una paradoja tan grande en ajedrez como querer saltar sobre la propia sombra.”

Novela de Ajedrez es algo más que una novela sobre este noble deporte. Es un relato de la mente del jugador, de los peligros que encierra y de lo tirano que puede llegar a ser. Un retrato de la psique ajedrecística, con sus filias, con sus fobias y con una descripción muy precisa de cómo este arte puede arrastrarte a lo más profundo de tu propio intelecto.

El ajedrez no es un juego. El ajedrez no es un deporte para ratas de biblioteca. El ajedrez en sí mismo es algo mucho más profundo de lo que podamos concebir. Es una batalla intelectual titánica contra nosotros mismos, no contra el que tenemos delante. No sólo el fútbol se nutre de victorias épicas. En el ajedrez existe el duelo, el vencedor y el vencido y por supuesto, las lesiones. Lesiones que no se curan con reposo ni con una venda. Es un ejercicio fantástico para el cerebro, que como todo deporte, hay que practicar con mesura.

Una novela magistral. Una obra maestra sin apenas nombres que, sin perderse en digresiones, tiene una profundidad casi abisal estableciendo un paralelismo palmario con la profundidad que subyace en el tablero. Una novela que describe una metáfora perfecta del proceso de introspección, a veces irreversible, que se da en la mente del jugador.

Una obra imprescindible que describe un deporte de riesgo. El que no lo sepa ver, que “juegue”, pero que no lo practique. Leedlo. Ahora, os toca mover.

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