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Poemas paralelos, de José Nieto Jiménez

Poemas paralelos

Poemas paralelos“Nací en Jaén en 1939; no sé cuándo moriré, y por eso no lo consigno: si la edad se contara al revés, ahora podría saber cuántos años me quedan de vida. (Pero ignoraría la fecha de mi nacimiento: de cualquier modo que se mire, la vida es un lío)”.

En cuanto leí estas líneas en la contraportada de Poemas paralelos supe que José Nieto Jiménez, a quien no conocía, iba a caerme bien. Ese sentido del humor tan sarcástico casa mucho con los gustos de servidora. Y la verdad es que este poemario no me ha decepcionado en absoluto. He pasado buenos ratos leyendo sus atípicos versos y ocurrencias.

José Nieto no sabía cuándo iba a morir, pero en 2005 nos dejó y este libro es un homenaje póstumo precioso. En el prólogo del poemario podemos leer más sobre este escritor. Una persona tímida y discreta que siempre buscó la poesía que se oculta en el mundo. Los poemas que se recogen en este libro son de mediado de los años ochenta, aunque hasta 1994 José Nieto Jiménez no se lo confió al Ayuntamiento de Jaén para su publicación. Sin embargo, hasta verano de 2005, pocos meses antes de su fallecimiento, el autor estuvo redondeando esta obra que quedó finalmente dividida en seis secciones.

Si tuviera que describir la poesía de este autor en una sola palabra sería ingenio. Los poemas que se recogen en este libro son pequeñas perlas de sabiduría, adornadas con humor y sarcasmo. El resultado es una colección de poemas de lo más atípico e ingenioso. ¿Recordáis las greguerías de Ramón Gómez de la Serna? Pues hay mucho de ellas en la poesía de este autor. Os dejo algunos versos que tienen ese toque de greguería, ese toque de humor ingenioso:

Heterodoxia

¿Y si Dios fuera ateo?

Cálculo de probabilidades

Detrás de todo gran hombre hay,

probablemente,

un gran trasero.

 

Era una lástima

lo bien que oía

y lo mal que escuchaba

Ocurrentes, ¿verdad? En más de una ocasión me he sorprendido esbozando una sonrisa (o carcajada, según la ocurrencia) con los versos de este autor.

También tiene José Nieto Jiménez poemas más duros, poemas en los que tras esa máscara de sarcasmo esconde grandes verdades:

Lucha de sexos

Cómo explicar a los siglos venideros,

sin descubrir nuestra tontería,

que haya tanta diferencia

entre Ginecología y Antropología.

Y poemas más devastadores, más íntimos y líricos:

Y, después de todo,

aún queda esperanza:

el corazón es una máquina

que algún día

dejará de latir definitivamente.

Poemas paralelos no es un poemario típico, supongo que porque su autor tampoco era una persona típica. Sin haber conocido a José Nieto Jiménez, creo que en los versos que recoge este poemario podemos hacernos una idea bastante clara de quién fue este autor. Ingenio, astucia, sarcasmo, inquietud. Creo que como buen poeta, sus versos definen sus sentimientos.

Dice Juan M. Molina Damini, amigo del poeta, que su poesía es intuitiva pero consciente. Una poesía “conmovedora por su humanismo trufado de surrealismo ácrata”. Lo cierto es que conmueve, amigos. Conmueve porque disfraza verdades con elocuencia e ironía. Tras ese humor se esconden, en ocasiones, versos tan reales que duelen. Pero hay que ser muy listo para saber jugar con la verdad y salir indemne. No me cabe ninguna duda de que este autor sabía lo que se hacía y es un auténtico placer leer sus versos. Muy recomendado este libro, queridos lectores.

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La vampira de la calle de Poniente, crónica de un suceso

La vampira de la calle de Poniente

La vampira de la calle de Poniente, crónica de un suceso, de Luis Antón del Olmet y otros

La vampira de la calle de PonienteLa vampira de la calle de Poniente no es una novela, ni siquiera una novela basada en hechos reales, sino que se ajusta más bien al género de crónica periodística. Narra, tal y como se vivió en la época (1912), un suceso y a la vez un proceso judicial y policial escalofriantes y hoy algo olvidados: el secuestro y el macabro final que tuvieron varios niños a manos de Enriqueta Martí, llamada en la época la vampira del Raval, en Barcelona.

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La vampira de la calle de Poniente

La vampira de la calle de Poniente

La vampira de la calle de Poniente, de Luis Antón del Olmet y otros

La vampira de la calle de PonienteTodo país que se precie debe preservar la memoria de sus asesinos en serie más sangrientos. Los ingleses tienen a su Jack el Destripador; los alemanes, a Peter Kürten; los húngaros, a Elizabeth Báthory; los americanos, a su carnicero de Milwaukee; y así podríamos seguir hasta completar una macabra vuelta al mundo. Resulta, por tanto, inexplicable que en España la historia de Enriqueta Martí no haya permanecido en la memoria colectiva, y se haya convertido en una especie de antigua y olvidada leyenda donde las tramas ocultas de la alta sociedad se mezclan con las portadas de El Caso en un ambiente que algunos han querido teñir de paranormal.

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Historias de asesinos, tahúres, daifas, borrachos, neuróticas y poetas

Historias de asesinos, tahúres, daifas, borrachos, neuróticas y poetas, de Luis Antón del Olmet

historias de asesinos, tahúres, daifas, borrachos...Decía Pío Baroja que la literatura no puede reflejar todo lo negro de la vida y que la razón principal es que la literatura escoge y la vida no. Y yo estoy de acuerdo porque en esta vida hay tanto descalabro que, fíjense sino en toda la oscuridad malsana que nos sorprende a diario leyendo las noticias. Sorprende, por tanto, encontrar en la literatura un pequeño refugio donde cobijarnos del frío y la mala leche, y sorprende más todavía, a veces, no siempre, encontrar una lectura que te haga olvidar por un instante que aquello que te rodea se ha convertido en puro caos y aburrimiento supino. Una de esas gloriosas situaciones se encuentra aquí, en Historias de asesinos, tahúres, daifas, borrachos, neuróticas y poetas en una suerte de relatos que, una vez abiertos, hincan el diente en la carne del lector como los perros que dan su última dentellada, con fuerza y pasión, y no dejan que se escape. Y es que, quizá tenía razón Baroja cuando dijo la frase antes mencionada, porque la literatura muchas veces nos escoge, nos elige, y nos lleva de la mano a lugares que no creíamos posibles, sorprendiéndonos a nosotros mismos.

Cinco relatos que aúnan lo peor del ser humano, la sinrazón de la raza humana, lleno de sátira e ironía en lo que se ha convertido, desde este mismo momento, en el mejor libro de relatos de este año 2013 que se acaba.

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Los forajidos del Misisipí

Los forajidos del Misisipí, de Allan Pinkerton

los forajidos del misisipiParte el tren de mercancías. El lector corre a su lado, lanza su hatillo al vagón y se agarra del brazo que le tiende Pinkerton. Sube. Sólo faltan treinta millas. Cuando cruce la frontera del estado, estará por fin fuera de peligro. Pinkerton le ofrece la petaca. El lector echa un largo trago de bourbon, se seca los labios con la manga, se coloca el sombrero sobre los ojos, y se dispone a dormir mientras su compañero de aventuras entona una triste melodía con la armónica. Vemos alejarse el tren hacia el horizonte, allá donde se pone el sol, donde los bandoleros se gastan los cuartos y los hombres sueñan con encontrar oro. Pero en realidad su destino es aún mejor: una sesión de cine de verano al aire libre.

Porque a primera vista, Los forajidos del Misisipí podría parecernos un spaguetti western al que no le faltan ni un solo ingrediente: asaltos a trenes, tiroteos desde una casa rodeada, linchamientos, arenas movedizas, forajidos que consiguen escapar y ocultarse durante días entre los maizales, barcos de vapor que surcan el Misisipí y cuatreros que mueren atrapados entre las palas de sus ruedas. Sin embargo, nos encontramos más bien en un mundo donde los duelos de pistoleros al sol de mediodía en la calle mayor empiezan ya a ser cosa del pasado. La conquista del oeste hace tiempo que puede darse por concluida y los crímenes ya no los resuelve el sheriff del condado. Más que un remedo de western, esta obra, como las muchas que escribió Pinkerton, marca el inicio de la novela negra o la de detectives. Hablamos, por ejemplo, de Conan Doyle o de Dashiell Hammet.

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El sombrero del cura

El sombrero del cura, de Emilio de Marchi

Cualquiera que haya cometido un asesinato sabe que tanto o más difícil que eludir la justicia es soportar el acoso de la conciencia, el remordimiento, y la asfixiante sensación de que nos hemos dejado un cabo suelto. Por lo menos la primera vez… Quiero decir que eso es lo que dicen. ¿Por qué me miran así? No irán a pensar… ¡No! ¡Es un malentendido! ¡Me han hecho decirlo! ¡Esto es una trampa!

(tres horas más tarde) No puedo más. ¡No puedo más! ¡Confesaré! ¡Se lo diré todo!

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