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El sombrero del cura

El sombrero del cura, de Emilio de Marchi

Cualquiera que haya cometido un asesinato sabe que tanto o más difícil que eludir la justicia es soportar el acoso de la conciencia, el remordimiento, y la asfixiante sensación de que nos hemos dejado un cabo suelto. Por lo menos la primera vez… Quiero decir que eso es lo que dicen. ¿Por qué me miran así? No irán a pensar… ¡No! ¡Es un malentendido! ¡Me han hecho decirlo! ¡Esto es una trampa!

(tres horas más tarde) No puedo más. ¡No puedo más! ¡Confesaré! ¡Se lo diré todo!

Bien. Me alegro de que por fin se decida a cooperar. Mire esta foto. ¿Conoce a este hombre?

Poe. Americano. No conozco su nombre. Es el responsable de los crímenes de la calle Morgue. Ahí empezó todo, fue él quien nos metió en esto. Después se nos unieron todos los demás. Arthur Doyle el “Conan”, Wilkie Collins, “La Gata” Christie, Georges Simenon…

No vaya tan lejos y cíñase al caso. ¿Qué me dice de este tipo? ¿Lo reconoce?

El Ruso. No sé su verdadero nombre. Mató a una vieja usurera para robarle el dinero. Luego se arrepintió y escribió un libro donde, dicen, exploraba las profundidades de la conciencia y qué sé yo. No le fue mal, pero todo lo que ganó con el libro lo perdió en el juego. Era un caso perdido.

¿Y éste?

Uno de los cerebros, Charles Darwin. Nunca se manchó las manos. Le gustaba mantenerse al margen. Desde su casa, distribuía por toda Europa panfletos radicales sobre el hombre y los animales. Como es natural, había gente, como el doctor Panterre, el anarquista, que utilizó esa ideología para convencer a su amigo Santafusca de que un hombre no vale más que una lagartija.

¿Había alguien más?

Otro ruso, Antón Chéjov, lo llamamos El Doctor.

¿Y el sombrero del cura? ¿Le dice algo?

Fue la pesadilla del Barón de Santafusca. El tío estaba ahogado en deudas, y le iban a embargar la villa, que era lo único que le quedaba. Así que decidió cargarse al cura de la lotería.

¿De la lotería?

Decían que tenía poderes, y que había ayudado a mucha gente a hacerse rica. Pero fíjese, el muy rastrero se negaba a ayudar a su sobrino. El pobrecillo tenía que ir cantando por las calles de toda Nápoles para sacarse cuatro liras. El caso es que el cura estaba forrado, todo el mundo lo sabía. Así que el barón lo engañó, lo atrajo a su villa y se lo cargó.

Continúe.

Al principio le salió bien. Consiguió el dinero, evitó el embargo, recuperó sus viejos placeres: restaurantes, carreras, casino. Y además, nadie echó de menos al cura, y se achacó su desaparición a….

Es igual. Háblenos del sombrero.

Le perseguía por todas partes. ¿Puede usted creerse que mientras descansaba tranquilamente, justo después de haber hecho desaparecer para siempre el sombrero, el pobre barón va y oye al chico de los periódicos gritando “¡el sombrero del cura! ¡Han encontrado el sombrero del cura!”

Y ahí es donde entra Chéjov, ¿verdad?

No lo sé. El Doctor nos contó una historia sobre alguien que quería deshacerse de una estatuilla que le habían regalado, y la dichosa estatuilla lo perseguía a todos lados. Pero puede que sea una casualidad.

Y por último, ¿qué es el giallo?

Pues eso, el dichoso sombrero del cura. A los otros, Poe, La Gata, El Conan, les gustaban los casos complejos, casi imposibles de resolver, y seguían los pasos del detective, y sus reflexiones, y uno no sabía hasta el final a quién cargar el fiambre, ¿verdad? Pues Emilio de Marchi cambió todo eso. ¿Puede usted creerse que en sus buenos tiempos fue uno de los autores más populares de toda Europa? Y todo con el giallo. Dicen que lo inventó él. A de Marchi le traía al fresco la intriga del quién ha sido, y lo que le interesaba era la vida de todos los que, de una forma u otra, estaban relacionados con el caso. El sombrerero, el sobrino del cura, el criado de Santafusca, el chico del albergue, el picapleitos…

Bien, creo que tenemos suficiente material para seguir investigando.

¿Y yo? ¿Qué me van a hacer? ¿Me van a arrestar?

Eso lo decidirá el lector. Nosotros ya hemos hecho nuestro trabajo.

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