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Historias de asesinos, tahúres, daifas, borrachos, neuróticas y poetas

Historias de asesinos, tahúres, daifas, borrachos, neuróticas y poetas, de Luis Antón del Olmet

historias de asesinos, tahúres, daifas, borrachos...Decía Pío Baroja que la literatura no puede reflejar todo lo negro de la vida y que la razón principal es que la literatura escoge y la vida no. Y yo estoy de acuerdo porque en esta vida hay tanto descalabro que, fíjense sino en toda la oscuridad malsana que nos sorprende a diario leyendo las noticias. Sorprende, por tanto, encontrar en la literatura un pequeño refugio donde cobijarnos del frío y la mala leche, y sorprende más todavía, a veces, no siempre, encontrar una lectura que te haga olvidar por un instante que aquello que te rodea se ha convertido en puro caos y aburrimiento supino. Una de esas gloriosas situaciones se encuentra aquí, en Historias de asesinos, tahúres, daifas, borrachos, neuróticas y poetas en una suerte de relatos que, una vez abiertos, hincan el diente en la carne del lector como los perros que dan su última dentellada, con fuerza y pasión, y no dejan que se escape. Y es que, quizá tenía razón Baroja cuando dijo la frase antes mencionada, porque la literatura muchas veces nos escoge, nos elige, y nos lleva de la mano a lugares que no creíamos posibles, sorprendiéndonos a nosotros mismos.

Cinco relatos que aúnan lo peor del ser humano, la sinrazón de la raza humana, lleno de sátira e ironía en lo que se ha convertido, desde este mismo momento, en el mejor libro de relatos de este año 2013 que se acaba.

 

La figura de Luis Antón del Olmet daría ya para un libro entero, pero el dato anecdótico del que hago partícipe a los lectores de esta reseña es que terminó su vida asesinado por su socio Alfonso Vidal y Planas por despecho literario y amatorio, como reza en la contraportada de este conjunto de relatos. Ya sólo con eso uno, el que lee y reconoce lo bueno, requiere de más información, requiere saber por qué un hombre dispara a otro a quemarropa y lo convierte en víctima, en fiambre, en cadáver. Y así fue como me enfrenté yo a estos relatos: con el desconocimiento del autor pegado en los talones de hombre indocumentado, porfiando poco tiempo después por no haberlo descubierto antes. Pasando por un hombre que vuelve a su casa después de haber partido a Cuba para ganar dinero para su esposa e hijos y se encuentra con un percal muy diferente al que dejó, llegando a una versión castiza de un futuro al más puro estilo Aldous Huxley que da miedo al vernos tan representados con lo que vivimos en la actualidad, paseando por los claustros de un internado de jesuitas que promueve el odio y no tanto la veneración al dios justo y poderoso (si es que alguna vez lo fue)… y no sigo por no desmenuzar aquellos relatos que marcan un antes y un después en mis lecturas. La vida está para recibir regalos, y esta edición de Ginger Ape es un regalo, es un éxito desde la primera página hasta la última, desde los puntos suspensivos hasta el punto final, contando todas las comas, los acentos, y hasta los títulos que encabezan una serie de relatos que se hacen querer, a pesar de reflejar historias de la inmundicia y el mal amor.

Si Luis Antón del Olmet no hubiera existido nunca, tendríamos que haberlo creado para el goce y disfrute de todos los lectores. Afortunadamente, existió, y aunque muerto, uno se pregunta si no se levantará de la tumba todos los días, uno casi lo desea, para que siga escribiendo y ponga en palabras, en esas certeras palabras suyas, que rezuman mala leche por los cuatro costados, lo que ve con sus ojos que sucede en la actualidad. Un acierto, un dardo disparado y que se clava en el centro de la diana, un diez en un examen que da un sobresaliente estirado hasta llegar a la matrícula de honor, para este Historias de asesinos, tahúres, daifas, borrachos, neuróticas y poetas que dibujan un paisaje de la España más remota, pero que no se diferencia tanto de la de ahora, y que nos descubre a un autor con una visión extraordinaria para todo aquello que tenía que ver con el futuro, el nuestro, como humanidad, y que haría carcajearse al mayor meapilas del reino por verse identificado en los relatos que nos presenta aquí. Sepan, además, que yo me declaro amante lascivo de un hombre que pueda escribir así y que permanezca con tanta fiereza a pesar de los años transcurridos. Sepan, también, que yo soy un hombre que vive para la lectura, que ha leído mucho, que ha bajado a los infiernos con algunos libros y ha subido a los cielos con otras. En el segundo caso se encuentra este libro, no sólo por los relatos, sino por haberse convertido, de la noche a la mañana, en el descubrimiento de la temporada.

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