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La vampira de la calle de Poniente, crónica de un suceso

La vampira de la calle de Poniente

La vampira de la calle de Poniente, crónica de un suceso, de Luis Antón del Olmet y otros

La vampira de la calle de PonienteLa vampira de la calle de Poniente no es una novela, ni siquiera una novela basada en hechos reales, sino que se ajusta más bien al género de crónica periodística. Narra, tal y como se vivió en la época (1912), un suceso y a la vez un proceso judicial y policial escalofriantes y hoy algo olvidados: el secuestro y el macabro final que tuvieron varios niños a manos de Enriqueta Martí, llamada en la época la vampira del Raval, en Barcelona.

Lo destacable de este libro es que rescata las crónicas que en el tiempo del suceso escribió Luis Antón del Olmet, novelista y enviado especial del periódico ABC para cubrir todo lo noticioso sobre el caso. De este modo, La vampira de la calle de Poniente es la crónica no sólo de aquellos hechos luctuosos y sensacionales en la época, sino también el retrato de la época misma y, sobre todo, de una forma de hacer periodismo, de escribir y de narrar hechos, y de una forma de hacer investigación. Luis Antón del Olmet cobra vida como un protagonista más, tal vez más protagonista que la propia Enriqueta Martí –cuya figura está muy bien construida por el novelista y periodista, adquiriendo tintes casi sobrenaturales, de leyenda negra o de personaje de cuento para aterrorizar a los niños, convertida casi en sacamantecas o figura de coco con ropas de mujer–, pues desempeña un papel muy activo a la hora de investigar los hechos, hablar con implicados, testigos y autoridades, y deslumbra por su estilo muy sentido y literario al escribir, haciéndolo desde el principio e intencionadamente de un modo totalmente subjetivo –ajeno al viejo debate sobre cuál debe ser la postura del periodista ante lo que narra; él lo tenía muy claro– y dando vida ante nuestros ojos a una ciudad, la Barcelona de 1912, y unos ambientes determinados, un tipo concreto de personaje, una investigación policial no exenta de fallos y negligencias, unas víctimas desamparadas. Si estas crónicas impactan aun al lector de hoy en día, tanto más debieron de hacerlo en la época.

La vampira de la calle de Poniente se lee a veces como periodismo y a veces como cuento de terror, pero también invita a reflexionar sobre lo pasajero de todo lo mundano, incluso de lo más horrible y de lo que más nos puede mover a la indignación y a la compasión, como es el caso de los crímenes cometidos contra niños: en la época, la historia de Enriqueta Martí y sus supuestas atrocidades –está más o menos aceptado que realmente fue culpable de los hechos que se le atribuyeron, aunque el caso jamás se aclaró del todo y quedaron, quedan, más interrogantes que respuestas– se vio eclipsada por la del hundimiento del Titanic. Poco a poco, el público, la sociedad entera fue olvidando aquella historia que un día tanto los hubo conmocionado. Hoy en día, historias de igual carga emotiva y que igualmente nos sublevan se convierten en material de hemeroteca de un día para otro, incluso de un minuto para otro. Algo de eso nos hace pensar este libro.

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