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El verano infinito, de Madame Nielsen

El verano infinito

El verano infinitoYo no sé las películas que me monto en la cabeza cuando veo la portada de un libro y leo, así por encima, su sinopsis. ¿No os ocurre? Os imagináis vuestra propia historia y según vais leyendo el libro descubrís que habéis acertado o que, todo lo contrario, el libro no tiene nada que ver con lo que vosotros habíais pensado. Pues eso es lo que me ha pasado a mí con este libro, que no tiene nada que ver con lo que yo me había imaginado a través de la portada y lo poco que había leído sobre él. Cualquier día de estos me dan un Óscar.

No sé, una ve un caballo galopando, lee un título tan sugerente como El verano infinito, lee sobre largos días de verano y dos chicos enamorados y se imagina una historia lenta, dulce y muy de sobremesa y café. Pero claro, si a mí esas historias no me van demasiado, ¿por qué entonces elegí este libro? Pues debe ser el sexto sentido literario que he desarrollado a lo largo de tantas lecturas. Algo tenía el libro que me llamaba la atención. Y al acabarlo, puedo decir que no me equivoqué al elegirlo. El verano infinito no es un libro cualquiera.

Para empezar diré que en estado de reposo mis pulsaciones están normalmente entre los noventa-noventa y cinco (estoy para hacer el Tour de Francia, ¿eh?). Pues que sepáis que durante toda la lectura de este libro creo que no deben haber bajado de cien. Lo cual es muy malo para mi corazón, pero en cierto modo, muy interesante para mi cabeza. Y es que aunque el título nos sugiera calma, este libro es una bala. Hacía tiempo que no me encontraba con un autor con una prosa tan rápida como la de Madame Nielsen, capaz de encadenar frases y frases sin un punto durante páginas, al más puro estilo Kerouac en Maggie Cassidy. Pero aunque sea una lectura rápida, la autora no deja que te pierdas. Es más, tú aumentas tu ritmo para acercarte al de la historia. Ya os digo, yo estoy cardiaca.

Y no es sólo cómo lo cuenta la autora, sino todo lo que cuenta en esta pequeña pero intensa novela. Hay una chica, de unos diecisiete años, una madre distante pero comedida, un padrastro sumamente celoso y dos niños pequeños. Y entonces el hastío, la sospecha y el abandono. Cuando el padrastro abandona definitivamente el hogar, cuando decide marcharse y dejar atrás a su mujer y a los niños, es cuando comienza la verdadera historia, cuando todos empiezan a vivir el verano de sus vidas, el verano infinito.

La casa, una granja a las afueras de la ciudad, se convierte entonces en una especie de albergue por donde empiezan a desfilar los personajes más extravagantes que formarán parte de ese verano infinito. Está el chico joven, novio de la hija, que pasa los días en aquella casa de campo. Hay otro joven desgarbado, alto y rubio, amigo de la chica, que también pasa sus días, sin hacer nada, en la casa.

Más tarde vendrán dos portugueses, y uno de ellos, el jovencísimo artista, se convertirá en amante de la madre. Y todos ellos conforman ese verano atemporal, unos días en los que la nada se apodera de todo. Sin que transcurra nada especial,  la vida misma ocurre ese verano. El dolor, la juventud, el desarraigo y el amor se mezclan en estos días. Y el destino, siempre presente, de todos los personajes.

El verano infinito es una novela difícil, no os voy a engañar. Y aunque mi ritmo cardiaco haya estado acelerado durante toda la lectura, ya os digo que es buena señal. Me parece una propuesta atípica, interesante y conmovedora. Todo un acierto.

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15 libros de viaje para esta Semana Santa

Los últimos. Voces de la Laponia española

Aunque parece que las Navidades todavía resuenan en nuestra cabeza, la realidad es que la Semana Santa está a la vuelta de la esquina. Muchos de ustedes vais a tener unas merecidas vacaciones por lo que la pregunta es sencilla, ¿habéis elegido ya el destino? Si la respuesta es negativa, os dejamos aquí una buena lista para viajar sin salir de casa, con 15 libros que harán las delicias de todos. Y quién sabe, quizá esta lista os inspire para elegir vuestro próximo destino vacacional. Tenemos de todo. Empezaremos por España, para los bolsillos más modestos. Viajaremos a Portugal, nuestro vecino ibérico, cruzaremos el charco para viajar a los Estados Unidos, volveremos de nuevo a Europa e incluso realizaremos uno de los viajes míticos, ¿quieren saber cuál? Pónganse el cinturón… ¡empieza el viaje!

Los últimos. Voces de la Laponia española1. Los últimos. Voces de la Laponia española, de Paco Cerdá (Pepitas de Calabaza. ISBN 978-8415862765)

Para muchos, las vacaciones siempre tendrán olor a leña, a silencio, a campo y a tranquilidad. Esas vacaciones siempre ligadas de forma indisoluble a nuestro pueblo. Y sobre los pueblos trata este trabajo periodístico de Paco Cerdá. Sin embargo, ese estilo rural empieza a ponerse en peligro, como demuestran los datos demográficos de la Serranía Celtibérica, una amplia región que abarca territorios de diez provincias españolas, doblando la extensión de Bélgica, y en la que solo encontramos 7,4 habitantes por kilómetro cuadrado. Por esta Laponia del Sur viaja el autor recogiendo testimonios reales de un estilo de vida rural que languidece ante nuestros ojos.

La España vacía2. La España vacía, de Sergio del Molino (Turner ISBN 978-8416354146)

A estas alturas nadie duda del merecimiento del éxito que está cosechando Sergio del Molino con su estupendo y premiado ensayo. En La España vacía viajamos a esa España alejada del turismo, una parte de nuestra geografía cuyo atractivo no es el sol o el chiringuito playero abarrotado de guiris. El autor analiza de forma detallada y cuidada las causas de la despoblación rural que se vivió en la década de los 50, 60 y 70. Y solo entendiendo ese pasado (que muchos lectores reconocerán) se puede llegar a entender el presente que tenemos.

viaje-por-el-guadalquivir-y-su-historia3. Viaje por el Guadalquivir y su historia, de Juan Eslava Galán (La esfera de los libros ISBN 978-8490606810)

La Semana Santa en Andalucía es un reclamo eficaz. Se espera que muchos turistas abarroten las calles de Málaga, Córdoba y Sevilla al paso de sus procesiones más importantes. Pero nosotros os recomendamos un viaje por Andalucía de la mano de su río más ilustre, el Guadalquivir. Tartesos, béticos, califas… muchas y grandes historia que contar en los 657 kilómetros que separan la sierra de Cazorla de las aguas gaditanas de Sanlúcar de Barrameda. Todo narrado con la frescura y el rigor histórico de Juan Eslava Galán, uno de los escritores españoles más prolíficos.

Las altas montañas de Portugal4. Las altas montañas de Portugal, de Yann Martel (Malpaso ISBN 978-8416665297)

De Andalucía pasamos a nuestra vecina Portugal junto a Yann Martel, escritor canadiense que ya nos emocionó hace años con otro de sus viajes en la novela La vida de Pi. En este caso, Yann nos propone un largo recorrido de casi siglo y medio por el país luso en una historia de ficción protagonizada por Tomás, Eusebio y Peter. Tres hombres con tres caminos que se entrelazan a lo largo de la historia, formando un relato lleno de magia, ternura y algo de surrealismo.

viaje-a-portugal5. Viaje a Portugal, de José Saramago (DeBolsillo ISBN 978-8490628805)

Hablar de literatura en Portugal es tener siempre en mente a uno de sus mejores escritores, José Saramago. El genial Nobel de Literatura, fallecido hace casi siete años, dejó escrito en este libro sus pensamientos e impresiones sobre el país que tanto amó y que también, pese a alguna polémica, tanto le amó. Pese a ser conocido por sus grandes novelas, Saramago se descubre en este libro como un viajero atento y minucioso, que escruta la totalidad del territorio portugués de modo concienzudo y a la vez ameno para el lector.

New York, New York6. New York, New York, de Javier Reverte (Plaza & Janés ISBN 978-8401017520)

Cruzamos el Atlántico y aterrizamos en Nueva York. La Gran Manzana, la capital del mundo, la ciudad que nunca duerme… Llámenla como quieran, o simplemente, cántenla con el mismo tono entusiasta de Frank Sinatra. Porque Manhattan y sus alrededores tienen capacidad de sobra para fascinar a cualquier viajero, y en este caso, el viajero no es otro que Javier Reverte, voz autorizada en lo que a literatura de viajes en español se refiere. El autor madrileño cuenta, a modo de diario, sus impresiones sobre aquel otoño que pasó viviendo en esta fantástica ciudad. Lean este libro y su mente empezará a tararear aquello de “Empezad a extender la noticia, hoy mismo me voy, quiero formar parte de ella, Nueva York, Nueva York…”

viajes-con-charley7. Viajes con Charley, de John Steinbeck (Nórdica ISBN 978-8416112296)

Aunque muchos reconocen a John Steinbeck por Las uvas de la ira o Al este del Edén, entre la bibliografía del Nobel de Literatura en 1962 se encuentra también este libro de viajes. En 1960, y acompañado de su fiel perro Charley, el escritor californiano saldó una deuda personal. Y es que pese a escribir sobre la vida estadounidense, no conocía su propio país. Los 16.000 kilómetros recorridos a lo largo de treinta y cuatro estados le sirvieron para reflexionar sobre su vida y obra. A nosotros, este escrito nos sirve para conocer más y mejor al autor, pero sobre todo el país que intentó retratar.

america-manuel-vila8. América, de Manuel Vilas (Círculo de Tiza ISBN 978-8494571992)

Los Estados Unidos son un país tan grande y variado que ellos mismos tienen la osadía de llamarse América, como si el resto de moradores de dicho continente fueran meros actores secundarios. Solo desde exageraciones como esta puede llegar a entenderse lo que representa este país. El escritor aragonés Manuel Vilas deja plasmado en este libro sus largos viajes por carretera (sobre todo las del Midwest) buscando conocer un poco más sobre la clase media americana y lo que se ha venido llamando la American Way of Life.

Viaje a Rusia9. Viaje a Rusia, de Joseph Roth (Minúscula ISBN 978-8495587374)

Dejamos América pero seguimos hablando de vastos territorios. En este caso, los de la Unión Soviética de 1926. Joseph Roth, uno de los autores centroeuropeos más importantes del siglo XX, viajó de la mano del periódico del que era corresponsal a Rusia, donde el Partido Comunista empezaba a asentar fuertemente su ideología. Roth nos ofrece un viaje al pasado en el que relata no solo la vida política; también la religiosa, social y cultural. Si quieren saber cómo era el modo de vida soviético de la época de entreguerras, este es el libro indicado.

billete-al-fin-del-mundo10. Billete al fin del mundo, de Christian Wolmar (Península ISBN 978-8499425641)

En lo que a medios de transporte se refiere, no hay ninguno que supere el encanto y la belleza del tren. Y en este libro se aborda la historia de uno de los trenes más emblemáticos, el Transiberiano. Christian Wolmar nos cuenta cómo este ferrocarril consiguió transformar la fisonomía rusa, convirtiéndose en un pulmón que insufló vida a regiones tan áridas y apartadas como Siberia. Sus 9.000 kilómetros entre Moscú y Vladivostok sirven no solo para recorrer el país de punta a punta; también sirven para conocerlo y reconocer la importancia histórica que tuvo la construcción de este trazado.

rumbo-a-tartaria11. Rumbo a Tartaria, de Robert D. Kaplan (Malpaso ISBN 978-8494174988)

Malpaso recupera todo un clásico de la literatura de viajes contemporánea. Es Tartaria una región histórica cuyo difuso territorio abarca desde Hungría hasta la lejana Turkmenistán. Muchos la toman como frontera entre Oriente y Occidente, y aunque es muy difícil definirla debido a su variedad, lo que nadie duda es que de su trágica historia se derivan muchos de los conflictos que hoy en día preocupan en el panorama internacional. Robert D. Kaplan nos da la posibilidad de acompañarle en su viaje, a finales del siglo XX, para intentar comprender un poco mejor el siglo XXI.

de-que-color-es-berlin12. De qué color es Berlín, de David Wagner (Errata Naturae ISBN 978-8416544288)

Volvemos a suelo europeo y lo hacemos en una de las ciudades más fascinantes del viejo continente, Berlín. La capital alemana, por su multiculturalismo, su hospitalidad y su historia, es una de las ciudades preferidas por los jóvenes de Europa. David Wagner, siguiendo la estela de Benjamin o Hessel, recupera la figura del flâneur (paseante) y nos enseña cada calle y cada barrio de la ciudad germana. Si todavía no conocéis esta ciudad, esperamos que este viaje os sirva de acicate.

apuntes-de-un-viaje-por-francia-italia-y-suiza13. Apuntes de un viaje por Francia, Italia y Suiza, de Miguel de Unamuno (Oportet ISBN 978-8494393594)

En 1889, con 25 años, Miguel de Unamuno se dedicó (junto a su tío) a viajar por Italia, Suiza y Francia, en un viaje de un mes que terminaba en París, que ese año celebraba la Exposición Universal. Aunque en esa época ya cultivaba con interés el cuento y el relato corto, este viaje puede considerarse como la primera obra del escritor bilbaíno. Perdido durante décadas, el texto ve la luz con más de un siglo de retraso. Sin embargo, nunca es tarde para conocer el lado viajero de una de las voces más relevantes de la Generación del 98.

cronicas-de-islandia14. Crónicas de Islandia, de John Carlin (La línea del horizonte ISBN 978-8415958406)

Aunque pertenezca a Europa, hay poco en Islandia que haga referencia al viejo continente. Es más, se podría decir sin temor a equivocarse que no hay ningún país que pueda compararse o igualarse con Islandia. Su aislamiento geográfico, sin embargo, no ha servido para que entusiastas de los viajes la conozcan y queden totalmente prendidos de su encanto. Uno de ellos es John Carlin, periodista inglés que ha dedicado varios de sus viajes a estudiar y disfrutar de la singularidad islandesa. ¿Su veredicto? Viendo el subtítulo de este libro queda claro. “El mejor país del mundo”.

los-500-mejores-lugares-para-viajar15. Los 500 mejores lugares para viajar: La selección definitiva de Lonely Planet (GeoPlaneta ISBN 978-8408159544)

Si con la selección de libros que os hemos hecho todavía tenéis dudas de qué destino elegir, os dejamos de postre uno que os dejará sin excusas. La gente de Lonely Planet, expertos viajeros, han seleccionado los 500 mejores lugares para viajar. La lista la encabezan los templos camboyanos de Angkor y la Gran Barrera de Coral australiana. Pero si esos destinos os pillan un poco lejos, también os ofrecen destinos tan bellos como el Coliseo romano o la majestuosa Alhambra granadina. No lo dudes, entre estos 500 lugares, seguro que está el tuyo. ¿Viajamos?

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Viaje a Rusia, de Joseph Roth

Viaje a Rusia

Viaje a RusiaDe Joseph Roth conocemos sobradamente su faceta literaria. Si su vida no hubiera sido tan calamitosa y llena de desventuras, quizá el convulso siglo XX le habría encumbrado como uno de sus mejores escritores. La leyenda del santo bebedor, La marcha Radetzky o La cripta de los capuchinos dan solera a una bibliografía que se cortó de raíz en mayo de 1939, cuando el autor falleció en París, solo y consumido por el alcohol. Pero Joseph Roth no fue solo un gran contador de historias; también ejerció el periodismo, alcanzando unas cotas de reconocimiento, nacional e internacional, considerables.

En Viaje a Rusia se desgranan los artículos que el Frankfurter Zeitung le encargó al autor en 1926. Roth siempre se había atraído por la Unión Soviética, que tras la Revolución de 1917 y la muerte de Lenin en 1924 se presentaba al mundo como un modelo socialista que pretendía alcanzar la excelencia política y que consiguió seducir a muchos de los intelectuales de la época. De septiembre de 1926 a enero de 1927, los artículos que Roth mandaba al periódico permitieron en Europa comprobar de cerca las verdades y las mentiras del invento socialista.

Abarcar el vasto territorio soviético es imposible, pero el autor intenta descubrir la mayor parte de ese poliedro de mil caras que es la Madre Rusia, lugar con un número de culturas, etnias y realidades difícil de contabilizar. Joseph Roth parte de Moscú a conocer otros territorios más alejados como Yalta, Bakú o el curso del río Volga hasta su desembocadura en el Mar Caspio, cerca de la sucia y maloliente Astracán.

No cabe duda de que en Rusia está surgiendo un mundo nuevo, dicho sea con todas las reservas que se quiera. Me siento feliz de poder ver las cosas de aquí. No se puede vivir sin haber estado aquí, es como si hubiera una guerra y usted se quedara en casa.

Navegando por sus artículos el lector intuye la seria y concienzuda labor de preparación que llevó a cabo el autor, en un intento por conocer la realidad rusa a la que tendría que enfrentarse durante el viaje. Hay que decir que en 1926, la NEP (Nueva política económica) empezaba a ofrecer sus primeros frutos. La producción industrial crecía lenta pero de forma continuada y para los jóvenes rusos, pertenecer al Komsomol (Unión Comunista de la Juventud) suponía un motivo de orgullo. Con esa idea utópica y revolucionaria llega el autor a Moscú. Sin prejuicios ni estrechez de miras, Joseph Roth empieza a conocer la realidad rusa, dándose cuenta que cuanto más conoce esa realidad, menos utópica le parece. Sus ideas previas van desintegrándose poco a poco rebajando su moral. Para un firme detractor de la burguesía como él, la NEP se presentaba como la única capaz de extinguirla. Sin embargo, lo que descubre allí no es el exterminio burgués; más bien es un cambio de disfraz, algo difícil de digerir.

Pero esto no hace de Viaje a Rusia un libro lleno de reproches. Su desencanto progresivo no hace que deje de enfrentarse a la realidad con la sagacidad de los buenos periodistas. Su artículos no solo reflejan la realidad política del momento. Lo que se nos ofrece aquí es un completo tratado etnográfico de una sociedad que vive uno de sus cambios históricos más grandes. La política, la cultura, la moral, la mujer, la religión… todo tiene cabida dentro del ojo crítico de Joseph Roth, que alcanza sus mejores cotas a la hora de tratar la problemática judía o el valor de los medios de comunicación de la época (“La consideración hacia el lector hace al periodismo fértil. La consideración hacia la censura hace a la prensa estéril”). A estas bellísimas crónicas se le añade un pequeño diario de viaje en el que conocemos el difícil estado anímico por el que pasaba Joseph Roth y un posfacio de Klaus Westermann que sirve para contextualizar de manera completa cómo era esa Unión Soviética de 1926.

Si pudiéramos viajar en el tiempo y conocer cómo se vivía en el Moscú en 1926, probablemente encontraríamos una imagen muy parecida a la encontrada en Viaje a Rusia. Eso habla muy bien de Joseph Roth y su labor periodística. Y por eso un libro así se antoja imprescindible para conocer parte del siempre difícil periodo de entreguerras.

César Malagón @malagonc

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Jugaban con serpientes, de Francisco Solano

Jugaban con serpientes

Jugaban con serpientesEste es un libro pequeño, la edición, quiero decir, es un cuento largo, una reflexión enredada, pero en un formato de bolsillo, de verdad. Supongo que por eso está editado en minúscula micra.

El contenido ya es otro cantar. Se trata de las reflexiones sobre el adulterio de un amante clandestino. El amante de Cristina, casada con Santiago Aguado que será, sobre todo en la primera parte del relato, una obsesión para el amante. Aguado trabaja en una notaría y es un hombre casi invisible “se le ve difuminado, impreciso, como si le faltara luz, o hubiera, al mirarlo, telarañas en los ojos. Su cuerpo está borroso”. Cristina se queja continuamente de la forma de ser de su marido y el protagonista se pregunta cómo será para ella abrazar a una “tachadura”.

El protagonista es escritor y amante casi profesional. Parece que la mayoría de sus relaciones se quedan en relaciones clandestinas; también lo podríamos tachar de borroso a él mismo, que incluso se presentó a Cristina con un nombre que no era el suyo. En ciertos momentos parece que le gusta esa condición, aunque al mismo tiempo, espera las llamadas de Cristina, espía al marido y le da demasiadas vueltas a lo que no debería ser más que un desfogue físico y anónimo. En otros pasajes, él mismo reconoce que esta forma de relacionarse con las mujeres es algo que debería cambiar, ya que en muchas ocasiones no se siente bien, ya no deja de ser “el otro”, a la sombra siempre de un marido, abocado a esconderse, a esperar, a desaparecer cuando era conveniente, sin derecho a nada.

El narrador nos habla en primera persona y nos muestra casi todo el tiempo sus sentimientos y sus pensamientos más íntimos, poniendo bastante distancia con el resto de los personajes, a los que describe y de los que habla, pero de los que sabemos muy poco de verdad. La intención del protagonista, según él mismo cuenta, era elaborar una narración ajustándose a la crónica de la relación con Cristina, pero “los sentimientos, o mejor, la confusión, contaminaban el registro de los hechos imponiéndose” por lo que a veces se pierde algo en desvaríos y elucubraciones, sintiéndose más cerca, en algunos momentos, del marido cornudo que de la mujer.

Francisco Solano es escritor y crítico literario; tiene una forma de escribir muy personal y especial, casi mágica. Tuve la sensación de estar leyendo más poesía que prosa, porque tiene un ritmo perfecto, redondo. Me resulta muy difícil definirlo; por una parte, porque yo no tengo esa maravillosa facilidad que tiene él para utilizar el lenguaje y la gramática, y por otro lado, porque me siento el aprendiz del ayudante del auxiliar del que le lleva los bolígrafos y los cuadernos a este señor. Es que cuando lees algo así, te sientes ínfimo en cuanto al arte de escribir se refiere. Por eso he utilizado algunas frases del propio libro durante esta humilde reseña, pero es que lo tengo lleno de marquitas y es casi imposible decir algo sobre lo que ya está dicho de la mejor manera posible.

“Cuando se es inteligente a rachas, como me sucede a mí, para clarear el pensamiento necesitamos que alguien nos estimule, y a esa persona le debemos la sagacidad”

… hay constancia de que escribir, además de una forma de emplazar una concatenación imprevista, es una objeción al silencio, habitualmente cómplice de la autoridad. Alguien dijo que se escribe contra las ofensas de la vida.”

Y así todo el cuento, con párrafos precisos en su ritmo, que vuelves a leer y puedes analizar, porque son profundos, porque dicen mucho más. Jugaban con serpientes no es fácil y eso es parte de su encanto. Ya os dije que era un libro pequeño en su forma física pero muy grande en su contenido y en la forma de contarlo.

 

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Casa ajena, de Silvio D’Arzo

casa ajena

casa ajena

Casa ajena…  me digo a mí mismo y me quedo pensando. Asombrado y maravillado. Cojo el libro con una mano. Es un libro de 10 x 15 cm. Como una foto de las de toda la vida. Parece mentira que un libro tan pequeño, tan minúsculo, sea capaz de encerrar tanto en tan poco espacio.

Apenas cien hojas para condensar una historia que no sabes por dónde te llevará porque lo poco que nos avanzan de ella es que a un cura se le hace una pregunta que no sabe responder. (Vamos, como si los curas lo supieran todo…)

Un cura que, durante todo el relato me ha parecido más que “en casa ajena” en garaje desubicado cual pulpo, porque no se entera de nada de lo que pasa en el pueblo a pesar de llevar treinta y tantos años en la misma aldea perdida.

Pues bien. Zelinda le hace una pregunta. Zelinda, de sesenta y tres años, es una pobre mujer cuya rutina nos haría a muchos pegarnos un tiro y cuya vida además compara con la de su propia cabra:

“Yo tengo una cabra que llevo siempre conmigo: y la vida que yo llevo es la misma que la suya, tal cual. Va al fondo del valle, vuelve a subir al mediodía, se para conmigo delante del barranco, y luego la llevo al canal, y cuando me voy a dormir se va a dormir también ella.”

Y la pregunta que le hace, es el meollo sobre el que va a girar toda la narración y sobre la que no puedo decir nada. Incluso a ella le cuesta preguntarle al sacerdote, pues se siente tan avergonzada al revelar sus pensamientos ante un representante de las reglas de la Iglesia como si fuera a desnudarse ante un hombre por primera vez.

El cura no sabe qué contestar. Se queda sin palabras porque no está preparado para semejante pregunta. No tiene respuestas porque desde su punto de vista eclesiástico es imposible e impensable que alguien pueda pensar o desear eso.

Desde ese momento habrá unos conatos de acercamiento por parte del cura hacia Zelinda que terminarán en alejamientos. Y vuelta a empezar. Se siente impotente. Quiere ayudarla, la busca, la encuentra y la rehúye, la vuelve a buscar, la vuelve a encontrar…pero no puede hacer nada. Nada.

Ah, y no hablo de sexo, que habrá quien ya no piense en otra cosa. ¡Qué cruz con vostros…!

Por otra parte, reitero mi asombro inicial. Meter “tanto en tan poco”, como he dicho antes es muy jodido. (No, sigo sin hablar de sexo). No es nada fácil jugar con la forma para que el fondo sea el pretendido. Las palabras están muy medidas (a pesar de la constante repetición de las esquilas de bronce), las descripciones no se hacen tediosas y la lectura fluye cómodamente.

Por último, para redondearlo todo un poco más, podemos considerar, como se apunta en el posfacio, que Casa ajena es un libro que puede verse desde muchas perspectivas. Es la descripción de la soledad, de la rutina en unos tiempos tras la Segunda Guerra Mundial, en los que más que vivir se sobrevivía. Es la descripción de una época, de las estrecheces del mundo rural, de las tradiciones, del peso de unas leyes y/o tradiciones seculares en el colectivo de la población, de la fe y del descreimiento también, de la abnegada vida de una mujer trabajadora…

Y  todo esto lo trata y lo desarrolla con mucho cuidado Silvo D’Arzo. No sé si me explico. No es que en un capítulo pase esto y en otro lo otro. Es que está todo perfectamente engarzado, todos los elementos de la escena social, local y temporal funcionan a la vez y te haces una composición de lugar con todos los elementos sin darte cuenta. Te dejas llevar, te has metido en el libro y comprendes perfectamente lo que pasa por la cabeza de los lugareños, pero ya solo quieres saber cual es la pregunta de Zelinda, y cual la respuesta.

¡Golden!

No había compañía más mísera que la de aquella hora. En momentos así le asaltan a uno determinados pensamientos, y los recuerdos le entran en el cuerpo: “Eso es todo?”, se nos ocurre entonces preguntar: de modo que un hombre ya no es ni siquiera un hombre.

Una pequeña, minúscula, joyita ante la que caer.

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10 recomendaciones de libros para San Valentín

10 recomendaciones de libros para San Valentín

libro corazonParece una obviedad, pero nosotros amamos los libros. Así que, en esta fecha que es San Valentín, en la que el amor parece que está en el aire, ¿por qué no declarar nuestro amor a los libros también con historias que hablen de ese mismo sentimiento? Al fin y al cabo, hay muchas historias desconocidas dentro ellos que están pugnando por salir de sus páginas. Por eso, en un día como hoy, os traemos unas recomendaciones de libros para que este día tan especial lo sea más todavía con la compañía de un libro que os haga enamoraros. Historias que, por una u otra razón, llevan una historia que hará que los sentimientos afloren, que se palpe que algo grande se está forjando y, por qué no decirlo también, que también nos suba el amor propio. Porque en esta vida hay una serie infinita de amores y no sólo el de la pareja. Así que desde Libros y Literatura deseamos que paséis este día con el amor que vosotros decidáis pero siempre, como viene siendo habitual, en compañía de un buen libro.

Libros de amor de familia, de amor romántico, de amor de amigos y de amores desconocidos, de amor por uno mismo, de querernos y querer a otros, de amar y ser amados, de amores imposibles y otros que ya se han dado por perdidos, de abrazos de amor y de formas incontables de saber decir esas palabras que tanto cuestan a veces. Maneras de sentir un sentimiento que, de tan distintas, es por lo que lo hace tan grande.

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Un viaje nada sentimental

un viaje nada sentimental

Un viaje nada sentimental, de Albert Drach

un viaje nada sentimentalEste viaje comienza en un tren de deportados que se dirige a un campo de internamiento. Estamos en la Francia de Vichy, y los judíos que habían huido de Austria, Alemania y otros lugares pensando que allí estarían protegidos se han dado de bruces con la realidad. La colaboración de las autoridades francesas con la Alemania nazi se ha traducido en una cada vez más insoportable presión sobre la población judía, que se ve obligada a refugiarse o a hacer malabarismos con documentos y certificados que demuestren que no tienen sangre judía.

 Nuestro protagonista despierta en un vagón de esos trenes, y no sabe cómo ha llegado allí. Su nombre es Peter Kuckuck, y muchos lo llamarán Coucou, es decir, “cuco”, ese pájaro que deja su huevo en el nido de otras aves para que lo críen. Y éste no es un dato irrelevante.

 En los campos de internamiento de Rivesaltes o Les Milles las autoridades francesas ayudaban a la Gestapo a decidir quiénes merecían ser transportados a campos de exterminio en vagones de ganado, que eran la mayoría, y quiénes tenían la suerte de seguir arañando unos meses más de vida hasta que el próximo oficial nazi los volviera a arrestar por su aspecto sospechosamente semita. Peter Kuckuck será uno de esos elegidos, pero de poco le servirá, puesto que nuestro protagonista está muerto en vida.

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Ahí está mi casa

Ahí está mi casa, de Hans Keilson 

Mirar sin odio. La de Hans Keilson parece la mirada de un buen hombre por encima de la del gran escritor que es. Mirar sin odio siempre tiene mérito pero cuando lo que se mira son los recuerdos de infancia de un niño judio que a la postre se vería obligado a abandonar su país, aunque con ello no huyese de la barbarie ya que trabajó activamente como médico para la resistencia holandesa, lo tiene doblemente.

Ahí está mi casa es un título curioso, tan abierto como conciso: no dice ahí estaba mi casa, es decir, no habla de Alemania tanto como de su propia experiencia. La casa de Hans Keilson no es el lugar físico donde se desarrollan sus recuerdos, sino sus recuerdos en sí mismos. Parece una obviedad, pero en todo caso es una obviedad necesaria en estos tiempos, pero se vive en la propia vida y como hogar es preferible elegir aquel donde se es feliz. Hans Keilson no volvió a Alemania tras la guerra, vivió y desarrolló su actividad profesional y literaria en Holanda, y desde allí ilumina con su mirada serena una época de por sí oscura por mucho que se haya puesto el foco en ella. Sigue leyendo Ahí está mi casa

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Especial “Los mejores libros de 2012 según el equipo de Libros y Literatura”

Cartas del verano de 1926

Especial “Los mejores libros de 2012 según el equipo de Libros y Literatura”

Si este fin de semana os ofrecíamos la lista con los mejores libros de 2012 y los de 2013 según las editoriales, el equipo de redactores de Libros y Literatura no ha querido ser menos y ha decidido elaborar su propia lista de libros imprescindibles publicados durante este año. Pensaréis que nos hemos vuelto locos con tanta lista. No, amigos: estamos locos, ¡pero por los libros! No ha sido tarea fácil para cada uno de nosotros escoger su mejor lectura, entre tantas reseñas interesantes que os hemos presentado a lo largo de 2012, de modo que esperamos que disfrutéis de estos libros tanto como nosotros. Una selección variada y personal, que refleja la diversidad de nuestro equipo. Libros para todos los gustos: ¡prohibido no leer!

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Siempre hemos vivido en el castillo

Siempre hemos vivido en el castillo

Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson

Siempre hemos vivido en el castillo

Tengan cuidado, este relato de apariencia gótica y lectura ligera cuenta más de lo que dice.

 

Lo mejor de los cuentos de hadas es que en ellos todo está claro desde el principio: la malvada madrastra tiene una enorme verruga en la punta de su nariz ganchuda y la heroína es guapa y rubia y a pesar de sus orígenes humildes tiene muy buenos modales.  Está claro; con todas estas pistas no hay manera de perderse y el lector sabe bien a qué atenerse en todo momento.

Siempre hemos vivido en el castillo es, en cierto sentido, un cuento de hadas moderno y posee esa atmósfera densa y viciada que embota los sentidos y propicia que el lector no se asombre cuando aparezcan las brujas y los fantasmas.  Pero al contrario de lo que sucede en los relatos clásicos, aquí Shirley Jackson se permite escamotear las certezas e invertir todos los términos: ahora resulta que las personas normales ―aquéllas que harían el papel de los buenos aldeanos― son absolutamente odiosas y, sin embargo, los extraños y sospechosos habitantes de la casa Blackwood (el castillo del título) son encantadores.  De una forma un tanto siniestra, es cierto, pero encantadores.  Allí, en la elegante y bucólica mansión, todo tiene un sentido y un equilibrio; la vida es feliz.  Mientras, en contraste, en el pueblo todo es feo y vulgar y la existencia de sus groseros habitantes está dominada por la envidia y la murmuración.

Y esto, querido lector, no es lo peor; no contenta con trastocar las convenciones del género, Jackson se mueve durante todo el relato en una ambigüedad tan desconcertante como atractiva, cautivando de tal modo al lector que se diría que es la autora la auténtica bruja de esta historia.

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Cartas del verano de 1926

Cartas del verano de 1926

Cartas del verano de 1926, de Marina Tsevietáieva, Borís Pasternak y Rainer María Rilke

Cartas del verano de 1926

Escribo no porque sepa, sino para saber
M. Tsevietáieva

No sé si alguna vez se habrán preguntado qué es lo que hay en el interior de un poeta. Si sienten curiosidad, estas cartas del verano de 1926 son una forma magnífica de averiguarlo sin necesidad de recurrir métodos cruentos o invasivos. No de uno, de tres, o en realidad de todos porque lo que nos ocupa es la poesía, es decir, habla de todos nosotros. Y no lo hace sólo mediante poemas, sino mediante cartas. Dejen que Marina Tsevietáieva se lo explique: Una carta es una forma de comunicación fuera de este mundo, menos perfecta que el sueño, pero sujeta a sus mismas leyes. Ni la carta ni el sueño se dan por encargo: se sueña y se escribe no cuando nosotros queremos, sino cuando ellos quieren: la carta ser escrita y el sueño soñado.

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Relatos de Kolimá. Volumen 1

Relatos de Kolimá

Relatos de Kolimá, Varlam Shalámov.

Relatos de Kolimá

Afortunadamente, las lágrimas no huelen, dice Varlam Shalámov en boca de uno de sus personajes de estos Relatos de Kolimá, lo que puestos en situación no carece de importancia, sin embargo, desde la privilegiada mirada de quien lee el Gulag, no de quien como Shalamov lo vivió, lo que es una fortuna que haya quien, como él, posee el secreto, la piedra filosofal que transforma las lágrimas, propias o ajenas, lloradas o no, en tinta. Porque estos Relatos de Kolimá son eso, la expresión literaria del dolor, el sortilegio que convierte en terriblemente hermoso lo trágico, en humanamente cálidas las solidificadas lágrimas que se desprenden de un alma humana helada.

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