
Cuervos, de de John Connolly
Siempre es una sorpresa descubrir a un buen autor tras derribar la falsa idea que, vete a saber cómo y en qué momento, te habías hecho previamente de él, sin haber leído nada suyo. Imaginaba a Connolly como a un escritor de best sellers que fichaba, se sentaba a escribir y sacaba libros como churros. Estaba equivocado.
Cuervos me ha descubierto a un autor al que no quiero tardar en volver y del que, afortunadamente, tengo mucho por leer. Un escritor que domina el género de la novela negra con una maestria asombrosa y ante el que quedo rendido.
Cuervos me ha descubierto a un autor al que no quiero tardar en volver y del que, afortunadamente, tengo mucho por leer. Un escritor que domina el género de la novela negra con una maestria asombrosa y ante el que quedo rendido.
En Cuervos, undécimo libro de la serie protagonizada por el expolicía, exalcohólico y ahora detective Charlie Parker, se cuentan los hechos que desencadena la desaparición de una niña de 14 años en Pastor’s Bay, Maine. Al contrario de lo que se pueda pensar Parker no es contratado para encontrarla, no. La historia es algo más enrevesada. En Pastor’s Bay también vive Randall Haight quien, de niño, violó y asesinó junto a un amigo a una niña negra, Selina Day, de… 14 años. Ambos niños fueron juzgados como adultos y al cumplir la condena el estado les proporcionó nuevas identidades. Coincidiendo con la desaparición de la niña, Randall comienza a recibir sobres con fotos de la puerta del establo en el que murió Selina. Totalmente acojonado porque teme que si en ese pequeño pueblo se enteran de su pasado, las sospechas sobre la reciente desaparición, -casualmente de una niña de la misma edad que la que tenía Selina cuando se la cargaron- recaerán inevitablemente sobre él, contrata a Charlie.
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