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Días entre estaciones, de Steve Erickson

Días entre estaciones

Días entre estacionesNada de lo que he leído se parece a Steve Erickson, no hay nada en su forma de construir ambientes, lugares, momentos, sensaciones, personajes, relaciones de amor o de amistad, que pueda, aunque intente echarme atrás en las décadas de lectura que tengo, compararse. Pudiera pensar alguien que esto no sea algo positivo, que sea el extraño texto o el insólito tema que un escritor haya ideado para sorprender en en vacío. Pero no. No. “Días entre estaciones” no es un libro deshilachado, no son un conjunto de retales de colores diversos, no es una novela enigmática, no es un texto para iniciados. Es un relato sorprendente, es una viaje por un mundo casi en destrucción, que parece derrumbarse desde la nada y hacia la nada, en los que las personas viven y sobreviven aceptando esa decadencia casi diaria que los lleva por los mundos más extraños, por las situaciones más peligrosas: desde las tormentas de arena que asolan y destrozan Los Ángeles, hasta el frío extremo en París que hace que el Sena se congele y las calles sean un desierto helado; o la inusitada desaparición de las costas naturales por la retirada del mar. En ese ambiente que pareciendo apocalíptico no lo es, se crea una situación que podría alguien llamar surrealista en el planteamiento de la situaciones vitales, porque surgen de los momentos, e imágenes, más oníricos, donde las cosas van y vuelven, donde surge y explosiona lo ilógico o lo que está en la frontera de lo real y lo irreal; los sueños se repiten y expresan, y vuelven al presente; las cosas se extravían pero siempre vuelven como una vida en círculo. Así, parece, que los sueños se van convirtiendo en realidad y la realidad en sueños. Pero ¿qué ocurre en este ambiente y decorado casi apocalíptico?…

En algún momento de mediados del siglo XX en Estados Unidos nace Lauren. Años después se casa con Jason, un ciclista profesional, que continuamente desaparece de su vida durante meses para correr carreras por todo el mundo… Desaparece totalmente, se esfuma, se encoge entre cartas sin responder, carreras y relaciones con otras mujeres. Huye o se desvanece hasta cuando Lauren tiene un hijo, que él no desea, que no parece reconocer, que no comprende. A pesar de todo, a pesar de las otras mujeres, de las desapariciones, de los momentos de rabia, a pesar de los desprecios; Lauren ama a Jason, y por ello soporta sus perdidas, sus viajes, su egoísmo, sus olvidos…todo, hasta que conoce a Michel; un vecino que ha olvidado todo sobre su propia vida. Y en ese descubrimiento de los meandros donde se ha escondido el origen de sus existencias y la reconstrucción del presente de Lauren, que no olvida, y la del pasado  olvidado y hasta remoto de Michel, y de la relación carnal, amorosa y vital entre los dos; se compone y recrea la novela.

La investigación, o el descubrimiento, sobre la vida de Michel llega hasta sus lejanos antepasados en Francia. En ella parecen redescubrirse los motivos olvidados de las cosas, la raíces de su mundo; y todo, toda esa maraña de personajes y sentimientos nace allá en los primeros años del siglo XX, surge desde un prostíbulo de París. Ahí parece estar el mundo originario. Un big bang nacido de un río y dos niños abandonados pero un solo Moisés, salvado por prostitutas y no por faraones. Así es el impulso seminal y primigenio de Michel: y que se manifiesta desde un mundo donde se mezcla el amor casi infantil por una bastarda nacida en el burdel, con un intento de asesinato, combinado y sumado con una película, casi más leyenda que realidad, que nació del amor de Adolphe. el antepasado de Michel, por el cine y su admiración por D.W. Griffith… Seguir y desentrañar madejas de existencias y rollos de películas no será tanto función de Michel como de otro personaje que sale de entre los entresijos de la novela, para saludar como imprescindible, amable y deslumbrante personaje de su reparto. Uno entre la legión de personajes que componen esas historias pasadas de familia y de sus alrededores, y que no son parte de un cuadro estático sino de una película de personajes principales y secundarios, donde se describe el pasado, el presente y el futuro de todo, y que acompañan a Lauren, a Jason y a Michel. Todos tan extraños como imprescindibles, tan surrealistas como evidentes, tan reales como soñados.

La vida de Lauren se desentraña más por sus miradas, por su actos, por lo que parece estar pensando o no estar haciéndolo, que por lo que Erickson cuenta directamente de ella. Es Lauren, la mágica mujer que habla con los gatos, la que parece vivir siempre en el mismo sitio aunque cambie de ciudades; Lauren la mujer bendita y sensual… sensual y sexual; la mujer que perdona en los ojos pero no olvida en su mente; la que acepta todo lo que le pasa pero no sabe la razón por lo que lo hace; Lauren, la que pensaba amar para siempre a Jason, hasta que ve el mundo de otra manera, ve a Michel, la persona que parece surgir de una imagen de su pasado, o, acaso, de la nada, o de los rumores olvidados, o del futuro… Lauren, la mujer que vive entre sueños y realidades, en ese lugar en la que parece confundirse todo lo que ha existido en el mundo y el presente y el posible futuro parecen encontrarse en algún momento, de nuevo o por primera vez, en la tierra; y en este caso en los ojos y cerebro de ella. La existencia cruza por nuestro lugar en el mundo, aprovecharla es solo una opción, lo estático o lo atónito o el movimiento tienen las mismas posibilidades para ella, las utilizará siempre con su lógica extraña y apabullante.

Días entre estaciones” habla del amor, de todos los amores: el filial, el sensual, el sexual, el oficial, el equívoco, el traicionado, el olvidado,……Pero lo hace sin aspavientos, lo hace mirando  sus desastres y caídas, sus victorias y decisiones erróneas, removiendo sus recovecos. Y como todo libro que habla de sentimientos, también habla de pérdidas: la perdida es consustancial al amor y al odio, al suspiro y la lágrima. Esa visión Erickson la crea sin frases ampulosas, ni románticas, nada más lejos de este libro; no, él lo hace desde lo explícito de la mirada, lo hace desde un fugaz susurro, de una mueca de rabia o de desdén, de un gesto que expresa más que una legión de palabras o un grito desorbitado. Así, el mundo que nos aparece se sostiene en bases sin raíces, porque puede que lo que te cuenta sea un sueño, o sea, solo, sensación de huida, de escapada, pero que siempre vuelve; todas las cosas están presas a una especie de Eterno Retorno, todo parece estar predestinado a verse de nuevo, a repetirse; hasta los sueños más improbables, parecen repetirse en la realidad. Así el mundo parece caerse y solo se puede sostener en un pequeño espacio que parece hecho de hierro, amor y sexo que es la relación de Lauren y Michel.

Días entre estaciones” es un libro magnífico sobre el amor, sí, pero también sobre la comprensión y el olvido -el imposible olvido-, sobre el perdón, sobre la casualidad y los sueños, sobre la investigación y el descifrado del pasado, sobre el azar de la vida y la predestinación, sobre la muerte y la pasión, sobre la fantasía y los fantasmas, sobre la nada y sobre todo lo que puede existir en el mundo…en los mundos…En ese universo que es la novela brota y deslumbra toda una generación de personajes surgidos de lugares recónditos de la literatura -ya dije más arriba que nada parece parecerse a Erickson, pero yo no conozco, por fortuna, toda la literatura-. Y lo cierto es que de los paisajes más austeros o más barrocos salen personajes incluso por las esquinas dobladas del libro, por los lomos del ejemplar, por el anverso de las hojas, y salen ideas extrañas, mundos casi paralelos, momentos casi mágicos donde parecen ser puro ejercicio sobre la belleza de un momento de la novela -lo bello en lo extraño, en lo derruido, en lo construido, en lo fascinante, en lo distinto-; y todo se une con los personajes y las historias, en principio casi inconexas pero que van casándose, fundiéndose en una sola vía: la de Lauren y Michel. Como un Adan y una Eva que no son inocentes porque no pueden ni saben serlo, pero que no tienen el pecado original porque son tan puros como pueden serlo los que no conocen qué es una serpiente ni qué es un dios, están más allá.

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Planos del otro mundo, de Ryan Boudinot

planos del otro mundo

planos del otro mundo

¿Cuánto nos exigimos como lectores? No sé si os lo habéis planteado alguna vez. ¿Elegís las lecturas dentro de una zona de confort más o menos amplia y conocida? ¿Os dejáis aconsejar por personas que están fuera de esa zona de confort? Qué demonios; ¿Os va la juerga? ¿El alboroto? ¿Sois de lecturas fáciles y lineales y de argumentos masticados? ¿O todo lo contrario? ¿O estáis en una zona intermedia? ¿O depende del momento? ¿O del café que hayas tomado?

Tengo un gran amigo que siempre me dice que no hay que tenerle miedo a ningún libro, que hay que atacarlos a todos por igual, aunque uno se enfrente a El arcoíris de la gravedad, por primera vez, sin saber quién es el tal Pynchon que sale en la cubierta.

La literatura tiene que ser para los valientes o no tiene que ser, sería un bonito blurb para, por ejemplo, el libro que hoy intento reseñar. Planos del otro mundo, un majestuoso y magnífico juego de espejos, de realidades, de historias dentro de historias, una novela con personajes arrancados directamente de las páginas de una novela de Donald Barthelme o del mismísimo ya mencionado Thomas Pynchon. ¡Que me aspen si no me lo he pasado tan bien como cuando leí El rey o Vineland o incluso El padre muerto!

¡Y eso que a mí las comparaciones no me gustan! Pero es inevitable, el señor Ryan Boudinot – de Seattle…y poco más- es uno esos autores, como los ya citados, que tiene la capacidad de mezclar géneros, de diluirlos, de hacerlos picadillo, y con las masa resultante, formar un género propio –deudor de alguna manera de todos los otros- y lanzárselo a la cara al lector para que él se apañe con el resultado. Joder ¿No os encanta eso? A mí rotundamente sí.

Boudinot nos ofrece un escenario de ciencia ficción – ¡de su ciencia ficción claro!- para Planos del otro mundo. Una ciencia ficción posmoderna claro; intrincada, solapada, incluso a veces meta literaria, donde la misma historia se repliega sobre sí misma.  ¡Pero no nos asustemos! Una ciencia ficción, una novela, totalmente asequibles. ¿Un mundo donde el hombre ha creado clones de sí mismo llamados neohumanos y que éstos, con el tiempo, se han vuelto contra sus creadores, dando lugar a una cruel y brutal guerra llamada La Era de las Catástrofes y las Hostias más conocida como CAHOS?  Con-ce-di-do. ¿Una sociedad donde los humanos llevan pequeños implantes en el cerebro que les permitan segregar estimulantes, fármacos y hasta curarse heridas de cualquier tipo, o borrar recuerdos a selección, pero que también los pueden convertir en simples avatares si dan su control a un DJ con el peligro que eso supone? ¡Concedido también! ¿Un campeón mundial de lavar platos con ataques de agobio que le hacen perder el conocimiento y  con una hermana inmensamente gorda que sirve de cultivo de tejidos con domicilio en una caravana? ¡Por supuesto!

Y un exmilitar retirado, paranoico y de pasado ultra violento, una estrella del cine prefabricada y con el apellido más jodidamente genial que hayáis visto, una archivista rodeada de clones Federicos en una versión gamberra y lisérgica de Alicia en el país de las maravillas y más, mucho más. ¡Incluso sale un pescarrobot en una de las escenas más memorables y divertidas de todos los siglos!

Articulada en capítulos alternos, casi como si fuera un fix-up, Planos del otro mundo constituye una especie de diario de dos épocas. Por un lado los capítulos dedicados a la época post-CAHOS, una vez ya se ha restablecido de nuevo la paz en la tierra y los humanos y los neohumanos viven de nuevo en armonía y por otro la época pre-CAHOS, presentada en una suerte de entrevista a un tipo que nos cuenta la clave de unas cuantas cosas…o no.

Boudinot es un tipo maravilloso, a estas alturas ya os habréis dado cuenta. No solo retuerce el género, como ya os comentaba antes, además lo hace escribiendo inmensamente bien -¡Y menuda traducción la de José Luís Amores!- con un ritmo buenísimo y con un estilo sobrio y señorial pero que esconde al tipo más loco de todo el barrio. Un poco como ver a alguien con un inmaculado traje negro entallado y, asomando por sus pies, unos deliciosos calcetines color rosa, que se suman a la corbata verde menta y a la camisa amarillo canario que sirve de fondo a este collage imposible pero distinguido.

Boudinot deja al lector la decisión de cribar la verdad en estas historias, de ver entre el humo y los espejos, de quedarse con una verdad de las múltiples que se abren. O de no hacer nada. ¿Sátira infinita, denuncia aplastante de la sociedad consumista, aviso inminente de un futuro oscuro donde dejaremos en manos de otros nuestras vidas, relato atroz del mundo en el que ya vivimos? ¿Simple divertimento? ¿Qué demonios ha escrito Boudinot?

Cada uno que elija lo que más le guste.

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La espada de los cincuenta años

La espada de los cincuenta años

La espada de los cincuenta años, de Mark Z. Danielewski

La espada de los cincuenta añosDesde que leí La casa de hojas tengo a Mark Z. Danielewski en cuarentena, entiéndaseme bien: digamos que tengo en suspenso mi particular juicio literario sobre este autor porque siendo como es la citada obra una novela bastante buena (de hecho el compañero que la reseñó, cuyo criterio probablemente sea más de fiar que el mío propio, la considera una obra maestra), tengo mis dudas sobre si el verdadero talento del autor lo es para la narración o para el artificio y el marketing literario. Quise leer La espada de los cincuenta años para llegar a una conclusión al respecto, y ya les adelanto que no lo he logrado. Lo cual, en justicia, debe considerarse mérito suyo, porque lo es.

Si no logro entender a Mark Z. Danielewski no es porque sea un autor especialmente complicado, no creo que lo sea en absoluto, sino porque me resulta incomprensible que se decante por utilizar recursos que no sólo no aportan gran cosa a la buena historia que cuenta, sino que distrae al lector de lo esencial e incluso le irrita si es especialmente maniático, como es mi caso. Entiendo que él mismo se impide sacarle todo el partido que podría a su propio talento. Sigue leyendo La espada de los cincuenta años

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La casa de hojas

la casa de hojas

La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski

la casa de hojasEsto es la arquitectura del mal en estado puro

Cuando un libro entra en escena hay dos formas de que yo me interese por él. La primera, es una visita a las librerías y que me sienta tentado de hacerme con él. La segunda, es la recomendación o mención de algunos de mis libreros de confianza. Entre ellos se encuentra Antonio Torrubia que al pronunciar una palabra, o al sacar una simple fotografía de algún libro, ya sé que me tengo que hacer con él. Sucedió eso con La casa de hojas del que desconocía la historia de su construcción y con la que me he visto obsesionado desde que leí la primera frase. Todavía tengo pesadillas. Ahí, en esas tres palabras, está introducido todo el grueso de una obra tan grande como inclasificable que ramifica al lector en tantos frentes abiertos que es imposible no verse atrapado por la tela de araña que construye el autor. Uno descubre a Mark Z. Danielewski con la mezcla justa entre miedo y admiración porque uno se plantea el nivel de oscuridad que debe guardar dentro un escritor cuando construye una metáfora tan intrincada de lo que supone el interior del ser humano cosificado en una casa que esconde un terror que no tiene forma, o que si la tiene, es de interpretación libre. Pero lo importante de esta obra no es la globalidad, sino los detalles, esas minúsculas canicas que no son migas de pan que nos llevan a la salida, sino que son un juego macabro que nos lleva al mismo centro de la oscuridad, y nosotros volvemos a la vida de otra forma, como si tuviéramos que guardar un gran secreto, con la oscuridad ya dentro de nosotros, sin posibilidad de lograr la redención por mucho que nos intentemos limpiar. El miedo, que nos acompañará cada vez que pasemos una página e intentemos saber más de su historia.

Will Navidson se muda a Ash Tree Lane en un intento por salvar su matrimonio. Pronto verá que el interior de la casa guarda un secreto que quiere averiguar mientras intenta poner a salvo a su familia. Johnny Truant, a su vez, es un joven tatuador que mata las noches entre sexo y bebida. Las vidas de los dos personajes se verán entrelazadas por un hallazgo que cambiará la vida de todos los personajes.

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Libros y Novedades 163

Otra vida para vivirla contigo

Boletín de novedades. Noviembre 2013 – 44

La casa de hojasOtra vida para vivirla contigoCuentos de cabecera Cuentos japoneses politicamente incorrectos
La casa de hojas,
de Mark Z. Danielewski
Otra vida para vivirla contigo,
de Eduardo Mendicutti
Cuentos de Cabecera,
de Osamu Dazai

En Libros y Literatura tenemos el placer de presentaros, como cada semana, el boletín con una selección de novedades editoriales. En esta ocasión el placer es mayor, si cabe, ya que los tres títulos que os sugerimos estamos seguros de que son garantía de éxito.

Como veréis, nuestra propuesta es bien ecléctica: un thriller de terror, una novela romántica con dosis de humor y cotidianidad, y una selección de relatos japoneses presentados en el marco de un bombardeo. O lo que es lo mismo: La casa de hojas, de M. Z. Danielewski, Otra vida para vivirla contigo, de E. Menducutti, y Cuentos de cabecera, de O. Dazai.

¡Que disfrutéis de la semana y de las lecturas!

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Standards

Standards, de Germán Sierra 

Podría leerse Standards como una colección de piezas sueltas ya que cada una de las piezas que componen la obra son textos tan cuidados y de tanta calidad que bien pudieran tener entidad propia, sin embargo es Standards una de esas obras en las que hay tanta trama en la estructura como en el argumento, una de esas obras en las que uno disfruta leyendo mientras que ante sus ojos se va formando una realidad tan brillantemente construida que difícilmente se intuye hasta que se ve nacer, una de esas obras que regalan el privilegio de asistir a ese mágico momento en que las cosas cobran sentido, se engranan a la perfección y cada virtuoso solista complementa al resto para formar una orquesta en la que cada uno brilla por sí mismo del mismo modo que lo hace en conjunto.

Ha querido Germán Sierra dotar a esta novela de una cierta sensibilidad musical, jazzística, de ese modo que está tan presente en el género negro estadounidense, ése que tan bien parece cultivarse en la Galicia natal del autor y de Alvite, otro gallego en cuya literatura se ve el humo del garito en el que suena el jazz mientras se susurran historias que difícilmente se pueden contar en voz alta, aunque no sea Standards una novela exclusivamente negra ni estadounidense. Diría que es en realidad una reflexión sobre la imagen, sobre los efectos del culto que se le rinde en las sociedades occidentales, de éste como síntoma y de la imagen como arma, que también lo es. Sigue leyendo Standards