Publicado el

La espada de los cincuenta años

La espada de los cincuenta años

La espada de los cincuenta años, de Mark Z. Danielewski

La espada de los cincuenta añosDesde que leí La casa de hojas tengo a Mark Z. Danielewski en cuarentena, entiéndaseme bien: digamos que tengo en suspenso mi particular juicio literario sobre este autor porque siendo como es la citada obra una novela bastante buena (de hecho el compañero que la reseñó, cuyo criterio probablemente sea más de fiar que el mío propio, la considera una obra maestra), tengo mis dudas sobre si el verdadero talento del autor lo es para la narración o para el artificio y el marketing literario. Quise leer La espada de los cincuenta años para llegar a una conclusión al respecto, y ya les adelanto que no lo he logrado. Lo cual, en justicia, debe considerarse mérito suyo, porque lo es.

Si no logro entender a Mark Z. Danielewski no es porque sea un autor especialmente complicado, no creo que lo sea en absoluto, sino porque me resulta incomprensible que se decante por utilizar recursos que no sólo no aportan gran cosa a la buena historia que cuenta, sino que distrae al lector de lo esencial e incluso le irrita si es especialmente maniático, como es mi caso. Entiendo que él mismo se impide sacarle todo el partido que podría a su propio talento. Sigue leyendo La espada de los cincuenta años

Publicado el

La casa de hojas

la casa de hojas

La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski

la casa de hojasEsto es la arquitectura del mal en estado puro

Cuando un libro entra en escena hay dos formas de que yo me interese por él. La primera, es una visita a las librerías y que me sienta tentado de hacerme con él. La segunda, es la recomendación o mención de algunos de mis libreros de confianza. Entre ellos se encuentra Antonio Torrubia que al pronunciar una palabra, o al sacar una simple fotografía de algún libro, ya sé que me tengo que hacer con él. Sucedió eso con La casa de hojas del que desconocía la historia de su construcción y con la que me he visto obsesionado desde que leí la primera frase. Todavía tengo pesadillas. Ahí, en esas tres palabras, está introducido todo el grueso de una obra tan grande como inclasificable que ramifica al lector en tantos frentes abiertos que es imposible no verse atrapado por la tela de araña que construye el autor. Uno descubre a Mark Z. Danielewski con la mezcla justa entre miedo y admiración porque uno se plantea el nivel de oscuridad que debe guardar dentro un escritor cuando construye una metáfora tan intrincada de lo que supone el interior del ser humano cosificado en una casa que esconde un terror que no tiene forma, o que si la tiene, es de interpretación libre. Pero lo importante de esta obra no es la globalidad, sino los detalles, esas minúsculas canicas que no son migas de pan que nos llevan a la salida, sino que son un juego macabro que nos lleva al mismo centro de la oscuridad, y nosotros volvemos a la vida de otra forma, como si tuviéramos que guardar un gran secreto, con la oscuridad ya dentro de nosotros, sin posibilidad de lograr la redención por mucho que nos intentemos limpiar. El miedo, que nos acompañará cada vez que pasemos una página e intentemos saber más de su historia.

Will Navidson se muda a Ash Tree Lane en un intento por salvar su matrimonio. Pronto verá que el interior de la casa guarda un secreto que quiere averiguar mientras intenta poner a salvo a su familia. Johnny Truant, a su vez, es un joven tatuador que mata las noches entre sexo y bebida. Las vidas de los dos personajes se verán entrelazadas por un hallazgo que cambiará la vida de todos los personajes.

  Sigue leyendo La casa de hojas