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Un amor que destruye ciudades, de Eileen Chang

Un amor que destruye ciudades

Un amor que destruye ciudadesNo es difícil describir Un amor que destruye ciudades, lo complicado es transmitir la sensación de asombro, admiración e incluso incredulidad que provoca este pequeño y deslumbrante libro, sorprendentemente moderno para ser de 1947. Eileen Chang, autora que me era desconocida, es probablemente la pieza que faltaba para completar el puzzle de la literatura china contemporánea, de la que nos llega quiero decir, porque es una autora diferente, muy libre, supongo que para los estándares de su época incluso descarada. Si tuviera que establecer algún paralelismo con una referencia más habitual entre nosotros me atrevería a definirla como la Dorothy Parker china. Como nadie me obliga a hacer tal cosa prefiero referirme a ella sin comparaciones, Eileen Chang, una autora capaz de emocionar y divertir con armas tan brillantes como intemporales.

Hay dos historias dentro de Un amor que destruye ciudades, la que le da título y un breve relato llamado “Bloqueados”, que narra un fugaz encuentro en un tranvía durante un atasco de tráfico en el que se sienten tantas cosas que bien podría decirse que nace una vida alternativa que desaparece según el tranvía se pone en marcha, pero que no por ello es menos real ni emocionante. Pero aunque es una historia francamente entrañable no es esta sino la primera de ellas la que ocupa la mayor parte del volumen y del recuerdo que deja el libro.

Un amor que destruye ciudades transcurre entre Shanghai y Hong Kong, lo que tal vez explique en parte su singularidad, y narra la experiencia de una viuda de una familia tradicional que se descubre buscando la felicidad cuando creía buscar la estabilidad y que para ello debe confrontar dos mundos, el suyo interior con el de los convencionalismos sociales que lo impregnan todo. Una muestra de hasta qué punto la familia de origen de la protagonista es tradicional (y más cosas, aprovechada e hipócrita entre ellas) es el recurso narrativo que la autora utiliza para referirse a sus integrantes: “la segunda cuñada”, “el tercer señor”, “la cuarta hermana”, etc. El punto de partida de la narración es la noticia de la muerte del marido de la protagonista, del que esta se había separado, y los intentos de aprovechar económicamente su recién estrenada condición de viuda por parte de esa familia que en su momento la acogió en su seno pero que en ese instante, una vez que se han gastado su dinero (detalle nada trivial), se ha convertido en un estorbo.

La trama de intentos de matrimonios concertados que se intentan negociar discurre por caminos insospechados, uno de ellos el amor. Un amor que, efectivamente, destruye ciudades aunque en esa tarea ciertamente le ayuda el estallido de una guerra, que a su vez además de ciudades destruye convencionalismos. El amor es una fuerza de la naturaleza, qué duda cabe, pero el afán de supervivencia no es una especialmente pequeña.

Un amor que destruye ciudades es una novela pequeña en cuanto a su tamaño y entre su brevedad, el interés del retrato de la sociedad en que se desarrolla y el fluido, divertido y chispeante estilo narrativo de la autora se trata de una obra sumamente recomendable. Especialmente si desean asomarse a China con unos ojos nativos pero diferentes de lo habitual.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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