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Almóndigas del espacio, de Craig Thompson

almondigas del espacio

A vecesalmondigas del espacio viajo sin moverme del sitio. Una rebanada de pan, un chorrito de aceite y un trozo de chocolate, forman un vínculo capaz de conjugar tardes soleadas en las que las incógnitas de un futuro incierto me importaban un bledo. Vuelvo a viajar. Un fresquito vaso de leche es el carburante que me catapulta a veranos de colegios desiertos y de aventuras imaginarias por el parque junto a mis amigos. O los dibujos animados, que ahora emiten a todas horas, me recuerdan los madrugones del fin de semana para apoderarme de la única televisión de la casa. ¡Ay la morriña, cómo duele! Por fortuna ese niño aún vive dentro de mí y en ocasiones sale a corretear. Es como un Mr. Hyde, pero inofensivo, jovial, impulsivo y alocado, que se manifiesta después de que un olor, sabor o sensación, convertidos en el suculento cebo para atraer recuerdos de infancia, me envíe a un estado pueril tras capturar a uno. El sabor del algodón de azúcar, esa fugaz sensación de que montar en bicicleta forma parte de un juego más que de un deporte, las viejas fotografías de un pueblo que hace tiempo que no piso o el olor a papel repleto de aventuras de las almóndigas. ¡Sí, almóndigas! Pero no unas almóndigas cualquiera. Almóndigas del espacio de Craig Thompson, por supuesto.

Craig Thompson tiene un poder de sugestión y ejerce sus habilidades a través del papel. Con Blankets (obra de arte con mayúsculas) probé las virtudes del amor y sufrí por el desamor. En Adiós, Chunky Rice me mostró que no hay límites si existe amistad. Habibi me conmovió mediante el afán de supervivencia. Y ahora Almóndigas del espacio, un cómic que a todas luces podría parecer más enfocado a un público infantil. Y sí, por supuesto que un niño podrá leerlo, pues es una historia cándida que se puede disfrutar a diferentes niveles. Pero es una lástima que algunos vayan a descartar esta lectura, este viaje épico, por esas estúpidas ideas preconcebidas de que un adulto solo debe hurgar entre las cosas exclusivamente para adultos.

En Almóndigas del espacio se narra el periplo de Violet por encontrar a su padre. Hasta hace poco su vida era apacible y la única preocupación que la familia tenía era la búsqueda de un nuevo colegio, pues el suyo fue devorado por ballenas espaciales. Emm… sí; ballenas que surcan las galaxias y que de tanto en tanto se zampan cosas. La ocurrencia y lo absurdo dándose la mano. El inicio es algo lento y se mueve a la misma velocidad que lo haría una estrella fugaz a través de una balsa de miel. Este farragoso previo no es más que una muestra de la importancia que da Craig Thompson a los personajes, pues es ahí donde nos presenta con detalle a cada uno de ellos: cómo son, sus inquietudes y sus principios morales. Gracias a ello, a ese tramo que pensasteis que era un rollazo, luego entenderéis las motivaciones y decisiones de cada uno.

Este cómic puede que no sea tan “serio” como otras obras de Craig Thompson. Tal vez tenga semejanzas con Adiós, Chunky Rice, en donde la amistad más férrea era el motor que daba impulso a toda la historia. Pero a diferencia de las aventuras de la pequeña tortuga, Almóndigas del espacio es menos melancólica y oscura. Ayuda mucho el que sea la primera obra del autor en color. Un color bello, con una paleta infinita que convierte ilustraciones en dibujos animados, y en donde Dave Stewart (titán, artista y amo del color) pinta humanos de pieles rosadas, extraterrestres de tonalidades variopintas, estructuras de frío matiz metálico y galaxias repletas de estrellas. ¡Maldito Big Bang, Dave Stewart debería haber coloreado el universo y no tú!

¿El dibujo? Excelente. El autor nos deleita la vista con diseños de innumerables personajes inverosímiles. Además por las páginas se mueven toda clase de artilugios: cachivaches que recuerdan a barcos de pesca, naves nodrizas con la forma de animales que encontrarías en una mariscada, hamburguesas voladoras, automóviles con caparazón y hasta bolas que no recuerdan a nada pero que molan mucho. Craig Thompson transita de forma grácil entre las grandes viñetas y las gigantescas viñetas recargadas de detalles, y de ahí a las splash pages (en muchas ocasiones a doble página) donde abunda el universo, la basura espacial, las metáforas sobre la vida y las ballenas.

No solo el drama y la aventura están presentes en este cómic, el humor también tiene sus momentos y éstos vienen de la mano de los dos extraños y alienígenas niños que acompañan a Violet en su misión de rescate. Por un lado está Zaqueo (un bicho de color anaranjado y con una morfología corporal similar a una mandarina): impulsivo, valiente pero algo pendenciero. “¡Para ya con tus lecciones de historia de sabelotodo!” Elliot, en cambio, es un pollo (perteneciente a una raza de aves de corral que evolucionaron gracias a la manipulación hormonal) bastante sabihondo, extremadamente miedoso, algo repipi y propenso a sufrir inoportunos ataques de ansiedad. “Mis cálculos son más sofisticados que los tuyos”. Y así a todas horas. Pero a pesar de que siempre andan a la greña, debido sobre todo a lo opuestos que son, deberán trabajar juntos y vencer sus miedos, como lo hicieran el famoso cuarteto protagonista de El mago de Oz, por el bien de su amiga.

En Almóndigas del espacio Craig Thompson no solo difunde un bello mensaje de amor (entre amigos, dentro del entorno familiar y hacia a los más desfavorecidos) sino que además, maquillada de fábula dulzona, nos deja un agudo relato sobre ecología y la importancia vital de cuidar el medio ambiente. Pero sobretodo, y especialmente, nos hace viajar sin movernos del sitio. Nos traslada de nuevo a nuestra infancia, en la que abundaban las golosinas, los pensamientos puros que se originaban en el corazón sin necesidad de cruzar el peaje del frío y calculador cerebro, las rodillas llenas de arañazos debido a las caídas en bicicleta y las aventuras imaginarias junto a tus inseparables amigos tejidas con el hilo de la fantasía.

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Paul en el norte, de Michel Rabagliati

Paul en el norte

Paul en el norteCada vez que sale un nuevo tomo de las aventuras de Paul, de Michel Rabagliati, sus seguidores le hacemos una ola. Esta autor de Montreal ha conseguido, durante los casi dieciocho años que lleva unido a su personaje, congregar a un círculo de lectores muy fieles que aprecian su talante como autor costumbrista. Rabagliati es un autor que nunca se ha distanciado del género slice of life y ha creado un alter ego que ha capturado distintos momentos, tanto de la vida personal como de toda una época.

Paul en el norte es la séptima entrega en castellano de las vivencias de Paul. Rabagliati no las ha publicado en un orden cronológico, sino que ha atendido más bien a razones sentimentales. En esta ocasión, nos trasladamos a 1976. Paul es un adolescente y su única aspiración es conseguir dinero para comprar se una moto. Ese ese momento en el que Paul, que se ha mudado recientemente de barrio, empieza a alejarse de sus padres, su hermana se va de casa y hace nuevos amigos. Precisamente el conocer a Marc, un nuevo compañero de instituto, hará que Paul salga definitivamente de su infancia para convertirse realmente en un adolescente. Le esperan verdaderos ritos de paso, en un verano inolvidable por los juegos olímpicos que su ciudad natal organizaba aquel año.

En esa puerta de entrada a la madurez colaborará también su tío, esa figura entre paternal y díscola que le proporcionará sus primeros trabajos pero también sus primeros placeres como adulto: la bebida, el tabaco y las primeras experiencias más cercanas al otro sexo.

En Paul en el norte podemos decir que nuestro protagonista va haciéndose adulto: no sólo por aquellas experiencias que terminan por despertarle de su inocencia infantil (como el conductor que le propone veladamente un encuentro sexual cuando hace autoestop), sino también por el gran tema de este volumen: el descubrimiento del amor.

Paul se enamora locamente, como sólo hacemos en la adolescencia, y repite, sin siquiera saberlo, cada estereotipo del primer amor. Rabagliati es consciente de ello, y una de las cosas que mejor se le dan es poder ver los hechos con una distancia que permite algo más de objetividad. El retrato de Paul es cariñoso, pero no exento de ironía. Nos vemos reflejados en Paul y eso es precisamente el gran mérito de Rabagliati.

A pesar de llevar ya casi veinte años con su saga, nuestro autor apenas ha modificado su estilo, un trazo limpio y sinuoso que nos recuerda a los caricaturistas americanos de los años 50 y 60. La única novedad que al respecto ofrece este tomo es la inclusión de unas páginas en un color muy vistoso, cuya intencionalidad está justificada dentro de la historia.

Paul en el norte es una invitación a rememorar esos años de adolescencia en las que hicimos cosas que hoy nos parecen absurdas. Una evocación nostálgica pero alegre, con un humor natural, sin estridencias: el que encierran las escenas cotidianas. Acercaos a Paul y acompañadle en sus descubrimientos, caminad hacia el norte con él. Si no lo conocéis, es, como cualquiera de sus volúmenes, una excelente manera de empezar. Y si, como yo, lo sentís ya como un amigo, os encantará volver a saber de él.

Josep Oliver

@cisnenegro

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Bella Muerte, de Emma Ríos y VV.AA.

bella muerte

bella muerte

No cabe duda de que Emma Riós es buena. Muy buena. Me lo demostró en I.D. y ha vuelto a hacerlo, o mejor dicho lo hizo antes, ya que el cómic del que hoy hablamos es anterior a I.D. y esta vez solo se ocupa del dibujo.

Supe hace tiempo que había un cómic llamado Bella Muerte y, aunque me llamó mucho la atención la portada y el color, no investigué más y su nombre se perdió en el olvido junto con todas esas lecturas que mentalmente te anotas y te dices a ti mismo que tienes que informarte sobre ellas pero que finalmente no llegan a leerse. Y claro, anotar mentalmente es una auténtica mierda. No te queda otra si no tienes a mano móvil o papel, y ese fue el caso.

Pero va, venga, vamos a perdonárnoslo. Mejor tarde que nunca. Tiempo después aparece I.D. y vuelvo a ver el título Bella Muerte asociado y, ¡coño!, esta vez no te me escapas. A ver de qué vas… Una mezcla de The Sandman y Predicador. Me froto los ojos y vuelvo a leer. Una mezcla de The Sandman y Predicador. ¡No puede ser! Si justo esas dos obras fueron, ya os he rayado con esto alguna vez, las que me iniciaron en esto del cómic en serio. The Sandman la primera, la obra maestra que adoro y tengo en mi propio altar. ¡Qué extraño que la primera que leí fuera justamente esa, la mejor!, pero así son las cosas de la vida. The Sandman, obra que nunca me he atrevido a reseñar ni lo haré, porque ni sabría cómo empezar ni le haría la justicia que se merece.

¿Y bien? ¿Es cierto? ¿Es lo que dicen, preguntaréis? Pues, una vez leída puedo decir que sí, que tiene algo de los cuentos oscuros tan del gusto de Gaiman, y que incluso uno de los personajes es el de la propia muerte (aunque esta vez no es una atractiva morenita). Sí, podemos hacer una ligera, ligerísima, comparación con el cómic protagonizado por Morfeo. Lo que desde luego no se puede decir es que haya algo de Predicador en Bella Muerte porque, mira, no, lo tomes como lo tomes, no lo hay por ninguna parte.

Bella Muerte es un cómic… PRECIOSO. Así, en mayúsculas y negrita porque no encuentro adjetivo más acorde, glorioso ni majestuoso. ¿Preciosísimo, preciosérrimo…? Y lo es en todos los sentidos. La historia, el dibujo, el color, los personajes, la forma de contársenos las cosas y el hecho de no contarnos otras, las introducciones a los capítulos con el conejito y la mariposa… Por algo tuvo cuatro nominaciones a los Eisner en 2014 (mejor guionista, mejor ilustradora y portadista y mejor colorista ­–este último acabó llevándoselo-).

¿Y qué sucede en este tomo? Como digo, el inicio es muy de cuento. Una hermosa joven es encerrada en una torre porque su marido es muy celoso. La joven irá apagándose poco a poco hasta que recibe la visita de Muerte, quien, en lugar de matarla, se enamora de ella y tienen una hija. Muerte también tendrá a la joven prisionera, esta vez en un lugar en medio de la nada. El amor de Muerte por la joven le ha cambiado tanto que aborrece su trabajo y no vuelve a matar. La hija de Muerte y Bella, crecerá odiando tanto a su padre como al hombre que encerró a su madre y emprenderá un camino que lleve a la destrucción de ambos.

¿Muy de Gaiman, no?

Ah, y que no se me olvide, todo esto sucede ambientado en el oeste, a modo de western nada al uso.

Argumentalmente impecable y técnicamente perfecto. Este es el primero de los cuatro tomos previstos, y cada uno de ellos estará dedicado a un personaje.

Quedan interrogantes sin resolver que no sabemos si se despejarán en el futuro o no, pero ese es otro de los atractivos de este cómic, el cerrarlo, repensar lo leído, buscar esas cosas que no nos han quedado claras, releer y sacar nuestras propias conclusiones.

La he gozado como un enano, como hacía tiempo que no disfrutaba un cómic. Por favor, hacedme caso, no lo anotéis mentalmente, coged papel o móvil y hacéos con Bella Muerte como sea. Matad si es necesario, pero leedlo porque es un cómic indispensable, de lectura obligada, una obra de arte de principio a fin. Os lo digo de corazón. No exagero.

¡Gracias, Astiberri, por editar tantos buenos cómics y además por hacerlo tan bien!

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I.D., de Emma Ríos

I.D.

I.D.

Qué ganas de hincarle el diente a Emma Ríos, la española dibujante de cómics que triunfa en el mercado ameri … ¡¡BOOM!!

-¡Policía, las manos en la cabeza y no se mueva!

-¿¡Pero qué cojones pasa!? ¿Qué..? ¡¡ZAS!!

-¡Joder! Qué hostia fina me habéis cascado así sin venir a cuento ni nada…

-Por preguntar. Cierre el pico. Queda detenido por acoso mental a la ciudadana humana E114 Emma Ríos.

-¿Qué? ¡Pero… pero… de qué habla?

-Usted ha pensado y escrito sus intenciones de morder a una mujer hace cinco segundos.

-Sí que son rápidos, pero…lo de hincarle el diente era una forma de hablar! Y no me refería a ella sino a su obra.

-Eso ya se lo contará a la Castradora, que será quien decida que hacer con alguien como usted.

-¿Eh? ¡No! ¡No! ¡No me lleven a la Castradora! ¡Noooo!

Aterrador, ¿verdad? En estos casos en los que la policía se equivoca (o no…) siempre me pregunto quién paga la puerta destrozada.

 

Al grano. Este futuro que acabo de medio inventar medio fusionar, a lo Minority Report/Juez Dredd pero extendiendo más el campo de acción, no es el que se nos describe en I.D., pero bien podría serlo. O, bien mirado, puede que incluso esté pasando y no se nos ha contado esa parte. Tecnológicamente sería posible. Aunque no, no lo creo. Y de todas formas da igual.

Lo que se nos cuenta en este cómic es algo que va más allá: el trasplante de personalidades. Que por lo que sea quieres o necesitas cambiar tu envoltorio exterior por otro que te guste más, pues vas a la clínica en la que lo hacen y eliges en el catálogo el cuerpo donado que más te guste.

Como ya he dicho antes de que la pasma irrumpiera sutilmente en la casa, tenía ganas de leer a esta gallega que ha logrado hacerse no solo hueco, sino un nombre en el universo yanqui del cómic gracias a su fichaje por Marvel para Doctor Extraño. Y eso es motivo de orgullo, pero ella quería algo más. Como dijo en una entrevista: “Marvel paga bien, pero no es tu obra”.  Así que, bastantes trabajos después, entre ellos la notable y próximamente reseñada Bella Muerte, Emma ha dado a luz a su propia creación. Una obra enteramente suya: dibujo, color y guión… Y el resultado no puede haber sido más satisfactorio.

Noa es una mujer que se siente hombre, Miguel quiere cambiar su cuerpo por algún motivo oscuro relacionado con su pasado y Charlotte… Charlotte simplemente se aburre.  Los tres están en una cafetería cuando unos disturbios provocados por un ataque terrorista a una colonia marciana les obligarán a ir al piso de Charlotte. Ahí estrecharán un poco los lazos y conoceremos algo más, tampoco mucho, de ellos y de sus motivaciones.

Un puntazo a favor es que para hacer toda la parte científica creíble, Emma ha contado con el neurólogo Miguel Alberte Woodhard, quien la ha asesorado y ha escrito un artículo que puede encontrarse al final del tomo. Dentro de la historia esa parte científica se lee bien y se entiende. Logra su propósito, no te saca del argumento y “entiendes”, más o menos, el proceso.

No obstante,  no hay que olvidar que al final, lo que importa siempre en una historia, al margen de su marco temporal o espacial, son los personajes. Sus conflictos, sus decisiones y las relaciones entre ellos.

En I.D. los caracteres vienen bien definidos apenas sin esfuerzo, tanto por gestos del dibujo como por los diálogos, y eso logra meterte de lleno muy pronto en una historia que ya de por sí es atrayente.

Es cierto que en la parte final flota algo de misterio. No se sabe por qué un determinado personaje ha hecho lo que ha hecho, pero no importa. En realidad es hasta un final mejor así, sin saberlo todo de todos.

También es cierto que se podría haber ahondado algo más en todas las repercusiones éticas, y sobre todo, en lo más llamativo: la adaptación tras la operación a un cuerpo que no es el tuyo, y que nos explican que es un proceso de rehabilitación de seis meses en los que debes aprender a respirar, caminar, tragar… Habría sido interesante ver ese aprendizaje plasmado en viñetas.

Como nota curiosa hay que decir que todo el cómic, todo todo todo, esta “construido” (Emma es arquitecta), solo con los colores rojo (en varias tonalidades) y el blanco (en toda su blanquitud).

El dibujo recuerda algo al manga, y es muy bueno y ágil. La composición de viñetas es también un acierto. Sin ir más lejos, la primera hoja, con los círculos, es genial.

Me alegra comprobar que una española triunfa allá y acá y sobre todo merecidamente, y espero poder ponerme al día con su obra cuanto antes.

¡Buen trabajo, Emma!

PD: me debes una puerta como responsable subsidiaria.

@palati77

Autor de Valeria y El diablo da las llaves del cielo

 

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Como viaja el agua, de Juan Díaz Canales

como viaja el agua

como viaja el aguaLa vejez. Y al llegar a una edad, el último paso. Lo que queda, lo que uno no puede olvidar, lo que ha prometido, los silencios que se quedan agolpados en los pliegues de una vida que parece completa. La vejez. Y en esos quiebros de la realidad, la única edad en la que comportarse como uno quiera, como le apetezca, o puede que en verdad la libertad sea un invento para que los pobres estemos más felices. La vejez. Una época, muchas palabras, más recuerdos todavía, y el brillo de unos ojos que nos miran pasar, que no nos tienen en cuenta, cuando en realidad es la propia existencia la que termina por abandonarnos, por decirnos un “hasta luego” o “hasta siempre”. Y una novela gráfica. Como viaja el agua. O como lo hacen esas lágrimas que retenemos en las cuencas de los ojos, dentro de nuestro cuerpo, sin permitirles paso, sin abrir el conducto que hace que podamos controlar el dolor, repararlo de alguna manera, o incluso olvidarnos de él por unos instantes. Porque de lo que aquí hablaremos será de la vejez, de ese último momento en la vida de alguien, pero también de un pasado que vuelve, o una mente que, fragmentada, termina por convertirse en carcelero y prisionero de una idea que traerá consecuencias que uno no se esperaría cuando, al igual que el agua, sólo quede una gota para que todo se termine.

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Todos los hijos de puta del mundo, de Alberto González Vázquez

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¿Pero qué es esto? ¿A qué estamos jugando? ¿Estamos tontos o qué hostias pasa? O sea, ¡¡¿¿que no me habéis avisado del nuevo libro de Alberto González!!?? Tú y tú, pelagatos, ¿para qué os tengo? Hala, a la puta calle, fuera de mi vista. ¡Será posible…!

En fin…Hola, hola, amiguitos de ésta, vuestra página, Libros y Literatura, y bienvenidos a un episodio políticamente incorrecto. Abundantemente político y maravillosa y necesariamente incorrecto. Sigue leyendo Todos los hijos de puta del mundo, de Alberto González Vázquez

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La casa, de Paco Roca

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la-casaUn padre. La figura de la que provenimos. El hombre que unió su destino al nuestro desde que éramos pequeños y que, como si estuviera atado con un hilo invisible, permanece ahí, al lado, incluso en las ausencias, aunque no lo pretendamos. Un padre. Y todas las imágenes que ello conlleva. Como si de un río que, fluctuando, volviéndose invisible a veces, anegándolo todo otras, crea instantes que recuperaremos, que guardaremos en la memoria, para que el olvido no arrastre aquellas imágenes que llevamos con nosotros. Un padre. Que a su vez es una historia, una vida, una existencia. Y como en todas ellas, diferentes versiones de un mismo hombre, de una misma figura, que trasciende el simple hecho de la sangre, o de los lazos familiares. La casa no es sólo una novela gráfica, también es un homenaje. Un ir y venir de recuerdos que, como las grietas de un hogar, intentamos reparar para que el aire que nos dio la vida no se escape por los rincones de la desmemoria. Un padre, repito, y en ese padre todo un mundo.

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Viñetas de vida

Viñetas de vida

Viñetas de vida, de Varios Autores

Viñetas de vida

Se acercan las últimas semanas del año y no quería dejarlo pasar. Viñetas de vida es uno de esos libros que, de vez en cuando, catalogo como necesarios. Me ocurrió con Siria. La primavera Marchita, y antes con Algodoneros, de James Agee. Los dos, aunque no son los únicos, me vienen a la cabeza ahora por distintos motivos. El primero, huelga decirlo. El segundo porque en él Agee sostiene que “una civilización que por cualquier razón relega una vida humana a una situación de desventaja; (…), no merece llamarse así ni seguir existiendo”. Era el verano de 1936 cuando lo escribía, y parece que, con el paso del tiempo, algunas cosas apenas han cambiado.

Y es que de desventajas, léase desigualdades, precisamente es de lo que viene a hablar este Viñetas de vida, que nace en el seno de Oxfam Intermón, en concreto de su campaña “Sí Me Importa“, en una maravillosa iniciativa que pretende aunar arte y denuncia social y de la que subyace una lectura positiva: la Cooperación al Desarrollo, castigada cruelmente a una reducción del casi 70% en los últimos años en España, no solo funciona, mejorando la situación de quienes la reciben, sino que además salva vidas.

Para ello un total de diez autores de cómic, Miguel Gallardo, Paco Roca, David Rubín, Sonia Pulido, Isabel Cebrián, Álvaro Ortiz, Cristina Durán, Miguel A. Giner Bou, Antonia Santolaya y Enrique Flores, viajaron a lo largo de África, América Latina y Asia, para conocer de primera mano los nombres propios, los rostros y las historias humanas que se esconden detrás de la ayuda al desarrollo. Sigue leyendo Viñetas de vida

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Beowulf

beowulf

Beowulf, de David Rubín y Santiago García

beowulfSe dice poco, pero de vez en cuando hay que volver a las historias clásicas – estén en la forma en la que estén – para que nos demos cuenta dónde estamos y cómo hemos llegado hasta aquí. Y se dice poco, supongo, porque cuenta más la novedad y lo inmediato que el tiempo de reflexión que se impone para poder degustar – como si fuera una buena comida – aquellos relatos que formaron la literatura, no sólo que formaron parte de, sino que la crearon, trayendo hasta nuestros días las reminiscencias épicas que guardaban sus textos. Una de esas historias es, sin lugar a dudas, Beowulf que, a pesar de estar en esta ocasión trasladada en una imagen más moderna – y añado por si no quedara claro más adelante, de una forma brillante -, convertida en una narración épica como pocas, ha ido uniendo a generaciones enteras de lectores y que ahora llegar aquí, de la mano de uno de los mejores narradores gráficos de la historia, con un aspecto renovado, con un dinamismo pocas veces visto en una novela gráfica, y con esa pasión que se invierte cuando lo que uno hace es lo que gusta hacer y no hay ninguna excusa para ello, sino el simple disfrute, el crear para compartirlo, el dedicarse a una profesión que, denostada por algunos, debiera, por imperativo, ocupar un lugar predominante en aquellos círculos donde las novelas tienen ese aura antigua donde no existe la ilustración. Y es que, al fin y al cabo, no hay peor prejuicio que creer que sólo lo clásico, en un formato clásico, merece la pena.

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Libros y Novedades 198

Viajes con Charley

Boletín de novedades. Julio 2014 – 28

Pasaje a TahitiViajes con Charleyporque los osos deberian llevar calzoncillos
Pasaje a Tahití,
de Eva García Sáenz
Viajes con Charley,
de John Steinbeck
Por qué los osos debería llevar calzoncillos,
de The Oatmeal

Esta semana en el boletín de novedades editoriales de Libros y Literatura ponemos rumbo a nuevas historias llenas de aventuras, paisajes inolvidables y mucho humor.

¡Disfrutad de la lectura!

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De Cine y Literatura 96

Arrugas

De Cine y Literatura 96: Arrugas

De Cine y Literatura 96: Arrugas

Cartel de ArrugasArrugas
Título: Arrugas

Autor: Paco Roca

Editorial: Astiberri

Páginas: 104

ISBN: 978-84-96815-39-1

Película: Arrugas

Año: 2011

País: España

Duración: 90 min

Usamos la palabra “emotivo” a la ligera, os lo digo yo. Después de ver la película “Arrugas”, basada en el cómic de Paco Roca, para mí la palabra ha ganado una nueva dimensión. Si el arte es aquello que nos provoca emociones, Arrugas tiene que ser ARTE con mayúsculas.

Antes de seguir con mi opinión comparativa del cómic (perdón, de la novela gráfica) y de la película, os quiero invitar a pasearos por la reseña que hizo Sergio Sancor del primero, que os ayudará a entender mejor de qué estamos hablando. Puedes leer aquí la reseña de Arrugas.
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Los surcos del azar

los surcos del azar

Los surcos del azar, de Paco Roca

los surcos del azarSomos hilos, que se tejen desordenados, que buscan los requiebros de la vida buscando una salida, un atajo, una nueva mirada que nos haga mirar al pasado con la nostalgia suficiente para que no nos haga sufrir. Somos hilos y, como tales, sufrimos las inclemencias del tiempo, nuestros cuerpos envejecen mientras la lluvia y el viento van horadando los acantilados que se forman con los recuerdos. Y en un instante, quizá con una palabra, tal vez con una simple conversación, recuperamos nuestra viveza, nuestra complexión auténtica y hablamos, nos desahogamos, verbalizamos aquello que manteníamos guardado, reposando la mochila de la vida, de la existencia, que contractura nuestra espalda y nos carga el alma de pequeñas batallas que se libran y no se ganan del todo. Fue Antonio Machado escribió un verso que reza como el título de esta increíble novela gráfica. Son Los surcos del azar, aquellos que abrigan las relaciones, los que en el invierno cobijan de un frío intenso y en el verano, mientras el inclemente calor desalienta al más valiente, nos convierten en luchadores de guerras pasadas, de guerras que se convierten en interminables, de recuerdos que han sido robados y que se rescatan por la mirada de un autor, de un maestro, de un humilde escritor, que regala una nueva vida a aquel que creía haberla perdido entre el oleaje que se removía por la acción de un barco que le alejaba de su casa, de su familia, de todo aquello que conocía. Son ellos, y no nosotros, los que nos incitan a vivir, y a nunca desaparecer.

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