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El método Catfulness, de Paolo Valentino

El método Catfulness

El método CatfulnessYa está aquí la loca de los gatos, diréis. Y no seré yo quien os quite la razón. Aquí estoy otra vez para hablaros de gatetes. Fijaos si me gustan los gatos, que hasta me atrevo a leer libros basados en mindfulness y demás cosas raras que no me van demasiado con tal de leer sobre felinos. ¿Sabéis qué es el mindfulness? Pues algo así como una filosofía de vida basada en la meditación para mejorar la calidad de vida y otros conceptos abstractos que mi mente, tan poco espiritual en estos casos, no logra entender. Pero vamos, lo idea básica creo que la he captado.

El método Catfulness se inspira en esta filosofía de vida pero en este caso con gatos como maestros. Que a mí, personalmente me inspira más confianza un gato que cualquiera de esos gurúes illuminati. No, si al final me la estoy buscando…

El caso es que de mayor no me importaría nada ser gato. Pasarme horas durmiendo y comiendo cuando me apeteciera, dominando a los humanos mientras planeo conquistar el mundo. No me digáis que no es un buen plan. Y si encima eres un gato casero, que tiene siempre comida a su alcance, camas calentitas, caricias y juguetes yo firmo ya por convertirme en felina. Mientras tanto se me pasa observando a mis dos compañeros de piso peludos.

El método Catfulness nos propone un programa en siete semanas para alcanzar esa filosofía mindfulness a través de la sabiduría gatuna. Cada día de la semana recibimos una enseñanza y, al finalizar la semana, el libro nos propone un ejercicio para llevar a cabo lo aprendido.

Y es que hay muchas cualidades que podemos aprender de nuestros compañeros. La paciencia es una de ellas. Cuando lo preguntaron a un maestro sufí quién le había ensañado a meditar, su respuesta fue “un gato agazapado frente a la madriguera de un ratón”. Además de la paciencia, los gatetes tienen otras cualidades que deberíamos imitar como son la curiosidad, la importancia del descanso, el valor de la rutina, la tranquilidad, ser agradecido, dependiente o aprender a desahogarse o a decir que no. La verdad es que los gatos son maestros en estos asuntos y a nosotros todavía nos queda mucho que aprender.

El método Catfulness viene acompañado de las ilustraciones de Mariana Coppo, que son muy acertadas y aportan  una dosis de ternura al texto.

La idea es original. Como os decía, puestos a seguir aluna filosofía me quedo con la felina. No nos vendría nada mal aprender de ellos y aplicar sus geniales cualidades en nuestro día a día. Seguro que en muchos aspectos nos  iría mucho mejor.

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Cuentos y leyendas, de Battaglia

cuentos y leyendas battaglia

cuentos y leyendas battagliaAlgunos, (muchos, seguramente), se rasgarán las vestiduras, si es que todavía hay gente que hace eso, al dejar esta reseña en mis manos. Yo en su lugar lo haría (si todavía se rasgaran). Y sería justo. Porque, ¿cómo describir con palabras lo que este genio ha transmitido al que esto escribe?

Recuerdo que en C.O.U., la asignatura Historia del arte era de mis preferidas. No sólo porque nos subían a una sala especial dotada con proyector de diapositivas y en donde escapabas de la mirada de la profesora amparándote en la oscuridad. Sí, pero no. Me gustaba oír las explicaciones detalladas del Laocoonte, la novedad que supuso la curva praxitélica, el hieratismo, los escorzos, las cariátides, los significados de lo que se representaba en los lienzos, los nombres técnicos, la bóveda de cañón y la de medio punto, el arco ojival, el de herradura, el arbotante o botarel… tantos y tantos términos… y seguramente nos quedamos cortos, como suele pasar.

Pues bien. La peor parte de esa asignatura era la pregunta del examen en la que sí o sí, tocaba hacer el comentario de una obra de arte, como si se tratara de un comentario de texto. Había que poner en práctica todo lo aprendido pero también había que echarle algo de imaginación.

¿Y por qué cuento todo esto? Porque al contemplar (sí, he dicho contemplar, no leer) Battaglia. Cuentos y leyendas no puedo evitar comparar estas ilustraciones con el arte. Porque echo de menos no haber recibido ninguna clase dedicada al cómic o a la ilustración para poder al menos salir airoso de esta reseña. Ya sé que para eso hay toda una carrera, pero unas nociones básicas, lo mismo que hay gente (a mí tampoco me tocó) a la que le enseñaban a tocar la flauta (cosa que, en cambio, no echo en falta).

Dino Battaglia es uno de los innovadores del noveno arte. Fue acusado de ser más ilustrador que historietista, de preocuparse más por lo estético y preciosista que por la narración. Y eso se nota. Muchas de las historias las concluye de una forma demasiado naive para mi gusto y tal vez algo precipitada. La mayoría tiene también una moralina al servicio de la religión.

En este tomo tenemos historias cortas (alguna, como El corazón en el cofre, de tan solo dos páginas) y autoconclusivas. La mayoría son adaptaciones literarias de cuentos conocidos por todos. De hecho, es uno de los historietistas que más acudió a la literatura para inspirarse:

“no había tenido jamás la necesidad de inventar nuevas historias, dado que había tanta buena literatura por ilustrar”

Creedme si os digo que con algunas he retrocedido a mis años de infancia, en los que tumbado en la cama leía cuentos infantiles. Así, tenemos cuentos conocidos como Rompeltisquillo de los hermanos Grimm, Ceniciento y Barbagris (adaptación de La Cenicienta), Los candelabros del obispo (traslación de un pasaje de Los miserables), Una canción de Navidad (Dickens) o El gigante egoísta de Oscar Wilde entre otros. Hay también leyendas como la de San Jorge y la de San Cristóbal o cuentos rusos como El pájaro de fuego, y El rey del río de oro.

Como ya he dicho, las ilustraciones de Battaglia son arte puro. Puedes abrir el libro en cualquier página al azar y da igual donde aparezcas; la vista se demora en esa página. Su técnica es un derroche visual que hipnotiza la parte racional del cerebro. Además, en algunos casos no hay secuencialidad, no usa la viñeta como elemento vertebrador del lenguaje del cómic y maneja con grandísima originalidad la composición de la página.

Recomiendo mucho esta cuidada edición pues, aparte de ser de auténtico lujo recopila adaptaciones literarias más o menos conocidas, la mayoría de las cuales son inéditas en España, y también aconsejo la lectura enormemente instructiva del prólogo.

Battaglia. Cuentos y leyendas se erige por derecho propio en un imprescindible del cómic que te transporta a los clásicos de la literatura con técnica, belleza y saber hacer. Imposible no disfrutar de historias de siempre con un trazo como nunca se ha visto.

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El campeón prohibido, de Dario Fo

El campeón prohibido

El campeón prohibidoTodos hemos leído y visto decenas de historias basadas en la época en la que el régimen nazi ocupó el gobierno alemán y puso fin a la democracia en el país. De hecho, soy de los que piensan que ha habido una sobreexplotación de este periodo, ya que no por el hecho de poner como contexto esta terrible etapa lo que se narra tiene que ser memorable. Sin embargo, la que cuenta El campeón prohibido es una historia tan dura y tan épica que parece mentira que nadie antes se atreviera a pasarla a papel. Tuvo que ser el actor y escritor italiano Dario Fo quien se atreviera a hincarle el diente poco antes de fallecer, con lo que consiguió rescatar la figura de Johann Trollmann, un talentoso e inteligente boxeador de raza gitana cuyo único fallo fue el haber vivido en la época de la barbarie nazi.

Con un lenguaje sencillo y con frases cortas Fo, que fue nombrado Premio Nobel de Literatura en el año 1997, nos va dando a conocer la vida del púgil desde el mismo momento en que, con apenas ocho años, comienza a dar muestras de tener unas habilidades muy superiores al resto de los chavales de su edad en este deporte. Es curioso lo que ocurre con esta lectura, ya que desde el momento en que uno hojea este libro se da cuenta de que está escrito por un autor lleno de talento. Sin embargo, esto no se debe a que el escritor italiano haga gala de numerosos recursos estilísticos o de un vocabulario ostentoso y complejo; todo lo contrario. Lo que hace que uno disfrute de esta lectura es precisamente la ausencia de necesidad del autor por gustarse a sí mismo, acompañada por el deseo de contar lo mejor y lo más detalladamente posible la historia de una profunda injusticia.

El desarrollo de la vida de Trollmann, tanto a nivel personal como profesional, va acompañado por la narración de los acontecimientos transcendentales que van ocurriendo a nivel global, entre los que destacan las dos guerras mundiales. El autor sabe jugar muy bien con los tiempos y se detiene solo en aquellos momentos de la vida del púgil que tienen verdadera importancia para su evolución. Especialmente sobresaliente es la forma en la que el Fo sintetiza el ascenso de Hitler al poder, momento a partir del cual va desgranando la tremenda injusticia que Trollmann pasa a sufrir solamente por su raza.

El campeón prohibido es un trabajo muy periodístico, en el que la fuerza de los propios acontecimientos hace que todo artificio sea innecesario. Sí que recomendaría leerlo en un momento en el que no se tengan muchas preocupaciones en la cabeza, ya que es de esas historias que te hunden o, como poco, que te dejan muy mal cuerpo. Aunque, por otra parte, si bien no se puede negar en que esta pequeña y sobresaliente novela provoca rabia e impotencia, al mismo tiempo hace honor a un campeón al que ni la peor de las creaciones del ser humano fue capaz de robarle su dignidad.

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Sol de mayo, de Antonio Manzini

Sol de mayoDisfruté como cualquiera de la trilogía de Stieg Larsson, de las interminables cuitas doméstico-criminales de las novelas de Camilla Läckberg, de las novelas-protesta de aquel dúo seminal que formaron Maj Sjöwall y Per Wahlöo y, sobre todo, de la mala leche y el espíritu destroyer de mi favorito, el señor de los señores de las letras criminales escandinavas, Leif GW Persson. Dicho esto, todo tiene un límite, hasta el gusto por algo que nos agrada sobremanera; en este caso, por la novela policíaca del norte de Europa. Ya son años desde que llegaron los primeros aires de esa moda, y la saturación de lectores y editoriales no es algo nuevo. Venía haciendo falta un cambio de clima y de ambiente, un nuevo estilo de hacer las cosas. Y, cuando se busca algo nuevo, lo mejor –pues, en efecto, todo está inventado, y desde hace mucho- es recuperar lo antiguo. En este caso, el thriller de factura mediterránea, alejado de la melancolía y del trauma escandinavo, aún no superado (eso dicen los que saben), del magnicidio de Olof Palme, que (vuelven a decir) es el verdadero origen de tamaña marea de títulos de género negro.

Volviendo los ojos a países cercanos y amigos, como Italia, nos encontramos con una nueva primavera de autores, algunos de los cuales no son precisamente unos recién llegados (véase al maestro Camilleri, superadas ya las noventa primaveras y con muchas cosas que decir y ganas de decirlas todavía) y que tienen soltura y desparpajo más que suficientes para atraer a los lectores sedientos de cosas nuevas (o cosas viejas con un barniz nuevo). Entre los autores jóvenes destaca, entre otros, Antonio Manzini, cuya novela Sol de mayo es la primera que leo de él, pero que seguro no será la última, a juzgar por la buena impresión que me ha dejado. El protagonista y enorme hallazgo de sus novelas es el subinspector Rocco Schiavone, un auténtico cascarrabias, faltón e iracundo, aunque en el fondo muy justiciero, ahora establecido en Aosta, pero todavía con muchas conexiones en Roma y una relación de amor-odio con su ciudad. En muchos momentos, me parecía estar leyendo las andanzas de un doppelgänger territorialmente cercano de Salvo Montalbano, quizás algo más amargado que aquél (motivos no le faltan), más asilvestrado, más ambiguo en su definición hacia la ley, la justicia y la misión de hacer el bien, pero igualmente capaz de medirse con el criminal más desalmado sin ningún tipo de temor ni reparo.

Rocco Schiavone es un personaje curioso. Me parece interesante y original, para variar, su desmarque del tópico de policía protagonista presa de la depresión clínica y crónica y sin deseo alguno de salir de ella. Schiavone también se deprime, pasa por baches (bien profundos, al parecer, por lo que vemos al principio de Sol de mayo), pero ello no le impide pasar a la acción y comprometerse una vez más con su placa y su misión para con la sociedad, a pesar de que sea ésta una sociedad que, al menos en cierta medida, no se merece ese compromiso. Schiavone es un tipo encallecido pero con un fondo tierno que todavía sufre por la corrupción y el desencanto de la sociedad en la que vive, a la que juzga incorregible pero por la cual, pese a todo, sigue luchando, aportando su granito de arena para seguir desfaciendo entuertos. En otras palabras: se trata de un héroe (o antihéroe, como prefieran) cuyo estado de ánimo no contamina su visión, ni tampoco las páginas de toda la novela, sino que actúa como revulsivo para sacarse a sí mismo de su postración y darse un buen chute del antídoto que mejor conoce: su indignación vocinglera por todo aquello –y es mucho- que marcha mal o que simplemente le supone, en sus propias palabras, una “tocada de cojones” (sí, es así de malhablado).

El personaje de Schiavone es uno de los mejores alegatos a favor de Sol de mayo. Pero hay más razones para elegir esta novela. Por ejemplo, la trama criminal, que nos pondrá ante un auténtico desfile de bestias, pero también, a ratos, con personajes verdaderamente nobles y sorprendentes en su nobleza, por ser ésta aparentemente carente de motivo; la historia secundaria, también de tipo policíaco, y que contiene a su vez una historia de amor y otra triste historia de auténtico fracaso existencial; y, sobre todo, los pasajes humorísticos, ora de tipo satírico, ora de puro sarcasmo algo acrimonioso, ora llenos de ternura y humor más o menos inocente; todo lo inocente que puede ser un humor ambientado en una comisaría que ha de lidiar con mafiosos irredentos que compran su salida temprana de la cárcel, ladrones de alto standing y asesinos que venden su mano de obra al mejor postor.

Sol de mayo es la cuarta entrega de las aventuras protagonizadas por Rocco Schiavone, un personaje que, como suele ser habitual en este tipo de sagas, nos va desvelando su propio pasado y compartiendo con los lectores su propios quebraderos de cabeza, derivados de su común condición humana, lo cual constituye otro gancho más para esperar con curiosidad la siguiente entrega.

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Orfancia, de Athos Zontini

orfancia

orfanciaDe pequeño comía de todo. Si algo no me gustaba me obligaban a quedarme en la mesa hasta que no quedara nada y, si tiempo después, el plato seguía ahí, la comida se convertía en la cena. Y así siempre que hubiera algo que no me gustaba y me resistía a dejar que penetrara en mi interior. Afortunadamente, eso ocurría pocas veces porque, como digo, comía de todo y, lo que en un principio “se me hacía bola” (recuerdo lo mucho que odié las espinacas), acababa por comerlo.

No fui uno de esos niños repelentes y mimados de ahora, cuyos padres ceden a lloros y/o berridos y los cuáles ahora que ya son mayores (y con mayores quiero decir de un mínimo de 30 años) cuando preparas una comida o una cena o merienda te sueltan un “ay, ¿has hecho esto? Es que no me gusta el pimiento”, o un “ay, es que yo no como nada de color verde”, o un “ay, ¿no te dije que no me gusta el tomate?”. Y ahondando en los porqués de esas exclusiones, compruebas que no es cosa de alergias, gluten o nada relacionado con la salud, sino que desde pequeños no comen tal o cual cosa porque no les daba la gana. ¡No, no, no! ¡Así no! Yo incluso alguna vez tuve que cazar mi propia comida. Al principio con los mayores, luego ya solo, adentrándome en terrenos que a muchos de vosotros haría que os cagarais encima. Pero esa es otra historia.

En Orfancia tenemos a un niño de ocho años que no quiere comer. Es más: se esfuerza lo indecible por no querer comer. Y no porque no le guste la comida. Al contrario. Le gusta mucho la comida que hace su madre (de hecho es una gran cocinera), y la bollería industrial y las chuches, los pasteles… Si no come es solo porque está convencido de que cuando esté bien gordo sus padres se lo comerán, al igual que cree que el resto de padres se comerán también a sus hijos.

Los padres del protagonista, (en ningún momento se dice su nombre), se las ven y se las desean para que el niño coma. A su lado, los niños de su edad parecen gigantes. Él está débil, pálido, se cansa en seguida y simula comer para que sus padres le dejen en paz. Cuando va a su habitación vomita lo comido con naturalidad. Su padre se avergüenza de él, no deja que se corte el pelo (y le confunden con una niña), para que su delgadez se atenúe algo. El pediatra al que le llevan no sabe qué hacer. “No es posible que un niño de su edad nunca tenga hambre”. Por si fuera poco, en el colegio le acosan, se ríen de él y le pegan.

Anorexia, bulimia, acoso, maltrato animal, violencia, machismo, agresiones, soledad… Y al principio parecía una historia simple, ¿eh?, pero en Orfancia se da todo eso y más. La narración corre a cargo del niño en primera persona a lo largo de los cuatro capítulos titulados como las cuatro estaciones. Es una narración tremendamente dura en muchas ocasiones y a uno le dan ganas de zarandearle, de decirle “¡pero espabila, chaval, espabila!” Zontini se mete tan bien en su mente y consigue empatizar tanto, que nos da pena el chaval porque sufre a diario. Sufre mucho y, lo que es peor, ¡en silencio! Pero, de la misma manera, entendemos también la desesperación de los padres.

La lectura fluye con rapidez, las páginas se leen solas. Cuando lo lees no eres consciente del todo (un poco sí), pero ahora, una vez leído, caes en que has estado leyendo una fábula o, mejor aún, un cuento. Un cuento moderno, pero con toques clásicos. Y al acabarlo, te queda una sensación rara, porque es también un libro raro, muy poco convencional. Tiene un vocabulario sencillo, es ágil, engancha mucho, y se lee con facilidad y rapidez porque estás deseando saber cuánto más va a aguantar el protagonista y el final que puedes intuir a pesar de no darse hasta la última página. Y es entonces cuando ves lo perfectamente estructurado y pensado que ha sido este libro y lo bien que ha plasmado el cambio. Porque este es también un libro sobre el cambio y la pérdida de la inocencia.

Y sobre todo, ese finalazo. Un final que puede interpretarse de varias formas y que merece la pena leer una y otra vez (total, solo es una página). La primera vez que lo lees te quedas estupefacto aunque era uno de los finales que ves como posibles durante la lectura. La segunda vez ves algo que te dice que ese final puede ser el que has interpretado la primera y a la vez puede no ser (final Schrodinger, lo llamo en un derroche de originalidad). La tercera vez, me lo deja claro, aunque me gustaría que hubiera sido el final de la primera lectura.

Un libro duro por el retrato que hace de la infancia, un cuento para niños grandes y un indispensable del 2017.

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Tres cuentos, de Eugenio Carmi y Umberto Eco

Tres cuentos

Tres cuentosCreo que una de las características principales que tiene que tener un escritor para que podamos empezar a tratarle como pope de la literatura es que no nos extrañe ver novedades editoriales con su nombre aun después de muerto. Esto es lo que pasa con Umberto Eco, aunque sinceramente digo que no me extrañaría que siguiera publicando desde ultratumba. Autor de un sinfín de obras, tanto teóricas como novelescas, y entre las que me atrevo a destacar – como fan fatal que soy de ese libro – El péndulo de Foucault, esta vez Umberto Eco llega a las librerías de la mano de DeBolsillo para recuperar tres cuentos escritos por su puño y letra y acompañados por las ilustraciones de un buen amigo suyo, Eugenio Carmi.

En estos Tres cuentos, traducidos por Esther Tusquets y Silvia Querini, se plasma la conciencia de un escritor que también fue, que sobre todo fue, persona. En ellos, los tres de lectura rápida y vocabulario infantil, Eco busca hurgar en la llaga de la tara que marca al ser humano. Si en el primero nos encontramos con un general que almacena bombas atómicas en el sótano para provocar una gran guerra, en el segundo viajamos con tres cosmonautas de tres países distintos que buscan en el universo, sin encontrarla, la reafirmación de que ellos y su sentimiento de patria son únicos, superiores; y en el tercero acabamos siendo la mofa de unos gnomos extraterrestres a los que vamos, por derecho propio, a conquistar. Taras universales.

He hablado de vocabulario infantil, de lectura rápida, pero ya veis que no siguen estas pautas los temas tratados. Umberto Eco y las ilustraciones de Eugenio Carmi que acompañan a cada página del texto buscan mostrar al lector lo engañados que estamos por sentirnos importantes, por sentirnos absurdamente importantes. En el primero de los cuentos, ‘La bomba y el general’, los átomos que componen la bomba atómica acaban representando la coherencia por encima del ser humano, ansioso de destrucción, destrucción externa e, inconscientemente, interna. En el segundo, ‘Los tres cosmonautas’, un americano, un ruso y un chino viajan hasta Marte en naves y trayectos distintos – porque ellos son distintos entre sí – y allí se encuentran, pero las diferencias – o eso creen ellos – son demasiado grandes para entenderse, por eso se odian y tendrá que ser un marciano con antenas y seis brazos quien les haga ver que la diferencia nace – y por consiguiente muere – en la imaginación. Y por último, en ‘Los gnomos de Gnu’, tienen que ser unos gnomos preguntones de un planeta muy lejano quienes muestren de cerca la realidad del planeta Tierra a un conquistador convencido de la superioridad humana con respecto a todo lo encontrable en el exterior. Nada más lejos de la realidad.

Tres cuentos es un libro cargado, en muy pocas páginas, de todo lo necesario para un niño – y para esos niños a los que ya la gente nos llama adultos –, y me vengo a referir a los valores de la fraternidad, de la amistad, la coherencia, la armonía, la felicidad, la verdad y, algo muy importante, el respeto a nuestro planeta, al medioambiente, a nuestro entorno. Porque está claro que si empiezas a cuidar lo que hay fuera acabarás cuidando lo que hay dentro, y lo que hay dentro eres tú. No mires arriba y sientas lástima o incluso te regodees porque los de allá arriba – que los hay – no están viviendo en este maravilloso planeta. Porque el adjetivo “maravilloso” está empezando a perder letras y ellos, los de allí arriba, lo están viendo mejor que nadie. Con Tres cuentos pasará lo que pocas veces ocurre en el género de la ciencia ficción, te pasará que no querrás ser como el protagonista. Debo terminar con la última frase del libro: «¿Por qué no nos ponemos nosotros a hacer lo que harían los gnomos de Gnu?».

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La casa dorada de Samarcanda, de Hugo Pratt

La casa dorada de Samarcanda

La casa dorada de SamarcandaLa muerte de un grande del arte suele recibirse con grandes lamentaciones sobre la gran pérdida que ello representa y bla bla bla. Pero la muerte de un grande grandísimo nos ofrece un cruel consuelo: el de saber que podemos morirnos tranquilos sabiendo que tras nosotros no se publicará una nueva obra. Así de consolado me hubiera sentido yo, por lo menos, si en 1995, año del fallecimiento del grande grandísimo Hugo Pratt, este nombre hubiera significado algo para mí.

La obra de Hugo Pratt, que servidor descubrió tarde, pero todavía a tiempo, está a caballo entre el tebeo de Hergé y la novela gráfica de Eisner o Spiegelman. Cuando las historias de Tintín dejan de satisfacernos, y nos convertimos en un joven rebelde, hastiado y desencantado, en un romántico al que le tira el cinismo, o en un cínico de melena despeinada al sol del atardecer, podemos acercarnos a una taberna del puerto. Allí, con un poco de suerte, quizá podamos dar un día con el capitán de barco Corto Maltés, uno de los últimos grandes aventureros del siglo XX y una de las mayores creaciones del cómic de todos los tiempos. No creo exagerar si digo que su primera aparición, crucificado en medio del mar, en La balada del mar salado, es una de las imágenes icónicas de la historia de la novela gráfica.

 Allá donde haya guerra y una posibilidad (cuanto más remota, mejor) de hacerse con una fortuna, va nuestro héroe, de carácter apátrida y descreído, pero al mismo tiempo, de gran dignidad y reprimido idealismo. A este respecto, mencionemos, sin ir más lejos, la encendida defensa que hace de los armenios frente al genocidio turco en la obra que hoy nos ocupa, La casa dorada de Samarcanda.

Corto Maltés se encuentra en Rodas, donde, siguiendo unas oscuras referencias literarias, las memorias del barón Corvo, espera encontrar un manuscrito que le ayude a encontrar el legendario tesoro del Ciro el Grande que Alejandro Magno enterró en algún lugar remoto del Asia Central. Estamos en 1921, y en Asia todavía se perciben con enorme virulencia las sacudidas provocadas por esos terremotos que fueron la Guerra Mundial y la Revolución Rusa. Ingleses, italianos, turcos, rusos y armenios, entre otros, pululan fusil en ristre por un territorio donde se libraba una partida más del Gran Juego, como llamó Rudyard Kipling a la disputa que, desde hacía décadas, enfrentaba a rusos y británicos por controlar el Turquestán y Afganistán. Entra en juego también Enver Pachá, el general turco, antiguo aliado de los bolcheviques, que ahora se enfrenta a ellos al frente de un ejército panasiático musulmán. Un escenario bien calentito, como veis, en el que no puede faltar Rasputín, el odioso y entrañable asesino que siempre acompaña a nuestro héroe y que sirve de contrapunto a su nobleza.

Aparte del carisma de sus personajes y la creatividad y calidad artística de sus páginas, la obra de Hugo Pratt se caracteriza sobre todo, como podéis ver, por la exhaustiva investigación histórica que el autor llevaba a cabo antes de emprender una nueva obra. Leer una obra de Corto Maltés no es sólo sumergirse en una inolvidable aventura de sábado por la tarde en la tele (hablo de  sábados de los de antes, por supuesto), sino también asistir a una clase magistral de historia, literatura y hasta etnología.

Cualquier reedición de la obra de Hugo Pratt es motivo de celebración. Cuando, además, la editorial Norma acompaña esta edición de La casa dorada de Samarcanda con un extraordinario y divagador prólogo y unas preciosas fotos de Estambul, la celebración se convierte en una auténtica fiesta para el lector.

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A propósito de las mujeres, de Natalia Ginzburg

a proposito de las mujeres

a proposito de las mujeresMujeres con sombrero y sin sombrero, jóvenes y viejas, con hijos que hacen preguntas molestas o amantes que llegan, te usan, saludan y se van… Cuentos en los que hablan, lloran, caminan las mujeres de Ginzburg.

Cuentos de mujeres, en definitiva. Eso es lo que me apetecía leer. Historias cortas bien escritas con escenas cotidianas, con trocitos de vida (slice of life que dicen por ahí) de personas (me daba igual que fueran niños, hombres o mujeres) en los que meter la cabeza durante un rato y fisgar y cotillear en ellas (pues leer al fin y al cabo es eso en la mayoría de los casos), en sus pensamientos, sus vivencias, sus alegrías y sus desgracias y sentir a la vez que sentían ellas.

En A propósito de las mujeres tenemos ocho cuentos breves y una reflexión, breve también,  de la autora, que abre el libro y lleva el mismo título que este y en la que afirma:

“Las mujeres tienen la mala costumbre de caer en un pozo de vez en cuando, de dejarse embargar por una terrible melancolía, ahogarse en ella y bracear para mantenerse a flote: ese es su verdadero problema”

¿Es eso cierto? No lo sé, no soy mujer, pero me inclino a pensar que no. Lo que sí es cierto es que en los ocho relatos se nota ese tono triste y melancólico en los personajes y en sus devenires.

Son relatos de matrimonios de conveniencia, sin amor, de niños que no quieren a su madre y que incluso la temen, de traiciones grandes y pequeñas, de mujeres que no saben qué hacen con sus vidas ni qué quieren hacer con ellas, de infidelidades y también hay algo de crónica de una sociedad y de una época. Por ejemplo, en el cuento Las muchachas y en La madre, vemos el papel de la mujer en ambientes tan distintos como el campo y la ciudad respectivamente. Si en el primero la mujer no aspira más que a conocer varón con el que casarse y espera, espera y espera hasta que aparece (si es que lo hace), en el segundo la mujer (viuda) trabaja, deja a los hijos al cuidado de sus abuelos, hace (mal) la compra y por la noche sale a divertirse con la reprobración de su  padre, para el que su comportamiento es el de una “zorra”.

Como se dice en el prólogo, las historias que empezamos ya acabaron, el conflicto se instaló antes de que empezáramos a leer cada cuento. Porque es lo que ya he dicho. Fisgar unos trocitos de vida y pasar a los siguientes.

Ginzburg escribe con naturalidad, sin palabras ni recursos artificiosos pero cuidando a la vez la prosa, con fluidez, sencillez y casi sin descripciones. Hace que se avance con gusto en la lectura, es atractivo lo que cuenta y cómo lo cuenta a pesar de que, en la mayoría de las cosas, lo que nos cuenta no es precisamente agradable y, aunque no deja un malestar, sí que deja una sensación agridulce.

En ocasiones me recordaba a algunos cuentos de Manuel Rivas, sobre todo por algún final (pero esto es cosa mía, algo por completo subjetivo y puede que solo sea yo quien lo asocie así). Porque te quedas con ganas de seguir fisgando en esas vidas ajenas a ti y piensas que lo mismo podía haber acabado unas páginas después como unas páginas antes, y en ambos casos seguiríamos queriendo más.

A propósito de las mujeres es un pequeño gran conjunto de cuentos que se lee con mucho interés. Al contrario que en otros libros de cuentos en los que siempre unos destacan sobre otros, esta vez debo decir que todos me han dejado buen sabor por igual. Buen fondo y buena forma.

Un libro muy bien escrito sobre mujeres cuya lectura recomiendo tanto a hombres como a mujeres.

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La terapia de los ataques de pánico, de Giorgio Nardone

La terapia de los ataques de pánico

La terapia de los ataques de pánicoHola, soy Victoria McClure. Tal vez me recuerden de anteriores reseñas atípicas e hipocondríacas como Miedo y ansiedad ante la muerte. En la reseña de hoy vamos a aprender qué son los ataques de pánicos y cómo tratarlos.

Como ya os aclaré anteriormente, mi trabajo no está nada relacionado con el ámbito sanitario, así que de vez en cuando leo esta clase de libros por pura hipocondría. A unos les toca ir en bicicleta, a otros oler bien y a mí me ha tocado ser una gran hipocondriaca, qué le vamos a hacer.

Hablando un poco más en serio, queridos lectores, he de deciros que aunque a simple vista parezca una persona tranquila, sí que padezco bastante ansiedad. Hay un poco de estigma social a la hora de hablar de las enfermedades y trastornos relacionados con la mente, pero yo no tengo ningún reparo en hablar del tema. (Espero que vosotros tampoco).

Cuando vi el libro La terapia de los ataques de pánico quise leerlo por aprender un poco más sobre el tema y descubrir posibles formas de encarar, personalmente, mis propios miedos. Como no me van nada los libros de autoayuda, prefiero mil veces leerme libros del ámbito de la sanidad, aunque obviamente resulten algo más complejos.

Giorgio Nardone, el autor, es una eminencia en estos asuntos. Dirige el Centro di Terapia Strategica de Arezzo, la Escuela de Especialización en Psicoterapia Breve Estratégica y la Escuela de Comunicación y Problem Solving Estratégico. También ha escrito numerosos trabajos que son grandes referentes para psicoterapeutas y estudiosos de la materia.

Ya en la contraportada del libro podemos leer que “una de cada cinco personas, según la OMS, ha tenido un ataque de pánico en su vida”. Un dato realmente inquietante, ¿no os parece? Se trata de un problema mucho más común de lo que pensamos. Todos nosotros hemos experimentado la sensación de miedo en nuestras vidas y en cierto modo, esa sensación es fundamental pues nos puede salvar ante un peligro. Más preocupante es, sin embargo, el miedo al miedo. De ese miedo preventivo que experimentamos ante determinadas situaciones trata este libro.

La terapia de los ataques de pánico arranca con la propia historia del trastorno para dar paso al siguiente capítulo en el que se explica la investigación-intervención en los ataques de pánico. En el tercer capítulo se habla de las características de las terapias eficaces, que serían la eficacia, eficiencia, replicabilidad, predictividad y transmisibilidad.

Personalmente, el sexto capítulo es el que más me he disfrutado y entendido pues se trata de ejemplos de casos clínicos de trastornos de ataques de pánico. En cada caso se describe al paciente, se transcribe la primera sesión recibida en el Centro di Terapia Strategica de Arezzo, se describen las técnicas utilizadas y los fragmentos más importantes de las siguientes sesiones. Es quizá la parte menos teórica y por lo tanto más accesible para cualquier tipo de lector.  Los casos clínicos estudiados son: la fobia al vacío, el miedo a desmayarse, la convicción de enloquecer, claustrofobia y miedo a volar, el control que hace perder el control, fobia a los gatos y alarma terrorista. La verdad es que es realmente interesante leer directamente sobre estos casos clínicos y sus terapias. Giorgio Nardone utiliza una estrategia que nos lleva a enfrentarnos con el miedo e incluso a aumentarlo hasta el punto de anularlo y librarnos del pánico de forma sencilla y rápida.

La terapia de los ataques de pánico es un  libro muy interesante y educativo para especialistas del ámbito y personas que, en algún momento, hayan experimentado esta horrible sensación (y ya sabéis que somos más de lo que parece).

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La Esposa joven, de Alessandro Baricco

la esposa joven

la esposa jovenAlessandro Baricco.

¿He de decir algo más para que desees leer La Esposa joven?

¿¡Sí!?

Eso es porque no has leído antes a Baricco. Quien lee Seda queda fascinado para siempre, leyendo un libro tras otro, a la espera de hallar en otros autores la belleza y la lucidez que irradia Alessandro Baricco en cada frase. Y no es que yo sucumba con tanta facilidad a las artes de un diestro escritor, es que con Tierras de cristal me cautivó más si cabe. La conexión fue total. ¿Has sentido alguna vez que un escritor había escrito exactamente la historia que querías leer? ¿Has sentido alguna vez que esa era la historia que tú hubieras deseado escribir? Pues eso es lo que me pasa con Baricco.

Cuando vi La Esposa joven ni siquiera leí la sinopsis, algo impropio de mí. ¿Qué más me da de qué fuera? ¿Una joven de dieciocho años, la Esposa joven, llega a la casa de sus futuros suegros y se queda a vivir allí, a la espera de que regrese de su viaje el Hijo, con el que se casará? Pues bien, esa es la premisa, la excusa. No importa lo que pase desde ese momento hasta el final, solo quiero disfrutar de Baricco, palabra por palabra, de su humor desbordado de melancolía.

Los mundos de Baricco son inescrutables, con sus propias y extravagantes reglas. Aquí se teme a la noche, la infelicidad no es bienvenida porque es una pérdida de tiempo y tampoco se puede leer, pues es un paliativo de la vida innecesario. Los desayunos son actos ceremoniosos que duran horas, el Tío se pasa el día durmiendo, sin que eso le impida realizar sus labores e intervenir en las conversaciones cuando es necesaria su excepcional lucidez, y Modesto, el mayordomo, ha perfeccionado la tos como sutil código de comunicación y advertencia. Personajes que recuerdan a la literatura sudamericana, otra de mis grandes debilidades, donde los puntuales actos fuera de lo común se convierten en formas de vida.

El Padre, la Madre, la Hija; aquí nadie de la Familia tiene nombre, igual que hiciera Saramago en Ensayo sobre la ceguera. Y esa no es la única similitud que he encontrado con mi otro autor fetiche, pues los diálogos se suceden sin raya que los señalen, ni acotación que aclare quién parlamenta, aunque sin llegar al extremo de unirlos en una línea continua, recurso característico del nobel portugués. Y es que cuando la narración está en manos de genios, como lo son Baricco y Saramago, no se precisan etiquetas que concreten y limiten (los suyos son arquetipos universales) ni de líneas que guíen al lector (sus voces son siempre inconfundibles).

Por si esto fuera poco, Baricco también se permite un juego metaliterario, donde el narrador tiene su propia historia y se entromete en la acción de los protagonistas siempre que quiere, alterando las voces narrativas a su antojo, y reconociéndolo abiertamente, a sabiendas de que provoca quebraderos de cabeza al lector. Y tanto en la trama como en la subtrama: sexo, recurrente y obsesivo. Porque en La Esposa joven todo pasa a través de los cuerpos: conocer o desconocer el mundo y a las personas; amarrarse a la vida o abstraerse de ella.

La Esposa joven ha sido mi regreso a Baricco. En este libro he reconocido sus habituales personajes —extrañamente iguales, totalmente distintos—, esos que viven atados a sus pasiones y habitan un mundo entre lo real y lo onírico. Quizá sea porque todas las historias no son más que una, a fin de cuentas, y este escritor italiano sabe que el único gesto exacto es la repetición.

Seda, Tierras de Cristal o La Esposa joven.

Pero Baricco.

Siempre Alessando Baricco.

¿Hace falta algo más?

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Golem, de Lorenzo Ceccotti

Golem

Golem¡Bienvenidos a Roma, cuna del imperio romano! Antaño ciudad de histéricos conductores con la mano siempre adherida al claxon. Hoy metrópolis perteneciente a la próspera Unión Euroasiática, remanso de paz de conductores adoctrinados a circular de forma ordenada y silenciosa. Roma, grandiosa ciudad de oportunidades en la que el paro es un animal mitológico y los bancos, con el refulgir de sus luces y esas vocecitas inocentes que insisten en retar a sus clientes en apuestas que estos últimos siempre pierden, parecen ilusorias máquinas tragaperras. Y luego están los anuncios que copan cualquier esquina de la urbe, de tu automóvil y hasta de tu cuarto de baño. ¡Compra, compra, compra! Roma, la ciudad eterna; así como parecen serlo sus ciudadanos a los cuales se les ofrece la oportunidad de hacerse retoques plásticos en unos minutos y desde el confort de sus hogares. Lo que se ve es lo que cuenta. Roma, ciudad utópica, donde las fuerzas del orden velan por la seguridad de sus residentes vigilándoles a todas horas, sabiendo lo que hacen en todo momento y eliminando a todo aquel que se descarría del buen camino. Roma, lugar placentero para vivir. Tome sus pastillas para no soñar y duerma de un tirón sin pensamientos creativos que entorpezcan su descanso. ¡Bienvenidos a Roma! Una Roma de ensueño.

Esta Roma futurista, que es un personaje pasivo pero transcendental además del telón de fondo del cómic Golem, es el resultado final de la fértil e imaginativa mente de Lorenzo Ceccotti (artista gráfico romano al que no tenía el placer de conocer pero al cual, y tras la lectura de Golem, voy a seguir muy de cerca). Este dibujante (y creo que este adjetivo se queda muy corto) tan pronto engendra el cartel de una película, que ilustra libros de Haruki Murakami, o, como es el caso, crea un cómic que se te queda grabado para siempre en la retina. Golem es una historia distópica al uso: vigilancia, represión y toneladas de “opio” para un pueblo aborregado, además de ser un reflejo distorsionado y extremo de nuestra actual sociedad. “Nuestro poder se basa en la instigación al consumo”. Y por supuesto, revolución. “Llegará un día en que tus sueños se harán realidad”. Y es que, y evidentemente, ese futuro es de todo menos perfecto. Y Steno, un muchacho que no se toma las pastillas que suprimen la capacidad de soñar, despierta cada mañana con la sensación de que ese mundo perfecto, ese arquetipo de ciudad inmejorable, está a punto de desmoronarse. Y sabe con certeza que está a punto de ocurrir. Ese posible cambio de rumbo puede proporcionarlo un descubrimiento, uno que puede redefinir por completo la forma de vivir de toda la sociedad; de todo el mundo. Un mundo, dominado por monopolios, que Lorenzo Ceccotti describe en tan solo una decena de páginas de forma soberbia, convirtiéndolo en algo tan tangible como plausible. Como genial es el concepto del invento: un elemento sencillo, concebible si se suspende la incredulidad (¡obligatorio en cualquier lectura!), insostenible científicamente (si nos ponemos tiquismiquis…) pero a fin de cuentas una idea suficientemente verosímil y seductora como para que el lector quede atrapado y la trama avance. Amigos, esto es un cómic, no un soporífero tratado científico.

Gráficamente Golem es demencialmente delicioso. No es navidad, ni tu cumpleaños pero aquí está, ¡bum!: un regalo para la vista. ¿Soy yo o esas viñetas parecen fotogramas extraídos de un anime? Solo que no hay anime, ni manga, es un cómic europeo. Pero es obvio, con solo echar un vistazo a Golem, que Lorenzo Ceccotti, con su particular estilo, toma como inspiración y rinde homenaje al manga de los 90 pero sin dejar de lado algunos, aunque pocos, rasgos distintivos del cómic europeo. Ninjas armados hasta los dientes con alta tecnología o soldados psicópatas con armas psíquicas que hacen recordar al Ghost in the Shell o al Appleseed de Masamune Shirow. Escenas con acción desenfrenada (justificadas por un guion robusto) que te hacen volar sobre esas páginas en las que también anidan seres gigantescos y aberrantes que rememoran los estados finales de la metamorfosis que sufre Tetsuo en Akira o, incluso, las múltiples transformaciones a las que se ve abocado Ryu en Project Arms de Ryoji Minagawa. O esa luz, ese color, que luce en cada viñeta y que inunda incluso las escenas más tenebrosas, junto al mensaje que subyace bajo tanta acción, que te hacen venir a la memoria los mejores títulos de Hayao Miyazaki. Pero es sin ninguna duda el Katsuhiro Otomo que ideó Akira el gran referente de Lorenzo Ceccotti. Pero entonces, cuando crees que ya lo has visto todo, cuando crees que el autor ya no puede sorprenderte más… Fundido negro, vuelta de página, y te encuentras con un cuadro repleto de claroscuros que parece la creación de un pintor del barroco. No, no hace falta que mires a tu alrededor, no estás en un museo de arte. Te encuentras ante la Roma del futuro. Una Roma con unos pocos aunque obstinados revolucionarios, unos idealistas que quieren cambiar el curso que está tomando la historia. Bienvenidos al inicio de una nueva Roma. Más cívica, más justa, más igualitaria. En donde cada uno sea dueño de las riendas de su futuro. “¡No dejes nunca de soñar!” Bienvenidos a la Roma de Lorenzo Ceccotti.

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La ‘Ndrangheta. Una mafia en la sombra, de Francesco Forgione

La ‘Ndrangheta. Una mafia en la sombra

La ‘Ndrangheta. Una mafia en la sombraLo primero que me llamó la atención de este libro fue, sin duda, su tamaño. Sé que es un detalle bastante simplón pero, acostumbrado como estoy últimamente a leer auténticos tochazos, (la autobiografía de Elvis Costello ha hecho más por mis bíceps que cualquier gimnasio) me sorprendió cómo aquel pequeño paquete que vi una mañana dentro del buzón y que confundí con una postal escondía una magnífica disección de la ‘Ndrangheta, una mafia de origen italiano tan desconocida que, como explica su autor, la mayoría no sabe ni cómo pronunciar su nombre.

Y precisamente es en ese desconocimiento público donde esta organización ha labrado su éxito. A diferencia de otros grupos criminales como la Cosa Nostra o la Camorra, tan dados al exhibicionismo de su poder y su violencia, la ‘Ndrangheta ha preferido vivir en la penumbra desde sus inicios, en ese espacio oscuro y apartado de los grandes focos en el que es más fácil relacionarse con las élites políticas y económicas. Ese ha sido su modus operandi durante más de 150 años, el que le ha permitido expandir sus actividades desde la hermética región de Calabria al resto del mundo. Como muestra de su importancia, en la actualidad la ‘Ndrangheta controla la mayor parte de la cocaína que llega a Europa desde Sudamérica, en muchos casos a través de las costas españolas.

Todo esto lo detalla con claridad Francesco Forgione en este libro, y si algo hay que tener claro es que el autor italiano sabe de lo que habla, dado que ha dedicado la mayor parte de su vida a la lucha contra la mafia. Presidente de la Comisión Parlamentaria Antimafia del Parlamento Italiano entre los años 2006 y 2009, fue redactor y editor jefe del periódico Liberación y en la actualidad dirige el Curso de Sociologías de los fenómenos mafiosos en la Universidad de Palermo. Desde el año 1995 vive con escolta. Su anterior libro, Mafia Export, es un ensayo mucho más profundo y extenso acerca de la expansión de la mafia italiana y de sus negocios. En cambio, La ‘Ndrangheta. Una mafia en la sombra es un trabajo más conciso y directo, un ameno resumen para conocer en unos minutos los orígenes, el funcionamiento, los apoyos y las flaquezas de “la mayor empresa de Italia”, cuyos ingresos anuales se sitúan en torno al 3,5% del PIB de su país de origen.

La estructura del libro se articula a modo de preguntas y respuestas, que ayudan a comprender primero por separado y después de forma global los aspectos más relevantes de esta organización. También se incluyen algunas anécdotas que facilitan la visualización de su poder e influencia en la sociedad italiana, pero, por encima de todo, prevalece el afán informativo y la intención de desmontar la imagen de la ‘Ndrangheta como un monstruo invencible.

Y es que, pese al alarmismo que acompaña a su relato, Forgione cree firmemente que es posible acabar con la ‘Ndrangheta. Para él hay dos claves para conseguirlo: la primera es perseguir sus capitales y patrimonios, que muchas veces están escondidos en los mismos paraísos fiscales que utilizan algunos políticos y grandes empresarios, por lo que no se prioriza esta labor. La segunda es que se informe y se dé a conocer a esta organización, para que no siga disfrutando de la omertà, la ley del silencio que tanto gusta a los que tienen mucho que esconder. Y ésta es precisamente la función que cumple con creces La ‘Ndrangheta. Una mafia en la sombra, publicado en español por la histórica editorial El Viejo Topo: dar a conocer a una organización criminal que, como un vampiro, sufre cuando es expuesta a la luz.

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