
Ya está aquí la loca de los gatos, diréis. Y no seré yo quien os quite la razón. Aquí estoy otra vez para hablaros de gatetes. Fijaos si me gustan los gatos, que hasta me atrevo a leer libros basados en mindfulness y demás cosas raras que no me van demasiado con tal de leer sobre felinos. ¿Sabéis qué es el mindfulness? Pues algo así como una filosofía de vida basada en la meditación para mejorar la calidad de vida y otros conceptos abstractos que mi mente, tan poco espiritual en estos casos, no logra entender. Pero vamos, lo idea básica creo que la he captado.
El método Catfulness se inspira en esta filosofía de vida pero en este caso con gatos como maestros. Que a mí, personalmente me inspira más confianza un gato que cualquiera de esos gurúes illuminati. No, si al final me la estoy buscando…
El caso es que de mayor no me importaría nada ser gato. Pasarme horas durmiendo y comiendo cuando me apeteciera, dominando a los humanos mientras planeo conquistar el mundo. No me digáis que no es un buen plan. Y si encima eres un gato casero, que tiene siempre comida a su alcance, camas calentitas, caricias y juguetes yo firmo ya por convertirme en felina. Mientras tanto se me pasa observando a mis dos compañeros de piso peludos.
El método Catfulness nos propone un programa en siete semanas para alcanzar esa filosofía mindfulness a través de la sabiduría gatuna. Cada día de la semana recibimos una enseñanza y, al finalizar la semana, el libro nos propone un ejercicio para llevar a cabo lo aprendido.
Y es que hay muchas cualidades que podemos aprender de nuestros compañeros. La paciencia es una de ellas. Cuando lo preguntaron a un maestro sufí quién le había ensañado a meditar, su respuesta fue “un gato agazapado frente a la madriguera de un ratón”. Además de la paciencia, los gatetes tienen otras cualidades que deberíamos imitar como son la curiosidad, la importancia del descanso, el valor de la rutina, la tranquilidad, ser agradecido, dependiente o aprender a desahogarse o a decir que no. La verdad es que los gatos son maestros en estos asuntos y a nosotros todavía nos queda mucho que aprender.
El método Catfulness viene acompañado de las ilustraciones de Mariana Coppo, que son muy acertadas y aportan una dosis de ternura al texto.
La idea es original. Como os decía, puestos a seguir aluna filosofía me quedo con la felina. No nos vendría nada mal aprender de ellos y aplicar sus geniales cualidades en nuestro día a día. Seguro que en muchos aspectos nos iría mucho mejor.

Algunos, (muchos, seguramente), se rasgarán las vestiduras, si es que todavía hay gente que hace eso, al dejar esta reseña en mis manos. Yo en su lugar lo haría (si todavía se rasgaran). Y sería justo. Porque, ¿cómo describir con palabras lo que este genio ha transmitido al que esto escribe?
Todos hemos leído y visto decenas de historias basadas en la época en la que el régimen nazi ocupó el gobierno alemán y puso fin a la democracia en el país. De hecho, soy de los que piensan que ha habido una sobreexplotación de este periodo, ya que no por el hecho de poner como contexto esta terrible etapa lo que se narra tiene que ser memorable. Sin embargo, la que cuenta El campeón prohibido es una historia tan dura y tan épica que parece mentira que nadie antes se atreviera a pasarla a papel. Tuvo que ser el actor y escritor italiano Dario Fo quien se atreviera a hincarle el diente poco antes de fallecer, con lo que consiguió rescatar la figura de Johann Trollmann, un talentoso e inteligente boxeador de raza gitana cuyo único fallo fue el haber vivido en la época de la barbarie nazi.
Disfruté como cualquiera de la trilogía de 
De pequeño comía de todo. Si algo no me gustaba me obligaban a quedarme en la mesa hasta que no quedara nada y, si tiempo después, el plato seguía ahí, la comida se convertía en la cena. Y así siempre que hubiera algo que no me gustaba y me resistía a dejar que penetrara en mi interior. Afortunadamente, eso ocurría pocas veces porque, como digo, comía de todo y, lo que en un principio “se me hacía bola” (recuerdo lo mucho que odié las espinacas), acababa por comerlo.
Creo que una de las características principales que tiene que tener un escritor para que podamos empezar a tratarle como pope de la literatura es que no nos extrañe ver novedades editoriales con su nombre aun después de muerto. Esto es lo que pasa con 
La muerte de un grande del arte suele recibirse con grandes lamentaciones sobre la gran pérdida que ello representa y bla bla bla. Pero la muerte de un grande grandísimo nos ofrece un cruel consuelo: el de saber que podemos morirnos tranquilos sabiendo que tras nosotros no se publicará una nueva obra. Así de consolado me hubiera sentido yo, por lo menos, si en 1995, año del fallecimiento del grande grandísimo Hugo Pratt, este nombre hubiera significado algo para mí.
Mujeres con sombrero y sin sombrero, jóvenes y viejas, con hijos que hacen preguntas molestas o amantes que llegan, te usan, saludan y se van… Cuentos en los que hablan, lloran, caminan las mujeres de 
Hola, soy Victoria McClure. Tal vez me recuerden de anteriores reseñas atípicas e hipocondríacas como 
Alessandro Baricco.
¡Bienvenidos a Roma, cuna del imperio romano! Antaño ciudad de histéricos conductores con la mano siempre adherida al claxon. Hoy metrópolis perteneciente a la próspera Unión Euroasiática, remanso de paz de conductores adoctrinados a circular de forma ordenada y silenciosa. Roma, grandiosa ciudad de oportunidades en la que el paro es un animal mitológico y los bancos, con el refulgir de sus luces y esas vocecitas inocentes que insisten en retar a sus clientes en apuestas que estos últimos siempre pierden, parecen ilusorias máquinas tragaperras. Y luego están los anuncios que copan cualquier esquina de la urbe, de tu automóvil y hasta de tu cuarto de baño. ¡Compra, compra, compra! Roma, la ciudad eterna; así como parecen serlo sus ciudadanos a los cuales se les ofrece la oportunidad de hacerse retoques plásticos en unos minutos y desde el confort de sus hogares. Lo que se ve es lo que cuenta. Roma, ciudad utópica, donde las fuerzas del orden velan por la seguridad de sus residentes vigilándoles a todas horas, sabiendo lo que hacen en todo momento y eliminando a todo aquel que se descarría del buen camino. Roma, lugar placentero para vivir. Tome sus pastillas para no soñar y duerma de un tirón sin pensamientos creativos que entorpezcan su descanso. ¡Bienvenidos a Roma! Una Roma de ensueño.
