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Los Miserables

Los Miserables, de Víctor Hugo

En el camino de los lectores, hay ciertos libros que son una “parada obligada”. Aquellos títulos que por haber marcado una época, un momento de la historia, simplemente no pueden ser ignorados. En cualquier conversación, clase de universidad, reunión de lectores, surge siempre este comentario: “Así que te gusta leer eh… ¿has leído La Ilíada? ¿El retrato de Dorian Gray? ¿Los Miserables?” Es como si, contestar que no, nos desacreditara automáticamente de la etiqueta lector para pasar a ser “el que frecuenta las librerías algún que otro fin de semana y carga un libro en sus vacaciones” ¿Cruel, no?

Los Miserables es una obra inmaculada, preciada, que embellece la biblioteca de cada lector, pero que puede ser un estigma, sólo por ser uno de esos clásicos que no pueden ignorarse. Sin embargo, para mí, leer Los Miserables fue una acción voluntaria, interesada y tomada sin ninguna presión. En mi modesta opinión, creo que todos deberían adentrarse en ella de esta manera, sin presiones y con la voluntad de seguir hasta el final.

Es muy difícil encarar la reseña de un libro que carga con tanto trasfondo político y social. Sería bastante irrespetuoso querer transmitir en estos pocos párrafos todas las reflexiones que traen Los Miserables, pues cada una de las oraciones nos brindan un momento de introspección y una nueva perspectiva en cuanto a las acciones, la manera en que juzgamos al prójimo y la sutileza de la vida, que parece tan desagradable desde la óptica ajena pero tan injusta cuando se vive en carne propia.

Jean Valjean, Javert, Fantine, Cosette, Marius, son todos personajes épicos que dan forma a esta novela. Sin embargo, creo que la historia en sí misma es lo menos atractivo de esta novela, siendo lo más interesante la enseñanza que nos brindan sus páginas y la agudeza de Víctor Hugo para dejar en jaque nuestros preconceptos y tomarnos por sorpresa cuando se describe alguna injusticia.

Mis dos volúmenes de Los Miserables, que me miran desafiantes desde el escritorio en este momento, están más que leídos. Están subrayados, sus páginas dobladas, sus bordes ajados de tanto transportarlos. Al leer esta obra, el lector se encontrará más de una vez con reflexiones sorpresivas, donde los personajes muestran su personalidad con todo esplendor.

El libro por dentro, párrafo por párrafo

A lo largo del tiempo, y debido a las múltiples adaptaciones, Los Miserables han llegado a la mente de los lectores no sólo por su historia sino también por la composición de los personajes. En una muestra brillante de la literatura del siglo XIX, esta obra posee una estudiosa y digan composición de personajes claves que, en su personalidad, exponen las miserias y circunstancias humanas.

En las miles de páginas que nos ofrece esta obra, la historia se basa en la vida de Jean Valejan, un hombre oprimido que sobrevive en una sociedad vacía de oportunidades e inquisidora. A su recorrido se sumarán otros personajes como Fantine, una mujer que en la desesperación debe perder su dignidad, Cosette, la hija de Fantine, entre otros personajes que, con diferentes matices,  aportan al ecosistema de esa época y pintan la realidad del París del siglo XIX.

El primer volumen es una introducción al mundo de este conjunto  de personajes que, con sus miserias, deben sobrevivir dentro de la sociedad. Jean Valjean aparece, en primera instancia, como un ex convicto que busca refugio en los brazos de un sacerdote comprensivo y humano. Víctor Hugo se sumerge en la historia y nos explica la dura vida que ha llevado Valjean hasta ese momento. En la lectura, ese es el punto en el que debemos decidir cuál será nuestra postura frente a ese personaje para sostenerla luego a lo largo de la obra.

En los dos volúmenes de Los Miserables, el primero es tal vez el más humano y personal, ya que se exponen las historias de los principales personajes, se recorre la vida y circunstancias de los pobladores parisinos del siglo XIX y se entremezclan valiosas reflexiones sobre la vida y la muerte, la abundancia y la pobreza, la vanidad y el perdón.

El segundo volumen, en cambio, se encara desde un lugar diferente. En él, las historias tristes de los personajes se combinan con la situación más combativa de la resistencia parisina (es decir, la injusticia llevada a un sitio de acción política y pública), aflora una historia de amor y se enmarcan los desenlaces de cada personaje. Nada queda inconcluso.

Los Miserables es una obra dinámica y compleja que combina humor, reflexión, pasión y resistencia. Es un clásico para leer sin culpas y con trabajo de manera de anotar, repasar cada oración, sufriendo las injusticias y estableciendo paralelos con la vida actual…

Esta es una obra para leer sin presiones, sin culpas, sin la intención de pertenecer al club de seguidores de Víctor Hugo ¿Qué más puede decirse de una obra tan digna e inolvidable? En mi opinión, el mejor libro que leí en mi vida.

5 comentarios en “Los Miserables

  1. Me alegra que lo hayas disfrutado taaaaanto 😀
    Ahora podrás contestar con orgullo: Yo ya lo leí.
    Una buena reseña para un libro nada fácil de reseñar.

    Besitos!!!

  2. Ays, que tengo que leerlo….
    Besotes!!!

  3. Gracias Susana, fue el libro más difícil de reseñar hasta ahora. Tuve muchas dudas en hacerlo, espero haber estado a la altura. Beso!

    No dejes de hacerlo Margari, no te va a decepcionar ¡Gracias por tu comentario!

  4. Georgi! Yo este verano me agarro la obsesion por Les Mis– principalmente por el musical, que nunca habia casi escuchado canciones… pero me dije q tengo hasta febrero para leer el libro!
    Lo hice… y la verdad coincido con vos en que es increible, que hay que ver el tamaño y empezar porque uno no se imagina lo copado del libroo— y muy copado que estes haciendo estas cosas…!

  5. Gracias Vicky! Qué bueno que leíste la reseña.
    Si, la verdad si bien el musical y la peli están muy buenas – con sus diferencias obvias – la verdad que el libro te da una perspectiva mucho más grande y uno puede acceder a detalles muy sensibles y de calidad.
    Un beso grande!

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